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marzo 17, 2011

POEMAS DE OLGA OROZCO





II


No estabas en mi umbral
ni yo salí a buscarte para colmar los huecos que fragua la nostalgia
y que presagian niños o animales hechos con la sustancia de la frustración.
Viniste paso a paso por los aires,
pequeña equilibrista en el tablón flotante sobre un foso de lobos
enmascarado por los andrajos radiantes de febrero.
Venías condensándote desde la encandilada transparencia,
probándote otros cuerpos como fantasmas al revés,
como anticipaciones de tu eléctrica envoltura
-el erizo de niebla,
el globo de lustrosos vilanos encendidos,
la piedra imán que absorbe su fatal alimento,
la ráfaga emplumada que gira y se detiene alrededor de un ascua,
en torno de un temblor-.
Y ya habías aparecido en este mundo,
intacta en tu negrura inmaculada desde la cara hasta la cola,
más prodigiosa aún que el gato de Cheshire,
con tu porción de vida como una perla roja brillando entre los dientes.



XIII


Se descolgó el silencio,
sus atroces membranas desplegadas como las de un murciélago anterior al diluvio,
su canto como el cuervo de la negación.
Tu boca ya no acierta su alimento.
Se te desencajaron las mandíbulas
igual que las mitades de una cápsula inepta para encerrar la almendra del destino.
Tu lengua es el Sahara retraído en penumbra.
Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y de rostros.
Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces modelos de este mundo.
Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se ahoga el tiempo.
Tu cuerpo es una rígida armadura sin nadie,
sin más peso que la luz que lo borra y lo amortaja en lágrimas.
Tus uñas desasidas de la inasible salvación
recorren desgarradoramente el reverso impensable,
el cordaje de un éxodo infinito en su acorde final.
Tu piel es una mancha de carbón sofocado que atraviesa la estera de los días.
Tu muerte fue tan sólo un pequeño rumor de mata que se arranca
y después ya no estabas.
Te desertó la tarde;
te arrojó como escoria a la otra orilla,
debajo de una mesa innominada, muda, extrañamente impenetrable,
allí, junto a los desamparados desperdicios,
los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el poniente,
que oscila, que se cae,
que se convierte en nube.


de "CANTOS A BERENICE" (1977)


BALANCE DE LA SOMBRA


Muchas veces, en los desvanes de la noche,
cuando la soledad se llena de ratones que vuelan o escarban bajo el piso
para roer, tal vez, los pocos nudos que me atan a este asilo,
busco a tientas la tabla donde asirme o el lazo que todavía me retenga.
Entonces te adelantas, aunque no sé quién eres,
sombra fugaz y sombra de mí misma, mi sombra ensimismada,
sí, tú, la más cercana pero la más extraña,
y siento que aun con tu inasible custodia me confirmas un lugar en el mundo.
Pero ¿quién eres tú?, ¿quién eres?
Quizás seas apenas como un jirón de niebla
que copia dócilmente cada pacto de mi sustancia con el tiempo,
como cree la luz;
o acaso estés aquí sólo para testimoniar con tu insistente opacidad la culpa y la caída.
Compañía fatal o delatora,
yo sé que agazapada en un rincón cualquiera de los sueños
permites que la muerte se pruebe mi propio cuerpo cuando duermo.
Y no ignoro tampoco que llegas desde el fondo de un abismo con alas de ladrona
y escondes en tu vuelo soles negros,
humaredas de infiernos nunca vistos y recuerdos que zumban como enjambres.
Tu cosecha de ayer; tu amenaza y promesa para hoy y mañana.
Sospecho que también me has contagiado paredones roídos,
templos rotos, fisuras dolorosas y escondrijos que dan al otro lado.
Pero también multiplicaste a ciegas las visiones del amor que no muere,
nos vestiste con noche encandilada, con fugitivos resplandores,
y hasta te vi saliendo de ti misma
y te vi propagarnos como a un eco, como a un temblor de luces hacia la eternidad,
al paso de las aguas.
Sombra perversa y sombra protectora,
mi doble de dos caras.
Nunca tuve otra hija más que tú,
y has hecho lo imposible por parecerte a mí, en mi versión confusa,
aunque siempre aparezcas embozada en anónima y ajena, peregrina envoltura.
Yo te confieso ahora, mientras estoy aquí,
mientras aún me anuncias o me sigues, no sé si como emisaria o como espía,
que quienquiera que seas no querría perderte entre otras sombras.
No me dejes entonces nunca a solas con mi desconocida:
no me dejes conmigo.




CONVERSACIÓN CON EL ÁNGEL



Contigo en aquel tiempo yo andaba siempre absorta,
siempre a tientas, a punto de caerme, pero indemne y eterna,
tomada de tu mano.
Ya casi te veía, lo mismo que al destello de un farol en la niebla,
una señal de auxilio en la tormenta.
Sí, tú, mi sombra blanca, transparencia guardiana,
mi esfinge azul hecha con el insomnio y el íntimo temblor de cada instante,
igual que una respuesta que se adelanta siempre a la pregunta.
Sin duda en algún sitio aún estarán marcados tus dos pies delante de mis pasos
porque te interponías de pronto entre mi noche y el abismo.
Sospecho que convertías en refugios dorados mis peores pesadillas,
que apartabas las setas venenosas y las piedras sangrientas
y venciste acechanzas y castigos.
Tal vez hasta me contagiaras la sonrisa
y lloraras después un larguísimo tiempo con mis lágrimas, vestido con mi duelo.
Después, mucho después, en esos años en que creí perderte
en algún laberinto o en una encrucijada,
fue cuando me dejaste a solas, tan mortal, en el destierro.
Quizás te convocaron de lo alto para un duro relevo,
y acudiste como un vigía alerta sin mirar hacia atrás,
aunque a veces descubrí tu perfume de nube y de jazmín en una ráfaga
y hasta palpé la suavidad que deja la huida de una pluma debajo de la almohada.
Ahora, ya replegada toda lejanía con un golpe ritual,
como en un abanico que se cierra,
frente al fuego donde arde de una vez el lujoso inventario de todo lor imposible,
contemplamos los dos el muro que no cesa,
no aquel contra el que lloraríamos como estatuas de sal a la inocencia,
su mirada de huérfana perdida,
sino el otro, el incierto, el del principio y el final,
donde comienza tu oculto territorio impredecible,
donde tal vez se acabe tu pacto con el silencio y mi ceguera.




DETRÁS DE AQUELLA PUERTA


En algún lugar del gran muro inconcluso está la puerta,
aquella que no abriste
y que arroja su sombra de guardiana implacable en el revés de todo tu destino.
Es tan sólo una puerta clausurada en nombre del azar,
pero tiene el color de la inclemencia
y semeja una lápida donde se inscribe a cada paso lo imposible.
Acaso ahora cruja con una melodía incomparable contra el oído de tu ayer,
acaso resplandezca como un ídolo de oro bruñido por las cenizas del adiós,
acaso cada noche esté a punto de abrirse en la pared final del mismo sueño
y midas su poder contra tus ligaduras como un desdichado Ulises.
Es tan sólo un engaño,
una fabulación del viento entre los intersticios de una historia baldía
refracciones falaces que surgen del olvido cuando lo roza la nostalgia.
Esa puerta no se abre hacia ningún retorno;
no guarda ningún molde intacto bajo el pálido rayo de la ausencia.
No regreses entonces como quien al final de un viaje erróneo
-cada etapa un espejo equivocado que te sustrajo el mundo-
descubriera el lugar donde perdió la llave y trocó por un nombre confuso la consigna.
¿Acaso cada paso que diste no cambió, como en un ajedrez,
la relación secreta de las piezas que trazaron el mapa de toda la partida?
No te acerques entonces con tu ofrenda de tierras arrasadas,
con tu cofre de brasas convertidas en piedras de expiación;
no transformes tus otros precarios paraísos en páramos y exilios,
porque también, también serán un día el muro y la añoranza.
Esa puerta es sentencia de plomo; no es pregunta.
Si consigues pasar,
encontrarás detrás, una tras otra, las puertas que elegiste.



de "LA NOCHE A LA DERIVA" (1983)



ENTRE PERRO Y LOBO



Me clausuran en mí.
Me dividen en dos.
Me engendran cada día en la paciencia
y en un negro organismo que ruge como el mar.
Me recortan después con las tijeras de la pesadilla
y caigo en este mundo con media sangre vuelta a cada lado:
una cara labrada desde el fondo por los colmillos de la furia a solas,
y otra que se disuelve entre la niebla de las grandes manadas.
No consigo saber quién es el amo aquí.
Cambio bajo mi piel de perro ax lobo.
Yo decreto la peste y atravieso con mis flancos en llamas las planicies del porvenir 
                                                                                                      [y del pasado;
yo me tiendo a roer los huesecitos de tantos sueños muertos entre celestes pastizales.
Mi reino está en mi sombra y va conmigo dondequiera que vaya,
o se desploma en ruinas con las puertas abiertas a la invasión del enemigo.
Cada noche desgarro a dentelladas todo lazo ceñido al corazón,
y cada amanecer me encuentra con mi jaula de obediencia en el lomo.
Si devoro a mi dios uso su rostro debajo de mi máscara,
y sin embargo sólo bebo en el abrevadero de los hombres un
              [aterciopelado veneno de piedad que raspa las entrañas.
He labrado el torneo en las dos tramas de la tapicería:
he ganado mi cetro de bestia en la intemperie,
y he otorgado también jirones de mansedumbre por trofeo.
Pero ¿quién vence en mí?
¿Quién defiende mi bastión solitario en el desierto, la sábana del sueño?
¿Y quién roe mis labios, despacito y a oscuras, desde mis propios dientes?


de "LOS JUEGOS PELIGROSOS" (1962)



LA ABANDONADA

Aún no hace mucho tiempo,
cuando el mundo era un vidrio del color de la dicha, no un puñado de arena,
te mirabas en alguien igual que en un espejo que te embellecía.
Era como asomarte a las veloces aguas de las ilimitadas indulgencias
donde se corregían con un nuevo bautismo los errores,
se llenaban los huecos con una lluvia de oro, se bruñían las faltas,
y alcanzabas la espléndida radiación que adquieren hasta en la noche los milagros.
Imantabas las piedras con pisarlas.
Hubieras apagado conî tu desnudez el plumaje de un ángel.
Y algo rompió el reflejo.
Se rebelaron desde adentro las imágenes.
¿Quién enturbió el azogue?, ¿quién deshizo el embrujo de la transparencia?
Ahora estás a solas frente a unos ojos de tribunal helado que trizan los cristales,
y es como si en un día la intemperie te hubiera desteñido
y el cuchillo del viento hecho jirones y la sombra del sol desheredado.
No puedes ocultar tu pelambre maltrecha, tu mirada de animal en derrota,
ni esas deformaciones que producen las luces violentas en las amantes repudiadas.
Estás ahí, de pie, sin indulto posible, bajo el azote de la fatalidad,
prisionera del mismo desenlace igual que una heroína en el carro del mito.
Otro cielo sin dioses, otro mundo al que nadie más vendrá
sumergen en las aguas implacables tu imperfección y tu vergüenza.


de "EN EL REVÉS DEL CIELO" (1987)


¿LA PRUEBA ES EL SILENCIO?


Con un costado vuelto hacia este mundo,
solamente un costado, expuesto día y noche a la depredación y a las mareas,
y el resto sumergido no sé dónde, a tientas y a temblor,
espero desde tu sombra en blanco una señal.
He oído el confuso parloteo de bocas invisibles en el bosque nocturno,
y hay alguien que me sigue paso a paso
y es puro resplandor y es sólo ráfaga cuando yo lo persigo;
a veces una lágrima cae sobre mi mano,
helada, desde nadie,
lo mismo que la llama del aliento que de repente corre por mi cara.
Pero ésas no son pruebas.
Ni siquiera evidencias de que los muertos vuelvan.
¿No son más bien los vínculos que fragua la nostalgia,
así como la oscuridad convoca siempre un campo de amapolas detrás de la pared
y cada luna llena busca por los canales los espejos trizados del amor?
¿Y ahora por qué vienen estas frases arrancadas de cuajo
y todos estos cielos desfondados y rotos?
Yo no te reclamaba emanaciones de las dichas perdidas,
fantasmas que se rehacen a partir de un perfume, a partir de un sollozo,
y que son los fantasmas de mi negación.
Pero desde el costado que se desprende y huye con su bolsa de huesos
hasta el otro, el oculto, el increíble,
el que acaso aletea contra la semejanza en medio de la mayor oscuridad,
yo te pido un milagro, tan leve,
tan fugaz como el humo que un sueño deposita debajo de la almohada.
No, yo no necesito un testimonio de tu exacta, entreabierta existencia,
sino una prueba apenas de la mía.
Ah, Señor, tu silencio me aturde igual que la corneta del cazador perdido entre las nubes.
¿O estará en el castigo, en el Jordán amargo que pasa por mi boca,
tu respuesta,
la voz con que me nombras?


de "CON ESTA BOCA, EN ESTE MUNDO" (1994)



NO HAY PUERTAS


Con arenas ardientes que labran una cifra de fuego sobre el tiempo,
con una ley salvaje de animales que acechan el peligro desde su madriguera,
con el vértigo de mirar hacia arriba,
con tu amor que se enciende de pronto como una lámpara en medio de la noche,
con pequeños fragmentos de un mundo consagrado para la idolatría,
con la dulzura de dormir con toda tu piel cubriendo el costado del miedo,
a la sombra del ocio que abría tiernamente un abanico de praderas celestes,
hiciste día a día la soledad que tengo.
 
Mi soledad está hecha de ti.
Lleva tu nombre en su versión de piedra,
en un silencio tenso donde pueden sonar todas las melodías del infierno;
camina junto a mí con tu paso vacío,
y tiene, como tú, esa mirada de mirar que me voy más lejos cada vez,
hasta un fulgor de ayer que se disuelve en lágrimas, en nunca.
 
La dejaste a mis puertas como quien abandona la heredera de un
                   [reino del que nadie sale y al que jamás se vuelve.
Y creció por sí sola,
alimentándose con esas hierbas que crecen en los bordes del recuerdo
y que en las noches de tormenta producen espejismos misteriosos,
escenas con que las fiebres alimentan sus mejores hogueras.
La he visto así poblar las alamedas con los enmascarados que inmolan el amor
-personajes de un mármol invencible, ciego y absorto como la distancia-,
o desplegar en medio de una sala esa lluvia que cae junto al mar,
lejos, en otra¨ parte,
donde estarás llenando el cuenco de unos años con un agua de olvido.
Algunas veces sopla sobre mí con el viento del sur
un canto huracanado que se quiebra de pronto en un gemido en la garganta rota de la dicha,
o trata de borrar con un trozo de esperanza raída
ese adiós que escribiste con sangre de mis sueños en todos los cristales
para que hiera todo cuanto miro.
 
Mi soledad es todo cuanto tengo de ti.
Aúlla con tu voz en todos los rincones.
Cuando la nombro con tu nombre
crece como una llaga en las tinieblas.
 
Y un atardecer levantó frente a mí
esa copa del cielo que tenía un color de álamos mojados y en la que
                            [hemos bebido el vino de eternidad de cada día,
y la rompió sin saber, para abrirse las venas,
para que tú nacieras como un dios de su espléndido duelo.
Y no pudo morir
y su mirada era la de una loca.
 
Entonces se abrió un muro
y entraste en este cuarto con una habitación que no tiene salidas
y en la que estás sentado, contemplándome, en otra soledad semejante a mi vida.
                                                   


de "LOS JUEGOS PELIGROSOS" (1962)




OLGA OROZCO  (Argentina, 1920-1999)




marzo 16, 2011

TOM BOYS AND LITTLE WOMEN










No nos equivoquemos sobre este punto.
Las niñas marimachas, chinvaronas, tom-boys
-como se diga-
que juegan sólo con muchachos, beisbol de lustradores
trepadoras de rodillas raspadas,
con cicatriz visible y permanente en la ceja izquierda
impresa contra el filo de la piedra
de la poza absoluta de la infancia:
son sensibles, intensas bajo sus overoles,
y despliegan más tarde mamalias adorables
y hacen hombre al hombre porque lo trataron
desde niñas y se lo saben desde dentro,
y ya adultas le amortiguan todo lo que
es demasiado duro, pulido e hiriente
como ebanistería enemiga.

Pero las otras, mujercitas, little-woman, damitas
-como se diga-
que juegan con muñecas y bordan y cocinan de mentira,
son más tarde mezquinas económas que esconden senos
ínfimos, metálicos y devienen
espeluznantes cónyuges, paridoras de futuros
misóginos, como aquel desdichado que menciona
el doctor Robert Burton en Anatomy of Melancholy,
que no salía nunca, y cuando en su alta alcoba
alzaba los visillos, asomándose al tumulto de Londres,
si divisaba apenas una sombrilla o un talle,
rompía a vomitar. 






                                    CARLOS MARTÍNEZ RIVAS (Nicaragua, 1924-1998)





(Fuente: Diario de una poeta mala)

marzo 14, 2011

LA PALABRA MUERTE - J.R. WILCOCK (parte 2)



16.

Tiene un altar sarcófago, féretro de lujo
o casa simple provista por el municipio
o agujero en la tierra en casos extremos
o panza de animal para estilitas
ahogados, alpinistas, domadores.
Es quizá la mas sagrada de todas las palabras.
Por ella toda la vida trabajamos,
para alcanzarla desde lo alto si es posible
y verter los tesoros acumulados
no sobre el altar, sino dentro, nosotros incluidos.

Cada uno le ofrece un inventario diferente,
quien un acueducto, quien una alfombra persa,
quien una vida ejemplar de portero
que cada mañana ha limpiado las escaleras,
quien el descubrimiento de una supernova,
quien una cadena de asaltos,
quien un genocidio, quien la virginidad,
quien sietemil paragolpes cromados,
quien un ensayo sobre la Fuente de Aretusa,
quien cuatro transatlánticos, quien una visión,
no sobre su altar, sino dentro, cuerpo incluido.


17.
 
Vacío, dios, nada, son nombres de cosas,
mensajes claros privados de ruido,
pero si el ruido aumenta y la palabra
se resquebraja, se deshace, se oscurece,
aparece el nombre de lo innombrable,
de aquello que está por fuera del lenguaje,
no vacío como una rarefacción extrema
sino futy gksatyrj rith islej gkbos
no dios como caos ordenado
sino iostpe net ooruti jamosp ner
no nada como ausencia de algo
sino oefryth ki loppru tirp plutje lé
no muerte como ausencia de alguien
sino uero thopa jutfop sertyved.


18.

Quien confundió alguna vez la muerte con el sueño:
el dormido no es un animal,
en el sueño la palabra no desaparece,
la hiena deja a quien duerme, roba el muerto:
en el sueño la palabra no desaparece,
el dormido no es un animal:
quien confundió alguna vez la muerte con el sueño.

 
19.

Piensa en el horror, si tú vivieras, de,
en el balbuceo rabioso de un lenguaje,
ver la nada separarse en horas
y en esas horas reabiertas instalarse
la vieja plebe de las sensaciones
que vueltas palabra y memoria
te invaden como ratas mordedoras,
hacen de gitanos acampados dentro tuyo,
mandan mensajeros por todos los miembros,
montan carpas en tus momentos de descanso,
pelean o se eligen gobiernos,
para proclamar en tu representación
que dentro de no mucho te harás oir,
o mejor desde ahora estás listo para unirte a los otros,
como tú presos del balbuceo rabioso,
como tú arratrados por la danza
que en el ataúd esperabas eludir.


20.

Bajo el signo del orden y el progreso
deben ciudadanos emplearse
muerte para la grandeza de la nación
y siguiendo el ejemplo de los valientes
antepasados que lucharon muerte para darles
un porvenir luminoso muerte,
en los campos y en las fábricas alzando
esta muerte bandera plena de gloria,
estandarte y honor muerte de la estirpe,
ante la cual los pueblos se inclinan
del mundo muerte en señal de respeto,
indefensos arrebatar nuevas conquistas
en el campo del trabajo y del saber
muerte en el pleno respeto de la ley
y de nuestras más queridas instituciones,
en primer lugar muerte la familia
la religión y el ejército muerte,
recorriendo cantando el ya señalado
sendero muerte muerte muerte triunfal
que los conducirá muerte muerte muerte
a la meta añorada muerte muerte
muerte muerte magnífica y progresiva
muerte muerte muerte muerte que les pertenece.

21.

Esta tu lengua quiere decir muerte,
cualquier lengua tiene como deber muerte,
y no hay nada en nosotros que no sea lengua,
por lo que nos es dado coito con la muerte,
o apreciación estética de la muerte,
o física o geométrica de la muerte,
o vida de la familia con la muerte,
comida de muerte, viaje por la muerte,
estar con, de , por, en, sobre, tras la muerte,
hacer tic-tac, zig-zag de muerte a muerte.
Fuego, aire, tierra, agua: muerte,
fuego, aire, tierra: siempre muerte,
fuego, aire: siempre muerte todavía,
fuego: infaltablemente muerte,
nada, silencio, cerco, cuerpo
bajo forma de despojo o de palabra.

"Pero si hablas no estás muerto":
es una manera que tiene la lengua de decir muerte.

"Son los otros los que mueren, no eres tú":
de hecho yo no es, por lo tanto no muere,
mas apenas dices yo le das muerte,
cada yo dicho es un yo asesinado.

Prueba a aproximar el rojo al azul:
también de ellos dos llamea la muerte.


22.


Un amplio vacío curvo
de diámetro infinito,
una esfera cuyo centro
se encuentra en cada punto,
recorrida por moléculas
hechas de átomos vacíos
conteniendo electrones
que no se encuentran
nunca en un lugar determinado.

Eso gira y se menea
en la nada circular
y todo se interpenetra
en milenios instantáneos
resbalando en las líneas
de fuerza imaginarias
sin nunca un choque
ni una acción a distancia.

Hombre, de esta nada
giratoria estás hecho
que no conoce muerte
porque es un despojo vacío
de espacio desocupado
como una vasta mañana
solamente atravesada
por algún pájaro errante.

Pero tú no lo quieres creer,
reúnes tus protones,
neutrones y electrones,
con cuantos de energía
recolectados en los niveles
de todas sus órbitas
y en un supremo esfuerzo
les haces gritar "¡Existo!"
Después girando desapareces.


23.

"Piensa, hombre civil, que eres el último
hombre que queda en la tierra y piensa:
todos los diamantes se han vuelto piedras,
eres el rey de América y de Rusia,
con las libras esterlinas puedes limpiarte el culo
¿pero por qué deberías limpiártelo,
por un escrúpulo hacia los gusanos?
Y como el falo busca a la vulva ausente,
tu lengua va en busca de una oreja,
te pones la máscara de oro de Agamenón
y te miras al espejo pero no te habla,
buscas la Esfinge, pero no te hace preguntas,
lees diarios viejos para reencontrar
la voz inmunda de la raza desaparecida,
avara, hipócrita, asesina, y ladrona,
pero al menos te hablaba, no como ahora,
te mentía, te odiaba, te menospreciaba,
pero te hablaba y a veces te escuchaba,
añoras al juez, al esbirro, al verdugo,
que eran tú mismo reflejado con la máscara,
pero aquellos labios de oro te hablaban,
no como las riquezas de la tierra
que sin las palabras son polvo,
cenizas, jirones, piedras, papeles y metales.
Puedes hacer lo que quieras quien está
solo está muerto".

Pero aquel hombre que era el último
que había quedado sobre la tierra se puso
en la cara la máscara de Agamenón
y se recostó en el sepulcro de Micenas
esperando que Alguno lo viese.


24.

Quien no se hace quemar como un bonzo,
no por eso se salva de las llamas,
cintas de fuego lo envuelven de día,
deberes e injurias rociadas de nafta,
y en sus sueños galopa como un diablo
fustigado por otros diablos que repiten
"dos veces siete liras son seis liras"
"una señora no se rasca el culo"
"quien tiene tres cerdos verdes sube la escalera",
andando con la piel agrietada,
lamido por las liras en combustión,
abatido porque tiene un sólo cerdo verde,
hasta que se le incendian los cabellos
y cae envuelto en las lenguas de fuego
a revolcarse tratando de apagarlas,
para hacer durar aquello que el bonzo hace enseguida.

 
25.

Desapareció con sólo tres meses de edad,
sin conocer lengua ni memoria;
su biografía cubre dos períodos,
el primero se desarrolla en las tinieblas,
fue pez, axolotl, proteo concéntrico,
entre resplandores claros de luz rojiza,
vivió de continuas transfusiones de sangre
en su batiscafo sin ventanilla,
creado de molusco a golem pequeño,
topológicamente su universo
era bastante parecido al nuestro
pero dado vuelta al revés como un guante,
con la parte sólida hacia el exterior
y la parte fluida hacia el interior,
privado de tiempo vivió las secuencias
de la evolución apresuradamente
con indiferencia vegetal,
se cubrió de pelos, desarrolló un cerebro,
siempre a la espera de la inversión,
cuando tuvo ojos los mantuvo cerrados
porque sus intereses eran interiores,
y no teniendo todavía dueños, siervos,
ni ambiciones de carácter verbal,
podía permitirse estar siempre durmiendo,
desnudo, hermafrodita, autosuficiente,
soñando sueños para nosotros indescriptibles
porque eran de argumento demasiado esotérico,
por ejemplo una aceleración imprevista
del latir de la sangre en la madre;
así esta parte de la biografía
permanece en la sombra del no-lenguaje,
se desarrolla en el ámbito de las hipótesis,
ciertamente se sabe que a un cierto punto
conoció el dolor y llorando emergió
del mundo de adentro al mundo de afuera,
la luz lo empujó a abrir los ojos,
el aire lo obligó a respirar,
hasta ahora era un muerto que vivía,
ahora era un viviente y comenzaba a morir;
este período llamado agonía
suele prolongarse por muchos años
pero en su caso fue mucho más breve:
participaron dos pechos,
brazos envolventes, una pantalla,
voces desagradables hasta el final incomprendidas,
baños, almohadones, excrementos, telas,
y un conocimiento creciente
de sí mismo con su germen de historia
que entre rugidos mudos, llamaradas, sombras móviles
y sueños de sombras, de rugidos mudos y llamaradas,
tiene comienzo con la salida del gris
de manchas de colores vagos
recogidas después en un grupo amorfo,
una especie de yo al que se pule
y en tres semanas deviene una esfera
todavía irregular, después perfecta,
que otras impresiones transformarán
gradualmente en un icosaedro
atravesado todavía por imprevistos relámpagos,
estrépitos, acercamientos del techo,
mientras el yo deviene dodecaedro;
aquí se insera parentéticamente
fuera del tiempo y del espacio
un hecho incongruente: aquel yo
deviene el poeta Cyril Tourneur
escribe dos tragedias y retorna
bajo la forma ahora de un cubo,
en grado de saborear otras comidas,
placidez nocturna, hojas de árbol
sobre cielos vidriados de sol,
después se reúne en tetraedro,
su luz no es solamente reflejada,
reconoce a su gorda madre,
pero cada ulterior progreso
arquetípico es detenido
por una insuficiencia cardíaca.

 
26.

Con medias de punto rosadas
con franjas de terciopelo rojo
y crisantemos de lana rosada
sobre los tules del batón
que dejan ver el blanco
desnudo sobre los huesos torneados
subiendo hasta el cuello de vértebras
de donde ha caído el cráneo
wo alle Glut verstab
und alle Glut verstab
vom Monde leichenfarb
a los pies del esqueleto
para rodar en silencio
tauchend in die Aschen
und tauchend in die Aschen
die bleichen Finger ein
envidia su vida,
aquel vivo rodar,
las medias de punto rosadas
las franjas de terciopelo rojo
los crisantemos de lana rosada
en el esqueleto incompleto
mit Suchen Tasten Haschen
und Suchen Tasten Haschen
wird es noch einmal Schein
pero en cambio tú estás muerto,
ni la mandíbula perdida
pronunciaría tu nombre.


27.

Despeñadero  y  garganta sin anfractuosidades,
con sólo el viento que no mueve
nada donde nada se mueve,
sin animales ni vegetales,
sombra en la sombra sideral,
que de pronto inundan luz alegre,
húmedas plantas coloridas,
fauna gentil a los ojos humanos.
La metemorfosis es verbal.
De otra forma las palabras
que hacen de la muerte vida
y de la vida muerte no podrían
hacer de esta luz alegre
y húmedas plantas coloridas
y fauna querida a los ojos humanos
sombra en la sombra sideral,
sin animales ni vegetales,
con sólo el viento que no mueve
nada donde nada se mueve,
despeñadero y garganta sin anfractuosidades.


28.

Los ojos nublados, las extremidades contraídas,
entras en el regazo de la enfermedad,
en el fluído amniótico de la no voluntad,
te recorre la sangre verde del dolor,
pero hasta que no puedes hablar no puedes nacer.

Vuelves a la oscuridad de la no-espera,
dependes solamente de la luna,
te vuelves solitario y sin nombre,
eres casi restituido a la materia,
pero hasta que no hay palabra no hay vida.

Ciego, no escuchas a los ruidos atenuados,
eres una masa de sufrimiento desnuda,
un palpitar te envuelve sin tiempo
entre cortinas negras como para un parto,
pero hasta que no puedes pensar no puedes nacer.


29.

Coma o gruta estrellada de murientes,
galería de escarcha sin sintaxis,
esferoide inmóvil sin gravitación,
navecita espacial sin ruido,
coma o amnios de murientes solitarios
que vuelven angelicales las vidas infames
cuando las vuelven mudas finalmente
proyectando hacia atrás estalactitas
de decoro sobre las últimas palabrasa
tan abyectas como las precedentes,
coma o aureola de los inicuos murientes,
calle geométrica de cristales de hielo,
lago perfectamente navegable,
nube como vasto albergue de lujo
pero deshabitado, servido por invisibles,
estación de lavado de cerebro
sucio de sustantivos e imperativos,
coma o coco final de los murientes
que los vuelve topos, peces, lagartijas,
y con estertores rítmicos  bestias que duermen,
molino sutilísimo del lenguaje,
globo de luz en cuyo centro navega
la indiferencia muda del homo sapiens,
descompresor frío donde se gasifica
con todas las otras la palabra muerte.


30.

Cruza la zanja, salta el cerco,
desata las riendas, afloja la mordida,
emprende la carrera inclinando el cuello
de la yegua de tí mismo,
la vida es correr hacia la muerte,
muerte violenta, muerte de héroe,
muerte accidental, horripilante,
muerte imprevista, muerte inmadura,
muerte de hierro, fuego, horca,
salta la zanja, cruza el cerco,
sostente firme en los estribos,
sabes adónde vas, la fea muerte,
corre a combatir con la muerte,
palidez, hielo, languidez de muerte,
vadea los tres ríos, abre el candado,
brinca veloz, fústate a ti mismo,
vas a la muerte, vienes de la muerte,
provoca, acelera tu muerte,
te expones a muerte, te tiras a muerte,
la muerte del justo, culto de muerte,
en el lecho de la muerte, en el acto de la muerte,
cabalga esbelto entre la vida y la muerte,
después de aquel arco toma a la izquierda,
cansa al caballo, debes llegar,
la buena muerte, listo para la muerte,
muerte gloriosa, muerte aparente,
condena de muerte, sentencia de muerte,
ángel de la muerte, autor de muchas muertes,
con potestad de vida y de muerte,
viola el silencio de la muerte,
muerte voluntaria, reo de muerte,
debes sostener el aspecto de a muerte,
grita: ¡a muerte! ¡a la muerte!
la muerte de la rata, del conde Ugolino,
galopa cuesta abajo, pasa a los otros,
fústate los flancos, no te reserves,
duerme en los brazos de la muerte,
sueño hermano de la pálida muerte,
no está abolida la pena de muerte,
hoz de la muerte, esqueleto de la muerte,
canto a la muerte, anuncios de muerte,
declaración de muerte presunta,
a punto de morir, hermana muerte,
en tu hermoso rostro hermosa parecerá la muerte,
no te detengas, salta el arroyo,
alcanza el monte, estás por llegar,
la sorda, avara, rapaz, enjuta,
cruel, fiera, despiadada muerte,
sufres mil muertes, dolores de muerte,
entre gritos de muertes y alaridos de muerte,
verás la muerte con tus ojos,
olor de muerte, muerte civil,
muerte de un reino, de una institución,
la muerte de la liebre, de los calamaretis,
la muerte de los hongos, triunfo de la muerte,
rápido, es cuestión de vida o muerte.





Traducción de Guillermo Piro
Fuente: Diario de Poesía Nº 66, Buenos Aires, diciembre, 2003.





JUAN RODOLFO WILCOCK (ARGENTINA, 1919-1978).


marzo 10, 2011

LA PALABRA MUERTE - J.R. WILCOCK (parte 1)






1.
 
El creador crea los signos
en la nada que no cambia y firma
con su firma aquella nulidad,

y estos signos que signan la nada
cantan el canto de la propia muerte
y la nada vibra de mortalidad.

Plantas, animales y piedras de ese canto
sólo recogen la nota instantánea
pero el hombre que recuerda recoge el canto.

Es un signo que interpreta los signos,
y frente al enigma de una nota
que toma las otras notas separadas,

llega a la única solución posible,
ínsita en el sistema de señales:
el creador que firma la nada es él.

Así por él un coro de galaxias,
de soles, de planetas y cometas,
de tierras y mares y nubes y naciones

y de átomos infinitos circulantes
en el torbellino de la nada nombrada
canta en canto pomposo del creado.

No se da cuenta que es una sola nota,
la nota muda que emite la entropía
cuando ha alcanzado el cero absoluto.



2.

Había una gran multitud de palabras
y de cada una había muchos ejemplares,
había una cosa inmensa que jugaba,
una cosa más inmensa que muchas tierras,
pero la tierra no estaba, estaba la cosa
y las palabras que ella mezclaba
y entre los millones de millones de millones
de posibles combinaciones distintas
surgió una que por azar era una tierra
mientras la cosa continuaba jugando
y a veces se le escapaba una galaxia,
pero casi siempre las combinaciones
estaban privadas de significado,
pero a veces se le escapaba un animal
u otra tierra con ese animal
y así hizo millones de millones
de tierras, esta con un polo solo,
otra cubierta de volcanes de espuma,
otra con dos cuernos y un león viejo,
pero las palabras eran limitadas
la cosa no podía hacer una tierra
con un tricodo si tricodo no había,
hizo una, toda agujeros, en parábola,
otra a rebanadas con pelos de platino,
otra microscópica o tierrecita,
y entretanto hacía con los vocablos
tantas otras cosas perdidas en el espacio,
de cuando en cuando incluso un universo,
y muchas tierras, una con forma de hoja,
otra cerca de un sol, incandescente y brillante,
una gaseosa con algún zafiro,
una con casi todo pero sin sonidos,
una que se inflaba y se desinflaba,
una que quizás era una errata de sierra,
una espiralada con varillas fluorescentes,
una hecha de términos en desuso,
una encebollada, de pieles concéntricas,
una que era sólo una tortuga,
una con treinta y dos lunas poliédricas,
una como un espejo con tu cara
y una serpiente escondida entre los labios,
una enferma, toda chorreante,
una que a cada minuto se duplicaba,
millones de millones de otras tierras,
hasta que apareció una como la nuestra,
exactamente igual, quizá la misma,
por casualidad la cosa había puesto
todos los vocablos en el orden justo,
pero faltaba la palabra muerte,
y como las otras, se perdió en el espacio.



3.

 

Hombre, mujer, cretino o hermafrodita,
añade muerte y son borrados,
como una frase escrita en una pizarra
es borrada también para evitar
que el universo se llene de pizarras.
Pero podría suceder que la frase escrita
conforme un alma que ha quedado archivada
entre las otras o interpenetrada;
esto es, que la palabra de clausura
haga activar un microfilm del texto
o una microsíntesis de lo mismo,
para ser coservado o volver a usarlo.
Pero con qué finalidad o por qué economía
nadie lo explica razonablemente,
y ya que estamos en el campo de las hipótesis
se puede también suponer que el microfilm
sea previo al texto que es su ampliación,
sin excluir el vocablo final;
o sea: el archivo entero es preexistente,
y cada elemento después de la proyección
es definitivamente destruído.
Así este parecer y desaparecer
sería en realidad el único modo
de despejar el inmenso depósito
de destinos que han quedado entre las provisiones
bloqueadas por una antigua bancarrota,
equivocada operación primordial
que ahora obliga a alguien o a algo
a una periódica limpieza de almas.



 

4.

 

Gemían, lloraban, arrastraban
largas cordadas de mobiliario usado
por desiertos de postes de cemento,
tenían que subir a una colina
y descender en la nada de la otra parte,
el paseo se llamaba vida
y muchos se detenían a recoger
billetes usados de diez mil liras
para agitarlos  entre los postes de cemento
también gimiendo, llorando, arrastrando
largas cordadas de mobiliario usado,
subiendo por la curva colina, y el que caía
del otro lado voluntariamente
o involuntariamente, sorprendía
porque a todos les gustaba arrastrar
largas cordadas de mobiliario usado
subiendo por la colina gimiendo y llorando
y agitando los billetes recogidos
que antes de caerse regalaban,
contentos por el lindo paseo,
lástima que terminase tan pronto,
tener que dejar los postes de cemento
y la cordada de mobiliario usado
pero surgían otros de la nada impacientes
por subir a la colina arrastrando
otras cordadas de mobiliario usado
que se enredaban en los postes de cemento
y de recoger los billetes tirados
por aquellos que ya se habían desplomado,
y que nada decía que no fuesen
los mismos que surgían de este lado.


 

5.

 

Eran nombres, ni siquiera existían
pero alguno jugando los decía,
Luis, Leonardo, Luisa, Laura, Luis,
y en torno al nombre se formaba alegre
el moho microscópico del ser
con voces microscópicas cantando
"Ah ven dulce muerte a consolarme"
"Cuando la primavera nos despierta"
"Ofréceme tu beso hermana del sueño"
"No me da paz amor con sus garras"
"¡Oh vida regocíjate...!" mientras un dedo ignoto
limpiaba aquel terciopelo microscópico
de cada nombre, de pronto recubierto
de un fieltro irrisorio de células sutiles,
sensibles mezclas que entonaban
"oh vida regocíjate en tu Creador"
"Llegó el abril del rostro sereno"
"Yo soy Luis que llora y va cantando"
" Oh dulce muerte hermana del sueño"
"Amor, amor, ¿por qué me muerdes todavía?"
y el dedo pasaba indiferente.



6.


Un estrato de greda blanquecina,
una franja de arena arcillosa
un estrato de polvo volcánico,
un depósito de detritus marinos,
una veta calcárea perforada
por filtraciones de alto tenor salino,
un sinclinal cretáceo rojo
sobre un lecho de morenas del precámbriano,
un considerable manto de lava
que oprimido por la acilla se vuelve exquisito,
un estrato de puros silicatos
sobre una veta de gneis metamórfico,
una colada de granito magmático,
una irrupción de devónico tardío,
otro granito rico en feldespatos,
eras enteras que descansan sobre las últimas
huellas de vida en este planeta.



 

7.
 


Los niños de los muertos
con las pelotas rojas
son la esperanza de los muertos
con los autitos
a lo mejor no están muertos
con muñecas de lana
entre los padres muertos
que lamen helados
y los miran muertos
crecer rápido casi
como crecen los muertos
después de mil palabras
teóricamente se está muerto
este amor por los niños
característico de los muertos
hace hacer aún más niños
que quizá no nacen muertos
pero se deterioran enseguida
y se vuelven otros muertos
intentos de hacer más niños
que son la esperanza de los muertos,
tantas generaciones
y siempre, siempre más muertos,
aseguran esta cadena,
esta expansión de muertos
niños vertiginosos
por los curvos espacios vacíos
sin causa y sin tiempo,
como afirman los muertos,
con vaga satisfacción.


8.

Hombre asqueroso mereces tu
conocimiento verbal del dolor;
no así las hormigas, el puercoespín.
Hombre que hablas mereces tu
conocimiento mnemónico de la muerte;
no así las galllinas, la tortuga.
Hombre mentiroso, vómito de la tierra,
indescriptible porquería pensante,
vergüenza de los primates, lengua de cáncer,
aprende de los cerdos angelicalidad,
aprende de los vampiros pureza,
del chacal aprende majestad,
de los gusanos, de las remolachas aprende
a estar callado, esputo de la naturaleza,
podredumbre inventora del lenguaje
con el que describir tu podredumbre
y chapotear hablando en la podredumbre
que las demás bestias evitan, si no nutre,
pero tú lo tienes todo en el cerebro al acecho
de tí mismo con garras de palabras,
escrofuloso en el verbo, untado de dialectos,
tu culo extremo en la tabla zoológica,
carroña mística en el papel plateado
de tu dinero, animal hipócrita,
hombre asqueroso, mereces tu
conocimiento mnemónico del dolor;
y sobre todo mereces tu
conocimiento verbal de la muerte.


9.

Amor es órbitas llenas de tierra,
una semilla cae y crece y después muere,
pero la calavera no lo sabe, no lo sabe la semilla,
amor es muerte más visiblemente.

A, be, ce, de, e, efe, ge,
quiere decir muerte,
transhumanar significar por el verbo
quiere decir muerte.

Memoria que rehace aquello que ha muerto
es muerte en acto que fabrica muerte,
es previsión que mata al presente
es muerte en acto del pálido viviente.

Sólo la locura se opone a la muerte
pero incluso la locura es vencida por la muerte.


10.


Un alto enrejado geomérico
de alambres más largos que anchos
alternados  como los adoquines de un empedrado
que tienden hacia un punto de fuga
representado por un globo brillante;
o también: un descender de cascadas
envueltas en la niebla sutil
que sube de las gradas inferiores
presumiblemente infinitas;
o también: en un cielo azul-negro
una lluvia de estrellas fugaces
siempre más abundante parabólicamente
hasta dejar vacío el firmamento;
o también : en la cima de una montaña
un desfile de extraños personajes
que sólo con verlos inspiran alegría
y deasparecen después del otro lado;
o también: un sonido fuerte y agudo
que poco a poco invade todo,
árboles, casas, calles y el aire
presos al unísono de una vibración
que luego lentamente se va apagando;
o también: un sistema de catacumbas
o galerías de corte circular
forradas de musgo resbaladizo
con ráfagas de vientos alternantes
frías y calientes, de cualquier modo bien aireadas,
para recorrer pronos y supinos
con la ayuda de motorcitos
a paletas, de fácil empleo;
o también: un lago de morga
cadavérico con restos flotantes
de vísceras, rostros verdes, manos,
entre orillas de basalto que caen a pique
altas casi quince metros,
bajo un sol de verano sin nubes,
donde zambullirse, nadar, hacer la plancha;
o también: un doble arco iris
bajo el cual convergen muchos ríos
que corren a velocidades diversas
entre márgenes progresivamente adustos,
llevando aquí y allá botes de goma
con lugar para una sola persona
hacia la catarata que no se ve
bajo el esplendor del arco iris.
Es preciso un sentido para la palabra muerte.


11.


 

Nosotros hechos de palabras y nada más,
nosotros fabricados casualmente por un lenguaje,
nos preguntamos por qué sólo nosotros
debemos ser muertos por un lenguaje,
mientras las bestias viven, las plantas viven,
y nosotros muere gramaticalmente,
pero también las bestias y vivir son palabras,
ni nos debe asombrar que una palabra
o grupo de palabras sean palabras,
asombra en cambio que yo sea palabra
o grupo de palabras dichas de la nada
al nada, ¿dichas cómo, y cuándo y dónde?
pero cómo, cuándo y dónde son palabras,
asombra en cambio que una bestia o un verme
coman a veces un grupo de palabras
o un fragmento de grupo o un pedazo de yo
siendo palabras bestia o verme,
pero también comer es sólo una palabra
ni debe asombrarnos que entre palabras,
algo suceda a veces con palabras,
asombra en cambio que un yo tenga miedo
de desaparecer cuando es una palabra
pero desaparecer gramaticalmente
raramente le sucede a las palabras,
que yo puede durar hasta el infinito,
mientras hay un yo el yo obviamente está,
como por otra parte dirían los indios.



 

12.

 

Quien no tiene nombre no puede morir,
la bestia ignora su propio nombre y vive,
quien no tiene la palabra no muere.

El que no tiene lengua no se inscribe en el libro
que a algunos metros de la tierra los hombres
escriben, el libro de las defunciones.

La red del lenguaje los sostiene
y colgando en el aire como trapecistas
dan en el aire saltos mortales,

mientras la vida está abajo en el silencio
de los vegetales inmortales y los insectos
que sin tiempo viven para siempre.

La tierra muerte no quiere ni conoce,
por eso la muerte comienza a cierta altura,
en el mar a cinco, en los bosques a treinta metros.



 

13.

 

Imaginemos un grupo de números
tres siete cinco siete cuatro cinco
mezclemos al azar estos números
siete tres cinco cinco cuatro siete
cinco siete tres cuatro cinco siete
siete siete cuatro cinco tres cinco
tres cinco cuatro cinco siete siete
muchas veces muchas veces muchas
agregando alguna fracción,
divertimentos de raíces cuadradas,
estaciones oscuras de logaritmos
para volver siempre al sereno
grupo de números fundamentales
cinco tres siete cinco siete cuatro
tres siete siete cuatro cinco cinco
cuatro tres cinco siete cinco siete
todas las combinaciones están permitidas
no tiene importancia dónde se interrumpe...


14.


Cada palabra nombre de una cosa
es un nombre singular de la muerte
salvo la vida que no es palabra.

La biblioteca de Alejandría ardió
junto a un libro que narraba el incendio
que terminó con la biblioteca de Alejandría.

Cada reloj que fabrica el relojero
es un instrumento para señalar la hora
en que deberá detenerse el reloj.



 

15.

 

Es necesario, dado un cuadriculado
de ocho por ocho encontrar el mínimo
recorrido cerrado que los una a todos;
o bien: con sólo el caballo
cubrir el entero tablero
en sesenta y tres saltos;
o bien: escribir en anagramas
los nombres de los profetas mayores
dentro de un anillo de bronce y plomo;
o bien: examinar de cerca
forma, sustancia, edad y temperatura
de un radio emergente casi estelar.
Es necesario triseccionar el ángulo,
cuadrar el círculo, duplicar el cubo.
Medir el diámetro del cosmos
Unido al ritmo de los ciclos históricos.
Encontrar en el espacio exterior
Restos de vida extraterrestre.
Turbar a las presencias invisibles.
Edificar un sistema filosófico.







Traducción de Guillermo Piro
Fuente: Diario de Poesía N.º 66, Buenos Aires, diciembre, 2003.





JUAN RODOLFO WILCOCK (ARGENTINA, 1919-1978).





marzo 06, 2011

POEMAS DE REINALDO ARENAS







El mundo alucinante (fragmento)


" El verano. Los pájaros derretidos en pleno vuelo, caen, como plomo hirviente, sobre las cabezas de los arriesgados transeúntes, matándolos al momento.
El verano. La isla, como un pez de metal alargado, centellea y lanza destellos y vapores ígneos que fulminan.
El verano. El mar ha comenzado a evaporarse, y una nube azulosa y candente cubre toda la ciudad.
El verano. La gente, dando voces estentóreas, corre hasta la laguna central, zambulléndose entre sus aguas caldeadas y empastándose con fango toda la piel, para que no se le desprenda el cuerpo.
El verano. Las mujeres, en el centro de la calle, empiezan a desnudarse, y echan a correr sobre los adoquines que sueltan chispas y espejean.
El verano. Yo, dentro del morro, brinco de un lado a otro. Me asomo entre la reja y miro al puerto hirviendo. Y me pongo a gritar que me lancen de cabeza al mar.
El verano. La fiebre del calor ha puesto de mala sangre a los carceleros que, molestos por mis gritos, entran a mi celda y me muelen a golpes. Pido a Dios que me conceda una prueba de su existencia mandándome la muerte. Pero dudo que me oiga. De estar Dios aquí se hubiera vuelto loco.
El verano. Las paredes de mi celda van cambiando de color, y de rosado pasan a rojo, y de rojo al rojo vino, y de rojo vino a negro brillante... el suelo empieza también a brillar como un espejo, y del techo se desprenden las primeras chispas. Solo dándole brincos me puedo sostener, pero en cuanto vuelvo a apoyar los pies siento que se me achicharran. Doy brincos. Doy brincos. Doy brincos.
El verano. Al fin el calor derrite los barrotes de mi celda, y salgo de este horno al rojo, dejando parte de mi cuerpo chamuscado entre los bordes de la ventana, donde el aceite derretido aun reverbera.
(…)
Pero las revoluciones no se hacen en las cárceles, si bien es cierto que generalmente allí es donde se engendran. Se necesita tanta acumulación de odio, tantos golpes de cimitarra y redobles de bofetadas, para al fin iniciar este interminable y ascendente proceso de derrumbe.
(…)
Las manos son lo mejor que indica el avance del tiempo.
Las manos, que antes de los veinte años empiezan a envejecer.
Las manos, que no se cansan de investigar ni darse por vencidas.
Las manos, que se alzan triunfantes y luego descienden derrotadas.
Las manos, que tocan las transparencias de la tierra.
Que se posan tímidas y breves.
Que no saben y presienten que no saben.
Que indican el límite del sueño.
Que planean la dimensión del futuro.
Estas manos, que conozco y sin embargo me confunden.
Estas manos, que me dijeron una vez: -tienta y escapa-.
Estas manos, que ya vuelven presurosas a la infancia.
Estas manos, que no se cansan de abofetear a las tinieblas.
Estas manos, que solamente han palpado cosas reales.
Estas manos, que ya casi no puedo dominar.
Estas manos, que la vejez ha vuelto de colores.
Estas manos, que marcan los límites del tiempo.
Que se levantan y de nuevo buscan el sitio.
Que señalan y quedan temblorosas.
Que saben que hay música aun entre sus dedos.
Estas manos, que ayudan ahora a sujetarse.
Estas manos, que se alargan y tocan el encuentro.
Estas manos, que me piden, cansadas, que ya muera. "

 
Antes que anochezca (fragmento)

 
" Oh Luna! Siempre estuviste a mi lado, alumbrándome en los momentos más terribles; desde mi infancia fuiste el misterio que velaste por mi terror, fuiste el consuelo en las noches mas desesperadas, fuiste mi propia madre, bañándome en un calor que ella tal vez nunca supo brindarme; en medio del bosque, en los lugares más tenebrosos, en el mar; allí estabas tu acompañándome; eras mi consuelo, siempre fuiste la que me orientaste en los momentos más difíciles. Mi gran diosa, mi verdadera diosa, que me has protegido de tantas calamidades; hacia ti en medio del mar; hacia ti junto a la costa; hacia ti entre las costas de mi isla desolada. Elevaba la mirada y te miraba; siempre la misma; en tu rostro veía una expresión de dolor, de amargura, de compasión hacia mí; tu hijo. Y ahora, súbitamente, luna, estallas en pedazos delante de mi cama. Ya estoy solo. Es de noche. "

 

The Parade Ends

 
 " Paseos por las calles que revientan,
pues las cañerías ya no dan más
por entre edificios que hay que esquivar,
pues se nos vienen encima,
por entre hoscos rostros que nos escrutan y sentencian,
por entre establecimientos cerrados,
mercados cerrados,
cines cerrados,
parques cerrados,
cafeterías cerradas.
Exhibiendo a veces carteles (justificaciones) ya polvorientos,
CERRADO POR REFORMAS,
CERRADO POR REPARACIÓN.
¿Qué tipo de reparación?
¿Cuándo termina dicha reparación, dicha reforma?
¿Cuándo, por lo menos,
empezará?
Cerrado...cerrado...cerrado...
todo cerrado...
Llego, abro los innumerables candados, subo corriendo la improvisada escalera.
Ahí está, ella, aguardándome.
La descubro, retiro la lona y contemplo sus polvorientas y frías dimensiones.
Le quito el polvo y vuelvo a pasarle la mano.
Con pequeñas palmadas limpio su lomo, su base, sus costados.
Me siento, desesperado, feliz, a su lado, frente a ella,
paso las manos por su teclado, y, rápidamente, todo se pone en marcha.
El ta ta, el tintineo, la música comienza, poco a poco, ya más rápido
ahora, a toda velocidad.
Paredes, árboles, calles,
catedrales, rostros y playas,
celdas, mini celdas,
grandes celdas,
noche estrellada, pies
desnudos, pinares, nubes,
centenares, miles,
un millón de cotorras
taburetes y una enredadera.
Todo acude, todo llega, todos vienen.
Los muros se ensanchan, el techo desaparece y, naturalmente, flotas,
flotas, flotas arrancado, arrastrado,
elevado,
llevado, transportado, eternizado,
salvado, en aras, y,
por esa minúscula y constante cadencia,
por esa música,
por ese ta ta incesante. "


Mi amante el mar (fragmento)

 
" Sólo el afán de un náufrago podría
remontar este infierno que aborrezco.
Crece mi furia y ante mi furia crezco
y solo junto al mar espero el día. "



Sonetos desde el Infierno


Todo lo que pudo ser, aunque haya sido,
jamás ha sido como fue soñado.
El dios de la miseria se ha encargado
de darle a la realidad otro sentido.
Otro sentido, nunca presentido,
cubre hasta el deseo realizado;
de modo que el placer aun disfrutado
jamás podrá igualar al inventado.
Cuando tu sueño se haya realizado
(difícil, muy difícil cometido)
no habrá la sensación de haber triunfado,
más bien queda en el cerebro fatigado
la oscura intuición de haber vivido
bajo perenne estafa sometido.
(La Habana, 1972)



Última luna

 
Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia donde por mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(que hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez más aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
un solo grito.


 
Tú y yo estamos condenados

 
Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
para danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.
Tú y yo siempre prisioneros
de aquella maldición desconocida.
Sin vivr, luchando por la vida.
Sin cabeza, poniéndonos sombrero.
Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.
Caminamos soñando un gran palacio
y el sol su imagen rota nos devuelve
transformada en prisión que nos guarece.

 

Autoepitafio de Reinaldo Arenas

Mal poeta enamorado de la luna,
no tuvo más fortuna que el espanto;
y fue suficiente pues como no era un santo
sabía que la vida es riesgo o abstinencia,
que toda gran ambición es gran demencia
y que el más sordido horror tiene su encanto.
Vivió para vivir que es ver la muerte
como algo cotidiano a la que apostamos
un cuerpo espléndido o toda nuestra suerte.
Supo que lo mejor es aquello que dejamos
-precisamente porque nos marchamos-.
Todo lo cotidiano resulta aborrecible,
sólo hay un lugar para vivir, el imposible.
Conoció la prisión, el ostracismo,
el exilio, las múltiples ofensas
típicas de la vileza humana;
pero siempre lo escoltí cierto estoicismo
que le ayudó a caminar por cuerdas tensas
o a disfrutar del esplendor de la mañana.
Y cuando ya se bamboleaba surgía una ventana
por la cual se lanzaba al infinito.
No quiso ceremonia, discurso, duelo o grito,
ni un túmulo de arena donde reposase el esqueleto
(ni después de muerto quiso vivir quieto).
Ordenó que sus cenizas fueran lanzadas al mar
donde habrán de fluir constantemente.
No ha perdido la costumbre de soñar:
espera que en sus aguas se zambulla algún adolescente.

 


De modo que Cervantes era manco
 
De modo que Cervantes era manco;
sordo, Beethoven; Villon, ladrón;
Góngora de tan loco andaba en zanco.
¿Y Proust? Desde luego, maricón.

Negrero, sí, fue Don Nicolás Tanco,
y Virginia se suprimió de un zambullón,
Lautrémont murió aterido en algún banco.
Ay de mí, también Shakespeare era maricón.

También Leonardo y Federico García,
Whitman, Miguel Ángel y Petronio,
Gide, Genet y Visconti, las fatales.

Ésta es, señores, la breve biografía
(¡vaya, olvidé mencionar a san Antonio!)
de quienes son del arte sólidos puntuales.

Tú y yo estamos condenados

Tú y yo estamos condenados
por la ira de un señor que no da el rostro
a danzar sobre un paraje calcinado
o a escondernos en el culo de algún monstruo.

Tú y yo siempre prisioneros
de aquella maldición desconocida.
Sin vivir, luchando por la vida.
Sin cabeza, poniéndonos sombrero.

Vagabundos sin tiempo y sin espacio,
una noche incesante nos envuelve,
nos enreda los pies, nos entorpece.

Caminamos soñando un gran palacio
y el sol su imagen rota nos devuelve
transformada en prisión que nos guarece

 


Epigrama
              

                    A la columnista; digo, calumnista, de un periódico
                              hispano en el estado de la Florida




Sus escritos, señora Nurka o Nurko,
más que en español están en turco.
¿El tema? Siempre el mismo: nada, nada.
¡Y al pie su horrible foto engalanada!

En eso de decir nada es usted terca
(como en lo de esparcir el venenito),
es la misma terquedad conque la puerca
año tras año nos ofrece algún puerquito.

No se puede precisar cuál es el surco
que calienta su semilla envenenada
o si cobra aquí o al lado de la cerca.

Y en esto francamente me bifurco:
¿Pues cómo puede el señor de la mesada
pagar cual río lo que es sólo una alberca?
 

(Nueva York, octubre de 1984)





Introducción del símbolo de la fe

 
Sé que más allá de la muerte
está la muerte,
sé que más acá de la vida
está la estafa.
Sé que no existe el consuelo
que no existe
la anhelada tierra de mis sueños
ni la desgarrada visión de nuestros héroes.
Pero te seguimos buscando, patria,
en las traiciones del recién llegado
y en las mentiras del primer cronista.
Sé que no existe el refugio del abrazo
y que Dios es un estruendo de hojalata.
Pero
te seguimos buscando, patria,
en las amenazas del nuevo impostor
y en las palmas que revientan buldoceadas.
Sé que no existe la visión
del que siempre perece entre las llamas
que no existe la tierra presentida
Pero
te seguimos buscando, tierra
en el roer incesante de las aguas,
en el reventar de mangos y mameyes,
en el tecleteo de las estaciones
y en la confusión de todos los gritos.
Sé que no existe la zona del descanso
que faltan alimentos para el sueño,
que no hay puertas en medio del espanto.
Pero
te seguimos, buscando, puerta,
en las costas usurpadas de metralla,
en la caligrafía de los delincuentes,
y en el insustancial delirio de una conga.
Sé que hay un torrente de ofensas aún guardadas
y arsenales de armas estratégicas,
que hay palabras malditas, que hay prisiones
y que en ningún sitio está el árbol que no existe.
Pero
te seguimos buscando, árbol,
en las madrugadas de colas para el pan
y en las noches de cola para el sueño.
Te seguimos buscando, sueño,
en las contradicciones de la historia
en los silbidos de las perseguidoras
y en las paredes atestadas de blasfemias.
Sé que no hallaremos tiempo
que no hay tiempo ya para gritar,
que nos falla la memoria,
que olvidamos el poema, que, aturdidos,
acudimos a la última llamada
(el agua, la cola del cigarro).
Pero
te seguimos buscando, tiempo,
en nuestro obligatorio concurrir a mítines,
funerales y triunfos oficiales,
y en las interminables jornadas en el campo.
Te seguimos buscando, palabra,
Por sobre la charla de las cacatúas
y el que vendió su voz por un paseo,
por sobre el cobarde que reconoce el llanto
pero tiene familias…y horas de recreo.
Te seguimos trabajando, poema,
Por sobre la histeria de las multitudes
y tras la consigna de los altavoces,
más allá del ficticio esplendor y las promesas:
Qué es ridículo invocar la dicha
que no existe “la tierra tan deseada”
que no hallarán calma nuestras furias.
Todo eso lo sé.
Pero te seguimos buscando, dicha,
en la memoria de un gran latigazo
y tras el escozor de la última patada.
Te seguimos buscando, calma,
en el infinito gravitar de nuestras furias
en el sitio donde confluyen nuestros huesos
en los mosquitos que comparten nuestros cuerpos
en el acoso por sueños y aceras en el aullido del mar
en el sabor que perdieron los helados
en el olor del galán de noche
en las ideas convertidas en interjecciones ahogadas
en las noches de abstinencia
en la lujuria elemental
en el hambre de ayer que hoy hambrientos condenamos
en la pasada humillación que hoy humillados denunciamos.
en la censura de ayer que hoy amordazados señalamos
en el día que estalla
en los épicos suicidios
en el timo colectivo
en el chantaje internacional
en el pueril aplauso de las multitudes
en el reventar de cuerpos contra el muro
en las mañanas ametralladas
en la perenne infamia
en el impublicable ademán de los adolescentes
en nuestra voracidad impostergable
en el insolente estruendo de la primavera
en la ausencia de Dios
en la soledad perpetua
y en el desesperado rodar hacia la muerte
te seguimos buscando
te seguimos
te seguimos.



REINALDO ARENAS (Cuba, 1943 – 1990)