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septiembre 03, 2016

ROSMARIE WALDROP - EL CAMPO DEL TERCERO EXCLUIDO (Fragm.)

Foto: Steve Evans


4

Aunque una mujer se siente frente a un telar, no significa que tenga que tejer una cosmogonía ni mantas para cubrir el vacío que lleva. Puede ser simplemente una prenda que, como cualquier centro de atención, absorba la luz que hay disponible, de la misma manera que una cascada forma una cortina sólida de ruido que solo deja que la traspase el tiempo. A ella le enseñaron a imaginarse otras cosas, pero no lo explica, desprecia la defensa mientras la conciencia huye por los rápidos. La luz converge sobre lo que debe ser el hueco del deseo o del yo incompleto, o nada más que pelusa en el bolsillo. Su hora también va a llegar al romper aguas.



7

Es mucho pedir esperar que el dolor se cristalice en belleza. Hay que cerrar los ojos para imaginarse el paraíso. El interior del párpado es fértil en imágenes no provocadas por la experiencia, o tal vez la presión de esta sobre el ojo iguale a la plegaria así como la inferencia es un tránsito hacia la afirmación, aun cuando se observen los ritos del amanecer contra un fondo oscuro y vacío. Leí que las condenadas a la horca tienen que llevar bombacha de goma y un vestido cosido alrededor de las rodillas porque el útero y los ovarios se desparraman en el impacto con el pozo.



8

El sentido de la certeza se quema. Aunque la verdad se nos va a seguir escapando, tenemos que poner las manos sobre los cuerpos. Mantenerse a salvo es una muerte distinta, con los instrumentos de defensa carcomiendo por dentro sin igualar el marcador. Como lo hizo el deseo de explorar el laberinto de mi cuerpo al llevarme directo hacia el centro de la nada. Desde donde proyectó mi mundo cotidiano de representación con falsos fuegos artificiales. ¿Habré invertido de más en el espectáculo? ¿En puras fluctuaciones de luz que, como el aleteo de un pájaro, con el tiempo iban a disminuir hasta el punto de desaparecer? ¿Y qué pasa con comprar el pan o cantar en la oscuridad? Incluso si la base de nuestras conjeturas es la sombra de la infancia calcinada, se nos conduce hacia el sol como si la lógica no tuviera otra salida.



12

Me preocupaba la brecha entre expresión e intención, me daba miedo que el mundo pudiera ver un cartel fluorescente donde yo había querido mostrar un rostro. La sinceridad no ayuda una vez que admitimos las mentiras dichas en ocasiones nocturnas, incluso en la soledad de nuestro corazón, con el embrujo del deseo inclinando la figura desnuda de la necesidad de seducir al miedo a la posesión. Mucho mejor cultivar la brecha misma con su maleza crecida para brindar privacidad y su referencia extraviada. No importa que no sea filosofía sino electrones inexpertos que saltan de órbita en órbita a prepararle el foso a la orquesta, restos de significados que amplifican la sucesión de perspectivas verdes, atributos húmedos, espasmos en los labios.



17

En Providence se pueden encontrar especies extintas. Una estatua ecuestre, digamos, marchando con la pata derecha en alto hacia el recuerdo de los turistas. Capturada en su carrera de inmovilidad con la superficie intacta, esperando probar que puede resistir el ataque de los ojos, incluso humedecidos por el clima real, aunque la atmósfera histórica esté mezclada con los caños de escape como la etimología con el uso de una palabra o el hueso con la estructura de la oración. No es de extrañar que se nos haga difícil saber qué hacer y tendamos a quedarnos adentro.



26

Yo quería establecerme sobre una superficie, quizás un mapa, donde mi miopía me ayudase a ver los hechos. Pero la gramática es profunda. Aunque nada más describa, sumerge la mente en una vorágine sin fondo discernible, con las dimensiones de los posibles arremolinándose sobre el borde fijo de la nada. Como mirar al fondo de unos ojos azules el cielo azul sin siquiera una nube o una bandada de pájaros de qué agarrarse. ¿Qué buscamos detrás de las palabras como si un cuerpo de información no se pudiera golpear también? Es el esqueleto que se aferra más tiempo a su tierra natal.



31

Como si hubiera tenido que navegar al mismo tiempo para adelante y para atrás, parte de mí se apartó de donde voy, tomando la distancia de los pasillos largos para permitir demoras y dificultades, a fin de mantener la oscuridad mientras me dejaba llevar. De este modo los caracteres chinos parecen ofrecer su secreto sin revelarlo, invitación a entrar a un laberinto que, como el del corazón, puede ser que no tenga un centro. Este se suplanta por un estar perdido en el que no me gusta detenerme porque la búsqueda de la motivación solo nos puede conducir hacia abajo hacia el potencial que asusta en proporción a su profundidad y su número de compuertas a la desaparición. Mucho mejor, según me advirtieron, es dejarse llevar por la corriente. La tinta arrastra un lenguaje nuevo, y al final el agua corre clara.


*

Muchas preguntas quedaron en el claro donde construimos nuestra vida juntos. Después la inmensidad no dejó espacio para imaginarme en pie fuera de ahí, al borde de un día vacío. Sabía que no me quería ir de ese todo, que podía decirse que cargaba con su cimiento tanto como se apoyaba en él, como un árbol genealógico que crece hacia abajo, con las ramas confundiendo gravedad y gravidez. Me quería quedar acostada al lado tuyo, dos longitudes de sentimiento paralelas y comparables, y dejar que las cargas de la estructura empujaran nuestro sueño hacia el impulso y la plenitud. Todavía, una tarde virgen que se estira hacia lugares desconocidos, seductora en su posibilidad, con las puertas abiertas a un caos de culs de sac, de puede-ser, de galopar en el caballo del cuadro. ¿Y hacia dónde? Al espejismo supremo o hacia una pregunta como ¿qué es el amor? ¿Y dónde? ¿Entra a presión o no, trayendo, como la interpretación, su propio espacio desde alguna dimensión alterna? ¿O es como el pasillo de un sueño, que extiende para siempre su concepto hasta un vacío extremo, como el de los átomos?

*

Lo que una vez había sido pasión ahora parecía inhibirnos. Nunca más pudimos volver a su marca de agua, con toda esa ambivalencia en el aire. En vez de eso, eras como una piel demasiado delgada, frunciéndote sospechosamente ante cualquier acercamiento, sin notar que yo también estaba en guardia, lista para reintentar tan pronto como la mente se ablandara con el calor y empezase a perder la ropa. Una vez que la diferencia entre igual y ambiguo se borronea, el espacio se interrumpe y desaparece en temblores subcutáneos. Pero sería una lástima si entre nosotros no pasara nada más porque nos memorizamos tan concienzudamente y somos cautos incluso mientras viajamos por los pasajes y callejones del sueño, entre capas de densidad de terciopelo, de vuelta al deseo más íntimo anclado en todas nuestras preguntas y actos, anclado tan hondo que no lo podemos tocar.

*

La ofensa estaba en no contestar hasta que la capa más brillante de tensión relucía entre nosotros y el equilibrio de poder empezaba a resbalar en el hielo. A la velocidad del insulto los relojes marchan al revés. Traté de evocar el instante en el que supe que ese momento de quedarse sin aire podía no implicar un agujero en la discusión, o en el hielo, para que el pez pudiera respirar. La pelea no hacía falta si, en lugar de medir nuestra relación desde adentro, reconocíamos que cada uno había trazado el límite con maestría, de modo que vos viste un relámpago rojo en zigzag donde yo me recosté en un campo verde. Al avanzar a distintas velocidades contrajimos enfermedades distintas y evaluamos de la forma más negativa el anhelo del otro. Por eso el radio que va de lo emocional al calor corporal se mantenía obstaculizado aunque lleváramos botas y abrigos gruesos. Había que envolverlo con palabras.

*

Yo me esforzaba por mantener la perspectiva en la familia y apuntaba periódicamente en tu dirección como los fieles al Oriente. Tu espacio estaba encuadrado de un modo tan distinto al mío que situaba tu “aquí” cerca de la curva del horizonte, inalcanzable hasta para mi oración más extensa. Lo único que podía ver era un resplandor como el del Gran Incendio de Londres. Así que ese paisaje se convirtió en una religión de la superficie, que predicaba la divina imperfección y reemplazó el bautismo por el fuego. Vos pensabas que era improbable que el concepto de pecado original se viera afectado por la electricidad en movimiento más que por la competencia por la manzana de la gravedad. Hasta esa temperatura el asunto de la intimidad no aparecía, iba a tener que elevarse para que pudiésemos salir del edificio que ya estaba lleno de humo. Quizás sea más fácil acelerar el proceso de oxidación que aferrarse a las ilusiones de comunicarse. Tampoco la señal de agua puede saciar las llamas de mis pulmones. Solamente inhalan un montón de silencio que nos conecta y nos separa de acuerdo con los vericuetos de la trama.

*

Con un cuerpo que cae inexorablemente, ¿cómo podemos volver a tejer nuestra red de proximidad y distancia todos los días? Sin embargo, aunque arda por los dos extremos, el tiempo se enrolla alrededor del reloj y la noche reedita los sucesos del día bajo una luz nueva, mostrando tal vez ondas eléctricas en lugar de gotas de lluvia que brillan sobre una telaraña. La relación no es la semejanza, sino el apretar el gatillo sobre un nervio. Mientras el tiempo toma el atajo más corto hasta la conciencia, la causa física se para en la puerta. Ahí, como entre dos personas, queda una última brecha que ni un pene puede unir, un punto en el cual perdemos de vista la erección que atraviesa un horizonte mental. Esto va acompañado de un vértigo leve como cuando saltamos sobre nuestra sombra o contemplamos las olas que le lanzan resoluciones incomprensibles a una orilla de un gris cada vez más oscuro. Esto nos exime de intentar sacar provecho de la atención al ritual, como observar la araña conduce su recuerdo desde la periferia hasta el orbe central cuando cae la noche.


***

De veras quería una historia que fuese mía. Como si hubiera alguna evidencia en el deletreo. ¿Pero qué pasaba si mi experiencia era esa clase de nieve que no se acumula? ¿Un amontonamiento de instantes que no ascendía a una dimensión? ¿Qué pasaba si volvía de vagabundear dentro de mis propias fronteras, desnuda, con los rasgos demasiado tenues para el espejo, desparejos para las demandas de la noche? En una carrera tan larga no pude engañar a las apariencias: los días y las noches se sumaron sin sumar. Nada para pasar revista en la cama antes de dormirme. Hasta la memoria, inutilizable: un paisaje escarpado por la gravedad pero sin monumentos, que no atrapaba la vista, no impedía su deslizarse hacia el horizonte donde la prosa del mundo cede el paso al buen funcionamiento del miedo. Si la rueda apenas toca tierra la velocidad tiene que ser enorme.


***

Yo sabía que lo verdadero y lo falso son irrelevantes en la búsqueda del conocimiento, que debe encontrar sus propias formas de evitar caerse mientras avanza hacia los horizontes de la luz. No podemos aspirar a probar la gravedad por el hecho de que coincide con la caída de una manzana cuando la naturaleza de la coincidencia es lo que la mordida de Eva puso en entredicho. Mi avance se frenaba por tu mano que rozaba mi pecho, como el viaje a lo largo del nervio óptico disminuye la irrupción de la luz. Pero después la luz no acontece, ni siquiera en la cama. Es esa clase de lenguaje que se desintegra en la comunicación, como podrías hacerlo vos  en mi deseo. Es necesario que la atención se enfoque en la plenitud de la sombra para iluminar un cuerpo que pesa sobre el horizonte, pero sin mellar su indiferencia.


***

Al final llegué a preferir el riesgo de la caída a la arrogancia de la tierra firme y me situé en la línea delgada de la traducción, balanceándome precariamente entre el cuerpo al servicio de la lentitud y la clase de cargas eléctricas que zumban en los campos que nunca pisó nadie. Al convertir la carga contra mi retina en el rojo análogo al de un geranio me pregunté si la traducción iba a ser a la aritmética o de vuelta a mi silencio natal. ¿O acaso esta pregunta era reversible, como la izquierda o la derecha? ¿Y podría resolverse  con el modelo de androginia no estándar, repartiendo las zonas sensibles entre los contendientes? Mientras tanto, el lenguaje cotidiano pone todo su vigor en mantener la manzana con la costumbre de caer por la curva de un mundo que ya no admite pies planos y la materia se volvió demasiado porosa para ponérselos encima.



Versiones en castellano de Sandra Toro






4

Even if a woman sits at a loom, it does not mean she must weave a cosmogony or clothes to cover the emptiness underneath. It might just be a piece of cloth which, like any center of attention, absorbs the available light the way a waterfall can form a curtain of solid noise through which only time can pass. She has been taught to imagine other things, but does not explain, disdaining defense while her consciousness streams down the rapids. The light converges on what might be the hollow of desire or the incomplete self, or just lint in her pocket. Her hour will also come with the breaking of water.



7

It’s a tall order that expects pain to crystallize into beauty. And we must close our eyes to conceive of heaven. The inside of the lid is fertile in images unprovoked by experience, or perhaps its pressure on the eyeball equals prayer in the same way that inference is a transition toward assertion, even observing rites of dawn against a dark and empty background. I have read that female prisoners to be hanged must wear rubber pants and a dress sewn shut around the knees because uterus and ovaries spill with the shock down the shaft.



8

The meaning of certainty is getting burned. Though truth will still escape us, we must put our hands on bodies. Staying safe is a different death, the instruments of defense eating inward without evening out the score. As the desire to explore my body’s labyrinth did, leading straight to the center of nothing. From which projected my daily world of representation with bright fictional fireworks. Had I overinvested in spectacle? In mere fluctuations of light which, like a bird’s wingbeat, must with time slow to the point of vanishing? What about buying bread or singing in the dark? Even if the ground for our assumptions is the umber of burnt childhood we’re driven toward the sun as if logic had no other exit.



12

I worried about the gap between expression and intent, afraid the world might see a fluorescent advertisement where I meant to show a face. Sincerity is no help once we admit to the lies we tell on nocturnal occasions, even in the solitude of our own heart, wishcraft slanting the naked figure from need to seduce to fear of possession. Far better to cultivate the gap itself with its high grass for privacy and reference gone astray. Never mind that it is not philosophy, but raw electrons jumping from orbit to orbit to ready the pit for the orchestra, scrap meanings amplifying the succession of green perspectives, moist features, spasms on the lips.




17

In Providence, you can encounter extinct species, an equestrian statue, say, left hoof raised in progress toward the memory of tourists. Caught in its career of immobility, but with surface intact, waiting to prove that it can resist the attack of eyes even though dampened by real weather, even though historical atmosphere is mixed with exhaust like etymology with the use of a word or bone with sentence structure. No wonder we find it difficult to know our way about and tend to stay indoors.



26

I wanted to settle down on a surface, a map perhaps, where my near-sightedness might help me see the facts. But grammar is deep. Even though it only describes, it submerges the mind in a maelstrom without discernable bottom, the dimensions of possibles swirling over the fixed edge of nothingness. Like looking into blue eyes all the way through to the blue sky without even a cloudbank or flock of birds to cling to. What are we searching behind the words as if a body of information could not also bruise? It is the skeleton that holds on longest to its native land.



31

As if I had to navigate both forward and backward, part of me turned away from where I’m going, taking the distance of long corridors to allow for delay and trouble, for keeping in the dark while being led on. In this way Chinese characters seem to offer their secret without revealing it, invitation to enter a labyrinth which, like that of the heart, may not have a center. It is replaced by being lost which I don’t like to dwell on because the search for motivation can only drive us downward toward potential that is frightening in proportion to its depth and sluicegates to disappearance. It is much better, I have been advised, just to drift with the stream. The ink washes into a deeper language, and in the end the water runs clear.


*

Many questions were left in the clearing we built our shared life in. Later sheer size left no room for imagining myself standing outside it, on the edge of an empty day. I knew I didn’t want to part from this whole which could be said to carry its foundation as much as resting on it, just as a family tree grows downward, its branches confounding gravitation and gravidity. I wanted to continue lying alongside you, two parallel, comparable lengths of feeling, and let the stresses of the structure push our sleep to momentum and fullness. Still, a fallow evening stretching into unknown elsewheres, seductive with possibility, doors open onto a chaos of culs-de-sac, of could-be, of galloping off on the horse in the picture. And whereto? A crowning mirage or a question like What is love? And where? Does it enter with a squeeze, or without, bringing, like interpretation, its own space from some other dimension? Or is it like a dream corridor forever extending its concept toward extreme emptiness, like that of atoms?


*


What once had been vehemence now seemed to inhibit us. We could never again come to its watermark, with all the ambivalence in the air. You seemed instead like too thin skin, shrinking suspiciously from close-ups, unaware that I was also on my guard, ready to retreat as soon as the mind gets soft with the warmth and begins to shed its clothes. Once you blur the distinction between equal and equivocal, space is interrupted and disappears in subcutaneous shivers. But it would be a pity if nothing more happened between us because we have memorized ourselves too thoroughly and are wary even as we travel through the passes and impasses of sleep, through layers of velvet density, back to the innermost desire anchored in all our questions and actions, anchored so deeply that we cannot touch it.



*

The injury was in not responding until the shiniest sheet of tension lay glistening between us and the balance of power started to slip on the ice. At the speed of slight the clocks run counter. I tried to recall the moment when I realized that wind losing momentum may not mean holes in the argument or ice so that the fish can breathe. We needn’t quarrel if, instead of surveying our relation from within, we allowed that we had each drawn the line with flying colors, so that you saw red zigzag lightning where I lay down on a green lawn. Moving at different speeds we contracted different diseases and took the most negative measure of each other’s hunger. This was why the ratio of emotional to body heat remained impaired even though we wore boots and heavy coats. It would take wrapping up in words.


*

I worked hard at keeping perspective in the family and periodically faced in your direction as the faithful toward the East. Your space was framed so differently from mine that it located your “here” around the curve of the horizon, unreachable by even my longest sentence. All I could see was a glare as over the Great Fire of London. So that landscape became a religion of surface, teaching divine imperfection and replacing baptism by fire. You thought it was improbable that the concept of original sin was upset by electricity in motion any more than by gravity’s competing for the apple. The question of intimacy did not come up to the temperature, but had to be raised so we could get out of the building already full of smoke. It may be easier to speed the process of oxidation than to hold on to the illusions of communication. Nor can the sign for water quench the flames in my lungs. It only inhales loads of silence which connect and separate us according to the twists and turns of the plot.


*

With the body running down inexorably, how can we each day reweave our net of closeness and distance? But though time burns at both ends, it rolls around the clock, and evening replays events of the day in a new light, showing perhaps electric waves instead of raindrops, glittering on a spiderweb. The relation is not resemblance, but pulling the trigger on a nerve. While time takes the shortest cut right into consciousness, physical cause stops at the door. There remains an ultimate gap, as between two people, that not even a penis can bridge, a point at which we lose sight of the erection crossing a horizon in the mind. This is accompanied by slight giddiness as when we jump over our shadow or admire the waves rolling incomprehensible resolutions in a border of darker and darker gray. It dispenses us from trying to draw profit from attention to ritual, like watching the spider ride its memory from periphery to center orb at nightfall.


***


I badly wanted a story of my own. As if there were proof in spelling. But what if my experience were the kind of snow that does not accumulate? A piling of instants that did not amount to a dimension? What if wandering within my own limits I came back naked, with features too faint for the mirror, unequal to the demands of the night? In the long run I could not deceive appearances: Days and nights were added without adding up. Nothing to recount in bed before falling asleep. Even memory was not usable, a landscape hillocky with gravitation but without monuments, it did not hold the eye, did not hinder its glide toward the horizon where the prose of the world gives way to the smooth functioning of fear. If the wheel so barely touches the ground the speed must be enormous.




***

I knew that true or false is irrelevant in the pursuit of knowledge which must find its own ways to avoid falling as it moves toward horizons of light. We can’t hope to prove gravity from the fact that it tallies with the fall of an apple when the nature of tallying is what Eve’s bite called into question. My progress was slowed down by your hand brushing against my breast, just as travel along the optic nerve brakes the rush of light. But then light does not take place, not even in bed. It is like the kind of language that vanishes into communication, as you might into my desire for you. It takes attention focused on the fullness of shadow to give light a body that weighs on the horizon, though without denting its indifference.


***

Finally I came to prefer the risk of falling to the arrogance of solid ground and placed myself on the thin line of translation, balancing precariously between body harnessed to slowness and categories of electric charge whizzing across fields nobody could stand on. Working the charge against my retina into the cognate red of a geranium I wondered if the direction of translation should be into arithmetic or back into my native silence. Or was this a question like right or left, reversible? And could it be resolved on the nonstandard model of androgyny, sharing out the sensitive zones among the contenders? Meanwhile everyday language is using all its vigor to keep the apple in the habit of falling through the curve of the world no longer fits out flat feet and matter’s become too porous to place them on.



(Lawn of Excluded Middle, NY: Tender Buttons, 1993).





ROSMARIE WALDROP (ALEMANIA/EE. UU., 1935).

















agosto 14, 2016

POEMAS DE INGEBORG BACHMANN




Al Sol

Más hermoso que la conspicua Luna y hasta que su preclara luz,
más hermoso que las estrellas, las ilustres condecoraciones de la noche,
más hermoso, más, que la flamígera aparición de un cometa
y llamado también a cosas más hermosas que ningún otro astro,
pues tu vida y la mía dependen cada día de él, es el Sol.

Sol hermoso, que se levanta, no olvida jamás su obligación
y la concluye de la manera más hermosa en el estío, cuando el día
se disipa en las costas, y reflejadas sin fuerza pasan
por tus ojos las velas, hasta que el sueño te vence y se esfuma la última.

Sin el Sol hasta el arte vuelve a ponerse el velo;
dejas de iluminarme, y la mar y la arena,
flageladas por las sombras, huyen bajo mis párpados.

Luz hermosa que nos caldea, conserva y cuida maravillosamente:
¡que vuelva a ver y vuelva a verte!
Nada más hermoso bajo el Sol que estar bajo el Sol...

Nada más hermoso que contemplar la vara en el agua y el pájaro en lo alto
que razona su vuelo, y, abajo, los peces, en bandada,
pintados, modelados, venidos al mundo con un mensaje de luz,
ni más hermoso que echar una mirada al derredor y ver el cuadrángulo de un sembrado, el
          miriángulo de mi país
y el manto que te cubre. ¡Y tu manto, acampanado y azul!

Azul hermoso, por el que pasean los pavos reales y se hacen reverencias,
azul de la distancia, de las zonas de dicha con los climas que le vienen mejor a mi sentir,
¡azar azul del horizonte! Y mis enardecidos ojos
vuelven a dilatarse y chispean y se abrasan heridos.


El tiempo aplazado

Se avecinan días más duros.
El tiempo aplazado hasta nuevo aviso
se anuncia ya en el horizonte.
Pronto tendrás que anudarte las sandalias
y ahuyentar a los canes hacia las granjas de la tierra baja.
Que las vísceras de los peces
se han quedado frías al viento
y la luz de las flores de los altramuces arde ya mortecinamente.
Tu mirada se abre paso a través de la niebla:
el tiempo aplazado hasta nuevo aviso
se anuncia ya en el horizonte.

En la otra orilla se te hunde la amada:
la arena sube ya por su cabellera ondeante,
no le deja hablar,
le ordena callar,
la encuentra mortal
y dócil para la despedida
tras cada abrazo.

No vuelvas la mirada.
Anúdate las sandalias.
Ahuyenta a los canes.
Arroja los peces al mar.
¡Apaga las flores de los altramuces!

Se avecinan días más duros.




(21 poetas alemanes, MadridVisor, 1980).

Trad. de Felipe Boso.



Vosotras, palabras


Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.
No aclara.
La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No la digáis.
Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
–esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!
Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.
Dejad, digo, dejad.
Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos–
Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.
¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!
Bajo la tormenta de rosas

Adonde nos dirijamos bajo la tormenta de rosas,
las espinas iluminan la noche, y el trueno
de las hojas, antes tan silenciosas en los arbustos,
nos sigue ahora muy de cerca.



El tiempo postergado

Vienen días más duros. 
El tiempo postergado hasta nuevo aviso 
asoma por el horizonte. 
Pronto tendrás que atarte los zapatos 
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas. 
Pues las vísceras de los peces 
se han enfriado al viento. 
Arde pobre la luz de los altramuces. 
Tu mirada rastrea la niebla: 
el tiempo postergado hasta nuevo aviso 
asoma por el horizonte.

Allí se te hunde la amada en la arena, 
sube por su cabello ondeante, 
le quita la palabra, 
le ordena callarse, 
le parece mortal 
y dispuesta a la despedida 
tras cada abrazo.

No mires hacia atrás. 
Átate los zapatos. 
Corre los perros de vuelta. 
Tira los peces al mar. 
¡Apaga los altramuces!

Vienen días más duros.



Salmo

1

¡Callad conmigo, como callan todas las campanas!

En la placenta de los horrores 
buscan las sabandijas alimento nuevo. 
Públicamente, cuelga los Viernes Santo una mano 
en el firmamento, le faltan dos dedos, 
y no puede jurar que todo, 
todo, no haya sido y que nada 
será. Se hunde en las nubes pardas, 
arroba a los nuevos asesinos 
y sale absuelta.

De noche, sobre esta tierra, 
forzar ventanas, darle para atrás a las sábanas, 
que quede al descubierto el embozo de los enfermos, 
una llaga llena de alimento, infinitos dolores 
para todos los gustos.

Enguantados contienen los carniceros 
el aliento de los desembozados, 
la luna en la puerta cae al suelo, 
no recojas los fragmentos, la cinta de la que colgó...

Todo estaba preparado para la extremaunción. 
(El sacramento no puede llevarse acabo).

2

Qué vanidad de vanidades. 
Arrastra una ciudad hasta ti, 
levántate del polvo de esa ciudad, 
toma posesión de un cargo 
y enmascárate 
para no ser desenmascarado.

Cumple las promesas 
delante de un espejo ciego en el aire, 
delante de una puerta cerrada en el viento.

Intransitados están los caminos sobre la pared a plomo del cielo.

3

Oh ojos, que la tierra, almacén solar, quemó, 
con la carga de lluvia de todos los ojos cargados, 
cubiertos ahora de hilos, de telas 
hiladas por las arañas trágicas 
del presente ...

4

En la cuenca de mi mudez 
pon una palabra 
y levanta grandes bosques a ambos lados, 
que mi boca 
entera quede en la sombra.



Sólo cosas sombrías

Como Orfeo, toco 
en las cuerdas de la vida la muerte, 
y ante la belleza de la tierra 
y de tus ojos, que administran el cielo, 
sólo sé decir cosas sombrías.

No olvides que también tú, de pronto, 
aquella mañana, cuando tu lecho 
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel 
dormía junto a tu corazón, 
viste el río oscuro 
pasar a tu lado.

La cuerda del silencio, 
tensada sobre la ola de sangre, 
puso manos en tu corazón sonante. 
Transformado quedó tu rizo 
en la cabellera de sombras de la noche, 
los copos negros de las tinieblas 
nevaron tu semblante.

Y mi lugar no está a tu lado. 
Ahora nos lamentamos los dos.

Pero como Orfeo, sé 
junto a las cuerdas de la muerte la vida, 
y en mí reverbera el azulado 
de tu ojo por siempre cerrado.



Temprano mediodía

Silencioso verdea el tilo en el verano inaugurado, 
muy apartada de las ciudades tiembla 
el brillo opaco de la luna diurna. Ya es mediodía, 
ya se agita en la fuente el chorro, 
ya se alza bajo el destrozo 
el ala maltratada del pájaro de fábula, 
y la mano, desfigurada por tirar la piedra, 
cae en el despertar del trigo.

Donde el cielo de Alemania ennegrece la tierra, 
busca su ángel decapitado una tumba para el odio 
y te entrega el cuenco del corazón.

Un puñado de dolor se pierde sobre la colina.

Siete años más tarde 
te acuerdas nuevamente, 
junto a la fuente, ante la puerta, 
no mires demasiado profundamente, 
se te saltarán los ojos.

Siete años más tarde, 
en casa de amortajado, 
apuran los ayer verdugos 
el vaso dorado. 
Se te hundirían los ojos.
Ya es mediodía, en las cenizas 
dobla el hierro, sobre el mandril 
está izada la bandera, y sobre la roca

del sueño ancestral, queda de aquí en adelante 
forjada el águila.

Solo la esperanza, aquejada de ceguera, está acurrucada bajo la luz. 
¡Rompe sus cadenas, guíala 
ladera abajo, ponle 
la mano sobre los ojos, que no la 
abrase ninguna sombra!

Donde la tierra de Alemania ennegrece el cielo, 
busca la nube palabras y llena el cráter de silencio 
antes de que el verano las perciba bajo la llovizna. 
Lo inexplicable recorre, en voz baja, el país: 
ya es mediodía.



En la penumbra

De nuevo metemos los dos las manos en el fuego, 
tú, para el vino de la noche largamente embodegada, 
yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares. 
Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.

Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca. 
Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo 
como la penumbra en nuestras tenues cejas.

De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas, 
a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-, 
a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.

Descubierto está quien ahora vacile, 
descubierto, quien haya olvidado el dicho. 
¡Tú no puedes ni quieres saberlo, 
tú bebes del borde, donde está fresco, 
y como antaño, bebes y permaneces sobrio, 
a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!

Pero yo ya aguardo el momento 
en amor, a mí se me cae el pedazo 
en el fuego, a mí se me convierte en el plomo 
que era. Y detrás de la bala 
estoy yo, tuerta, segura del blanco, delgada, 
enviándola al encuentro de la mañana.



Vuelo nocturno

Nuestro campo es el cielo, 
arado con el sudor de los motores, 
frente a la noche, 
bajo la intervención del sueño.

Soñado sobre calvarios y piras, 
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas 
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia 
en nuestra casa y en los molinos 
los ciegos vuelos de los murciélagos. 
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos? 
¿Quién resplandecía en la noche, 
fantasma a los fantasmas?

Al abrigo del plumaje de acero, interrogan 
instrumentos el espacio, relojes y escalas, 
la maleza de nubes, y roza el amor 
el lenguaje olvidado de nuestro corazón: 
corto y largo largo... Durante una hora 
bate granizo el tímpano del oído, 
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.

No ha desaparecido el sol ni la tierra, 
solo se han movido como astros, irreconocibles.

Nos hemos remontado de un puerto 
en que no cuenta el retorno, 
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón 
les pertenecen a los comerciantes, 
como los peces a las redes.

Pero se percibe un olor 
que se anticipa a los cometas, 
y el tejido del aire 
desgarrado por el cometa caído. 
Llámalo estado de los solitarios 
en que se lleva a cabo el asombro. 
Nada más.

Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos 
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña. 
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija 
en las bases y extendido sobre las rodillas 
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.

¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...? 
¿Quién pierde la llave de la casa? 
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme 
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana, 
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...? 
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino, 
¿quién se atreve a recordar la noche?



Nueva

Sale del atrio celestial templado de cadáveres el sol.
No están allí los inmortales,
sino los caídos en batalla, oímos.
Y el esplendor no repara en la putrefacción. Nuestra deidad,
la Historia, nos ha dispuesto una sepultura
de la que no hay resurrección.



Todos los días

Ya no se declara la guerra, 
se prosigue. Lo inconcebible 
se ha hecho cotidiano. El héroe 
permanece alejado de los combatientes. El débil 
ha avanzado hasta las zonas de fuego. 
El uniforme de diario es la paciencia, 
la condecoración, la mísera estrella 
de la esperanza sobre el corazón.

Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.

Se concede 
por abandonar las banderas, 
por el valor ante el amigo, 
por revelar secretos indignos 
y desacatar 
toda orden.


(El tiempo postergado, Madrid: Ediciones Cátedra S. A., 1991).

Trad. de Arturo Parada.



Despedida


La carne, que envejeció muy bien conmigo, 
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía, 
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante, 
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas, 
y todo sobre la rígida musculatura.

No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche, 
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.

Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.



Niños de Julio

Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios, 
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en Julio
habría sido siempre Julio
monstruos alimentados
desde mi ternura 
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos 
Transformadores del mundo, vosotros me
lo habríais cambiado el mundo 
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda 
leer lo que ha sucedido 
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.



La noche de los perdidos.
El final del amor


Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro. 
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva, 
Que me reprochas también tú 
y semejante amargura
No lo hagas. 
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente 
el […] mundo.

[Sin título]


Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que 
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis, 
observad,

que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,

y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.


[Sin título]


Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo, 
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.

El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme 
junto a los hombres.

Sólo sé que yo 
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte, 
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,

He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal. 
Si se extravía una bala, 
si alguien me escupe en a cara, 
como ayer, no me guardo pensamientos 
contra el amor que me ha sido dado.

Tengo miedo ante el amor 
que me has infundido tú, 
con la intención más cruel. 
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti, 
y muerta me encuentro ya, donde estoy. 
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen 
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos, 
que me han de sumir en un largo sueño.



(No sé de otro mundo mejor. Poemas inéditos. Piper-Verlag, München, 2000). 
Fuente: http://web.uchile.cl/publicaciones/cyber/18/crea16.html 

Trad. de Breno Onetto.



Cantos durante la huida

                                                          Dura legge d'Amor! ma, ben che obliqua, 
                                                          Servar convensi; però ch'ella aggiunge 
                                                          Di cielo in terra, universale, antiqua
                                                          Petrarca, "I Ttriunfi"

I

La hoja de palma se parte con la nieve, 
las escaleras se derrumban, 
la ciudad yace tiesa y brilla 
en el extraño resplandor de invierno.

Los niños gritan y suben 
a la colina del hambre, 
comen de la blanca harina 
y rezan al cielo.

La rica quincalla invernal, 
el oro de las mandarinas, 
vuela en las ráfagas salvajes. 
Rueda la naranja sanguina.

II

Yo, sin embargo, yazgo solo 
encerrado en hielo, lleno de heridas.
Todavía la nieve
no me vendó los ojos.

Los muertos, abrazados a mí,
callan en todas las lenguas.
¡Nadie me ama ni ha agitado
una lámpara para mí!

X

¡Oh amor, que rompiste y tiraste
nuestras cortezas, nuestro escudo,
el cobijo y la herrumbre marrón de años!
¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor,
su fuego húmedo en las partes sensibles!
Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.

XII

Boca que durmió en mi boca,
ojo que vigiló mi ojo,
mano-
y los que me arrasaron, los ojos!
¡Boca que pronunció la sentencia,
mano que me ejecutó!

XV

El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro, 
el tiempo y el tiempo de después. 
Nosotros no tenemos ninguno.

A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio. 
Mas la canción por encima del polvo después 
va a superarnos.



Currículum Vitae

Larga es la noche, 
larga para el hombre 
que no puede morir, largamente 
se tambalea bajo farolas 
su ojo desnudo y su ojo 
cegado por el aliento de aguardiente, y el olor 
a carne mojada bajo sus uñas 
no siempre le aturde, oh dios, 
larga es la noche.

Mi cabello no se encanece 
porque salí del vientre de las máquinas, 
Rosarroja* me untó de alquitrán la frente 
y los mechones, habían estrangulado 
a su hermana, blanca como la nieve. Pero yo, 
el jefe de la tribu, pasé por la ciudad 
de diez veces cien mil almas, y mi pie 
pisaba las cucarachas del alma bajo el cielo de cuero, del cual 
pendían diez veces cien mil pipas de la paz, 
frías. Una calma de ángeles 
deseé a menudo para mí 
y cotos de caza llenos 
de los gritos impotentes 
de mis amigos.
Con las piernas y las alas abiertas 
subía la sabihonda juventud 
sobre mí, sobre el estiércol, sobre el jazmín, 
hacia las inmensas noches del secreto 
de la raíz cuadrada, la leyenda de la muerte 
empaña mi ventana cada hora, 
dadme euforbia y verted 
la risa en mi garganta 
de los viejos que nos antecedieron, cuando 
caiga yo sobre los infolios 
en el sueño vergonzoso, 
para que no pueda pensar, 
para que juegue con flecos 
de los que cuelgan serpientes.

También nuestras madres 
soñaron con el futuro de sus maridos, 
los vieron poderosos, 
revolucionarios y solitarios, 
pero después del retiro los han visto encorvados en el huerto 
sobre las llameantes malas hierbas, 
mano a mano con el fruto charlatán 
de su amor. Triste padre mío, 
¿por qué callasteis entonces 
y no habéis seguido pensando?

Perdido en las cascadas de fuego, 
En una noche junto a un cañón 
que no dispara, condenadamente larga 
es la noche, bajo el esputo
de una luna enfermiza, su luz 
biliosa, pasa volando sobre mí 
el trineo con la historia 
embellecida, 
en la vía del sueño de poder (lo cual no impido). 
No era que yo durmiese: estaba despierto, 
entre esqueletos de hielo buscaba el camino, 
volvía a casa, me ceñía el brazo 
y la pierna con hiedra y con restos 
de sol blanqueaba las ruinas. 
Respeté los días festivos, 
y sólo si mi pan estaba bendecido 
lo comía.

En una época arrogante 
hay que pasar de prisa 
de una luz a otra, de un país 
a otro, bajo el arco iris, 
con la punta del compás en el corazón, 
tomando la noche por radio. 
Abierto de par en par. Desde las montañas 
se ven lagos, en los lagos 
montañas, y en el armazón de las nubes 
se balancean las campanas 
de un mundo. Saber de quién 
es ese mundo, me está prohibido.

Ocurrió un viernes: 
-yo estaba ayunando por mi vida, 
el aire chorreaba del zumo de los limones
y la espina estaba clavada en mi paladar¬ 
entonces saqué del pez abierto 
un anillo que lanzado 
al nacer yo, cayó en el río 
de la noche y se hundió. 
Yo volví a lanzarlo a la noche.

Oh ¡si no tuviera miedo a la muerte! 
Si tuviera la palabra 
(y no la errase) 
si no tuviera cardos en el corazón 
(y rechazara el sol), 
si no tuviera avidez en la boca 
(y no bebiera el agua salvaje), 
si no abriera el párpado 
(y no hubiera visto la cuerda). 
¿Están tirando del cielo? 
Si no me sostuviera la tierra 
hace tiempo que yacería quieta, 
hace tiempo que yacería 
donde me quiere la noche, 
antes de que hinche las narices 
y levante su casco 
para nuevos golpes, 
siempre para golpear. 
Siempre la noche. 
Y nunca el día. 



*Rosarroja y Blancanieves son hermanas en el cuento.



Explícame, amor

Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento, 
tu cabeza desnuda enamora a las nubes, 
tu corazón tiene que hacer en otra parte, 
tu boca asimila lenguas nuevas, 
la hierba tembladera menudea por aquí, 
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo, 
ciego por los copos levantas el rostro, 
ríes y lloras y te hundes en ti, 
qué más ha de ocurrirte -

¡Explícame, amor!

El pavo con solemne asombro hace la rueda, 
la paloma levanta su collar de plumas, 
el aire se dilata repleto de arrullos, 
grita el ánade, el país entero 
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque 
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.

El pez se ruboriza, adelanta a la bandada 
y se precipita entre grutas al lecho de coral. 
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión. 
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida; 
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también 
que brillan alas bajo el caparazón de ella, 
y tomaría el camino del fresal lejano!
¡Explícame, amor!

El agua sabe hablar, 
la ola toma a la ola de la mano, 
en la viña el racimo se hincha, salta y cae. 
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!

¡Una piedra sabe conmover a otra!

Explícame amor, lo que no sé explicar: 
¿trataré durante este tiempo corto y hostil 
únicamente con pensamientos y sólo yo 
no conoceré ni haré nada afectuoso? 
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?

Dices: otro espíritu cuenta con él... 
No me expliques nada. Veo a la salamandra 
pasar por todos los fuegos. 
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.



Invocación a la Osa Mayor

Osa Mayor, baja, hirsuta noche, 
animal de piel de nubes con ojos viejos, 
ojos de estrellas, 
por la espesura irrumpen relucientes 
tus patas con las garras, 
garras de estrellas, 
mantenemos despiertos los rebaños, 
pero encantados por ti, desconfiamos 
de tus flancos cansados y de tus dientes 
agudos y semidescubiertos, 
vieja osa.

Una piña: vuestro mundo. 
Vosotros: sus escamas. 
Yo la muevo, la hago rodar 
desde los abetos del principio 
hasta los abetos del final, 
la resoplo, la pruebo en la boca 
y la agarro con las zarpas.

Ya tengáis miedo o no lo tengáis, 
pagad en la limosnera y dadle 
al ciego una buena palabra, 
para que sostenga a la osa de la correa. 
Y sazonad bien los corderos.
Podría ser que esta osa
se soltara, no amenazara ya más
y corriera tras todas las piñas caídas
de los abetos grandes y alados
que cayeron del paraíso.



Publicidad

Pero adónde vamos 
no te preocupes no te preocupes 
cuando oscurece y cuando viene el frío 
no te preocupes 
pero 
con música 
qué debemos hacer 
alegre y con música 
y pensar 
alegre 
cara a un final 
con música 
y adónde llevamos 
mejor 
nuestras preguntas y el escalofrío de todos los años 
a la lavandería de sueños no te preocupes no te preocupes 
pero qué ocurre 
mejor 
cuando sobreviene

un silencio de muerte.



Toma de tierra

Llegué a las dehesas 
cuando ya era de noche, 
olfateando en los prados la hierba 
y el viento antes de levantarse. 
Ya no pastaba el amor, 
las campanas se habían extinguido 
y los haces de hierba endurecido.

En el suelo había un cuerno clavado 
por el obstinado animal de guía 
hundido en la oscuridad.

Lo saqué de la tierra, 
lo alcé al cielo 
con todas mis fuerzas.

Para llenar este país 
del todo con sonidos 
toqué el cuerno, 
dispuesto a vivir en el viento venidero 
y bajo los tallos ondeantes 
de cualquier procedencia.


Sombra rosas sombra

Bajo un cielo extraño
sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra



Una especie de pérdida

Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.
De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he 
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,
(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.
De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
No te he perdido a ti,
sino al mundo.



(Invocación a la Osa Mayor, Madrid: Hiperión, 2001).


Trad. de Cacilia Dreymüller y Concha García.




Hablar con un tercero

Y he elegido a la
muerte, para todas las
confesiones ella, le he
contado, a esta muerte
disparatada, a la que no
puedo imaginar, a la que
puedo provocar rápidamente,
pero nunca imaginar, le
he contado.
La muerte, a la que le he contado
tiene la amargura de treinta
píldoras, mide una
caída por la ventana, y
le digo, al estar sola
con ella, ella tan larga

tan larga como una caída por la ventana,
ella tan corta, larga como un sueño,
hasta que le quite al sueño
la preocupaciones por
mí, le cuento a este
tercero.
Digo: hazme ver su
boca, y ese ojo
hazme ver cómo era,
dale marcha atrás,
hazme ver cómo
digo:
Otra vez, y
soy.



Estar permanentemente en las palabras

Estar permanentemente en las palabras, quieras o no,
Estar siempre vivo, lleno de palabras por la vida,
como si las palabras estuviesen vivas, como si la vida fuera palabra.

Tan distinto es, creedme.
Entre una palabra y un objeto
sólo te entremetes tú mismo,
como con un enfermo yaces con los dos
ya que ninguno se arrima jamás al otro
degustas un sonido y un cuerpo,
y te gustan los dos.

Sabe a muerte.

Pero vida y muerte, si existen las dos,
quién sabe,
como hay tanto muerto lejano en mí.
como ya me ha afectado
tanto fallecido
y también los muertos.

una amiga que antes me conocía,

un jarro del que brindé por ti



A la central de telecomunicaciones de Berlín

Me alegro de que ayer fuera más duro
que lo es hoy. Entrada prohibida.
Siguen poniendo en la puerta y nadie
viene, también llueve mucho, vuelve
a ser invierno como ayer, es decir, como hace un año.
Entonces fue duro, en la vecindad
nadie. Es que nadie viene.

Ayer, me asfixié, 
no podía gritar más,
hoy sí que podría gritar,
pero es mejor hoy.
arriba juegan a los bolos, abajo
trabajan la madera y asierran
estos bricoleros inocuos.

En la grieta del muro, en un
segundo de susto, un bicho negro
que se hacía el muerto. Hecho el muerto.
Y aprendo de él,
me hago la muerta,
sin hijo, sin amante,
sin radio, sin teléfono,
en esta grieta, perdida
en este planeta, en
este Berlín.

mirada por nadie más que
un muro cortafuegos.
en un segundo de susto,
me siento mirada por
la locura. Sé que
me miro a mí misma.
Un muro cortafuegos al otro.
Sin cara.
De un incendio en extinción.
Un incendio no extinguible.



Hermandad

Todo es abrir heridas, 
y nadie perdonó a nadie. 
Herido como tú e hiriendo, 
encaminado hacia ti vivía yo. 

El puro, el contacto espiritual, 
Por cada tacto incrementado, 
lo experimentamos Envejeciendo, 
más al frío silencio retirados. 



Tarde ebria

Tarde ebria, llena de azulada luz 
se tambalea en la ventana y desea cantar. 
Con miedo, los cristales se aprietan 
donde sus sombras se enredaron. 
Vacila, llevando la oscuridad hacia el mar de casas, 
encuentra a un niño. Lo ahuyenta con gritos, 
y jadea detrás de todo y de todos 
susurrando cosas temibles. 
En el patio húmedo circundado por opacos muros 
retoza con ratas en los rincones. 
Una mujer, vestida de un gris deslucido, 
retrocede ante ella, escondiéndose en la penumbra. 
Aún fluye, en la fuente, un hilo delgado, 
una gota cae persiguiendo a la otra; 
ahora la tarde bebe un líquido viscoso de la corroída cañería 
y ayuda a lavar las negras cloacas. 
Tarde ebria, llena de azulada luz, 
se tambalea en la ventana y empieza a cantar. 
Los cristales se rompen. Ensangrentado el rostro, 
irrumpe y lucha contra mi terror


Ingreso en el partido

¿Acaso una persona no vale nada entre hermanos?
Calumniada y escupida, burlada, difamada,
quién no lo sabe, por una buena obra, que no se demuestra.
El honor, vendido en cada tertulia.
De boca en boca como una anécdota sucia.
El exceso de un sentimiento, asesinado
por el beneficio diligente.
La escrupulosidad ocupada
con la determinación de los ingresos.
Una vida, una sola, convertida
en experimento. Así está logrado. Realizado.
Tampoco el conejo en el laboratorio, hinchado,
que pierde su piel después de la prueba,
tampoco la rata, llena de inyecciones, sin conciencia,
devorará el brazo de su asesino.
También la mosca, contra la que se dirige
una punta* con veneno, los mosquitos que no se valen
todavía de la Carta de Derechos de los mosquitos
son mis compañeros.
Yo me valgo de mi modesta persona.
Mas si Dios se ha encarnado
y le meten en la probeta y toma
posición, si él fuera el amor
y dudo que pueda ser algo
de esta clase, me consolaría poco.

Sé que hay que obligar a las víctimas aquí
para que se junten, sin ningún acuerdo aún.
La especie de mosca quiere unos días, el paria
una mirada por la ranura del buzón, la rata,
la Yo, los totalmente humillados quieren
la venganza, antes de morir deshonrados –
quieren una palabra de compasión.
La comuna renuncia.
El capital de una atrocidad que produce intereses
se enfrenta al capital de un dolor
menguante.
A pesar de todo, esta sociedad se sentencia a sí misma.
Morir no lo es, levantarse
es la palabra. Sin comprensión
para con la explotación, terminar
con esta explotación. Que venga la revolución.
Que venga, pues que venga.
Yo dudo. Pero que venga
la revolución, también de mi corazón.
Se me han extraviado los poemas.
Los busco en todos los rincones de la habitación.
Por el dolor, no sé cómo anotar
un dolor, ya no sé nada de nada.
Sé que no se puede hablar así, sin ton ni son,
ha de ser más mordaz, una metáfora picante.
tendría que ocurrírsele a uno. Pero con el cuchillo en la espalda.
Parlo e tacio, parlo, me fugo en un idioma
en el que sale hasta algo español, los toros y
las** planetas, se puede escuchar quizá aún
en un viejo disco robado. Con algo de francés
también va, tu es mon amour depuis si longtemps.
Adiós, palabras bonitas, con vuestras profecías.
Por qué me habéis abandonado. ¿No estabais a gusto?
Os he depositado junto a un corazón, de piedra.
Realizad allí para mí, Aguantad allí, realizad allí para mí una obra


* N.d.T.: Los editores alemanes advierten que Flitspitze podría ser una
errata y que la palabra correcta puede ser Flitspritze (inyección con
veneno): Flit es un veneno contra moscas.

**N. d. T.: Así en el original.



(No sé de ningún mundo mejor, Madrid, Hiperión: 2003).

Trad. de Jan Pohl.




Bohemia junto al mar


¿Aquí son verdes las casas? Entro en una casa.
¿Están sanos los puentes? Voy por suelo firme.
¿Pérdida de tiempo es todo el tiempo? Con gusto lo pierdo.

Yo no soy tal, es uno, tan bueno como yo.

Una palabra se me acerca, la dejo aproximarse.
¿Bohemia sigue junto al mar? Creo en los mares otra vez.
¿Y aún creo en el mar? Igual confío en la tierra.

Yo soy eso, entonces un cualquiera, que es tanto como yo.
Para mí no quiero más. Quiero ir al fondo.

En el fondo, es decir hacia el mar, donde encuentro Bohemia otra vez.
Hundida, despierto tranquila.
Conozco ahora el fondo y no me pierdo

Vengan aquí bohemios todos, marineros, putas del puerto,
barcos sin anclar. Ilirios, veroneses, venecianos, ¿no quieren
ser bohemios? Interpreten las comedias que hacen reír

y las que son para llorar. Y fallen cien veces,
como yo lo hice y reprobé las pruebas,
pero sí las soporto, una y otra vez.

Así surgió Bohemia y en algún buen día,
junto al mar fue indultada, ahora yace junto al agua.

Me acerco a una palabra y a otra tierra,
me acerco un poco más, como poco también, a todo lo demás:

un vagabundo, un bohemio sin nada, que nada sostiene,
pero capaz, desde el mar en disputa, de ver la tierra que deseo elegir.



En verdad
                                         para Ana Ajmátova

A quien nunca afectó
[una palabra,
se los digo,
quien sólo sabe ayudarse
[a sí mismo,
y con palabras:

no es alguien a quien ayudar.
Ni en los breves senderos,
tampoco en los extensos.

Hacer perdurable una
[única frase,
sostenerla en el vaivén de las
[palabras.

Esta frase la escribe nadie,
el que no la suscribe.



Enero 64 Praga

A partir de esa noche
camino y hablo otra vez;
suena a bohemio,
cual si estuviera en casa de nuevo

entre el Danubio, el Moldava
y el río de mi infancia,
donde todo tiene una noción de mí.

Partir, paso por paso, es regresar;
a mirar, al parecer, aprendí.

Doblada parpadeo,
cuelgo del pretil de la ventana,
miro los años de sombra
(cuando no había estrella
que me colgara en la boca)
alejarse más allá de la colina.

Sobre el barrio de Hradschin1
a las seis de la mañana,
los paleadores de nieve del Tatra
con sus garras agrietadas
acabaron con los restos de la escarcha.

Entre las cuadras que explotan
de mi río, y también mi río,
se abre paso el agua liberada.

Llega a escucharse en los Urales.



Enigma


para Hans Werner Henze, del tiempo de los Ariosi

Nada más ha de venir.

Ya no será primavera.
Almanaques milenarios se lo dicen a quien pasa.

Pero tampoco verano, ni, lo que ostenta
el nombre 'veraniego',
habrá de venir nuevamente.

No debes de llorar,
dice una música.

Aparte,
nadie
dice
algo.



No es delicatessen

Ya no hay nada que me guste.
¿Debo
adornar una metáfora
con una flor de almendro?
¿crucificar la sintaxis
por un efecto de luz?
Quién se romperá el cráneo
con cosas tan superfluas –

Tuve una comprensión
de ciertas palabras,
las que están ahí
(para la clase más baja)

Hambre
              pena
                      lágrimas
y
                                      oscuridad.

Con el llanto impuro,
con la desesperación
(y aún desespero de la desesperación)
por tanta miseria,
por los decesos por enfermedad, por los costos de la vida,
he de entenderme.

No dejo de lado la escritura,
sino a mí.
Los demás saben
sabe Dios cómo
ayudarse con palabras.
Yo no soy mi asistente.

¿Debo
tomar como rehén un pensamiento,
llevarlo hasta una celda verbal iluminada?
¿alimentar ojos y oído
con un bocado de palabras de primera?
¿explorar la libido de una vocal,
¿calcular el valor amatorio de las consonantes?

¿Debo
—con la cabeza apedreada,
con el calambre de escribir en esta mano,
con el peso de trescientas noches—
desgarrar el papel,
barrer las óperas verbales urdidas,
así de aplastante: yo tú y él ella eso
nosotros ustedes?

(Debo. Deben los otros)

De mi parte, debe darse por perdido.




(Sämtliche Gedichte, Múnich, Piper Verlag, 2005).
(Fuente: Revista La Colmena, N° 82, México: Universidad Autónoma del Estado de México, 2014).


Trad. de Daniel Benomo 


Viaje

El humo asciende de la tierra.
Recuerda los pequeños cobertizos para la pesca,
porque el sol se hundirá
antes de que hayas dejado diez millas tras de ti.

El agua oscura, de mil ojos,
abre sus pestañas de espuma blanca,
estudiándote, profunda y largamente,
durante treinta días.

Aun cuando el barco cabecea
y da cada paso incierto,
continúa calmado sobre la cubierta.

A la mesa ellos comen
el pescado asado;
luego los hombres se hincarán
y zurcirán sus redes,
aunque cada uno dormirá en la noche
una hora o dos,
y sus manos se suavizarán,
libres de sal y aceite,
suaves como el pan de los sueños
que ellos rompen.

La primera ola de la noche golpea contra la costa,
la segunda ya te alcanza.
Pero si miras detenidamente,
aún puedes ver el árbol
que levanta desafiante un brazo
–el viento ya le ha tumbado uno
–y tú piensas: ¿Cuánto más?
¿Cuánto más
soportará la madera el clima?

De la tierra no hay rastro alguno.
Con tu mano debiste haber escarbado en el banco de arena
o atado a ti mismo al acantilado con una hebra capilar.

Soplando conchas, los monstruos marinos flotan
sobre el penacho de las olas, las montan y parten
el día en pedazos con sables brillantes; un rastro rojo
queda en el agua, donde el sueño se apodera de ti
por el resto de tus horas,
tus sentidos se tambalean.

Pero luego algo pasa con las sogas,
te llaman y estás feliz
de que te necesiten. Lo mejor de todo
es el trabajo en los barcos
que zarpan muy lejos,
el anudar sogas, vaciar el agua,
calafetear las fugas, la vigilia del cargamento.
Es mejor estar cansado y colapsar
por la tarde. Es mejor despertar claro en la mañana
a la primera luz, levantarse bajo el cielo inamovible,
ignorar el agua infranqueable
y  alzar la nave sobre las olas
hacia la siempre recurrente costa del sol.



En la tormenta de rosas

A donde sea que volteamos en la tormenta de rosas,
la noche arde con espinas, y el relámpago
de pétalos, alguna vez callado entre los arbustos,
retumba en nuestros talones.


Dialectos

Uno puede reconocerlos por sus dialectos,
el batidor y el abatido,
el perseguidor y el perseguido,
los ingenuos y los sabios,
dialectos que no renuncian a su acento nativo.


Mi amor después de muchos años

Un largo, largo amor
ha comprobado en sus alas la pesadumbre
y no volará hacia otro.
La vieja mendiga debe vagar,
cada día la puerta azotándose frente a ella,
todos estos años, todos, todos estos días
dirigiéndose a casa hacia el norte.
El viento del sur la alienta, el viento del norte la atormenta.



Trad. de Ademar Ramírez.


Barrera de sonido

La alfombra de ruido, ensordecedora y chata,
que arrastra contigo
lo que más ruido hace, todo
hace ruido y ensordecen,
tiemblan
Tus casas todas
cada pisada
en tu cabeza
todas tus posesiones
recuerdos, pensamientos
lo que rebasó
con una velocidad
que nunca fue la tuya
esta locura; no exista nada
más, nada existe más, y 
no existe nada más lejos
hasta que con el gran estruendo 
bajo el que te inclinas
sobre ti, en lo alto,
la barrera del sonido traspasas,
subiendo.
Te inclinas ya estás
arriba y emprendes tu viaje
con flamantes harapos y llantas
con las costuras reventadas y
una fuerza loca, para que en tu
traspasar el cielo sea [siempre] muy suave
y la tierra muy dura.



En manos del enemigo

Estás en manos del enemigo,
ya muelen Tus
huesos, trituran
Tu mirada
aplastan Tus miradas
con los pies
te taladran el oído
con el silbato de alarma
Alarma



Plaza Wenceslao

                          pistas de hielo, bloques de nieve
No mucho para ver, la nieve, una avería
humeantes
sin palabras ante el frío las bocas, hacia arriba
y hacia abajo como cardúmenes xxxxxxxxxxx de casa en casa
Hombres.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx No mucho para entender.
juntos y en todas direcciones

Sale humo solamente, bocanadas, hace rato que cada uno
piensa en sí mismo, no piensa. Tampoco para qué
ni por qué aquí.

El lugar, con [el que] sin embargo me encontré camino a casa, también se llama así,
es uno y el mismo. Tengo mi pequeño humo
delante de la boca y doblo y me descubro viva
en una callejuela que termina xxx lejos en el fondo de mi pasado
y es mi vida.        en la que está mi origen.


Cementerio judío 

Bosque petrificado, ninguna tumba destac[abl]e, nada para arro[d]illarse
ni tampoco para las flores. Es tan estrecho el lugar que las piedras
se abrazan entre sí, para que no se piense en uno sin el otro,
y para los vivos   una pasarela A través de la cual pasearse,
sin tristeza, El que alcanza la salida no tiene la muerte,
sino el día en el corazón.


Praga, policlínico

Aquí es todo gratuito. No cuesta nada.
Sólo están los enfermos, Ningún asilo de ricos, ningún asilo de pobres,
sólo un asilo de enfermos para los enfermos, no cuesta nada, 
todo gratuito, ninguna prerrogativa ni tampoco privilegios,
aquí están todos enfermos y llaman a las puertas como al Paraíso
y deliran como ante el Paraíso y respiran apenas




(Lezte, unveröffentliche Gedichte, Entwürfe und Fassungen. Suhrkamp, Francfort del Meno, 1998).


Trad. de Ricardo Ibarlucía.





INGEBORG BACHMANN (AUSTRIA, 1926-1973).