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diciembre 20, 2010

POEMAS DE OSÍAS STUTMAN






ÉCRITURE (II)

A José Corredor-Matheos


El lenguaje ya usado no puede ser
inocente. El uso previo lo engarza
en la memoria misteriosa que siempre
reaparece, nunca se pierde. Navega

en mar nuevo de significados pero esa
memoria implícita no se va, sigue
aferrada a esa y esa palabra,
vampiro que roba y ensalza

como medusa quemando la carne
en el mar. Miro esa roja mancha
en mi brazo al sol, la quemadura

y la mirada y mis recuerdos ya no son
nuevos ni inocentes. El lenguaje es niebla
decorativa que fascina al lector.

De “Los Sonetos (De Gombrowicz)”
Barcelona, 1997.

LA MUJER INVISIBLE



El buen hombre invisible, en sus vendajes,
es más real que esa Reina nerviosa. Todo
envuelto en las densas neblinas de Abril,
en el atardecer de Nueva York se recorta su figura.

Su mujer invisible se pasea desnuda,
camina a mi lado, su silueta en la niebla,
y siento su tibieza y los olores de sus pliegues.
Nunca la vi, no conozco su rostro, pero fuimos amantes

seis años. Cientos de veces vi mi simiente
en el aire, flotando, dentro de sus huecos.
Su sudor cayó sobre mi rostro, tisana tibia, única,
mientras me montaba invisible, como rocío de la mañana.

No sé si es negra, blanca, roja, color del marfil,
pálida o rosada como una rusa. ¿Rubia? Habla poco,
quiere ser escritora, ama a hombres y mujeres
al azar. Me dice que a veces "pone los ojos en blanco".

Evita la niebla y las sombras del crepúsculo.
Demasiada neblina blanca hoy y no la espero.
Se exalta oyendo "Nabucco", suspira y se sacude
con la música, tiembla sin frío, y recuerda la patria.

Habla con eco, su saliva es dulce como la miel,
es pegajosa, abundante, visible cuando sale de su boca.
Estas son algunas de sus frases y preguntas:
"La soledad destruye a la mujer y completa

al hombre" que es dudosa cita de Chanel. "Cada
salida es una entrada", dicha en invierno.
¿Ofelia es hombre o mujer? pregunta siempre.
Los nuestros son amores intrincados y difíciles.



COSAS ARGENTINAS



(Recuerdos sentimentales*)


Hago una Lista de Mis Memorias
Preferidas (del Pasado): (Quiero) Un anillo
de plata vieja en el meñique de la mano derecha.
El beso a una foto (en la cartera, junto al pecho,
la nalga). Ese gesto quiero. Volver a la sedería
quiero.

La estatua del patricio romano en yeso,
con un blanco huevo en la mano derecha (Museo
De La Cárcova). Dos pinturas quiero: La barba
negra de Cándido López, maraña detallista
y el menudo colegio rabínico en llamas. Oler
quiero

"...aquellos polvos rosados que
aumentaban tus colores". Las punzadas
del amor. Los desaires, las traiciones.
Los desencuentros (Quiero). Las únicas
budineras uruguayas invadiendo la casa vacía.
(Quiero)

La Proximidad y El Alejamiento. El Amor
Perdido. Usted sabrá, dicen. Quiero mirar
y ver. El espectador (el público) quiero ser:
Ambos observan cuando el otro, olvidadizo,
se cree a solas. Simpre recordar
quiero.


Recordar es desarmar, es el desvelo
argentino en su nido, la fuente
de las tragedias. Dudas, proximidad
y lejanía, gestos, olores, desnudas
sorpresas, avaros recuerdos emotivos,
la sangre

hirviendo en las venas, la tapicería,
la sedería Víctor. Todo eso forma otro
memorable pasado, la repetida obsesión
como cabalgar en la noche. Es el comentario
público, la descripción de la infancia. Mi infancia, reiterada
interminable, de compras en el Centro
acompañando a mamá.


* Dedicado a Roberto Aizenberg. Las budineras provienen de Felisberto Hernández. La cita es de Ivette, de Pascual Contursi.




LA FACILIDAD



Amores:

No hay consecuencias lógicas
del pasado. El pasado es
sólo suma y resta de defectos

elegidos. Recuerdos de la fama,
los cansancios, el corazón de vacíos.
Lo único que sirve es la soledad,

el aislamiento, insular vida
sin nadie. Eso es lo mejor.
Sonido sin ecos, palabra sin fulgor.

Oír y escuchar, en silencio, el oído
gana. Así se salvará la libertad
despótica y ruidosa, escandalizada.



Esperas:

Es ella la que me hipnotiza en silencio.
Soy su víctima, su higo rojo, mesmerizado,
en silencio, como una planta, un cactus,

un libro abandonado, mudo, peor que cenizas,
un pecado verdadero, imperdonable y vulgar,
en la biblioteca vacía, en su penumbra.

Todo está en la voz, la nuca
tensa, el tono, el suave pronunciar. Sólo
eso salva a la literatura y su hundimiento.


Imágenes:

Agua marina limpia en el rostro
y un portal de fuego, evocan poesía
como espuma de mar, oleaje, aire fino.

La mujer rubia hablando a un espejo,
el gran rodete de oro sobre la espalda,
diciendo que no puede esperar más.

El puerto en calma, rojo al atardecer
como un incendio. A lo lejos un hombre
mueve algo negro con un palo, sin esfuerzo.

Mirando el agua, mirando la leche hervir,
la carne temblando. Interminable lectura, seca,
desesperada, los olvidados textos en la mano.

Así la facilidad enseña, torpe, tranquila.
Impide escribir sobre la duda y la certeza,
engendra la lectura seca, interminable.




De “Los Fragmentos Personales” 
(Premio Anthropos de Poesía 1995) Zaragoza, 1998.



LOS SOLDADORES



No se puede soldar
el hierro cuando truena.
No se puede soldar
frente a una mujer.

El hierro no responde,
nada se pega cuando truena.
Fierro gris cuando ella entra.
Los soldadores no pueden

ignorar esos signos. Ella
entra y los soldadores comen,
el hierro rojo espera.

Ella se va sin saludar
y el cielo truena, truena.
Hoy ya no se puede soldar.

Mañana puede ser,
si ella no viene. Y van a soldar
felices y serios, soldaduras eternas.




Publicado en  la revista EL POETA Y SU TRABAJO Nº 3. 
México, 2001.

 


EL ESCRITOR EN EL SIGLO XX


¿Qué soy cuando escribo (poesía)?
¿Un espejo? ¿Un soñador? ¿Gogol
en Petesburgo? ¿La amistad
desgarrada en la noche? ¿El amigo
que me doblaba la edad? Eso pregunto,
yo que tendría que saberlo ahora,

a esta edad. Tan viejo como Dante
si hubiera vivido sus dos mitades del camino.
Ser Dante o Virgilio* es difícil
decisión y nadie nos permite ya
ser los dos. Y no nos creen
ni nos escuchan. “Fui Dante

y Virgilio” digo y nada pasa. Es
como el único ladrido que oí en
el desierto, de noche, hace años
en un lugar que ya no se puede visitar,
sembrado de minas explosivas.
Sonido sorprendente, inusitado. Sonido

que quita el sueño y produce ese hormigueo
que hace escribir urgente. Pero todo esto
es irrepetible Y por lo tanto no hay nada
que comprender. Es olor de cebolla
bajo las uñas y dura días.
Es enredo conceptual molesto,

interminable y que sólo desfallece
sin mejorar ni empeorar.
Es la sofisticación literaria de pensar
como hablar, funciones tan distintas,
que es imposible saber cómo podemos
leer lo escrito y pensar en escribirlo.



* Lo de “Dante y Virgilio” proviene del “Yo no soy Dante ni Virgilio eres” de Carlos Edmundo de Ory (Noches Dantescas, El Toro de Barro 155, Cuenca, 2000, pág.21).
                                                          

Publicado en el Nº 9 de la revista LA POESÍA, SEÑOR HIDALGO
Barcelona, 2005.

 

 

LOS ENCUENTROS CASUALES


A veces parece imposible que la otra
(o el otro) no note mi ebullición.
Los sonoros obstáculos son triviales,
y el resto es blanca ceguera. Los ojos no ven.
Pienso que soy el humo en el disparo
del fusil, el mundo vegetal volando
por los aires. Busco a alguien llamado
Ada, perdida en lejana casa de reposo
junto a un lago. Su cuello es suave,
“velvet” es la palabra de terciopelo
que describe su forma y su voz.
Buscar agota, esperar cansa, recordar
alivia sin curar, el frío se calienta
y la patria desaparece hasta de la memoria.



Publicado en la revista “CARAVANSARI”, Nº 1.
Barcelona, 2006


6.
 
Detrás de cada cosa aparente
no hay ninguna expresión material
y es como Heráclito que dice osa
en vez de norte cuando quiere decir cielo.

40.
 
Amando, temiendo, partiendo, leyendo,
van llenando el mundo de acciones pendientes.
Digo “habiendo estado” sin llegar ni volver.
Espero muertos llegar que no llegan nunca.

42.
 
Hay fulgor cuando habla. Ser poeta
es ser sorpresa, dice. Siempre pierdo
lo que encuentro y siempre lo vuelvo
a encontrar. Como el silencio roto.

44.
 
Digo “tres” o “siete” y eso sí
se entiende. Tendría que haber
escrito todos los poemas así. Tan
simples. Pero ya no es posible.

De “44 Cuartetas”.
Barcelona, 2008


TEXTO

No trobo la foscor en la paraula nit (O.Stutman)*


Tejo textil texto

con trama de adverbios
y siento ser mi jefe carpintero
de lápiz azul, señor de tinciones

y colores sordos como el tejido

del texto que antes tejí.
Pero esta pasión no emociona.
El lector mira el tejido

y dice: - Esto sólo arde

en el fuego del incendio
y no quema alma ni

recuerdo de otros fuegos.

Quemar al lector no es difícil.
Pero escribir no es fácil.

Escribir es difícil. Quemar

o tejer es creer que se escribe
porque la trama urde su existencia.


* en castellano: No encuentro la oscuridad en la palabra noche.

LOS PENSAMIENTOS


Hay que pensar cosas nuevas

sobre el limpio mundo. Figuras
regulares y definiciones,
nos dicen los copérnicos, ignorando
lo que ordenan todas las reinas
orgullosas o modestas (en Escocia y más allá).

¿Quién es el padre? ¿Quién es el hijo?

Eso preguntan los niños soldados mudos
del imperio, y sólo una mujer morada
escucha mis cantos. Gira. Vive cubierta
por la sombrilla oriental. Cuando la madre
le arranca el vestido, deja de girar.

Es mujer sesgada, de gran mentón

soberbio que nunca sintió lágrimas.
Una línea divide sus cabellos,
negros como las alas, es memoria
de ilusiones, lluvia de guantes
y otras intimidades próximas al cuerpo.

Es la Desaparecida, la que oscila

entre el ahora y el después. Desnuda
con el lujoso sombrero oscuro, marabú
y terciopelo, velour, estilete con perla,
su mano es color del marfil viejo.
Ella nunca vuelve de donde va. Aplasta la uva,

salpica su lenguaje de miradas, Entra y sale de

un cuadro (de Cranach, Lucas, el viejo) armada
de la maldad de esas tres húngaras pintadas. Se adueña
de mi memoria y mi futuro, me maneja, me opera y
me esgrime, me maniobra. Pero es ella una imagen tan
ajena que no puedo pensarla en ningún idioma.


LOS CELOS
A Antonio Gamoneda

Cincelar línea a línea
(el poema) como una visión.
Ópera desmesurada en su silencio,
con inmovilidad y blanco orden
en cada hoja. Eso es pensar
y no escribir. Es un pensar desterrado.

Los celos me impiden escribir

página a página como en las novelas
sonoras, invadidas de actores
y estratagemas entretenidas.
La populosa novela no es pensar
ni escribir ni escultura rasa. Es relato aparente,

engañoso. Describe momentos efímeros,

horas libres y noches claras, sin celos
cuando huye la mujer de guantes negros
y ojos en forma de trébol y la perla bajo la lengua.
Perdida la memoria la vemos ir y venir,
pero la tentación de llorar su ausencia es grande.


THE REAL THING O LA COSA REAL


La verdad tiene senos verdes
y boca que solo puede decir scream
que es grito y lamento fuerte que chilla
y aturde los sentidos.
Una mujer sin cintura me acosa.
Y la que busco, la de las largas
piernas, me huye, discreta.
Clavo mis ojos en sus rodillas
y aún así se escapa como un pez
de plata.

Un susto: Un par de blancas manos
salen de un sombrero que llevo puesto.
Mi viejo sombrero de Panamá de Guayaquil.
Veo una mujer mulata de ojos azules,
respiro aliviado pero es
una tigresa de las frutas. Un verdadero
demonio con alma de zorro, dueña
de torbellinos, habitante de las altas
nieves. Me sacude como si yo fuera
su ropa privada, puesta al fresco.

Pero la Joven Bella sigue siendo
la reina del mundo, es asoladora.
Y este teatro de sombras imita al tiempo
pues así es también con las secas cosas
reales. Las misteriosas barricadas del pensar
me acunan con cariño maternal.



UN VOCABULARIO PRETENCIOSO


Ninguna palabra existe antes de ser leída.

El texto de palabras no vive.

Este texto no existe como tal, no es ni aire,

necesita los ávidos ojos de lector.

Pero ese lector no es suficiente para que el texto exista,

que no es ni de aire.

El texto miente, miente y aclara pero no describe nada

de lo que vive en este mundo.

Describir no es ver, ni oler, ni sentir, ni escuchar la razón

palpitante y su quebrado conocimiento.

Todo es prestado, menos la manera de decirlo

o el callar.


De  "La vida galante y otros poemas”.
Editorial Huesos de Jibia, Buenos Aires, 2008.

 
LA ACTIVIDAD


Escribir sacude y estimula,
araña y refiere sin explicar.
Un sueño blanco borra esta vida
y me hace olvidar sus sonidos.

El durmiente es hoy nacido
sin memoria al despertar con palabra
hermosa o muerta y sólo siente
la tristeza de la falta, la ausencia

que sospecha y ya no existe
en esta vida. Dice sufrir tanto
y no le creen, ni yo ni los demás.

Hay gran disparidad de emociones entre
el que escribe y el que lee. Mohínos, aislados
ambos, traduciendo, tan arrepentidos siempre.

Piden disculpas por crímenes no hechos,
comen el arroz del notario cerca de la playa y
miran arrobados la puesta de sol para olvidarla.


LA LLUVIA DE VERANO  O  EL PAN


Espero ansioso, llega, no llega,
sale y me abandona, mezcla la harina,
crece la masa, arrimada junto al cuerpo
de la joven en la cama tibia, ácida la levadura,

y luego sin ella, que ha ido a cuidar la planta
de su vida, su alimento, su anillo de oro, su fruta
de sartén, donde briza es flor y brisa aire.
Hace el vino de su padre, enciende cóleras

maternas, construye constancias y fuentes. Hace
pan. Amanerada y náufraga de sus palabras, olorosa
dueña, huye, es uva madura que se escapa, cuerpo

redondo, pluma de marabú al viento, monema, moledora
maracaibera la llamo, mi maraña de pelo. Es ella la persona
que tiembla y suspira, siempre asombrada, noche y día.

La mínima unidad significativa (que es monema), mordedora,
revive sin freno su tibieza que fermenta la suave levadura
y otra vez significa mi asombro hacia ese mañero milagro.



BURNS DAY (25 DE ENERO)


Una construcción arcaica nunca oculta
la falta del decir. Huida y retorno
familiares son iguales con sufrir
y su tiempo ya no cambia. Es cuando

la pasión asoma, con o sin rima,
y ya nadie recuerda la flor verde (o azul)
y su aura. ¿Es todo esto aderezo o collar?
Porque la belleza se sublima, se asedia,

se agravia, siempre se olvida o nunca
se olvida, es discurso a las frutas
pequeñas, es ojo fulgurante,

sin mancha, es sueño en vigilia, es mano
de Novalis, es otro ángulo en la esfera.
Ama, ama a los muertos, nos dice.



A EMILY DICKINSON
                                                           You who desired so much...
                                                           (Hart Crane)


Tu que has deseado tanto, admiradora

del pulgar enfático y sus otros dedos,
conocedora de la huella del petirrojo

en la madera y del susurro del lunar
nuevo en la piel del pecho, del camino
del dedo que va del codo a la sien,

ahora vives escondida en alguna casa
y en mi casa europea y en la arenosa casa
de piedra isleña que construimos.

Vienen y nunca se van, dicen.
Nos robaron todo lo nuestro,
hasta los campos azules de salvia.


BARROCO NATURAL


Sabia es esa mujer
que perdió al hombre
en el huracán.
Todo es claro ahora

ante sus ojos y oye el
suspiro del ala y sus plumas
y ese descanso deseado
de los dioses (en la ópera),

cuando el anciano se despide
enardecido, incendiario, sin
virtudes ya, desmemoriado.

Y es ella, sólo ella la que sabe
recordar, la que recuerda esa despedida
y el naufragio al llegar, el peor fin.


LA INMENSA LIBERTAD DEL POEMA

No existe espacio más libre
que el espacio del poema,
si el poeta lo permite.


LA PÁGINA EN BLANCO  O   LA LIBERTAD

El poema
es el espacio
más libre que
podemos imaginar.

Tendría que serlo
aunque muchas veces
no lo es. Hay poetas
que se encadenan

con más saña que
el más cruel verdugo.
Poetas que eligen
su modelo de yugo

o bozal ceñido,
a pesar de la libertad
que ofrece el espacio del poema comenzado.


 De " El Mar de Bohemia", Inédito.



                                                                                         © Osías Stutman


Los poemas publicados en esta entrada fueron seleccionados por la administradora del blog con el permiso del autor. Los textos pertenecientes al libro inédito "El Mar de Bohemia"  fueron cedidos como gentileza de Osías Stutman para el placard





OSÍAS STUTMAN (Buenos Aires, Argentina, 1933)

diciembre 18, 2010

POEMAS DE GERARDO LEWIN



Patio


El limonero de casa es infeliz.
¿Hay otro modo de decirlo?

Vive, pero no ha dado frutos
y en su tristeza amarillenta
me insinúa: deja ya de regarme...

¡Ah! ¡Si sólo pudiera irme lejos!

Ahora, en esta fresca noche de primavera vieja,
yo escribo y él deja caer una hoja seca.

 
Agujero negro


Hasta aquí llegó mi amor.

Ah, viejo Spock,
te has vuelto triste,
puto y miserable.

Orillas de este vórtice negro,
colapso en la trama del alma,
umbral en el que todo acaba:
siento la extrema oscuridad
llamando,
tironeándome los pelos.

Mierda.

Viejo vulcano herido de nostalgia,
llorando los ríos congelados de la infancia,
ese aire rojo.

Sumidero infinito de mundos,
desgarro en la carne del dios,
agujero negro que eyectará
hasta la eternidad estas palabras:

En el principio
fue la luz.


Lo que hay en el cajón

Los poetas padecen la vigilia veloz
del cazador; el alma insomne, alerta.
La emoción es animal fugaz,
su cadáver sublima en un vaho impreciso,
se diluye en una nada sin registros.
Esto es lo que arrojó la noche,
lo que hay en el cajón:
Manos que tiemblan.
Feroz puñal, desnudo puño,
aburrimiento. Al subir al avión,
como un presagio, tu sonrisa.
Aquí faltan textos, momentos
del sueño en los que fui feliz,
el sobresalto irrespirable del día,
lo que quedó sobre la mesa,
abandonado.
Habrá que hallar
sutil belleza inexplorada,
diseccionar, mentir.
Reemplazar ojos muertos
con bolitas de vidrio:
otro trofeo expuesto
en el barroco museo del instante.


Fin de Contrato


Sé que mi vida se repliega ahora
a una trinchera móvil
cavada en húmedas cajas de cartón
en estallidos súbitos y ansiosos
de cintas de embalar voraces.

Aquí fue donde bailamos
el rockanroll de las patatas fritas.
En esta cama casi muero.
Llorabas desconsolada en esa silla
y yo sólo atinaba
a besarte las manos.

En el final el eco rebotando
de pared a pared
y obstinados imanes
aferrándose a la heladera muerta.

Sumisos, obedientes,
nuestros fantasmas
cancelarán las deudas,
nos buscarán sonriendo en los espejos,
regresarán correspondencia
a desesperanzados remitentes.

El polvo de los años
se asentará cantando
sobre estos pasos últimos,
este murmullo incontinente...

Silencioso llanto de babosas
en el patio:
las despedidas las abruman,
pobres bichos.


Otra Felicidad

...compañera de los años reales...
Enrique Lihn

No quiero escribir ahora ese poema
donde dije
tú y yo fuimos felices en otra vida,
fuimos felices, sonreíamos
desde fotografías enmarcadas sobre un piano,
nos habíamos amado
y acudieron a nosotros niños,
altos y hermosos jóvenes
que habíamos engendrado en otra vida.

No quiero escribir ahora sobre eso,
esa felicidad intensa,
esa dicha que de tan grande
desborda los límites
de esa otra vida que vivimos,
insistiendo en atraerme a imaginarios imposibles
como un planeta inmenso y grávido,
lastimando mis ojos:
no podría resistirme
a escribir para siempre.

Mi mundo todo se derrumba soñándote,
como si los años vividos fueran nada
y sólo los otros,
los felices inventados fueran ciertos.

Casi de qué me vale aferrarme a la mesa,
a la promesa de una tarde de amor
o a los todos endebles artilugios
de fingir existencia:
otro verá mi rostro en el espejo.

Y yo seré una canción amada y olvidada,
meciéndose dormida en la remota punta de la lengua,
en los blancos desiertos de la memoria muerta,
en los intactos vacíos del silencio...



El lamento del viejo hombre lobo

A Héctor Urruspuru

Amor, ya no me encierres esta noche.

Yo, que fui una bestia atroz,
que quise matar gente,
me echaría a tus pies
como un animalito amable.

Licántropo,
podría haberte dicho aullando
que las balas de plata
eran sólo metáforas.
¿lo hubieras comprendido?

Oscurece. No mires este rito:
es un proceso lento y vergonzoso,
es una amnesia deformante
en la que todo duele,
una torcida danza de gruñidos.

Vete. No quiero salpicarte de ruindad.

Yo fui una fuerza libre,
una voracidad para comerme el mundo.
Hoy, miserable, voy robando bolsitas
de eukanuba en el súper

y eso que está en el vaso
son mis dientes.


Isidoro Cañones contempla las ruinas de Mau Mau


De nada, Cachorra, nos valió creernos
un trazo inmortal en el papel.

Puntual, aquí está el día, el tedio,
la transfiguración de lo que amé
en grácil materia anonadada,
despojo inerte de sacras, magnas francachelas.

Fueron vastos, placenteros océanos,
inexplorados continentes desnudos,
nuestro jolgorio y gloria.

Hubo una guerra y los Cañones
construyeron la patria.

Una vez más, pido la cuenta.
Ya rancia, la manteca cayó.

Lo que tuvo que ser:
dios inclemente
o redentor demonio
me quita
lo bailado.

A Mónica Nozzi
A Carlos Antig
A Alejandro Méndez Casariego

Todos ellos, ex-personajes de historietas


Mickey is back


En el retorno del aprendiz de brujo
suena fantástica la sinfonía
de la indemnización o del poder,
de la palabra ausente en el conjuro.

Nada lo detendrá: la desafiante engañifa reina
y un atareado ejército de escobas
hace agua.

Los viejos magos nos ahogamos
en este mismo río.
La marea se lleva los círculos de tiza
desde los que invocábamos
a los grandes demonios de la tierra y sus amantes,
la danzarina gota que endulzaba las uvas,
la arena seca, el fuego.

Ya nadie espera nada de nosotros,
displicentes abismos nos lavan el color de los ojos
y un burbujeo muerto son todas nuestras frases.
Triste verdín nos corona y corroe.

En la cresta de venideras olas,
en lo alto de su trono usurpado,
él
tararea,
feliz.


Tristeza invadiendo


Y por si fuera poco
la tristeza invadiendo.
No como invadir países,
la casa de un amigo a medianoche
o el corazón de alguien a balazos.

No es el amor o el odio
que en un instante de aire
te asaltan y devoran.
La tristeza es distinta:
se arropa en humo blanco
como quien sube a un barco de manera imprevista
y mira a la distancia las riberas amadas.

No es sencilla la vida de quien ha decidido
morirse de tristeza.
Su tarea es continua y diminuta:
alguien que se despide
de todas las palabras
y al cabo de los años
solamente ha guardado
esta única frase:
vosotros que aquí entrais,
dejad toda esperanza...


Último invierno en Polonia


Eran seis o siete cadáveres balanceándose,
colgando silenciosos de un largo travesaño.

En la foto los mece un viento helado.

Al pie una leyenda en yidish que olvidé
y que ahora traduzco:

Estos son los nombres
de los muertos sin patria,
de los muertos sin rostro,
de los muertos sin madre,
de los muertos que no fueron sumados
a la cuenta final
en el último invierno de Polonia.


Solenopsis Invicta

La hormiga roja aspira a ser
el bicho más malo del planeta.

En los abismos perfecciona
venenos contra el mundo.

Emprende breves, cruentas
campañas de conquista.

Soy su presa, mi voluntad enajenada ¡ay!
por su mejunje inexorable. Pica.

He de matar personas,
regar rincones con migas de pan negro,
aprender su escritura de detritus.

La hormiga roja aspira
a una voz poética reconocible.

"Con denodado esfuerzo,
con ímpetu creciente,
sacrificando todo..."

Los poemas que escribe
son casi siempre abandonados,
como piedra menuda,
aquí o allá.

Soy el esclavo de la hormiga roja,
de su inaudita ambición literaria:

"...por estrechos caminos recorriendo,
- rosal, castaño -
por enemigas sendas transitando,
- nogal, malvón,
albaricoquero,...-

Poesía fórmica: no es tan terrible,
una vez que le captás la onda.




GERARDO LEWIN (Argentina, 1955)