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julio 12, 2019

POEMAS DE MARILYN HACKER (según ST)

Foto: Robert Giard, 1987. Fuente: https://brbl-dl.library.yale.edu 



Pena

La pena anda kilómetros al lado del río contaminado,
la pena cuenta los días que el solsticio de invierno se tragó,
la pena recibe las voces exuberantes del patio de la escuela
como si le arrojaran desprecios.

Siempre va a ser el primero de septiembre.
Y va a haber chicos dominicanos cuyo partido de
fútbol provea una conversación inocente
a los dos que

toman café, desabrigados. Va a estar luz rosa del
atardecer sobre el río como una catedral.
Va a haber un remolcador cómico y oxidado
que empuja una barcaza.

¿Ella creyó saber lo que intentaba el amigo?
¿Creyó que el hermano se alegraba de verla?
¿Pensó que iba a dormir una vez más abrazada a su amante
hasta que saliera el sol?

La pena no tiene hermano, ni hermana ni amante.
La pena hace amistades en otro lugar. La pena, en las horas
y horas a oscuras hasta que la luz enciende una ventana
sostiene a la pena, un espejo.

¿El hermano? Estaba muerto, en una ciudad que la guerra diezmó.
La pena pelaba arvejas, con el agua fría corriendo
en la pileta y un Corelli que vibraba en el clavicordio
hasta que sonó el teléfono.

Y cuando la pena volvió de una guardia posoperatoria
dos nenitas parecían reticentes a hacer la tarea.
La mitad del placar y la mitad de los cajones estaban vacíos.
¿Quién se había ido esta vez?

La pena es aislacionista, miope. La pena carece
de compasión, de empatía, de imaginación;
lee relatos de masacres, inundaciones y terremotos
y la historia la atrapa.

La pena es el intercambio individual, burgués, común
y corriente, entre dos mujeres el domingo en el
supermercado: “Le mari de Germaine est mort”. Y
llenan la bolsa de manzanas.

La pena es una primeriza en el quinto mes.
Ahora sabe que el feto murió dentro de ella.
Ahora cruza el centro comercial bajo el rayo de sol
de una mañana de mediados del invierno.

El invierno lame el tuétano de las calles, que se abren
sobre plazas y bulevares, ríos, avenidas paralelas
al río y arterias que salen a los puentes,
aeropuertos y rutas interestatales.

La pena pinta con kohl los párpados ardientes de las mujeres maduras.
La pena maneja kilómetros sin darse cuenta si la ruta corre
junto al océano, a los edificios abandonados o a los
trigales ennegrecidos

--y, de hecho, está adentro. Aunque su estatura sea
intermedia, hay muebles enormes que la encierran y obstaculizan:
de pino y roble, que pensó que le iban a salvar la temporada
con el oro cálido de su grano.

Los obreros se abren paso para arreglar las ventanas,
pero no con paneles de luz al hombro, ninguno de ellos es
un mensajero. Todavía empecinadamente verde, una calle
conduce de regreso al río.

Catorce años se escurrieron en los quince minutos
que le llevó a un sol de final del verano extinguir su luz
detrás de la vereda de enfrente, y a los chicos
dar el partido por terminado.
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Runa de la finlandesa 
Para Sara Karig

                                                    “Tú eres muy hábil”, le dijo el reno
                                                    “puedes atar todos los vientos del mundo con un solo hilo”
                                                                                                  H.C. Andersen, “La reina de las nieves”

Ella podía atar todos los vientos del mundo con un solo hilo.
Ella podía encontrar todas las palabras en un viento cantor.
Podía tenderle un deseo extraño a una mano con manchas.
Podía hilar de una mente enredada la palabra que buscó.

Ella podía internarse en el bosque feral a lomo de una cierva .
Ella podía hacer cantar un manantial con unavara de serbal.
Podía encuadernar un libro prohibido con una piel de seda.
Podía vendar las heridas del lobo con lienzo de un pañal.

Ella podía pasar una guerra mundial en tierras invadidas.
Podía triturar las raíces secas para hacer un pan.
Podía alimentar con comida inventada a toda una cuadrilla.
A los desmembrados, piezas de repuesto les podía encontrar.

Podía descubrir los miembros de piedra ocultos en la arena.
Ella podía aguantar el frío de la mina con un pulmón reseco.
podía entender los juegos de palabras porque aprendió la jerga.
Ella podía acunar con su lengua madre a los niños huérfanos.

Ella podía trenzar con un peine de espinas el pelo de una nena.
Podía encender un fuego de carbón bajo el viento del Ártico
Podía arreglar el motor de una máquina con un alfiler de gancho.
Podía calentar los pies negros de un hombre que estaba agonizando.

Ella podía beber la sopa de piedra de un pozo más que incierto.
Podía aspirar la pestilencia verde de una letrina de trinchera.
Ella podía compartir de un vino muy valioso el trago de la reina.
Ella podía pensar en dos o tres cosas que nunca se dijeron.

Ella podía aprender el lenguaje de señas de sordos y ciegos.
Ella podía ganarse las llaves de hierro de la reina del hielo.
Ella podía salir a pasear colina arriba con un borracho amigo.
Ella podía atar todos los vientos del mundo con un solo hilo.




Una trenza de ajo

Las mujeres mayores se lamentan mientras van al mercado,
compran pescado, higos y tomates que hoy alcanzan
para alimentar al lobo dormido abajo de la mesa
¿que se despierta de qué sueño?

¿Qué vuelve con el cambio de estación sino lo perdido?
Está muerto aquel, al que, atrevida, llamé hermano
con ese resto de vida encaramado en su hombro
graznando la partida.

Él hizo rodar por última vez el dado. Conoció a su
último y mejor interlocutor días antes de
acostarse para la cirugía que podía/no podía
extenderle la apuesta.

Lo que se dijeron les pertenece a ellos. Ahora un hijo escribe
elegías, aunque tenga un padre vivo.
Uno ama el té de salvia, uno le entrega al mundo el aroma del
café de su madre.

La luz retrocedió a lo que era en abril,
irá volviendo gradualmente atrás hasta el invierno.
No puedo llamar “exilio” a mis peregrinaciones
pero cuento las mañanas.

En una canasta colgada en la pared, con la manija
adornada con flores de tela de las cajas de bombones,
están los chalotes moteados de púrpura, y enroscada atrás,
una trenza de ajo.

Me acuerdo, diez días después de un cumpleaños
(el contrapunto y la luz de las velas en el vaso de vino)
cómo exploraban, sin acariciar,
los dedos de la radióloga.

Entonces, la repetición (a la que no se le decía “recurrencia”)
de un ritual de pasaje de quince años atrás:
llegué, doblada por el exceso de equipaje,
llena de cicatrices, al umbral.

Bajo el sol leve del invierno en febrero,
ir dos o tres veces por semana a Gobelins, al
hospital geriátrico donde mi amiga se estaba
recuperando de los nervios.

Al final de los testimonios elegantes y la poética,
duendes furiosos e incoherentes con pañales,
frágil y  efímero como toda belleza:
el espíritu humano—

mientras la experiodista miraba, tomaba notas y
ofrecía conmovida a sus visitantes los reportes
de la zona de guerra en la que estaba anclada
pasando el tiempo.

Ahora en nuestros propios restos de vida, brindamos
por la memoria y la continencia. Donde hubo pechos,
tengo cicatrices. Sus dedos nudosos, en estos días, apenas
pueden sostener la lapicera.

A él lo lloran miles, mientras en el silencio y el rumor
del soporte vital para falla orgánica múltiple,
la soledad absoluta, un balanceo de alas escarlata que
se agitan, y desaparecen.



¿Quisiste bien lo que dejaste enseguida? 

¿Quisiste bien lo que dejaste enseguida?
Volvé a casa, abrazame y sacame este dolor
de estómago, dolor de cabeza, dolor de corazón.
Nunca tan satisfecha, nunca me despojaron
tanto. Las noches de invierno amontonan
oscuridad en la ventana. Ninguna palabra va a hacer que,
donde estés, tu día se encienda, o te despiertes
de tu noche hacia mí. El único bien que
tengo para para dar o conservar es lo llorado,
esclusas abiertas para el lamento por las ocasiones
perdidas, por el fin de la juventud,
por todos los que amé y murieron de verdad.
Bebí nuestro único año en salmuera en vez de
miel de las estaciones de tu lengua.



Versiones en castellano de Sandra Toro



Grief

Grief walks miles beside the polluted river,
grief counts days sucked into the winter solstice,
grief receives exuberant schoolyard voices
as flung despisals.

It will always be the first of September.
There will be Dominican boys whose soccer
game provides an innocent conversation
for the two people

drinking coffee, coatless. There will be sunset
roselight on the river like a cathedral.
There will be a rusty, amusing tugboat
pushing a barge home.

Did she think she knew what her friend intended?
Did she think her brother rejoiced to see her?
Did she think she’d sleep one more time till sunrise
holding her lover?

Grief has got no brother, sister or lover.
Grief finds friendship elsewhere. Grief, in the darkened
hours and hours before light flicks in one window
holds grief, a mirror.

Brother? He was dead, in a war-drained city.
Grief was shelling peas, with cold water running
in the sink; a harpsichord trilled Corelli
until the phone rang.

And when grief came home from a post-op nightwatch
two small girls looked reticent over homework.
Half the closet, half the drawers were empty.
Who was gone this time?

Grief is isolationist, short-viewed. Grief lacks
empathy, compassion, imagination;
reads accounts of massacres, floods and earthquakes
mired in one story.

Grief is individual, bourgeois, common
and banal, two women’s exchange in Sunday
market : “Le mari de Germaine est mort.” They
fill bags with apples.

Grief is primagravida, in her fifth month.
Now she knows the fetus has died inside her.
Now she crosses shopping-streets on a sun-shot
mid-winter morning.

Winter licks the marrow from streets that open
onto parks and boulevards, rivers, riverparallel
parkways, arteries to bridges,
interstates, airports.

Grief daubs kohl on middle-aged burning eyelids.
Grief drives miles not noticing if the highway
runs beside an ocean, abandoned buildings
or blackened wheatfields

—and, in fact, she’s indoors. Although her height is
average, massive furniture blocks and crowds her:
oak and pine, warm gold in their grain she thought would
ransom her season.

Workmen clear a path to repair the windows,
not with panes of light on their backs, no messagebearers
these. Still stubbornly green, a street leads
back to the river.

Fourteen years drained into the fifteen minutes
that it took a late-summer sun to douse its
light behind the opposite bank, the boys to
call their match over.




Rune of the Finland Woman
For Sára Karig


“You are so wise,” the reindeer said, 
“you can bind the winds of the world in a single strand.”
—H. C. Andersen, “The Snow Queen”

She could bind the world’s winds in a single strand.
She could find the world’s words in a singing wind.
She could lend a weird will to a mottled hand.
She could wind a willed word from a muddled mind.

She could wend the wild woods on a saddled hind.
She could sound a wellspring with a rowan wand.
She could bind the wolf’s wounds in a swaddling band.
She could bind a banned book in a silken skin.

She could spend a world war on invaded land.
She could pound the dry roots to a kind of bread.
She could feed a road gang on invented food.
She could find the spare parts of the severed dead.

She could find the stone limbs in a waste of sand.
She could stand the pit cold with a withered lung.
She could handle bad puns in the slang she learned.
She could dandle foundlings in their mother tongue.

She could plait a child’s hair with a fishbone comb.
She could tend a coal fire in the Arctic wind.
She could mend an engine with a sewing pin.
She could warm the dark feet of a dying man.

She could drink the stone soup from a doubtful well.
She could breathe the green stink of a trench latrine.
She could drink a queen’s share of important wine.
She could think a few things she would never tell.

She could learn the hand code of the deaf and blind.
She could earn the iron keys of the frozen queen.
She could wander uphill with a drunken friend.
She could bind the world’s winds in a single strand.




A Braid of Garlic 

Aging women mourn while they go to market,
buy fish, figs, tomatoes, enough today to
feed the wolf asleep underneath the table
who wakes from what dream?

What but loss comes round with the changing season?
He is dead, whom, daring, I called a brother
with that leftover life perched on his shoulder
cawing departure.

He made one last roll of the dice. He met his
last, best interlocutor days before he
lay down for the surgery that might/might not
extend the gamble.

What they said belongs to them. Now a son writes
elegies, though he has a living father.
One loves sage tea, one gave the world the scent of
his mother's coffee.

Light has shrunk back to what it was in April,
incrementally will shrink back to winter.
I can't call my peregrinations 'exile,'
but count the mornings.

In a basket hung from the wall, its handle
festooned with cloth flowers from chocolate boxes,
mottled purple shallots, and looped beside it,
a braid of garlic.

I remember, ten days after a birthday
(counterpoint and candlelight in the wine-glass),
how the woman radiologist's fingers
probed, not caressing.

So, reprise (what wasn't called a 'recurrence')
of a fifteen-years-ago rite of passage:
I arrived, encumbered with excess baggage,
scarred, on the threshold.

Through the mild winter sun in February,
two or three times weekly to Gobelins, the
geriatric hospital where my friend was
getting her nerve back.

At the end of elegant proofs and lyric,
incoherent furious trolls in diapers.
Fragile and ephemeral as all beauty:
the human spirit –

while the former journalist watched, took notes and
shocked, regaled her visitors with dispatches
from the war zone in which she was embedded,
biding her time there.

Now in our own leftover lives, we toast our
memories and continence. I have scars where
breasts were, her gnarled fingers, these days, can hardly
hold the pen steady.

Thousands mourn him, while in the hush and hum of
life-support for multiple organ failure,
utter solitude, poise of scarlet wings that
flutter, and vanish.




Did you love well what very soon you left?

Did you love well what very soon you left?
Come home and take me in your arms and take
away this stomach ache, headache, heartache.
Never so full, I never was bereft
so utterly. The winter evenings drift
dark to the window. Not one word will make
you, where you are, turn in your day, or wake
from your night toward me. The only gift
I got to keep or give is what I’ve cried,
floodgates let down to mourning for the dead
chances, for the end of being young,
for everyone I loved who really died.
I drank our one year out in brine instead
of honey from the seasons of your tongue.






MARILYN HACKER (EE.UU, 1942). 

julio 08, 2019

ANNE WALDMAN (según ST)

Foto: Peter Hujar 



Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
todas las pátinas reunidas en el espacio vacío
colorete sobre el espacio vacío
Le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
pegándole pestañas al espacio vacío
pintándole las cejas al espacio vacío
untando cremas sobre el espacio vacío
pintando el mundo fenoménico
Estoy colgándole adornos al espacio vacío
broches de oro, peinetas laqueadas, hebillas de plástico en el espacio vacío
Le estoy pegando pasadores de alambre al espacio vacío
vuelco palabras sobre el espacio vacío, lo subyugo
lo empaqueto, lo relleno,  lo meto por la fuerza
le enrosco gargantillas alrededor al espacio vacío
Mirá esto, imaginate esto: pintar el mundo fenoménico
con pulseras en las muñecas
aros colgados en el espacio vacío
Estoy poniendo mi memoria en el espacio vacío
desvistiéndote
colgando la ropa arrugada de un clavo
colgando el abrigo verde de un clavo
bailando de noche se terminó con bailando de noche
todavía estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
te quiero asustar: la noche colgante, la noche a la deriva,
la noche que gime, hija de sueño intranquilo te quiero asustar
a vos
te ato hasta donde llega el día frío
ato el poder de 20 hombres fornidos
ato a las mujeres coloridas y seductoras, a todas
ato la roca enorme
ato la noche colgante, la noche errante, la
noche que gime, hija de sueño intranquilo
estoy atando mis deudas, atraigo la factura de teléfono
ato la raíz de mi lengua puntiaguda
 Ahueco las manos en el agua, salpico agua en el espacio vacío
agua que bebe el espacio vacío
Miren lo que van a hacer los pensamientos Miren lo que van a hacer las palabras
de la nada a la cara
de la nada a la raíz de la lengua
de la nada a hablar del espacio vacío
ato el fresno
ato el tejo
ato el sauce
ato el uranio
ato la energía antieconómica no renovable del uranio
lanzo el uranio al espacio vacío
ato el color rojo seduzco al color rojo para el espacio vacío
pongo el atardecer en el espacio vacío
a él le saco el azul de los ojos y le hago una ofrenda al espacio vacío
el azul  renovable
le saco el verde a todo lo que nace, crece &
trepa por el espacio vacío
pongo el blanco de la nieve a los pies del espacio vacío
capturo el amarillo de los ojos del gato sentado
en el espacio negro y lo engancho a mi corazón, un espacio vacío
quiero que el marrón de este suelo suba al espacio vacío
desmantelar el piso y encontrar el marrón,
volverlo a atar bajo el hechizo del espacio vacío
quiero desmontar esta pared vieja en mi imaginación soy rica pensando
en eso, estoy pensando en ponerle maquillaje al espacio vacío
Todo se derrumba alrededor del espacio vacío
el yuyito seco se deshace, al diente de león lo soplan al espacio vacío
ato las estrellas que se reflejan en tu ojo
de la nada a estos dedos que teclean
de la nada a las patas de los alces
de la nada al cuello del ciervo
de la nada a los dientes de porcelana
de la nada al mantenerse en pie del pino en el bosque
cuando le echo agua lo mantengo vivo
cuando dejo que el agua corra
barriendo juntos el espacio vacío
hay una forma mejor de decir espacio vacío
Date vuelta de adentro hacia afuera y podés desaparecer
tenés una definición nueva en el espacio vacío
Lo que me gusta de la impermanencia es el choque
de mi cuerpo grandote contra el espacio vacío
Estoy volviendo a poner el piso
Estoy reconstruyendo la pared
Estoy cubriendo de revoque los ladrillos
Estoy arreglando la máquina con un alambre delicado
No hay hilo que sea eterno, quizás un hilo de oro puro
estoy empezando a cantar por dentro sobre el espacio vacío
todas las veces hay un detalle nuevo
Estoy pegando en la pared el dibujo que me gusta tanto:
noche negra y sin luna detrás de cortina a cuadros
todo iluminado menos el espacio vacío
cuelgo el vestido de lino negro sobre mi cuerpo
la noche colgante, la noche a la deriva, la noche que gime
hija de sueño intranquilo
esto me pasa a mí
cuelgo un espejo para capturar estrellas, todo me pasa a mí afuera
de noche en mi cráneo de espacio vacío
salgo al hielo estrellado
y reconstruyo la casa en memoria del espacio vacío
Esto me pasa a mí sobre el espacio vacío
que nunca más va a ser mencionado
Te gusta esto
imaginate esto
señalar el mundo fenoménico
se habla de cómo vestir el cuerpo con adornos raros
para hacerte acordar de un juramento al espacio vacío
se habla del discurso de tu mente como un gusano de seda
yo me quiero aventurar a un lugar no cincelado
vuelco arena en el suelo
Vehículos y objetos surgen de la niebla
el desfiladero está peligroso esta noche
De repente hay luces de advertencia
el patrullero es útil como guía
se habla de desaceleración
se habla de una deidad femenina
la ato con una zarza
la ato con el diente de un tigre
la ato con mi cristal de cuarzo
atraigo los mundos
me cubro de joyas
bebo amrita
hay algún detalle nuevo
hay una lentejuela en el zapato de ella
hay un clavo en la bota de ella
las ruedas tienen clavos para una subida difícil
me llevo las manos a la cara
le estoy poniendo maquillaje al espacio vacío
quería asustarte con la noche que me asustó a mí
la noche a la deriva, la noche que gemía
Siempre alguien interrumpía para hacerte olvidar del espacio vacío
arriesgá todo
pintate las uñas
ponete bufandas
todo el tiempo para adornar el espacio vacío
te-llames-como-te-llames te nombro “espacio vacío”
con tus ficciones con la danza andá haciéndote a la idea
con tu forma rara de cantar andá haciéndote a la idea
con tu sonrisa andá haciéndote a la idea
con tu séquito & acumulación enormes andá haciéndote a la idea
con tus adicionales andá haciéndote a la idea
con tu buena suerte, con tu suerte haragana andá haciéndote a la idea
cuando más que nada te parezcas a un pájaro, es el momento de hacerte a la idea
cuando hagas trampa, andá haciéndote a la idea
cuando tengas la cabeza angustiada
cuando no estés sensible
cuando insistas en el
halago de muchas lenguas
empieza con la raíz de la lengua
empieza con la raíz del corazón
hay una columna vertebral de viento
que gime & canta en el espacio vacío


Versión en castellano de Sandra Toro



Makeup on Empty Space 

I am putting makeup on empty space
all patinas convening on empty space
rouge blushing on empty space
I am putting makeup on empty space
pasting eyelashes on empty space
painting the eyebrows of empty space
piling creams on empty space
painting the phenomenal world
I am hanging ornaments on empty space
gold clips, lacquer combs, plastic hairpins on empty space
I am sticking wire pins into empty space
I pour words over empty space, enthrall the empty space
packing, stuffing jamming empty space
spinning necklaces around empty space
Fancy this, imagine this: painting the phenomenal world
bangles on wrists
pendants hung on empty space
I am putting my memory into empty space
undressing you
hanging the wrinkled clothes on a nail
hanging the green coat on a nail
dancing in the evening it ended with dancing in the evening
I am still thinking about putting makeup on empty space
I want to scare you: the hanging night, the drifting night,
the moaning night, daughter of troubled sleep I want to scare you
you
I bind as far as cold day goes
I bind the power of 20 husky men
I bind the seductive colorful women, all of them
I bind the massive rock
I bind the hanging night, the drifting night, the
moaning night, daughter of troubled sleep
I am binding my debts, I magnetize the phone bill
bind the root of my pointed tongue
I cup my hands in water, splash water on empty space
water drunk by empty space
Look what thoughts will do   Look what words will do
from nothing to the face
from nothing to the root of the tongue
from nothing to speaking of empty space
I bind the ash tree
I bind the yew
I bind the willow
I bind uranium
I bind the uneconomical unrenewable energy of uranium
dash uranium to empty space
I bind the color red I seduce the color red to empty space
I put the sunset in empty space
I take the blue of his eyes and make an offering to empty space
renewable blue
I take the green of everything coming to life, it grows &
climbs into empty space
I put the white of the snow at the foot of empty space
I clasp the yellow of the cat's eyes sitting in the
black space I clasp them to my heart, empty space
I want the brown of this floor to rise up into empty space
Take the floor apart to find the brown,
bind it up again under spell of empty space
I want to take this old wall apart I am rich in my mind thinking
of this, I am thinking of putting makeup on empty space
Everything crumbles around empty space
the thin dry weed crumbles, the milkweed is blown into empty space
I bind the stars reflected in your eye
from nothing to these typing fingers
from nothing to the legs of the elk
from nothing to the neck of the deer
from nothing to porcelain teeth
from nothing to the fine stand of pine in the forest
I kept it going when I put the water on
when I let the water run
sweeping together in empty space
There is a better way to say empty space
Turn yourself inside out and you might disappear
you have a new definition in empty space
What I like about impermanence is the clash
of my big body with empty space
I am putting the floor back together again
I am rebuilding the wall
I am slapping mortar on bricks
I am fastening the machine together with delicate wire
There is no eternal thread, maybe there is thread of pure gold
I am starting to sing inside about the empty space
there is some new detail every time
I am taping the picture I love so well on the wall:
moonless black night beyond country-plaid curtains
everything illuminated out of empty space
I hang the black linen dress on my body
the hanging night, the drifting night, the moaning night
daughter of troubled sleep
This occurs to me
I hang up a mirror to catch stars, everything occurs to me out in the
night in my skull of empty space
I go outside in starry ice
I build up the house again in memory of empty space
This occurs to me about empty space
that it is nevered to be mentioned again
Fancy this
imagine this
painting the phenomenal world
there's talk of dressing the body with strange adornments
to remind you of a vow to empty space
there's talk of the discourse in your mind like a silkworm
I wish to venture into a not-chiseled place
I pour sand on the ground
Objects and vehicles emerge from the fog
the canyon is dangerous tonight
suddenly there are warning lights
The patrol is helpful in the manner of guiding
there is talk of slowing down
there is talk of a feminine deity
I bind her with a briar
I bind with the tooth of a tiger
I bind with my quartz crystal
I magnetize the worlds
I cover myself with jewels
I drink amrita
there is some new detail
there is a spangle on her shoe
there is a stud on her boot
the tires are studded for the difficult climb
I put my hands to my face
I am putting makeup on empty space
I wanted to scare you with the night that scared me
the drifting night, the moaning night
Someone was always intruding to make you forget empty space
you put it all on
you paint your nails
you put on scarves
all the time adorning empty space
Whatever-your-name-is I tell you “empty space”
with your fictions with dancing come around to it
with your funny way of singing come around to it
with your smiling come to it
with your enormous retinue & accumulation come around to it
with your extras come round to it
with your good fortune, with your lazy fortune come round to it
when you look most like a bird, that is the time to come around to it
when you are cheating, come to it
when you are in your anguished head
when you are not sensible
when you are insisting on the
praise from many tongues
It begins with the root of the tongue
it begins with the root of the heart
there is a spinal cord of wind
singing & moaning in empty space


ANNE WALDMAN (EE.UU., 1945)