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junio 24, 2012

POEMAS DE YANNIS YFANTIS




EL SECRETO DEL PARAÍSO PERDIDO DE LOS POETAS

Debemos
encontrar otra vez
el nombre de las cosas.
Sin llamarlas por sus nombres
no esperemos que las cosas nos escuchen
no esperemos que nos obedezcan.




L'ANTICHISSIMA LUCE

                                                    poco antes de que se apague
                                                   la antiquísima luz
                                                                                  Pier Paolo Pasolini

No conocí al rey del rebaño, el hijo del sol.
Solamente vi su vellón una vez colgado de un antiguo árbol
mientras el anochecer
se ovillaba en la raíz del árbol como una serpiente.
Oh sagrada raza de los antiguos, oh luz.
Alcancé la antiquísima luz, la respiré.
Monté desnudo a caballo bajo los árboles del Gran Día,
comí moras, tomé leche, bailé,
jugue con el tranquilo, ágil, rizado, temible
príncipe de nuestras ovejas. Y he aquí
que se secaron todos los ríos, han huido
hacia el mar, y detrás
quedan sus guijarros, las montañas --
para que habiten cíclopes y soles.




QUÉ DIJO EL ESPÍRITU DEL BOSQUE

Criatura del destino ¿qué quieres que te diga
                                                     yo que callo
hablando con todas las bocas?
Lo que puede mancharse no es sagrado.
Lo que puede traicionarse no es secreto.
Lo que se define
                 se limita.
Hijo de la Necesidad ¿qué quieres que te diga?


Traducción de Horacio Castillo



QUERRÁ DECIR

Ahora abro puertas que son sólo mías
Cualquiera ahora abre sus puertas
Cualquiera ahora ve sus
                   propias cosas.
Y si por azar nos encontramos ante las mismas cosas
                   las vemos
cada cual de colores y formas
                  diferentes.
Y si por azar las vemos con
                  los mismos colores
                   y bajo las mismas formas las vemos
                   no en la misma posición
                   no desde la misma posición
                   no al mismo tiempo.
Y si exactamente vemos las mismas cosas
                   en la misma posición desde
                   la misma posición
                   del mismo color y
                   bajo la misma forma
                   exactamente al mismo tiempo
                   querrá decir
                               querrá decir que abrimos la
                                              última
                                               puerta.



ESPACIO-TIEMPO

Tres días antes de morir el vecino
su perro aullaba, viendo
las fases de la muerte en el futuro.

Qué milagro, un perro
como el dios del Eclesiastés
que ve pasadas todas las cosas
a una distancia de tres días de un perro
distinguió el acto de una muerte.

Yo, no obstante, encuentro que no soy
ni dios ni perro, pero algo
tengo del tedio del dios -
y algo de la tristeza del perro.



EL SUEÑO NAVEGABLE

En otro tiempo un molino en otro tiempo
tuvimos la luna en la jaula*.
Ahora que la luna sigue
libre y gorjea
ahora la casa navega oliendo
a madera recién cortada y a sueño fluvial.
Tenemos aquí nuestros libros con nosotros
nuestras estrellas y nuestras brújulas nuestras armas
nuestros huesos y los huesos de nuestras mujeres
nuestras microscópicas hoces.
Pero nosotros tenemos sobre todo
la fuerza la locura o la sabiduría
para que todo ello no nos sirva.
Deja que navegue nuestra casa hacia donde navega
deja que nos lleve el sueño
allí donde intentábamos no ir
porque no sabíamos, allí
donde no intentábamos
                                      ir
                                              porque no sabíamos. Eh
deja que navegue nuestra casa hacia donde navega.


*Luna como las que tienen en jaulas en los molinos fluviales, para que Astaroth no mee sobre la harina (N. de. A.)




LA DANZA DEL MEDIODÍA

Patas de roca luz y mar.

En el ardor del mediodía, el aire
Tembló, se espesó y sombras
Se agitaron con sususrros flacos y sedientos
Danzando su escuálido exilio

Te arrastré luego hasta la cueva y hacia lo profundo
Sobre la arena te desabroché el cinturón...

Cayó el sol; exhaustos
Extendimos nuestros miembros hacia la infinita
Noche del desierto...

Me despertó la risa de los rayos
Sobre las piedras húmedas;
En tus senos dos guijarros verdes
Tus dientes gemas incrustadas
Y en tus ijares un viento pelágico
Arrastraba su arco refrescando
Los ojos de mi memoria con objetivo
Profundamente nostálgico
                      y dije: "Levanta
                      querida,
                      para coger número
                      me cansé
                      de las cosas eternas".

Patas de roca luz y mar.




 VIERNES SANTO

Hablando con luz vaciaste el Sol;
ahora el Sol se halla en eclipse
y tú su corona de espinas llevas.




SIEMPRE AQUÍ

No hay tema; estoy aquí; estoy siempre aquí.

Escribí la Canción del Arpista en el 2000 a.C. en Egipto.
Escribí La Odisea en el 800 a.C en Jonia.
Escribí el Tao Te King en el 600 a.C. en China.
Escribí en el siglo XI en Konya el Masnavi o Manavi.
Concluí exiliado en Rávena la COmedia que Bocaccio denominó
Divina.
Escribí  La Mujer de Zákinzos
Los Cuatro Cuartetos
Zorzal
Mantraspenta.

No hay tema; estoy aquí; estoy siempre aquí.

                                                                                                       1985




LIBRO MUNDO

Sólo un libro se ha escrito
y se ha escrito con cosas y no con palabras.

Sólo un lbro se ha escrito
y se ha escrito desde el Mundo con el Mundo para el Mundo.

El Mundo es el libro del Mundo.

*

Fin no tiene el Mundo ni principio;
pero el poeta al descubrir el Mundo
es como si lo construyese desde el principio.

*

Sólo hay un libro que leer
y éste es el libro del Mundo.

*

Que escribo querrá decir que leo el libro del Mundo.
Todos mis escritos no son más que subrayados en el libro del Mundo;
todos mis escritos no son más que notas, pinturas,
en los márgenes de sus páginas.

Que escribo querrá decir que muestro a la gente
que intento compartir con ella
la belleza o el horror que leo en el libro del Mundo.

Porque nadie soporta leer a solas el libro del Mundo.


                                                                                  Éfeso, Templo de Ártemis, 1988 A.D.




LA SOLEDAD Y EL MARTIRIO DE MANSUR HALLAY
(26 DE MARZO, 922, día martes, Bagdad)

Fue acusado
de estimar mucho más a  Jesús que a Mahoma;
de escribir libros y de llenarlos
de pinturas, como los griegos
(cosa que la fe prohibía).
Lo llamaban hereje porque decía
que el centro de adoración no se halla sólo en La Meca sino en todas
partes.
Y la copa de los fieles rebosó cuando dijo
"Ana al-jaqq" (Yo soy la Verdad)[1].
Lo detuvieron, lo juzgaron, lo condenaron.
Y cuando le cortaron manos, pies, nariz, orejas,
en absoluto gimió, en absoluto habló.
Y cuando le arrojaron piedras permaneció tranquilo como si le
hubiesen arrojado flores.
Sólo por un momento se estremeció;
cuando uno de sus amigos se atrevió
a lanzarle una flor.
Entonces se estremeció
y mostró que sufría como si le golpeara una piedra.




EL SEÑOR GLICKSBOURG [2]

"Acate las inclinaciones de un niño
desde el instante en que respire aire puro
pero a un cincuentón que nada sabe
no le vale el respeto".
Por supuesto lo digo por el señor Glicksbourg.
Ya pasó de los cincuenta y todavía
quiere a toda costa el pobre
convertirse en rey de Grecia.
Me pregunto: ¿no lo entiende?
¿Nadie se lo susurró?
"Pero señor Glicksbourg", díganselo, "Grecia
tiene reyes y príncipes,
sus poetas".

                                                                Atenas, 1993




VENGO

No sé si fue Ritsos u Homero
el que me convenció para entrar en el Caballo de Troya
teniendo sólo una espada y un espejo.

Vengo del desierto allí donde la arena
es la aflicción de cada forma.

Vengo de las Osas llevando
un fardel de estrellas y sosteniendo
en la mano una máscara de luna.

Vengo de la choza tejida con ramas refulgentes.
Vengo de una casa hecha de espejos.

Vengo del desfiladero curvo como espada
hecha mitad de nieve mitad de flores.

Vengo de las orillas del río montañés
allí donde cataratas ascetas
se mantienen de pie en las pétreas tinajas.

Vengo del Norte; con patines de hielo
dos medias lunas, sin parar me deslicé
sobre las nieves durante tres mil años.

Vengo de las tribus de los tártaros; soy el general
que degolló a Attar[3]y también soy
el mismo Attar y el cuchillo que lo degolló.

Vengo de la negra galaxia de las hormigas que arrastra
una mariposa muerta como si fuese
el velero de un ángel como si fuese
Ícaro tras su caída.

Vengo de Grecia que eleva
con la mano el Peloponeso y disemina
a su alrededor las islas para que no esté
solo extendido en el mar.

Vengo del agujero de una rama podrida
en el que oficiaba en traje de abeja salvaje
o en el que llevaba talares vestiduras de mariposa.

Vengo de allí del atardecer
de Tesalia, donde pastoreé
durante mil años un rebaño de llamaradas.

Vengo del libro de Anaximandro; en él
me enncuentro siempre doquiera que vaya.

Me preguntan de dónde vengo.
                    ¿Qué decirles?
No me entenderían.
                     Y luego
me llevarían atado al psiquiatra.

"Vengo", dije, así de simple, "de Agrinio",
escondiendo cuanto pude en esta palabra
lo "agrio", la "n", la "i" y sobre todo
la "o", que es venero y veneno,
casa mía y espejo y laberinto (pero sí
el más complejo laberinto y que parezca
tan simple, un ínfimo anillito).

                                                                                 Salónica, 1994




Y SI CUAL DELFÍN

Y si cual delfín salgo del sueño y me sumerjo de nuevo
                   en el sueño intentándolo
una y otra vez
es porque rondo aquél sueño el más profundo,
                     el absoluto,
                     el olvido
del que matutino despertaré al alba del mundo
lirio y agua fría
                    y con pestañas
                    rayos.




MICENAS

Llegamos al mediodía y ascendemos
hacia los palacios de Agamenón
el aljibe y los antiguos apriscos. Atravieso
la Puerta de los Leones, siempre
por última vez.
Heroicas, grandes piedras. Y sin embargo
su Puerta Oriental muestra que
los héroes tenían más o menos claro mi estatura. Oh Sol
mi antiquísima careta áurea, te llamo
y aquí entro en el enorme sepulcro y continúo
y distingo a la derecha una nueva puerta más pequeña y me detengo
y me reflejo
                 en la oscuridad: Oscuridad.




HISTORIA NEOGRIEGA

Veinte años llevo sembrando tabaco; veinte años de
brotes, escardaduras, riegos,
labranza, más labranza y rastrillaje
y plantación y escarda y riego y acumulación y enristrado y selección
e insolado y corte y al final
agavillado
para que venga el mercader a tasar
el 66 por ciento para el estado
el 27 por ciento a su bolsillo
y el 7 por ciento para nosotros
y dentro de eese siete por ciento
estarán abonos, riegos, labranzas, mano de obra,
nuestro curro, nuestras deudas y la vida
que quiere la vida y nada
fuera de ella la consuela.

Si la mitad emigramos
si ya no tenemos seguridad
y no nos saciamos con el descanso y el sueño y la comida
no es porque no trabajásemos
no es porque no ahorrásemos
no es porque no fuésemos los afortunados;
es porque nos robaron y nos roban:
No fueron los persas ni los venecianos
ni los turcos ni los alemanes
sino nuestros
jenízaros de le riqueza y la cultura
políticos y académicos
                               Iglesia y empresarios.
Es porque nos robaban
                              y nos roban.

                                                                                                          Agrinio, 1976





 NOTAS AL TEXTO

[1]. Esta expresión se halla en uno de los dos "Poemas que le acarrearon
la condena" (vid. Mansur Hallay, Diván, edición y traducción del árabe
de Milagros Nuin y Clara Janés, Madrid, Ediciones del Oriente y del
Mediterráneo, 2002, poema n° 13, p. 59). Nuin y Janés traducen: "Yo
soy la Verdad, y la Verdad es Verdad para la Verdad./ Revestida de Su
esencia la diferencia no existe".

[2]. El poeta se refiere a Kinstantinos, ex-rey de Grecia, cuyo apellido
familiar es Glicksbourg. Las autoridades griegas le pidieron a él y su
familia que se identificaran con este apellido como condición sine que
non para entrar en el país, algo que la ex-familia real, algunos de cuyos
miembros viven en Londres, no ve de buen grado.

[3]. El poeta místico persa Farid ud-Din Attar (¿1120? - 1220), autor del
poema "El lenguaje de los pájaros".


Traducción de Mario Domínguez Parra



YANNIS YFANTIS (GRECIA, 1949)

    

febrero 28, 2011

POEMAS DE YANIS RITSOS





El día de un enfermo




Todo el día, un olor a tablas podridas, húmedas
- se secan y humean al sol. Los pájaros
miran un momento por los tejados y se van.
Por la noche, en la vecina taberna, se reúnen los sepultureros,
comen pescado frito, beben, cantan
una canción con muchos agujeros oscuros. -
Desde allí adentro, comienza a soplar un viento suave
y tiemblan las hojas, las luces y el papel de los anaqueles.






Casi prestidigitador


Desde lejos amortigua la luz, mueve las sillas
sin tocarlas. Se cansa. Se quita el sombrero y se abanica.
Después, muy lentamente, se saca tres naipes
del oído. Disuelve una estrella analgésica verde
en un vaso de agua, removiendo con una cucharilla de plata.
Se bebe el vaso y la cuchara. Se vuelve transparente.
En su pecho se ve un pescado de oro que flota.
Muy cansado, más tarde, se tiende en el sofá, y cierra los ojos.
"En la cabeza tengo un pájaro", dice. "No puedo sacarlo".
La sombra de dos grandes alas llena el cuarto.





Sin confirmar



Siempre creyó en aquella gran luz.
La toco – dice -, no sólo la veo, no la veo,
sólo la toco, la tengo, la soy. Y como anochecía,
y en la habitación ya no se distinguían las mesas, las bandejas,
las marinas, el reloj, nuestras formas,
él, realmente resplandecía todo entero sobre su silla,
y su silla también lucía con sus cuatro patas,
como fijas en una nube. Quisimos
tocarle para estar seguros. Pero no nos atrevimos
a levantarnos de nuestro sitio, porque estábamos agazapados
en lo más alto de una escalera sin escalones,
en una escalera altísima que no habíamos subido.






La subida



Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.
                Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un  higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro.


(Versiones de Juan Ruiz de Torres)




La Dama de las Viñas
III





Señora de las Viñas, ¿Cómo sostener sobre nuestros hombros tanto cielo
cómo sostener tanto silencio con todos los secretos de los árboles?


Un delfín corta como un relámpago la quietud del mar
como el cuchillo corta el pan sobre la tabla de los pescadores
como el primer rayo de sol corta el sueño.


De piedra en piedra reverbera el camino y de pájaro en pájaro sube la escalinata
y el sol, mitad en el mar, mitad en el cielo, brilla como la naranja
en tu puño y como tu oreja debajo del cabello.


Y así esbelta y fuerte en el centro del mundo
sosteniendo en tu mano izquierda la gran balanza y en la derecha la santa espada
eres la belleza y la gallardía y eres Grecia.


Cuando pasas entre la gramilla rasgando la seda del aire
las rubias fundas del maíz te rozan las axilas
como si te rozara el flamante bigote del pastor
y onda tras onda el escalofrío se pierde entre las espigas
y sonido tras sonido los plátanos se inclinan sobre las fuentes
y las montañas parecen cántaros que esperan ser llenados.


Señora de las Viñas tu rostro se refleja en nuestros pechos
como una blanca nube que ilumina las laderas boscosas
y el río te sigue como un manso león
cuando repartes los rayos en las acequias
cuando repartes a los pastores pólvora y canto
y te llaman hermana de los caballos y los corderitos.


(Traducción de Horacio Castillo)




El guante que llevas...

El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.


(Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y Dimitri Papagueorguiu)








La mujer azul


Se mojó la mano en el mar.
Se volvió azul, la mano.
Le gustó.
Se zambulló desnuda en el mar.
Se volvió azul.
Azules también su voz y su silencio.
La mujer azul.
Todos la admiraron.
Nadie la amó.




(Versión de Román Bermejo)



YANIS RITSOS (Γιάννης Ρίτσος) (Grecia, 1909-1990)











noviembre 27, 2010

POEMAS DE CONSTANTIN KAVAFIS



EL DIOS ABANDONA A ANTONIO

Si de pronto, a medianoche, se oye
pasar un cortejo invisible
con espléndidas músicas, con voces –
tu suerte que ya cede, tus obras
que fracasaron, los proyectos de tu vida
que resultaron todos ilusorios, no llores vanamente.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente,
despídete de ella, de la Alejandría que parte.
Sobre todo no te engañes, no digas que fue
un sueño, que se engañó tu oído;
no aceptes esas vanas esperanzas.
Como dispuesto desde hace tiempo, como valiente,
como corresponde a quien fue digno de tal ciudad,
acércate resueltamente a la ventana,
y escucha con emoción, pero no
con los ruegos y lamentos de los cobardes,
como un último placer, esos sonidos,
los espléndidos instrumentos del misterioso cortejo,
y despídete de ella, de la Alejandría que pierdes.


LA CIUDAD


Dijiste: ”Iré a otra tierra, iré a otro mar,
Debe existir una ciudad mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es aquí una condena,
y mi corazón –como un muerto– está sepultado.
¿Hasta cuándo mi espíritu permancerá en este marasmo?
Donde vuelvo mis ojos, donde miro
Veo las negras ruinas de mi vida, aquí
Donde tantos años pasé y arruiné y perdí”.

No hallarás sitios nuevos, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Darás vueltas por las mismas
calles. Envejecerás en los mismos barrios,
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra parte –no lo esperes–
no hay barco para ti, no hay camino.
Al arruinar tu vida aquí, en este pequeño rincón,
en toda la tierra la arruinaste.



ITACA


Cuando emprendas el regreso a Itaca,
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, de conocimiento.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al irritado Poseidón, no les temas;
no hallarás tales cosas en tu camino
si tu pensamiento es elevado, si una sublime
emoción embarga tu espíritu y tu cuerpo.
A los Lestrigones y los Cíclopes,
al feroz Poseidón, no los encontrarás
si no los llevas en tu alma,
si tu alma no los pone ante ti.

Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas estivales
en que lleno de placer y alegría
entres a puertos vistos por primera vez;
detente en los mercados fenicios
y adquiere hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano,
y toda clase de perfumes voluptuosos,
todos los perfumes voluptuosos que puedas;
visita muchas ciudades egipcias
para aprender más y más de los sabios.

Ten siempre en tu mente a Itaca.
Tu meta es llegar allí.
Pero no apresures de ninguna manera el viaje.
Mejor que dure muchos años,
y viejo ya ancles en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que Itaca te dé riquezas.

Itaca te dio el hermoso viaje.
Sin ella no hubieras salido del camino.
Pero ya no tiene nada para darte.
Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.
Tan sabio como has llegado a ser, con tanta experiencia,
ya habrás comprendido qué significan las Itacas.



LAS VENTANAS


En estos oscuros cuartos donde paso
días pesados, voy de un lado al otro
para hallar las ventanas. – Cuando se abra
una ventana será un consuelo.
Pero las ventanas no aparecen, o yo no puedo
hallarlas. Y quizás sea mejor que no las encuentre.
Quizás la luz sea un nuevo tormento.
Quién sabe qué cosas nuevas mostrará.


ESPERANDO A LOS BÁRBAROS

—¿Qué esperamos reunidos en el ágora?

 Es que hoy llegan los bárbaros.

—¿Por qué el Senado está inactivo?
¿Qué pasa que los Senadores no legislan?

Porque hoy llegan los bárbaros.
¿Qué leyes pueden hacer ya los Senadores?
Los bárbaros legislarán cuando lleguen.

—¿ Por qué nuestro emperador se levantó tan temprano
y está sentado en la puerta principal de la ciudad,
solemne en su trono, luciendo la corona?

Porque hoy llegan los bárbaros.
Y el emperador espera recibir
a su jefe. Hasta ha preparado
un pergamino para entregarle. Allí
ha consignado muchos títulos y nombres.

—¿Por qué nuestros dos cónsules y los pretores salieron
hoy con sus rojas togas bordadas?
¿Por qué llevan brazaletes con tantas amatistas,
y anillos con espléndidas y brillantes esmeraldas,
por qué empuñan hoy preciosos bastones
magníficamente recamados de oro y plata?

Porque hoy llegan los bárbaros,
Y esas cosas deslumbran a los bárbaros.

—¿Por qué los ilustres oradores no vienen como siempre
a echar sus discursos, a decir sus cosas?

Porque hoy llegan los bárbaros,
y a ellos les fastidian la elocuencia y las arengas.

—¿Por qué comienza de pronto esta inquietud
y confusión. (Qué serios se han vuelto los rostros.)
¿Por qué se vacían rápidamente las calles y las plazas
y todos vuelven a sus casas muy pensativos?

Porque anocheció y los bárbaros han llegado.
Y algunos que han venido de las fronteras
dijeron que ya no hay bárbaros.

Y ahora qué será de nosotros sin bárbaros.
Ésos hombres eran alguna solución.


AL ATARDECER


De todos modos no duraría mucho. La experiencia
de los años me lo enseña. Sin embargo, algo apresuradamente
vino la Moira y lo interrumpió.
Fue breve esa hermosa vida.
Pero qué intensos eran los perfumes,
en qué espléndidos lechos nos acostamos,
a qué placer entregamos nuestros cuerpos.

Un eco de los días de placer,
un eco de los días, vino hasta mí,
algo del ardor de nuestra juventud;
volví a tomar una carta en mis manos
y leí una y otra vez hasta que faltó la luz.

Y salí melancólicamente al balcón,
salí para cambiar de pensamientos mirando al menos
un poco de la ciudad amada,
un poco el movimiento de la calle y los negocios.



LOS CABALLOS DE AQUILES

   Cuando vieron muerto a Patroclo,
que era tan viril, y fuerte, y joven,
los caballos de Aquiles comenzaron a llorar:
   su naturaleza inmortal se indignó
al contemplar esa obra de la muerte.
Sacudían sus cabezas y agitaban sus largas crines,
   golpeaban la tierra con los cascos, y lloraban
viendo a Patroclo exánime —aniquilado—
ahora una carne abyecta —su espíritu desvanecido—
   indefenso —sin aliento—
devuelto desde la vida a la gran Nada.

   Vio Zeus  las lágrimas de los caballos
inmortales y se entristeció. “En las bodas de Peleo
—dijo— no debí cometer tal desatino;
   ¡mejor hubiera sido no haberos entregado, desdichados
caballos míos! Qué podíais hacer allá abajo,
entre la mísera humanidad juguete del destino.
   A vosotros, exentos de muerte y de vejez,
os atormentan efímeras desgracias. En sus aflicciones
os han enredado los hombres”. —Pero
   los nobles animales seguían llorando
por la calamidad eterna de la muerte.



VUELVE


Vuelve siempre y tómame,
sensación amada, vuelve y tómame—
cuando despierta la memoria del cuerpo
y un viejo deseo pasa nuevamente por la sangre;
cuando los labios y la piel recuerdan
y las manos sienten que tocan otra vez.

Vuelve siempre y tómame en la noche,
cuando los labios y la piel recuerdan…


EL SOL DE LA TARDE


Este cuarto, qué bien lo conozco.
Ahora se alquila y también el de al lado
para oficinas comerciales. Toda la casa se convirtió
en oficinas de corredores, de comerciantes, de compañías.

Ah, este cuarto, qué familiar me es.

Aquí cerca de la puerta estaba el canapé,
y delante de él una alfombra persa;
al lado la repisa con dos floreros amarillos.
A la derecha, no, enfrente, un armario con espejo.
En el centro la mesa donde escribía,
y las tres grandes sillas de mimbre.
Junto a la ventana estaba la cama
donde nos amamos tantas veces.

Aún deben estar en alguna parte esas pobres cosas.

Junto a la ventana estaba la cama;
el sol de la tarde llegaba hasta el medio.

…Las cuatro de la tarde, nos habíamos separado
sólo por una semana…Ay,
esa semana se volvió eterna.



MELANCOLÍA DE JASÓN, HIJO DE CLEANDRO, POETA EN COMAGENE, 595 D.C.


El envejecimiento de mi cuerpo y mi figura
es herida de terrible puñal.
Ya no resisto más.
A ti recurro, Arte de la Poesía,
que algo sabes de remedios,
intentos de calmar el dolor mediante la Imaginación y el Verbo.
Es herida de terrible puñal.
Tráeme tus remedios, Arte de la Poesía,
y haz —por un instante— que no sienta la herida.


(Versiones de Horacio Castillo)


CUANDO DESPIERTEN

Trata de guardarlas, poeta,
por más que sean pocas aquellas que se detienen.
Las visiones de tu amor.
Ponlas, medio ocultas, entre tus frases.
Trata de retenerles, poeta,
cuando despierten en tu mente
en la noche o en el fulgor del mediodía.


(Versión de Miguel Castillo Didier)


CUANTO PUEDAS

Cuanto puedas
Si imposible es hacer tu vida como quieres,
por lo menos esfuérzate
cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca
por contacto excesivo
con el mundo que agita movedizas palabras.

No la envilezcas nunca
en el tráfago inútil
o en el necio vacío
de los rostros diarios
y al cabo te resulte un huésped importuno.


(Versión de José Ángel Valente)




CONSTANTIN PÉTROU KAVAFIS (Grecia, 1863-1933)