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enero 15, 2011

POEMAS DE ANNA AJMÁTOVA





SEGUNDA DEDICATORIA
O.A.G.S. (8)
¿Eres tú, Psique-Confusión (9)
      quien, moviendo el abanico negro y blanco,
            te inclinas hacia mí?
¿Quieres decirme en secreto
      que ya has cruzado el Leteo (10)
            y respiras otra primavera?
No me dictes, yo misma oigo:
      El chaparrón se aferra al tejado,
            oigo murmullos en el felpudo.
Alguien pequeño se dispuso a vivir,
      Se hizo verde y mullido, e intentará
            brillar mañana en su nuevo impermeable.
Duermo:
            ella sola está sobre mí
      allí, lo que la gente llama primavera
            y yo llamo soledad.
Duermo.
            Veo en sueños nuestra juventud
ese cáliz que pasó por él.
            Te lo devolveré,
si quieres, como recuerdo,
      como llama pura en la arcilla
            o copo de nieve en una tumba abierta.



(8) O.A.G.-S. Olga Afanasevna Glebova-Sudeikina. Según Zhirmunski (1976513) esta dedicatoria fue escrita el día en que Ajmátova conoció la muerte de Sudeikina ocurrida en París el 20 de enero de 1945. Sudeikina, mujer del diseñador Serguei Sudeikin, era cantante, bailarina y actriz. Fue la gran amiga de Ajmátova y aparece en el Poema sin héroe como una de sus dobles, identificada por los personajes que interpretó Psique-Confusión, Colombina, Ninfa con pies de cabra, Paloma, Muñeca de Petersburgo.
(9) Psique-Confusión. (Nota de Ajmátova) "Confusión" La heroína de la obra teatral del mismo nombre de Yuri Beliaev
(10) Leteo: Río mitológico de los infiernos, en cuyas aguas bebían las almas de los muertos para olvidar su vida pasada.


CAPÍTULO TERCERO
Y bajo el arco de la calle de las Galeras…(93)
A. Ajmátova

En Petersburgo nos encontraremos de nuevo (94)
O. Mandelstam

Era el último año...(95)
M. Lozinski
      

     Petersburgo 1913. Digresión lírica. El último recuerdo de Zárskoe Seló (96)
El viento, recordando o profetizando, murmura.
Las hogueras calentaban las Navidades
   Y caían de los puentes las calesas (97)
      y toda la ciudad en duelo flotaba
hacia un destino desconocido
   por el Neva o a contracorriente,
      sólo para huir de sus tumbas.
En la calle de las Galeras ennegreció el arco,
   en el Jardín de Verano cantaban sutiles las veletas,
      y la plateada luna creciente
         iluminaba la Edad de Plata. (98)
Porque por todos los caminos,
   porque por todos los umbrales,
      avanzaba lentamente una sombra.
El viento arrancaba los carteles (99),
   bailaba el humo la Prisiadka (100) en los tejados
      y las lilas olían a cementerio.
Maldita por la zarina Avdotia (101),
   dostoievskiana y endemoniada (102),
      la ciudad se sumergía en su bruma.
y de nuevo de la oscuridad emergía
   un viejo y ocioso Petersburgo.
      Como en una ejecución redoblaba un tambor
y siempre en el siniestro y lúbrico
   bochorno glacial de la preguerra
      acechaba un rumor incomprensible
y entonces se oía en sordina,
   apenas llegaba al oído,
      y se hundía en el Neva helado
como en el espejo de una noche espantosa,
   se enfurece y no quiere
      reconocerse la persona.
Pero por el muelle legendario
   se acercaba el siglo XX,
      no el del calendario, sino el auténtico.
      Y ahora, a casa, rápido,
      por la Galería Cameron (103)
      en el jardín helado y misterioso
      donde callan las cascadas
      donde las nueve me acogerán,
      como tú antes, con alegría.
      Allí, detrás de la isla y del jardín,
      ¿acaso no cruzamos con la mirada
      nuestros claros ojos de antaño?
      ¿Acaso no me dirás de nuevo
         la palabra
            que venció
               a la muerte
                  y que es la clave del enigma de mi vida?


(93) Epígrafe 1. De los “Versos sobre Petersburgo”, escritos por Ajmátova en 1913 e incluidos en El rosario. El arco de la Calle de las Galeras situado entre los edificios del Senado y del Sínodo, era un lugar de encuentros muy popular en Petersburgo a comienzos de siglo.
(94) Epígrafe 2. Verso de Mandelstam de su poema sobre Petersburgo, escrito en 1916 e incluido en Tristia.
(95) Epígrafe 3. Primer verso de un poema de Mijail Lozinski (1886-1955), de su poemario Los manantiales (1916). El año al que hace referencia es 1913.
(96) el último recuerdo de Zárskoe Seló. Título de un poema de Pushkin, escrito en 1829.
(97) Y caían de los puentes las calesas. Variación estilística del final del cuento de Gógol La Avenida Nevski. Cfr. Lijachov, D:   "Akhmatova i Gógol" ("Ajmátova y Gógol"), Literatura-Real'nost'- literatura Leningrado, Nauka, 1984, págs. 342-347.
(98) la Edad de Plata. La Edad de Plata de la poesía rusa ( 1890-1910). Se considera Edad de Oro de la poesía rusa a la época de Pushkin. Estos dos versos de Ajmátova contribuyeron precisamente a crear el mito de la Edad de Plata rusa. Cfr. B. Gasparov: "The Golden Age and its role in the cultural mythology of russian modernism", Cultural mythologies of russian modernism, Berkeley, University of California Press, 1992, págs. 9-15.
(99) El viento arrancaba los carteles. Reminiscencia de Los Doce (1918), el poema de Alexander Blok sobre la Revolución Rusa.
(100) Prisiadka. Danza popular rusa caracterizada por tener un ritmo muy rápido.
(101) la Zarina Avdotia. Nombre popular de Evdokia. Se trata de Eudoxia Lopujina, primera mujer del zar Pedro I,   que se opuso a sus reformas y a la fundación de Petersburgo Fue repudiada y enclaustrada en el convento de Suzdal, donde murió.
(102) Dostoievskiana. Ajmátova consideraba Petersburgo como la ciudad de Dostoievski. Esta idea ya la había expuesto en sus Elegías del Norte, escritas entre 1940 y 1945.
(103) Galería Cameron. Galería añadida al Palacio de Catalina la Grande en Zárskoe Seló en 1783-86 por el arquitecto escocés Charles Cameron.



(Traducción y notas de Jesús García Gabaldón. “Poemas sin héroe”, 1994)
                                      

                  1

Te llevaron al alba,
y fui detrás de ti como en un entierro.
En el ático oscuro lloraban los niños,
y ante la imagen sagrada se derretía la vela.

En tus labios estaba el frío del ícono
y un sudor mortal en tus cejas. ¡No lo olvidaré!
Como las viudas de los Streltsy  
aullaré bajo las torres del Kremlin.



                  5


Diecisiete meses hace que grito.
Te llamo a casa,
me arrojé a los pies del verdugo,
hijo mío, horror mío.
Todo se ha enturbiado para siempre
y no puedo distinguir
ahora quién es el animal, quién la persona,
cuánto tiempo queda para la ejecución.
Y sólo hay flores cubiertas de polvo
y el tintineo del incienso, y huellas
desde algún lugar a ninguna parte.
y me mira fijamente a los ojos
y me amenaza con una muerte cercana
una inmensa estrella .
  

                 8


A LA MUERTE


Si has de venir ¿por qué no ahora?
Te espero. Me siento muy mal.
He apagado la luz y te he abierto la puerta
a ti, tan sencilla y asombrosa.
Toma para esto cualquier forma,
irrumpe como granada arrojada,
o furtivamente, con una pesa, como un bandido experto.
O envenéname con el tufo del tifus.
O con un cuento inventado por ti,
conocido por todos hasta la náusea,
Para que yo vea la punta del gorro azul 
y al portero, pálido de terror.
Todo me da igual ahora. Humea el Yenisei 
y resplandece la estrella polar,
y el último horror vela
el brillo añil de los ojos amados.



EPÍLOGO
               
                 
                     1

Ahora sé cómo se desvanecen los rostros,
cómo bajo los párpados anida el terror,
cómo el dolor traza en las mejillas
rudas páginas cuneiformes,
cómo unos rizos cenicientos y negros
se tornan plateados de repente,
la sonrisa se marchita en los labios dóciles
y en una risa seca tiembla el pavor.
y no sólo por mí rezo,
sino por quienes permanecieron allí conmigo,
en el frío feroz y en el infierno de Julio,
bajo el muro rojo y ciego
                
                     2

De nuevo se acercó la hora del recuerdo.
Os veo, os oigo, os siento.

A aquella a la que a duras penas empujaron hacia la ventana,
a quien sus pies no pisan su tierra natal,

a la que agitando su bella cabeza
dijo "Vengo aquí, como si fuera a casa".

Quisiera llamar a todas por su nombre,
pero confiscaron la lista y no se puede encontrar.

Para ellas he tejido un vasto sudario
con las pobres palabras que les oí.

De ellas me acuerdo siempre, en todas partes
no las olvidaré en una nueva desgracia

y si amordazaran mi atormentada garganta,
por la que gritan cien millones de voces,

que ellas también rueguen por mí
en la víspera del aniversario de mi muerte

y si alguna vez en este país
deciden erigirme un monumento

doy mi acuerdo a ese honor
sólo a condición de que no lo erijan

junto al mar, donde nací.

Se rompieron mis últimos lazos con él.

Ni en el parque de los Zares, junto al secreto tronco,
donde una desconsolada sombra me busca

sino aquí, donde permanecí de pie trescientas horas
y donde no me abrieron los cerrojos.

Porque en la plácida muerte
temo olvidar el fragor de los negros furgones,

olvidar cómo chirriaba la odiada puerta
y a la vieja que aullaba como una bestia herida.

Ojalá que de mis pesados párpados de bronce
fluyan las lágrimas como derretida nieve

y que la paloma de la prisión arrulle a lo lejos
y que silenciosamente naveguen los barcos por el Neva.



(Traducción de Jesús García Gabaldón. “Réquiem”, 1994)


No sé si estás vivo o muerto,
te podría buscar en la tierra
o penar claramente por un difunto
en el pensamiento nocturno.

Para vos todo: la oración del día,
y el calor abatido del insomnio,
y la bandada blanca de mis versos,
y el incendio azul de mis ojos.

Para mí nadie fue tan misterioso,
nadie me atormentó así,
ni el que me traicionó hasta la tortura,
ni el que acarició y se olvidó de mi.

1915

                       *

El poeta no es una persona
es tan solo un espíritu –
ciego como Homero,
o sordo como Beethoven, -
todo lo ve, oye, posee todo ...

1962

                *
¿Para qué envenenaron el agua
y con la suciedad mezclaron mi pan?
¿Para qué transforman
la última libertad en guarida?
¿Es porque no me burlé
de la desgracia amarga
de los amigos?
¿Porque le soy fiel
a mi triste patria?
Que así sea.
Sin verdugo y sin cadalso
no existiría el poeta sobre la tierra.
Para nosotros, camisas de penitencia,
ir y aullar con una vela.


1935

(Versiones de Natalia Litvinova



Como tú sufro
la negra separación permanente.
¿Por qué lloras? Mejor dame la mano
y prométeme volver en un sueño.
Tú y yo somos un monte de dolor.
En esta tierra tú y yo jamás nos encontraremos.
Si pudieras tan sólo enviarme a medianoche
por medio de las estrellas tu recuerdo. 
   

(de  ‘Post-War Russian Poetry’, recopilada por Daniel Weissbort)




ANNA Andréyevna AJMÁTOVA (Анна Андреевна Ахматова
(Rusia, 1889-1966)




2 comentarios:

  1. Interesante, muchas gracias.
    Me gustaría saber si hay más versos de Ajmátova traducidos en español.

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  2. Busco versos de Ajmatova traducidos en espanol. Soy rusa y puedo decir que varias traducciones son buenas, por lo menos se siente el espiritu de Anna y de la epoca. Traducir la poesia es una cosa dificil, pero asi se puede entender a otros. Con frecuencia nos toman no asi como somos. Gracias por traduccion, Akhmatova fue muy rusa.

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