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enero 12, 2013

POEMAS DE HILDA DOOLITTLE


 Foto: Perdita Schaffner/New Directions


 

Jardín


I

Sos clara,
Oh, rosa tallada en piedra,
dura como el descenso del granizo.

Podría raspar el color
de los pétalos
como tinta volcada sobre una roca.

Si pudiera descifrarte
podría descifrar a un árbol.

Si pudiera hurgarte
podría descifrar a un árbol—
podría descifrarte.


II

Oh, viento, desgarrá el calor,
abrí el calor
hacelo jirones.

Los frutos no caen
en este aire espeso—
los frutos no caen en el calor
que golpea y aplasta
las puntas de las peras
y hace redondas las uvas.

Cortá el calor—
abrite paso a través de él,
y que corra a cada lado
de tu camino.





Leda

Donde el río lento
se encuentra con la marea,
un cisne rojo alza unas alas rojas
y un pico más oscuro,
y debajo del morado, debajo
de su pecho suave
desenrosca su pata de coral.

A través del morado intenso
del calor que agoniza
del sol y de la niebla,
el rayo horizontal de la luz solar
acaricia
al lirio de pecho oscuro
y esparce un oro más rico
en su cresta dorada.

En el ascenso lento
de la marea,
flota hacia el río
y va lentamente a la deriva
entre las cañas
izando las banderas amarillas,
flota
donde río y marea se encuentran.

Ah, beso soberano--
no hay más arrepentimiento
ni recuerdos antiguos
para arruinar el éxtasis;
donde los juncos bajos se espesan,
la azucena amarilla
se despliega y descansa
bajo el aleteo suave
de las alas del cisne rojo
y el temblor tibio
de su pecho.






Leteo

Ni piel ni cuero ni vellón
             te cubrirán,
ni cortina de seda ni refugio 
de cedro hallarás sobre vos,
             Ni el pino
             Ni el abeto.


Ni la vista de la aliaga o del espino
             o del tejo de río,
Ni la fragancia del arbusto en flor,
ni la queja del tordo para despertarte,
             ni la del zorzal,
             ni la del pardillo.


Ni la palabra ni el contacto ni la visión
             del amante anhelarás
en la noche, sino esto:
el rodar de la marea entera que te cubra
             sin preguntas,
             sin besos.



 
Jardín protegido

Ya tuve suficiente.
Respiro con dificultad.

Todos los caminos se terminan, todas las calles,
todos los senderos al final llevan
a la cima de la colina –
después una aminora el paso,
o encuentra la misma pendiente del otro lado,
y se lanza.

Ya tuve suficiente—
claveles, clavelinas, siemprevivas,
hierbas, berros.

Oh, por el latigazo de una rama
en este lugar
no hay olor a resina
ni sabor a corteza, a pasto común,
aromático, astringente—
nada más canteros y canteros de claveles perfumados.

¿Alguna vez vieron bajo techo frutas
que busquen la luz?—
¿las peras envueltas en trapos
protegidas del hielo,
los melones casi maduros,
asfixiados en paja?

¿Y por qué no dejar que las peras se aferren
a la rama vacía?
—Tanta persuasión solamente va a dar
una fruta más amarga—
Déjenlas aferrarse, madurar por sí mismas,
demostrar su valor,
marchitas y mordidas por la escarcha
para que caigan, al final, hermosas
con su abrigo rojizo.

O al melón
Déjenlo desteñir amarillo
bajo la luz invernal,
aunque sea ácido—
es mejor tener gusto a escarcha
escarcha exquisita—
que a pasto seco y paja de embalar.

Por esta belleza,
belleza sin fuerza,
la vida se ahoga.
Yo quiero un viento que rompa
y disperse estos tallos rosados,
que arranque su cabezas fragantes y
las arroje sobre las hojas secas—
que esparza las ramitas por los caminos,
los gajos rotos.
que arrastre las ramas grandes de los pinos
que volaron de un bosque, lejos,
justo encima del huerto de melones,
que rompa las peras y los membrillos,
que deje los árboles por la mitad, destrozados, retorcidos
pero mostrando que la pelea fue valiente.

Oh, que borre este jardín
para olvidar, para encontrar una belleza nueva
en algún lugar atroz
atormentado por el viento.



 
Los misterios quedan

Los misterios quedan,
yo sigo el mismo
ciclo del tiempo de la siembra
y del sol y la lluvia;
como Démeter en la hierba,
multiplico,
renuevo y bendigo
como Baco en la viña,
sustento la ley,
abrazo los misterios verdaderos,
el primero de ellos
nombrar a los muertos, a los vivos;
soy el pan y el vino.
abrazo la ley,
Sustento los misterios verdaderos,
yo soy la viña,
y las ramas, vos
y vos.










Garden


I

You are clear
O rose, cut in rock,
hard as the descent of hail.

I could scrape the colour
from the petals
like spilt dye from a rock.

If I could break you
I could break a tree.

If I could stir
I could break a tree—
I could break you.



II

O wind, rend open the heat,
cut apart the heat,
rend it to tatters.

Fruit cannot drop
through this thick air--
fruit cannot fall into heat
that presses up and blunts
the points of pears
and rounds the grapes.

Cut the heat--
plough through it,
turning it on either side
of your path.


Leda

Where the slow river
meets the tide,
a red swan lifts red wings
and darker beak,
and underneath the purple down
of his soft breast
uncurls his coral feet.

Through the deep purple
of the dying heat
of sun and mist,
the level ray of sun-beam
has caressed
the lily with dark breast,
and flecked with richer gold
its golden crest.

Where the slow lifting
of the tide,
floats into the river
and slowly drifts
among the reeds,
and lifts the yellow flags,
he floats
where tide and river meet.

Ah kingly kiss --
no more regret
nor old deep memories
to mar the bliss;
where the low sedge is thick,
the gold day-lily
outspreads and rests
beneath soft fluttering
of red swan wings
and the warm quivering
of the red swan's breast.

from Hymen (1921)


Lethe

Nor skin nor hide nor fleece
        Shall cover you,
Nor curtain of crimson nor fine
Shelter of cedar-wood be over you,
        Nor the fir-tree
        Nor the pine.

Nor sight of whin nor gorse
        Nor river-yew,
Nor fragrance of flowering bush,
Nor wailing of reed-bird to waken you,
        Nor of linnet,
        Nor of thrush.

Nor word nor touch nor sight
        Of lover, you
Shall long through the night but for this:
The roll of the full tide to cover you
        Without question,
        Without kiss.


 
Sheltered Garden

I have had enough.
I gasp for breath.

Every way ends, every road,
every foot-path leads at last
to the hill-crest --
then you retrace your steps,
or find the same slope on the other side,
precipitate.

I have had enough --
border-pinks, clove-pinks, wax-lilies,
herbs, sweet-cress.

O for some sharp swish of a branch --
there is no scent of resin
in this place,
no taste of bark, of coarse weeds,
aromatic, astringent --
only border on border of scented pinks.

Have you seen fruit under cover
that wanted light --
pears wadded in cloth,
protected from the frost,
melons, almost ripe,
smothered in straw?

Why not let the pears cling
to the empty branch?
All your coaxing will only make
a bitter fruit --
let them cling, ripen of themselves,
test their own worth,
nipped, shrivelled by the frost,
to fall at last but fair
with a russet coat.

Or the melon --
let it bleach yellow
in the winter light,
even tart to the taste --
it is better to taste of frost --
the exquisite frost --
than of wadding and of dead grass.

For this beauty,
beauty without strength,
chokes out life.
I want wind to break,
scatter these pink-stalks,
snap off their spiced heads,
fling them about with dead leaves --
spread the paths with twigs,
limbs broken off,
trail great pine branches,
hurled from some far wood
right across the melon-patch,
break pear and quince --
leave half-trees, torn, twisted
but showing the fight was valiant.

O to blot out this garden
to forget, to find a new beauty
in some terrible
wind-tortured place.

from Sea Garden (1916)




The Mysteries Remain

The mysteries remain,
I keep the same
cycle of seed-time
and of sun and rain;
Demeter in the grass,
I multiply,
renew and bless
Bacchus in the vine;
I hold the law,
I keep the mysteries true,
the first of these
to name the living, dead;
I am the wine and bread.
I keep the law,
I hold the mysteries true,
I am the vine,
the branches, you
and you.





HILDA DOOLITTLE (EE.UU., 1886-1961)

Versiones en castellano de Sandra Toro

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