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octubre 08, 2015

POEMAS DE FRANZ WRIGHT



Foto: Elizabeth Oehlkers Wright (gentileza de The Washington Post)


INICIAL

Poder decirlo: rosa, roble, estrellas.
¡Y no estar ciego!
Solamente estar acá
por un día,
respirar y saber que cuando te acuestes
vas a seguir respirando;
proyectar un reflejo--,
oh, tener manos
incluso si están un poco lastimadas,
incluso si los dedos
no dejan huella.

(De The One Whose Eyes Open When You Close Your Eyes, 1982)


***
LLEGA LA MAÑANA

Llega la mañana
en limusina
sin anunciarse: alto y demacrado,
el presidente

del insomnio
en persona sale a la vereda
se pone los anteojos negros y sube
la escalera de tu edificio

guiado por un pastor alemán.
Después de un par de golpes sordos
a la puerta, abre lentamente
el libro de páginas en blanco

y señala
con un dedo pálido y con manicura
las cláusulas particulares
que prueban tu culpa.


ENTRADA EN  UNA MANO DESCONOCIDA

Y todavía no pasa nada. No me llevan preso.
Por un descuido sónico inexplicable
nadie se burla de mí cuando voy por la calle.

Me dejan seguir viviendo en este
cuarto. No se me pide que explique mi presencia
en ningún lugar.


¿Qué sugestiones posthipnóticas se hicieron?
¿Quedó alguna sin ejecutar?

¿Por qué me angustia tanto la idea de aceptar
ciertos trabajos?

En el banco no tienen vergüenza--
Parece que para ellos mi nombre no fuera nada.
Indiferentes, me alcanzan la suma que les pedí,

pero los conozco. Es así en todas partes--- 

se creen que me van a sorprender: a mí,
que no hago nada más que esperar.

Una vez atendí el teléfono y el que llamaba colgó --
qué astuto.

Se creen que me pueden asustar.

Yo siempre estoy asustado.

Qué coraje hace falta para levantarse y vestirse
a la mañana ¡Y nadie te felicita!

En ningún momento del día puedo dejarme caer
de rodillas y negarme a seguir, no se terminó.

Sigo

esquivo autos que suben el cordón para darme en la cadera,
entre carcajadas
en blanco y negro y aplausos,

paso delante de un millón de ventanas oscuras por donde espían
jubilados con sus perros de ataque --

voy hasta mi puesto,

al final del mostrador,

con el escalpelo envuelto en la servilleta.


(De Entry in an Unknown Hand, 1989)


POEMA SIN TÍTULO


Era la primera vez que me arrodillaba
con mis labios besaba, asustado, esos labios
como pétalos de rosa iluminados por dentro.

Fue como tocar con la lengua
el corazón expuesto de un pájaro.

El amanecer de verano entró en la habitación cortando las cortinas en dos
—las luces se apagaron—la brisa
se volvió visible. Un relámpago,
y después el aplauso suave
de las hojas…

Casi unos chicos, nos dormimos enamorados escuchando
la lluvia.

Nosotros no pedimos nacer.


PENSAMIENTOS DE UNA GRANJA SOLITARIA

Y no sentirse mal por morir.
No tomarlo como algo tan personal –

es solamente
el esfuerzo que hacemos toda la vida

para excluir la muerte de nuestros pensamientos
lo que nos enfrenta, cuando llega, 

con el horror de ser excluido-- …
algo así, el viento canadiense

que entra por el lago Erie
haciendo tintinear las ventanas, la nieve horizontal
que aparece de ninguna parte
cruzando la carretera negra y los campos como un millón de abejas blancas.


(De The Night World & The Word Night, 1993)



CATEDRAL VACÍA

Está ese banco
al fondo
que
estuvo
esperándote
toda la vida, como tu lecho de muerte.
Cristo Criminal
cuelga
arriba, ojos y boca
cerrados, sugiriéndote
antes de que entres vos también 
en la tercera persona, que enciendas
una vela
para los de acá,
¿sí?


RECETA

Mientras estás en la cama
mirando la película
de las últimas cosas
terribles que hiciste,

examinás con gran admiración
y envidia al de la
cara sin miedo
y viene la conciencia

con su papel
a proclamar
el derecho incontrovertible
a dormir del portador,

a solicitar 
y recibir
de inmediato
en nombre sideral.


TRADUCCIÓN

   La muerte es la forma que tiene la naturaleza
de decirte que te quedes quieto.

   De decir que es hora
de desconectarte, pulida tu conflagración
hasta ser un diamante.

   Te voy a dar algo por qué llorar.

   Y lo que deletrearon las copas de esos árboles
mientras oscilaban débilmente con el viento.


MEMOIR

   Rogá que se haya olvidado de la dirección
y por una semana

   no atiendas el teléfono:
apagá todas las luces

   de la casa--
hacé como que no estás

   si alguna noche
de ventisca ves

   a Franz Wright acercarse
por tu calle con su valija

   de pastillas de codeína,
llevando ese manuscrito

   negro y pesado
de textos en blanco.



ESCRITO CON UN LÁPIZ DEL TAMAÑO DE UN BATE DE BÉISBOL

Acá los podés encontrar a todos,
esta es la gente
que no vuelve más:
la chica que vive en el cuarto
enfrente de la sala, la rubia linda
que entra con una furia sin palabras
a husmear tu maletín
mientras estás en la cama y se lo negaste
cuando te preguntó por qué, le negaste
que se quedara (“no vayas por ahí contando historias sobre mí”).
El adolescente que tuvo un ataque
y sigue llenando con su ropa
el cesto de la ropa sucia de la madre
en casa, el tacho de basura
de plástico negro
en la cocina brillante y
esterilizada que tenemos prohibida cuando nos da hambre
entre comidas vuelve
a hacerlo cada vez
y se la mandan de vuelta. Después
está la virgen maníaca de setenta años
a la que le cuesta trabajo sacarte los ojos
del culo, meneándose detrás tuyo, flotando
por el pasillo vengas de donde vengas
detrás tuyo
podés reírte 
hasta que se te pare el corazón, pero nada
va a persuadirla
de que no sos la respuesta a sus plegarias;
la que abre en secreto tu puerta 
una hendija en la oscuridad, y se queda toda la noche parada
mirando con ojos de cadáver,
o lo haría
si no fuera porque el tipo de blanco viene
cada media hora y te enciende
la linterna encima de los ojos abiertos para ver
si te mataste. Y quién sabe,
a esta altura
podrías ser
uno de ellos
cosas más raras se han visto.


(De The Beforelife, 2001)




AÑO UNO

   Estaba parado
en una esquina del norte.

   Nubes invernales de luz de luna del color de la desesperación de los lobos.

¿La prueba
de Tu existencia? no hay nada
más.


SOBRE LA TIERRA

La resurrección del pequeño manzano detrás

de mi ventana, la luz
de las hojas de la tarde
en el abril
de sus ojos, olvidate
olvidate-
pero cómo
¿Cómo se hace
para morir?
Quién sobre esta tierra
me va a enseñar-
El mundo
está lleno de gente
que nunca se murió.


UN CORAZÓN

Es tarde y recién vuelvo de
la versión más larga que se conozca de caminata.
Primera vez en casi un mes,
y cambió todo. Estamos a fines de marzo, sobreviví
una vez más. Esta mañana una mujer joven
describía cómo es aspirar coca con un bebé
en los brazos. La luz increíble, ventosa y cambiante,
las nubes y el agua eran, en ciertos momentos,
Vos.

En mi cuerpo hay un solo corazón, tengan piedad de mí.

Las hojas pardas enterradas todo el invierno, los pies sin criaturas
que corren sobre el pasto seco que empieza a reverdecer, las primeras
violetas sin perfume de vuelta aquí y allá, la primera estrella que se advierte
de golpe al pararse a mirar el agua negra.

Gracias por dejarme vivir un rato como uno de los
sanos; gracias por dejarme saber cómo es.
Gracias por dejarme mirar tu cielo azul aterrador sin miedo y tu mundo espantoso
sin terror, y a tus ovejas psicóticas, descarriadas y sin esperanza
con este amor


TORMENTA DE JUNIO

   Voces en las primeras hojas del verano, acorazonadas,
color verde oscuro, de la lluvia;
de los pájaros.
Cómo se llaman,

Me voy y todavía no sé.

   Sin embargo, voy allá,
donde están-
Eso siento.

   Siento que antes
estuve ahí.

   De chico
lo sentía, y ahora
lo sé.


LA PALABRA

   Como un tercer juego de dientes
o las piezas de una partida de ajedrez

   el Pensamiento

y lo más misterioso
de todo, 
   la materia del pensamiento

   La mente mortal que piensa
en cosas inmortales,
sineine

   Mirala examinar
los granos negros de la vida
y la muerte— que son la misma
cosa
es su mano abierta

   Dulces granos de arena sombreados en verde y negro:
cuando nadie te vea

mirá a escondidas

probá uno



RESBALÓN

El globo negro
atado otra vez a la muñeca, la mano delgada
flotando
a tres centímetros de la blanca
sábana blanca

El cuerpo
una palabra por decirle
a la muerte, una
palabra
que nadie más conoce
completamente de ella--

La noche, solo la sombra de su infierno


PD

Cierro los ojos y veo
una gaviota en el desierto,
alto, contra el cielo azul insoportable .

Hay esperanza en el pasado.

Te estoy escribiendo
todo el tiempo, estoy escribiendo

a dos manos,
día y noche.


CÓMO ME VAS A CONOCER

Para días
como este, de sombras sepia,
un buen abrigo

impermeable al frío de este mundo, con capacidad para albergar eso
que solo puede llamarse insignificancia propia, absoluta e indivisible
(incontemplable en su pequeñez y enormidad) antes de que por fin se revele.

En mi año cuarenta y ocho, en el día treinta del segundo mes, mientras caminaba entre los exiliados a orillas del río Charles bajo anestesia general, con una crucecita gris manchándome la frente, los cielos se abrieron como un libro, como una manzana cortada en dos, y vi no me acuerdo qué

Si la ventisca lo permitía
el barco de ella tenía que aparecer
cerca de las cuatro de la mañana
como la fama solitaria
de un poeta.



(De Walking to Martha’s Vineyard, 2003)




EMPEZAR DE NUEVO

"Si pudiera parar de hablar, dejar de hablar
por completo durante un año, puede ser que
empezara a mejorarme", balbuceó.
Otra vez solo, practicándose 
él mismo una cirugía de cerebro 
en una habitación chiquita y mal
iluminada, sin espejo. Una habitación
con piso, techo y paredes
todos de espejos, qué desastre
Oh Dios mío---

Y todavía
la pregunta
sigue siendo
no cómo empezar
de nuevo, sino más bien

¿Por qué?

Entonces nos sentamos ahí
juntos
la montaña
y yo, dijo
Li Po, hasta que solo queda
la montaña.


PALABRA DE DESPEDIDA (frag.)

En cuanto a mí
ya no tengo cabeza
que perder, se terminó
todo eso —
mi cabeza es el cielo
hoy. (Y

siempre es
y siempre fue
hoy). Azul,
                   su color
afligido sobre nosotros…

¿Fluye desde o hacia los que lo vemos?

Rayo de percepción invisible que el rostro  irradia
sobre las cosas, o
rostro en el que las cosas brillan!
Estoy tan contento

de no saber más,
de que ya
no me importe.

Y otra cosa:

¿el futuro?
Ahí nunca
estuve.


DEDICATORIA

Es verdad que no te escribo nunca, pero con gusto me moriría con vos.
Con gusto bajaría, solo con vos, hasta la enorme boca
que espera, pasada la juventud, más allá de cada instante de éxtasis, acordate:
nos íbamos a pintar la cara el uno al otro antes de la batalla, y a cepillarnos el pelo
diciéndonos que somos inconquistables, que somos terribles y espléndidos--
la boca que espera, espera con paciencia. Y te voy a encontrar ahí otra vez
pasando las espinas sangrantes, la dilatación eterna, el fuego que no altera nada;
Ya estoy ahí, pasando las nubes de nieve, el musgo pelado, el enjambre tenue de las estrellas que hasta podemos pisar, esta vez es más fácil, te prometo--
Ya estoy esperándote en tu cielo privado, acá tenés mi mano, yo te ayudo a cruzar. Con gusto me moriría con vos, aunque nunca te escriba
desde este hospital gris. Mirá
qué ocupados están tratando de curarme,
y, perdón, pero estoy condenado. Me dieron el trabajo
de pasarle la aspiradora al desierto para siempre, bueno, nada más ocho horas diarias.
Y de veras queda como a un kilómetro de la cafetería;
por lo menos es una grande. Con sus cuchillos de plástico en miniatura,
su ensalada de atún y sus genitales envueltos en film, por favor
alguien podría
sacarme de acá, perdón. Me alegra decir que
todos los métodos, los fármacos masivos, la terapia artística
y las películas edificantes tanto como las otras que prefiero
no mencionar— quiero decir, cada una de las técnicas
conocidas hasta la boca—¡perdón!— hasta nuestra ciencia más
bondadosa y compasiva están empleándose
para restituir mi bienestar general
y mi estabilidad risueña. Yo sigo aspirando
hacia una lucecita de diamante que se quema
en la distancia. Acordate de mí
¿Te acordás
de mí?
En la oscuridad de la noche sin ventanas
cuando estoy frío y adormilado
y nadie juega con la vía, ni
me ilumina los ojos,
aunque no te escriba, secretamente
quiero morirme con vos,
¿eso cuenta?


(De God’s Silence, 2008)




HOTEL GIRATORIO


Las aguas fluyen vastas en el patio trasero
¡En los bares se puede conseguir un pack de seis!
Tammy Wynette está en la marquesina

a una cuadra. De esto hace veinticinco años:
vos te fuiste a la muerte y yo a la vida,
solo Dios sabe quién tuvo más suerte.

Está ese verso en un poema inédito tuyo.
El río es así,
un conocido ciego.

El viento va a amainar cuando yo diga,
la luz plomiza y menguante
sobre la corriente.

Después va a salir la luna
como la palabra reconciliación,
como Walt Whitman interrogando a la lágrima en el rostro de un muerto.


(De Hotel giratorio, 2009)


DORMIR EN INVIERNO

Tenía problemas para dormir. No sé cuánto tiempo llevaba acostado escuchando la nevisca cuando tuve la viva impresión de que esa nevisca era en Minneapolis en 1959. Y me resultó terriblemente perturbador. Supe que ahora eso iba a tener que encender la luz, salir de la cama y tratar de escribir acerca de mí; y claro, sin importar lo que escribiera, yo iba a sonar como algo que eso inventó. Pero al final decidió quedarse, darse vuelta y guardarme para sí. Creo que fue lo correcto. Después de todo, hubo una sola nevisca en Minneapolis en 1959. ¿Cómo se supone que se describe algo como yo? Y si uno se pone a pensar, ¿por qué intentarlo?, ¿por qué siquiera importaría?



CARTA

Enero 1998

No conozco a nadie,
si me hablaran
no sabría qué hacer.
Pero, ya sé, hasta ahora nadie lo intentó
y yo, sin duda, no voy a hacerlo.
No participo, no me lo permiten,
escucho nada más, y todas las mañanas
tengo un instante de tal felicidad, que respiro
y respiro hasta que vuelve el terror. En cuanto al momento
en que se supone hay que saludar
en realidad, dos personas se miran a los ojos
y se dan la mano un segundo, pero
la iglesia es tan grande y los pocos que son
se sientan muy separados. Así que no es problema.
Mantengo los ojos fijos en el gran cadáver desnudo, el cadáver vertical
que dicen que es amor
y le habló de serlo
al mundo, antes de venir
para que lo torturen y lo ejecuten.
Yo no sé qué hago ahí. Me doy cuenta
de que cuanto más pierdo el contacto
con lo que antes veía como mi vida
más verdadera se vuelve mi parcela en el invierno oscuro del banco—
es infinita. Lo que concebimos
como espacio, el cielo
o sea, el sol y las estrellas
es íntimo y pequeño en comparación.
Cuando salgo, la fealdad es tan aplastante
que se me hace preciosa, querible
como un chico retardado,
Si solamente pudiera contarle a alguien.
La humillación que sufro
cuando pienso en mi pasado
solo se puede describir como gracia.
Somos creados por la destrucción.


GAVIOTA MUERTA

Gaviota en el maizal, campo de maíz del tamaño de una estampilla, en el bosque,
en medio del estado, y cómo llegaste acá. El clima
del paraíso, Massachusetts en julio; el cielo azul, una despedida interminable.
Denme un segundo, adelanto del futuro enjambre de gusanos, denme
un minuto. Podés afilar una hoja hasta que no quede hoja,
podés obsesionarte tanto tiempo con la lupa encima de una palabra que al final se oscurece,
no es, y el fuego consume al mundo en círculos que se dilatan. Por un instante
nada más, quedate conmigo, misterio. Antes de que te transformes por completo
en otra cosa, nube lenta, entrada, conjuro, nombre que todavía
no se recuerda, quedate; decime lo que significás. Un pájaro muerto no es un pájaro muerto
me dijo una vez alguien que sabe.







(De Kindertotenwald, 2011)


SOÑÉ QUE CONOCÍA A WILLIAM BURROUGHS

Conocí a William Burroughs en un sueño.
Era una especie de granja bohemia
y él estaba coronado, chiquito y esquelético,
en un sillón rojo gigante de verdad.

Cuando le pregunté cómo estaba, me contestó,
Bueno, ya sabés lo que dicen –para un resultado mejor
siempre hay que burlarse y asustar a la langosta antes de hervirla.
Franz—Me gusta ese nombre, Franz. Niño Franz,

a la torre oscura y algo más, o el otro...Hey,
¿tenés un cigarro? Y dejá de procuparte tanto;
ni ellos se pueden ayudar, son como perros maltratados
que reaccionan al afecto y a la amabilidad

con un salvajismo incontrolable, deciles
que estás fuera de mi cabeza, amigo. Que estás fuera
de mi cabeza. O que yo estoy fuera de la tuya.
Eso los va a mantener encadenados al árbol.



ROADSIDE GRAVE:
LA MISA DEL INVIERNO

En lo blanco hay un nombre
parado sobre los tres
mundos. Suena
el viento, un mundo de un
color.
El nombre es pronunciado,
una vez
cruzando el campo que oscurece,
el nombre se hilvana,
muy chiquito, en hilo blanco
sobre ropa blanca.

 (De F, 2013)



Las versiones en castellano son de Sandra Toro.



INITIAL

To be able to say it: rose, oak, the stars.
And not to be blind!
Just to be here
for one day, only
to breathe and know when you lie down
you will keep on breathing;
to cast a reflection–,
oh, to have hands
even if they are a little damaged,
even if the fingers
leave no prints.


MORNING ARRIVES

Morning arrives
unannounced
by limousine: the tall
emaciated chairman

of sleeplessness in person
steps out on the sidewalk
and donning black glasses, ascends
the stairs to your building

guided by a German shepherd.
After a couple faint knocks
at the door, he slowly opens
the book of blank pages

pointing out
with a pale manicured finger
particular clauses,
proof of your guilt.


Entry in an Unknown Hand

And still nothing happens. I am not arrested.  
By some inexplicable oversight

nobody jeers when I walk down the street.

I have been allowed to go on living in this  
room. I am not asked to explain my presence  
anywhere.

What posthypnotic suggestions were made; and  
are any left unexecuted?

Why am I so distressed at the thought of taking  
certain jobs?

They are absolutely shameless at the bank——
You’d think my name meant nothing to them. Non-
chalantly they hand me the sum I’ve requested,

but I know them. It’s like this everywhere——

they think they are going to surprise me: I,  
who do nothing but wait.

Once I answered the phone, and the caller hung up——
very clever.

They think that they can scare me.  

I am always scared.

And how much courage it requires to get up in the  
morning and dress yourself. Nobody congratulates  
you!

At no point in the day may I fall to my knees and  
refuse to go on, it’s not done.

I go on

dodging cars that jump the curb to crush my hip,

accompanied by abrupt bursts of black-and-white
laughter and applause,

past a million unlighted windows, peered out at  
by the retired and their aged attack-dogs—

toward my place,

the one at the end of the counter,  

the scalpel on the napkin.


UNTITLED POEM 

This was the first time I knelt
and with my lips, frightened, kissed
the lit inwardly pink petaled lips.

It was like touching a bird's exposed heart
with your tongue.

Summer dawn flowing into the room parting the
curtains—the lamps dimming—breeze
rendered visible. Lightning,
and then soft applause
from the leaves . . .

Almost children, we lay asleep in love listening to the
rain.

We didn't ask to be born.


THOUGHTS OF A SOLITARY FARMHOUSE

And not to feel bad about dying.
Not to take it so personally—

it is only
the force we exert all our lives

to exclude death from our thoughts
that confronts us, when it does arrive,

as the horror of being excluded— . . .
something like that, the Canadian wind

coming in off Lake Erie
rattling the windows, horizontal snow

appearing out of nowhere
across the black highway and fields like billions of white bees.


EMPTY CATHEDRAL

   There's this pew
at the back
that's been
waiting
for you
all your life, like your death bed.
Christ Criminal
hanging
above, eyes and mouth
closed suggesting
before you too enter
the third person, light
one candle
for the here,
will you.


PRESCRIPTION

   While you lie in bed
watching the movie
of every last terrible
thing you have done, you

   consider with high admiration
and envy the one
of unscared face
and conscience come

    with his own slip of  paper
proclaiming
bearer's incontrovertible
privilege to sleep,

   to ask
and receive it
right now
by sidereal name.


TRANSLATION

   Death is nature's way
of telling you to be quiet.

   Of saying it's time
to be weaned, your conflagration starved
to diamond.

    I'll give you something to cry about.

    And what those treetops swaying
dimly in the wind spelled.


MEMOIR

   Just hope he forgot the address
and don't answer the phone

   for a week:
put out all the lights

   in the house--
behave like you aren't there

   if some night when
it's blizzarding, you see
 
   Franz Wright arrive
on your street with its suitcase

   of codeine pills,
lugging that heavy

   black manuscript
of blank texts.


WRITTEN WITH A BASEBALL BAT-SIZED PENCIL


   You can meet them all
here, these are the people
who aren't coming back:
the young woman who lives in the room
across the hall, the pretty blonde
who enters in a speechless rage
to leaf through your suitcase
while you're lying in bed and deny it
when asked why, deny
thet she is there at all (“- don't go telling tales on me”).
The teenage stroke victim
who keeps stuffing his clothes
in his mother's hamper
at home, the black plastic
refuse container
in the bright sterilized
kitchen we're barred from when hungry
between feedings coming back
to do it again
each time they're returned to him. Then
there's the seventy-year-old manic virgin
who is having a hard time taking her eyes off
your ass, mooning after you, floating
downhall
behind you wherever you return-
you can laugh
until your heart stops, nothing's
capable of persuading her
you aren't the answer to her prayers;
who secretly opens your door
a crack in the blackness, she stays up all night
gazing cadaverously down
or she would
if it weren't for the guy in white come
on the half hour shining
his flashlight in your open eyes to see
if you've killed yourself yet. And who knows,
you might be one of them
yourself
by now, stranger
things have happened-


YEAR ONE

   I was standing
on a northern corner.


   Moonlit winter clouds the color of the desperation of wolves.


   Proof
of Your existence? There is nothing
but.


ON EARTH

   Resurrection of the little apple tree outside


   my window, leaf-
light of late
in the April
called her eyes, forget
forget-
but how
How does one go
about dying?
Who on earth
is going to teach me-
The world
is filled with people
who have never died.


ONE HEART

   It is late afternoon and I have just returned from
the longer version of my walk nobody knows
about. For the first time in nearly a month, and
everything changed. It is the end of March, once
more I have lived. This morning a young woman
described what it's like shooting coke with a baby
in your arms. The astonishing windy and altering light
and clouds and water were, at certain moments,
You.


   There is only one heart in my body, have mercy
on me.


   The brown leaves buried all winter creaturless feet
running over dead grass beginning to green, the first scentless
violet here and there, returned, the first star noticed all
at once as one stands staring into the black water.

   Thank You for letting me live for a little as one of the
sane; thank You for letting me know what this is
like. Thank You for letting me look at your frightening
blue sky without fear, and your terrible world without
terror, and your loveless psychotic and hopelessly
lost
   with this love



JUNE STORM

   Voices from the first dark heartshaped green of summer
leaves, rain;
birds'.


What are they called.


I'm leaving here, and still don't know.


I'm going there, though,
where they are-
I feel this.


   Feel that I was there
before.


   I felt this
as a child, and now
I know it.


THE WORD


   Like a third set of teeth
or side in a  chess match


   Thought


   and most mysterious
of all, the
matter of thought


   The mortal mind thinking
deathless things,
sineine


   See it examining
black grains of death
and life- they are the same
thing-
in its open hand


   Sweet black green-shadowed grains of soil:
When no one is looking


   see it secretly


   taste one.



SLIP

The black balloon
tied to her wrist again, thin hand
floating
an inch above the white
white sheet

The body
a word to be said
into death, one
word
which no one else knows
completely her own—

Night just the shadow of her hell



HOW YOU WILL KNOW ME

For days
like this, sepia
shades
a good coat

impermeable to the cold of this world, of a capaciousness to house that
which can only be named one's absolute and indivisible (unbeholdable
in its minuteness and hugeness) nonentity, before it is at last
unveiled

In my forty-eighth year, on the thirteenth day of the second month, as I
was wandering among the exiles along the river Charles under general
anesthesia, a small gray cross smudged on my forehead, the heavens
were opened, like a book, like an apple cut in half, and I saw I don't
remember what

Blizzard permitting
her ship should appear
about four in the morning
like a poet's
lonely fame.


BEGINNING AGAIN

“If I could stop talking, completely
cease talking for a year, I might begin
to get well,” he muttered.
Off alone again performing
brain surgery on himself
in a small badly lit
room with no mirror. A room
whose floor ceiling and walls
are all mirrors, what a mess
oh my God—

And still
it stands,
the question
not how begin
again, but rather

Why?

So we sit there
together
the mountain
and me, Li Po
said, until only the mountain
remains.



PARTING WORD (Frag.)

As for me
I have no mind
to lose anymore, I am through
with all that—
the sky is my mind
today. (And

it always is
and always was

today.) Blue,
                     her color
sorrowing over us . . .

Does it flow out of or into us, seeing?

Unseen ray of perception the face beams
at things, or
face on which things shine!
I am so glad

that I no longer know,
no longer
care.
And one more thing:

the future?
Never

been there.


DEDICATION


It’s true I never write, but I would gladly die with you.
Gladly lower myself down alone with you into the enormous mouth
that waits, beyond youth, beyond every instant of ecstasy, remember:
before battle we would do each other’s makeup, comb each other’s
                   hair out
saying we are unconquerable, we are terrible and splendid—
the mouth waiting, patiently waiting. And I will meet you there
                   again
beyond bleeding thorns, the endless dilation, the fire that alters
                   nothing;
I am there already past snowy clouds, balding moss, dim
swarm of stars even we can step over, it is easier this time, I promise—
I am already waiting in your personal heaven, here is my hand,
I will help you across. I would gladly die with you still,
although I never write 
from this gray institution. See
they are so busy trying to cure me,
I’m condemned—sorry, I have been given the job
of vacuuming the desert forever, well, no more than eight hours
                   a day.
And it’s really just about a thousand miles of cafeteria;
a large one in any event. With its miniature plastic knives,
its tuna salad and Saran-Wrapped genitalia will somebody
                   please
get me out of here, sorry. I am happy to say that
every method, massive pharmaceuticals, art therapy
and edifying films as well as others I would prefer
not to mention—I mean, every single technique
known to the mouth—sorry!—to our most kindly
compassionate science is being employed
to restore me to normal well-being
and cheerful stability. I go on vacuuming
toward a small diamond light burning
off in the distance. Remember
me. Do you
remember me?  
In the night’s windowless darkness
when I am lying cold and numb
and no one’s fiddling with the lock, or
shining flashlights in my eyes,
although I never write, secretly
I long to die with you,
does that count?


WHEELING MOTEL

The vast waters flow past its back yard.
You can purchase a six-pack in bars!
Tammy Wynette’s on the marquee

a block down. It’s twenty-five years ago:
you went to death, I to life, and
which was luckier God only knows.

There’s this line in an unpublished poem of yours.
The river is like that,
a blind familiar.

The wind will die down when I say so;
the leaden and lessening light on
the current.

Then the moon will rise
like the word reconciliation,
like Walt Whitman examining the tear on a dead face.



WINTERSLEEP

I was having trouble sleeping. I don’t know how long I’d been lying there and listening to the blizzard when I had the most vivid impression that it was a blizzard in Minneapolis in 1959. And I found this deeply disturbing. I knew it would now have to turn on its lamp, get out of bed, and try to write about me; and of course no matter what it wrote, I would only sound like something it had made up. But in the end it decided to stay put, turn over, and keep me to itself. I think that was the right thing to do. After all, it was only a blizzard in Minneapolis in 1959. How are you supposed to describe something like me? And when you think about it, why should you try, why should you even care?


LETTER


January 1998


I am not acquainted with anyone
there, if they spoke to me
I would not know what to do.
But so far nobody has, I know
I certainly wouldn't.
I don't participate, I'm not allowed;
I just listen, and every morning
have a moment of such happiness, I breathe
and breathe until the terror returns. About the time
when they are supposed to greet one another
two people actually look into each other's eyes
and hold hands a moment, but
the church is so big and the few who are there
are seated far apart. So this presents no real problem.
I keep my eyes fixed on the great naked corpse, the vertical
        corpse
who is said to be love
and who spoke the world
into being, before coming here
to be tortured and executed by it.
I don't know what I am doing there. I do
notice the more I lose touch
with what I previously saw as my life
the more real my spot in the dark winter pew becomes—
it is infinite. What we experience
as space, the sky
that is, the sun, the stars
is intimate and rather small by comparison.
When I step outside the ugliness is so shattering
it has become dear to me, like a retarded
child, precious to me.
If only I could tell someone.
The humiliation I go through
when I think of my past
can only be described as grace.
We are created by being destroyed.


DEAD SEAGULL

Seagull in the corn, postage stamp-size cornfield in the woods,
in the middle of the state, and how you ever got here. Weather
of heaven, July Massachusetts, the blue sky one endless goodbye.
Give me a minute, maggot-swarming preview of the future, give
me a moment. You can hone a blade until there is no blade, or
dwell with magnifying glass so long on a word that finally it darkens,
is not, and fire in widening circles consumes the world. For a moment
only, stay with me, mystery. Before you change completely into
something other, slow cloud, entrance, spell, not yet remembered
name, stay; tell me what you mean. A dead bird is not a dead bird
I was once told by someone who knows.


I DREAMED I MET WILLIAM BURROUGHS

I met William Burroughs in a dream.
It was some sort of bohemian farmhouse,
and he was enthroned, small and skeletal,
in a truly gigantic red armchair.

When I asked him how he was, he replied,
Well, you know what they say —for best results
always mock and frighten lobster before boiling.
Franz—I like that name, Franz. Childe Franz

to the dark tower something or other…Hey,
got a smoke? And quit worrying so much:
they can’t help themselves, they’re like abused dogs
and they’re going to react to affection and kindness

with uncontrollable savagery. Just tell them,
You’re out of my mind, pal. You’re out
of my mind. Either that or, I’m out of yours.
That’ll keep them brain-chained to their trees.


ROADSIDE GRAVE: WINTER, MASS

In the white is a name.
In the three worlds
it stands. Wind
sounds, a world of one
color.
Name spoken,
once,
across a darkening field;
name being stitched,
very small, in white thread
in white cloth.




FRANZ WRIGHT (EE.UU., 1953-2015)

octubre 04, 2015

El ciclo de las ranas / El principio de no traducción - FOUCAULT

Foto: abc.es





El ciclo de las ranas

Pierre (o Jean Pierre) Brisset, antiguo oficial, daba clases de lenguas vivas. Dictaba. Esto, por ejemplo: «Nos, Pablo Perfecto, guardia de a pie, habiendo sido enviado al pueblo Capeador, nos hemos personado allí, revestido con nuestras insignias. Hemos sido recibido y aclamado en él por una población enloquecida, que nuestra presencia ha bastado para calmar». Es que los participios le preocupaban. Este cuidado lo llevó más lejos que a muchos profesores de gramática: a reducir, en 1883, el latín «al estado de argot», a volver a su casa, pensativo, un día de junio de ese mismo año de 1883 y concebir el misterio de Dios, a convertirse de nuevo en un niño para comprender la ciencia del habla, a hacerse él mismo editor de una obra cuya inminencia, sin embargo, había anunciado el Apocalipsis, a dar, en la Sala de las Sociedades de eruditos, una conferencia de la que hizo mención Le Petit Parisien en abril de 1904. Polybiblion habla de él sin estima: se trataría un servidor del combisme y del anticlericalismo cerrado de mollera. Espero un día mostrar que no es nada de eso.
Brisset pertenece —pertenecía, supongo que ha muerto— a una familia distinta: esta familia de sombras que ha heredado lo que la lingüística, en su formación, dejaba en el olvido. Denunciada, la pacotilla de las especulaciones sobre el lenguaje se convertía entre aquellas manos piadosas y ávidas en un tesoro del habla literaria: se buscaba con una notable obstinación, cuando todo proclamaba el fracaso, el arraigo del significado en la naturaleza del significante, la reducción de lo sincrónico a un primer estado de la historia, el secreto jeroglífico de la letra (en la época de los egiptólogos), el origen patético y croante de los fonemas (Darwin y su descendencia), el simbolismo hermético de los signos: el mito inmenso de un habla originariamente verdadera.
Révéroni Saint-Cyr, con el sueño premonitorio de un álgebra lógica, Court de Gebelin y Fabre d’Olivet, con una erudición hebraica cierta, habían cargado sus especulaciones con toda una gravedad demostrativa. En el otro extremo del siglo, Roussel sólo usa lo arbitrario, pero lo arbitrario combinado: un hecho de lenguaje (la identidad de dos series fonéticas) no le revela ningún secreto perdido en las palabras; le sirve para ocultar un procedimiento creador de discursos y suscita todo un universo de artificios, de maquinarias concertadas cuya aparente razón está dada, pero cuya verdad permanece enterrada (indicada pero no descubierta) en Cómo escribí alguno de mis libros.
Él, Brisset, está encaramado en un punto extremo del delirio lingüístico, allí donde lo arbitrario es recibido como la alegre e infranqueable ley del mundo; donde cada palabra es analizada en elementos fonéticos cada uno de los cuales equivale a una palabra; ésta a su vez no es más que una frase contraída; de palabra en palabra, las ondas del discurso se escalonan hasta la ciénaga primera, hasta los grandes elementos simples del lenguaje y del mundo: el agua, la mar, la madre, el sexo. Esta fonética paciente atraviesa el tiempo en una fulguración, nos vuelve a poner en presencia de nuestros antepasados batracios, más tarde despeña la cosmogonía, la teología y el tiempo a la velocidad incalculable de las palabras que obran sobre sí mismas. Todo lo que es olvido, muerte, lucha con los diablos, caducidad de los hombres, no es sino un episodio en la guerra por las palabras a la que los dioses y las ranas se entregaron antaño en medio de los ruidosos juncos de la mañana. Después, nada, ninguna cosa obtusa y sin boca que no sea palabra muda. Mucho antes de que el hombre fuera, eso no ha cesado de hablar.
Pero, como lo recuerda nuestro autor, «todo lo que precede no es aún suficiente para hacer que hablen aquellos que no tienen nada que decir».


I


La Science de Dieu y, en gran medida, La Grammaire logique se presentan como una investigación acerca del origen de las lenguas. Investigación tradicional durante siglos, que, desde el siglo xix, se vio obligada poco a poco a derivar hacia el lado del delirio. Baste un dato simbólico para esta exclusión: el día en que las sociedades eruditas rechazaron las memorias consagradas a la lengua primitiva.
Pero dentro de esta larga dinastía, un buen día desterrada, Brisset ocupa un sitio señero y actúa como un agitador. Súbito torbellino entre tantos tranquilos delirios.


II - El Principio de no traducción

Dijo en la Advertencia de La Science de Dieu: «La presente obra no puede ser traducida por completo»[1]. ¿Por qué? La afirmación no deja de extrañar, desde el momento en que viene de quien investiga el origen común de todas las lenguas. ¿No está ese origen, como lo quiere una tradición singularmente ilustrada por Court de Gébelin, constituido por un pequeño número de elementos simples ligados a las cosas mismas, que siguen existiendo en forma de huellas en todas las lenguas del mundo? ¿No es posible —directamente o no— conducir de nuevo hacia él todos los elementos de una lengua? ¿No es él eso en lo que cualquier idioma puede ser vuelto a traducir y no forma un conjunto de puntos gracias a los cuales todas las lenguas del mundo actual o pasado comunican? Él es el elemento de la traducción universal: otro en relación con todas las lenguas y el mismo en cada una de ellas.
Ahora bien, Brisset no se dirige hacia aquella lengua suprema, elemental, inmediatamente expresiva. Sino que se queda quieto sin moverse del sitio, con y en la lengua francesa, como si ella fuera en sí misma su propio origen, como si hubiera sido hablada desde el fondo del tiempo, con las mismas palabras, o faltándole unas pocas, distribuidas solamente en un orden diferente, trastornadas por metátesis, encogidas o distendidas por dilataciones y contracciones. El origen del francés no es para Brisset algo anterior al francés; es el francés que juega consigo mismo, y que cae ahí, al exterior de sí, con una polvareda final que es su comienzo.
Sea el nacimiento del mentón:
«El mentón = él aumentó. Por esta relación, el mentón aumenta después de que hayan sido mentadas lacara o la mandíbula. Sal mentón = Se alimentó. Comienzan a tomarse los ajos como ali-mento cuando el mentón, hasta entonces ali-corto, se formó. Con la llegada del mentón el antepasado se hizo vegetariano.»[2]
A decir verdad, no hay para Brisset una lengua primitiva que se pudiera poner en correspondencia con los diversos elem entos de las lenguas actuales, ni siquiera cierta forma arcaica de lengua de la cual se pudiera hacer que derivara, punto por punto, la que hablamos; la primitividad es más bien para él un estado fluido, móvil, indefinidamente penetrable del lenguaje, una posibilidad de circular por él en todos los sentidos, el campo abierto a todas las transformaciones, inversiones y recortes, la multiplicación en cada punto, en cada sílaba o sonoridad, de los poderes de designación. En el origen, lo que Brisset descubre no es un conjunto limitado de palabras sencillas sólidamente amarradas a su referencia, sino la lengua tal como hoy la hablamos, esta misma lengua en el estado de juego, en el momento en que se arrojan los dados, en que los sonidos ruedan aún, dejando ver sus sucesivas caras. E n esa primera edad, las palabras brincan fuera al toque de corneta decisivo, y son recuperadas sin cesar gracias a él, volviendo a caer de nuevo, cada vez según nuevas formas y siguiendo reglas diferentes de descomposición y de reagrupamiento:
«El demonio = el dedo mío no. El demonio presume de dos dedos —dedos de dos— , dado el dedo de Dios, su sexo... Invertida, la palabra demonio da: la monda = una mondadura = un mundo de altura. A lo alto del mundo = yo empino el mundo. El demonio se convierte así en señor del mundo en virtud de su perfección sexual... En su homilía él se guiaba por su ombligo: su ombliguía. La homilía es la mira del maligno. De un mar ígneo, ven tú, el más digno: el maligno es una criatura del mar, de un mar tibio. Ahí salta y sortea el martirio. Con mi salto al mar me tiro.»[3].
Dentro del lenguaje en emulsión, las palabras saltan al azar, como en las ciénagas primitivas nuestras ranas antepasadas brincaban según las leyes de una suerte aleatoria. En el comienzo eran los dados. El redescubrimiento de las lenguas primitivas no es en absoluto el resultado de una traducción; es el recorrido y la repetición del azar de la lengua.
Por esto es por lo que Brisset estaba tan orgulloso de haber demostrado que el latín no existió. Si hubiera habido latín, sería preciso remontar desde el francés actual hacia esa otra lengua diferente y de la que habría derivado según esquemas determinados; y más allá sería preciso aún remontar hacia el estado estable de una lengua elemental. Suprimido el latín, el calendario cronológico desaparece; lo primitivo deja de ser lo anterior; surge como los lances, encontrados repentinamente todos, de la lengua.




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Notas de traducción

[1]. Como se verá un poco más adelante, la observación de Brisset que cita Foucault —«La presente obra no puede ser traducida por completo»— no es exagerada. Pero, más que desanimarnos a realizar esa traducción, nos invita a comprobar, traduciéndolos, qué es exactamente lo que hay de intraducibie en los textos de Brisset y, al mismo tiempo, confirmar que las traducciones posibles son innumerables —ahora bien, recuérdese que esto también sucede con la poesía— . Por eso, aunque nunca se llegará a una traducción, es sin duda posible operar del mismo modo que lo hace Brisset y recrear con ello sus textos en un simulacro de traducción, obviando la traducción literal, que nunca podrá dar cuenta del lenguaje de Brisset y jugando con la lengua de la misma manera que él lo hace. Es el camino que se ha escogido.

      El libro de Foucault contiene cinco fragmentos originales de Brisset. Hemos optado por «traducir» tres de ellos y recoger en estas notas el texto original y una traducción literal, aunque tal vez una transcripción fonética hubiera sido más apropiada o, incluso mejor, la lectura en voz alta con nuestro mejor acento. Mientras que dos de ellos, por razones distintas, los hemos dejado en el «francés» original, para que, en uno (pág. 26 de esta edición), se vea la descomposición fonética, que implica voces latinas, griegas, alemanas, españolas, inglesas y quién sabe cuántas más, aparte del francés que prácticamente desaparece, y, en el otro (pág. 29 de esta edición), para no tener que forzar el comentario literal que Foucault hace de él.

[2]. Nuestra «traducción» procura seguir paso a paso la misma mecánica que pone en práctica Brisset a partir del original pouce («pulgar», nosotros aleatoriamente hemos escogido «mentón»):
«ce pouce = ce ou ceci pousse. Ce rapport nous dit que l’on vit le pouce pousser, quand les doigts et les orteils étaient déjà nommés. Pous ce = Prends cela. On commence à prendre les jeunes pousses des herbes et des bourgeons quand le pouce, alors jeune, se forma. Avec la venue du pouce l’ancêtre devint herbivore.»
      Literalmente: «Ese pulgar = ése o éste empuja. Esta relación nos dice que se le ve al pulgar empujar, cuando los dedos de las manos y de los pies estaban ya nombrados. Pous ce = Toma eso. Se comienzan a tomar los retoños de las hierbas y de los brotes cuando el pulgar, joven entonces, se formó. Con la llegada del pulgar el antepasado se convirtió en herbívoro.»

[3]. «Le démon = le doigt mien. Le démon montre son dé, son dais, ou son dieu, son sexe... La construction inverse du mot démon donne: le mon dé = le mien dieu. Le monde ai = je possède le monde. Le démon devient ainsi le maître du monde en vertu de sa perfection sexuelle... Dans son sermon il appelait son serf : le serf mon. Le sermon est un serviteur du démon. Viens dans lé lit mon: le limon était son lit, son séjour habituel. C’était un fort sauteur et le premier des saumons. Voir le beau saut mon
Literalmente: «El demonio = el dedo mío. El demonio muestra su dado, su palio, o su dios, su sexo... La construcción inversa de la palabra demonio da: el mundo dado — el dios mío. El mundo he = poseo el mundo. El demonio se convierte así en el señor del mundo en virtud de su perfección sexual... En su sermón llamaba a su siervo: el siervo mío. El sermón es el servidor del demonio. Ven en el lecho mío: el limón era su lecho, se residencia habitual. Era un gran saltador y el primero de los salmones. Ver mi bello salto



(De 7 sentencias sobre el 7° ángel [2da. ed.] Trad. de Isidro Herrera, Madrid: Arena Libros, 2002. Título original Sept propos sur le septième, Fata Morgana, 1986).



MICHEL FOUCAULT (FRANCIA, 1926-1984).






octubre 03, 2015

SOBRE LA TRADUCCIÓN - LEOPOLDO MARÍA PANERO






1. Olvidar: esa venganza

      Hace algún tiempo, y habiendo yo, como el protagonista de Ferdydurke, acabado de publicar un libro, una versión de Lear, vino, como en la citada novela, un personaje abyecto, Pimko, por un atroz milagro multiplicado por cuatro, a llevarme a la escuela por haber olvidado el nombre de Norwid. Se lanzaron entonces contra aquella versión, o perversión —concepto éste que explicaremos luego—, una desproporcionada cantidad de insultos: digo desproporcionada porque otras traducciones no deliberadamente pervertidoras como la mía, sino en las que las malformaciones son involuntarias —y no quiero poner ejemplos—, han pasado, para tan vigilante crítica, por completo inadvertidas. No hubo polémica entonces porque, hallándome yo a la sazón en Tánger, no me enteré hasta que ya era demasiado tarde. Pero de haberla habido, el único posible diálogo entre las categorías lingüísticas de “manifestación-designación-significación” y la cuarta dimensión de la proposición que es, nos dice Deleuze, la expresión, en tanto que entre estos dos modos de decir hay más que distancia, más que frío entre ambos: los separa el océano o el infinito de Cantor (algo así quise decir al separar, en mi personal interpretación de Lear, Viejo y ellos) el único posible diálogo, la única palabra capaz de realizar lo que la alquimia llamaba “unión de lo que no puede unirse” hubiera sido también por mi parte, la injuria, ésa que arroja la imagen de un cuerpo fragmentado y que, por consiguiente, nos devuelve a la infancia[1].
      Sólo había dos errores involuntarios en aquella traducción: spade, que traduje apresuradamente por “espada” cuando significa “azadón” (de cualquier manera, espada, azadón o falo componen la misma estructura frente al toro) y Chili, que no traduje por Chile. Las demás, Pimko I (crítica publicada en la revista “Triunfo”) —por ejemplo, traducir la palabra, de significado obvio, uncertain, “incierto”, por “exacto no eran errores sino para tus ojos cegados por el resentimiento (“él, que tiene tantas figuras”). Exactas eran las respuestas del Viejo, pues en mi interpretación de Lear, el Viejo estaba por el Viejo Ello, cuyas respuestas son siempre exactas aun cuando, para serlo, se vean obligadas a alterar el lenguaje.
      Para que esta tragicomedia no se repita con la presente traducción, y para extraer alguna enseñanza de todo aquel chismorreo, procederé a “criticar al crítico” practicando lo que Gluksmann llama una “lectura sintomal” de aquellas críticas.
      Lo que enfadó a Pimko I como a Pimko IV (crítica de “Tele-Expres”) es que Lear no fuera Lear, ni siquiera (Pimko IV), “un buen Panero”: ¿qué significa esto? En primer lugar, que la policía del discurso vigila, ante todo, la conservación de un principio tan vetusto como inexacto (en efecto, el devenir a diario lo contradice), el “principio de identidad”:
A=A, Lear=Lear, “Un buen Panero”=Un buen Panero. No hay posibilidad de mezclas, intercambios, fusiones, en ese conjunto de islas que no forma Archipiélago. Lear será siempre igual a Lear. Lo contrario nos lo dice cualquier empresa crítica moderna: por no ir más lejos, y no ser “pedante”[2], citaré sólo el eco: toda obra está abierta a cualquier lectura, interpretación: y sólo por ello es posible la traducción. Si la obra estuviera cerrada (como de hecho lo está toda obra para estos “lectores”) no habría posibilidad de salir del original, esto es, de traducir. Sólo en cuanto todo texto es una multiplicidad de sentidos un sun-bolov (el prefijo sun indica multiplicidad), es posible verterlo en una lengua que no sea la suya: desarrollando los sentidos latentes en el original, explicándolo (lo que en latín significa: desplegarlo).
      Así el segundo principio que se deduce de esa crítica es que la obra es una Obra: no abierta como el eco, sino cerrada bajo llave en los polvorientos armarios de la Policía del Sentido Común (el fijador de identidades).
      El tercero es la consecuencia directa de este último: es la política autoritaria, la siniestra política de autores: aquel que compuso ese Ataúd que es, para esta gente, la Obra, es también un cadáver, un ser —el autor— idéntico a sí mismo, a cuyo funeral asistimos por medio de su biografía: los motivos que impulsaron a ese autor a realizar una determinada obra fueron en realidad múltiples, infinitos: en la biografía se reducen a uno. La creación de esa obra fue, en realidad, algo azaroso, pudo muy bien no hacerse, o no acabarse: sin embargo para la biografía —y para la política de autores— la obra se hizo necesariamente, no pudo haber sido de otro modo. Con todo esto, la crítica literaria y artística han hecho de la escritura y del arte un inmenso Funeral: donde, como las ratas en un poema mío, los críticos muerden en la piel rosada del artista, murmurándole mientras: tú eres Tú: sólo por eso puedo adorarte: tu fotografía, en la contraportada, me tranquiliza (comprenderemos ahora el sentido de la empresa anabiográfica de Lautréamont): por ella sé que Kafka —aun cuando dividido por la Esquizofrenia en múltiples, innumerables mundos— era sólo Kafka, y si no puedo amar a Artaud —ese máximo negador de la identidad— lo lograré si me dan su foto, el nombre y la fecha de su Muerte.
      A todo esto, el mismo Kafka hubiera contestado: “quemadme”: quememos, pues, alegremente a Kafka, la escritura no es ese funeral, la literatura no tiene historia, no es una colección de nombres a invocar (más que a invocar, a exorcizar por medio de ellos: pues el nombre del autor es el exorcismo para neutralizar lo que detrás de él subyace): es por el contrario la eterna repetición de lo Sin Nombre, y el sentido del arte impugna la identidad.
Y como querían los surrealistas, si amamos realmente al arte, habría que empezar por volar (con la dinamita de la Esquizia) su cementerio: esos Museos.
      Lo que, en resumen, dijeron esas “críticas” a una lectura Crítica es: que la función de la crítica ortodoxa es convertir la escritura en Literatura, y preservar los pobres, viejos y secos mitos de la división del trabajo (la principal causante de tantas identidades, “Obras”, “autores”, “géneros”, Creación y traducción, etc. ), mitos a los que ni en aquella traducción ni en ésta pretendo invocar (por consiguiente está fuera de lugar toda crítica en su nombre), sino que, por el contrario, en ellas me atengo a lo que Foucault llama (“Sept propos sur la septième ange”) el “principio de no-traducción”, que consistiría no ya en fundir, como dije en el prólogo a Lear, las dos lenguas (la del original y la del traductor), provocando así los tan temidos —por la policía, o más bien, por los bedeles del discurso— “anglicismos”, etc., sino en reenviar ambas a una tercera, la lengua primitiva, que analizó Cardán. Lengua por cierto en relación estrecha con la injuria.
      Una última observación: el arma de esa crítica, para criticar al Humor, fue la ironía (esa risa constipada, y apta para promover reformas de costumbres demasiado desacostumbradas): mientras que como luego precisaremos, el Humor trastorna, introduce la Grieta, la ironía confirma: si excluye o condena lo hace como lo haría Dios: es incapaz de llegar a esa Síntesis disyuntiva que es la que operaría el Humor. Todo sucede pues —o sucedió, sucederá— entre una risa que conoce sus propios límites, o que en su movimiento se preocupa por restaurarlos, se abre sólo para dividir lo Otro de lo Mismo, y Otra que en la barrera (como Humpty Dumpty) más bien que más allá, funde repetición y diferencia, repite la diferencia. Es en este sentido en el que  puede deirse que “ríe mejor quien ríe último”).
      Y con esto, mis cuatro Pimkos, me despido: enjambre de moscas (eso era el recuerdo para Schwob) que revolotea alrededor de lo que quisiera que fuera un cadáver (el autor): os olvido.
      Ofrezco, al mismo tiempo, un nuevo bocado para vuestras fauces, si es que con esto no habéis quedado ya hartos.
      Pimko I: que esto sea, cayendo sobre ti, el azadón que tanto anhelabas.
      Pimko II (crítica de “La Vanguardia”, que aludió al Edipo diciendo algo así como que yo era digno hijo de mi padre: caiga sobre ti mi saliva lo mismo que sobre mi padre.
      Pimko III: procura disculpar, de ahora en adelante, lo que no entiendas, es decir, lo que no figura en la colección el Bardo.
      Pimko IV: el saber (todo menos el nombre de Norwid) no me parece sea un obstáculo para el ejercicio de la escritura —lo que sí es un obstáculo es tu política de autores—. Sin embargo de ti, como de todos los otros Pimkos, prefiero No-saber (como decía Bataille)— olvidar, olvidaros, pues la escritura es una forma del Olvido.

2. Versión y per-versión

“cada nombre que designa el sentido de otro anterior es de un grado superior a ese nombre y a lo que designa”
Deleuze, Lógica del Sentido.


“...la traducción literal que en español llamamos, significativamente, servil. No digo que la traducción literal sea imposible, sino que no es una traducción...(Es) Algo más cerca del diccionario que de la traducción que es siempre una operación literaria[3].” “En los últimos años, debido tal vez al imperialismo de la lingüística, se tiende a minimizar la naturaleza eminentemente literaria de la traducción.” “Según lo muestran los casos de Baudelaire y Pound, la traducción es indistinguible muchas veces de la creación”.

“(la traducción de un original) no es tanto su copia como su transmutación.”
Octavio Paz, Traducción: literatura y literalidad.

      Con tan larga cita de un texto publicado en esta misma colección, me he permitido recordar a la cenicienta crítica española una de las recientes concepciones de la traducción. A otra, “el principio de no-traducción” de Foucault, ya me he referido en el párrafo anterior, y de una tercera —la de Walter Benjamin, “El deber del traductor”— ya hablé en el prólogo a mi Perversión de Lear.
      Todas estas concepciones apuntan en una única dirección: la traducción, que hasta hoy ha sido considerada como una labor anónima y humilde (son las famosas, imperceptibles “notas del traductor” que no se atreven a comentar el texto más que en lo imprescindible: por otra parte, por lo general no se sabe quién es el traductor, no importa lo más mínimo saberlo: su nombre figura en letra pequeña detrás del título de la obra: lo cual no ha de extrañarnos porque si esa traducción era servil, es normal que se trate a su autor como a un siervo), es —o debe ser— por el contrario una operación literaria, creadora, si es que lo traducido es literatura y si se quiere, efectivamente, traducirlo: más creadora, literaria incluso, que el original traducido, puesto que (como —estúpidamente— se ha señalado tantas veces) la traducción de una obra literaria es imposible: en primer lugar porque, como dice Paz en el texto citado, “cada texto es único”, en segundo lugar porque, como Sapir demostró y Marx dijo, “las ideas no existen separadas del lenguaje”: por consiguiente el sol no es lo mismo para alguien que habla inglés que para el indio Choktaw, que no distingue entre el amarillo y el verde y habla la lengua primitiva: no será tampoco lo mismo para las abejas que poseen también, como señaló entre otros Benveniste, su propio lenguaje hecho de gestos. Cada lenguaje es un universo distinto. Y ni siquiera la misma palabra posee, en órdenes lingüísticos diferentes, el mismo sentido: como señaló Freud, las palabras para el Ello son sólo sonidos, se asocian por el sonido y simbolizan algo muy distinto de su significado consciente. Traducir así, un sueño o un delirio, nos llevará muy lejos de su literalidad. Y algo parecido sucederá si queremos traducir lo que tan cerca está del sueño o del delirio: la escritura literaria.
      Si queremos, pues, tender un puente —traducir (del latín trans-duco: conduzco más allá)— entre lugares que son, el uno para el otro, el “extranjero”, tendremos que enfrentar esa tarea como si se tratara de otro imposible: la alquimia —que es sin embargo, a juicio de modernos intérpretes como Jung, Crowley o Julius Evola (“Metafísica del sexo”), un “imposible real”—: en efecto, el objetivo máximo de la alquimia era lograr “la unión del o que no puede unirse” —el espíritu y el cuerpo— y algo parecido incumbe a la traducción: la síntesis de letra y sentido, sentido y significado, que es también “la unión de lo que no puede unirse”. Es por lo que puede hablarse de la traducción no ya como de una operación literaria, sino como de una operación alquímica. Y puesto que la alquimia fue asociada, por los antes mencionados intérpretes (a excepción de Jung), así como por el propio Paz (Conjunciones y disyunciones: véase el capítulo “Alquimia sexual y cortesía erótica”) y Bachelard (aunque este de un modo mucho más lerdo, decía que los alquimistas debido a la imposibilidad, se masturbaban), a las operaciones sexuales tántricas, es decir, a una sexualidad mística, extraña y perversa, la traducción alquímica será más bien que una versión, una per-versión. Y esto no sólo por la citada analogía: especialmente por cuanto una síntesis, como Hegel dijo, es una “negación de la negación”: la destrucción de ambos contrarios: su Perversión.
      Ello (ça) habremos de hacer si queremos salvar a un tiempo la letra y el sentido del original (lo que se llamó “espíritu” y “letra”): sólo lo lograremos a costa de ambos, cuando el sentido per-vierta a la letra, y la letra al sentido. Sólo por su recíproca anulación podremos conservarlos, restituirlos en un tercero que será, y no será, la tesis (la letra) como la antítesis (el sentido). Este tercero, o cuarto (porque se sitúa en la cuarta dimensión de la proposición) será la per-versión.
      Pero la Perversión no se limitará a esto: desarrollará los sentidos que en el original sólo se insinuaban, podían ser pero no eran, siempre que esos “contenidos latentes” se muestren más propicios al contexto de la re-creación  elaborada por el Pervertidor que los “contenidos manifiestos” (la letra que mata, mientras que el Sentido vivifica: la letra cuya conservación intacta mataría cualquier traducción: la convertiría, como dice Paz, en una “no-traducción” muy distinta de la “no-traducción” foucaultiana): explicaría, desplegaría en todos los sentidos posibles, el texto original; para citar de nuevo a Paz: “la traducción implica una transformación del original”: una verdadera transmutación alquímica, para hacer de ella, por un raro milagro (caro a Hegel: la transmutación de algo, si “tomado en serio”, llevado hasta sus últimas consecuencias, en su contrario), la re-producción exacta del original: original que se perdería en una versión, en una traducción servil. La per-versión es pues, la única traducción literal, o mejor dicho fiel al original: y esto lo logra mediante un adulterio, mediante su —aparente— infidelidad. Dando la vuelta al texto, circunscribiéndolo: sólo así, y no yendo derecho a él, es cómo se logra apresar a esa “rara avis” —o como la alquimia decía, goma, o ciervo fugitivo— que es el Sentido del original. Y para “producir”, con medios diferentes, efectos análogos (que era el ideal de la traducción poética para Valery), la Per-versión no dudará en añadir, si es preciso, palabras, versos enteros, párrafos enteros para así dejar intacto el Sentido del original y hacer que la traducción de éste produzca en el lector el mismo efecto estético que le produciría la lectura del original. Aunque, a decir verdad, esto es difícil: ya que toda lectura es diferente (una prueba más de que el texto es sólo una Grieta), toda lectura, como de nuevo dice Paz, es una traducción más.
      La Per-versión, diremos para terminar, es la traducción que se asienta en la Grieta, que explora todas las fisuras del texto original: son esos intersticios los que, a veces, rellena con nuevas palabras o versos (sabido es —o al menos, creo que debería ser sabido— que tanto las traducciones de Pound como las más recientes de Ponge, añaden al original versos propios que son, sin embargo, ajenos, por cuanto dirigidos a extender —en su misma dirección— el sentido del original: pero esa extensión, si la Per-versión es correcta, no ha de añadir ni una sola palabra, ni un solo significado, al Sentido del texto original).
      La Perversión, pues, trabaja en esa Grieta del texto: pero no para agrietarlo, sino precisamente para rellenarlo, perfeccionar, terminar el texto original (una vez más, no para siempre, ya que uan nueva traducción, o una simple lectura, encontrará otras Grietas, que llenarán a su vez con nuevas palabras, nuevos sentidos, viejos por cuanto nacidos —a veces abortados—en el texto original): y así hasta el infinito —el infinito que es el texto—, porque el texto no será nunca el Texto, será siempre su ausencia (sobre este punto cf. Blanchot, L’absence du livre): para, en suma, revivirlo, aunque nunca estuvo muerto, si se ha traducido; porque, como dijo Benjamin, sólo la traducción da la medida en que un texto está vivo, sólo puede traducirse un texto viviente —abierto—, y el texto vive sólo gracias a sus traducciones.
      Y para dar punto final a este párrafo, unas palabras sobre mi traducción —mi Perversión de Carroll: en ella —por miedo a la policía— no me he extralimitado tanto como debiera haber hecho: he completado sólo algunos finales, que he tratado de mejorar siempre que los encontraba débiles: cosa que en Carroll ocurre con frecuencia porque —como explicaré más tarde— no sabía qué escribía, no sabía su Libro: por eso escribía con tanta facilidad —casi como hablaba, y sin casi: es sabido que Alicia fue primero relatado verbalmente, en una bamboleante barca— y por eso fallaba cuando se trataba —como se trata siempre al final de un texto— de dar con el centro, con el núcleo de lo escrito. Pero aquí, a diferencia de en mi perversión de Lear, todos esos adulterios de la letra con el sentido están debidamente anotados, junto con la versión literal, o al menos, la mayoría de ellos; lo que espero sea suficiente mordaza para tanta palabra hueca y vacía, un mosquitero, una red para evitar el vuelo de tanta mosca, “que ignora su vuelo”[4], Mantis para tanto nulo insecto: que en la oscuridad de esa boca se desvanezca, con un crujido leve, el macho homosexual e inútil, que la Negrura absorba la diferencia (de sexos), la negrura de ese insecto religioso y caníbal, que reza en silencio a Dios[5], mientras devora las cabezas de sus vanos esposos, que ese Adivino (Mantis, en griego profeta, adivino), o Profeta de lo Abominable devore “en actitud de fantasma”[6] a tanto oscuro y chirriante saltamontes.





[1]  “Los objetos del placer infantil vuelven en forma de juramentos y maldiciones” Ferenczi, Las palabras obscenas.
[2] Pimko IV: con esta palabra un minimum de lenguaje acostumbra a designar a lo que le forcluye.
[3] Los subrayados de los epígrafes son nuestros.
[4] Lacan.
[5]y [6] Sobre este punto hemos consultado a Fabre, Costumbres de los insectos: uno de los nombres vulgares de la mantis es “louprego-leu”, y este insecto nunca hace ruido.




(Prólogo para el libro de Lewis Carroll, Matemática demente. Edición de Leopoldo Panero. Barcelona: Tusquets, 1979).


LEOPOLDO MARÍA PANERO (ESPAÑA, 1948 - 2014).