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julio 16, 2010

POEMAS DE CARLOS ARDOHAIN




Lo que no tiene forma




Estar en la boca del borde del mundo
es demasiado para mí, que apenas
tengo un pájaro adentro de la cabeza
vomitando allí todas sus plumas
puede ser que entrar y salir
sean en el fondo la misma cosa
pero eso es demasiado para mí
que sólo alcanzo la talla de la duda
si es cierto que no hay realidad sin persona
debiera considerar el origen de esos términos
que recién empiezan a significar
cuando han terminado de ser dichos
pero antes está la voz que no tiene forma
que sólo llega a ser el contorno del silencio
esto también es demasiado para mí
que sólo tengo un cuerpo
alrededor de mi propio vacío.


Hoy


Hoy la atmósfera es un traje
demasiado estrecho en el que me cuesta entrar
duele la torpeza del movimiento
y duele también la inadecuación
no es cosa del cuerpo pero hay algo
que no debería estar aquí, como
una conciencia ajena que sopesa y mide
las relaciones de la materia, y hay
la conciencia de esa conciencia,
esta sí me pertenece y opina
que la naturaleza no debiera entrometerse
en el desasosiego de sus criaturas.




No debía

No debía ser yo
quien habitara ese pensamiento
intimístico
rayo fugaz de luz
en el borde de la conciencia
el gusto por un orden abstracto
en las relaciones o los acontecimientos
que las propician
la música del azar
sonando alta sonando
estridente
cualquier día te espero
en la puerta de un templo
vacío
cualquier templo cualquier
puerta cualquier
día
de un tiempo
vacío


apariencia

 Fingiremos que no hemos visto
la mirada aviesa el gesto mínimo
fingiremos no haber oído la vacilación
en la voz al nombrar la palabra
que importa fingiremos que no hubo
rictus en la boca antes de sonreír
en forma sugestiva mente tensa
fingiremos que no hemos fingido
ni hemos visto fingir y de veras
será como si no hubiera habido
fingimiento alguno y todo seguirá
su curso pero cuando nos vayamos
el camino y el paisaje y el mundo
se irán borrando detrás nuestro
y todo será comienzo debajo
de nuestros pies en movimiento


más



Tengo una cruz roja pintada
en el pecho de mi camiseta
una  cruz blanca muy notoria como
la cruz de la bandera suiza donde el rojo
está afuera blanca como las cruces
de los cementerios de soldados una cruz
negra más negra que la mentira que la muerte
más negra que la cruz roja que tenía antes
de tener una cruz blanca como la que tengo ahora
otra vez manchándose con la sangre de mi corazón
crucificado poniendo roja la cruz humanitaria
verde de rabia de dolor de clorofila de verdad
que tengo una cruz blanca no sé que hacer con ella
tan pálida que está me da vergüenza me da miedo
parece de hospital cruz de monja de mortaja negra
como la cruz que te espera me espera como la negra cruz
de los montes malditos de la muerte como el ala del cuervo
que nos cubre con su salmo nunca más nunca más
cambiará de color esta cruz roja nunca más
dejará de ser blanca esta cruz negra nunca más
será una cruz la puse a girar como las aspas
de un ventilador en el pecho girando a gran velocidad
este oeste norte sur viento aliento afuera adentro
sentido positivo en tono do mayor rueda de tiempo
de mi camiseta no queda nada de las cruces el recuerdo
rojo blanco negro de lo demás el movimiento vértigo
insolación fermento canto ebrio de corazón irredento

a tu aire



La distancia que media entre mis manos
con los brazos abiertos en cruz
se traduce en centímetros cúbicos de aire
que bebería directamente de tu piel
en el instante mismo de cerrarlos para abrazarte
digo, si fuera el caso que estuvieras aquí
pero en cambio se torna preciso hacer
alguna otra cosa con el aire por ejemplo
activarlo moviendo el torso hacia delante
y hacia atrás en forma continua hasta
generar una cantidad equis de electricidad
estática, se la reconoce porque produce un cosquilleo
en la epidermis y eriza levemente el vello,
esto fabrica un campo de fuerza protector y activo
alrededor del cuerpo, una carga positiva
capaz de atraer otro cuerpo que complete
la intención primera, los brazos en cruz
los centímetros cúbicos de aire bebibles
en la piel contenida en el abrazo, etcétera

Kusho


Un círculo es un camino
que regresa al mismo lugar
después de una parábola perfecta


Yo quería que mi vida fuera así
pero ningún dibujo se parece a otro
y todo tiende hacia la nada.


Parental



Hay un momento
en que padre e hijo crecen
midiéndose uno en los ojos del otro
llega un momento
en que todo padre es pared
que es precisosaltar eludir atravesar
hay un momento
en que el hijo quiere ser el padre
para calzarse sus zapatos
y correr con tranco largo
llega un momento
en que todo padre es niño
y se monta sobre los hombros del hijo
para caminar en los pies de él
hay un momento
en que el padre es un buey
que toca todo lo que ve
y devora todo lo que toca
llega un momento
en que el hijo se vuelve voraz
y se alimenta con la carne
de cualquier buey de todo buey
hay un momento
en que la espalda del hijo
adquiere la forma de la espalda del padre
y ya no soporta más el mundo


CARLOS ARDOHAIN (Mar del Plata, Bs. As, Argentina)
(Todos los textos pescados de la web sin permiso)





julio 15, 2010

POEMAS DE MARÍA DEL CARMEN COLOMBO


*

en las tripas de mi reloj
despuntan
grandes husos de gallo
              qui qui ri quí
               yo soy el que
recuérdalo
              qui qui ri quí
               tú la que no
ahora y en la hora 



pero mis huesos
blancos y dispersos
en la noche
cantan de pie
              no somos del cuerpo

oh mi mano de hojalata sola
cómo brilla
              polvo eres pero brilla
un despojo:
                  —del cuerpo ya no soy



piedra fueron    serán ojos?
islas deshechas      aspas
en la miseria
a la deriva cuando saltan
             del cuerpo ya no son



mira mira las orillas
remos rotos hacia
                             dónde?
pero la ceja olvida
se levanta del cuerpo:—ya no soy



no tengo el ver
no tengo el verbo
¿hay esperanza para mí?



yo soy el que
tú la que no



doblan campanitas
de cuello amarillo
             tú también
por un oído de sombras
             escucha
             la mañana


                                 (De "La muda encarnación". Último Reino, 1993)

LA MONTAÑA

Si fuera segura
como una montaña --las cosas
claras, la palabra
precisa--. Si fuera calma, una
piedra de quietud, mi derrotero
culminaría --seguramente--
en la cima de cordura
y así colmada miraría
desde allí
un ojo de vértigo, el otro
abismo.



ESPERGESIA

quiero el agua
del paraíso, dice, alba
blanca, pura luz mirando el
reflector dice llena
luna sin culpas
el balde de mi alma
hasta el colmo
como quien toma del gollete
celestial actriz finge
la gota terrenal cuando
enjuga con la punta
del manto una sed de rocío: ella
cree en la eficacia
del vacío y representa
la escena pensada por dios
para salvarnos.


La virgen está ocupada
muy ocupada en arreglarse
las enaguas y el velo
nupcial

más hermosa que nunca
ella brilla
y el susurro barrial
prende estrellas
en su estola de tul

una víbora
el collar de rezos
que se enrosca
a los pies

sube y sube
serpiente bailarina
de penas y dolores

tiemblan las monedas
como la multitud
pero la virgen
se mira en el espejo
vamos a casa papi

la eternidad


suelta su pelo
despreocupado
sobre el mundo.


Como un árbol, este abanico tiene un solo pie, pero de varillas, y un país de papel que se despliega, lento, con dos manos.

Florece en cada varilla una escena, muy fija y finita, pintada con pelo de pincel. Entre una  escena y otra la distancia es inmensa, porque tarda enllegar la próxima varilla.

Cuando la escena por venir parece que no viene, los ojos humean de ansiedad, nublando el cristal con que se mira; en el fondo sus arpones de pez desean pescar cada una de las miniaturas, que huidizas se escurren entre el papel de agua.

El pinchazo de un ojo podría ser fatal para un teclado tan liviano. Por
suerte, entre el comienzo y el final de este despliegue sólo transcurre media hora. Tiempo suficiente durante el cual un semicírculo puede alcanzar su personalidad verdadera, y en el instante hacerse aire, como este abanico.

Son chinas  las tres chicas,  pintadas  por  el fino  pincel de un copista oriental. Ojos  como rendijas miran la escena de la madre, lavando el kimono en el  piletón del patio. Las miradas finitas rayan  las ojeras de la madre, imitación de la  sombra de un árbol exótico. Le  dibujan  persianas cerradas  para protegerla de  un sol de siesta, insoportable.

El alma china de la familia se llena como una palangana porteña al compás de los dichos maternales del agua. Y  las  tres chicas recuerdan,  al unísono, los agujeros dejados por las balas. Los agujeros del recuerdo, multiplicados por tres, ensucian con la sangre del padre el kimono que la madre lava, infinitamente, adentro del piletón de sus propias ojeras.

Recordar, abrir el ojal de una herida llamada ojo, provoca un dolor de sol, insoportable, entre ceja y ceja. Por eso, a la sombra de un árbol exótico, las tres chicas pintan el alma de un dragón subiendo al cielo, con el fino pincel de sus pestañas.

.......

Todas las noches, la madre china pone su mente adentro de una copita
quieta. La llena con sus diminutos pensamientos de alfiler. Es de jade,
la copita, y parece un párpado vaciado por la punta de una vara de
bambú. Puede ser también un pájaro mudo que se sostiene en una sola
pata de gallo.

La mente maternal imita el salto de los equilibristas, esos que tiran el
alma por el aire y cae, hecho un bollito, en las aguas secas del vacío.

A la mañana, la mente china sale lívida del párpado, como un pez o un
ánima que ha vagado por los vericuetos del limbo.


Cuando las tres chicas se acercan,  el padre cierra el abanico de sus sentimientos, de golpe. Tiene miedo el padre chino  de que el  calor de sus  hijas  desplanche  las  rayitas  de su  alma,  plisadas  con  suma  paciencia  por  sus antepasados.

El miedo  le  hace  pitar  de una  boquilla elongada hasta  el límite. Chupa del pico el hombre, y de su boca  evaporada  por el  humo  se desprenden  pensamientos  finitos como el perfil de un pez   raya.

Es el opio de los pueblos con que  carga su boquilla el que lo hace  descifrar  sus pensamientos en voz alta. "Esas tintoreras  --dice de sus  hijas-- calientan la pava  y después  yo  salgo  hecho  una  planicie.  Qué  saben  ellas,  tan  chiquitas,  del  trabajo  que costó a mis antepasados imitar el oscuro abanico de las olas, escama por escama, durante milenios, hasta  hacer de mi alma este biombo musical que sólo los hombres chinos saben desplegar con dignidad."

Al escucharlo, la más china de las tres chicas desenrolla el caracol de su rodete en señal de rebelión. Cae ondulado el bandoneón de su pelo, y el padre recuerda el golpe, seco, de una sombrilla al cerrarse. 

....
En espacios reducidos es propicio menguar, como la luna y las mareas: la dirección del movimiento obedece a la necesidad. Es favorable decrecer con rectitud, orientados por el mapa nocturno que dibujan las tablas de planchar, cuando doblan sus hojas y culminan, firmes, en una reverencia.

Los biombos se someten al dictado de los tiempos y ceden, dóciles, las teclas de sus abanicos. Una escalera devora su propio caracol, peldaño por peldaño.

Algunos pensamientos ensobran sus intimidades y se apilan, al igual que las sábanas, en  prolijos acordeones. Las mentes más realistas se ajustan tanto al pan pan y al vino vino, que después se desparraman en otras dimensiones, como  la gente que vive apiñada en una pieza y sueña con la amplitud del paraíso.

En el cine teatro Olavarría, el único número vivo es el trío de voces chinas El Trébol: con fondo de timbales las artistas se presentan en el escenario, y después de una triple reverencia, comienza el recitado cuando el gong así lo indica.
"Japonesitas, coreanas nos dicen, pero nosotras somos chinas, chinas de la Manchuria", gritan las chicas al unísono, mientras golpean el piso como encaprichadas, con uno de sus dos pies diminutos. Y apelando a un tono de  familia,  conceden con desprecio, en fila y de perfil a la platea: "Porteños provincianos todo lo confunden". Agregan, ahora sí, de frente y enojadas:  "Está bien que en los puertos los pensamientos se mezclen como mercaderías al sol. Pero es un atropello a la moral china, este cambalache que convierte en mamarracho todo lo que toca. Que mezcla las sangres en la memoria, ah..., colorinches del pensamiento de esta tierra".   Avanzan por el escenario  las tres juntas y paradas en la orilla de la plataforma, descargan sobre el público unos dedos de espadachín cuando preguntan: "¿Te dicen japonés y sos malayo? ¿Colchonero te llaman y sos cura?  Qué rabia, qué dolor, qué desencanto", gritan las chicas y  llevan como marionetas sus manos al peinado.  Más delicadas y mientras retroceden, se arropan sigilosas en sus  batas de seda: "Argentinos --sentencian-- basta de confusión, no se dejen engañar como libélulas enamoradas de la imagen de las cosas y no de las cosas  mismas".

Siempre al llegar a esta parte del parlamento, suenan las castañuelas acuáticas porque El Trébol se despide. Sin despegar los seis pies del piso, las tres bocas arrastran las palabras, hasta  que  cada  sílaba del estribillo se separa lo suficiente como para evocar el fraseo de su lengua madre: "Ja-po-ne-si-tas-co-rea-nas-nos-di-cen".

La gente aplaude con ganas, y nunca se sabe si es porque el Trío colmó sus expectativas, o porque la retirada de las muchachas anuncia el comienzo de la primera película.

... 

( De "La familia china" Ediciones Tierra Firme, 1999)



MARÍA DEL CARMEN COLOMBO (Bs. As. Argentina, 1950)


 

julio 09, 2010

POEMAS DE JORGE SPÍNDOLA





LOS DOS ZAPATOS EN EL AIRE


una amiga mía dice
que es difícil ser poeta
que es un peligro andar
mostrando las costillas por la calle
o en un libro
yo le digo que no que no es difícil
más jodido es ser acróbata
o albañil en las alturas


no es difícil escribir
lo difícil es no caerse para arriba
o para abajo


que eso fue lo que le pasó al finado Justo Cárdenas
por ejemplo el llegaba en pedo a la obra
y se ponía revocar con un pie afuera del andamio
hacía equilibrio
y un día se ve que se olvidó
y apoyó los zapatos en el aire


el resto ya se sabe
Justo está enterrado dos metros bajo tierra
y sus hijas dicen que Justo está en el cielo


no es difícil ser poeta


(yo escribo palabras al borde del andamio)



YA LO SÉ



yo ya sé
lo que es el amor.


yo aprendí a beber vino
cuando trabajaba
en la pampa de salamanca
al borde de la ruta 3.


aprendí a beber callado
mirando las martinetas
que se iban siguiendo la alambrada.


de vez en cuando un camión
como un incendio perforaba la tarde
y pasaba
dejando un suspiro en las retinas
de los perros.


a lo lejos había
un molino negro
el viento agitaba sus pedazos


molino deshecho
sin aspas para el vuelo
chaperío sin alas
llorando en pozo de la noche.


yo bebí borracho en las alturas
a mi no me digan nada.


perdí una camisa
buscando ovejas en la nieve
perdí los sentidos
mareado en una torre
que se alzaba como un sueño
en la chatura de la estepa/
un mirador creo que era.


y ya sé lo que es el amor


(por las noches yo dormía
en un catre adentro de una casilla)


después de apagar el alumbrado
(un lister a todo culo)
desaté los perros
y me quedé bebiendo
con los ojos mezclados con la noche


con la piel hecha un silencio
como un solo cuerpo enmudecido por la pampa.


en la pieza brillaban
por la luna
las latas de aceite supermóvil multigrado/
el viento ladraba a la ventana.


el viento es un perro desgraciado
aullando en las orejas del insomnio.


los vehículos pasaban en la ruta
con ráfagas de luz en esa pieza.


y por eso
yo ya sé lo que es el amor


yo recé borracho el padrenuestro
para que
un auto con dardos veloces pasara iluminando
el cuerpo de thelma tixou
que brillaba en el almanaque
de aquella noche de aquel invierno
de esos años.


thelma estaba espléndida en esas soledades
tenía un vestido rojo
que ardía ante mi boca
cuando las luces
la encendían como llama en pleno vuelo.


yo ya sé lo que es la sangre
cuando arde como aceite en la penumbra.


el cuerpo de ella era un planeta
girando en el abismo


y yo su único habitante/
me ataca como una sed cada vez que me acuerdo de esa diosa.
el amor es como apretar una foto de thelma tixou
en la garganta de la noche/
o el amor es otra cosa
animal que se espanta
que vuela lejos
y uno
no ha tenido el gusto.




CHOMÜNGEN/ EL OTOÑO

kalfu me decía mi abuela
y me traía flores de manzanas…
Elicura Chihuailaf

son las últimas uvas y los primeros membrillos
son las manzanas cayendo con las hojas
las cortinas de álamos remojadas en el río

los fresnos gigantes amarillos como velas encendidas en la noche

lorenzo quilaqueo me dice este chomüng de las hojas
anuncia el último ciclo del año
ya es tiempo de guardar los animales
protegerlos del rigor del frío

hay que volver a las rukas dice
a los lugares reparados para invernada

chomüngen es tiempo de calma/
el suelo se abriga con las hojas
la semilla sueña el árbol que vendrá

tiempo de encender el fuego y vivir las noches largas
de convivir adentro de las casas y volver a contar
los relatos antiguos a los hijos.

En noches como esta
la abuela eufemia preguntaba
por qué los árboles se desnudan para llegar al invierno

de qué hablan las raíces en el sueño de la tierra

nunca pude contestarle esas cosas
hay un lenguaje del mundo que olvidamos

los hombres volvemos a la tierra
sin saber muchas cosas de la tierra
ignoramos
y muchas veces hablamos sin respeto

ahora hay tantos reflejos y variaciones de amarillo
cómo haré para guardarlos en los ojos?

Cómo resistir el invierno sin la memoria del otoño

(en la ciudad el olvido es blanco como una helada)



ELOGIO DE LA LLUVIA

vendrá la lluvia y barrerá con todo
entrará en las calles y en los patios y en los ojos
mojará estos sauces llorones aplastados

qué alegría tendrán los ciruelos asfixiados de febrero
qué aroma devolverán las lavandas las lilas lilas
y las blancas lilas perfumadas

vendrá la lluvia y se llamará la lluvia
fresca agua con su velo transparente
vendrá la lluvia a levantarle los aromas a esta tierra

una vez vimos la luna calle abajo reflejada
y la lluvia era un camino de agua y luna

un breve olor a tomillos crecía entre nosotros
y éramos niños perfumados por la lluvia

ahora está chispeando
y hay un río de nubes por el cielo

vendrá la lluvia volverá
a correr el velo de las cosas
se mojarán los cuerpos inocentes

todo el polvo de los árboles volverá al polvo de la tierra

los duraznos quedarán limpios y rojos esta noche

SOPLA

suave rumor y a veces golpes
estremecidas chapas
soplan su suave llanto

aullaba mi perro en esas noches
el cerco de chapas crujía
con un hilo más agudo

arena en la boca de esas noches

latas volando por una pampa interminable
baldes de lata en semicírculos
golpeando los bordes de la casa

exhalación interminable/
oxígeno del mundo

sopla como un mar en la memoria
sopla aún el suave llanto
y las hojas de los sauces se agitan como sombras
verdes sombras de otro verde más lejano

cuándo tocaremos el fondo de tu tristeza

exhalación interminable/
oxígeno del mundo

sopla en mi tu suave llanto

VAMOS GRANDES

vamos grandes ya no dan ganas de andar gritando por las calles
dan ganas de decirles las cosas en la cara
dan ganas de jugar y jugar con palabras como lobo con sol lomo rojo todo vos sos solo
dan ganas de sentarse a silbar una canción

vamos grandes cada día
asociamos el olor de las lavandas con ciertos pasillos largos vistos en la infancia
a los que debimos haber entrado haber entrado haber entrado
hasta el fondo donde había
una luz tenue perfumada
y el inicio de una escalera cuyo final ahora desconocemos

vamos tiernos a la noche
nos detenemos ante la salida de la luna y pensamos en el mar
tenemos una sala llena de imágenes rojas  escenas de amor y de furia
tenemos imágenes de la lluvia/   el tacto de la lluvia
una noche caían relámpagos en la ruta ¿te acordás?
El rostro asombrado de los hijos se iluminaba por un instante

vamos grandes me doy cuenta
puedo mirar desde los acantilados sin miedo de caer
puedo abrir los brazos sin abrirlos puedo
cruzar el océano sin caer

ciertos olores de tu cuerpo
me recorren o acarician  alta mar que lleva y trae
la otra noche me empujabas a ciertas costas inasibles
donde el mar cae con furia
restingas donde sólo aves y más aves detrás de una niebla sobre el agua

vamos grandes nos reímos más
lloramos más    cantamos más
el otro día te pusiste a llorar pensando en cómo estarán los hijos
unas pocas lágrimas grandes salieron doliendo de adentro de tus ojos
de los ojos fuertemente llorando como un cid que alejaran de su patria
y te abracé   y tenías el olor de los duraznos

vamos grandes han muertos algunos amigos
no sientas frío sentí mentol   decía joselo
algunos hijos se han ido lejos y conocen calles que jamás nosotros
mandan mensajes de texto diciendo que amanece y tqm

a veces pienso con menos dolor en la muerte
el invierno que pasó vi flamencos en bandada
pasaron volando sobre las lagunas
vi sus alas frágiles y aéreas alejándose hacia el este

aves migratorias que van y vienen por el mundo
pájaros que han visto mi pequeño mundo desde el aire
les ofrezco mi respeto
yo vi sus silenciosas y rosadas patas
hundidas en el agua como estacas de nubes emplumadas

vamos grandes
me doy cuenta por ciertos gestos de cansancio, a estas horas
las palabras tropiezan en la boca
en su lugar queda un soplo de aire o viento

mejor me pongo a silbar otra canción.

                                   ( a marisa barrientos
                                     a la memoria de josé luis jara)


PIEDRAS DEL RÍO AZUL

tomá
te traje estas piedras
que recogí a orillas del río azul
algunas
estaban bajo el agua y brillaban más

toda piedra bajo el agua brilla más

ahora sobre esta mesa no parecen tan bonitas es verdad
pero aún guardan la memoria del agua
el rumor del río arrastrando piedras en su lecho

el agua que ahora corre en ese río no es el agua
que mojaba las piedras de esta mesa

con estas piedras del azul
te regalo la imagen de unas manos bajo el agua
mis dedos fríos desdibujándose en la corriente
mientras la sombra de la montaña crecía sobre el río

los árboles gigantes
el agua azul
el hombre ese que juntaba piedras en la orilla

todo lo que ves
caía adentro
del gran río de las sombras

(el viento soplaba su aria sobre
los pinos más altos)

tomá
te traje estas piedras mojadas de agua y sombra

ya sé que ahora no brillan tanto
tampoco la memoria es tan nítida

habrá detalles que se escapan como el río

JEREZ VOLCADO

te digo que soy viejo

yo era pez
un pez espada de perfil
siempre yéndose
yo era un pez espada
navegando adentro de una roca
mi mar es una piedra oscura.

Cuando era pez
vivía en el cielo negro
de una piedra gaseosa
y había un túnel en el fondo
había un barco siempre lejos.

Después me puse chico
niño de hombre
me puse a deshacer a pelotazos
el portón de la casa de mi abuela
le pegué tantas patadas
que le hice un agujero
y nos fuimos con mi perro

y hacía frío
afuera del agujero del portón
de la casa de la madre
que criaba pájaros y los soplaba
hacia el favor del viento.

Resbalaba
yo resbalaba sobre calles escarchadas
con agujeros en los zapatos
mi perro caimán
lamía mi alma agujereada
se comía la tierra de mis uñas.

Soy un hombre viejo

el viento ahora ronca
una vez quebró un poste de luz
delante de mis ojos
y cayeron los cables con pájaros
electrocutados
no había luz
eso fue cuando era niño de hombre

porque otra vez
yo andaba en el agua
y era una manzana salada
una manzana verde de mar
hecha polvo en el oleaje
espuma de manzana
lamiendo las orillas de la tierra.

Te digo que soy un hombre viejo

cómo será ser nada
cómo será esa nada
que rodea nuestra vidas

soy viejo
ya lamí el himen fosforescente
ya soplé con tus pezones margaritas
ya deshojé la punta de tu leche

y he vuelto a dormir adentro de un ombligo

ya sé que para volar
hay que arrancarle la piel a una doncella.

Dame un trago de jerez
y un beso
tus pies son tan delicados/
me los bebería de un solo trago.

Y ahora la lluvia,
te digo que soy viejo,
la lluvia lava las mentiras

cae sobre los cementerios
y deja como nuevas las tumbas
y las cruces
la lluvia es buena para el pelo

la lluvia moja el mar en este instante

hacen el amor la lluvia con el mar?
Nacen hijos  de ese amor?
Hombres de agua que calmarán la sed
que hay en este mundo?

Ahora mismo soy un niño viejo
adentro de una piedra
mirando llover y llover
sobre el lomo de los siglos

no sé
tomemos otro trago de jerez.


JORGE SPÍNDOLA (Chubut, Argentina, 1961)

julio 06, 2010

POEMAS DE HORACIO CASTILLO




AMANECER JUNTO AL ÁRBOL DE LA CARROÑA

Toda la noche velamos junto al árbol de la carroña,
el ojo en vilo, la boca en llamas,
los miembros animados por un desconocido temblor.
Toda la noche velamos bajo sus ramas,
la nariz dilatada, el oído al acecho,
frotándonos los cuerpos unos contra otros
para evitar el frío que viene del espacio.
Toda la noche velamos, toda la noche,
inmóviles junto al árbol de la carroña,
como blancos cuervos espantando la nada,
soplando la trompeta de la descomposición.

HICE UN HOYO

Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.

PARA SER RECITADO EN LA BARCA DE CARONTE

El paisaje es más hermoso de lo que habíamos imaginado:
estas murallas que caen a pico sobre nosotros,
aquel sol negro descendiendo sobre la laguna,
allá, a estribor, un arco iris que refracta la niebla.
Pero esta moneda de hierro entre los dientes,
este óbolo que debemos morder hasta el término del viaje,
cierra la boca que desea cantar.
Cantar para estas almas tristes sentadas en el banco,
mientras el cómitre marca con el látigo el compás,
mientras ordena remar sin interrupción,
cada vez más fuerte, cada vez más rápido, más lejos de la luz.


TUERTO REY

Esta mosca que desova en el pantano
y vuela de mejilla en mejilla, de párpado en párpado,
ha traído la peste a nuestros ojos: ya no vemos
las nubes sobre los techos de la aldea,
la sombra de la garza remontando la corriente.
Pero al atardecer, cuando bajamos a la orilla del río
y el tuerto coronado de oro repite su relato,
descubrimos a través de su boca grandes señales en el cielo,
sangre de su ojo que sueña por la tribu.

CROAR DEL ALMA

Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eternidad.

DICE EURÍDICE

La ansiedad me dominó, y luego la inquietud, cuando supe que venías:
horror de que me vieras así, con este tocado de sombra,
el pelo sin brillo -el pelo, que el sol no se cansaba de dorar.
Terror también de que no fueras el mismo -el que permanecía en mi memoria-
y al mismo tiempo curiosidad por ver de nuevo un ser vivo.
Hace tanto que nadie venía por aquí,
tanto que nadie se llevaba un alma o un perro,
que cuando oí tus pasos y tu voz llamándome,
cuando por fin te estreché, más que a ti estaba abrazando a la vida.
Después tu calor me condensó, me secó como una vasija,
y caminé por el sombrío corredor
otra vez con aquella máquina atronadora dentro del pecho
y un carbón encendido en medio de las piernas.
Caminé de tu brazo, imaginando ya la luz,
los árboles junto a los cuales caminábamos,
aquella habitación llena de espejos
donde flotábamos como dos ahogados.
Hasta que de pronto tu paso se hizo nervioso,
tu pensamiento se espantó como un caballo,
y vi que tratabas de desprenderte de mí,
de librarte de la trampa de la materia mortal.
"No te vayas -supliqué- no me dejes aquí,
déjame ver de nuevo las nubes y el sol,
suéltame por el mundo como una potranca tracia."
Pero tú ya corrías hacia la salida,
y durante siete días y siete noches oí cómo llorabas,
cómo cantabas en la ribera del río infernal
nuestra vieja canción: "Lo lejano, sólo lo más lejano perdura."

EXCAVACIONES

Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Pero si pones el pie donde estaba el umbral,
si te acercas con la rama de albahaca y un gallo en los brazos,
las sombras vendrán rápidamente a tu encuentro.
Pero si te sientas donde estuvo el umbral,
si cantas con el gallo -con el gallo de la memoria-
todavía puedes recordar, privilegio de los vivos,
todavía puedes olvidar, privilegio de los muertos.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y señalas el dintel.
Y ya no sabes si estás del lado de la sombra o del lado de la luz.
Alguien viene a beber sol: extiendes la mano.
Alguien viene a beber sombra: extiendes la mano.
Y cuando el desconocido te pregunta quién eres, no sabes contestar,
cuando le preguntas quién es, no puede contestar.
Canta -pides- pero él no cantará.
Sueña -responde- y tú no entenderás.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Y cercas la zona con una cuerda de sol, la cercas con fuego.
¿Qué buscas en la zona de sombra? El perro se ahogó,
las gallinas se ahogaron, se ahogaron los gatos y los dioses.
¿Quién te busca en la zona de sombra? El pasto creció,
creció el viento que viene del olvido.
El aire tragó las tímidas palomas.
Y aquellos esbeltos caballos lustrosos.
Recuerda: lo que ahora no recuerdes nunca volverá.
Olvida: lo que ahora no olvides nunca lo olvidarás.
Y pasas de la zona de sombra a la zona de sol.
¿Qué buscas en la zona de sol? No sabes qué buscas,
mirando las ropas tendidas detrás del tiempo,
subiendo escalinatas que sólo llevan al vacío,
abriendo y cerrando puertas que no existen.
Hasta aquí llegó la vida, dices, y tu dedo toca el muro.
Hasta aquí llegó la muerte, dices, y señalas el dintel.
Y sentándote nuevamente donde estuvo el umbral
cierras los brazos, encoges las piernas, te duermes
en la gran matriz del llanto, si todo no fue un sueño.

LA TOMA DE CONSTANTINOPLA

Las naves, colocadas sobre rodillos y tiradas
por bueyes, descendían por las laderas
con las velas desplegadas y cada remero
en su puesto. Así, con esa visión -porque
creímos que era una visión- comenzó nuestro fin.
A la noche sacamos los íconos, los huesos
de los santos, cruces y pedrería, las reliquias
-el diente del loco que habló con su caballo,
el dedo meñique del pastor de lobos,
el centímetro de piel que jabonó la muerte-
y recorrimos la ciudad entonando himnos.
En vano: el tiempo se había cerrado detrás de nosotros
y una fuerza irresistible cortó por lo sano
lo que estaba sano o por lo enfermo lo que estaba enfermo.
Habíamos vivido en el interior de un huevo
(el huevo sin salar de la Creación -decía)
y nunca pensamos que fuera del mismo existiera algo
y menos un poder suficiente para cascarlo.
“Han puesto una cuña en mitad del sueño
y ahora tendremos que soportar de nuevo el destino:
si esto o lo otro, hacia aquí o hacia allá, qué, dónde
nosotros que conocimos la gracia de la verdad
y de su mano habíamos llegado hasta el cielo”.
“Es el fin, my only friend, el fin -contesté.
De los planes que elaboramos, el fin; de todo
lo que perdura, el fin; sin sorpresa, el fin.
Toma, pues, la autopista del desierto,
cruza conmigo el lado salvaje del dolor.
Starfucker, starfucker, este es el fin”.
“Quiero bailar al compás de los salmos,
bailar frenéticamente al ritmo de la pena madre.
Déjame olvidarme del hoy hasta mañana
¿o ya es mañana y hoy el fin de todo?
Sálvate solo, ya que yo no te he podido salvar”.
Habíamos comenzado a escapar, las llamas
bloqueaban rápidamente todos los caminos
y volvíamos una y otra vez la cabeza
para ver cómo nacía una nueva civilización.
“No quiero morir en el lecho de una euménide -grité.
Espérame en la tierra del sueño más azul”.
Pero ya había crecido la maleza en la Historia y en sus ojos.

LADRÓN DE OJOS ESCARLATA

Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
diré el secreto de mi longevidad:
boca arriba, contra las gargantas del cielo,
devoro los huevos de la luz.
Yo bebo la agria copa del mediodía,
yo desciendo a los nidos del atardecer,
yo apareo la ardiente hembra de la madrugada.
Yo, el marrano, el traidor, el ladrón de ojos escarlata,
beso cada noche los párpados de los ciegos,
saqueo el sueño de los niños,
y como un tábano sobre el lomo del universo
mantengo libre el mal, joven al mundo.

MICENAS

Las nubes pasan sombrías sobre la piedra
donde en vano se buscan rastros de la sangre
que enjugó para siempre la tierra
rica alguna vez en caballos.

Por donde pasaron los enseres
hacia el mar y la guerra
ahora una bocanada como de tumba recién abierta
sale al encuentro del viajero.

Y desde la terraza, si se mira
la ocre y áspera llanura,
todavía se escucha el luciente bronce
y resplandece el rostro de oro.

Pura ilusión, nostalgia de los hombres
a quienes la inteligencia sosegó el corazón
y no saben ya tensar el arco de la vida.

LA CASA DEL AHORCADO

Las puertas estaban abiertas, las ventanas estaban abiertas,
las paredes horadadas como por un trépano,
y donde había estado el techo ahora sólo se veían
vigas rotas y hierros retorcidos.
La luz entraba violentamente por todas partes,
descubría frescos obscenos en la mancha de humedad,
doraba las hornacinas donde dormían las paloma.
En el centro de la sala, junto al brasero apagado,
una mujer vestida de rojo devanaba en la rueca un hilo negro,
como un cordón umbilical que salía del fondo de la tierra.
En otra habitación, mascando restos de tul,
una niña miraba las hormigas que subían al lecho
y oscurecían el lado izquierdo de la almohada.
Y en el patio, donde triscaban las cabras,
un niño recogía ojos multicolores,
hasta encontrar su propio par de ojos
con los que veía por primera vez la oscuridad.
Detrás del limonero, junto al pozo ciego,
dos jóvenes se vendaban los ojos,
mientras la gente iba y venía, recorría
en silencio las habitaciones, tomaba fotografías,
caminaba hasta el fondo donde una muchacha con cabello de azafrán
vendía escapularios y souvenirs: madera del árbol nefando,
fragmentos de la cuerda que había entibiado el cuello,
el ojo al fin azul del prisionero.

EL LAVADERO

Qué jóvenes llegamos aquí, a los grandes lavaderos,
donde vimos por primera vez a la hija del rey
descargando su ajuar, jugando con sus compañeras.
Aquí, donde las esposas y las hijas trajeron
sus magníficos vestidos, antes y después de la guerra,
donde vimos tantas veces llegar los carrros del mundo
con las sábanas de la vida y de la muerte,
los manteles y las toallas, las vendas y sudarios.
Qué jóvenes llegamos aquí, a los grandes lavaderos,
donde también nosotros trajimos nuestra carga:
el tul sangrante, el paño ardiente de la fiebre,
la seda manchada por el pólipo del deseo.
Qué jóvenes llegamos aquí, oh dios de los lavaderos,
y cómo tratamos de borrar toda mancha,
cómo luchábamos vanamente contra lo indeleble,
hasta que extenuados nos dormíamos sobre las peñas
y soñábamos con una tela incorruptible, con su agua inmaculada.



GNOSIS

De pronto se abre un ojo en la frente,
otro ojo en la nuca, sendos ojos en los parietales,
un ojo en la espalda, otro en el abdomen,
un ojo en la planta del pie.
Y todo se hace claro, obvio por fin:
la solapada materia del mundo,
la perversidad de lo real.




HORACIO CASTILLO (Argentina, 1934 - 2010)




julio 05, 2010

POEMAS DE FABIÁN CASAS




SIN LLAVES Y A OSCURAS

Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.

Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano.


A MITAD DE LA NOCHE

Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.
Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.
Estoy desnudo en el medio del patio
y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.
Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.
Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.
El viaje del Salmón
en una época dura.
Pienso esto y abro la heladera:
un poco de luz desde las cosas
que se mantienen frías.


UNA OSCURIDAD ESENCIAL

Hay una oscuridad esencial en esta calle.
Un único farol ilumina el contorno
y árboles domesticados, altísimos,
producen una música de acuerdo al viento.
Miro a mi perro,
una conciencia a ras del piso
que hurga y mea en la tierra
y pienso en mí, hundido
en el lenguaje, sin oportunidad,
sosteniendo una correa que denota
lo que fue necesario para estar unidos.


DESPUÉS DE LARGO VIAJE

Me siento en el balcón a mirar la noche.
Mi madre me decía que no valía la pena
estar abatido.
Movete, hacé algo, me gritaba.
Pero yo nunca fui muy dotado para ser feliz.
Mi madre y yo éramos diferentes
y jamás llegamos a comprendernos.
Sin embargo, hay algo que quisiera contar:
a veces, cuando la extraño mucho,
abro el ropero donde están sus vestidos
y como si llegara a un lugar
después de largo viaje
me meto adentro.
Parece absurdo: pero a oscuras y con ese olor
tengo la certeza de que nada nos separa.


NO ESTOY EN BATA COMIENDO NARANJAS AL SOL

Por la mañana
miro mi cara
en el espejo del baño.
Hasta hace un rato,
resucitada,
mi madre atravesaba un campo
con su bata roja.
Pero ahora estoy despierto:
finalmente, todo es natural.
Abro la canilla
y me inclino para lavarme.
Siento el ruido del agua
contra el vientre de la pileta
-pelos muertos
en el mármol blanco-.

BRUNO


Las plantas reverdecen
soportando la violencia del verano.
Tomás la regadera, el torso al desnudo
en el sol; tus ojos que se fijan
en un cielo límpido
y el viaje que termina.

Todo está como lo dejaste:
el barco en una mañana brumosa,
un hotel frío instalado en otro idioma
y esta casa, donde posaste el radio
de tu imaginación, y crecí en él.

HACE ALGÚN TIEMPO

Hace algún tiempo
fuimos todas las películas de amor mundiales
todos los árboles del infierno.
Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos
a la velocidad del deseo.

Como siempre, la lluvia caía en todas partes.

Hoy nos encontramos en la calle.
Ella estaba con su marido y su hijo;
éramos el gran anacronismo del amor,
la parte pendiente de un montaje absurdo.
Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.




(Buenos Aires, Argentina 1965)