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agosto 25, 2013

POEMAS DE EDGAR BAYLEY



EL BRAZO


Entrega tu sueño
al pájaro del alba.
Tú ya no puedes penetrar el aire.
Vuelve
con los brazos abiertos,
en silencio.
No despiertes al mar.
Entrega tus tambores.
No te expliques nada,
deja al cielo la noche.
Ya es hora.
Cada recuerdo queda
con su guerrero propio.
No te expliques nada,
no pidas el rescate
ni la palabra justa.
El nido abre su piel
para alojar tu voz.
La rosa del viento
aclara tu alfabeto.
Los coros descienden
a la luz de otra luna.

Yo entrego mi temor
y la esperanza.
Toda noche vuelve
al borde del espejo.

Vuélvete,
deja tu nombre
y tu defensa.
En el claro del viento
otra palabra te sorprende.
Los árboles giran
quince años atrás.
La espesura del alba
ha cambiado los tiempos.

Abandona más todavía;
espanto,
trinos,
el agua de siete colores,
tu mano sumergida,
aquella rosa,
estos labios
y el sombrero
de los cuatro puntos cardinales.

Deja fluir tu brazo
sobre el mundo.
Nada más que tu brazo.

(de Buenos Aires, poesía, Buenos Aires, 1954)



OFICIO DE VIENTO Y SOMBRA


frente a las pruebas de la noche
coraje de prolongar con tu voz
el silencio opulento

por aquí he marchado
al alba
retenido
pasajero
entre el viento y la sombra
entre las ramas

no relegar a un mundo aparte
las donaciones del viaje

me tiendo a su costado
conozco el fluir de este camino
esta mezcla de mí mismo
de mis manos
esta ignorancia

coraje otra vez para ser
al mismo tiempo
la piedra y el horizonte
y descubrir entre los anuncios del desprecio
los indicios del sol
de un camino abierto
reconquista del mar y la intemperie



(de La vigilia y el viaje - Poemas 1944-1960, Buenos Aires, La Razón Ardiente, 1961)



MARTES DE CARNAVAL


a Jorge Souza
  a Paco Urondo

lejos de helena de troya
del hotel notre dame
de hans de islandia
y del mar de hojas desiguales y motores ahogados
lejos del sombrero olvidado en la última estación
lejos de las madrugadas y los días siguientes
de las cruces y el pálido fuego
circuido por vagabundos
lejos de la sonrisa del bien perdido
de la bahía y la noche rectangular
lejos del sol piel del amor
de la eugenia posible
de la madurez esquina posible del mundo
lejos del ascenso de la incisión más bien
de la ternura a la raíz del sur
lejos del punto de vista y los párpados lentos
de algunas islas detenidas para siempre
en el corazón y en las manos
lejos de algunas calles
de algunos dolores y compromisos
de escenas a la luz de las estrellas
y de conversaciones entre caballeros
lejos del rostro
lejos del trapecista internacional
lejos de la cascada
por donde corre tu vida
lejos de los nombres
de los días sumergidos en la amistad y el amor
lejos de las líneas telefónicas
de los precios módicos y los sueldos mensuales
lejos de las organizaciones
y de las plazas a la hora del amor
lejos del insulto
del olvido y las intemperancias
de algunas trompadas y grescas
de algunos incidentes policiales
lejos de la pálida existencia
de la oscura o la brillante
lejos de la caída o el ascenso
de algunas noches en blanco
de algunas pasiones en procura de lo absoluto
de canales por donde iban tus días sin saberlo
hoy recorres las calles de tu ciudad
es un martes de carnaval
quisieras ver otra vez algunos rostros
hace unos años pasaste la treintena
y procuras dominar unas pocas palabras
desconoces el nombre del porvenir
y el horario de los trenes
tengo hijos y amigos
voy al encuentro del día siguiente
las máscaras me rodean
bebo en un viejo vaso
entro en la caravana
oh mis lecturas mis embarcaderos
abro las puertas de par en par

(de Obra poética, Buenos Aires, Corregidor, 1976)



ABRIR LA PUERTA

me pregunto
y es una pregunta inmoral
si servirá de algo abrir esa puerta
que da al patio
a la tierra
al viento del mundo
a los pasos de la gente
me pregunto
si servirá de algo escribir
a estas horas de la noche
en el silencio de mi habitación
con la puerta cerrada

sería tan sencillo
me digo
abrir por fin la puerta
y asomarme y mirar
dejando que me lleven
los pasos y la sombras del camino
me pregunto si servirá de algo explicar
por qué no explico
cuando tanta palabra y confidencia
intentaron traducirme
y ponerme al descubierto

si servirá de algo abrir la puerta
me pregunto
y andar por el patio
por el mundo entre la gente
abrir de par en par la puerta
para que todo pueda cumplirse
como la hoja de un cuchillo al extremo de un puente
como la red y el roble que salvan la alegría al final del espectáculo
como el canto de las aguas y el susurro de la siesta
como la playa en sombras y el lecho infinito de los amantes reencontrados

para que todo pueda cumplirse
la luz la noche la inocencia
el nombre que pasa entre las ramas
la puerta se abrirá enteramente
se abrirá por fin la puerta
por si alguno
quiere volver a entrar o salir
o curiosear entre mis cosas
o esperarme mientras vuelvo
y si tardo y no regreso
salir al viento
y olvidarme


(de El día, 1968. Luis Soler Cañás, Generación poética del 40, Buenos Aires, ECA, 1981)



LOS DESIERTOS REALES


los desiertos reales
los mares imaginarios:
no hay palabras para elogiar a esta magnolia
tampoco hay forma de destruir las palabras
ni el oficio de florista

(guarden compostura:
en la soga de colgar se agita la flor blanca)
una tez de flores de cerezo
la última gota de sangre
los desiertos reales
los mares imaginarios
no pueden compararse a esta magnolia


(de Nuevos poemas 1977-1981, Antología personal, Buenos Aires, CEAL, 1983)



TODO EL VIENTO DEL MUNDO

No he de volver al aire. Caminos. Caminos del libre odio, sombras, torpezas que rescatas en la espiral. Serpiente del lanzamiento. Odio, razón de vida, vino del sueño del sueño vidente, cosecha entre las rocas. No he de volver al aire. Condena, sospechas, abolición del hermano, cuerpo renegado de un pan sin justicia, cielo negro, tronco hostil, heridas del alba, floración lenta del rechazo.

No he de volver a la playa secreta ni cosecharé en la noche los frutos ocultos. Caminos del delirio mudo. Separación. Golpes en la muralla. Ilusión taciturna de la palabra-calle de la furia. Allí mismo, flor de la guerra, destrucción del valle, lógica del poder. Tierra de nadie, aridez del rechazo propio. Rechazo de los otros, sangre del desamor. Dominio del cuidado. Estrategia del desprecio. Libre serpiente, sembradora de la renuncia y la negación.


Nadie se consuela, nadie se compadece en las arenas del desprecio. Los días no colman ninguna ternura. Con los ojos abiertos, con la memoria vacía, asistimos a la fiesta de la destrucción. Ni ellos ni yo. No será parea nadie la patria verdadera. No serán para nadie las linternas y la confianza. Reino de la traición, sin dudas ni dioses. Juegos del odio, milagro de la crueldad.

Pero el viento prosigue, más allá de la humillación y la alegría, cantando la transformación de los colores, igualando el desprecio con la esperanza, el cuidado con la inocencia. El rechazo, al quedar solo, se hace habitable. Se establece, habla sin declamación ni cálculo.


Es mi propiedad en la arena. Es una voz al borde de la destrucción. La negación que hace un hombre, todos, más allá del cuidado. Va a nacer del asco un rostro.

Los ojos abiertos mirarán por fin.

Alguien es finalmente para sí mismo, para los otros. La catedral del desprecio abre sus ventanas. La libre serpiente llama, descubre. No hay caídas ni impaciencias en esta luna fría. No hay temor en las fronteras del bosque. El reflejo cede ante el agua de la fuente.

Un nombre. Una lucidez fraternal. Un nacimiento. El mundo llega a ser un tú. Canto. Luz en la piedra fecundada. Nos reconocemos. Luminoso cielo oscuro. Sangre del desamor enamorada. Rostro del hermano. Admisión del sí mismo en el rechazo. Lentamente surge la compañía de los otros. Un camino. Nos volvemos viento. Todo el viento del mundo.


(de Antología personal, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983)
Fuente: zoopat



EN COMÚN (fragmentos)

II

volvemos por horas a tantos silencios del mundo
nos despertamos para no desnudar la memoria
ninguna soledad existe
ningún eco de los ojos
unidos sobre las manos los nombres
para sostener lo mejor de cada uno

tu evidencia prolonga la tierra
tus labios halagan el sobresalto
tu alegría tu tristeza extreman la libertad de los refugios
tus puertas han desplegado sus molinos vivientes
tus palabras guardan para todos el hábito de las pupilas

esta noche acrece el curso que que te rodea


IV

lento acero interrumpe el sueño
los ojos abiertos
los labios a que llegamos los dos
un día cualquiera un vínculo cualquiera
el humo empeñoso
el roble y su apoyo más allá de los meses
un día cualquiera y el claro entendimiento
las buenas nuevas de los muros

en el ámbito del roble
en el rostro del alba
en el paso contraído de la lluvia
en la cita secreta
en la cita pública
en el comienzo y ahora
ahora
en todas las fuentes del reloj
en sus órdenes despiertas
en la hierba húmeda
y en la fría de la violencia y el arrojo del azar
nuestra libertad futura hace su nombre
y el curso de sus manos


IX

en tu misma confianza como un astro
como tus sueños alrededor de mis palabras
mis ojos no cambian
mi horizonte abre tus brazos

en los cinco días del cielo
tu confianza disuelve los ponientes

es esta claridad la que buscaba
esta rueda persuadida por el aire


(de La generación poética del 40, Buenos Aires, Ediciones culturales argentinas, 1981)
Fuente: Ignoria



DE TODOS MODOS

ella se va sintiéndose llamada
abre este sol su mano extiende
rechazo amor
una quimera


su oficio es ser de todos modos
aquí estará
su nombre sabe
nada la oculta
ni destello falaz
tormenta sol
ni la avenida

vuelve a ser furor helada fauce
presagio estrella nacimiento
aplomo y ansiedad
dulzura imprecación testigo
aquí está
para ser de todos modos


ESTADO DE SITUACIÓN

(poema inédito)

Quieres sostener en pie los pilares
de un barracón caduco.
Por el techo
y las paredes
entran el viento y el agua.
Se confunden el río y el mar cercano.
Quieres mantener sobre las olas
el muelle semihundido,
mientras el tumulto de la corriente
arrastra flores,
troncos,
un mascarón de proa.
Todos se han ido,
estás solo
en una lucha insensata.
No tienes más que una débil camisa,
un pantalón raído y una pala en la mano,
entretanto el agua supera tu cintura
y las olas grandes te voltean y sacuden;
te vuelves a levantar
y esperas tontamente la salida de la luna.
Nada queda del pueblo ya,
lo que plantaste se fue,
los amigos,
los compañeros no están;
se ahogaron los animales.
Las líneas que escribiste,
las promesas que hiciste
se ahogaron también
y,
sobre todo,
se ahogó el amor cruel,
refugiado en la copa del árbol.


(de Intramuros, n° 8, octubre 1998, Buenos Aires; Argentina)
Fuente: MundoPoesía




LOS HOMBRES Y LOS AÑOS

a uno y otro lado de la muralla
los años quedan clausurados en su primer regazo
en los ojos abiertos hasta el amanecer

hablo de la sed y el sueño líquido del hombre
de los deseos de la esperanza el insomnio en el extremo del valle
del enjambre de la memoria y nuestras mandíbulas fuertes
del temblor la ronca membrana de los rieles
y el humo del poblado

hablo de los vidrios lentos a la madrugada
de la parturienta amenazando la medianoche
con sus gritos y sus cadenas puras
hablo de los fusiles y la sangre fluyente
herida
descompuesta
de las horas por llegar
de los frutos de la ternura
de los ojos digitales
mezclados a la multitud en las manifestaciones

hablo del amor adolescente
y de las ventanas del alba
de los expedicionarios perdidos
inmóviles en espera de la claridad
hablo de los niños y la demencia lindando la poesía
de la mentira la humillación las torturas renovadas

hablo de cosas simples
en las manos extendidas
gratuitas

es necesario inventar el mundo
iluminar los ojos
ver la extensión abierta a nuestro impulso
una rama en la luz
acunada por las voces de los héroes anónimos
castigada por el peso muerto de los consuelos

la alegría de las conversaciones ingeniosas
el contagio de los sentidos
el buen apetito la sed de buena ley
el olvido y la palabra absorbidos en la fronda
la siesta a ras del suelo
el debate moroso de los reptiles
el plácido quejido del pajonal
el polvo del camino ahogando las viñas
el apremio de las multiplicaciones
el vacío irremediable
del signo viejo y nuevo


(de En común (1944-1949), Obras, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999).




ÚNICOS

la única mujer que me ha querido
el único hombre que ella ha querido
la única mujer que yo he querido
el único hombre que la ha querido
y el tiempo
el paso
y una serena piel
la u
laud
au
por siempre

(de Poemas inéditos, Obras, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999)



DE LA POESÍA

El poeta Madariaga había adquirido un haras. Con caballos de raza. Caballos de mucha alzada, petisos, y caballitos muy pequeños obtenidos a través de sutiles entrecruzamientos y técnicas refinadísimas. Su intención no era preparar caballos de carrera, aunque los tenía velocísimos y muy codiciados por varios studs. Su propósito aparente era obtener nuevas especies de caballos. Caballos que en realidad no iban a parecer caballos.
Tenía padrillos de diversas razas: enormes, silenciosos, de impresionante apostura y yeguas ardientes, huidizas y buscadoras a la vez. Tenía peones y técnicos avezados y tenía también un proyecto muy audaz que mantenía en absoluta reserva. Sí, había mucha actividad en ese haras (“Don Eusebio” se llamaba).
Al término de la jornada, y tras la cena, se producían discusiones, a veces enconadas, entre los biólogos, los zoólogos y Madariaga.
-A ustedes les falta imaginación -solía decir Madariaga-, formación literaria, les falta saber mitológico.
-Puede ser -le respondían-, pero sabemos lo que no puede hacerse.
-No es sólo eso; ustedes no creen que sea posible ahora lo que alguna vez fue posible -insistía Madariaga.
-Hay un límite para los cruzamientos y las hibridaciones, y, en todo caso, no están dadas las condiciones para que aparezca un nuevo animal sobre la tierra. Además nada sabemos sobre la clase de animal que usted pretende conseguir -le respondían.
Al llevar a este punto de la conversación, Madariaga callaba prudentemente.
El doctor Pi, que solía asistir a esas reuniones, poco a nada decía, pero lo intrigaban los planes de Madariaga. Cierta noche en que Pi permanecía, como de costumbre, ajeno a la conversación de Madariaga con los sabios y se dedicaba a observar los distintos objetos que decoraban el amplio salón comedor, se sintió atraído por una porcelana.
-Una porcelana valiosa, no hay duda -se dijo.
Pero ¿por qué le había interesado tanto? Se acercó a la porcelana, la tomó entre sus manos; era una hermosa pieza. Sin embargo, algo le decía que ese objeto lo atraía por algo más que por su valor artístico. La porcelana tenía la forma de un centauro. Quizá fuese Quirón, el prudente.
-Una pieza de valor, ¿verdad, Madariaga?
Este se limitó a asentir y prosiguió conversando con los sabios.
-Hasta estamos obteniendo caballos que cada vez se parecen menos a caballos: las cabezas, especialmente, son cada vez más diferentes de las cabezas de los caballos comunes.
-¿Qué se propone usted? -preguntó el profesor Héctor Maldonado.
-Todavía es prematuro decirlo. Prosigan sus experiencias en esa dirección y luego hablaremos.
Fue entonces cuando tomó la palabra el profesor von Krausen.
-Hemos de acompañarlo -dijo-, hasta un cierto punto de su investigación, experimento o como quiera llamarlo. Le daremos un plazo (un mes, digamos), si al cabo de ese lapso usted no nos confiesa cuál es el fin que persigue con todo esto, le anunciamos desde ya que no tendremos más remedio que abandonarlo.
-Sería una lástima, una gran lástima, me vería obligado a recurrir a servicios menos eficientes y eso lo echaría todo a perder.
El doctor Maldonado, más conciliador, se acercó a Madariaga.
-Comprenda -dijo- que no es posible que trabajemos a oscuras. Debe darnos alguna pista para descifrar este enigma.
-Bien -contestó Madariaga-, les daré esa pista que me piden: la solución de ese enigma, como usted lo llama, está en esta misma habitación.
Los científicos se miraron asombrados. Sólo el doctor Pi encontró en esas palabras la confirmación de una ligera sospecha, que había surgido al observar la porcelana. Ahora veía claro: el poeta Madariaga se proponía volver a la vida al centauro Quirón.
Nada dijo Pi al respecto. Tampoco comentó nada sobre el particular con los científicos. Otras ocupaciones, obligaciones o vocaciones lo absorbieron. Nunca supo cómo habían terminado esos experimentos. Pi tiene una curiosidad intensa, pero muy diversificada, por eso no podemos saber hoy si el centauro es sólo una porcelana junto a un tapiz o ha vuelto a vivir, y aconseja y orienta. Quizá Madariaga pueda decirlo.

(de"Vida y memoria del doctor Pi", Obras, Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999)




 NI RAZÓN NI PALABRA      


cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa
de frente al olvido
a la pregunta y la canción inexcusable

 es necesario empaparse herirse hundirse
buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo
pero el fuego desgrana tus razones de tierra
debes perder la luz plena
los motivos de la victoria
agrio pesado cruel
la ciudad te vuelca te vacía
corazón vacío
miseria burbujeante

no es preciso razón ni palabra
para este airado hogar
que nadie después sume su nieve o su festejo
despierto queda allí en su momento
en cambio y permanencia
en nube recia
en la libre mano
y el cabalgar del sueño



CUANDO EL AIRE


cuando el aire se puebla estoy presente
canta la puerta el fuego la esperanza
conoces tu nombre y la sangre de su sueño
la tierra donde amanece el día
cuando la luz llega canta mi silencio

es suficiente el lejano retumbar del trueno
la verde falda de la montaña
y este momento ayer mañana
es suficiente
confiar esperar
estar despierto

(de Obras 1919-1990,  Grijalbo Mondadori, Buenos Aires, 1999)






LA VIOLENCIA

I

la violencia al sofocar el día
al arrojarte fuera del camino
te hace crecer por dentro un cliente helado
violencia reina de una madrugada oscura
olvido entre palabras calcinadas

estoy aquí debo comprender
decir correctamente organizar
no ceder posiciones al tumulto

debo salir cruzar no detenerme
compartir otra vez una alegría
venida del más alto corazón
entre los hombres

debo seguir cavar un nuevo surco
buscar buscar la voz del otro
escuchar extender
la morada y el aire

II

entretanto el horror
la confusión el miedo y la codicia
extendidos de costa a costa
socavan el ademán más puro
de la tierra al cielo

no sé nada
sólo veo las vías de la violencia
la fe el odio sordo del rechazo
y alguna esperanza no bien fundamentada

pero llegará un día en que las grandes floraciones del sueño
el amor resurrecto la cabellera distante del ave multicolor
el pífano del dios enmarañado y próximo
den otro rumbo a nuestra andanza
un día un día no contaminado

y el entretanto cae gota a gota
en la pulida oscuridad

(de Celebraciones 1968-1976)


UNA VOZ SOLAMENTE

Este juego tuyo
esta ventana

Puedes mirar más lejos
conversar

Otros miran por ti
aprenden
conversan con los dioses

He aprendido
he vivido
hago mi propio juego
es todo lo tengo

Humilde es el camino
del corazón del hombre
te es dado un solo juego
una voz solamente

He jugado
he mirado
es todo lo que tengo.


ALGUIEN SERÁ

es muy difícil decirlo
no es asunto de una playa desierta
o del presente o del pasado
es cosa del viento
de la voz que pasa y viene
y del rocío y del acuerdo
y la pregunta
alguien es
alguien será



ES INFINITA ESTA RIQUEZA ABANDONADA


Es infinita esta riqueza abandonada
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo roce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos
de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tu la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no impota tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
suben murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío



no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada



(de La vigilia y el viaje , 1961)



LLEGO NADANDO

cuando alguien me escribe yo le escribo
cuando alguien me piensa yo lo pienso
cuando alguien me olvida yo lo olvido
tengo mi corazón la mano la araucaria
alianza y comunión
es mi destino

navego otra vez
este mar me lleva hacia mis bodas
brillo y oscuridad
llego nadando



TODO LO VISTO Y VIVIDO

todo lo visto y vivido
cabe en muy pocas palabras:
en la luz de una mañana
en un trompo saltarín
en una tarde de sol
en una silla vacía
en cada piedra y la casa

todo lo visto y vivido
fulgura
se va ocultando
tras las hojas
y entre el viento
al borde de la bahía

todo lo visto y vivido
cabe en la sal
y en la mano
de quien saluda
y me lleva
al caracol y la araña
a la verdad de este día
a mi sendero y mudanza


CERTIDUMBRE

un ladrido es un problema de garganta
de corazón más bien
es disonante en un coro de callados
concuerda con el estruendo y la violencia
¿para qué más? ¿qué otra certidumbre?

gota a gota cae el sentido
de las voces y ladridos

las cuerdas vocales han durado
en esta sonora certidumbre





CUANDO ELLA

Cuando ella abre los ojos las horas despiertan
respiran como matas de hierba al amanecer
como pájaros en la mañana del día siguiente
cuando ella extiende sus brazos la máscara cesa
el olvido cesa las orugas reinician su marcha
cuando ella vuelve a nadar en el agua dormida
la tierra entrega sus llaves sus momentos propicios
su amapola su maíz
una lluvia de azufre una bandera en llamas
cuando ella mira a lo lejos
se disuelven las sombras y el nacimiento llega




MI AMADA ESTANQUE AZUL HUERTO CABELLOS

fulgurante viva fluvial origen buscada reencontrada
como un islote un puente una manzana un tatuaje
en la noche hendida en la marmita en la estrella marina
en la mano párpado llamado reflejo de mi amada
en forma de estanque azul
de miel
de estornino
de gota de agua
de cabellos
regresamos una y otra vez al centro del fuego
del dolor
del huerto
la distancia la desgarrada higuera
y eternamente otra y eternamente igual
en la corriente en el llanto
salitre otoño alba rota soledad escondido silencio brisa furia
años sombra desventurado niño simiente
paredes de olvido lluvia y grito y casa
roja estancia andenes
te doblegas te curvas en tu fiebre antigua en tu costado
los dos solos devorando toda noche toda celda
súbito amanecer canal del sueño
lengua que disuelvo en mi silencio en mis dos puertos
tibio cuerpo llegada partida del mar polo irremediable
sin memoria sin nombre
abierto al dios que nos recrea
en cada espasmo de labios azules de piedras azules
en la nuca en la espuma en el purísimo rescoldo
desciendo al día primero a la primera mañana al aviso inicial
por tus ojos por tu boca por tu sexo penetro me despido
pierdo altura razón vidamuerte te tomo me disuelvo
y otra vez te amo soy el día cerca de tus hojas
un río una voz


(de Todo el viento del mundo, Buenos Aires, Grijalbo, 1999)

Fuente: Poéticas

EDGAR BAYLEY (ARGENTINA, 1919-1990)





agosto 20, 2013

DEL SEXO Y EL ESPANTO - PASCAL QUIGNARD

Photo Catherine Hélie / © Gallimard


Capítulo XI - La melancolía romana

Eso es el mundo: las huellas que deja la ola cuando el mar lentamente se retira. El nombre de esa ola que surge, dice Lucrecio, es voluptas y resulta del fascinus que el placer de Venus corta durante cada coito. La pintura es la ribera de la pena de la realidad. Mortibus vivimus (Vivimos de muertos). Son las palabras de Musa el liberto: “Nuestro vientre es la tumba de los ríos y de los bosques”. A lo que añado las palabras de Terentius Varron: “Los guijarros y las flores son como los huesos y las uñas de Dios”. El mundo no ha terminado. Sin cesar las hembras de los hombres vuelven a poblarlo en el curso de los abrazos. Sin cesar lo Siempre-madurante del mundo lucha contra lo Siempre-desgarrante del tiempo. Sin cesar Venus y Marte se sostienen, se abrazan y se desgarran.
Después de la eyaculación los hombres y las mujeres están unos y otras cansados y olvidadizos. Han emitido una pequeña cantidad de la cualidad más grande. Han segregado la esencia de la vida pero la consideran como algo sucio que lavan porque parece embadurnarlos misteriosamente. El taedium, el asco, el período refractario no son sino la sombra que proyecta el coito logrado sobre los cuerpos que vuelven a encontrarse de repente abandonados por el deseo y enfrentados al contacto de sus huellas. Puesto que los coitos son por excelencia las escenas vivificantes de la vida humana, su retracción es una pequeña muerte.
En el placer algo de nuestra alma nos deja. La vista se hace menos aguda. Nos convertimos en animales postrados.
La mirada de postración de la melancolía romana no puede separarse de la mirada lateral del pudor y del espanto. El cónsul Petronio escribió: “El placer (voluptas) que sentimos en el coito es repugnante y breve y el asco (taedium) sucede al acto de Venus”. La voluptuosidad no es más que un apresuramiento donde se quiere ser conducido como por encanto. Su saciedad sume en el segundo que sigue a sus espasmos en una sensación de decepción no sólo con respecto al impulso del deseo que lo precedía sino con respecto a la luz, a la tumescencia, a la rabia, al elatio (al arrebato) que obsesionaban las horas anteriores y los días que lo preparaban. Ovidio dice que se trata de una muerte de la que huimos en el sueño apresurado, “vencidos, tendidos sin fuerza”.
Los naturalistas llaman “período refractario” al período durante el cual los machos, después de que se han acoplado, dejan de ser sexualmente activos. Las hembras no tienen un período refractario post coitum. El movimiento depresivo en las hembras ocurre post partum. Los machos escapan del asco al dormir. No se escapan: corren a alcanzar el otro mundo de los muertos y de las sombras. El taedium de los machos hace pensar a las mujeres, después del abrazo, en la fase de quietud y de inexcitabilidad en que se encierra el niño después del amamantamiento. Los romanos hablaban de cansancio, del sentimiento nocivo del mar sin tormenta, del alma nauseosa. Tal es al menos el análisis usual del tema del taedium vitae, del “asco de la vida” entre los antiguos romanos.
Hay un secreto más grave. El amor sólo es guerra predatoria y las uniones sexuales son carnívoras. La noche no apunta hacia el día.
La noche es un mundo.
Algo que pertenecía a la felicidad se pierde en el abrazo. En el más completo amor, en la misma felicidad, hay un deseo que cae íntegra y súbitamente en la muerte. Lo que desbordara de violencia en el goce es sobrepasado por una tristeza que no es psicológica. Por una languidez que asusta. Hay lágrimas absolutas que se mezclan. En la voluptuosidad, hay algo que sucumbe.
Es una ternura hacia el otro que angustia el corazón. Es una sensación del instante que no nos resulta tolerable. Son celos de no sabemos qué del pasado y que no podremos hacer que vuelva. La detumescencia plena de alegría se adhiere a la sensación de lo irrenovable y confina con el deseo de llorar. Entendemos que muchos animales mueran en el momento en que desovan o se acoplan. Algo ha terminado. Cuando se ama con la mayor intensidad, algo ha terminado.
Un fondo de terrible calma emerge en el seno de la turbulencia. Es posible que en cada ocasión uno muera con el placer. Hay en ello una unión tan unificante que no es admisible. Septimius Florens Tertuilianus escribió en su De anima: “En el ardor de la extrema gratificación en el curso de la cual es emitido el humor de la generación, ¿no sentimos acaso que algo de nuestra alma nos ha dejado? ¿No experimentamos una postración al mismo tiempo que nuestra vista se hace menos aguda? Es porque el alma produce el semen. Podemos decir que el cuerpo del niño que resulta de ello es un derrame del alma de su procreador”. La voluptas, dice claramente Tertuliano, es una prostratio de la mirada porque aquélla provoca un “debilitamiento de la vista”. Es el “flash” del placer mismo que borra el placer deslumbrándolo. Además de la escena originaria, no hay placer que no se consume en lo invisible. El instante del placer extrae de la visibilidad la escena que ha ocurrido. El fascinus es el estupefaciente de los estupefacientes. Ciega.
De allí el stupor que ocasiona en los rostros que desean.
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La excitación progresiva durante el acoplamiento ha sido asociada a menudo con las imágenes del carnívoro que devora su presa, del rapaz que se lanza sobre la suya. Los hombres siempre han considerado la excitación como un fuego latente que consume bruscamente el organismo entero. Ese fuego de artificio —el orgasmo, la culminación del goce ardiente —no es un epifenómeno, un beneficio subsidiario, sino el acabamiento del deseo. Los hombres no desean para aliviar una tensión insoportable. Lo que se busca no es la caída de la excitación. En ningún caso lo que se busca en el amor es el taedium vitae, el asco de vivir. Es el fuego de artificio neurológico que consume toda imagen, toda pintura, todo cine, toda fantasía. Es el rapto del abismo. Es la captura de lo desconocido que precede al placer.
¿Qué quiere decir mirar de reojo? Mirar de soslayo lo que no se debe ver. Es la Lorelei. Son las Nereidas.
¿Qué quiere decir reluquer [“echar el ojo”]? Lure es fijarse espiando. Lauern es acechar durante la emboscada. Es Aquiles en la fuente espiando a Troilo. La pesadilla “espía” la misma escena que el sueño: la escena del coito que no podemos ver aterroriza tanto como excita. ¿Cuál es el lobo de la muerte que devora? Es la agresividad del abrazo sexual. Los labios que se aman son también los labios que desmenuzan y comen. La descripción de Lucrecio es precisa; el coito es una cacería, luego un combate, finalmente una rabia. Son los labios que se levantan sobre los dientes de los carnívoros y que desembocan en el rictus sangriento, lo que llamamos la risa. Son los labios que recuerdan la cacería salvaje y la devoración del sacrificio con que concluye.
El terror en el goce, más que la lasitud con que se forma, más que el agotamiento del Fascinus y el encogimiento de Muto en forma de pene, más que el “viaje al extranjero” del deseo, está ligado al sueño en que se hunde. El sueño, del que se teme no despertar nunca, es el primer mundo de los muertos. Los cuerpos que se han abrazado recobran al dormir la imagen invisible. Hypnos está en el seno de Eros y de Thanatos.
El goce amenaza al deseo y es normal que el deseo pueda odiar el goce, pueda experimentar una total aversión frente a la detumescencia (es el puritanismo pero también el arte). El deseo es lo contrario del hastío, del agotamiento, de la saciedad, del adormecimiento, del asco, de la flaccidez, de la amorpheia. Todo cuento, todo mito, todo relato apunta a la exaltación del deseo y emprende su combate contra el goce. La novela erótica o la pintura pornográfica (por definición no hay novela pornográfica ni pintura erótica) no intentan en ningún caso hacer gozar sino hacer desear: buscan erotizar el lenguaje o lo visible, intentan abreviar el período refractario. Libran la guerra contra el taedium.
Razón por la cual el taedium vitae, el asco que sigue al goce está ligado a las artes como las ramas de los árboles están ligadas a su tronco. El arte prefiere siempre el deseo. El arte es el deseo indestructible. El deseo sin goce, el apetito sin asco, la vida sin muerte.
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Homero puso en escena al primer melancólico con el personaje de Belerofonte. “Objeto de odio para los dioses, vagaba solo, sobre la llanura de Aleion, el corazón devorado por la pena, evitando las huellas de los hombres” (Ilíada, VI, 200). Thymon katedon, comiendo su corazón, dice Homero. El epíteto homérico describe magníficamente la melancolía: la autofagia del cuerpo por el alma. El desdichado es un Narciso al que su reflejo devora.
Parrhasios pintó a Heracles. Parrhasios pintó a Filoctetes. La historia es la siguiente: Cuando Heracles quiso morir, Filoctetes aceptó encender el fuego de su hoguera. Para agradecerle, Heracles le dio su arco y sus flechas. Más tarde Filoctetes también se enamoró de Helena y partió hacia Troya. Una serpiente le mordió el pie y de su herida salía un olor de podredumbre tan infecto que los jefes griegos no pudieron soportarlo. Ulises los convenció de que abandonaran a Filoctetes en una isla desierta.
Filoctetes es el primer Robinson Crusoe. Es el primer “desterrado a una isla”, mucho antes de las leyes del emperador Augusto. Es el primer ermitaño. Es el primer Tiberio.
Los antiguos decían que Parrhasios había logrado su obra maestra con su Filoctetes. El sufrimiento de Filoctetes era tal en el cuadro de Parrhasios que era obvio que “ya no conocía el sueño”. El pintor había pintado una “sola lágrima” fija en el ojo seco. Se lo veía arrastrándose con esfuerzo hacia la presa que había abatido como un hombre rabioso hacia la fuente que calmará su sed. Está cerca de su cueva. Hace que resuenen las piedras con su lamento solitario, más irritado contra los hombres que lo han traicionado que contra la llaga que lo devora. Mezcla sus lágrimas amargas con la sangre negra que mana de los labios de su herida putrefacta. “Su cabellera es erizada y salvaje. Bajo el párpado árido se ha fijado una lágrima” (Planudes, Antología, IV, 113).
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Séneca escribió: “No hay animal más sombrío (morosius) que el hombre”. Séneca Hijo, primer ministro del emperador Nerón, odiaba todo lo que estuviera vivo. Odiaba el placer. Odiaba la comida. Odiaba la bebida. Adoraba el dinero y el miedo a sufrir. Fue totalmente lo opuesto a su padre. Murió millonario. Séneca es la delgadez ardiente, depresiva, obsesionada por el lenguaje y el poder. Fue el primero en ser bautizado como “el pedagogo del género humano”. Es el puritano. “La muerte te retira de la cercanía de un vientre asqueante y hediondo”. No fue San Pablo quien escribió esta frase. Fue Séneca Hijo quien la escribió en la misma época, cuando decidía sobre el conjunto del mundo romano.
Séneca Hijo le escribió a Lucilio (LIX, 15): “Uno busca su dicha (gaudium) en el festín y en el desenfreno (luxuria). Otro busca su dicha en la ambición así como en la frecuentación de innumerables clientes. Éste busca su dicha en una señora. Aquél busca su dicha en las ocupaciones ostentatorias y vanas del estudioso o en el trabajo literario que no cura nada. Otras tantas diversiones engañosas y breves (oblectamenta fallacia et brevia) de las que todos son víctimas. Como la embriaguez a la que pagamos con un largo asco (taedio) una hora de alegría y de locura (unius horae hilarem insaniam). Como el favor de los aplausos, de las ovaciones populares que, adquirido al precio de nuestra inquietud, se expiará al mismo precio”.
Esta página de Séneca parece contenerlo todo. Comida, placer erótico, ambición, poder, ciencia, arte —no hay valores. Se creería que de repente estamos en el siglo XX.
Ceelius dice que el taedium vitae es un abatimiento (maestitudo). Séneca dice que el taedium, la enfermedad de los humanos, proviene del conocimiento que tienen acerca de un cuerpo apresado entre dos límites innobles, que le asignan el coito del que proceden y la putrefacción de la muerte que os corromperá. Con la melancolía (tristitia traduce melagcholia aparece en seguida el cortejo de los ascos y de los odios. Phobos signa la melagcholia (el espanto signa el asco de la vida). La tristitia latina reúne en una misma noción la dysthymie (el malestar), la nausea[7], la atracción por la noche, el odio al entorno (anachorisis), el hundimiento en el terror por nada, finalmente el asco al coito.
Otro síntoma es la “obstinación que trepa en medio de los hombros”. Lucrecio subsume los síntomas en cinco categorías: preocupación, pena, temor, olvido y remordimiento. Los caracteriza como anticipación de la muerte, letargo, enfermedad de la muerte. Nunca menciona por sí mismo la turbación del pensamiento (la difficultas) sobre lo cual Caelius es el único en insistir.
Lucrecio bosqueja así el retrato del melancólico: Perturbata animi mens in maerore metuque triste supercilium, furiosus voltus et acer (La mente extraviada, sumida en el dolor y en el temor, el ceño hosco, la mirada sombría y furiosa, De natura rerum, VI, 1183). Por último, Séneca Hijo asocia definitivamente náusea, melancolía y genio (De tranquillitate animi, XVII, 10): “Es cuando el espíritu ha despreciado el juicio de todos (vulgaria) y el acostumbrado (solita) que puede tener un canto demasiado grande para una boca mortal (grandius ore mortali)”.
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Toda la pintura romana está hecha de instantes éticos triviales o solemnes. Plinio ha descrito un cuadro de Antiphilos en el que podía admirarse a un muchacho soplando el fuego e iluminando su rostro con el soplido. Es un ilusionismo del instante. Es una “instantánea”.
La vida tiembla de luz contra un fondo de muerte.
Filóstrato pintó el cráneo de un muerto. En oposición a las Vanidades del mundo viviente, es un Carpe diem fúnebre: se trata de recoger la flor de lo que va a perecer a la vez en el individuum de tiempo al que alude Horacio y en el atomos de luz al que alude Lucrecio. Desde entonces los frescos son “listas del correr del mundo” (praedatio): los frutos en el instante en que son recogidos, los peces en el instante en que salen del agua, la presa que acaba de ser cazada.
Una rama de duraznos está apoyada cerca de una jarra de vidrio llena de agua. La jarra relumbra.
Un gallo trata de sacar un dátil de la canasta. Una grulla se acerca a un aguamanil dado vuelta.
Un pájaro picotea una fruta. Bajo una luz rojiza (que proviene del marco de la ventana donde está apoyada una manzana roja y brillante), un gordo conejo agazapado roe los granos de un racimo de uvas.
Los higos, los duraznos, las ciruelas, las cerezas, las uvas y los dátiles, las jibias, las langostas y las ostras, las liebres, las perdices y los tordos son los mismos ahora que entonces. Los recipientes que los contienen son casi los mismos. Hay una monotonía —como hay una sempiternidad en el hambre que domina a los hombres —en la mirada del hambre que sueña con una estación de frutos que “re-coge” en su ausencia. Los frescos parietales de las cavernas de la prehistoria garantizaban el retorno de las presas que la caza había arrancado de la vida. Un verso aislado de Afranius lo dice:
Pomum, holus, ficum, uva.
(Manzanas, legumbres, higos, uvas.)
Séneca le responde en la epístola LXXVII: Cibus, somnus, libido, per hunc circulum corritur (La comida, el sueño, el deseo, en ese círculo giramos). No solamente el coraje o la desgracia inspiran la voluntad de morir: “el asco o la monotonía (fastidiosus) de la vida pueden hacerlo”. Las ofrendas de alimentos y las libaciones ofrecidas por las almas menos extenuadas a los muertos (a los dioses) como la parte que les corresponde se volvieron poco a poco efigies ofrecidas a efigies. Curiosamente, en ningún momento nos alejamos del fantasma sádico de Parrhasios pintando al esclavo de Olinto. Ni de Arístides representando la muerte lactante. Lo que se muestra en esos cuadros de naturaleza, no muerta sino moribunda, es siempre el sufrimiento patético y pasivo de las cosas antes de su devoración.
Las ciruelas listas para caer son como el salmonete que salta sobre el pavimento ante los invitados que lo comerán cuando el cocinero lo haya apresado y lo haya cocinado. El salmonete es como el esclavo olintiano que a su vez es como el dátil que picotea el gallo, como el racimo que roe el conejo. Esos exvotos culturales ponen en escena el obsequium (la obediencia total del servus al dominus). Lo que se muestra son rostros (vultus y ya no prosopa) petrificados ante su destino de ser consumidos. Son naturalezas calladas pero no se trate solamente de silencio; hay una obsequiosidad sexual en la cereza bajo el pico del mirlo. Es un dolor obsequioso más aún que silencioso.
Atenas en el siglo III antes de Cristo, Roma en el siglo I después de Cristo, la Holanda del siglo XVII conocieron la misma crisis urbana, la misma atracción con respecto a la ciudad, el mismo retorno al campo, la misma celebración de la naturaleza, la pintura de caballete ilusionista, allí donde el animal familiar parece persistir, allí donde la precariedad de la estación pasada se inmoviliza en su representación, allí donde las vituallas abundan con una preocupación por la saciedad y una eternización supersticiosa, apartándose de lo público hacia lo privado, apartándose de la megalografía por la ropografía (pintar objetos ínfimos) y luego hacia la ryparografía (pintar detritus y objetos viles: fue el estilo de Sosos de Pérgamo). Hegel decía de la pintura holandesa que había sido el “domingo del mundo”. La pintura romana fue el xenion del mundo (elpresente de hospitalidad devuelto al huésped, a la Naturaleza, a Venus). El pintor Galatón había compuesto un cuadro de caballete que representaba a Homero vomitando (emounta), mientras que los demás poetas obtenían la inspiración de lo que su boca había expulsado (ta ememesmena)
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Marcial es el poeta que buscó la concretio. Eligió lo más grosero, lo más sexual, lo más concreto, lo más preciso que podía ser escrito o visto. Un barroco concreto. Describe los champiñones, las vulvas de cerda, los cubiletes de dados, la mentula llena de esperma de los patrones que la insertan entre los labios de los pueri, los lebratos, los primeros codices. Describe las flores de la alheña. “El rodaballo siempre es más grande que la bandeja que lo lleva”, escribe. Muestra los puñados de nieve apisonada depositados en las copas. Pone en escena a los coleccionistas de antigüedades, de viejos platos, de viejos vinos, de tapices de la época de Penélope. En el libro X compara su arte con el verdín que corroe el bronce. Piensa en anacoresis, en estanques, en palomares en España, en rosedales. Piensa en dejar Roma, dejar incluso su casa de campo en Nomentum, regresar a la granja de su infancia, regresar a Bilbilis.
Con la asunción de Nerva, con la adopción de Trajano, abandona al fin su tercer piso en el Quirinal. Parte hacia la España natal.
Plinio el Joven le paga el viaje. Se reencuentra con Bilbilis. Experimenta primero un enorme placer en no levantarse hasta las nueve, no ponerse más su toga, calentarse con madera de roble. Luego el aburrimiento de encontrarse en el campo, entre un rosedal y un estanque cerrado, combate difícilmente el odio a envejecer y la sombra de la muerte en su “palomar blanco”.
Marcial es una literatura que huye de la ciudad.
Cien años antes no sucedía lo mismo. Horacio era hijo de un liberto y Virgilio hijo de un alfarero. La idea que tenían de su arte era servil, es decir que, consistía en agradar. Es una literatura de corte. Ya no se dirigían a su ciudad sino al palacio.
Marcial ya no se dirige a la Urbs ni al palacio del príncipe, sino a su ermita en su provincia.
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Los romanos estaban obsesionados por el día que precede a la muerte. Propercio vinculaba el amor y la muerte (Elegías, II, 27): “La hora desconocida de la muerte (incertam funeris horam), es lo que sus miradas, mortales, buscan ansiosamente por todas partes. Nuestra casa se incendia (domibus flammam), nuestra casa se derrumba (domibus ruinas). La copa que nos llevamos a los labios tal vez nos mate. Sólo un amante conoce (solus amans novit) la hora y el rostro de la muerte”. El primer libro ya decía: “El amor más largo (longus amor) nunca es suficiente. Mi mayor temor: que tu amor me falte en el instante de morir. En cuanto a mí, incluso mi ceniza (meus pulvis) conservará tu recuerdo. Nosotros habremos gozado de una luz breve. Una noche nos espera, un pesado dormir sin sueños. Cuando yo haya bajado a la casa de las tinieblas, vana imagen (imago) de mí mismo, seguiré perteneciéndote. Un gran amor (magnus amor) cruza incluso las riberas de la muerte”.
Séneca Padre relata una magnífica discusión gramatical que se refiere al instante que precede a la muerte. Cornelius Severus había puesto en escena a unos soldados cenando la víspera de una batalla (in posterum diem pugna). Los soldados se acuestan en el pasto (strati per herbam). Dicen: ¡Hic meus est dies! (¡Este día todavía es mío!) De donde surgen dos discusiones. La primera es ética: los soldados son condenables porque no tenían esperanzas para el día siguiente (crastinum desperent). Su lamento era derrotista. No han conservado la grandeza de un alma romana (romani animi magnitudo). Cualquier soldado lacedemonio sería preferible porque no hubiera pensado en el fracaso. El soldado lacedemonio hubiese dicho: “El mañana es mío”.
La segunda discusión es gramatical. Porcellus le reprochaba a Cornelius Severus el solecismo de haber hecho hablar a varias personas diciendo: Hic meus est dies y no Hic noster est (Éste es “nuestro” último día). Pero Séneca Padre interviene en la discusión: le reprocha a Porcellus su propio reproche. Porque la belleza de la expresión, afirma Séneca, proviene de que los soldados tendidos sobre el pasto la víspera de su muerte no han hablado como un coro de tragedia (in choro) sino que cada uno ha asumido por su cuenta la muerte que los amenazaba a todos, y fue así que cada uno (singuli) pronunció: Hic meus est dies (Este día todavía es mío). Y concluye que el miedo a la muerte, para ser heroico, es necesariamente personal.
Los soldados se hunden en el abismo por separado. Son las palabras de Horacio: Nescit vox missa reverti. Cada una de sus voces es una voz perdida.
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El taedium de los romanos se propagó en el siglo I. La acedia de los cristianos apareció en el siglo III. Reapareció bajo la forma de la melancolía en el siglo XV. Resurgió en el siglo XIX con el nombre de spleen. Resurgió en el siglo XX con el nombre de depresión. Sólo son palabras. Un secreto más doloroso, que tiene algo de inefable, las habita. Lo inefable es lo “real”. Lo real no es sino el nombre secreto de lo más detumescente en el fondo de la detumescencia. A decir verdad, nada es lenguaje sino el lenguaje. Y todo lo que no es lenguaje es real.
El taedium vitae no está ligado solamente al retomo de lo real. Quiebra el tiempo.
Haber deseado y ver el sexo masculino fláccido traen siempre consigo un extraño éxtasis: “diferencia horaria con el paleolítico”. El deseo y el miedo provienen de una misma raíz.
Tiene miedo. Está colmado de angustia. Se queda como una estatua.
Desea. Es como una estatua.
Tanto el placer como la muerte “fascinan” a sus presas de la misma manera petrificante. El gorrión al que amenaza el halcón se precipita en el pico del predador y por ende en la muerte. Así es la fascinación: lo que precipita en la muerte para escapar de la angustia que ocasiona. El deseo es el miedo.
¿Por qué he escrito durante años este libro? Para enfrentar ese misterio: el placer es puritano.
El placer vuelve invisible lo que quiere ver.
El goce arranca la visión de lo que el deseo no había más que comenzado a desvelar.
La acedia es descrita por los cristianos como un vitius (un pecado mortal). Es la incapacidad de tener expectativas. Es la ausencia de interés por todo, incluso por el bien, incluso por el prójimo, incluso por Dios. Es el letargo diabólico. Es la fascinación del suicida. Es la depresión que amplifica para los romanos convertidos en cristianos los rasgos del taedium, de la complacencia ilimitada en la peste interior, en la regresión de la fuerza, en el anonadamiento de la voluntad, en la pérdida de incentivos para todo, culminando en la voluptuosidad del descontento infinito, el odio a vivir que se ofusca contra su creador (ya no el fascinus biológico sino el deus teológico).
En su Secretum, Petrarca escribió: “El taedium vitae (el asco de la vida) es la única pasión áspera, dolorosa y terrible en estado puro”. Petrarca desarrolla entonces el tema extraordinario de las lágrimas sin motivo. Es el extremo debilitamiento de la vida en la acedia, en la tristeza pura y el odio a la encarnación. Es en verdad la misma muerte que hipnotiza en el gesto de rechazar el fascinus. Los dos Renacimientos, preocupados por retraducir al griego ese sentimiento, pusieron de nuevo en circulación la palabra melancolía y borraron por siglos esas dos etapas monumentales y autónomas que fueron el taedium de los romanos y la acedia de los cristianos.
Los ingleses retomaron el viejo término latino de addictio para describir el estado de dependencia al que se entrega el toxicómano una vez dejada de lado la toxicidad de la droga que ha escogido. El obsequium puede traducirse como la adicción a la dependencia por sí misma. Del obsequium derivó ese sentimiento impensable para la antigua Roma: el pecado. Yo definiría así el sentimiento del pecado: un lazo devastador con la dependencia. La sensación de culpabilidad interior que lo alimenta crece hasta la carencia pánica desde el momento en que ya no hay una vieja dependencia de esclavo.

Traducción: Silvio Mattoni
(de "El sexo y el espanto"Buenos Aires, El cuenco de plata, 2005.
"Le Sexe et l'Effroi", Gallimard, 1994. )


PASCAL QUIGNARD (FRANCIA, 1948.)