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abril 16, 2012

POEMAS DE MURIEL RUKEYSER



BALADA DE NARANJA Y UVA

Después de terminar tu trabajo
después de que te hiciste el día
después de haber leído tus lecturas
y escrito tu opinión--
vas hasta el puesto de panchos
de la otra cuadra, cruzando,
en una tarde abrasadora de East Harlem, siglo XX.

Casi todas las ventanas están tapiadas,
las ratas salen corriendo de una bolsa--
del garage miserable asoma
un Cadillac largo y lustrado;
en la puerta del centro de adicciones
hay un hombre que quisiera romperte la espalda.
Pero también una mujer morena con una nenita de rosado y rosa.

Salchichas salchichas crepitan en el asador
donde el panchero se inclina--
en la barra no hay nada más
que las dos máquinas de siempre:
la de uva, vacía. Y la de naranja, vacía.
Yo, enfrente, entre las dos.
Pasa un negrito, mira los panchos y sigue caminando.

Miro al hombre mientras se para y vuelca
en esa forma familiar
violeta intenso en la que dice NARANJA
anaranjado en la que dice UVA,
el jugo de uva en la máquina que dice NARANJA
y el de naranja en la que dice UVA.
Una sola palabra grande y clara, inconfundible,
en cada máquina.

Le pregunto: ¿cómo vamos a seguir leyendo
y encontrándole sentido a lo que leemos?--
¿Cómo pueden escribir ellos, los chicos de enfrente,
y creer en lo que escriben
si ud. sigue poniendo uva donde dice NARANJA
y naranja donde dice UVA--?
(¿Cómo vamos a creer en lo que leemos y escribimos y escuchamos y decimos y hacemos?)

Él mira las dos máquinas y sonríe
se encoge de hombros y sonríe, y sigue cargándolas.
Podría tratarse de violencia y no-violencia
podrían ser blanco y negro, hombres y mujeres
podría ser la guerra y la paz o cualquier
sistema binario, amor y odio, amigo y enemigo.
Sí y no, ser y no-ser, lo que hacemos y lo que no hacemos.

En una esquina de East Harlem,
un basural, lecturas, una sonrisa enorme, violación,
olvido, una calle que hierve de crímenes,
miseria y esperanza marchita,
un hombre sigue poniendo uva donde dice NARANJA
y naranja donde dice UVA,
poniendo naranja en UVA y uva en NARANJA para siempre.




LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD


I

Aquel que desprecia el clítoris, desprecia el pene
Aquel que desprecia el pene, desprecia la concha
Aquel que desprecia la concha desprecia la vida del hijo.

Música de resurrección,     silencio,     y oleaje.


II

No hablar más
escuchar con todo el cuerpo
y con cada gota de sangre
desbordados por el silencio

Pero ese mismo silencio se convierte en lenguaje
a la velocidad de la oscuridad.



III

La quietud durante la guerra, el lago.
Los abetos inmóviles.
Destellos en el agua.
Caras, voces.           Vos estás lejos.
Un árbol que tiembla.

Yo soy el árbol que tiembla y tiembla.


IV

Después de que la niebla se disipa
después de que escampan las lluvias torrenciales
el cielo queda limpio
y los gritos de la ciudad suben en el día
Me acuerdo de que los edificios son espacio
amurallado para que pueda usarse para vivir
Me acuerdo de que este cuarto es espacio
y este vaso es espacio
cuyo límite de vidrio
me permite darte agua y espacio para beber
tu mano y mi mano, siendo espacio,
contienen los cielos y las constelaciones
tu cara
tiene la magnitud del aire
Yo sé que soy espacio
mis palabras son aire.

V

En el medio    en el medio
del hombre: el acto.....exacto
de la mujer: la curva        los sentidos en su laberinto
órbitas frágiles, intentos verdes,     juegos de estrellas
la forma del cuerpo diciendo su evidencia


VI

Miro del otro lado lo real
vulnerable....involucrado.....desnudo
consagrado al presente de todo lo que me importa
el mundo de la historia que conduce a este momento.


VII

La vida el presentador.
Te aseguro
que hay muchas formas de tener un hijo.
Yo, madre hija de puta
te juro
que hay muchas formas de nacer.
Todos vienen al mundo
por su propia gracia.


VIII

Los extremos de la tierra se juntan esta noche
con estrellas en llamas sobre su encuentro.
Estos hijos,     estos hijos
ardiendo caen sobre Asia.


IX

El tiempo tiene que ver.
Decilo.      Decilo.
El universo está hecho de historias,
no de átomos.


X

Acostado
Ardiendo al lado mío
te levantás hermosamente y arriba—
tu cara pensativa—
cuerpo erótico que se extiende
en todas sus luces y colores—
tu rostro erótico
iluminado y coloreado—
no tu cuerpo-y-tu-rostro coloreados
sino entero ahora
colores    luces     el mundo pensando y estirándose.


XI

El río pasa por la ciudad.

El agua baja hacia el mañana
haciendo a sus hijos....oigo sus voces no nacidas
Estoy descifrando el vocabulario de mi silencio.


XII

El hombre huesudo y joven de mi sueño
lucha para sacar de mi garganta el pájaro vivo.
¿Soy él?......¿Soñando?
¿Soy el pájaro?.....¿Soy la garganta?

Un pájaro con un pico curvo.
Podría cortar cualquier cosa, el pájaro-garganta.
Se levantan despacio.        Las hojas curvas, no grandes.
Y el pájaro surge.....húmedo....nace
Empieza a cantar.


XIII

Mi noche despierta
mirando la joya rústica
el techo de cobre en el camino
pensando en el poeta
que todavía no nació en esta oscuridad
y que será la garganta de estas horas.
No.     De esas horas.
¿Quién va a contar estos días,
si no yo,
si no vos?


                            

                                    Versiones en castellano de Sandra Toro





 BALLAD OF ORANGE AND GRAPE
After you finish your work
after you do your day
after you've read your reading
after you've written your say--
you go down the street to the hot dog stand,
one block down and across the way.
On a blistering afternoon in East Harlem in the twentieth century.

Most of the windows are boarded up,
the rats run out of a sack --
sticking out of the crummy garage
one shiny long Cadillac;
at the glass door of the drug-addiction center,
a man who'd like to break your back.
But here's a brown woman with a little girl dressed in rose and pink, too.

Frankfurters frankfurters sizzle on the steel
where the hot-dog-man leans --
nothing else on the counter
but the usual two machines,
the grape one, empty, and the orange one, empty,
I face him in between.
A black boy comes along, looks at the hot dogs, goes on walking.

I watch the man as he stands and pours
in the familiar shape
bright purple in the one marked ORANGE
orange in the one marked GRAPE,
the grape drink in the machine marked ORANGE
and orange drink in the GRAPE.
Just the one word large and clear, unmistakable, on each machine.

I ask him : How can we go on reading
and make sense out of what we read? --
How can they write and believe what they're writing,
the young ones across the street,
while you go on pouring grape into ORANGE
and orange into the one marked GRAPE --?
(How are we going to believe what we read and we write and we hear and we say and we do?)

He looks at the two machines and he smiles
and he shrugs and smiles and pours again.
It could be violence and nonviolence
it could be white and black women and men
it could be war and peace or any
binary system, love and hate, enemy, friend.
Yes and no, be and not-be, what we do and what we don't do.

On a corner in East Harlem
garbage, reading, a deep smile, rape,
forgetfulness, a hot street of murder,
misery, withered hope,
a man keeps pouring grape into ORANGE
and orange into the one marked GRAPE,
pouring orange into GRAPE and grape into ORANGE forever.



THE SPEED OF DARKNESS

                             I

Whoever despises the clitoris despises the penis
Whoever despises the penis despises the cunt
Whoever despises the cunt despises the life of the child.

Resurrection music,        silence,        and surf.

                             II

No longer speaking
Listening with the whole body
And with every drop of blood
Overtaken by silence

But this same silence is become speech
With the speed of darkness.

                             III

Stillness during war, the lake.
The unmoving spruces.
Glints over the water.
Faces, voices.        You are far away.
A tree that trembles.

I am the tree that trembles and trembles.

                             IV

After the lifting of the mist
after the lift of the heavy rains
the sky stands clear
and the cries of the city risen in day
I remember the buildings are space
walled, to let space be used for living
I mind this room is space
this drinking glass is space
whose boundary of glass
lets me give you drink and space to drink
your hand, my hand being space
containing skies and constellations
your face
carries the reaches of air
I know I am space
my words are air.

                              V

Between        between
the man : act        exact
woman : in curve        senses in their maze
frail orbits, green tries,           games of stars
shape of the body speaking its evidence

                               VI

I look across at the real
vulnerable        involved        naked
devoted to the present of all I care for
the world of its history leading to this moment.

                              VII

Life the announcer.
I assure you
there are many ways to have a child.
I bastard mother
promise you
there are many ways to be born.
They all come forth
in their own grace.

                              VIII

Ends of the earth join tonight
with blazing stars upon their meeting.
These sons,        these sons
fall burning into Asia.

                               IX

Time comes into it.
Say it.        Say it.
The universe is made of stories,
not of atoms.

                                X

Lying
blazing beside me
you rear beautifully and up—
your thinking face—
erotic body reaching
in all its colors and lights—
your erotic face
colored and lit—
not colored body-and-face
but now entire,
colors       lights       the world thinking and reaching.

                               XI

The river flows past the city.

Water goes down to tomorrow
making its children        I hear their unborn voices
I am working out the vocabulary of my silence.

                             XII

Big-boned man young and of my dream
Struggles to get the live bird out of his throat.
I am he am I?        Dreaming?
I am the bird am I?        I am the throat?

A bird with a curved beak.
It could slit anything, the throat-bird.
Drawn up slowly.        The curved blades, not large.
Bird emerges        wet        being born
Begins to sing.

                             XIII

My night awake
staring at the broad rough jewel
the copper roof across the way
thinking of the poet
yet unborn in this dark
who will be the throat of these hours.
No.        Of those hours.
Who will speak these days,
if not I,
if not you?









MURIEL RUKEYSER (EE.UU., 1913-1980).






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