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septiembre 28, 2013

EL AXOLOTÓFAGO – ROGER BARTRA



                                                                      La única y auténtica patria del hombre es su infancia.
                                                                                                                                                R.M. RILKE


La idea de que dentro de nosotros habitan fuerzas o entes extraños, que la conciencia no domina, es muy antigua. Por ello no es difícil que arraigue un mito basado en la impresión de que hay una bestia adentro de cada hombre. Lo sorprendente es que, si hacemos caso a recientes estudios científicos, efectivamente hay un animal dentro de nuestra cabeza y un animal muy parecido al axolote.
Algunos científicos creen haber descubierto que las partes más antiguas y primitivas del cerebro humano se encuentran asociadas a ciertas formas de comportamiento. Una especie de excavación arqueológica del cerebro humano nos revelaría que hay varios estratos que podrían corresponder al curso global del proceso evolutivo. El estrato más superficial, y más moderno, es la masa del neocórtex –que conforma la mayor parte del cerebro de los mamíferos más evolucionados y en cuyas circunvoluciones y lóbulos radican las facultades más avanzadas. Debajo del neocórtex encontramos el sistema límbico (el hipotálamo, la pituitaria, etc.), que está estrechamente relacionado con las emociones, las motivaciones y los sistemas homeostáticos de regulación. Por último, en las partes más profundas encontramos el mesencéfalo (o cerebro medio) y el cerebro posterior (médula, pons, etcétera); ahí se localizan los procesos neurales básicos de autoconservación y reproducción. Esta estructura profunda ha sido bautizada por Mac Lean con el nombre de complejo reptílico, debido a que es la parte más primitiva y antigua del cerebro, que se desarrolló hace centenares de millones de años en los reptiles y, embrionariamente, en los anfibios. Pero lo más sorprendente es que se ha demostrado que el complejo reptílico desempeña un papel importante en la conducta agresiva, la territorialidad, los actos rituales y el establecimiento de jerarquías sociales. Carl Sagan ha escrito reflexiones muy interesantes a partir de las reflexiones de Mac Lean sobre los rasgos del complejo reptílico:

                                     Tengo la impresión –afirma de que estos rasgos configuran en buena medida el comportamiento burocrático y político del hombre actual...sorprende comprobar en qué medida nuestros actos reales –en contraposición a lo que decimos o pensamos puede explicarse en función de las pautas que rigen la conducta de los reptiles.

Para Carl Sagan los rasgos humanos que emanan del complejo reptílico –principalmente los actos rituales y las jerarquías son esencialmente peligrosos aunque se encuentran controlados por las funciones superiores del neocórtex. Por un camino diferente, otro científico ha llegado a plantear el mismo problema, aunque su apreciación es muy distinta a la de Sagan. Para Konrad Lorenz el ritual es muy valioso: “La desviación o reorientación del ataque es probablemente la escapatoria más ingeniosa que haya inventado la evolución para diferir la agresión por vías inofensivas”. Fue Julian Huxley quien al hacer estudios sobre el comportamiento del somorgujo encopetado descubrió que hay algunos movimientos de los animales que, en el curso de la filogénesis, pierden su función primitiva y se convierten en ceremonias meramente simbólicas; Huxley definió este hecho como un proceso de ritualización.
El problema planteado por K. Lorenz es el siguiente: hay una contradicción entre los impulsos agresivos y la conservación de una especie; la agresividad hacia otros animales es necesaria para la conservación de la especie; pero cuando la agresividad adquiere un carácter intraespecífico, es decir, cuando se dirige hacia miembros de la propia especie, se convierte en una amenaza para la sobrevivencia. En este caso interviene la ritualización –explica Lorenz para evitar que la agresión aniquile a la especie sin que sean eliminadas, no obstante, sus funciones indispensables en interés de todos: se mantiene inalterada la pulsión agresiva, en general útil e indispensable, pero se genera –para casos particulares que podrían ser nocivos para la especie mecanismos especiales de inhibición. Concluye Lorenz: “Una vez más, hay aquí una analogía con la evolución cultural del hombre en el curso de su historia. Es la razón por la cual los más importantes imperativos de la ley mosaica, así como cualquier otra ley, son prohibiciones y no órdenes”. Es decir, se prohíbe el acto pero no la tentación: Dios prohibió que en el Edén la mujer y el hombre probasen el fruto del árbol del conocimiento, pero permitió que la serpiente los tentara. De aquí se desprende la trilogía característica de muchos mitos: prohibición-tentación-culpa. Muchos rituales políticos modernos se encuentran influidos por esta secuencia peculiar. Lorenz agrega:

                                     Los combates codificados entre vertebrados son un buen ejemplo del comportamiento análogo a la moral humana. Toda la organización de estos combates parece tener como fin establecer quién es el más fuerte, sin estropear demasiado al más débil.

La interpretación de Lorenz, de hecho, justifica la agresión simbólica casi inofensiva de la política tal como la conocemos: mientras la lucha sea ritualizada, cobra pocas víctimas y la especie no se encuentra globalmente amenazada. Si damos un paso más en esta dirección, lograremos justificar las guerras limitadas que –supuestamente nos evitan una guerra total que exterminaría a la humanidad. Yo creo que esta interpretación contiene un equívoco; nada garantiza que la lógica de la dinámica social siga el mismo curso de la lógica de la vida de las especies; es posible que las pequeñas guerras simbólicas nos introduzcan en una espiral que nos lleve a una catástrofe general. Sin embargo, creo que el hombre será capaz de controlar completamente los rituales reptílicos que su naturaleza alberga, de tal manera que no haya víctimas de ninguna clase, ni a nivel simbólico ni en pequeña escala.
Es preciso aceptar que puede haber un inquietante vínculo que relacione la política y la violencia con algunas peculiaridades alojadas en lo más profundo de nuestro ser biológico. Si esto es así –como todo parece indicarlo, debemos escudriñar con gran atención todos aquellos procesos políticos que encuentren, así sea parcialmente, una legitimación o un apoyo en pulsiones que emanan del “cerebro primitivo” del hombre. Yo creo que la evocación de un ente primigenio que le daría aliento al alma colectiva de un pueblo es precisamente uno de esos procesos político-culturales que buscan su apoyo en los resortes del complejo reptílico. Tal vez es esta la razón por la que el nacionalismo es un fenómeno tan peligroso y eficaz. En este sentido, el axolote –anfibio en transición hacia la especie reptílica es una buena metáfora para describir al nacionalismo: en el interior de la cultura nacional mexicana se encuentra agazapado un angustiado axolote, que simboliza tanto las pulsiones reptílicas de la especie como una compleja construcción mitológica sobre el ser del mexicano. Pero existen otros seres extraños y felices llamados axolotófagos: parientes de aquel antiguo y dichoso pueblo, descrito por Herodoto, que se alimentaba únicamente del fruto del loto, cuando los compañeros de Ulises comieron el “florido manjar”, dulce como la miel, se olvidaron de su patria y desearon permanecer con los lotófagos para siempre. De los axolotófagos no se sabe si son axolotes que comen loto o bien humanos que se alimentan exclusivamente de axolotes; se sabe, sí, que son amigos de los cronopios, que han construido una utopía y que han olvidado todas las patrias, menos la de su infancia.


(de “La jaula de la melancolía – Identidad y metamorfosis del mexicano”, 2005).



ROGER BARTRA (MÉXICO, 1942)


septiembre 27, 2013

POEMAS DE MAY SWENSON




SANGRAR

Pará de sangrar dijo el cuchillo.
Si pudiera lo haría dijo el corte.
Pará de sangrar me hacés enchastrar de sangre.
Perdón dijo el corte.
Pará o me hundo más dijo el cuchillo.
No por favor dijo el corte.
El cuchillo no dijo no puedo evitarlo
pero se hundió más.
Si no sangraras dijo el cuchillo no tendría
que hacer esto.
Ya sé dijo el corte sangro tan fácil odio
no poder hacer nada quisiera ser cuchillo
como vos y no tener que sangrar.
Bueno dijo el cuchillo mientras pará de sangrar ¿si?
Estás que das asco y cada vez más adentro dijo el corte
voy a tener que parar.
¿Paraste? dijo el cuchillo.
Creo que ya casi paré.
Para empezar ¿por qué tenés que sangrar? dijo el cuchillo.
Tal vez por la misma razón por la que vos tenés que hacer
lo que tenés que hacer dijo el corte.
No soporto la sangre dijo el cuchillo y se hundió más profundo.
Yo también la destesto dijo el corte ya sé no sos vos soy yo
tenés suerte de ser cuchillo tedrías que estar contento.
Demasiados cortes dijo el cuchillo son un asco
no sé cómo se aguantan entre ellos.
No se aguantan dijo el corte.
Estás sangrando otra vez.
No ya paré dijo el corte mirá cómo salís ahora
la sangre se seca se limpia y quedás brillante de nuevo.
Si los cortes no sangraran tanto dijo el cuchillo
saliendo un poco más.
Los cuchillos se desafilarían dijo el corte.
Todavía estás sangrando un poco dijo el cuchillo.
Espero que no dijo el corte.
Lo siento apenas una pizca.
Será una pizca pero puedo parar.
Todavía hay algo de humedad dijo el cuchillo y se hundió
un poquito pero enseguida salió otro poquito.
Lo justo nomás dijo el corte.
Suficiente ahora pará ¿estás mejor? dijo el cuchillo.
Me temo que tengo que sangrar para sentir dijo el corte.
Yo no yo no tengo que sentir dijo el cuchillo ya secándose
y volviendo a brillar.





PARANDO EN LO DE ED

Me gusta estar en tu departamento sin tocar nada.
Como no querría mover un árbol en el bosque
ni cambiar el juego de sol y sombras en el suelo.

La mugre amarilla de la cocina tiene que estar ahí
contra el revoque blanco. Y no usé tu toalla violeta
porque me gusta el hueco que le dejaste al afeitarte.

En tu mesita de madera de seis lados, llena de marcas
misteriosas como un tablero de dardos, tomo el café
en tu taza marrón. Miro lo despejado de la

habitación de enfrente, donde el sol se mete por los
vidrios desnudos de la ventana. Tu hamaca de Afganistán,
un capullo de tamaño humano colgado de pared a pared,
tu escritorio angosto y tu máquina de escribir

son los únicos muebles. Todas las mañanas la luz del este me empapa
donde me siente, con las piernas cruzadas, en tu pradera,
un desparramo al azar de alfombras de colores vivos. Retozo

como un perro o un gato, después me estiro
en el centro del color y del diseño, y escucho
abajo, el rugido distante de los camiones
contra el empedrado de la calle Bethune.

Cuando abro los ojos, descubro el vacío pacífico
del cielorraso. Su superficie de capas de pintura vieja es blanca
como la luna e impenetrable, como el Mar – de la Tranquilidad.





LA PELÍCULA DE JAMES BOND

El pochoclo es grasiento y me olvidé de traer Kleenex.
Una cápsula que es una bomba adentro del estómago de un hombre

adentro de la Embajada explota. Eructos de fuego, coliflores
de lujo se agigantan en movimiento. La pantalla de 9 mts entera

es anaranjada, es carne que crepita y ladrillos que revientan,
carbonizados, hechos trizas. Desenvuelvo un Beldent y, mientras

reboto los dientes contra la goma que hace picar la lengua,
con el papel de 3 cms trato de sacarme la manteca de los dedos.

Un baño de burbujas, del tamaño de una habitación, con 14 chicas
apetecibles y asexuadas, Conogoles en top (con sus postizos rubio,

rojo, castaño, rosa, lavanda o plata enroscados y laqueados
allá arriba) friegan y entusiasman a un solo macho

cuyo pecho tiene la cantidad y la distribución exacta
de pelito enrulado. Él, nervioso, finge defender

su pudor. Su entrepierna está bajo el agua, también
fuera de cuadro – pero las 28 tetas enjabonadas y resbalosas, no.

El maquillaje no deja que las chicas parezcan desnudas. Pestañas
negras y espesas como orugas, labios exuberantes de brillo rosa

chicle, como el que masco, lentes de contacto en los ojos
casi todos azules, son réplicas con narices perfectas.

Ya me saqué casi toda la grasa, y con este pedacito
de papel. Ahora lo doblo y le hago rayas con las uñas.




LA FORMA DE LA MUERTE

¿A qué se parece el amor? Ya conocemos
la forma de la muerte. La muerte es una nube
enorme y monumental. Al principio se levanta
un párpado del ojo de la luz:
hay un estruendo, un capullo blanco

que eructa la mandíbula del miedo,
una nube alta se revuelve del blanco al gris
como un cerebro monstruoso que estalla y se incendia,
después se torna negra, desbordándose,
llenando todo el cielo con la ceniza del terror

y, densa, envuelve entre el mar limpio
y la luna, la cabeza verde de la tierra.
Atrapados en el capullo de su aliento que asfixia
conocemos la forma de la muerte:
la muerte es una nube.

¿Y cómo es el amor?
¿Es una partícula?¿una estrella-
completamente invisible, más allá del microscopio y el Palomar?
¿Una dimensión inimaginada, superior a la longitud de la esperanza?
¿Es un clima hermoso y remoto que jamás nos atreveremos

a descubrir? ¿Cuál es su color? ¿y su alquimia?
¿Es una gema que puede extraerse de la tierra?
¿O dragarse del mar? ¿Puede comprarse?
¿Puede sembrarse y cosecharse?
¿Es una bestia asustadiza que hay que acechar?

La muerte es una nube
inmensa, es un estruendo.
El amor es chiquito y nada estridente.
Anida en cada célula,
no se puede partir.

Es un rayo, una semilla, una nota, una palabra,
un movimiento secreto de la sangre y el aire.
No es ajeno, está cerca –
en nuestra propia piel-
una funda para mantenernos limpios del miedo.




Bleeding

Stop bleeding said the knife
I would if I could said the cut.
Stop bleeding you make me messy with the blood.
I'm sorry said the cut.
Stop or I will sink in farther said the knife.
Don't said the cut.
The knife did not say it couldn't help it but
it sank in farther.
If only you didn't bleed said the knife I wouldn't
have to do this.
I know said the cut I bleed too easily I hate
that I can't help it I wish I were a knife like
you and didn't have to bleed.
Well meanwhile stop bleeding will you said the knife.
Yes you are a mess and sinking in deeper said the cut I
will have to stop.
Have you stopped by now said the knife.
I've almost stopped I think.
Why must you bleed in the first place said the knife.
For the same reason maybe that you must do what you
must do said the cut.
I can't stand bleeding said the knife and sank in farther.
I hate it too said the cut I know it isn't you it's
me you're lucky to be a knife you ought to be glad about that.
Too many cuts around said the knife they're
messy I don't know how they stand themselves.
They don't said the cut.
You're bleeding again.
No I've stopped said the cut see you are coming out now the
blood is drying it will rub off you'll be shiny again and clean.
If only cuts wouldn't bleed so much said the knife coming
out a little.
But then knives might become dull said the cut.
Aren't you still bleeding a little said the knife.
I hope not said the cut.
I feel you are just a little.
Maybe just a little but I can stop now.
I feel a little wetness still said the knife sinking in a
little but then coming out a little.
Just a little maybe just enough said the cut.
That's enough now stop now do you feel better now said the knife.
I feel I have to bleed to feel I think said the cut.
I don't I don't have to feel said the knife drying now
becoming shiny.


Question

Body my house
my horse my hound
what will I do
when you are fallen

Where will I sleep
How will I ride
What will I hunt

Where can I go
without my mount
all eager and quick
How will I know
in thicket ahead
is danger or treasure
when Body my good
bright dog is dead

How will it be
to lie in the sky
without roof or door
and wind for an eye

With cloud for shift
how will I hide?


 Staying At Ed's Place

I like being in your apartment, and not disturbing anything.
As in the woods I wouldn't want to move a tree,
or change the play of sun and shadow on the ground.

The yellow kitchen stool belongs right there
against white plaster. I haven't used your purple towel
because I like the accidental cleft of shade you left in it.

At your small six-sided table, covered with mysterious
dents in the wood like a dartboard, I drink my coffee
from your brown mug. I look into the clearing

of your high front room, where sunlight slopes through bare
window squares. Your Afghanistan hammock,
a man-sized cocoon
slung from wall to wall, your narrow desk and typewriter

are the only furniture. Each morning your light from the east
douses me where, with folded legs, I sit in your meadow,
a casual spread of brilliant carpets. Like a cat or dog

I take a roll, then, stretched out flat
in the center of color and pattern, I listen
to the remote growl of trucks over cobbles on
Bethune Street below.

When I open my eyes I discover the peaceful blank
of the ceiling. Its old paint-layered surface is moonwhite
and trackless, like the Sea—of Tranquillity.


The James Bond Movie

The popcorn is greasy, and I forgot to bring a Kleenex.
A pill that’s a bomb inside the stomach of a man inside

The Embassy blows up. Eructations of flame, luxurious
cauliflowers giganticize into motion. The entire 29-ft.

screen is orange, is crackling flesh and brick bursting,
blackening, smithereened. I unwrap a Dentyne and, while

jouncing my teeth in rubber tongue-smarting clove, try
with the 2-inch-wide paper to blot butter off my fingers.

A bubble-bath, room-sized, in which 14 girls, delectable
and sexless, twist-topped Creamy Freezes (their blond,

red, brown, pinkish, lavendar or silver wiglets all
screwed that high, and varnished), scrub-tickle a lone

male, whose chest has just the right amount and distribu-
tion of curly hair. He’s nervously pretending to defend

his modesty. His crotch, below the waterline, is also
below the frame—but unsubmerged all 28 slick foamy boobs.

Their makeup fails to let the girls look naked. Caterpil-
lar lashes, black and thick, lush lips glossed pink like

the gum I pop and chew, contact lenses on the eyes that are
mostly blue, they’re nose-perfect replicas of each other.

I’ve got most of the grease off and onto this little square
of paper. I’m folding it now, making creases with my nails.

The Shape of Death

What does love look like? We know
the shape of death. Death is a cloud
immense and awesome. At first a lid
is lifted from the eye of light:
there is a clap of sound, a white blossom

belches from the jaw of fright,
a pillared cloud churns from white to gray
like a monstrous brain that bursts and burns,
then turns sickly black, spilling away,
filling the whole sky with ashes of dread;

thickly it wraps, between the clean sea
and the moon, the earth's green head.
Trapped in its cocoon, its choking breath
we know the shape of death:
Death is a cloud.

What does love look like?
Is it a particle, a star -
invisible entirely, beyond the microscope and Palomar?
A dimension unimagined, past the length of hope?
Is it a climate far and fair that we shall never dare

discover? What is its color, and its alchemy?
Is it a jewel in the earth-can it be dug?
Or dredged from the sea? Can it be bought?
Can it be sown and harvested?
Is it a shy beast to be caught?

Death is a cloud,
immense, a clap of sound.
Love is little and not loud.
It nests within each cell, and it
cannot be split.

It is a ray, a seed, a note, a word,
a secret motion of our air and blood.
It is not alien, it is near-
our very skin-
a sheath to keep us pure of fear.




Versiones en castellano de Sandra Toro

MAY SWENSON (EE.UU., 1913-1989)

septiembre 24, 2013

"PONDERACIÓN Y SIGNO DEL TEQUILA" Y OTROS POEMAS DE ÁLVARO MUTIS




PONDERACIÓN Y SIGNO DEL TEQUILA

Para María y Juan Palomar

El tequila es una pálida llama que atraviesa los muros
y vuela sobre los tejados como alivio a la desesperanza.
El tequila no es para los hombres de mar
porque empaña los instrumentos de navegación
no obedece a las tácitas órdenes del viento.
Pero el tequila, en cambio, es grato a quienes viajan en tren
y a quienes conducen las locomotoras, porque es fiel
y obcecado en su lealtad al paralelo delirio de los rieles
y a la fugaz acogida en las estaciones,
donde el tren se detiene para testimoniar
su inescrutable destino de errancia.
Hay árboles bajo cuya sombra es deleitoso beberlo
con la parsimonia de quien predicó en el viento
y otros árboles hay donde el tequila no soporta la umbría
que opaca sus poderes y en cuyas ramas se mece
una flor azul como el color que anuncia los frascos de veneno.
Cuando el tequila agita sus banderas de orillas dentadas,
la batalla se detiene y los ejércitos tornan
al orden que se proponían imponer.
Dos escuderos lo acompañan a menudo: la sal y el limón.
Pero está listo siempre a entablar el diálogo
sin otro apoyo que su lustral transparencia.
En principio el tequila no conoce fronteras.
Pero hay climas que le son propicios
como hay horas que le pertenecen con sabia plenitud:
cuando llega la noche a establecer sus tiendas
en el esplendor de un meridiano sin obligaciones,
en la más alta tiniebla de las dudas y perplejidades.
Es entonces cuando el tequila nos brinda su lección consoladora,
su infalible gozo, su indulgencia sin reservas.
También hay manjares que exigen su presencia,
son aquellos que propició la tierra que los vio nacer.
Inconcebible sería que no fraternizaran con certeza milenaria.
Romper ese pacto sería grave falta contra un dogma prescrito
para aliviar la escabrosa tarea de vivir.
Si “la ginebra sonríe como una niña muerta”
el tequila nos atisba con sus verdes ojos de prudente centinela.
El tequila no tiene historia, no hay anécdota
que confirme su nacimiento. Es así desde el principio
de los tiempos, porque es don de los dioses
y no suelen ellos fabular cuando conceden.
Ese es oficio de mortales, hijos del pánico y la costumbre.
Así es el tequila y así ha de acompañarnos
hasta el silencio del que nadie regresa.
Alabado sea, pues, hasta el final de nuestros días
y alabada su cotidiana diligencia para negar ese término.



DOS POEMAS

1. Si oyes correr el agua         

Si oyes correr el agua en las acequias,
su manso sueño pasar entre penumbras y musgos,
con el apagado sonido de algo
que tiende a demorarse en la sombra vegetal.
Si tienes suerte y preservas ese instante
con el temblor de los helechos que no cesa,
con el atónito limo que se debate
en el cauce inmutable y siempre en viaje.
Si tienes la paciencia del guijarro,
su voz callada, su gris acento sin aristas,
y aguardas hasta que la luz haga su entrada,
es bueno que sepas que allí van a llamarte
con un nombre nunca antes pronunciado.
Toda la ardua armonía del mundo
es probable que entonces te sea revelada,
pero sólo por esta vez.
¿Sabrás, acaso, descifrarla en el rumor del agua
que se evade sin remedio y para siempre?



2. Como espadas en desorden

                                                              Mínimo Homenaje a Stéphane Mallarmé

Como espadas en desorden
la luz recorre los campos.
Islas de sombra se desvanecen
e intentan, en vano, sobrevivir más lejos.
Allí, de nuevo, las alcanza el fulgor
del mediodía que ordena sus huestes
y establece sus dominios.
El hombre nada sabe de estos callados combates.
Su vocación de penumbra, su costumbre de olvido,
sus hábitos, en fin, y sus lacerías,
le niegan el goce de esa fiesta imprevista
que sucede por caprichoso designio
de quienes, en lo alto, lanzan los mudos dados
cuya cifra jamás conoceremos.
Los sabios, entretanto, predican la conformidad.
Sólo los dioses saben que esta virtud incierta
es otro vano intento de abolir el azar.

(De "Poemas dispersos")


Sonata 2

Por los árboles quemados después de la tormenta.
Por las lodosas aguas del delta.
Por lo que hay de persistente en cada día.
Por el alba de las oraciones.
Por lo que tienen ciertas hojas
en sus venas color de agua
profunda y en sombra.
Por el recuerdo de esa breve felicidad
ya olvidada
y que fuera alimento de tantos años sin nombre.
Por tu voz de ronca madreperla.
Por tus noches por las que pasa la vida
en un galope de sangre y sueño
Por lo que eres ahora para mí.
Por lo que serás en el desorden de la muerte.
Por eso te guardo a mi lado
como la sombra de una ilusoria esperanza.


Amén

Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos.
Al retorno de una furiosa adolescencia,
al comienzo de las vacaciones que nunca te dieron,
te distinguirá la muerte con su primer aviso.
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha.


(De "Los trabajos perdidos")


“204”


I


      Escucha Escucha Escucha
la voz de los hoteles,
de los cuartosaún sin arreglar,
los diálogos en los oscuros pasillos que adorna una
    raída alfombra escarlata,
por donde se apresuran los sirvientes que salen al
    amanecer como espantados murciélagos

     Escucha Escucha Escucha

los murmullos en la escalera; las voces que vienen de
    la cocina, donde se fragua un agrio olor a comida
    que muy pronto estará en todas partes, el ronroneo
    de los ascensores

      Escucha Escucha Escucha

a la hermosa inquilina del “204” que despereza sus        
    miembros y se queja y extiende su viuda desnudez
    sobre la cama. De su cuerpo sale un vaho tibio de
    campo recién llovido.

¡Ay qué tránsito el de sus noches tremolantes
    como las banderas en los estadios!

      Escucha Escucha Escucha

el agua que gotea en los lavatorios, en las gradas que  
    invade un resbaloso y maloliente verdín. Nada hay
    sino una sombra, una tibia y espesa sombra que
    todo lo cubre.

Sobre esas losas —cuando el mediodía siembre de
    monedas el mugriento piso— su cuerpo inmenso y
    blanco sabrá moverse, dócil para las lides del tá-
    lamo y conocedor de los más variados caminos.
    El agua lavará la impureza y renovará las fuentes
    del deseo.

       Escucha Escucha Escucha

la incansable viajera abre las ventanas y aspira el
    aire que viene de la calle. Un desocupado la silba
    desde la acera del frente y ella estremece sus flan-
    cos en respuesta al incógnito llamado.


II


De la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo a los orinales
de los orinales al río
del río a las amargas algas
de las algas amargas a la ortiga
de la ortiga al granizo
del granizo al terciopelo
del terciopelo al hotel

      Escucha Escucha Escucha

la oración matinal de la inquilina
su grito que recorre los pasillos
y despierta despavoridos a los durmientes,
el grito del “204”:
¡Señor, Señor, por qué me has abandonado!


(De “Los elementos del desastre”)


Lieder



En alguna corte perdida,
tu nombre,
tu cuerpo vasto y blanco
entre dormidos guerreros.
En alguna corte perdida,
la red de tus sueños
meciendo palmeras,
barriendo terrazas,
limpiando el cielo.
En alguna corte perdida,
el silencio
de tu rostro antiguo.
¡Ay, dónde la corte!
En cuál de las esquinas del tiempo,
del precario tiempo
que se me va dando
inútil y ajeno.
En alguna corte perdida
tus palabras
decidiendo,
asombrando,
cerniendo
el destino de los mejores.
En la noche de los bosques
los zorros buscan
tu rostro. En el cristal
de las ventanas
el vaho de su anhelo.
Así mis sueños
contra un presente
más que imposible
innecesario.


II


Giran, giran
los halcones
y en el vasto cielo
al aire de sus alas dan altura.
Alzas el rostro,
sigues su vuelo
y en tu cuello
nace un azul delta sin salida.
¡Ay, lejana!
Ausente siempre.
Gira, halcón, gira;
lo que dure tu vuelo
durará este sueño en otra vida.


Lied en Creta

A cien ventanas me asomo, 
el aire en silencio rueda
por los campos.
En cien caminos tu nombre,
la noche sale a encontrarlo,
estatua ciega.
Y, sin embargo,
desde el callado
polvo de Micenas,
ya tu rostro
y un cierto orden de la piel
llegaban para habitar
la grave materia de mis sueños.
Sólo allí respondes,
cada noche.
Y tu recuerdo en la vigilia
y, en la vigilia, tu ausencia,
destilan un vago alcohol
que recorre el pausado
naufragio de los años.
A cien ventanas me asomo,
el aire en silencio rueda.
En los campos,
un acre polvo micenio
anuncia una noche ciega
y en ella la sal de tu piel
y tu rostro de antigua moneda.
A esa certeza me atengo.
Dicha cierta.


IV
En un jardín te he soñado…
 Antonio Machado

Jardín cerrado al tiempo
y al uso de los hombres.
Intacta, libre,
en generoso desorden
su materia vegetal
invade avenidas y fuentes
y altos muros
y hace años cegó
rejas, puertas y ventanas
y calló para siempre
todo ajeno sonido.
Un tibio aliento lo recorre
y sólo la voz perpetua del agua
y algún leve y ciego
crujido vegetal
lo puebla de ecos familiares.
Allí, tal vez,
quede memoria
de lo que fuiste un día.
Allí, tal vez,
cierta nocturna sombra
de humedad y asombro
diga de un nombre,
un simple nombre
que reina todavía
en el clausurado espacio
que imagino
para rescatar del olvido
nuestra fábula.


Lied de la noche
La nuit vient sur un char 

conduit par le silence 

Lafontaine


Y, de repente,
llega la noche
como un aceite
de silencio y pena.
A su corriente me rindo
armado apenas
con la precaria red
de truncados recuerdos y nostalgias
que siguen insistiendo
en recobrar el perdido
territorio de su reino.
Como ebrios anzuelos
giran en la noche
nombres, quintas,
ciertas esquinas y plazas,
alcobas de la infancia,
rostros del colegio,
potreros, ríos
y muchachas
giran en vano
en el fresco silencio de la noche
y nadie acude a su reclamo.
Quebrantado y vencido
me rescatan los primeros
ruidos del alba,
cotidianos e insípidos
como la rutina de los días
que no serán ya
la febril primavera
que un día nos prometimos.


Lied marino

Vine a llamarte
a los acantilados.
Lancé tu nombre
y sólo el mar me respondió
desde la leche instantánea
y voraz de sus espumas.
Por el desorden recurrente
de las aguas cruza tu nombre
como un pez que se debate y huye
hacia la vasta lejanía.
Hacia un horizonte
de menta y sombra,
viaja tu nombre
rodando por el mar del verano.
Con la noche que llega
regresan la soledad y su cortejo

de sueños funerales.


ÁLVARO MUTIS (COLOMBIA, 1923-2013)

POEMAS DE DANIELA CAMOZZI




Marca

Hasta ahora nadie supo ver
el collar de cuentas transparentes
que rodea mi cuello por las noches.



Última trasnoche

Como una pitonisa
anuncia calamidades
y se encorva para murmurar
su adivinación:

Tantas noches en vela
harán de tus ojos
dos cuencos de cal.

Es agosto, llovizna
y un sol blanquecino
revela mugre vieja
en las azoteas.



Acción

El modo en que se arremolina
la capa del superhéroe
sugiere una posibilidad de escape.
Pero si “éste es el fin del mundo
tal como lo conocemos”:
¿Se descompondrá la materia
corrompida por la luz
oblicua de tu pensamiento?



(De “La felicidad ajena”, Buenos Aires, Huesos de Jibia, 2008)



Eso no cambia el fondo de la explicación

Las trayectorias parecen inclinarse
hacia tu percepción de las cosas
e insisten en aquella misma piedra
como si no fuera ya tiempo
de catalogar los obstáculos
o por lo menos de plantearse
alguna hipótesis efímera y abandonar
esta costumbre del lanzamiento
para esperar después
la consabida pérdida de impulso.


(De la serie "Breve historia de la mecánica celeste", 2008)


la realidad del cuerpo

suele decirse
que un cuerpo aparece
cuando se lo toca
y que antes
no estaba ahí
el mío apenas sale
cuando se choca
con algún mueble
y se magulla
o al apoyar
la mano en la mesada
y así el metal
me devuelve la mano
como propia
ese es también
un cuerpo
pero menos
es como una anticipación
un fragmento
es que si nadie lo toca
él no está
del todo ahí
hasta que sí aparece
como suele decirse
estremecido por la caricia
y deja de ser
un fragmento que se apoya
en alguna superficie
para tener realidad
con tu caricia aparece
la realidad completa
de mi cuerpo



fugacidad

si toda dicha es fugaz
que este pelo revuelto en tu mano
el recorrido de los dedos
por el borde de tu omóplato
que este desbande en el centro de mi cuerpo
esta fosforescencia
se sostenga un segundo más
que todavía no se apague




DANIELA CAMOZZI (ARGENTINA, 1969)

septiembre 22, 2013

VAGO- LOS POEMAS DE LUIS S. MASETTO (Fragmentos) - TAL NITZÁN

FOTO: Iris Nesher


Luis Sebastián Masetto es un gran poeta argentino difunto,
no muy conocido. Apareció por primera vez en el cuarto y penúltimo poemario de la poeta y traductora israelí Tal Nitzán, con poemas del único libro publicado en su vida, 'Vago', supuestamente traducidos al hebreo por Nitzán.
Gradualmente fue cobrando vida, poemas y menciones suyas aparecieron en libros de otros poetas hebreos, hasta que en un acto de justicia poética fue re-traducido al castellano por el poeta y traductor Gerardo Lewin, y publicado por Ediciones Pen Press.



VAGO (1)


I



Aquel que anda, sangrante entre los hombres
cuidará, ante todo,
sus maneras. Será sobrio.
No pasará en instantes
de la penumbra a la luz.
Trocará oscuridad
por sombras otras,
lo umbrío por 
las tinieblas exteriores
y el lloro
por el crujir de dientes. (2)





VII


Felices aquellos cuyos ojos se posan
en los rincones de su cuarto,
los que miran la carne de la urbe sin ser vistos,
los que sus distancias miden en sonoras ondas,
los que por propia voluntad desgarran sus ventanas
pues ellos heredarán
toda la plenitud de lo oscuro
y lo que allí se oculta.



X


Luego de tres días sin tregua
si fuesen lluvia todas tus ilusiones

sobre ti, en este instante, reales, caerían.




XIII


La luz fermenta,
hay un caudal de sangre bajo el cielo.
Tras ella,
suave como la misericordia,
sobre las manchas de verdín
que surgieron como pudor
en las mejillas de los ángeles
desperdigados en el parque
y en las hojas que se agitan
y en los ojos vacíos
y en el descenso
en los negros muslos
de la joven de mármol
en el círculo vacío de la fuente –
la lluvia resbala,
sin color,

sin voz.


XVIII


Turbias gotas en las pestañas de la ciudad. Amanece.
Los edificios, obstinada muralla contra el sol.
Suspira la portentosa maquinaria oxidada.
Los muchachos arriban con sus multiplicadas chaquetas,
con sus cabellos a un costado amalgamados,
con sus rapaces colmillos.
No temas.
Ama a tus párpados que soportan, cada mañana,
el buen aire en el que pululan designios.
Perdona a tu ojo derecho. (3)
Pide sólo por lo imprescindible (la moneda
que te lleva de una a otra calle,
de una hora a la siguiente).

XXI

El ancho de la avenida se adecua
a la fuerza del viento
que el filo del obelisco corta,
se recuesta pesado sobre el río de gentes
que se debaten entre una orilla y otra
y, con los hombros plegados,
como ocultando un secreto vergonzante,
como el infame que esconde su vileza
conservan, codiciosos, el calor de sus cuerpos.


XXIV


La idea colmó la habitación
como mil voces al unísono.
Las muchachas, melancolía y fobia,
se recostaron contra tu cuerpo
sofocando tu aliento en sus aromas.
Las acciones que jamás realizaste
de piedra se volvieron, se agrietaron,
la hierba las cubrió.


XXX


Aquel que anda sangrante
entre los hombres
vestirá una sonrisa como un traje.
con los codos gastados,
una sonrisa como un farol de calle descompuesto
que iluminara noche y día.
Aquel que anda entre los hombres
con sonrisa encendida.

XXXVI


La puerta que se cierra a mis espaldas
o se trata quizás del golpe subterráneo,
lo que se derrama en mis prendas, mis cabellos
y se estanca, como agua, a mis pies
El tiempo.



Notas:
(1). 
El poemario, originariamente de treinta y seis estancias, dibuja un doble movimiento: centrífugo, hacia una ciudad que es al mismo tiempo la Buenos Aires terrenal - y al mismo tiempo un ideal de metrópolis - y centrípeto, hacia ese cuarto cerrado que es a la vez real y metafórico.

(2). "Mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas exteriores: allí será el lloro y el crujir de dientes", Mateo 8:12. La mixtura entre motivos católicos y paganos o telúricos como la caverna son típicos de la primera poética de Masetto.

(3). Referencia a Mateo 5:29: " Si tu ojo derecho te hace pecar, arráncalo y tíralo".



Traducción al hebreo de TAL NITZAN (Jaffa, ISRAEL)

       Re-traducción del hebreo al castellano de GERARDO LEWIN (ARGENTINA, 1955)



LUIS SEBASTIÁN MASETTO (ARGENTINA, 1938-1985)






septiembre 21, 2013

UN POEMA DE THOMAS MERTON

Foto: Sybille Akers


EN SILENCIO

No te muevas.
Escuchá las piedras de las paredes.
Silencio, tratan
de decir 

tu nombre.
Escuchá
las paredes vivas.

¿Quién sos?
¿Quién 
sos? El silencio 
de quién?

Quién (quedate quieto)
sos (como estas piedras
quietas). No pienses
en lo que sos
y menos en
lo que podés ser.

Mejor
sé lo que sos (¿pero quién?)
sé el impensable
que no conocés.

Oh no te muevas, mientras
todavía estás vivo
y las cosas viven a tu alrededor

hablándole (no oigo)
a tu propio ser,
hablando por lo desconocido
que está en vos y en ellas.

"Como ellas, voy a tratar
de ser mi propio silencio:
y eso es difícil. Todo el mundo
se incendia secretamente. Las piedras
arden, hasta las piedras me queman.
¿Cómo puede un hombre estar quieto o
escuchar todas las cosas quemándose?
¿Cómo se atreve a quedarse sentado con ellas
cuando todo ese silencio está en llamas?



In Silence

Be still.
Listen to the stones of the wall.
Be silent, they try
to speak your

name.
Listen
to the living walls.

Who are you?
Who
are you? Whose
silence are you?

Who (be quiet)
are you (as these stones
are quiet). Do not
think of what you are
still less of
what you may one day be.

Rather
be what you are (but who?)
be the unthinkable one
you do not know.

O be still, while
you are still alive,
and all things live around you

speaking (I do not hear)
to your own being,
speaking by the unknown
that is in you and in themselves.

“I will try, like them
to be my own silence:
and this is difficult. The whole
world is secretly on fire. The stones
burn, even the stones they burn me.
How can a man be still or
listen to all things burning?
How can he dare to sit with them
when all their silence is on fire?”




Versión en castellano de Sandra Toro


THOMAS MERTON (FRANCIA/EE.UU., 1915-1968)