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abril 27, 2019

POEMAS DE DIANE WAKOSKI

Foto: Lois Shelton, 1979 (Gentileza de The University of Arizona Poetry Center)


De adentro hacia fuera 

Voy por la alfombra morada dentro de tu ojo
y llevo el cuchillo de plata para manteca
pero un camión ruge
y me estampa la huella negra de su neumático en el pie
y las imágenes viejas, el ruido de las puertas mosquitero en las
tardes calurosas de verano y una mosca zumbando sobre la Kool Aid volcada
en la pileta de la cocina,
parpadean como reflejos sobre una superficie de metal.

Entrá, dijiste,
adentro de tus cuadros, adentro de la fábrica de sangre, adentro de
las canciones viejas que te llenan las manos, adentro de
los ojos que cambian como un copo de nieve a cada instante,
adentro de las hojas de espinaca que sostienen esa pieza única de grava,
adentro de los bigotes de un gato,
adentro de tu sombrero viejo, y más que nada adentro de tu boca donde
molés los pigmentos con los dientes, y pintás
con una botella rota sobre el piso, y pintás
con la pluma de un avestruz sobre la luna que sale rodando de mi boca.

No podés dejarme caminar mucho tiempo adentro tuyo adentro
de las venas donde mis pies chiquitos tocan
fondo.
Tenés que meter la mano y sacarme
como una bala de plata
de tu brazo.


Diosa  búho de las nieves

Loudell, con un vestido suelto de algodón
del color de los delfinios
el pelo como plumas de lechuza igual de inmóvil
que los dedos de los pies desnudos en sus sandalias claras
es una amiga de esta parte de nuestra vida 
la cosecha,
una mujer Minerva
de salsas y hierbas, erébolo, trompetas trepadoras
y tomates reliquias de familia. Se desliza
entre todos,
con cuidado,
como si también nosotros pudiéramos 
ser plantas.

Casi en trance por la tarde de
agosto embriagadora, y quizás indolente
y de reojo, más absorta en el murmullo
que en mirar, sorprendí
a esta mujer búho de las nieves
mientras le quitaba una aceituna de la boca a su rapaz,
y lanzaba el carozo delicadamente 
al cantero pegado
a su reposera.

Casi siempre escrupulosa como un farmacéutico
que pesa cristales,
me asombró ese aparente acto de tirar basura
hasta que me di cuenta de que “oh, el carozo podía echar raíz 
y crecer! Era su  instinto de jardinera
dándole un lugar a cada semilla.

Sorbiendo su chardonnay y, rompiendo algunos pistachos 
con una mano para depositar prolijamente
las cáscaras en un bol con los carozos de aceituna
que nos habíamos comido los demás,
me recordó que ni siquiera 
en la abundancia
hace falta derrochar.

Todos los días, en medio de la conversación
del ocaso, me visita esta imagen: Un búho de las nieves 
despliega de pronto sus alas de tres metros de envergadura 
para cubrir esta tierra sagrada,
su movimiento en arco, el brazo de ella desdoblándose en el aire
con el carozo de aceituna
lanzado a la tierra.


Agrádeciéndole a mamá por las lecciones de piano 

El alivio de poner los dedos en el teclado,
como si fueras caminando por la playa
y encontraras un diamante
grande como un zapato;

como si
hubieras acabado de construir una mesa de madera
y el olor a aserrín se quedara en el aire,
y en tus manos secas y leñosas;

como si
hubieras evitado
al hombre del sombrero oscuro que te estuvo siguiendo
toda la semana;

el alivio 
de poner los dedos en el teclado,
y tocar los acordes de
Beethoven,
Bach,
Chopin
una tarde en la que no tengo nadie con quien hablar,
en que las formas de los avisos de las revistas, con pulóveres suaves 
y pelo republicano de clase media limpio y reluciente 
se metieron en sus casas alfombradas
y me dejaron sola
con mis pisos pelados y un par de libros

Quiero agradecerle a mi mamá
por trabajar todos los días
en una oficina insulsa
en estacionamientos y empresas de agua
suprimiendo la crema del café a los 40
para adelgazar, con el cuerpo pesado
llevando sus delicados libros contables 
sola, sin un hombre que le mirase la cara,
el cuerpo, el pelo prematuramente blanco
enamorado
Le quiero agradecer
a mi mamá por trabajar y pagarme siempre
las clases de piano
antes de saldar el préstamo del Bank of America
o de hacer la compra de almacén 
o de llevar nuestro Ford viejo y ruidoso a arreglar.

Yo era una nena callada,
con miedo de entrar sola a un negocio,
con miedo al agua,
al sol,
al pasto sucio de los patios de atrás,
con miedo al mal aliento de mi mamá,
y a las visitas esporádicas de mi papá,
sabiendo que iba a irse otra vez,
con miedo de no tener plata,
con miedo de mi cuerpo torpe,
que sabía
que nunca nadie iba a amar 

Pero tocaba a mi manera
en el piano vertical viejo
que conseguimos por 10 dólares,
tocaba a mi manera movida por el miedo,
movida por la fealdad,
por crecer en un mundo de compras en tiendas de chucherías,
y por un deseo de amar
un mundo sin amor

tocaba a mi manera movida por una cara fea
y por las tardes, días, noches, madrugadas solitarias,
por las mañanas, incluso, vacías
como una lata oxidad de café,
tocaba a mi manera movida por los crujidos de la primavera
y quería que todo brillara a mi alrededor como la marea de
una playa al atardecer en el Sur de California,
tocaba a mi manera movida por
el sombrero vacío de papá en el ropero de mamá
y una cama en la que ella ocupaba una mitad, sin
arrugar nunca un centímetro
de la otra,
esperando,
esperando,

tocaba a mi manera movida por los honores del colegio,
el único lugar donde podía
hablar
en el aula,
o en mis clases de piano, con el canario de la Sra. Hillhouse siempre
cantando al máximo por mis talentos,
como si yo hubiera tirado alguna parte de mi cuerpo al entrar
a su casa

y ahora anduviera por el teclado buscando
en cada tecla de marfil, deslizando los dedos sobre las crestas
negras y alrededor de las piedras suaves,
preguntándome dónde perdí mis órganos malditos,
o mi boca que algunas veces se abrió
como una amapola de California,
amplia y con contrastes
hermosa en los campos barridos,
cerrada por completo día y noche,

tocaba a mi manera etapa tras etapa,
pero ninguna parecía tener edad
o quizás siempre
vieja y sola,
queriendo una única cosa, rodeada de las hojas llenas de polvo 
y olor amargo de los naranjos 
queriendo solamente ser tocada por un hombre que me quisiera,
que estuviera ahí todas las noches 
para ponerme su mano grande y fuerte en el hombro,
contra cuyas caderas despertar a la mañana,
cuyos bigotes pudieran acariciar una cara dormida,
que sueña con pianos que hicieron el sonido de Mozart
y de Schubert sin exigir
que la vida exprimiera todo
cada día,
sin reclamar el vacío
de una vidita tímida.

Le quiero agradecer a mi mamá
por dejarme despertarla a veces a las seis de la mañana
cuando practicaba mis lecciones
y por asegurarse de que tuviera un piano
donde dejar los libros de la escuela todas las tardes.
No toqué un piano en diez años,
quizás por miedo a que ese poco de amor que logré
juntar, como pelusa, del fondo de los bolsillos,
se perdiera,
se escapara
por la cueva terriblemente vacía que soy
si alguna vez volvía a abrirlo.
El amor es un hombre
de bigotes
que me abraza todas las noches con ternura 
y siempre está ahí cuando necesito tocarlo;
él no podría conocer la música dolorosamente 
alta del pasado que
su amor hace que pare de golpear sacudir y
martillarme el cerebro,
que hace todo lo posible por destruir la precaria materia gris 
cuando estoy sola;
él no escucha el canario de la Sra. Hillhouse cantando para mí
aprobando cómo suena mi lección de esta semana,
diciéndome,
confirmando lo que dice mi profesora,
que tengo un don para el piano
que pocos de sus alumnos tienen.
Cuando toco al hombre
que amo,
le quiero agradecer a mi madre por darme
todos estos años 
clases de piano
que me mantienen en la mente el recuerdo de Beethoven,
un hombre sordo y torturado;
y de la belleza 
que puede venir
incluso de un pasado 
feo.


Dibujo de una chica en blanco y negro  

Una chica se sienta en una habitación negra.
Es tan blanca
que afuera las ciruelas se caen de los árboles.
El viento helado le sopla gansos
en el pelo.
La habitación es negra
pero los gansos se pasean por ahí,
irrumpiéndole en la mente
y encerrando en la habitación
su propio secreto negro.
No está sola, con ella está el ruido
de cien alas batientes,
y de la fruta que se pudre en la tierra negra
el olor del tiempo que pasa.

Una chica se sienta en una habitación irreal
a peinarse el pelo irreal.
En las alas batientes de los gansos hay
ciruelas rotas
de los árboles de afuera,
y el viento las heló a todas
para mantener a la chica en la habitación negra
ahí, peinándose
el pelo invernal e irreal.

Una chica se sienta en un dibujo
con el fondo pintado de negro sólido.
y se peina.
Es tan blanca que el viento rompió las ciruelas y esparció los gansos.
Llegó el invierno.
El ruido de alas batientes es tan fuerte que no oigo
nada
pero más que nada tengo que mirar afuera del dibujo
y seguir peinándome el pelo
irreal y negro.



Este matrimonio negro y hermoso 

Fotografía en negativo
el brazo negro de ella: una marsopa buceando,
desparramada en la almohada de un banco de hielo.
La cabeza: una sábana de agua que cae.
Las piernas: ramas de estalactitas que irrumpen en la luz.

Esta mujer,
fotografiada mientras duerme.
El hombre,
revela la fotografía en el caldero de ácido de su cerebro.
El sueño los mancha a los dos,
como si el semen turbio
frotado hasta abrillantar la superficie
fuera a usarse para desarrollar las imágenes.

en el desierto
las marsopas se enroscan,
sus esqueletos muestran los dientes
entre los labios resecos;
los pies de ella dormidos
pisan escarabajos,
mientras contiene el nombre de los muertos
en la respiración acompasada.

Este hombre y esta mujer se casaron
y viajan recitando y
cantando
nombres de objetos perdidos.

Entran en una pirámide.
Una mariposa negra cubre la entrada 
como una telaraña,
se pliega sobre su cuerpo,
la serpiente de su cuerpo
cerrándole los labios.
sus pechos son escaleras de piedra.
Ella pronuncia el nombre, “Isis”
y espera a que la cara blanca aparezca.

De noche no camina nadie por estas pirámides.
Nadie camina 
de día 
se camina en el tiempo negativo,
donde la presencia de la mujer  llena el espacio
como si fuera incienso; el hombre baja
por las hendiduras y
las colinas de su cuerpo.
Los sonidos del matrimonio negro
son sonidos rituales.
De las marsopas que agonizan en el desierto.

La mariposa que amortaja el cuerpo,
la serpiente que le llena la boca.
Los sonidos de todas las partes se juntan
en este único lugar,
la pirámide del desierto,
construida con la fealdad histórica
y limpia de los hombres que murieron en la labor.

Amigo, si te imaginás que no tengo esas
serpientes negras en el pozo de mi cuerpo,
que no me rompió en pedazos el ala
áspera de la mariposa
y que no quedé rota y estrujada como una media de seda negra,
si te imaginás que mi cuerpo no es
madera quemada
ennegrecida,
te imaginás una mujer falsa.

Este matrimonio no me pudo cambiar.
No pudo cambiarme la vida.
No es tan distinto de cualquier otro matrimonio.
Todos están llenos de viajes por el desierto,
con Isis que nos mantiene en su terror,
con Horus que no nos deja ver
las partes unidas de su cuerpo 
pero nos hace presenciarlas en los rincones oscuros,
en confusión sangrienta;
así y todo este matrimonio negro,
como le dicen,
tiene su belleza.
Como el gato negro que se estira con su pelaje rico
y se desliza suavemente bajo los troncos de los árboles.
O la obsidiana negra y resplandeciente
que se arranca de las minas y  se lustra hasta que es como el ojo del gato.
Negra como la semilla pulcra de la sandía,
o un charco de aceite, que descompone la luz en un prisma.
Que no te desespere este “matrimonio negro”
Tenés que dejar salir de tu cuerpo la oscuridad;
reconocerla
y permitirle entrar en tu boca,
saborear abiertamente la oscuridad histórica.
Probar tu propia muerte hermosa,
ver tu imagen fotográfica,
como en rayos x
con los huesos blanqueados adentro de la carne 
que se oscurece.



Leche cortada

No podés hacer
que vuelva a ser
dulce.
           Una vez
fue de un color inocente
como las flores de las frutillas silvestres,
y la textura era tan simple
que pasaba a través de un lienzo,
el sabor era fresco.
Y ahora
sin más culpable que el paso del tiempo
para reprocharle,
la misma sustancia
se volvió agria y grumosa.

La leche cortada
sirve para hacer masas deliciosas & interesantes,
se la puede llevar a un nivel superior de acción bacteriana
para crear alimentos nuevos,
puede considerársela 
compleja por derecho propio y de textura más interesante 
para quien la examine de cerca
como un mapamundi.

Pero
para la mayoría de nosotros:
se echó a perder.
Está agria.
La echamos,
por el desagüe – no en el de patio de atrás—
con cuidado de no volcar nada
porque el olor es fuerte.
Un buen cocinero
estaría escandalizado
con tamaño desperdicio.
Pero no vivimos en un mundo de buenos cocineros.

Yo soy la leche.
Pasa el tiempo.
No me podés volver
a hacer
dulce.
Me siento llena de culpa en el estante de la heladera,
temblando con la esperanza de un cocinero
que sueñe con waffles,
con biscuits, con dumplings
y demás panes exquisitos
aterrada del ama de casa moderna que
va a bajarme del estante y con un giro de muñeca 
diestro
… ya se sabe cómo sigue.

Vos sos la leche.
Cuando te llegue el turno
acordate.
no hay nada que te podamos reprochar
más que el paso del tiempo.


Versiones en castellano de Sandra Toro



Inside Out

I walk the purple carpet into your eye
carrying the silver butter server
but a truck rumbles by,
leaving its black tire prints on my foot
and old images the sound of banging screen doors on hot 
afternoons and a fly buzzing over the Kool-Aid spilled on 
the sink
flicker, as reflections on the metal surface.

Come in, you said,
inside your paintings, inside the blood factory, inside the 
old songs that line your hands, inside
eyes that change like a snowflake every second,
inside spinach leaves holding that one piece of gravel,
inside the whiskers of a cat,
inside your old hat, and most of all inside your mouth where you 
grind the pigments with your teeth, painting
with a broken bottle on the floor, and painting
with an ostrich feather on the moon that rolls out of my mouth.

You cannot let me walk inside you too long inside 
the veins where my small feet touch
bottom.
You must reach inside and pull me
like a silver bullet
from your arm.


Snowy Owl Goddess

Loudell, in a loose cotton dress
the color of delphiniums,
her hair, owl-feathered and quiet
as her naked toes in their pale sandals
is a friend from this harvest part
of our lives,
a Minerva woman
of herbs and salsas, hellebore, trumpet vines
and heirloom tomatoes. She glides
among us all,
carefully,
as if we too might be
live plants.

Almost in a trance from the heady
August evening, and perhaps from the corner
of my indolent eye, more absorbing the murmur
than watching, I registered
this Snowy Owl of a woman
as she stripped an olive through her raptor's mouth,
then delicately flung the pit
into the narrow garden verge next
to her deck chair.

Usually fastidious as a pharmacist
weighing crystals,
she surprised me in this seeming-act
of littering, until I realized "oh, the pit might take root,
grow!" It was her planter's instinct/
give every seed a place.

Sipping her chardonnay and, with one hand cracking
some pistachios to neatly deposit
their shells in a bowl with pits from olives
the rest of us had eaten,
she reminds me that even
with abundance
there need not be waste.

Every day the image, planted in the hull of
twilight conversation, visits me: A Snowy Owl
suddenly spreading her 10-foot wingspan
to cover this sacred earth,
its arcing motion, her arm unfolding into air
with the olive pit
bowling earthward.


Thanking My Mother for Piano Lessons

The relief of putting your fingers on the keyboard, 
as if you were walking on the beach
and found a diamond
as big as a shoe;

as if
you had just built a wooden table
and the smell of sawdust was in the air, 
your hands dry and woody;

as if
you had eluded
the man in the dark hat who had been following you 
all week;

the relief
of putting your fingers on the keyboard, 
playing the chords of
Beethoven,
Bach,
Chopin
in an afternoon when I had no one to talk to,
when the magazine advertisement forms of soft sweaters 
and clean shining Republican middle-class hair
walked into carpeted houses 
and left me alone
with bare floors and a few books

I want to thank my mother 
for working every day
in a drab office
in garages and water companies
cutting the cream out of her coffee at 40
to lose weight, her heavy body
writing its delicate bookkeeper's ledgers
alone, with no man to look at her face, 
her body, her prematurely white hair 
in love
I want to thank
my mother for working and always paying for 
my piano lessons
before she paid the Bank of America loan 
or bought the groceries
or had our old rattling Ford repaired.

I was a quiet child,
afraid of walking into a store alone,
afraid of the water,
the sun,
the dirty weeds in back yards,
afraid of my mother's bad breath,
and afraid of my father's occasional visits home, 
knowing he would leave again;
afraid of not having any money,
afraid of my clumsy body,
that I knew
no one would ever love

But I played my way
on the old upright piano
obtained for $10,
played my way through fear,
through ugliness,
through growing up in a world of dime-store purchases, 
and a desire to love
a loveless world.

I played my way through an ugly face
and lonely afternoons, days, evenings, nights, 
mornings even, empty
as a rusty coffee can,
played my way through the rustles of spring
and wanted everything around me to shimmer like the narrow tide 
on a flat beach at sunset in Southern California,
I played my way through
an empty father's hat in my mother's closet
and a bed she slept on only one side of,
never wrinkling an inch of
the other side,
waiting, 
waiting,

I played my way through honors in school, 
the only place I could
talk
the classroom,
or at my piano lessons, Mrs. Hillhouse's canary always 
singing the most for my talents,
as if I had thrown some part of my body away upon entering 
her house

and was now searching every ivory case
of the keyboard, slipping my fingers over black 
ridges and around smooth rocks,
wondering where I had lost my bloody organs, 
or my mouth which sometimes opened
like a California poppy,
wide and with contrasts
beautiful in sweeping fields,
entirely closed morning and night,

I played my way from age to age,
but they all seemed ageless
or perhaps always
old and lonely,
wanting only one thing, surrounded by the dusty bitter-smelling 
leaves of orange trees,
wanting only to be touched by a man who loved me, 
who would be there every night
to put his large strong hand over my shoulder,
whose hips I would wake up against in the morning, 
whose mustaches might brush a face asleep,
dreaming of pianos that made the sound of Mozart 
and Schubert without demanding
that life suck everything
out of you each day,
without demanding the emptiness
of a timid little life.

I want to thank my mother
for letting me wake her up sometimes at 6 in the morning 
when I practiced my lessons
and for making sure I had a piano
to lay my school books down on, every afternoon.
I haven't touched the piano in 10 years,
perhaps in fear that what little love I've been able to
pick, like lint, out of the corners of pockets,
will get lost,
slide away,
into the terribly empty cavern of me
if I ever open it all the way up again.
Love is a man
with a mustache
gently holding me every night,
always being there when I need to touch him;
he could not know the painfully loud
music from the past that
his loving stops from pounding, banging,
battering through my brain,
which does its best to destroy the precarious gray matter when I 
am alone;
he does not hear Mrs. Hillhouse's canary singing for me,
liking the sound of my lesson this week,
telling me,
confirming what my teacher says, 
that I have a gift for the piano 
few of her other pupils had.
When I touch the man
I love,
I want to thank my mother for giving me 
piano lessons
all those years,
keeping the memory of Beethoven,
a deaf tortured man,
in mind;
of the beauty that can come
from even an ugly
past.


Picture of a girl drawn in black and white 

A girl sits in a black room.
She is so fair
the plums have fallen off the trees outside.
Icy winds blow geese
into her hair.
The room is black
but geese are wandering there,
breaking into her mind
and closing the room off
into its own black secret.
She is not alone, for there is the sound
of a hundred flapping wings,
and from fruit rotting in the dark earth
the smell of passing time.

A girl sits in an unreal room
combing her unreal hair.
The flapping wings of geese have
broken plums
from the trees outside,
and the wind has frozen them all
to keep the girl in the black room
there, combing her
unreal wintry hair.

A girl sits in a picture
with the background painted solid black
and combs her hair.
She is so fair the wind has broken plums and scattered geese.
Winter has come.
The sound of flapping wings is so loud I hear
nothing
but most only stare out of the picture
and continue combing my black
unreal hair.


This Beautiful Black Marriage 

Photograph negative
her black arm: a diving porpoise,
sprawled across the ice-banked pillow.
Head: a sheet of falling water.
Her legs: icicle branches breaking into light.

This woman, 
photographed sleeping.
The man,
making the photograph in the acid pan of his brain.
Sleep stain them both,
as if cloudy semen
rubbed shiningly over the surface
will be used to develop their images.

on the desert
the porpoises curl up,
their skeleton teeth are bared by
parched lips;
her sleeping feet
trod on scarabs,
holding the names of the dead
tight in the steady breathing.

This man and woman have married
and travel reciting
chanting
names of missing objects.

They enter a pyramid.
A black butterfly covers the doorway
like a cobweb,
folds around her body,
the snake of its body
closing her lips.
her breasts are stone stairs.
She calls the name, "Isis,"
and waits for the white face to appear.

No one walks in these pyramids at night.
No one walks during
the day.
You walk in that negative time,
the woman's presence filling up the space
as if she were incense; man walks 
down the crevices and
hills of her body.
Sounds of the black marriage
are ritual sounds.
Of the porpoises dying on the desert.


The butterfly curtaining the body,
The snake filling the mouth.
The sounds of all the parts coming together
in this one place,
the desert pyramid,
built with the clean historical
ugliness of men dying at work.

If you imagine, friend, that I do not have those
black serpents in the pit of my body,
that I am not crushed in fragments by the tough 
butterfly wing
broken and crumpled like a black silk stocking,
if you imagine that my body is not
blackened
burned wood,
then you imagine a false woman.

This marriage could not change me.
Could not change my life.
Not is it that different from any other marriage.
They are all filled with desert journeys,
with Isis who hold us in her terror,
with Horus who will not let us see
the parts of his body joined
but must make us witness them in dark corners,
in bloody confusion;
and yet this black marriage,
as you call it,
has its own beauty.
As the black cat with its rich fur
stretched and gliding smoothly down the tree trunks.
Or the shining black obsidian
pulled out of mines and polished to the cat's eye.
Black as the neat seeds of a watermelon,
or a pool of oil, prisming the light.
Do not despair this "black marriage."
You must let the darkness out of your own body; 
acknowledge it
and let it enter your mouth,
taste the historical darkness openly.
Taste your own beautiful death,
see your own photo image,
as x-ray,
Bone bleaching inside the blackening
flesh

Sour Milk   

You can’t make it
turn sweet 
again.
          Once
it was an innocent color
like the flowers of wild strawberries,
and its texture was simple
would pass through a clean cheese cloth,
its taste was fresh.
And now
with nothing more guilty than the passage of time
to chide it with,
the same substance
has turned sour and lumpy.

The sour milk
makes interesting  & delicious doughs,
can be carried to a further state of bacterial action
to create new foods,
can in its own right
be considered complicated and more interesting in texture
to one who studies it closely,
like a map of all the world.

But 
to most of us:
it is spoiled.
Sour.
We throw it out,
down the drain –not in the back yard—
careful not to spill any
because the smell is strong.
A good cook
would be shocked
with the waste.
But we do not live in a world of good cooks.

I am the milk.
Time passes.
You cannot make it
turn sweet 
again.
I sit guiltily on the refrigerator shelf
trembling with hope for a cook
who dreams of waffles,
biscuits, dumplings
and other delicious breads
fearing the modern houswife
who will lift me off the shelf and with one deft twist
of a wrist. . .
you know the rest.

You are the milk.
When it is your turn
remember.
there is nothing more than the passage of time
we can chide you with.




DIANE WAKOSKI (EE.UU., 1937)
















abril 21, 2019

POEMAS DE AUDRE LORDE

Audre Lorde en Berlín,1984 © Dagmar Schultz 




Una mujer habla

Marcada por la luna y tocada por el sol
mi magia no está escrita
pero cuando el mar dé media vuelta
va a dejar mi forma atrás.
No pido ningún favor
intacta para la sangre
implacable como la maldición del amor
permanente como mis errores
o mi orgullo
no mezclo
amor con lástima
ni odio con desprecio
y si me conocieras
te asomarías a las entrañas de Urano
donde azotan los mares incansables.

No habito
mi nacimiento ni mis divinidades
no tengo edad y soy casi adulta
y todavía busco
que mis hermanas
las brujas de Dahorney
me lleven entre sus ropas enroscadas
como hizo nuestra madre
de luto.

Fui mujer
mucho tiempo
cuidado con mi sonrisa
soy traicionera con la magia vieja
y la furia nueva del mediodía
con todos tus grandes futuros
prometidos
soy
mujer
y no blanca.




Una letanía para la supervivencia

Para esas de nosotras que vivimos en la orilla
paradas sobre los extremos constantes de la decisión
cruciales y solas
para esas de nosotras que no podemos permitirnos
los sueños pasajeros de elegir
que amamos en la puerta yendo y viniendo
de sol a sol
mirando adentro y afuera
al mismo tiempo antes y después
buscando un ahora que pueda engendrar
futuros
como pan en la boca de nuestros hijos
para que los sueños de ellos no reflejen
la muerte de los nuestros;

Para esas de nosotras
a las que nos estamparon el miedo
como una línea tenue en medio de la frente
que aprendimos a temer con la leche materna
y en virtud de esta arma
esta ilusión de encontrar alguna seguridad
los que pisan fuerte confiaban en poder callarnos.
Para todas nosotras
este instante y este triunfo
No se esperaba que sobreviviéramos.

Y cuando sale el sol tenemos miedo
de que no dure
cuando el sol se pone tenemos miedo
de que mañana no salga otra vez
con el estómago lleno tenemos miedo
de indigestarnos
con el estómago vacío tenemos miedo
de no volver a comer
cuando nos quieren tenemos miedo
de que el amor desaparezca
cuando estamos solas tenemos miedo
de que el amor no vuelva más
y cuando hablamos tenemos miedo
de que nuestras palabras no se oigan
ni sean bien recibidas
pero cuando nos quedamos calladas
seguimos teniendo miedo

Así que es mejor hablar
acordándonos
de que no se esperaba que sobreviviéramos.




No soñar nunca con arañas

El tiempo colapsa entre los labios de los desconocidos
mis días colapsan en un tubo hueco
el pronto implosiona contra el ahora
como una pared de hierro
tengo los ojos tapados de escombros
una mancha de perspectivas
borronea cada horizonte
en la precisión sin aliento del silencio
se hace una palabra.

Una vez que la carne renegada se hubo ido
el aire del otoño se me pegó a la cara
filoso y azul como una aguja
pero la lluvia cayó todo octubre
y la muerte está    una condena
adentro de mi sangre.

El olor de tu cuello en agosto
un alambre de oro fino que enjoya la guerra
todo lo demás miente
ilusorio como una granja
al otro lado de un valle
que se esfuma en el atardecer.

Día tres    día cuatro   día diez
al séptimo paso
una puerta velada me lleva a mi aniversario de ensueño
el papel estucado ignífugo hecho trizas
entre los dientes de un perro ladrón
no soñar nunca con arañas
y cuando enrosquen sobre mí las mangueras
un estallido de luz.




Día de Año Nuevo

El día parece armado a las apuradas
como un regalo para mendigos agradecidos
aunque mejor eso que nada de atención
pero suenan las campanas
en ciudades que nunca visité
y mi nombre está grabado sobre puertas
que nunca vi
mientras extraía un carozo
o cualquier cosa tierna o fructífera
del centro de los días indistintos
me olvidé
de la caricia del sol
al abrirse paso en las mañanas sin compromisos
La noche está llena de mensajes
que no puedo leer
estoy demasiado ocupada olvidando
el aire como un pelaje sobre mi lengua
y estas lágrimas
que no provoca la tristeza
sino la arenilla de un viento ocasional
La lluvia me cae como brea en la piel
mi hijo agarra de la cena un corazón de pollo
y pregunta
¿esto ama?
los dedos diestros y sin maldad de los fantasmas
entresacan mi sueño y esconden
lo que sea de la tristeza
que algo me hubiera redituado
actúo con premeditación
y no le tengo miedo
a nada.




Poema de Amor

Hablá tierra y bendecime con la mayor riqueza
que el cielo haga fluir su miel de mis caderas
rígidas como montañas
esparcidas sobre un valle
que excavó la boca de la lluvia.
Y supe en cuanto entré en ella que era
ciclón en sus bosques huecos
dedos susurrantes sonidos 
miel que fluyó
de la copa partida
empalada en una lanza de lenguas
en la punta de sus pechos en su  ombligo
y mi aliento
aulló en sus accesos
a través de los pulmones del dolor.

Voraz como la gaviota argéntea
o como un chico
me vuelvo a balancear
sobre la tierra una y otra
vez.





Padre, Hijo y Espíritu Santo

Yo nunca vi la tumba de mi padre.

No es que sus ojos hayan sido
olvidados
ni la impronta de sus grandes manos
en nuestros picaportes
todas las noches un medio giro
y entraba
enchastrado de cuestiones mundanas
enorme y silencioso como el deseo de todo un día 
listo para redefinir cada una de nuestras formas —
es que ahora los picaportes nocturnos esperan
y no nos reconocen al pasar.

Todas las semanas una mujer distinta
—con la regularidad de su copa de la noche—
arranca el pasto que la quietud de él hace crecer
llamándolo maleza. Todas las semanas
una mujer distinta tiene la cara de mi madre
y él, que tiene tiempo,
inmutable,
debe estar sorprendido
el que conoció y quiso a una sola.

Mi padre murió en silencio, amando la creación 
y las respuestas bien definidas.
Vivió
aun así dictamina sobre las cosas de la familia
y murió
conociendo a la que fui el 15 de enero de ese año.

No sea cosa que yo también vuelva al polvo
nunca vi la tumba de mi padre.



Carbón

Yo
es el negro absoluto, que habla
desde adentro de la tierra.
Hay muchos tipos de cielo abierto
como un diamante que llega a ser nudo de llamas
el sonido llega a ser palabra, coloreada
por el que paga qué por hablar.

Algunas palabras se abren como el diamante
en la vitrina 
que canta ante el impacto fugaz del sol
y hay palabras como apuestas que se abrochan
en un cuaderno perforado, --compre firme y destruya—
y cualquiera sea su voluntad de todas las oportunidades
queda el comprobante 
un diente mal sacado con un borde desparejo.
Algunas palabras viven en mi garganta
y se reproducen como víboras. Otras saben del sol
porque andan hurgando como gitanos sobre mi lengua
para explotarme a través de los labios
como gorriones que rompen el cascarón.
Algunas palabras
me atormentan.

Amor es una palabra, otra clase de cielo abierto.
Como el diamante que llega a ser nudo de llamas
soy negra porque vengo de adentro de la tierra
ahora tomá mi palabra como una joya a plena luz.


Poder

La diferencia entre poesía y retórica
es estar lista para matar-
se una
en vez de matar a los hijos.

Estoy presa en un desierto de heridas de bala abiertas
y un nene muerto arrastra su cara negra
en pedazos hasta el borde de mi sueño
la sangre de sus mejillas agujereadas y de sus hombros
es el único líquido en kilómetros
y el estómago
se me revuelve de imaginar el sabor mientras
la boca se me parte en dos detrás de los labios secos
sin lealtad ni motivo
sedienta de la humedad de esa sangre
que se hunde en la blancura
del desierto en el que estoy perdida
sin imaginario ni magia
tratando de sacar poder del odio y la destrucción
tratando de curar con besos a mi hijo moribundo
solo que el sol le va a blanquear antes los huesos.

Un policía que en Queens abatió a un chico de diez años
se quedó parado al lado con las botas cubiertas de sangre infantil
y una voz decía “morite pendejo hijo de puta”
hay grabaciones que lo prueban. En el juicio
ese policía declaró en defensa propia
“No me di cuenta del tamaño ni de nada
más que el color”. Y
hay grabaciones que prueban eso también.

Hoy ese hombre blanco de 37 años
con 13 en la fuerza policial
quedó libre
gracias a once blancos que dijeron que ya estaban satisfechos
que se había hecho justicia
y a una Mujer Negra que dijo
“Me convencieron” queriendo decir
que arrastraron sus 4' 10'' de fotograma de mujer negra
por las brasas
de cuatro siglos de aprobación de macho blanco
antes de que soltara
el primer poder verdadero que había tenido
y se llenara de cemento el útero
para hacerle un cementerio a nuestros hijos.

No pude tocar la destrucción
que llevo adentro.
Pero a menos que aprenda a usar
la diferencia entre poesía y retórica
mi poder también se va a volver corrupto y venenoso como un moho
o a quedar laxo e inútil como un cable desconectado
y un día voy a agarrar mi enchufe adolescente
para conectarlo a la toma más cercana
y violar a una mujer blanca de 85 años
que es la madre de alguien
y mientras le pegue hasta dejarla inconsciente y le prenda fuego la cama
un coro griego va a cantar en ritmo de 3 por 4
“Pobrecita. Nunca le hizo mal a nadie. Qué bestias son”.



Cicatriz

Este es un poema sencillo.
Para las madres hermanas hijas
las chicas que nunca fui
para las mujeres que limpian el Ferry de Staten Island
para las brujas impecables que me queman
a la medianoche
simbólicamente 
porque como en sus mesas
y duermo con sus fantasmas.

Son de ustedes estas piedras en mi corazón 
mi propia carne
tallándome con sus ojos filosos y falsos
buscando prismas 
que caigan de su cabeza
riendo y echándome de su piel
porque no se valoran a ustedes
mismas
ni a mí.

Este es un poema sencillo
no voy a tener madre ni hermana ni hija
cuando haya terminado
y solo queden los huesos 
miren cómo los huesos muestran 
nuestra forma de arrancarnos 
la propia carne en la guerra
para alimentar el otro lado de nuestras caras como máscaras
a las que les pusimos nombre de varón.

Donald De Freeze nunca te conocí tan bien
como en los ojos de mi espejo
¿bendición o perdón
esperabas 
acostándote
en una cama detrás de la otra
o tu ojo fue lo suficientemente filoso y despiadado
como para perdurar
más allá de las muertes del deseo?

Con tu voz en mis oídos
con mi voz en tus oídos
tratá de negarme
te voy a perseguir
por las venas nocturnas de mi propia adicción
por todas mis infancias insatisfechas
mientras este poema se desdobla
como los pétalos de una amapola
ni hermana ni madre ni hijos
me quedan
nada más un océano sin mareas de mujeres iluminadas por la luna
con todas las sombras del amor
aprendiendo una danza de abrirse y cerrarse
aprendiendo una danza de ternura eléctrica
que ningún padre y ninguna madre les podría enseñar

Vení a bailar conmigo Sambo
pagá los platos rotos bailando
con la rodilla bien arriba querido
arriba de su deseo
abajo de sus malditas
caras blancas vení Bimbo vení Ding Dong
miren la ciudad cómo se viene abajo abajo
abajo andá puta negro bajá un cambio 
así que quieren un vientre acogedor donde esconderse
que les frunza la trompa y los chupe
adentro a salvo
bueno les digo lo que voy a hacer
la próxima vez que vayan a buscar el palo
y de veras les haga falta un hueco donde meterse
búsquenme
soy la que corta boletos en la reina
de las montañas rusas
los puedo sacar
por poco.

Este es un poema simple
y comparte mi cabeza con el sueño
de una gran mujer negra con joyas
en los ojos
que baila
con un casco de oro en la cabeza 
arrogante
emplumada
su nombre es Colossa
sus muslos son como postes
o alcornoques despellejados
encerrada en su armadura
baila
con movimientos lentos  que sacuden la tierra
que de repente cambia
y se ilumina
mientras ella gira riéndose
con el metal labrado en las caderas
llega al final
y en el borde brillante
un asombro
de pelo suave negro y encrespado.



De la casa de Yemanjá

Mi madre tenía dos caras y una sartén
en la que antes de ocuparse de la cena 
cocinaba a sus hijas
hasta que fueron mujeres.

Mi madre tenía dos caras
y una olla rota
donde escondió a una hija perfecta
que no era yo
Yo soy la luna y el sol y tengo hambre para siempre 
de sus ojos.

Yo cargo dos mujeres sobre mi espalda
una oscura rica y oculta
en los anhelos de marfil de la otra 
madre
pálida como una bruja
pero constante y familiar
me trae pan y terror
en mi sueño
sus pechos son dos anclas enormes y excitantes 
en la tormenta de la medianoche.

Todo esto fue 
antes
en la cama de mi madre
el tiempo no tiene sentido
hermanos no tengo 
y mis hermanas son crueles.

Madre necesito
madre necesito
madre necesito tu negrura ahora
como la tierra en agosto necesita la lluvia
Yo soy

el sol y la luna y tengo hambre para siempre
del borde afilado
donde el día y la noche se van a encontrar
y a no ser
uno.



Versiones en castellano de Sandra Toro







A Woman Speaks

Moon marked and touched by sun   
my magic is unwritten
but when the sea turns back
it will leave my shape behind.   
I seek no favor
untouched by blood
unrelenting as the curse of love   
permanent as my errors
or my pride
I do not mix
love with pity
nor hate with scorn
and if you would know me
look into the entrails of Uranus   
where the restless oceans pound.

I do not dwell
within my birth nor my divinities   
who am ageless and half-grown   
and still seeking
my sisters
witches in Dahomey
wear me inside their coiled cloths   
as our mother did
mourning.

I have been woman
for a long time
beware my smile
I am treacherous with old magic   
and the noon's new fury
with all your wide futures   
promised
I am
woman
and not white.


A Litany for Survival

For those of us who live at the shoreline
standing upon the constant edges of decision
crucial and alone
for those of us who cannot indulge
the passing dreams of choice
who love in doorways coming and going
in the hours between dawns
looking inward and outward
at once before and after
seeking a now that can breed
futures
like bread in our children’s mouths
so their dreams will not reflect
the death of ours;
For those of us
who were imprinted with fear
like a faint line in the center of our foreheads
learning to be afraid with our mother’s milk
for by this weapon
this illusion of some safety to be found
the heavy-footed hoped to silence us
For all of us
this instant and this triumph
We were never meant to survive.
And when the sun rises we are afraid
it might not remain
when the sun sets we are afraid
it might not rise in the morning
when our stomachs are full we are afraid
of indigestion
when our stomachs are empty we are afraid
we may never eat again
when we are loved we are afraid
love will vanish
when we are alone we are afraid
love will never return
and when we speak we are afraid
our words will not be heard
nor welcomed
but when we are silent
we are still afraid
So it is better to speak
remembering
we were never meant to survive.


Never to Dream of Spiders

Time collapses between the lips of strangers   
my days collapse into a hollow tube
soon implodes against now
like an iron wall
my eyes are blocked with rubble
a smear of perspectives
blurring each horizon
in the breathless precision of silence
one word is made.

Once the renegade flesh was gone   
fall air lay against my face
sharp and blue as a needle
but the rain fell through October   
and death lay    a condemnation   
within my blood.

The smell of your neck in August   
a fine gold wire bejeweling war   
all the rest lies
illusive as a farmhouse
on the other side of a valley
vanishing in the afternoon.

Day three    day four    day ten   
the seventh step
a veiled door leading to my golden anniversary   
flameproofed free-paper shredded   
in the teeth of a pillaging dog   
never to dream of spiders   
and when they turned the hoses upon me
a burst of light.


New Year´s Day

The day feels put together hastily
like a gift for grateful beggars
being better than no time at all
but the bells are ringing
in cities I have never visited
and my name is printed over doorways
I have never seen
While extracting a bone
or whatever is tender or fruitful
from the core of indifferent day
I have forgotten
the touch of sun
cutting through uncommitted mornings
The night is full of messages
I cannot read
I am too busy forgetting
air like fur on my tongue
and these tears
which do not come from sadness
but from grit in a sometimes wind
Rain falls like tar on my skin
my son picks up a chicken heart at dinner
asking
does this thing love?
Deft unmalicious fingers of ghosts
pluck over my dreaming
hiding whatever it is of sorrow
that would profit me
I am deliberate
and afraid
of nothing.



Love Poem

Speak earth and bless me with what is richest
make sky flow honey out of my hips
rigid as mountains
spread over a valley
carved out by the mouth of rain.
And I knew when I entered her I was
high wind in her forests hollow
fingers whispering sound
honey flowed
from the split cup
impaled on a lance of tongues
on the tips of her breasts on her navel
and my breath
howling into her entrances
through lungs of pain.
Greedy as herring-gulls
or a child
I swing out over the earth
over and over
again.


Father Son and Holy Ghost

I have not ever seen my father’s grave.
Not that his judgement eyes have been
forgotten
nor his great hands’ print
on our evening doorknobs
one half turn each night
and he would come
drabbled with the world’s business
massive and silent as the whole day’s wish
ready to redefine each of our shapes—
but that now the evening doorknobs wait
and do not recognize us as we pass.
Each week a different woman—
regular as his one quick glass each evening—
pulls up the grass his stillness grows
calling it weed. Each week
A different woman has my mother’s face
and he, who time has,
changeless,
must be amazed
who knew and loved but one.
My father died in silence, loving creation
and well-defined response.
He lived
still judgements on familiar things
and died
knowing a January 15th that year me.
Lest I go into dust
I have not ever seen my father’s grave.

Coal

I
is the total black, being spoken
from the earth’s inside.
There are many kinds of open
how a diamond comes into a knot of flame
how sound comes into a word, coloured
by who pays what for speaking.
Some words are open like a diamond
on glass windows
singing out within the passing crash of sun
Then there are words like stapled wagers
in a perforated book,—buy and sign and tear apart—
and come whatever wills all chances
the stub remains
an ill-pulled tooth with a ragged edge.
Some words live in my throat
breeding like adders. Others know sun
seeking like gypsies over my tongue
to explode through my lips
like young sparrows bursting from shell.
Some words
bedevil me.
Love is a word, another kind of open.
As the diamond comes into a knot of flame
I am Black because I come from the earth’s inside
now take my word for jewel in the open light.


Power

The difference between poetry and rhetoric
is being ready to kill
yourself
instead of your children.

I am trapped on a desert of raw gunshot wounds
and a dead child dragging his shattered black
face off the edge of my sleep
blood from his punctured cheeks and shoulders
is the only liquid for miles
and my stomach
churns at the imagined taste while
my mouth splits into dry lips
without loyalty or reason
thirsting for the wetness of his blood
as it sinks into the whiteness
of the desert where I am lost
without imagery or magic
trying to make power out of hatred and destruction
trying to heal my dying son with kisses
only the sun will bleach his bones quicker.

A policeman who shot down a ten year old in Queens
stood over the boy with his cop shoes in childish blood
and a voice said “Die you little motherfucker” and
there are tapes to prove it. At his trial
this policeman said in his own defense
“I didn't notice the size nor nothing else
only the color”. And
there are tapes to prove that, too.

Today that 37 year old white man
with 13 years of police forcing
was set free
by eleven white men who said they were satisfied
justice had been done
and one Black Woman who said
“They convinced me” meaning
they had dragged her 4'10'' black Woman's frame
over the hot coals
of four centuries of white male approval
until she let go
the first real power she ever had
and lined her own womb with cement
to make a graveyard for our children.

I have not been able to touch the destruction
within me.
But unless I learn to use
the difference between poetry and rhetoric
my power too will run corrupt as poisonous mold
or lie limp and useless as an unconnected wire
and one day I will take my teenaged plug
and connect it to the nearest socket
raping an 85 year old white woman
who is somebody's mother
and as I beat her senseless and set a torch to her bed
a greek chorus will be singing in 3/4 time
“Poor thing. She never hurt a soul. What beasts they are.”



Scar

This is a simple poem.
For the mothers sisters daughters
girls I have never been
for the women who clean the Staten Island Ferry
for the sleek witches who burn
me at midnight
in effigy
because I eat at their tables
and sleep with their ghosts.
These stones in my heart are you
of my own flesh
whittling me with your sharp false eyes
searching for prisms
falling out of your head
laughing me out of your skin
because you do not value your own
self
nor me.

This is a simple poem
I will have no mother no sister no daughter
when I am through
and only the bones are left
see how the bones are showing
the shape of us at war
clawing our own flesh out
to feed the backside of our masklike faces
that we have given the names of men.
Donald DeFreeze I never knew you so well
as in the eyes of my own mirror
did you hope
for blessing or pardon
lying
in bed after bed
or was your eye sharp and merciless enough
to endure
beyond the deaths of wanting?

With your voice in my ears
with my voice in your ears
try to deny me
I will hunt you down
through the night veins of my own addiction
through all my unsatisfied childhoods
as this poem unfolds
like the leaves of a poppy
I have no sister no mother no children
left
only a tideless ocean of moonlit women
in all shades of loving
learning a dance of open and closing
learning a dance of electrical tenderness
no father no mother would teach them.
Come Sambo dance with me
pay the piper dangling dancing
his knee high darling
over your wanting
under your bloody
white faces come Bimbo come Ding Dong
watch the city falling down down
down lie down bitch slow down nigger
so you want a cozy womb to hide you
to pucker up and suck you back
safely
well I tell you what I’m gonna do
next time you head for the hatchet
really need some nook to hole up in
look me up
I’m the ticket taker on a queen
of rollercoasters
I can get you off
cheap.
This is a simple poem
sharing my head with the dream
of a big black woman with jewels
in her eyes
she dances
her head in a golden helmet
arrogant
plumed
her name is Colossa
her thighs are like stanchions
or flayed hickory trees
embraced in armour
she dances
in slow earth shaking motions
that suddenly alter
and lighten
as she whirls laughing
tooled metal over her hips
comes to an end
and at the shiny edge
an astonishment
of soft black curly hair.


From the House of Yemanjá

My mother had two faces and a frying pot   
where she cooked up her daughters
into girls
before she fixed our dinner.
My mother had two faces
and a broken pot
where she hid out a perfect daughter   
who was not me
I am the sun and moon and forever hungry   
for her eyes.

I bear two women upon my back   
one dark and rich and hidden
in the ivory hungers of the other   
mother
pale as a witch
yet steady and familiar
brings me bread and terror
in my sleep
her breasts are huge exciting anchors   
in the midnight storm.

All this has been
before
in my mother's bed
time has no sense
I have no brothers
and my sisters are cruel.

Mother I need
mother I need
mother I need your blackness now   
as the august earth needs rain.   
I am

the sun and moon and forever hungry   
the sharpened edge
where day and night shall meet
and not be
one.






AUDRE LORDE (EE. UU., 1934 -1992).