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mayo 09, 2012

POEMAS DE LEOPOLDO CASTILLA





XXXII
                                                 Iba yo por el salar
                                                 y un hombre me saludó
                                                desde entonces nadie sabe
                                                dónde estoy, qué me pasó.


El silencio es azul. La montaña
como una loca
arrastra sus arterias,
se arranca las piedras alarmadas
la violencia del metal y el perdón de la nieve,
inquiere
con el cóndor que vuela en el olvido,
en el hielo, en el ventisquero
y no da con el mar que ha desaparecido.

No se acerca al salar la cordillera.
Es ánima ese páramo
donde golpea el océano con olas que no hay,
con espuma difunta.
Sin barcos, sin viento, sin peces y sin pájaros.

En el calvario sólo la respiración
de ese hombre con un hacha
como un solazo,
dividiendo la sal,

Vende panes de cemento.
Vende los huesos del mar.


ÁFRICA

En la luz comienzan los animales
extenuada
expulsó a la cebra
que no tiene campo
sino en el espejismo
enfermó a la resolana para espesar al león
y dobló en un tulipán
a los flamencos.

Ella hizo
que las especies se reconocieran
para que el fin durara,
que no se cruce con el halcón
el leopardo
el buitre con el pez
pues nunca serán del todo
sólo formas del miedo que tuvo el universo
a perder la memoria.

La luz es eso que las bestias gritan
el bramido del elefante
amputado
del pulmón de la noche
el grito con que se alumbra el zorro
la risa
con que se desclava de sus huesos la hiena
y el rugido
de cada rotación del mundo en el león.

Los hombres, al borde del cráter, sonríen
con el voltaje justo
para no desaparecer,
quietos, igual que sombras azules bajo los árboles veloces,
separados
por el cuello
de la intemperie
atraídos
como jóvenes muertos
hacia la luna vacía del Ngorongoro.

Son el alguien del viento
los masais
van como lentos pájaros
detrás de su ganado
sin rumbo:
ellos son el confín. El ademán
de la planta
cuando iba a ser vagabunda,
el de la sombra cuando iba a ser persona,
hombre que sale por su propio pie de un sueño
y no acaba de ser
aunque se imante de colores
se perfore
o a duras penas toque tierra.
No le viene su animal ni bebiendo sangre
sólo el cloriti le devuelve el rugido
que, como el coraje, regresa desde muy remoto
y entonces sí
el león huele a masai
y se espanta de ese hombre
hendido
por una bestia transparente.

Recién entonces entran, solitarios,
a la luz que ondulan
y es ver
peces oscuros
en un campo de olfatos.

Los animales emanan sus distancias:
en la jirafa cunde
la visión de la hierba;
la alegría de un suicidio
en el azul
del pájaro,
que no ocupa nada
y ese color es más grande
que todos los espacios.

Estos invisibles son el campo
donde la cebra acaba
va a comenzar la lluvia,
el avestruz mira
por donde él ya se ha ido
y la garza
vuela siempre en otro lado.

Fuera, los masais, cercan
en círculos
sus animales, sus casas, sus mujeres.
Para seguir, borran el camino
en círculos
como el fuego
y los pájaros.

En la sabana tarda el primer día.
El último, el final,
un viento de eclipse borrará las llanuras
alentará
ya ingrávida en el polvo, la gacela,
en su imán
el rinoceronte
y en leves desiertos
la desnudez, sólo la desnudez
sin cuerpo de los hombres.

A ese final lo huele el ñu, sabe que sólo el que huye
es único
y muere sin cesar en la manada,
el cocodrilo que aguarda en el pasado,
el hipopótamo
que envejece, amniótico,
las aguas de su nacimiento.

Las bestias
sostenidas
por la música de su aparición
propagan, copulando, esta comarca de temblores,
de alumbramientos.
Y empieza la cacería, dentro del polvo
en Masai Mara,
dentro de la atmósfera
en Ngorongoro
y en un desmonte de la luna
en Taranguire.

El día no tiene tiempo.
El mismo instante
que aísla
el sueño de la jirafa
hechiza
el oído del elefante;
se templa en el búfalo
la hora
que martiriza al buitre
aquí
pesa más la sangre que la muerte.

Ya de noche, lo que se oye y brilla
son fiebres
el elefante grita como un árbol,
como un humillado
la hiena
y una ola lejos del mar
clama en los leones.

Todos deformándose
hasta desterrarse. Pero vuelve la luz
y con la luz
el tacto
y el esperma y la sed y la sombra y el hambre
entonces
cambian el color
y son el pasto
y la arena y la rama y la lluvia
y nada puede detener el mundo
mientras dure el quebranto
del primer día del mundo. 


 de "Manada" (2009)

LA MESA DE MIS DIOSES
A Pedro González

Bebo con mis dioses,
con Xangó, dios del trueno, protector
del ebrio y del amante,
a quien he visto desimantar a las bahianas
marearlas
como si dentro les copulara una bandera,
que descendió en mí en Santiago de Cuba
por obra y gracia de Orula y de un babalao
cenizo
de cruzar la suerte de los hombres.
Bebo con Vishnú a quien no pude despertar
de su lento absoluto, cuando ascendiendo
una escalera enorme
lo vi yacer, sin mundo,
como una luna esperando el regreso del cielo.
Fue en Bali esa visión. La tierra
desaparecía
devorada por sus delicadezas.
Ofrendo y bebo con la Pachamama, porque le pertenezco
arbolito que yo soy y nunca alcanzo
río que me llamo y nunca vuelvo,
y con el Señor del Milagro,
que brillaba como un fruto
en el terror
en el luto
y el espejismo del alma de mis abuelos.

En la mesa, desnumerando, como suelen,
está el duende, con su mano de lana
y su mano de hierro
cicatrizando sus ojos debajo de la higuera.
Y el diablo, pobre hombre, aparecido en otra dimensión,
tahur,
que sólo como música puede entrar a este mundo.
De pie, a mis espaldas, está mi muerto. Lo desconozco.
Me dijeron “es alto y tiene el pelo blanco. Lo cuida.”
Un extraño condenado a mi suerte,
un plenilunio de mi cuerpo. Y es que otras formas duran
para sostener tu forma
y están vacíos todos los nacimientos.

Y estoy yo, ateo, sin iglesias,
milagroso.
Y en otro rincón, también yo, con siete años,
mirándome mirar
los sentires de mi madre
y a mi padre ardiendo,
maravillado,
herido
entre cantores difuntos.

Unos recién naciendo,
otros, en la muerte,
maldormidos,
nos amanecemos
aunque nunca llegue el día.

Estamos todos ocupando todo.

No falta nadie.
Y, sin embargo, la mesa está vacía.


NACIMIENTO DE LA SIMETRÍA
A Osvaldo Torasso


De esas dos mitades sólo una es real.
Hechizada por su aparición
y antes que la luz la disuelva
engendró la otra para verse.

Medio árbol es el que extiende sus ramas para tocarse,
medio hombre el que custodia su propia calavera
y sólo con un ala y un espejo
vuela la mariposa.

Una desesperada volandería de mitades llena de mañanas el mundo.

Siempre que la muerte, que es tuerta,
con su ojo demasiado solitario
no se atreva a mirar,
lo irreal semillará la tierra.


SUPLANTACIONES

El firmamento para esa mujer es el oro,
el oro para ese niño
un fueguito en el baldío,
el baldío para una anciana
su juventud en esa fotografía.

Las cosas están soldadas por la desesperación.
Entre ellas, el hombre que las junta,
mientras nada, sonámbulo, en el cardumen de sus antepasados,
y va, tenue de pensamiento,
a ese otro pensamiento
que es la muerte.

Entonces, le unen las manos
para que se toque y se recuerde.
Pero él ya no está,
ni puede reunir sus islas.
La anciana, la mujer, el niño
lo miran irse de la fotografía
hacia el firmamento baldío.

Alguien dice: “son cosas del destino”.

Y lejos, el destino gira,
fuera de sí,
sin porvenir,
como un loco atado
al árbol del fondo de la casa.


LORO

Esa flor sacrílega, habla.
No imita, habla
y desea el vino, las mujeres y el pan de los hombres.
Ese es su secreto.

Avanza por el aro
y cierra el círculo.
Entonces chilla, igual que ellos
cuando eran pájaros
o canta, como las campanas,
con el pavor de tener dos almas.

Mientras ellos repiten lo que dice, ríe
y se pica el pecho
y se lo parte,
ríe a carcajadas
y se pica, a fondo, el corazón
para que el secreto salga.


TEMA: LA VACA

La vaca rectangular, trazada de tal modo
de estar en paz con la gravedad,
cómodamente amoblada por dentro,
el salón del estómago y, apartados,
los depósitos urinarios,
la que calma, venerable, la ansiedad de la hierba,
la huida de los campos

la vaca con toda su profundidad
anodina
encima de la tierra, con sus ojos beduinos
y mortales
la que amamanta al ternero y a otras letales bestias,
demasiado sola si no fuera
por las maternales moscas,
vive en la mano de dios y, en un día sin salud,
desventurada, muere.

Extrañamente se ha vuelto pasto
de hombres o de pájaros carniceros.
Hasta que el viento o las hambrientas superficies
la dejan en los huesos. Entonces, se ve su calavera,
triangular, astada,
una bestia insurrecta
ahuecando la llanura,
quebrantando el viento,
su aterrada arquitectura, el hueco de los ojos
devorando el futuro,
uno por uno
todos los nacimientos.


LA MADRE Y LA MUSICA

Escuchaba música en la azotea.
Me enseñaba el cielo. Sonreía.
Siempre sonríe la madre mirando las estrellas.

Una tarde dejó su anillo en la tumba de Chopin.
Debe estar brillando, todavía.

Un círculo de oro tan infinito
que enciende el firmamento dentro de la tierra
y la música
y la brasa del corazón de la madre,
mientras, desquiciada, enorme
se mueve la noche
en su mausoleo
libre y oscuro.


EL AMANECIDO

A Maximiliano Witte


¿Qué estaré siendo yo de este lugar
que ha parido la presa de su cacería?
Entenado de mis muertos
llevo una flor a su caridad
para que vuelva en mí esta comarca,
pero es tarde,
el cielo envejeció
y el espacio ha crecido demasiado.

He gozado todos los sonidos,
me he dejado llorar
por ojos difuntos,
he besado a mi época en la lengua
y a esta altura
soy el cielo de mis fornicaciones
y la intemperie donde flameo, inhumano.

Entro a la tormenta de la casa vacía
y lluevo largamente,
con la copa en las raíces,
asfixiado por el aire,
y, enguantado por mi oscuridad,
pudro mi leña,
eyaculo el escenario,
pierdo los papeles, tacho la luz,
lastimo la función.

Los otros no saben que están dentro
de un día que no amaneció,
el que me he robado
mientras del suero de mi cerebro
se amamantaba la noche
cuando yo tiraba mis huesos al aire
y ni la muerte los reconocía.

Tengo dentro
un salto de pájaro espantado,
un niño helado en su futuro,
un camino que no deja de ir
y un árbol inmóvil
soltando frutos oscuros.

No hay contemplación: mi limosna es mi cuerpo.
Ya no me sirve el universo
ni le sirvo yo.

Hacia una luz inválida se va el día.
Y no me lleva.
Donde yo duermo, trinan como perras,
mendigas, las palomas.


de“El amanecido” (2005)
ARRIEROS CHINOS

A Héctor Berenguer

Siglos van que no llegan
que la misma polvareda y una misma hora los persigue,
en Laos, camino a Natha,
lejos de este mundo,
desencadenados del jardín mudo de la edad media
y de la voluntad del emperador,
libres por la sierra
arriando rumbo a la anigua China.

Ahí van, el presente inmortal, airado,
en el penacho de plumas
que corona las mulas;
enarbolando un bastón, y en la punta del bastón
un papagayo,
flor carnicera de los resucitados.

Fuera de la historia, pasa la historia,
invicta, viuda, prodigiosa.


ADIÓS A LAOS

Ya se va, ya salen las niñas,
cargando sus hermanos pequeños,
emergen del río los adolescentes
desnudando al agua
y las ancianas castigan los ramos de arroz
sobre el camino que se lo lleva para siempre,
entenebrado,
por el humo verde de la jungla.

Ese extranjero,
tocado, como el bambú, por la fuga de la tierra,
se roba la tardanza de los ríos,
los bueyes insepultos,
la caravana, como un abecedario, de los patos
y el ojo incendiario de los gallos;
nuestros colores,
nuestras huellas, roba.
Como las semillas
caminaremos de memoria.

Atánquelo libélulas, caballitos del diablo, alguaciles,
de a miles, atánquelo, fléchenlo,
que no escape,
que lo empantanen los animales,
mirándolo,
no lo dejes salir, neblina,
que lo traigan de nuevo a Laos,
que lo roben a él con todo lo que se está llevando.

Bambú (2004)


FUGA DE LA PIEDRA


La piedra se acumula
se suma a sí misma
-cree que suma-
asciende

y luego se desmorona
se resta a sí misma
-cree que resta-
cae

y es la misma
en el polvo
y más allá del polvo
ya vacía
en el viento que vuela
persiguiéndola.

Así se fuga. Y todo sería invisible
si no fuera
que le espacio tarda en comenzar
donde estuvo una piedra.


FUGA DE LA SOMBRA

Al difunto
le vuelve la sombra al cuerpo.
Se dicen adiós
ya no tiene quien lo siga,
ella se ha ido demasiado lejos

dentro de él
dobladita
como un pañuelo.

XI

Un hombre
cae
hasta perder su nombre

el futuro no alcanza
la velocidad de la sangre.

En el salto
sólo el salto es alguien.


Línea de Fuga (2004)

EL FILICIDA


El mismo hombre que degüella ese cordero
asesinó a su hija, con un hijo adentro,
para que no la vean
y la hundió en el río
y en el río de sí mismo.

Esta deshonra que el honor exige
era necesaria
para que Dios pueda estar en todas partes.

Aúlla como una cabra
la niña de sus ojos
y un trueno estraga el árbol de sus muertos,
mientras la mata
y ella lo enciela
y lo deja, inverso,
tocado por un solo sentido.

Nadie va a oír
el trapo de sus palabras
cuando pida que lo enferme el olvido
y ore
a la basilisca,
a la oblicua religión
la que se alimenta de una niña tenue
la que con la luz del perdón
afila los cuchillos.


LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

I

Aquí, en la Ciudad de los Muertos,
hallé mi techo,
puse mi mesa
y su pan desterrado.
Mis hijos corren entre las tumbas
del patio de mi casa.
Cuando vuelven de sus juegos
sonríen
horas y horas
dormidos
y no de felicidad
de infinito
sonríen.
Mi mujer no se ve.
Sus ojos fulguran en la cocina
como dos insectos
dentro del humo del mausoleo
(en un campo de cenizas
hace
fuego de ciegos).

Mi madre es esa anciana
fija
en un rincón de la calle.
Ella no nació.
Guarda, como otras viejas, este lugar.
Hace años que tiene
la ira de los muertos.

Nadie entra aquí
a menos que su miseria
sea más grande que la muerte,
nadie que no muerda el polvo
de todos los desiertos.


XV

Puertas adentro
junto a una cama quemada por las pesadillas,
en una mesa
comen
sin reconocerse
mi mujer, los difuntos, los insectos y mis hijos.

Fuera, en el patio,
el sol tambaleante
brama
con un hueso en el cerebro
se golpea, se eleva, se entristece y se rompe.


XVI

A veces por la televisión
entran al mausoleo
mares naciendo,
lluvias en lejanas selvas,
hombres que no nos ven,
ciudades.

Mi hijos,
con las raíces al aire,
no creen en ese mundo
se duermen sin sentir
como esas mariposas negras, sordomudas,
pegados
a estos muros mentales.

Jardines de cal
su infancia.

Nadie aquí se sueña en otra parte.


EL DESIERTO
A Arturo y Clara Botelli

En el desierto
uno es la sombra
la hendidura
por donde pasa la muerte
o el día siguiente

uno vive su tumba
a oscuras
dentro de su carne,
oyendo como el viento se lleva el día
y el polvoriento mar,
que golpea sin aire
contra el aire
su mariposa negra.

Aquí
las constelaciones cargan
al escorpión
y el hombre se envenena
si pronuncia, a solas, su propio nombre en la noche.

Sólo cuando el médano rojo
espanta la luna,
después que el espacio se va devorando,
recién entonces
lo que queda de uno
cicatriza.


SOBEK Y EL FARAÓN

Alguna vez fue dios
el escarabajo, el toro,
el escorpión, el ave y el chacal.

Incapaz de crear su propia forma,
todo el poder del universo
atormentado
dentro de esas leves biologías.

Cuando al escarabajo lo cubría la arena,
al ave
el viento
y al chacal el olor de la muerte,
esas criaturas no lo dejaban ver

como si su máscara hubiera cerrado los ojos.

Así emigró por la juventud de las bestias
y murió mil veces
mendigando un rostro.

Miren a Sobek, con la cabeza del cocodrilo
y a su lado
en el mármol,
otro intento de dios:
el joven faraón
tenuemente humano
que comienza a desaparecer.

De Libro de Egipto (2003)


NUNCA


A Daniel Moyano
Es la misma mosca
bramando
en el mismo verano,
la misma vela temiendo por las habitaciones
y en su horca
el trueno;
el mismo niño ese hombre con el agua al pecho
bajo los cielos asustados.
No hay quietud
la sombra de ese árbol
esta copa de vino
un relincho
esparcen toda eternidad
Tú y yo,
cada crepitación de la vida
y el astro seco
como una máscara
en el vacío
somos infinitos
infinito
cada sollozo
cada paso que das y el que no has dado
y una pluma que cae
y detiene la tierra
y el último estertor
que añade un laberinto.
El hombre
cría un animal, un caballo, un toro,
como quien alimenta a un dios antiguo
hasta que uno de los dos se lleva en los ojos
la extinción del otro
y es lo simultáneo
de la vida y la muerte
lo que tienen de inolvidables.
Cada vez que recuerda
es de nuevo poblaciones
un hombre solo
procreando derrumbes.
Dentro de esos lentos vendavales
resiste
su criatura
emblemática y ácida
como una joya carnívora.
Nada lo contiene
es la misma marea en su antiguo abismo,
la misma inmensidad que expulsan
un hombre ciego
y una mariposa quieta,
la misma lengua
de la piedra haciendo piedra,
del pájaro
llamando al agua,
del trapo que se acobarda
en el cerebro de un loco.
No hay fugacidades
así como el mar día a día
llega, brillante, a su propio funeral
así
no cabes en tu tiempo
tu segundo está lleno de enormes batallas.
En el instante
no hay pérdida ni huida,
de esa breve eternidad
tenemos
la física de la leyenda.
No es el hombre un enigma
es que no hay nadie en él.
Su único don es mundo.
Hay, sin embargo, un sitio que no pertenece al universo
una grieta
que se fuga del mundo
y no retorna nunca :
y es cuando el hombre sabe que se muere.
Le queda grande la luz,
como colgajos
los días que le faltan,
que reptan dificultosamente
entre los amedrentados muebles del salón
y es inútil acudir en su auxilio
porque él, mudo, frente a una ventana
le ha dado
su palabra
a la muerte.
Ya no oye
los nombres de su vida lo han abandonado
son como piedras
ahogadas
en los arenales
de su alrededor.
Mientras el salón se desordena
en una meticulosa desesperación
todo lo que lo rodea intenta un arco
que desciende y no cae
un hueco que sobresalga
una señal que lo ocupe
antes que no le quede nadie
pero él no tiene dónde
es la frontera.
Asilado en su nombre
absoluto en el sillón
discontinuo
fuera de la naturaleza
uno lo llama y gira la cabeza y nos mira
mientras el pasado lo deshora
y torna, último, a la insolación,
a fijar sus ojos
antes de que la ventana se desclave
mientras el mundo se va de su cerebro
como una luna lenta.
El muerto
difunde su instante profundo
desde lejos mueve una hoja, vuelca un vaso,
abre una puerta sin viento
para despedirse,
asola
con desahuciada luz
las poblaciones de sus cinco sentidos
y le devuelve
a la amada una tarde,
la sangre al hijo,
el hueco a la madre,
restituye su nombre al enemigo
toca, todo su deseo, toca los desalmados
cabellos
de su mujer dormida,
entonces los objetos
sollozan estériles futuros
y la casa de llena de asfixia y tempestad,
de premoniciones.
De pronto
todo cesa.
Y es él, cayendo en otra latitud,
esa gota desorientada en el borde de la mesa,
es él
insepulto
en esa mariposa
diciendo adiós
a su propia forma.
Lo sentirás ensordecer
con su ala de harapo
la levedad del mundo
vagar como un pez
perdido en la luz del espejo
desahogando
su insondables ropas
de finado
sabrás que estuvo
porque el día que adviene
no tendrá presente.
¿Cuál será, ahora, su comarca ?
¿La desazón de la luz,
la luna enferma dentro de las habitaciones,
un basural, sin recordar,
huyendo ?
Vengo llovido
por sus aguas seniles y brillantes
han ahorcado
con sus inversos
sietemesinos
aires
las hojas del árbol de mi casa
me han soltado
vacas en pena
como muebles amarillos
en el corazón.
Huero y sagrado
soy el cubil
la boca de salida de mis muertos.


EL CANAL

A Carlos Roberto y Fermín Aranda.

I

Agua de nunca
el canal
las larvas devoran todo el presente
donde un niño
juega para siempre.

El día era cenizo entre los pobres
la noche
inflamada
y violenta,
al alba los perros lamían la sangre
del acuchillado
que se iba
gritador
a ser peón o changador o nada.

La muerte hería
no mataba

para eso estaba la vida
que calentaba los basurales
donde una mendiga pare
otro mendigo
que llora con el llanto de las ranas.

Debe estar todavía
el hombre de sombrero negro
tocando el bandoneón bajo el solazo

(ese señor oscuro
es un resucitado)

Todo es de mala muerte

y se destrozaría
si no fuera ese niño
que emerge del lodo
y ríe a plena luz
desangrado
por las sanguijuelas.


II

Dónde está realmente
la puta que llora y besa
un crucifijo mientras
- que no la vea, que no la vea-
la policía montada
allana los prostíbulos
de arpillera, de lata,
está innumerable, disuelta
de tanto irse,
en el agua con semen
de la palangana ?
encerrada en su desnudez
para ser invisible
y
en lo alto del pavor
ave purísima ?

el adolescente que corre
delante de los caballos
y en este instante
salta sobre el canal
está en el aire
solo en el futuro,
despegado de su sombra
como una nube,
dentro del espejo de su edad,
inalcanzable?

y el policía qué cabalga
el trueno de su cabeza,
un estertor sin muerto,
las nalgas de su padre ?

El adolescente toca tierra
en la otra orilla.

La puta repta a salvo
sin piel
en los basurales

el caballo se detiene al borde

No puede saltar
en su cerebro
un rayo
parte en dos la tarde.


III

Saben que nunca será así
pero en el patio del cabaret
simulan el hogar

todas las mañanas una prostituta teje
los días que le faltan,
un hueco y otro hueco,
punto cruz
el cuerpo
punto cruz
el alma
(Como a un embrión
el pelo le nace de la mente).

Otra hace los deberes de su hijo
“hubiera o hubiese habido,
hubiera o hubiese amado”.
Y el presente
perfecto
flota ahogado en el patio.

Otras cuatro juegan a la loba
con cuatro reyes
cuatro reinas de verdad
se vigilan las uñas
se arrancan de los ojos
diamantes
y corazones
imaginarios.

Y la que lee una novela sin final

hasta que cae en el canal la tarde
y apaga el patio
donde grita
una luz roja.


IV

Nadie es nadie
cuando la comparsa
danza
en su jardín carnívoro
sólo un voltaje
de espejo a espejo,

en el baldío
la luna raída
del sexo de los mendigos,
el suicidio
de los caballos

y la batalla de los pandilleros
la azulada violencia
prenatal
donde un precipicio
devora a otro
precipicio.

El canal recoge
una pluma de garza
un coágulo de sangre
dos lentejuelas
y una navaja

De eso se alimenta.

Y de una flor
intacta
sobre el agua muerta.


ÁNIMAS
A Aníbal Alfaro


Un silbido largo, haraposo, final,
le hace un tajo a la tarde.
Alguien dice : “son las ánimas”.

Y el niño que oye todo
sabe que el día que resta
colgará boca abajo
desinflamándose
como una camisa en la soga de la ropa,
y que no se hará noche
hasta que se sepa
el nombre de ese muerto
que vino a desterrarnos.

No hay sutura
de
tiempo
en
tiempo.

Los hombres no se alarman. A veces
pasan por aquí
bandadas de otro mundo.


HUMANO
A Roberto Sánchez

I

El recién nacido
cae como un trapo húmedo
sobre los mosaicos blancos.

Lo que era conjetura
entra al espacio
como entra
la mano
a un guante envenenado.

El modelo no está en la semilla
sino en el viento
que la derrumba
y siembra
el enigmático número de la horda,
la unidad pavorosa
que eyacula el ahorcado.


II

¿Hay alguien, realmente hay alguien
en lo humano?
Insustancial, pegajoso, leudo,
desanimado presagio,
piel de higo
simultánea
entre la flor cerrada
y su fallecimiento

lo humano
alienta a solas
con la ferocidad que dura
en la jaula vacía de las bestias
o el alerta
en esas casas
donde estuvo encerrado el viento.

Lo humano
sudando oscuridad
en tu jardín, en tu reloj, tu cama

pudre en ti
su tormenta
difunde tu luz final
como un relámpago.

NI SOL NI POLVO
A Julio Salgado.

I

Hay espejos en el firmamento ?
Será como aquí
la flor
y ella misma en el agua ?

Que estemos detrás del azogue
y lo que en lo oscuro
arde,
sea lo que se filtra
las estrellas como incisiones
quemaduras
de una luz extranjera
que las enciende y no les pertenece,

perforaciones en ese espejo inmenso
hasta la luz completa.
No el espacio,
recorremos la luz
hundidos hacia afuera
como la flor quieta en el agua
que viaja y no la lleva

que está dentro del agua
y que no entra.


II

Puede que un día
todo sea día
que el azogue
ya oculto por la luz
desaparezca

no quedará sol
ni polvo ni proporción ni cielo

al dar en sí
se destruirá la luz
(claridad contra claridad
son los suicidios)

Sólo nos resta
aguardar otro espejo

entonces
estaremos en la luz
pero no podremos vernos.


TERAPIA INTENSIVA

Un gemido de búfala, un hedor de alma
en la cama del fondo
y aquí, todo el cerebro
antes de desclavarse
huracanado
en los ojos de mi madre.

Se trata de nacer,
sólo que los líquidos están afuera
y producen
lirios en los vacíos
oxígenos sin aire
y sangre de otro
sangre que no sabe.

Tarde
baja por la cánula su infancia

tarde le pinto los labios
para que sea visible
y la peino
delicadamente
para que no deje de venir del cielo

Tarde
la peino
tan lento
para recordarla.


DÉJELO EN EL MONTE
A Salvador Raspa Quintana

Déjelo dentro del yuchán
donde hace noche el agua
que despierte zorro
en el aire
gavilán
y lo vea venir el león y se disuelva en los pajonales
porque ha entrado al monte Salvador Raspa.

El que ofrendaba un quirquincho a la luna
y era una columna de plata
absoluto
solo
mostrándole su cría
a las constelaciones.

Déjelo en el monte que le llevó la vida
hasta que perdió la memoria
y regresó a los obrajes de su infancia
y ahí sigue todavía
abriendo claros
donde no queda nada.

Déjelo en la umbría, donde el monte está viendo:
hombre que cunde tanto
en la naturaleza
ya no puede entrar en su cadáver.

Sea
del polvo
la cólera tenue,
pilpinto sea,
ánima
del aire.


VUELVE DON FRANCISCO MADARIAGA

A Graciela Aráoz y Víctor Redondo.

En el cielo no cabe un muerto
y, sin embargo, apenas puede
mover un pétalo,
se alarga y se alarga
y no alcanza al color.

El mismo firmamento
apenas si le hace
una espuma en la boca,
ah, pero un pájaro, ser un pájaro no puede,
de dónde va a juntar tanta velocidad
hasta que cante
el sitio
donde estaba el cuerpo.

Un muerto usa
la imprecisión de la atmósfera,
la temperatura de una silla vacía
o un descuido de la luz
y aparece alguito
con el cuerpo en los ojos
como un zorro en la noche,
o por demás
si arbola, de golpe,
su primavera vacía
tu cerebro

y somos dos
bebiendo sin final
devorando
un lento
espacio sin persona.

¡Salud por el difunto
donde naceremos!

Yo, que soy su campo y él que entra montado
en su caballo de humo
y me llena de huellas

galope, señor, que vamos juntos.
Yo soy su sensación
un día
usted será mi tierra.


EL OTRO
A Belisario Saravia

Tal vez ya no es mortal. Lo han encendido
la luz de antiguos días, la sequía
de oír mis muertos y la insanía
de verme partir, de quedarse ido.

Absoluto, inviolable, es el olvido.
Lo que entra en él, no cesa, cría
de cada acto, cada hombre, cada día
formas de pavor. El ha cumplido

amamantó sin tregua mis despojos
y hoy que he vuelto a que mire por mis ojos
es el Teuco, esta vez, quien me destierra.

El es joven aún. Tiene la suerte
de estar en mi pasado. Ni mi muerte
le podrá nunca devolver la tierra.
de “Nunca” (2001)

SUDESTE

II

Tiene temperatura de parto
la noche de Bangkok. La oscuridad
oleosa
corrompe lo que va a sobrevivir,
asfixia la cuchillería
de los peces secos,
entumece el verde
para que al alba tenga su ataúd el agua
y en los mercados
la misma luna
menstrua
en el bulto que duerme en la vereda
y en el ojo del gallo
que peleará mañana.

No pasarán de esta noche
el dios grasiento que las moscas
desahogan,
el árbol enfermo por su propio perfume
donde un hermafrodita ofuscado
se ama,
este cirio que ha debilitado el infinito
ni los fuegos llorones de fritangas.

Todos, empobrecidos, girando lentos
en esta resaca de la selva y el mar.

El día sigue oculto
en la noche
como el sol dentro de una iguana
es esta corona de flores amarillas
que flota
ultrajada
en el río

todavía caliente
todavía sagrada.

V

¿Quién puede decir que estuvo
en lo desencadenado
en estas tierras de mutación
donde los cadáveres brotan de sus flores?
Como el inmortal baniano
ese árbol pariéndose
a sí mismo,
deudo y difunto simultáneo
así el muerto
come y bebe
en la fiesta de sus funerales.

Aquí la unidad es el laberinto
y no hay un solo nacimiento
en tanta resurrección.
Número contra número
he visto, no más caer,
mi semen
devorado por las hormigas,
en el fondo del mar
a los corales
detenerse en el rayo
y en un río de la jungla
al agua suicidarse
vomitando fuego.

Todo extinguiéndose para salvarse
de esta plenitud, de esta alegría
que con delicadeza
ovula el exterminio,
mientras los árboles olfatean
la fiebre de la transmutación,
su largo día,
y suenan altísimos de modo
que no toque tierra la noche.

Esas fosforescencias somos nosotros
viviendo en la distancia que hay
entre el pez yendo a ser hombre
entre el hombre
yendo
a ser pájaro

todos con su verdadero cuerpo ausente
como la arteria suelta
de la libélula roja
o el Phra Ruang
el pez transparente de Sukhotai
ánima en el agua
donde pestañea su esqueleto.

Nadie puede decir que estuvo
sino suspenso
en el lenguaje de la selva
igual que un ciego
en una jaula de mariposas.

Ni siquiera este muerto podrá partir
aunque le ofrenden gotas de agua
para que vuelva
por las claridades
aunque suene el gamelán
para que escuche
la forma de la tierra
o le prendan fuego al toro
negro y dorado
que lo contiene.
Cada llamarada trazará un tigre
quemándolo,
una víbora que salta
como un nervio entre dos luces
por la hoja del banano
y se iguana en un río
se martiriza en una garza
hasta que la jungla
la disuelva en sonido.

La selva se encierra con huidas.
De la forma del muerto
sólo queda este humo que entra en los pulmones
como un cielo que se descerebra

Y un ausente
que ha florecido el fuego.

VI
A Gonzalo Rojas


De entre todos alabo a Ganesh
el dios de cabeza de elefante.

Tiene la sabiduría
del que conoció con el cuerpo.
Cerró su mutación
(siempre el más increíble
es el más verdadero.)

Los mediodías
se apoyan
en una mariposa
una telaraña puede
sujetar al viento
porque él,
enorme,
danzó sobre un pie.
Desde entonces
lo débil
sostiene el firmamento.

Como él
somos nosotros
esta aleación
de la gravedad y el pánico.

¿Quién puede soportar
sin desfigurarse
el peso de sus sueños?

Alguien se cría en el fondo de uno
- y no es uno –
comiendo tus pedazos.

Sólo quien reconoce su otro animal
resiste lo sagrado.

X

No está ahí
ese hombre solo
en cuclillas bajo la tormenta
mirando el débil campo de arroz
cómo el agua destruye al agua
y a su arrozal
del que sólo le queda
el escalofrío.

No hay hospedaje en él
para que vuelva
el hombre que fue
y el hombre que no ha sido

(de desolación a luz
sólo es posible
la simetría del desequilibrio.)

Este día lleno de nunca. En algún sitio
flota inválido el sol
y el grito de un pájaro
ha raído el atardecer. Nada se conmueve
y sin embargo
hay un viento enorme que no se ha ido.

Un extremo del horizonte se alza

y se derrumba
hacia el pavor
por un plano inclinado.

XI

Las canoas traían el rambután,
en vela
la sandía amarilla, durián y mango,
fueguitos
descorazonados
de sus casas
y recién asesinada
la carne
que no pueden tocar las mujeres
porque ellas tienen
la carne imaginaria.

En el mercado flotante
la muchacha de siete sombreros
vendía la risa
del maíz
del ananá
la lámpara
y al ofrecer el color
en celo de una fruta
traficaba una esclava

para que un hombre
un fruto
devore a otro fruto
una gravedad a otra
y se despierte el mundo
sexuado
por sus desapariciones.

Han vendido el día.

El río se desierta

la corriente se roba una naranja.
En la sombra del agua
pasan víboras,
las últimas
horas sueltas.


INDIA

V
A José María Parreño


Desimantándose:

La anciana dormida bajo dos paraguas
como en el oído de la muerte;
la vaca transparente que se va,
celestial, a su niñez antigua;
el peluquero cuyas manos trinan;
la única víscera que cuelga de la carnicería
su reloj de sangre;
los ciclistas que huyen de sí mismos
como un número
perseguido por sus ceros
y las ventanas donde se hunden, veladas, las mujeres,
las de órbitas
desnudas hasta la luna,
desimantándose.

A mitad del aire:

El santón que no sabe dónde ir a nacer;
la comida que sobrevuela la ciudad
de cuervo en cuervo, igual que la arquitectura
de mono en mono
se desarticula y se dispara
y el elefante, sí, el elefante en el aire
de tanto que no ha muerto
y el sándalo, ese perfume descalzo y el tambor
de flores hilvanando mujeres, pétalos, camiones,
dioses y caballos
y en el aire también
la tormenta que hipnotiza
los cabellos del anciano
toda la ciudad colgando
de las cometas
y del alarido del muecín, náufrago en el viento.

Abajo, al fondo:

Sólo el mendigo
su número quebrado

y el ojo del cocodrilo
que mira cómo se ha volado todo
y no queda nadie
sobre la línea de flotación.

XIII

Este hombre que duerme desnudo en el asfalto
no puede aparecer.

Una larguísima soledad se extiende
de esa carne
como un párpado caído en plena calle.

De pronto, al verlo, los que íbamos
comenzamos a manar nuestro invisible:
nos abandonan lunas, adormilados animales,
espejos narcóticos, entumecidas memorias,
alguien que nunca había nacido,
y se hunden en el medanal de su cuerpo
y cruzan con él
hasta la planicie
donde a la eternidad
la alarga
una estéril naturaleza.

Ahora los que van por la ciudad
temen por ellos,
por sus deformidades,

el hombre
por el horno de su cremación
-su casa-
donde multiplica por un pozo
los caminos
y teme el pájaro
que creía
que el espacio era su cerebro
y las bestias al saber
que nunca habían sostenido la tierra.


XVIII

Vas a entrar al templo de Anuman,
el dios mono,
unge tu lengua con ceniza,
vas a ser innumerable

que tu cerebro ocupe
el sonido muerto de estas campanas
- él también es un eco
de lo que está desapareciendo –
y cruza
bajo la lluvia de grasa
que desprende la demencia
de los que en esta habitación
rondaron
lejos de su cuerpo.

Este es el patio, aquí da el sol
pero no llega
a la mujer que gira huyendo de sus cabellos
como un cometa
a la convulsa que se comió su sombra
y descubrió que es una grieta
lo que nos une al mundo

entra en la nave y únete al coro
mira
cómo nunca hay nadie en el canta
mira a los niños encadenados a la reja
despavoridos
en la telaraña
de su infancia
y a este hombre sin cielo
que intenta atravesar el muro.

Lleva tu ofrenda al fondo,
donde un anciano
con cuatro rocas sobre la cara
busca un centro de gravedad
pues lo mental
acumula a la piedra;
abre el lugar
para que esa mujer se pare boca abajo
y observa cómo no caen sus vestidos
clavada como está
en dirección al infierno.

Esta es la puerta y no tiene salida.
Pon aquí la huella de tu mano,
alguna vez sabrás
que eres tú
el que dejaste dentro.

Y ahora vete por el barrial de Balaji
aturdido
por las radios que emiten la muerte,
las fornicaciones de los dioses
entre ex votos, humos y abalorios

y no intentas saber más.
Has lavado un basural
con agua de tus ojos.

XIX
A Joaquín Giannuzzi y Libertad Demitrópulos


La brasa de la luz
y la carne
dilatando los hombres, afeminando el barro
hicieron Benarés.

¿Hay un sitio
donde se una lo sagrado y el cuerpo
que no sea en el asombro
de ir desapareciendo?

¿Quién sino el hombre que huye
de su propia distancia,
que se va quedando en lo que ya se ha ido
puede,
sin ver su llaga,
mirar un río?

No hay como su sensación
templo tan profundo
que deshunda el agua,
ni inmensidad
como la de seguir naciendo
para perder futuros.
Como el río.

Aquí viene a morir, en una casa azul espera
que se borren el día, sus hijos, el olfato y el tacto.
Junto a su mujer anciana
secreteándose
comen sus huecos,
intersticios de su historia
pedazos de un pan
que nunca podrá ser dividido.

Ella lo ayuda:
si ocupa todo el recuerdo
le vendrá el olvido. Le deja, eso sí, que tenga,
su jarro, su nombre, su sombrero
(todavía está imantado)
y lo lleva al Ganges
para que alce el agua y la aplauda
y la deje caer en la luz

pues para cruzar el infinito
hace falta una infancia.

Junto a él, otros, van perdiendo su alguien
(también su alguien pierde
el que pide salvarse)

Todos
lámparas
con el agua al pecho
entre la vida y la muerte
perplejos
en un fuego sin instantes
hicieron esta turbulencia, estas lenguas sin gravedad
que unge el río
y tiemblan
de tanto adiós sin salir de la carne.

¿Qué media entre ese adolescente que se zambulle
y el niño
que flota
sin luna, en el fondo?
No es la muerte
sino la forma
en que los abandonó el espacio.

¿Qué abisma al hijo con esas varas encendidas
que, antes de prenderle fuego,
da vueltas alrededor de su madre,
que no sea señalar un sitio
pues no hay sustentación
ni pierde distancia lo que cae?

Y entre la muerta
sin fondo, en su mortaja
y el esposo que se afeitó los cabellos
para despedirla
qué se rompe
sino un relámpago
y cada uno vuelve a su soledad
de no ser ni solo
pues a la muerte la une la asimetría.

Ese cadáver que pasa sobre la corriente
con un pájaro vivo
parado
sobre la profundidad de su cabeza
flor de agua
va como el río
de cuerpo presente
en su ausencia.

¿Dónde está Benarés
sino en todo lo lejos que estamos de nosotros?,
cruzando el día
como apagones, haciendo noche
en la fosforescencia,
buscando camino donde sólo hay señales,
cada uno en su espejo
para que el otro no se vea, llamando dios
a lo inestable
queriendo llenar la velocidad
con una piedra

hasta llegar a Benarés
y hundirse en el río
para acabar en alguna forma
y ser uno la salida
a la que nunca llega.
Y el hombre le dice al dios:
esta es mi carne
la única que te queda.

Desde el río se ve el humo
sólo hay una orilla
donde el muerto comienza.

Esa nube es él. Ahora se ve cómo
se sentía
y cual era la forma que se desorientaba
en la forma que él era.

Ahora no importa dónde arde.
Tampoco en la vida
tuvo dentro ni fuera
ni lo retuvo un sitio.

Lleva una luz que la luz no toca.
No se detiene
porque todo lo atraviesa.

Lo dan al río. Se lleva
el agua sus cenizas.

Agua sin agua sentirán que llueve
cuando nunca vuelva.


de “Baniano” (1995)



EL AGUA

A Salvador Garmendia

Hagamos de cuenta
que yo no sé que la lluvia
sólo ocurre en la palabra lluvia
que cae en sentido inverso al espacio
y es
porque deja de ser
como tu ojo deja de ser ojo
y es caballo
al mirar un caballo

no es natural
que llueva
es natural
que tiembles
que temas a la lluvia

que eres casi todo agua
construyes una casa
en nombre de la palabra hombre
agua creyente
te proteges del horror de caer

dices: lluvia
y eres agua
mirando agua.


MIMETISMO

A Francisco Madariaga

Un pájaro ocupado por una rama
una hoja por un pez
un león por un prado
¿quién ha entrado en quién?

La imagen nos salva
entre la cara y el semblante
se defrauda un ídolo
lo sabe
el ojo del hipopótamo
que ya ha visto a Dios
demasiadas veces.
No hay semejanza
lo sabe
el gato de la astucia
el alacrán de la cólera
la rata de tu fuga

eres
una polifonía lacrada
por una sola bestia.

Te arrancaste tu don

no escucharás tu nombre
pronunciado por ellos.


EL MUTANTE

                                           A Guillermo Alonso del Real
                                          A Margarita Delgado

En el mutante no hay ningún animal

sólo una velocidad
que a veces
se emociona
de pez a bestia
de saurio a hoja
de piedra a pájaro
de escama a pluma a piel
que no se le detiene

ocupa cuerpos
como exactas tempestades

De imagen a imagen
va la eternidad
a tientas

Bestia planta piedra hombre
no eres

habitas
sistemas abandonados.


FORMAS

A Jesús Ramón Vera.

¿Por qué
aparece mano?

¿Por qué la energía aparece
agua
silla
o mirada?

Si no da más
o no sabía
¿por qué elige?

No entra al mundo el cuerpo
lo arranca el mundo

la forma es un anónimo

en el agua no hay agua.


UN DIOS

A Javier Villán


La destrucción ansía semejanza

un segundo antes del estallido
alguien inicia un gesto, una palabra
y en ese instante
el mundo salta en pedazos

ese campo de fuerza
permanece inconcluso
como un cielo sobre una isla

en busca de su alguien
va lo frágil
¿será así
la materia de Dios?

Los cuerpos expulsan duraciones

en el universo, ese banco de datos,
Dios es sólo una medida de tiempo.


SUPERFICIES

El pájaro intenta
alcanzar al pájaro
que vuela con su nombre

el mar
a esa línea
donde pierde el conocimiento

ninguno retiene su superficie

¿De qué no estamos hechos?

La forma existe
hasta que halle la salida

los límites viajan

la Creación no ha comenzado todavía.


Teorema Natural (1991)

EL INVENTOR

La naturaleza no cree
es dudoso que la sombra sepa
que mana a un hombre
que los hilos no sean producidos
por un taller
en los ojos
que en el alma estemos sin nacer

la materia en acto
deja al universo sin cadáveres
(por eso inventamos la historia)

por eso fabriqué
este aparato
puede medir la lluvia
la abstracción de una piedra
mensurar el sonido
donde está la idea de dios

está hecho de metal
madera fibras cristales
materiales sensibles a la utopía
que fueron una vez

en algún lugar, en uno de sus códigos
debo estar yo
campo de prueba

pero es dudoso
la naturaleza no tiene adentro
a nadie.


SOBRE LA PERFECCIÓN

La paloma perfecta
desciende a la basura
sobre las tablas rotas el agua muerta
los plásticos torcidos

cuando toque tierra
tendrá la armonía de la basura

también estos residuos
al llegar tenían la belleza
del que todavía es amado

el diseño del mundo puede ser la circulación
de estos inactivos objetos
su inmortalidad –lo neutro-
eres tú y yo y el oxígeno solo
y el río que supones aparte
y cada muerto

la armonía no resiste
a una paloma sola.


SOBRE EL AMOR

No creas que tu amor
depende de ti o de ella
de lo que sienten o ven o sueñan
hay metales, movimientos
campos de fuerza
cuya acción no empieza nunca
actos virtuales
que te despedazarían

en algún lugar
esas materias
esos instantes que contienen lo inverso
libran una batalla

los que se aman
han sobrevivido.


TEOREMA DE UNA TARDE

Unidades:
un pájaro que nunca antes fue un pájaro
sólo nada
salta y desaparece en los ojos

un viejo que habla solo
y mira su voz aparte
para creer que ha vivido

una semilla que se para en la mitad del viento
y crea la muerte
y el grito de un niño
y un golpe de humo
y aparece la mujer que amo
y ese instante
es la forma de la tierra

Otras progresiones:
-esos cantores, el orden de las hojas
del geranio
diez elefantes en el televisor
reducidos
por sólo una mirada-
intentan unir tramar
al pájaro
con el viejo
con el grito y la mujer y la semilla

pero es demasiado tarde
las matemáticas
hicieron su tarea:
para que el tiempo sea relativo
lo nacido
debe ser inverosímil.


SUCESO

En la calle
una niño rompe una botella
ese gesto
invade la mente
en donde están sin voluntad
el niño la botella el estallido

ni causalidad ni azar:
igual que un ácido destruye un cuerpo
y un cielo
al cielo del ojo
el caos
deshace y hace seres
como el color posee abandona y crea
en un solo animal
animales

el niño
y la botella trizada
tienen la misma simetría

en la mente pasa agua
despacio
agua mental

la pasión no es nadie

y humedece la calle.


UN PÁJARO

Para descreer de los pájaros
debes primero tocar un pájaro

su sonido
es más pájaro que él
pero su ficción más verdadera:
hizo un cuerpo

un instante

tócalo:
lo que llamamos nunca
es la primera superficie.


UN CABALLO

No hay una fuerza
que en otra se serene:
la leche suave arma un caballo

mira cómo dobla el cuello
y cierra el mundo
(lo demás
son cielos como olfatos)

la punta de los pastos
son relinchos

el que las muerde
se vuelve caballo.


DESCRIPCIÓN DE LA MUERTE
(Homenaje a Raúl Brié)

PRIMER DIA

I

No hay lugar en la luz.
El primer día después de la muerte
condensas,
el círculo enmudece
-guarda su misión-
y el que estaba se divide
sólo en su imagen

el punto de luz
-o la vida- es como ver aletear
al círculo de la naranja
el círculo es un pájaro
sin un solo punto de soldura.

II

La luz del cuerpo es el pasado

y la forma
amparo

cáscara de otra cáscara que fuimos
somos

El feto en el que cabe un muerto.

III

El nombre no puede salir
aún contiene la vida

otro cuerpo distinto son las sombras
y llevan todavía
el nombre de las cosas

el nombre no se va
se cierra en sí
y es como la idea que tenía el muerto de su corazón.

IV

No sé si estoy en mi carne
hay una medida sin escala
puede corresponder a todo o a poco
a mi cuerpo
o a cuerpo o ni siquiera a eso

la forma es un deseo sagrado

sagrado es creer
que hay materiales.

V

Superpón una hoja blanca sobre una hoja blanca
ninguna se ve
pedirías una imagen
y la imagen se concibe en sí

nadie ve porque el que ve
se borra

nadie tuvo a otro en sus ojos

hay sí
lo que coincide:
dos hojas blancas superpuestas
hacen una hoja negra

no soy la imagen
sino su travesía.

VI

No hay transformación.
Lo sucesivo es el acto de la quietud
la materia no elimina
pero se piensa
y busca caracteres:
la luz ve dentro de la luz

un niño generándose alberga ya a todas sus casas
nunca habitará ninguna.


TERCER DIA

I

Los otros
como si mi sombra estuviera adentro mío.

Lo que se ha visto
no se pierde en el nuevo estado.
Después de ellos –o desde ellos-
viene uno:
la acción o el fulgor
y luego
la imagen
en cuya linde
comienza el conocimiento que es la prolongación
de las cosas.
Ellos están aquí.

Somos el mismo esplendor
pero cuando se presentan
la sombra crece, el fulgor disminuye
o es dividido.
Ellos vienen unidos al conocimiento
y traspasan la imagen.

Piensa en la flecha:
su destino comienza cuando divide al arco.

II

La llama puede atravesar la llama
la muerte es el paso de dios
y dios una dirección de la energía.

Decimos “en lo alto”
porque nos ha traspasado
compuesto de la misma materia
nos hace sentir
que está dentro de nosotros.

Exhalamos imágenes
fuera de su dirección:
las paredes del círculo.
Pero no es el círculo lo infinito
sino el diámetro que lo parte.

Existe el triángulo
pero no la base del triángulo
no hay nada cerrado
por ahí pasa por ahí lo vemos
irnos.

III

Evitarás la muerte
si eres todo lo exterior a ti.
Pero no sabrías que la has evitado
soñarías con ser tú
pensarías en ello
llegarías a ser esa imposibilidad
esa carencia a la que rodeas.

Por eso las dimensiones se detienen en un punto
y hacen seres
para tener dónde

lo que contiene muerte es eso:
el sitio

el que muere se cubre con el todo
sigues ahí
sigues
cuando sientes dónde
ya no puedes tener otro estado.

IV

El universo no es infinito
pero sí sus divisiones
piensa en ti cuando sueñas
tienes un límite (una imagen)
pero puedes dividirte.
Es esa división la que lo traspasa.

Las partes son infinitas
el todo no.
Su límite es finito
pero está contenido en una forma infinita
y ella
solo es una parte del todo
(quien traza una línea la toca)

Las proporciones no son lógicas
esta noche soñarás tu infancia,
mañana la muerte de otro:
tú.

V

Nombrar el todo y pensar su extinción
puede empezar a provocarla
y esa organización se defiende.
Te está vedado saberlo
es la intuición más peligrosa
porque eres una parte y eres infinito
intentarías ser el resto: el todo
y esa compensación se rompería.

La destrucción es posible porque el todo
tendría la proporción de la parte
sería también parte.

La destrucción, sólo la destrucción
sería inmortal.
No el universo.


QUINTO DIA

I

Cuando la forma se rompe
se pierde el sentimiento.
Tu imagen, como tu cuerpo,
no se vería si no sintieras.

Es la primera vez que la energía queda sola
sin instante
(lo invisible está lleno
de monumentos a lo muerto)

aquí no hay estado
la imagen se ha roto
la materia empieza formas semejantes a tu soledad

nada hay fuera de ella
tal vez
porque el universo es una cifra elemental
cuya unidad es el sueño.

II

Mi nuevo estado no reinicia
es el universo
no sus formas
es vulnerable por dentro
indivisible por fuera.

Lo que fui avanza paralelo
pero esa materia
lleva la muerte en sí
tendrá que buscar su forma en otra semejante

piensa en el ojo del huracán
sus rotaciones
serían tu cuerpo, tu imagen,

sólo lo externo
destruye.

III

La eternidad puede subsistir
porque aún no ha matado lo suficiente.


IV

La hoja del árbol reproduce
la forma de la energía total
por un borde es abierta, continúa
por el otro es finita:
es esa cicatriz, su límite,
la que la devuelve a la muerte visible

nuestros ojos son cicatrices
las formas que ven
son cicatrices.


OCTAVO DIA

I

No hay espacio.
Sólo un acto neutro que de sí mismo se alimenta
(lo visible son las cicatrices
de esa autofagia)

intentamos representar el todo
para ser finitos
reducimos el mundo al tamaño del ojo
incluimos el ojo
en la dimensión del mundo

pero traspasamos y somos traspasados
lo que se va ya está reunido

decimos espacio
para pensarnos parte.


II

No verás nunca lo que no coincida con tu imagen
(la lucidez sólo es reflejo).

Extraño la suposición de existir
no la conciencia,
existimos siempre sin saberlo: yo mismo
ahora

pero en la vida
produje una incisión al universo
un gesto de libertad.

de “Campo de Prueba” (1985)


SOBRE LA PERSPECTIVA

No ve, como antes, el enorme aguacate
bajo la noche pequeña
sino la falsificación de la luz

uno y el mismo es el cuerpo del árbol
y el de la luna
violentamente separados
por la cultura
que no admite
el ojo en la órbita de la luna
la luna en el ciclo del fruto
el fruto en la órbita del ojo

así
no es extraño que esté la luna
en el cerebro del observador

lo sobrenatural
es haber imaginado que existe la distancia.


TEOREMA DEL SOLITARIO

Tomemos una cifra imaginaria
cero
y un hombre imaginario
uno

el cero no existe
pero él cree que sí

el dos se queda siempre
en
uno

el uno existe
pero nadie le cree.


JOHNNY WEISSMULLER

En Africa
los hombres dividen sus rostros en lugares
un trazo amarillo una línea blanca
un plano negro

(quien se transfigura corrompe su poder)

pueden
como la lluvia
pronunciar el nombre inverosímil
del universo

funden la representación y el acto:
el cisne canta
en su invisible

algo debe saber este anciano
que no oye su silla de ruedas
que ensordece el hospital
con el grito de los monos.



DISTANCIA

Entre un punto y otro
la distancia más grande es la desolación
del punto.


LOS SOBREVIVIENTES

Este otoño
salen de las casas
cajones con hojas
son
del árbol de la basura.

Al sol, en la vereda,
de espaldas a su casa de moscas,
el hindú, con un sombrero blanco,
está muerto y sanando
de una larga dolencia.

El mendigo se afeita
y hunde su cara en un trozo de espejo
no soporta sangrar
del lado en que su rostro ya no existe.

¿Quién puede sangrar sin verse?
¿Con todos los muertos en la calle
quién recibir de visita a la ausencia
hablar con ella cosas
que nunca tendrán pasado?

¿Es que hubo con quién?
O sólo prófugos, sólo asesinados
muros quebrantados
por sombras de persona.

Días así
de llevar flores
a los sobrevivientes.
Argentina, abril de 1976


MUERTE EN PRIMAVERA

Un fruto a mitad de su caída
pierde el cuerpo,
a mitad de su caída
pierde su pasado
y para siempre la boca que lo nombraba.

Sólo que en la selva
el alba sorprende a los pájaros
cantando dormidos
y el día amanece
como una capilla ardiente.

Esta es la primavera en las moscas verdes.
Los jóvenes cadáveres
viajan por sus propios colores
recién asesinados
se hacen a la noche
en un pozo de cal.

Digo
lo eterno
es la unión de lo solitario

sus mujeres hablando solas
para hacerse inolvidables

el que cierra los ojos de sus muertos
y se queda invisible.

Algo cae de la vida
cae y golpea
una zona en sombras

en la selva canta un pájaro

cada amanecer
muere de memoria.

Argentina, marzo de 1976


MEMORIAS

Nadie es quien para morírseme.

Me dicen: ayer Burnichón, hoy Raúl,
mañana Holver
y yo les hago lugar, aquí tienen dónde,
pero les tengo dicho
que no me lleguen a deshora, Alberto,
que no te aparezcas
como si nada
Raúl,
que no enflaquezca tu ropa, que te hace falta,
para abrigarme, Holver

y esto de tener que andar
con el cuerpo en el cielo
le hace mal al alcohol
mal a la cabeza
esto de ser la casa de pensión de ellos.

Cada uno llega y me deja ofrendas
(saben que al principio me va a asustar)

no quieren que se les muera el cementerio.


PAISAJE MARINO

Cuatro piedras
lentas
casi mentales
son el límite entre el mar y la tierra

ambos en la misma energía
hicieron estas rocas
para euforia de pequeñas plenitudes:
el oído el tacto la visión
o el cerebro
que es cuatro piedras lentas
que miran desde fuera
al hombre
esa metáfora de la materia
que cree en la piedra
que cree en el agua.



PEQUEÑO CANTO GREGORIANO DE AMOR

A Graciela Baquero


I

SE HA RECOSTADO

advertencia a los físicos::
la fuerza de gravedad no existe

la órbita
es lo femenino de la tierra



II

SE VA

los espacios hasta hoy
se reconocían por la ausencia

cuando ella está ocupa un lugar
cuando se va
llena todas las habitaciones


III

ESCUCHA MUSICA

si bien en el todo
no hay unidad
ciertas correspondencias demuestran
que el sonido es un cuerpo

que cuando lo escuchamos
somos
el sonido


IV

ACCIDENTE

en el instante en que ella duerme
me lastimo la mano

no son dos sucesos aislados
ella ama
no es inofensiva

el lugar de mi sangre
es lo exterior de su cuerpo


V

ELLA DESCANSA

algo de nosotros quiere ser la tierra

voy a su lado dormido

la buey reposa junto al macho
para que la sombra
tenga su animal


VI

SUS PIES ANTE EL ESPEJO

lo innumerable no tiene lugar en el universo

una sola imagen
contiene todos los ejemplos


VII

ENCIENDE EL TOCADISCO

en el sonido
están tatuados
todas las formas
todos los cuerpos

en el silencio la forma
de un solo cuerpo


VIII

ELLA SE DESCUIDA

la armonía no existe
basta un movimiento
para que en el orden gima
de nacimiento
lo que está por morir.


PERFUME

En el metro, años después, siente el perfume
que usaba la abuela
una mujer desconocida
le advierte que no hay nada eterno
ni mortal
sólo pequeños prodigios
para que la vida no sepa nada de nosotros

como nosotros ignoramos a ese niño
que en un vagón del metro
abre la puerta de un ropero oscuro.



MAQUILLAJE

No hay nada artificial
sin naturaleza
el color no existe
ni existe la mujer que ella dibuja

(la belleza es un pacto
entre dos partes que no creen )

el lápiz de labios se le arrima como un perro a la cara

y en esa aleación
sólo el lápiz
se ha saciado.



TRAYECTORIA

El espacio es alguien

Ansía
un hilo
una araña

son deseos personales
del espacio
los objetos.



GITANOS

Los gitanos sacan a pedir
a sus animalitos
un mono, un hijo, una cabra

saben que la carne
diviniza a la piedad

que tenemos dentro
objetos,
formas sin lastimarse

nos ayudan
nos extraen del cuerpo
una cabra
el mono
un niño dormido.


OSCURIDAD

Toco el espejo a oscuras. Una planicie indefensa
donde pierdo mi frontera
y mis huesos pierdo
como si el espacio me hubiera envenenado.

Si cruzo esta noche, si amanece,
pínteme la vida
porque nunca es el mismo
el resucitado,
de madre, en el mirar eternamente,
y, de tanto morir,
padre.

Soy yo la oscuridad.
Yo, las inclemencias del que no se ve

y,
porque he visto,
soy el que mendiga.


de “Versión de la materia” (1982)





LEOPOLDO "TEUCO" CASTILLA (ARGENTINA, 1947)

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