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agosto 20, 2011

POEMAS DE ANA CRISTINA CESAR







Fisonomía

No es mentira
es otro
el dolor que duele
en mí
es un proyecto
de paseo
en círculo
un fracaso
del objeto
en foco
la intensidad
de luz
de la tarde
en el jardín
es otro
otro el dolor que duele

Hubo un poema
que guiaba su propia ambulancia
y decía: no recuerdo
ningún cielo que me consuele,
ninguno,
y salía,
sirenas bajas,
coleccionando los restos de las conversaciones,
de las señoras,
“para que nada se pierda
o se olvide”,
proverbial,
aunque herido,
hubo un poema
ambulante,
cruz roja
sonámbula
que huyó
y se fue
inolvidable,
irremediable,
criba abajo

Cómo afeitar el paisaje

La fotografía
es un tiempo muerto
ficticio regreso a la simetría

secreto deseo del poema
censura imposible
del poeta




Miro mucho tiempo el cuerpo de un poema
hasta perder de vista lo que no sea cuerpo
y sentir separado entre los dientes
un cordoncillo de sangre
en las encías

(Versiones de José Carlos De Nóbrega)

No, la poesía no puede esperar.

No, la poesía no puede esperar.
El velero toca las tierras heladas del extremo sur.
Escapo a los aullidos en el coche.
Hoy ¿vos sabés de eso? ¿sabés de hoy? ¿Sabés que cuando
digo hoy, hablo precisamente de ese extremo ríspido,
de este punto que parece el último posible?

La garganta sale lejana,
lejos de ti mal creo que te amo,
Corto el tránsito y patino

¿Qué lugar ocupa este deseo de frutas?

Esta es la primera hoja abierta


Fama y fortuna

Estampillé mi nombre tantas veces
y ahora me vuelvo noticia de diario.
Duele cuerpo -línea neurálgica vía
corazón. Los vecinos de abajo
imploran mi expulsión inmediata.
No oyeron el frenesí pianísimo de la lluvia
ni la primera historia propia de terror:
en el Madame Tussaud el asesino esculpía
las víctimas en cera. Se volvió noticia.
Manejo mi coche. Miro la bahía a lo lejos,
en la bruma de neón, y pienso en Haia,
Hamburgo. Dover, anclas levantadas
en Lisboa. No llegué al nuevo mundo.
Nada es nacional. Caigo en mi salto,
duele la culpa intrusa: haber robado
tu derecho de sufrir. Robé tu
sordina, me lancé al mar,
estoy haciendo agua. Dame el bote.

Entrando por primera vez...

Entrando por primera vez
en el espacio cerrado de la casa.
Pura tempestad, cántaros, delicia.
Gozo despierta, huerto y hotel.
La ciudad inundándose
"Ahora soy tu amante: ya puedo salir de madrugada"
Ya me puedo saciar y no soy ladrona.
¡Pickpocket!
Desperdicio.
Hacer dedo.
Tranco.
Fog.
Cierta noche se hincha el desconsuelo.
Farol antineblina. Bliss también.
Pensé que no vendría más aquí
Pero aquí estoy

(Versiones de Agustina Roca)

A punto de partir...

A punto de
partir, ya sé
que nuestros ojos
sonreían para siempre
en la distancia.
¿Parece poco?
Suelo de sal gruesa y oro que se raja.
A punto de partir, ya sé que
nuestros ojos sonríen en la distancia.
Lentes oscurísimas bajo los pilares.

En este interlunio:

En este interlunio
Soy diluvio o me ahogo.
Y entre espectros que comprimen,
Nada se cumple,
El destino se hace polvo.
De querella y harina se yergue un ojo.
Las voces despetalan,
Los períodos se ablandan,
Oraciones enteras lentas se consumen,
En pozos hay sumirse de palabras sordas.
En este interlunio
Soy centella o hulla inerte.
Enorme tórsalo entra cuerpo adentro,
Entre los dientes, carne.
Arde el ente y escupe,
Escupida inútil invadiendo espacio.
Moléculas blandas coleando,
Víboras vagas rimándose,
Poetas quietos entreviendo
Cosas cosas que fallecen.
En este interlunio,
Soy cosa o poeta.

Un beso

que tuviera un blue.
Es decir
imitara feliz
la delicadeza, la suya,
así como un tropiezo
que se sumerge sordamente
en el reino expreso
del placer
Espío sin un ay
las evoluciones de tu confrontación
a mi sombra
desde la elección
inclinada sobre el menú;
un pescado a la parrilla
un novio
un agua
sin gas
de despegue:
lector ensordecido
tal vez extasiado
"al éxito"
diría mi censor
"a la escucha"
diría mi amor
siempre en blue
pero era un blue
feliz
indagando sólo
"what's new"
una cuestión
matriz
dibujada a tiza
entre un beso
y la renuncia intuida
de otro beso.


Como Caperucita

Corro de mamá a la abuela
cargada de bolsos.
Pero es en el camino donde exclamo:
- ¡ahora puedo todo!
Para esta figura obstinada voy hasta el
agotamiento,
valiente,

soy una mujer del siglo XIX
disfrazada en el siglo XX

Cabecera

Intratable.
Ya no quiero poner poemas en el papel
ni dar a conocer mi ternura.
Me doy aires de dura,
muy sobria y dura,
no pregunto
"¿de la sombra de aquel beso
qué haré?"
Es inútil
quedar a la escucha
o maniobrar la lupa
de la adivinación.
Dicho esto
el libro de cabecera cae al suelo.
Tu mano que se desliza
¿distraídamente?
sobre mi mano

Del Diario no diario "Inconfesiones"

17.10.68

Forma sin norma
Defensa cotidiana
Contenido todo
Abarcas una ana

Tengo una hoja blanca
y limpia a mi espera:
invitación muda

tengo una cama blanca
y limpia a mi espera:
invitación muda

tengo una vida blanca
y limpia a mi espera:

5.2.69


Nada disimula la perfección del amor...

Nada disimula la perfección del amor.
Un auto en marcha atrás. Memoria del agua en movimiento. Beso.
Gusto particular de tu boca. Ultimo tren subiendo al
cielo.
Aguzo el oído.
Los aparatos que sólo hacen sonido ocupan el lugar
clandestino de la felicidad.
Necesito atarme al velamen con mis propias manos.
Sirgar.
Desde aquí al fondo de la reserva forestal oigo cosas que
nunca oí, pájaros que gimen.

Último adiós I

Los navíos hacen figuras en el aire
escapan en colores - los faunos.
Los cuerpos de los bomberos bailan
en el brillo de mis pies.
Desde el muelle muerdo
impaciente
la mano inmersa
en los faros.

Último adiós II

El navío desatraca
imagino un gran desastre sobre la tierra
las lecciones levantan vuelo,
agudas
pánicos felinos apoyados en la amura

y en la deck-chair
todavía te escucho hojear los últimos poemas
con una sonrisa a medias



(Versiones de Teresa Arijón y Sandra Almeida)




ANA CRISTINA CESAR (BRASIL, 1952-1983)






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