marzo 27, 2015

POEMAS DE TOMAS TRANSTRÖMER

Foto: Lutfi Ozkok / Bonniers förlagsarkiv.



ALLEGRO

Toco a Haydn después de un día negro
y siento un sencillo calor en las manos.

Las teclas están listas. Los macillos golpean suavemente.
Su resonancia es verde, animada y tranquila.

El sonido dice que la libertad existe
y que alguien no le paga impuestos al César

Meto las manos en los bolsillos como Haydn
e imito a aquel que observa tranquilamente el mundo.

Izo la bandera de Haydn — lo cual quiere decir:
“No nos rendimos. Pero anhelamos la paz.”

La música es una casa de vidrio en la ladera
donde las piedras vuelan, donde ruedan.

Y las piedras ruedan directo hacia la casa
y no obstante los vidrios permanecen intactos.


EL CIELO INACABADO

El abatimiento detiene su curso
La angustia detiene su curso

El buitre frena su vuelo.

Fogosa, la luz fluye,
incluso los fantasmas le dan un trago.

Y nuestros cuadros en el día,
nuestras bestias rojas de los talleres de la era glacial.

Todo comienza a ver alrededor.
Caminamos por cientos bajo el sol.

Cada hombre es una puerta entreabierta
que da a una sala para todos.

El suelo interminable bajo nuestros pies.

El agua brilla entre los árboles.

El lago es una ventana a la tierra.


BAJO PRESIÓN

El estrépito de los motores del cielo azul es ensordecedor.
Vivimos estremecidos en este lugar de trabajo
donde las profundidades del océano de pronto pueden aparecer—
conchas y teléfonos zumbando.

No se puede admirar la belleza más que al sesgo, de prisa.
El grano denso en el campo, multitud de colores en un arroyo amarillo.
Las inquietas sombras en mi cabeza se arrojan ahí.
Quieren meterse en el grano y transformarse en oro.

Llega la oscuridad. A medianoche me voy a la cama.
El barco más pequeño sale del barco más grande
Estás solo en el agua.
El casco oscuro de la sociedad se desplaza cada vez más lejos.


ESPACIOS ABIERTOS Y CERRADOS

Un hombre siente el mundo con su profesión como un guante.
A mediodía descansa un momento y deja los guantes a un lado en el estante.
Allí de pronto crecen, se extienden
y oscurecen toda la casa por dentro.

La casa a oscuras está cercada por los vientos primaverales.
“Amnistía”, el rumor recorre la hierba: “amnistía”.
Un niño corre con un hilo invisible que asciende inclinándose al cielo
donde su absurdo sueño acerca del futuro vuela como un papalote más grande que los suburbios.
Más al norte se puede ver desde lo alto la infinita alfombra azul del bosque de pinos
donde la sombra de las nubes
está quieta.
No, vuela.



De Para los vivos y los muertos


SEIS INVIERNOS

1
En el hotel negro duerme un niño.
Y afuera: la noche de invierno
donde ruedan los dados de ojos desorbitados.

2
Una elite de muertos petrificados
en el cementerio de Santa Catarina
donde el viento tirita en su armadura de Svalbard.*

3
Un invierno durante la guerra en que yacía enfermo
un carámbano enorme se formó frente a la ventana.
Harpón y vecino, recuerdo inexplicado.

4
Hielo colgando del borde del techo.
Carámbanos: el gótico invertido.
Bestiario abstracto, tetas de vidrio.

5
Un vagón vacío en una vía accesoria.
Inmóvil. Heráldico.
Viajes entre las garras

6
Esta noche bruma de nieve, claro de luna. La medusa lunar
flotando ante nosotros. Nuestras sonrisas
en el camino de regreso. Sendero encantado.



*Archipiélgo del océano Ártico descubierto en el siglo XII por los vikingos.



EL RUISEÑOR DE BADELUNDA*

Medianoche verde en la frontera norte de los ruiseñores. Pesadas hojas penden en trance, los autos sordos corren hacia la línea de neón. La voz del ruiseñor se alza sin ladearse, es tan penetrante como el canto del gallo, aunque bella y jamás vanidosa. Estaba prisionero y vino a visitarme. Estaba enfermo y vino a visitarme. No me di cuenta entonces, ahora sí. El tiempo fluye del sol y de la luna y penetra todos los tictacs de los relojes agradecidos. Pero aquí ya no hay tiempo. Sólo la voz del ruiseñor, las crudas notas resonantes que afilan la guadaña luminosa del cielo nocturno.


*Badelunda es una necrópolis de la edad de bronce al noreste de Västerås, en el centro de
Suecia.



BERCEUSE

Soy una momia que duerme en el ataúd azul marino de los bosques, en un rumor constante de motores, de asfalto y caucho.

Lo que pasó en el día se hunde, las lecciones pesan más que la vida.

La carretilla se acercó rodando sobre su única rueda, y yo llegué con mi ánimo dando vueltas aunque los pensamientos han cesado de girar y a la carretilla le han crecido alas.

Mucho tiempo después de que el cielo haya oscurecido, vendrá un avión. Los pasajeros verán bajo ellos destellar las ciudades como el oro de los Godos.


CRIPTAS ROMÁNICAS

En la penumbra de la vasta iglesia románica se apretujaban los turistas.
Una cripta daba a otra cripta, una vista incompleta.
Las llamas de unos cuantos cirios oscilaban.
Un ángel sin rostro me abrazó
y me susurró en todo el cuerpo:
“No te avergüences de ser hombre, ¡enorgullécete!
Dentro de ti una cripta da a otra cripta, sin fin.
Nunca estarás completo y así debe ser.”
Cegado por las lágrimas
fui empujado hasta la piazza que bullía de luz
junto con Mr. y Mrs. Jones, el señor Tanaka y la Signora Sabatini
y dentro de cada uno de ellos una cripta daba a otra cripta, sin fin.


EPIGRAMA

Los edificios de la capital, los alvéolos de las abejas africanas, miel para la flor y nata.
Él servía ahí. Pero en un túnel oscuro desplegaba sus alas y volaba cuando nadie lo veía. Tenía de nuevo que vivir su vida.


RETRATO DE MUJER, SIGLO XIX

La voz se asfixia bajo la ropa. Sus ojos
siguen al gladiador. Luego ella
está en la arena, también. ¿Es libre? Un marco dorado encierra el cuadro.


TEMAS MEDIEVALES

Bajo nuestros gestos encantadores, acecha
inevitablemente el cráneo, la cara del jugador de póker. Mientras
sin prisa el sol rueda en el cielo.
            La partida de ajedrez continúa.

En la espesura un chasquido como las tijeras del peluquero.
Sin prisa el sol rueda en el cielo.
La partida de ajedrez se detiene, tablas.
            En el silencio del arcoíris.


AIR MAIL

En busca de un buzón
llevaba la carta por la ciudad.
La mariposa extraviada revoloteaba
en el inmenso bosque de piedra y hormigón.

La alfombra voladora del timbre postal
las letras titubeantes de la dirección
más mi propia verdad sellada
planean ahora por encima del océano.

La deslizante plata del Atlántico.
Las barreras de nubes. La barca de pescar
como un hueso de aceituna que uno escupe.
Y la pálida cicatriz de la estela.

El trabajo avanza lentamente aquí abajo.
Echo ojeadas frecuentes al reloj.
En el silencio ávido
las sombras de los árboles son números oscuros.

La verdad yace en el suelo
pero nadie se atreve a levantarla.
La verdad está en la calle.
Y nadie la hace suya.


MADRIGAL

Heredé un bosque sombrío donde raramente voy. Pero el día llegará en que los muertos y los vivos cambien de lugar. Estonces el bosque se pondrá en marcha. No carecemos de esperanza. Los crímenes más graves quedan sin resolverse pese a los esfuerzos de todas las policías. En el mismo sentido existe también en algún sitio de nuestras vidas un gran amor sin resolverse. Heredé un bosque sombrío, pero ahora camino por otro bosque, luminoso. ¡Todo lo que vive, canta, se mueve, trepa y se agita! Es primavera y el aire es embriagador. Me gradué en la universidad del olvido y tengo las manos tan vacías como la camisa en el tendedero.


LUCIÓN

El lución, ese lagarto sin patas, se desliza a lo largo de la escalinata
majestuoso y lento como una anaconda, aunque distinto en tamaño.
El cielo está cubierto de nubes que el sol atraviesa. Así es el día.

Esta mañana, la mujer que amo ahuyentó a los espíritus malignos.
Como en el sur, cuando uno abre la puerta de un cobertizo oscuro, y entra la luz
y las cucarachas huyen por los rincones hacia lo alto de los muros
y desaparecen —uno las ve sin verlas,
así su desnudez ahuyentó a los demonios.

Como si nunca hubieran estado ahí.
Pero van a regresar.
Para, con sus mil manos, trastornar la vetusta central telefónica de nuestros nervios.

Es el 5 de julio. Los altramuces se estiran como si quisieran ver el mar.
Estamos en la iglesia de guardar silencio con un fervor sin dogmas.
Como si los rostros implacables de los patriarcas ya no existieran,
ni la falta de ortografía en la piedra con el nombre de Dios.

En la televisión vi a un predicador dogmático que recababa un montón de dinero.
Pero ahora estaba cansado y tenía que apoyarse en un guardaespaldas,
un joven bien trajeado, con una sonrisa tan tensa como un bozal.
Una sonrisa que ahogaba un grito.
El grito del niño al que dejaron solo en la cama de un hospital cuando sus padres se han ido.

Lo divino roza al ser humano y enciende una llama
pero luego se retira.
¿Por qué?
La llama atrae las sombras, que se arrojan en ella chirriando y se unen a la llama
que se alza y ennegrece Y el humo se expande sofocante y negro.
Al final sólo el humo negro, al final sólo el verdugo devoto.

El verdugo devoto se inclina
hacia la plaza del mercado y el gentío que forma un espejo granuloso en donde él mismo se contempla.
El mayor fanático es el mayor escéptico. Sin saberlo.
Es un pacto entre dos
donde uno es cien por ciento visible y el otro invisible.
Cómo detesto la expresión “cien por ciento”.

Aquellos que no pueden existir en otra parte que en su apariencia,
los que jamás se han distraído
aquellos que jamás abren la puerta equivocada para echar un vistazo al No-Identificado.
¡Ignóralos!

Es el 5 de julio. El cielo está cubierto de nubes que el sol atraviesa.
El lución se desliza a lo largo de la escalinata majestuoso y lento como una anaconda.
El lución, como si no existiera la burocracia.
La serpiente de vidrio, como si no hubiera idolatría.
Los altramuces, como si no hubiera el “cien por ciento”.

Conozco la profundidad donde uno es a la vez prisionero y monarca
como Perséfone.
Con frecuencia me he tendido en la hierba tenaz allá abajo
y he visto el arco de la tierra por encima de mí.
La bóveda terrestre.
Con frecuencia, la mitad de mi vida.

Pero hoy mi mirada me abandonó.
Mi ceguera se largó.
El murciélago negro abandonó mi cara y da tijeretazos alrededor en el espacio radiante del verano.



De La góndola fúnebre



ABRIL Y SILENCIO

La primavera desolada.
Una zanja de terciopelo negro
repta a mi lado
sin reflejarse.

Las únicas que brillan
son estas flores gualdas.
Mi sombra me lleva
como un violín
en su estuche negro.

Todo lo que quería decir
reluce inaccesible
como la plata
en casa del usurero.


INSEGURIDAD NACIONAL

La jefe de oficina se inclina y dibuja una X
y sus aretes oscilan como espadas de Damocles.

Como una mariposa moteada en el suelo no se ve,
el demonio se confunde con el periódico abierto.

Un casco que nadie usa ha tomado el poder.
La tortuga madre huye volando bajo el agua.


EN JULIO DE 1990

Estaba en un entierro
y sentía que el muerto
leía mis pensamientos
mejor que yo mismo.

El órgano en silencio, los pájaros cantaron.
Allí está la tumba bajo el sol.
La voz de mi amigo pertenecía
al reverso de los minutos.

Volví a casa confortado
por la claridad de este día de verano
la lluvia y el silencio
confortado por la luna.


EL CUCO


Un cuco cantaba en el abedul, justo al norte de la casa. Tan fuerte que al principio creí que era un cantante de ópera que imitaba a un cuclillo. Después lo vi, asombrado. Las plumas de su cola subían y bajaban con cada nota, como la manija de una bomba. El pájaro saltaba sobre sus dos patas, dando vueltas y gritaba en todas direcciones. Luego se elevó canturreando y voló encima de la casa, hacia el oeste… El verano envejeció y todo se confunde en un murmullo melancólico. El cuculus canorus regresará a los trópicos. En Suecia su época ha pasado. ¡No duró mucho!. En realidad, el cuco es ciudadano de Zaire…. Ya no me hace muy feliz viajar. Pero los viajes vienen a visitarme. Ahora, que cada vez me hacen más a un lado, que aumentan mis círculos anuales, que necesito lentes para leer. Suceden siempre más cosas de las que podemos soportar. No hay nada de qué asombrarse. Estos pensamientos me llevan con la misma fidelidad con la que Susi y Chuma llevaban el cuerpo embalsamado de Livingstone a través de África.



TRES ESTROFAS

I
El caballero y su dama
de piedra pero felices
en la tapa del sarcófago
en fuga fuera del tiempo.

II
Jesús alza una medalla
con el perfil de Tiberio
unos rasgos sin amor
poder en circulación

III
Una espada reluciente
aniquila los recuerdos.
En el suelo se herrumbran
trompetas y el tahalí.


ENTRA LA LUZ

Las largas bestias de la primavera frente a la ventana
y el dragón transparente de los rayos del sol
pasa como un tren suburbano
sin fin —al cual nunca le vimos la cabeza.

Altivas como cangrejos, la villas de la playa
se desplazan de lado.
El sol hace parpadear las estatuas.

El mar de fuego embravecido
se transforma en caricia.
Ha empezado la cuenta regresiva.


VIAJE NOCTURNO

Tumulto bajo nuestros pies. Los trenes.
Tiembla el Hotel Astoria.
Un vaso de agua a la orilla de la cama
brilla en los túneles.

Soñó que estaba preso en Svalbard.
El planeta giró rugiendo.
Unos ojos refulgentes avanzaron sobre el hielo.
La belleza de los milagros existía.


HAIKÚS

I

Líneas de alta tensión
se estiran en el reino del frío
al norte de toda música.

*
Solo rumbo a los montes
azules de la muerte
se encamina el sol blanco.

*
Tendremos que vivir
con la yerba aplacada
y la risa de los sótanos.

*
Hoy el sol está bajo
Nuestras sombras son gigantes.
Pronto todo estará en sombras.

II

Orquídeas púrpuras
Petroleros deslizándose lejos.
Es luna llena.

III

Torres del medioevo,
ciudad extraña, esfinges congeladas,
anfiteatros vacíos.

*
El follaje susurra:
un jabalí toca el órgano.
Y tañeron las campanas.

*
Y la noche transcurre
de este a oeste a
la velocidad de la luna.

IV

Una pareja de libélulas
encabalgadas
pasan con un murmullo de alas.

*
Presencia de Dios.
Se abre un sello cerrado
en el túnel del canto de los pájaros.

*
Robles, la luna.
Fulgor, constelaciones mudas.
Y el mar helado.


HAIKÚS
(Segunda versión)

I

Cables tendidos
al norte de la música.
Reino del frío.

*
Rumbo a los montes
azules de la muerte
viaja el sol blanco.

*
Hay que vivir
con la yerba aplastada.
Risa en los sótanos.

*
Sombras gigantes.
Hoy el sol está bajo.
Pronto la noche.

II

Rojas orquídeas.
Petroleros lejanos.
Es luna llena.

III

Ciudad ajena,
esfinges congeladas,
ruedos vacíos.

*
Dice el follaje:
toca un jabalí el órgano,
tañen campanas.

*
Fluye la noche
al ritmo de la luna
de este a oeste.

IV

Encabalgadas
pasa un par de libélulas.
Un rumor de alas.

*
Dios en el túnel
del canto de los pájaros.
Un sello se abre.

*
Robles y luna.
Fulgor, constelaciones.
El mar helado.



DE LA ISLA, 1860

1

Un día en que ella enjuagaba sus ropas en el muelle
el frío del estrecho le subió por los brazos
hasta su vida.

Sus lágrimas se congelaron en un par de anteojos.
La isla se alzó de sí misma en la yerba
y el estandarte de los arenques ondulaba en lo hondo.


2

Y el enjambre de granos de viruela lo alcanzó
y se posó en su cara.
Está acostado y mira fijamente el techo.

Qué golpe de remos turba el silencio.
La mancha eternamente móvil de la actualidad.
El punto del presente sangrando eternamente.



SILENCIO

Sigue tu camino, los enterraron…
Una nube se desliza frente el disco solar.

El hambre es un gran edificio
que se desplaza durante la noche.

En el cuarto se abre la jaula de un elevador—
una barra oscura apunta a las entrañas .

Flores en la fosa. Fanfarria y silencio.
Sigue tu camino, los enterraron…

La vajilla de plata sobrevive en inmensos enjambres
en las profundidades donde es negro el Atlántico.


EN MITAD DEL INVIERNO

Un brillo azul
irradia de mi ropa.
Solsticio de invierno.
Panderetas de hielo tintineante.
Cierro los ojos.
Hay un mundo insonoro
hay una fisura
donde a los muertos
loa pasan de contrabando la frontera.





Versiones de Francisco Serrano a partir de las traducciones de R. Fulton y J. Outin.



TOMAS TRANSTRÖMER (SUECIA, 1931 - 2015)