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octubre 29, 2012

GOETHE Y CORTÁZAR: DOS TRANSMUTACIONES - VALERIO MAGRELLI



El presente ensayo fue leído por el poeta italiano Valerio Magrelli durante la Semana de la Cultura de la Región del Piamonte, promovida por el Premio Grinzane Cavour y realizada en Buenos Aires en abril de 1997.

      Kennst du das Land wo die Zitronnen blühmen?
"¿Conoces el país donde florecen los limones?" Escrito hace dos siglos, este verso de Goethe fue por mucho el más famoso logo publicitario de nuestra nación, un estribillo, un jingle que ha atravesado el romanticismo para terminar en los manuales escolares de medio mundo. Menos sabido es el inesperado desarrollo que este tuvo en la literatura francesa de ese mismo período.
      Citándolo, a pocos años de distancia, en su novela italiana Corinne, Madame de Staël lo transforma en "¿Conoces el país donde florecen las naranjas?". La mutación todavía no tiene mucha importancia, pero no será así en lo sucesivo. En la primera página del delicioso relato napolitano titulado Graziella, Alphonse de Lamartine creyó oportuno citar la expresión de la escritora. Una vez más, por un juego de palabras mnemotécnico, la referencia terminó por sufrir otro cambio, produciendo un curioso: "¿Conoces el país donde florecen los mirtos?". Como en el juego del teléfono roto, la interferencia desquicia al texto original, encendiendo la mecha de un imparable desmoronamiento de imágenes. Limones, naranjas, mirtos: de esta imprudente multiplicación botánica Italia aparece cada vez más enriquecida por nuevas especies vegetales, pero también abandonada a los cultivos más arbitrarios y diversos.
      Hacia fines de siglo, la parábola trazada por el legendario verso conoció un ulterior y malicioso agregadobajo forma de parodia literaria. El responsable fue Mario Rapisardi(1), que alrededor de 1888 compuso este feroz epigrama: "¿Conoces el país de floridas naranjitas/ que tiene, de cien habitantes, setenta analfabetos?/ ¿El país poético, del aura perfumada,/ que recibe golondrinas al son de fusilazos?".(2) Pareciera haber llegado así al extremo de las posibles variaciones. Y sin embargo, esta historia de descuidos e incomprensiones se ha enriquecido recientemente con otros ejemplos. Todo sucedió cuando, hace apenas unos años, el texto de Lamartine fue adoptado, en el ámbito de un seminario universitario, como test para un examen de traducción. La elección no podía ser más adecuada: prolongando en versiones italianas su obstinado destino de malentendido, la frase sufrió una enésima serie de irresistibles mutaciones semánticas.
      Entre estas, dos en particular merecen ser citadas. La primera, leve error de recepción, hizo escala en un bosque: "¿Conoces el país donde florecen los arándanos?".(3) La segunda, lugar común imperdonable, dio vida en cambio a un resultado inquietante. Víctima probablemente de interferencias periodísticas, atraído a la órbita oscura de nuestras últimas tres décadas de historia, el candidato terminó escribiendo: "¿Conoces el país donde forecen los misterios?".(4)
      Aquí el obstáculo lingüístico se vuelve espía de un verdadero lapsus colectivo, algo que oprime y empuja, desde atrás de las palabras, para salir a la luz con toda su evidencia. En el ingenuo malentendido de un estudiante, la acostumbrada escenofrafía hecha de cítricos o frutos silvestres desaparece, y así Italia revela su naturaleza más oculta para aparecer siendo aquello que verdaderamente es: un jardín, que incluso podría ser de delicias, infestado de infinitos secretos. Y recordamos la visita de Goethe a Villa Patagonia, en los alrededores de Palermo, en ese jardín de monstruos y caprichos barrocos que tanto golpearon su imaginación.

      En Salvo el crepúsculo, el último libro publicado por Julio Cortázar (Madrid, Ediciones Alfaguara, 1985), aparecen tres curiosos sonetos bajo el título "Tre donne"*, incluidos en la sección "In italico modo". El autor los presentó así: "¡Accidente!, decía Calvino escuchándome leerlos. Me parecía una opinión tan generosa como estimulante, pero también creí oportuno colgar el arpa itálica y allí sigue, del salón en un ángulo oscuro".
   Según Cortázar, en la base de su divertissement está "el recuerdo clásico del italiano macarrónico que Francesco Colonna llevó a su ápice en la ya no famosa Hypnerotomachia Poliphili; me acuerdo de la sorpresa de Italo Calvino una noche en que le mencioné el poema, porque incluso en su país hay pocos que lo recuerdan. Fruto de un Renacimiento cuyos escritores, salvo excepciones, duermen en camas de polvo, léase bibliotecas, a Calvino le asombró que un sudamericano pudiera seber algo sobre el poema de Colonna. Le expliqué que se lo debía a John Aldington Symonds, cuya fantasiosa historia fue una memorable lectura de mi juventud estudiosa y erudizante. Desde luego Symonds sólo transcribe fragmentos de  la Hypterotomachia, pero me bastaron para ver cómo el latín y el italiano eran sometidos a una distorsión que debió enfermar de risa las tertulias de cardenales y letrados de la época".
      Pero detrás de esas notas eruditas, lo que actúa es el placer de manejar una lengua inexistente, aunque profundamente presente en la cultura argentina: "Aprendí un poco de italiano en los años cincuenta, y con nuestra tendencia argentina a parodiar una lengua que practicamos sobre todo en su versión degradada, el cocoliche, nunca me costó inventar largos discursos perfectamente aberrantes para regocijo casi exclusivamente mío".
      Como se sabe, el término designa al personaje que en las farsas criollas representa al italiano americanizado, y por consiguiente también su lengua, en la que el italiano y el español se mezclan con efectos a menudo muy cómicos. A pesar de eso, después de haber evocado al fantasma de esta bizarra y paródica lengua popular (la de tantos inmigrantes del siglo pasado), Cortázar se aleja de ella con decisión: "Lo mío no tiene nada que ver con el macarrónico y menos con el cocoliche; consiste simplemente en sonetos que cuidan el ritmo y la rima para hacer caer al lector en el garlito de la cadencia, y que acumulan frases sin sentido donde se mezclan voces italianas con otras inventadas a vuelapluma, lo mismo que las tres protagonistas y los sentimientos allí volcados. En resumen, lo único verdadero es el soneto como forma, y el resto puro camelo". Pero, ¿qué nos enseña la historia de este camelo, de este pequeño juego literario?"
      Ante este trompe l'oeil lingüístico, el lector italiano queda atrapado, incierto entre la plausibilidad del sonido y la falta de verosimilitud del sentido. Si el universo lírico dispusiese de una jurisprudencia, para un hallazgo como este se podría sin duda hipotetizar el delito de falsificación. Pero la falsificación, aquí, no agraviaría, como en el plagio, un derecho de autor individual, sino una propiedad eminentemente pública como la relativa al patrimonio lingüístico. Igual que en los faux-monnayerus gidianos, Cortázar maneja aquí moneda falsa haciéndola pasar por buena, hasta acuñar un italiano alucinado, extremo, irredimible.
      
      A este primer capítulo de imputación se podría agregar otro, mucho más leve, y es la acusación de haber simulado también la existencia de las heroínas descriptas. De hecho, el autor afirma dos veces que las destinatarias de los poemas deben ser consideradas objetos de pura invención, tan inexistentes como el idioma en que son cantadas. Por un lado, entonces, los nombres de las mujeres amadas; por el otro, el cuerpo mismo de una lengua-fantasma, soñada y recreada y dilatada casi en una duermevela de los sentidos. Raramente la Musa, figura en la que coinciden palabra y feminidad, fue evocada de manera tan explícita: Simonetta, Carla y Eleonora terminan por representar a las vestales y al mismo tiempo el producto de la lengua, ectoplasmas que a su vez aparecen, voces de una pronunciación imaginaria.
      Al final de su nota, Cortázar se refiere a la conveniencia de "poner acentos a la española para facilitar una lectura en voz alta". Aun cuando pueda ser obviable, esta breve indicación constituye (junto con el signo interrogativo invertido en el segundo cuarteto del tercer poema) el único trámite superviviente del pasaje entre italiano y español. Sin el  leve polvo gráfico de los acentos depositado sobre los versos, la lengua de los tres poemas no hubiera traicionado su origen, y habría aparecido como un cuerpo astral, caído del espacio sobre la superficie terrestre. Dicho en otras palabras, lo acentos tienen aquí la función de una contraseña que garantiza y certifica la procedencia del producto.
      Naturalmente, "In italico modo" no permite ninguna traducción. Dado que su secreto reside en una ilusión fonética, en un retraso del significado, sólo podemos recorrer su mecanismo para reactivarlo con cada lectura. En ciertos inquietantes artilugios narrativos de Cortázar, la realidad cotidiana se revela habitada por una realidad ulterior, potencial, alternativa. De la misma manera, los tres sonetos tratan de celebrar el nacimiento de una lengua paralela, idolejo y prototipo: un sosías italiano.
      Si bien nacieron como una broma, las "imitaciones" de Cortázar plantean cuestiones mucho más amplias. Más allá de los aspectos más lúdicos, un procedimiento como ese nos lleva a reflexionar acerca de los modos en que una lengua reacciona en contacto con otra, y, más en general, acerca de los mecanismos de recepción y transmisión intercultural. Cómo suena el italiano a un oído argentino, y viceversa. Y aun más: ¿qué representa Italia para la Argentina, y viceversa?

      Es el momento de tratar de establecer una conexión entre las transmutaciones involuntarias en el verso de Goethe y éstas, más sistemáticas, de los sonetos de Cortázar. Por un lado tenemos la transformación inconsciente del paisaje, por el otro la imitación consciente de la lengua. Por un lado la traducción errada enciende una paradojal metamorfosis de la representación natural (cítricos-frutos silvestres-misterios), por el otro la parodia produce en cambio una significativa mímesis cultural. A pesar de las diferencias entre los dos ejemplos, tanto en uno como en otro caso está en juego el problema de la identidad de un país a través del prisma de su recepción.
      Tanto el malentendido de la realidad botánica como el pastiche verbal con el que jugó Cortázar, pueden entonces utilizarse de manera negativa, como emblemas de aquellos estereotipos que alteran o impiden la correcta comunicación entre dos tradiciones. Cada vez que pronunciamos una palabra, el Otro (tanto el perteneciente a otra nación como a otra lengua) está listo para "traducirla" en el esquema que preventivamente se ha fabricado de nosotros. Nuestra fisonomía está por lo tanto condenada a ubicarse en el interior de esa que ha estado asignada desde siempre. Somos lo que se considera que debemos ser. Además de su propio sonido, nuestra lengua adquiere otro, un falso gemelo que lo acompaña, lo dobla, lo sustituye; una suerte de cocoliche antropológico, una flora verbal fantástica y abusiva. Es a todo eso que tendrá que sustraerse quien quiera intentar descubrir las raíces de un país y su historia.




Notas:

(1). Poeta italiano (1844-1912), lírico y tradicionalista, autor de Lucifer, Atlántida y Polingenesi, entre otras obras. Su poesía se caracteriza por el continuo halagar de sentimientos como el amor, la patria, el irredentismo y el orgullo por el pasado nacional, entonces muy extendidos, y por su forma expresiva, de una retórica grandilocuente, que respondía al gusto de las clases que producían o consumían literatura.

(2). "Conosci tu il paese dei floridi aranceti/ che ha su cento abitanti settanta analfabeti?/ Il paese poetico, dall'aure profumate,/ che riceve le rondini a suon di fucilate?"

(3). "Conosci il paese dove fioriscono i mirtilli?"

(4). "Conosci il paese dove fioriscono i misteri?"



*                                TRE DONNE - JULIO CORTÁZAR


                                                               Et coruscante gia 
                                                               sopra le cerulee e inquiete undule,
                                                               le sue irradiante come cripulavano
                                                                                     Francesco Colonna, poema citado

Simonetta

Simonetta, la fosca malintesa
chiude le rame inaltri fino al nardo.
Magari i tuoi allunghi di leopardo
móntano al valle, dove sta la chiesa.

O forse no, forse stai muta e resa
da fronte al mare, piggiotando il dardo!
Mi lascerai almeno éssere un tardo
seguitore, lo schiavo che ti stresa?

leri venívano i dolente sprozze
sospirando col giglio e col fenoglio
in mezzo al trimalciónico festaccio;

ma questa sera, Simonetta, nozze
di ombra amaranto e razzi del orgoglio
giúngono furia nel luttuoso bacio.


Carla

Vae Victis, Carla, se le strombe urlante
ti immérgono fra i túrpidi stormenti!
Lo so: supplicherai che ti ramenti
la guancia rotta e le prestiglie umante.

Vai, e lascia che il labbro dell'amante
guarisca i seni tanto blu e mordenti,
mentre le alani dell'estate ai venti
frózzano la svergura palpitante.

Poi sará il calmo, la deserta notte
dove sul ventre cádono le mele
liete di brisa soave e di funghine,

e tu, supino uccello, delle grotte,
verrai alzarsi l'occhio delle mielle
e tutto sará d'ombra e di caline.


Eleonora

Eleonora, la sfuma sopra il letto
sorge come el sorriso fra le schiume
quando la singhia inopia del tuo fiume
diventa mora, scende, o poi va stretto.

¿Perché la notte invade tanto il petto
dove colombe rosse vanno al lume
mente il tuo seno trema, oh Ulalume
un'altra volta sú dal fazzoletto?

La follía, le gombre, le mancanze
giócano sulle spiagge del ricordo
quando ti dai al vento e all'amore,

Eleonora, falcone di mudanza,
mannechino del tempo dove mordo
singhiozzando, giá vinto e vincitore.





Traducción de Guillermo Piro
Fuente: Diario de Poesía N°45, págs.11/12 - Buenos Aires, Argentina, 1998.


VALERIO MAGRELLI (ITALIA, 1957)

octubre 25, 2012

LAS MANOS EN NEGATIVO - MARGUERITE DURAS







Se conoce como “manos en negativo” a las pinturas de manos encontradas en las grutas magdalenianas de la Europa del Atlántico Sur. Esas manos eran simplemente apoyadas abiertas sobre la piedra después de empaparlas en color. Por lo general eran negras. O azules. No se ha encontrado ninguna explicación para esta práctica.

Frente al océano
bajo el acantilado
sobre la pared de granito

esas manos

abiertas

Azules
Y negras

Del azul del agua
Del negro de la noche

El hombre llegó solo a la cueva
frente al océano
Todas las manos son del mismo tamaño
estaba solo

El hombre solo en la cueva miró
en el ruido
en el ruido del mar
la inmensidad de las cosas

Y gritó

A ti que tienes nombre a ti que estás dotado de una identidad te amo

Esas manos
del azul del agua
del negro del cielo

Planas

Apoyadas abiertas sobre el granito gris

para que alguien las viera

Yo soy el que llama
Soy aquél que llamaba que gritaba hace treinta mil años

Te amo

Grito que quiero amarte, te amo
Amaría a quien sea que me escuchase gritar

Sobre la tierra vacía quedarán esas manos en la pared de granito 
frente al estruendo del océano

Insoportable

Ya nadie escuchará

Ni verá

Treinta mil años
Aquellas manos, negras

La refracción de la luz sobre el mar hace temblar a la pared de piedra

Soy alguien soy el que llamaba el que gritaba en esa luz blanca

El deseo

La palabra aún no se inventó

Él miró la inmensidad de las cosas en el estruendo de las olas, la inmensidad de su fuerza

y después gritó

Por encima de él, los bosques de Europa,
sin fin

Él se levanta en el centro de la piedra
de las galerías
de los caminos de piedra
de todas partes

A ti que tienes nombre, a ti que estás dotado de una identidad, 
te amo con un amor indefinido

Había que bajar del acantilado
vencer el miedo
El viento sopla desde el continente y empuja al océano
Las olas luchan contra el viento
Avanzan
demoradas por su fuerza
y pacientemente llegan
a la pared

Todo se estrella

Te amo más allá de ti
Amaría a quien sea que escuchara que grito que te amo

Treinta mil años

Llamo

Llamo a aquél que me responderá

Yo quiero amarte te amo

Después de treinta mil años yo grito frente al mar, el Espectro blanco

Yo soy el que gritaba que te amaba, a ti.




(Versión en castellano de Sandra Toro)


MARGUERITE DURAS  (Vietnam/Francia, 1914-1996) 

POEMAS DE YONA WALLACH




MASTURBACIÓN (fragmentos)



Nuevamente te acostaste con Don Nadie
amaste su mirada vacía
abrazaste su cuerpo ausente.

Los ojos de tu amante miraban hacia un punto lejano
no hacia ti no en ti:
tan joven y ya tan amargo.

El amor que penetró tu carne un momento
tu cuerpo se inunda de calor y tu alma
desde la punta del cabello
hasta los órganos internos,

dejándote nuevamente con Don Nadie
que recorre tu cuerpo con ninguna mano
que responde sin emoción ni gestos
a las caricias sin calor –

Le has mostrado el poema a tu joven amante
que responde con ira. Dice: es malo,
no es un poema en absoluto y se da vuelta,
quizás piensa que él es Don Nadie,

(…)

Don Nadie hiela tus emociones congela
tu cuerpo el frío se extiende por tus miembros
helando tu rostro enviando un nervioso temblor
desde la curva de la mejilla hasta el ojo opuesto extirpando
el florecer de emociones emitiendo el gusto del dolor
a la garganta a las distintas zonas del cuello y de la espalda.

Le explicas a tu amante qué significa el tiempo
del amor: cinco minutos son como horas
incluso como cinco horas, hay de todo tipo, vale la pena
aprovechar cada momento que tengamos
es imposible a la mañana antes del trabajo
amar tres horas es necesario calentarse y basta
lo toma a la apurada y trata pero se decepciona
no le gusta tan rápido
desea mucho más de lo que hay,
pero es inteligente: ésta es la ocasión la oportunidad
única que quizás no regrese en su corta vida
hay que modificar un poco las ideas y adaptarse
otra vez está solo consigo y contigo
y demanda toda la fuerza de una noche
en un único y breve amanecer.

(…)

Pero la poesía es sólo un asunto técnico
adquirido durante años de vida
el héroe vivirá en cualquier forma poética
como tercera persona o primera o segunda,

comprenderá también esto,
vivirá como primera persona o segunda o tercera
él deja la impresión principal
de vivir como tercera persona consigo mismo
habla de sí como si fuera él como si fuera alguien
que ya no soportas,
alguien distinto, por completo distinto, él o su sexo,
del que teme al que envidia,
el sexo es él, él se lo otorga,
eres su madre lo educas
le devuelves su confianza su fe en sí mismo
te encuentras con Don Nadie y aprendes
acerca de otra gente acerca de otro él
que incluso puede ser todo tipo de seres
unes a él mismo su sexo cercenado
soy yo el que siente yo el que percibe,
yo mi cuerpo mi alma yo mismo mi carne misma,
que adquirirá cultura apreciará las óperas y las emociones,
generalizará con mayor facilidad acerca de otros de su clase,
porque los frutos del amor de corta vida son,
mucho más que éstos, los de un poema.



CUANDO VENGAS

Cuando vengas a acostarte conmigo,
ponte uniforme policial.
Yo seré el criminal de poca monta
y tú serás el policía.
Tortúrame,
arráncame secretos,
no seré el macho recio,
confesaré,
me quebraré,
cantaré al minuto,
entregaré a medio mundo.
Escúpeme,
patéame el vientre,
párteme los dientes,
que vengan a buscarme en ambulancia
hacia el futuro
hacia el mañana.



CUANDO VENGAS II

Cuando vengas a acostarte conmigo
viste la toga del juez.
Yo seré el ínfimo reo
y a tí que tanto te gustan los disfraces
que tienes para cada ocasión un atuendo distinto
no te despojes abrázame con tu negra toga
bajo la cual estarás desnudo.
Enciérrame
yo seré el ínfimo reo
el criminal existencialista
el que a sí mismo se condena
a mil muertes diarias
no viviré para siempre
moriré en el próximo minuto
falto de identidad como el eterno errante.
Transfórmate en la ley
ponte una peluca blanca sobre tu cabezota
fóllame de parado
métemela hasta que no sepa dónde estoy.
Juega a esos jueguitos que sólo tú conoces
porque de otra manera no sabría que se trata de tí
porque de otra manera no sabría quién eres
haz que sepa.



CUANDO VENGAS III

Ven, acuéstate conmigo como Dios
sólo en espíritu
Tortúrame en cuanto te sea posible
Sé lo eterno incognoscible
Abandóname a mi sufrimiento
Sumergida en aguas profundas
sin tocar jamás la tierra.
Ni siquiera en la mirada
o en el sentimiento
o en el diluvio
aguas abajo y arriba
jamás cielo
aire abierto
el sitio abierto más cerrado del mundo
un sitio abierto
siempre un sitio cerrado abierto
ni abierto ni cerrado
vale decir cerrado abierto
vale decir no cerrado ni abierto
que jamás cese
de ver desde arriba todo
de ver desde arriba el paisaje
Sé sólo espiritual
limpio dolor aislado dolor como un sonido
no tocaré jamás
no sabré jamás
no sentiré jamás
lo real
nunca



QUÉ CRUELDAD

En el gran patio cuadriculado
peleaban los ejércitos
simbólicas batallas
(eso lo entendí después)
Yo estaba preocupada
no veía sangre
pero sabía
que estaba en lo cierto
Largas horas
combatieron los guerreros
el motivo
lo olvidaron hace tiempo

La gran campana de oro
le llevé a mi madre
En el patio el cerezo florecía
y entre las flores tejían las arañas.

Qué belleza dijo mi madre
Qué crueldad
dije yo.





de "Tat Hakará niftajat kmo menifá (El inconciente se abre como un abanico). Poemas escogidos 1963-1985." Editorial HaKibutz HaMehujad, 1992.




Traducción al castellano de Gerardo Lewin (http://decantasion.blogspot.com.ar/)



YONA WALLACH (ISRAEL, 1941-1985)


 

octubre 22, 2012

POEMAS DE TAL NITZAN



EL PUNTO DE LA TERNURA

at the hour when we are

                                                             trembling with tenderness
                                                             lips that would kiss
                                                             form prayers to broken stone.
                                                                                        T.S. Eliot (*)



Aquí reside la ternura.
Aun si al corazón, en su mutismo,
se lo tragó la urbe como a piedra;
debes saber: éste es el punto de la ternura.

Dame tu mano en el mundo.

Vi a una madre hablar a su hijo odios,
asolar con palabras,
vi plegarse un edificio hasta el polvo,
con lentitud, un piso dentro de otro.

Cuánto debemos apiadarnos,
cuánto apaciguar.

Cuando se cierra la noche
sobre una nuca que no fue besada
ya no hay remedio:
a todo ahogo,
en cada garganta,
hay una sola cura.

Mira, sencillamente, éste es el punto.





*Epígrafe: "A la hora en la que estamos... / Temblando de ternura / Labios que hubieran besado/ Forman plegarias a piedras rotas." T.S. Elliot (Del poema: “Los hombres vanos”, traducción: Tal Nitzan)




POR EJEMPLO

Hubiera atrapado mi rostro entre los pechos
del luchador de sumo.

Me hubiera escondido
entre sus elevaciones y sus valles.

Él me hubiera recogido sin amor y por lo tanto
sin causar dolor. Sin comprensión y sin
lo opuesto de la comprensión.

No hubiera bebido palabras de mi boca
ni replicado mi respiración
ni hubiera visto en mí tal o cual rostro -

A duras penas hubiera sentido que di
contra sus carnes.




TISHREI **

De acuerdo a los sonidos que - uno a uno - se apagan,
es vísperas de fiesta.
De acuerdo al descenso leve de la tiranía del calor
- hojas muertas amarillean entre las veredas -
es alguna festividad otoñal.

Como gorriones al alba,
voces de niños se apretujan contra el silencio.
Pérdida sobre pérdida, acumulada.
Aquel que lleva clavada en su interior, como un carozo, la tristeza,
ve excedidas sus fuerzas
por el más suave contacto con una mano humana
o por el cabeceo a las puertas de algún edificio.

Agotadas de estío, las calles yacen
como después de una tormenta de ira,
y si hubiera reposo en su reposo,
si en alguna parte existiera un susurro marino
- qué mano podría asirlo.

Aquel que lleva en su interior obstinada tristeza
atraviesa telarañas de diálogos que vagan a su paso,
se le caen monedas, esquirlas a sus pies:
pérdida sobre pérdida, acumulada.




**NT: Tishrei es el primer mes del calendario hebreo correspondiente a setiembre/octubre. Fuente: wikipedia.




LA PRIMERA EN OLVIDAR

Todo será borrado en retroceso. En el final,
inclinando tu cuerpo su estatura hacia el piano,
tu cabeza ladeada, tu tercio de sonrisa-
demasiado cortos para tus medidas dinteles, camas.
En el camino quedarán almacenes y grúas
a lo largo del río, óxido y esculturas taurinas,
aquellas calles, vacías hasta el desconcierto.

Lo que los empujó a todos a sus casas,
nos incitó, quizás, el uno hacia el otro.
Denso era el tiempo
y salinoso, nos exigía ser veloces -
permíteme ser la primera en olvidar:
dondequiera que huyamos,
causaremos dolor.
Mi retirada se prolongará más allá de la tuya,
en el hotel barato la almohada sintética me expulsará
del sueño. ¿Morderé tu nombre

o golpearé mi cabeza contra otro sueño? Inclinado
hacia mí, hacia el piano - no hace falta
que escribas, permíteme cerrar, ser la primera-
quién creerá, a fin de cuentas,
bajo este duro sol,
en las palabras que emitían nuestras bocas
en el aire congelado, como nubes.


Traducción de Gerardo Lewin

TAL NITZAN (Jaffa, ISRAEL)


octubre 15, 2012

LA TRADUCCIÓN DE LA POESÍA - YVES BONNEFOY

Foto: Henri Cartier-Bresson
 

   Se puede traducir mediante una simple designación. Por ejemplo, me decía un día Wladimir Weidlé, ingeniosamente, el poema de Baudelaire No olvidé, cercana a la ciudad... brinda el sonido de Pushkin, tiene su transparencia, es la mejor de las “traducciones”. ¿Pero se puede reducir un poema a su transparencia?
    ¿Se puede traducir un poema?, no. Uno se topa con demasiadas contradicciones que no pueden olvidarse, uno debe abandonar demasiadas cosas.
      Ejemplo (y es un hecho de experiencia personal) “Sailing to Byzantium” de Yeats: y ya ese título. “¿El embarque de Bizancio?” Imposible, Watteau estaría interfiriendo. Además, sailing posee un dinamismo de verbo. Uno piensa en el “¡A Honfleur!” lo más pronto posible antes de caer más bajo” de Baudelaire, pero “¡A Bisancio!” sería ridículo: el mito excluye esas brevedades...Finalmente, to sail expresa, además de la idea de partida, la del mar a franquear, difícil, agitado como la pasión, y la del puerto a lo lejos: comercio, trabajos, obras, naturaleza vencida, el espíritu. Nada que pueda brindar nuestro zarpar, y hacerse a la vela resulta caduco en esas distancias. Me resigne a “Destino-Bisancio”. Tal vez se salva así una tensión, aunque no la energía, el desarraigo (pensado al menos) que expresaba el verbo. Como a menudo de la lengua de Shakespeare a la que todavía tiraniza Malherbe, lo vivido se vuelve intemporal y lo irracional, inteligible. Otra solución: glosar el título con la frase de Baudelaire. Habría que intentar la experiencia de traducciones desarrolladas, donde subsistieran todas las asociaciones de ideas evocadas por la obra sobre una página análoga a la de Un golpe de dados. Pero Yeats habla en la unicidad y la urgencia del instante: y es a lo que hay que permanecer fiel en primer lugar.
      Otro abandono obligado en ese mismo poema: fish, flesh, and fowl, mediante lo cual Yeats reúne en tres palabras la variedad de la vida, e incluso y sobre todo, mediante la aliteración, su impulso, su aparente finalidad. ¡Ya es arduo! Pero aún peor, es una frase hecha, que hace que uno pueda pensar que la lengua común preserva así el vigor ante esa lengua académica que tantos poetas rechazan. “Sailing to Byzantium” exige pues interrogar a la sabiduría popular, la nación, el aquí, en el mismo momento en que para el espíritu puro se trata de dearraigarse.
      Contradicción profunda en Yeats, tan constante como fecunda a lo largo de toda su obra, pero que no puede sino perderse en francés, que no ofrece una brevedad semejante para esas palabras: las lenguas no tienen sus “felicidades” en los mismos puntos: Yo traduje: “todo lo que nada, vuela, se estira”, lo que no conserva el impulso sino mediante una significación, no en la sustancia verbal. Por otra parte, por una vez el verbo es menos que el sustantivo: ese fish, etc., que parecía repetir el acto primero, divino, de la denominación. Donde un texto tiene sus posibilidades, sus nudos, su espesor -su inconsciente-, la traducción debe pasar a una superficie, aunque tenga en otra parte sus propios nudos. No se puede traducir un poema.
      Pero tanto mejor, porque un poema es menos que la poesía, y en tanto se encuentra privado de ella es un estímulo. Un poema -un número determinado de palabras en un orden determinado sobre la página- es una forma, donde es abolida la relación con el otro, con la finitud: lo verdadero. Y el autor puede complacerse en esto, es tranquilizador, a uno le gusta hacer que existan objetos, que duren, pero de inmediato uno siente el rechazo de verse colocado en contradicción con el lugar y el tiempo del intercambio verdadero. Un medio, el poema, una hipótesis espiritual, no un fin. Publicarlo, una verificación, un tiempo de reflexión que uno se otorga, pero no es aceptarlo, absolutizarlo. Y el mejor lector es igualmente el que ama el poema, sí: pero como se puede amar a un ser: considerando solamente los valores a los que apela, el sentido que ofrece. No hay idolatría por lo escrito; aunque tampoco aversión iconoclasta. Mas bien compasión, una especie de existencia compartida. ¡Pero cuánto saqueo desde ese momento! Todas esas “riquezas” del texto, ambigüedades, paragramas, polisemias, etc. privadas del derecho a imponernos sus palabras cruzadas.
      Pero en compensación, ahí está lo que no llegamos a captar, a retener: la poesía de otras lenguas.

      Uno debe poder ver, en efecto, lo que motiva el poema; uno debe saber revivir el acto que a la vez lo produjo y lo estanca allí: y desprendidas de esa forma fijada que no es más que una huella, la intención, la intuición primeras (una aspiración, digamos, una obsesión, algo universal) podrán ser intentadas de nuevo en la otra lengua, y tanto más verídicamente cuanto que en adelante se manifiesta la misma dificultad: la lengua de traducción paralizando como la primera ese cuestionamiento que una palabra es. Sí, la dificultad de la poesía es que la lengua es sistema, mientras que la palabra de la poesía es presencia. Pero comprender esto es reencontrarse con el autor que se traduce, percibiendo mejor las tiranías que sufre, los movimientos de pensamiento con que resiste; las fidelidades que le debe. Porque las palabras van a intentar amaestrarnos con su modo de ser. De auxiliares de la buena traducción comenzada, van a hacerse los abogados del mal poema en que se convierte, van a rebajar la experiencia en beneficio de un texto, habrá que desconfiar, verificar la necesidad ontológica de nuestras imágenes nuevas mucho más que su semejanza término a término (ya entonces exterior) con las del poema original. Es una tarea pesada, pero a cambio somos ayudados por el autor que traducimos, cuando es Yeats, cuando es John Donne o Shakespeare. Y en lugar de estar como antes, frente a la masa de un texto, estamos de nuevo en el origen, allá donde crecía lo posible, y por una segunda travesía, donde se tiene el derecho de ser uno mismo. ¡Finalmente un acto! Uno se las arregla con las lagunas de su lengua, uno hace “bricolage”, como se dice actualmente, y resulta que ahora uno revive la limitación del otro, así como uno escucha lo que él pudo aprender de ella: de manera que hay que existir primero antes de escribir. Se debe saber que el poema no es nada y que la traducción es posible, lo que no quiere decir fácil; no es más que la poesía, recomenzada.
      ¿Desmesura, retomar así a Yeats en el origen, pretender entonces un poder de invención semejante? Pero proponerse algo no significa estar seguro de alcanzarlo. Y toda poesía es siempre la misma ambición, que en los más verdaderos funciona sin certidumbre. No hay poesía sino de lo imposible. Y digamos que fracasar allí específicamente al menos deja abierto el campo de esa preocupación de unidad o de transparencia -y de destino.
      Prácticamente, en efecto: si la traducción no es una copia ni una técnica sino un cuestionamiento y una experiencia, no puede inscribirse -escribirse- más que en la duración de una vida que será requerida en todos sus aspectos, en todos sus actos. Y esto no exige que el traductor sea “poeta” por otra parte. Pero implica sin duda alguna que si él también escribe no podrá mantener separada su traducción de su propia obra.

      Algunos ejemplos de esa interdependencia -personales, ya que no hay por qué enorgullecerse de eso (ni alarmarse: hechos menores, que no valen más que como indicios).
      Horacio, hablándole a Hamlet de sus compañeros de ronda cuando apareció el fantasma. Fueron “distilled -dice- almost to jelly with the act of fear”...El sentido es claro. Pero the act of fear introduce una intensidad trágica donde jelly (literalmente la “gelatina”, tan inglesa, para nosotros “papilla”) me causó un problema. ¿Por qué? Las obscenidades del comienzo de Romeo pueden traducirse. Pero son significativas, aunque no fuera sino por sí mismas, mientras que en este caso jelly pertenece a la lengua ordinaria, empleada sin atención, sin incremento de sentido. Ahora bien, muy francés en esto (creo), tengo tendencia a preferir que tales contextos, trágicos y por lo tanto ejemplares, resulten de un conocimiento acrecentado, por lo tanto de una economía del sentido, por lo tanto de un vocabulario, si no restringido, al menos verificado. Que lo trivial se mantenga, sí, y eso es Rabelais, Rimbaud, pero como tal, y en esto uno se acerca a Racine o a Nerval y a lo que llaman lengua noble o literaria, pero que no es más que lengua tensada. Los ingleses (cf. Mercuccio) esperan menos del lenguaje. Prefieren más observación directa, simple psicología (en resumen, jelly allí donde lo diría un soldado) antes que reconstrucción heroica.
      Y les doy la razón. ¿Pero era preciso por eso que luchando así contra mí aceptara el desafío sin más y hablara de papilla o incluso de jugo de carne? Sin mucho esfuerzo, hubiera sido literal. Pero si es cierto que seguí siendo por otra parte, aunque sea un poco, el discípulo de Racine, esa aparente fidelidad va a producir algo simplemente pintoresco, es el pecado de las traducciones románticas, mal desbastadas del verbalismo de antaño -en todo caso, será un paliativo y no la resolución de un problema. ¡Mejor Ducis! Mejor escuchar a Shakespeare hasta el momento en que pudiera aventajarlo en toda mi escritura y no simplemente reflejarlo aquí. Y esperando, y con conocimiento de causa (agregaría una nota), verter jelly mediante una palabra mía, implicada en otras cuestiones: ceniza... La traducción ha fallado en el plano local. Pero el acto de traducir ha comenzado y terminará más tarde en otra parte -incluso aquí.

      Y ahora de nuevo Yeats, en “The Sorrow of Love”, cuando dice de la muchacha con “red mournful lips” que es “Doomed like Odysseus and the labouring ships”. Labouring, palabra que evoca las largas y difíciles travesías, el balanceo de un navío, pero también el trastorno afectivo, la tristeza, sin contar con que to be in labour es dar nacimiento y que to labour ha conservado poéticamente su acepción arcaica, “labrar”, casi sembrar. Todos esos sentidos tienen valor en este caso, ¿qué hacer entonces? Pero esta vez ni siquiera pude plantearme la pregunta, traduje irresistiblemente labouring por “que renguean/ a lo lejos”, incluyendo de entrada el rechazo en la traducción. Y podría justificar o criticar esas palabras -Ulises no huía pero los hijos de Príamo, que muere en el verso siguiente, lo hicieron, hacia otra Troya, etc. - pero ésta no es la cuestión. Porque esas palabras no me llegaron a través del cortocircuito que en el traductor, según se cree, va del texto a la traducción, sino a través de un giro completo de mi pasado. A menudo he pensado en la renguera de un navío...Incluso una vez, al regresar de Grecia en 1961, el ánimo lleno con el recuerdo de la Esfinge de Naxos cuya sonrisa expresa la ataraxia, la música, imaginé que el barco, que padecía así, de noche, frente a la costa italiana, también huía y buscaba; y pensando por supuesto en Verlaine, inicié una suerte de poema donde también cumplía su papel el agua balanceándose para siempre “como hierro en una caja cerrada”: un poema que después no terminé nunca -y que aun ahora, doce años más tarde, he desgarrado súbitamente, en suma, para que viva mi traducción. La relación de lo que se buscaba allí con mi preocupación por la poesía de Yeats se volvió lo más importante, el verdadero devenir. El poeta inglés me explicó a mí mismo y el camino de mi propio pensamiento quiso traducirlo. Es dentro de una relación de destino a destino, en suma, y no de una frase inglesa a una francesa, donde se elaboran las traducciones, con repercusiones que no se pueden prever (ese barco y su renguera reaparecieron en mi último libro).

      Continuación lógica de estas declaraciones, haría falta que me pregunte en qué me ayudaron mis traducciones; y cómo la poesía de otras lenguas ha contribuido al devenir de la nuestra.
      Por falta de tiempo no haré más que evocar otra pregunta preliminar. ¿En qué condiciones esta suerte de traducción de la poesía, no es una empresa insensata? “Traduzcan a su prójimo”, propuse una vez. ¿Pero quién puede serlo suficientemente?
      La ironía de Donne, la morosidad luminosa de Eliot -o el spleen baudelaireano, la “malignidad” (y la esperanza constante) de Rimbaud- ¿no son mundos impenetrables? Y en cuanto a Yeats, la aspiración a la Idea, Bizancio, pero también blood and mire, el barro y el rapto, incluso la rabia, de la pasión, y Adonis tanto como Cristo; ¿es eso compartible?
      Pero en poesía la pobreza es recurso. La experiencia que uno no tuvo, a veces es porque uno la ha rechazado: y la traducción, donde un poeta nos habla, puede desbaratar la censura, es una de las formas de ayuda que yo decía que aporta. Una energía se libera. Nuestras fascinaciones nos habrán guiado. Pero sólo hay que seguirlas a ellas, por supuesto. Toda obra que no nos incita es intraducible.


(de “Entretens sur la poesie”, Mercure de France, París, 1982.)
Traducción de Arturo Carrera
Fuente: Diario de Poesía N°45, págs.27/28 - Buenos Aires, Argentina, 1998.



YVES BONNEFOY (FRANCIA, 1923.)