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octubre 20, 2009

5 POEMAS MÁS DE DENISE LEVERTOV



PENSANDO EN PAUL CELAN



San Celan,
estirado en la cruz
de la supervivencia,

rogá por nosotros. Vos
al menos no pudiste
aguantar más. Pero nosotros

vivimos y vivimos,
despreocupados, en un mundo
donde los chicos matan chicos.

Nos sacudimos
el peso de
nuestro propio indulto,

prosperamos,
excedemos
los días asignados.

San Celan,
rogá por nosotros
para que recibamos

al menos una herida,
azul, azul, inmarcesible,
nosotros que aceptamos sobrevivir.


A LA SERPIENTE


Serpiente, cuando te colgué de mi cuello
y acaricié tu garganta fría y pulsátil
                  mientras me silbabas, destellante
de escamas doradas como flechas, y sentí
                   tu peso en mis hombros
y el susurro de plata de tu aspereza
sonó en mis oídos—

Serpiente— ¡Le juré a mis congéneres
                  que eras inofensiva! Y, la verdad,
no tenía certeza, ni esperanza, solamente el deseo
                  de tomarte, por ese goce,
                                                                   que me dejó
una larga estela de placer cuando al temblar las hojas
te fundiste en el diseño
de sombra y pasto, y yo volví
sonriente y hechizada, a una mañana oscura.


EL POZO
A los dieciséis, pensaba que si algo
me podía transformar era la luz de la luna.
                  Corría la cabeza
en la almohada y hasta corría la cama 
mientras la luna lentamente
atravesaba la persiana abierta.

Quería la belleza, un resplandor peligroso
de acero, un cuerpo más delgado,
que mi rostro pálido fuese aún más pálido.
                                                      Tomaba luna
diligente como otras toman sol.
Pero la mirada seria de la luna
me mantenía despierta. Y amanecía
sonrojada y de mal humor.


Fue en las noches oscuras de sueño profundo
cuando más soñé, sumergida en el pozo,
para despertar fresca y, si no hermosa,
desbordante de algún otro poder.
VER POR UN MOMENTO


Pensé que me estaban creciendo alas—
y era un capullo.

Pensé : ahora es el momento de saltar
al fuego—
y eran aguas profundas.

Escatología es una palabra que aprendí
de chica: el estudio de las Cosas Últimas;

frente al espejo— joven, nunca más,
las noticias — siempre de muerte,
los perros — despertándose y clamando,
y aullando, aullando.

No obstante
por un momento veo
que no es eso: son
las Cosas Primeras.

Palabra tras palabra
flotan a través del vidrio.
Hacia mí.


UN PASAJE DE "MISA POR EL DÍA DE SANTO TOMÁS APÓSTOL"



ii Gloria



Alabada la nieve
que cae antes de tiempo.
Alabada la sombra
de la chimenea en el tejado vecino
y hasta este día gris de octubre que, según dicen,
debió haber sido dorado.
Alabado el sol
invisible que arde más allá
del frío cielo blanco, dándonos
la luz y la sombra de la chimenea.
Alabado el Dios
o los dioses, lo desconocido,
eso que nos imaginó, y que sostiene
nuestra mano,
nuestra mano asesina
y nos da, aún,
en la sombra de la muerte,
nuestro diario vivir
y el sueño, incluso, de la buena voluntad,
de la paz en la tierra.
Alabados
el flujo y el cambio, la noche y
el pulso del día.



(Las versiones son mías)

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