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septiembre 24, 2018

CERCA DE LA NADA - PAUL BOWLES





En el principio era el barro, y el sonido de la respiración,
y ninguno de nosotros estaba seguro de dónde estaba.
Cuando nos enteramos, era demasiado tarde.
Ahora no puede pasar nada salvo lo que tenga que pasar.
Y después estuve solo, y no importó.
Porque para entonces no podía importar nada.

Al otro año hubo peleas de cuchillo en el estadio.
Creo que la gente está lista para esto, decía el intendente.
Participación total. Un nuevo concepto en deportes.
El que pierde no sale vivo del ring.

Pero nadie puede saber dónde está hasta que sabe dónde estuvo.
Me senté tranquilo, y entonces el viento cambió, y miré arriba.
Y las ramas negras que colgaban sobre el agua
se agitaron apenas con el cambio de viento.
Piropos, dijiste. El aire les hace piropos.

¿Me cambiás este billete?
Por el momento está cerrado.
Llevame a la otra punta de la ciudad
adonde rebanan a los tiburones en la arena.

Después del atardecer corre tarifa doble.
Está prohibido pasar de la baranda.
Llevame a la otra punta de la ciudad
adonde nadie quiere ir.

Sí, dije que íbamos a necesitar las ametralladoras para marzo,
pero también avisé que no dijeran que la vida era fácil.
Mezclé aros con ataúdes, cunas con agujas
mientras a lo lejos las luces parpadeaban en el Monte Tomás.
Nos sentamos en un parque con olor a pinos,
y esa noche en los pasillos hubo voces
y me acordé de la cara vacía del ciego mientras cantaba.

Tú misma tienes la culpa
de lo que has hecho conmigo.

Te vas a encontrar entre la gente
eso no se puede evitar
y por otra parte tampoco lo querrías.
Los pasajes en los que no espera nadie son oscuros
y difíciles de navegar.
Las paredes mojadas te tocan los hombros de los dos lados.
Cuando los árboles estaban ahí me preocupaba que estuvieran.
Ahora no están, ¿importa?
Los pasajes donde no espera nadie se suceden
sin la promesa de un final.
Te vas encontrar entre la gente,
las caras, la ropa, los dientes, el pelo
y las palabras, muchas palabras.
Cuando hubo vida, dije que la vida era un error.
¿Y ahora qué digo? ¿Entendés?

Estos últimos días algo pasa.
Las nubes en los árboles
pueden rozarte la cabeza mientras corrés monte arriba.
Después del atardecer los pájaros bajan volando
empujan la reja y se comen las plantas.
La bruma se extiende sobre las tierras bajas
y los barcos lentos gimen.

Sí, algo pasa.
Dijiste que los viste juntos
pero no estaban juntos.

¿Quién ama la niebla?
¿Por qué vienen los pájaros?
En cuanto a las nubes, puede ser que sean inocentes.

Las ramas vivas cuelgan sobre el agua negra. No se mueve nada.
¿Y cómo voy a saber qué sos para mí?
Nuestras teorías quedan sin demostrarse. No te rías.
Pensamos que había otras formas.
Probablemente las haya, pero están escondidas
y no vamos a encontrarlas nunca.

¿Cómo se llama?
Dios no permita.
¿Adónde vive?
Nadie sabe.
¿Cómo llegamos allá?
Preguntale al chofer.
¿Esa es la cara de él?
Nadie sabe.
¿Podré preguntarle ahora?
Dios no permita.

Llevame a la otra punta de la ciudad
adonde nadie sepa la diferencia entre vos y yo.
Volví. No lo encontré.
¿Y ahora qué digo? ¿Entendés?

La mujer señaló.
Ese es el modelo que
tendríamos que haber tenido.
Lo pensamos, nos echamos atrás
y no lo hicimos.

Mil veces deseamos haberlo hecho.
Pero esas cosas se dan así.

Nunca se sabe
hasta después.
Caminos nada más que
de ripio filoso y piedras.

Y dicen que hay
víboras detrás de las piedras.
No se ve ninguna pero
se sabe que están ahí.

Y después de que
bajaste por los siete
valles desiertos, uno
detrás del otro,

encontrás que estuviste
llorando en silencio
la última media hora.
O al menos eso hice yo.

Porque no había
conexión. Ninguna
conexión con ninguna
cosa en absoluto. Nada.

Podría no haber sido
un viaje tan terrible
de haberla tenido.

La mujer señaló.
Ese es el modelo que
tendríamos que haber elegido.

Va a estar lloviendo allá arriba para cuando llegues.
Tratá de pasar rápido. Mejor no perturbar la respiración
fría y verde del bosque, dejarla enroscada cerca de las ramas.
Una vez en campo abierto se puede volver a respirar.
Esa es la teoría, pero nuestras teorías quedan sin demostrarse.
Las cosas no son como eran.
¿Cómo podemos estar seguros? Se aplican leyes nuevas,
¿y quién sabe la diferencia entre la ley y el viento?
¿Y quién sabe la diferencia entre vos y yo?

Y tú misma tienes la culpa
de lo que has hecho conmigo.

Me gustaría ver el fondo de la fuente.
No te acerques al borde.
¿Este camino lleva al lago artificial?
Pospusieron el concierto.
¿Hay una cascada detrás de esas rocas?
El guardia no está de servicio.

No tengo la menor idea de lo que va a pasar
ni en qué partes va a ser el dolor.
Estamos en primavera, y la primavera tiene una luz tortuosa.
Las imágenes de la primavera están hechas de cristal y no pueden evocarse.
Va a haber sufrimiento, pero sabés cómo engatusarlo.
Va a haber recuerdos, pero se pueden vencer.
Va a estar tu corazón todavía moviéndose
en el viento que no paró de soplar hacia el oeste,  
y vas a hacer una señal. ¿Alguien va a verla?

Pensamos que había otras formas.
Que la oscuridad iba a quedarse afuera.
No somos eso, dijimos. No está en nosotros.

Sí, sí, andá con ella. Sonrió el viejo.
Vas a volver. No me vas a encontrar.

Hubo un tiempo en que la vida iba por carriles más diáfanos.
Todavía tomábamos agua del lago,
y el balde salía frío
y dulce con olor a agua profunda.
Ese año la canción estaba en todas partes, una cantinela ridícula:
Es que parece tan largo, y no lo es.
Es que parecen tantos años,
y quizás es uno solo.
Cuando los árboles estaban ahí me preocupaba que estuvieran,
y ahora no están.
Para salir usamos el sendero que rodea el pantano.
Cuando quisimos volver había subido la marea.
Había otro camino, pero mucho más alto y difícil de tomar.
Así que esperamos acá, y sigue siendo lo mismo.

Había muchas cosas que quería decirte
antes de que te fueras, y ahora no voy a decirlas nunca.
Aunque la luz se derrame sobre el balcón
formando en los mismos lugares las mismas sombras,
solo yo puedo verlas, solo yo puedo oír el viento
y es demasiado fuerte.
El mundo hierve de palabras. Perdoname.
Te amo, pero no tengo que pensar en vos.
Es la ley. No todos la obedecen.
Aunque el tiempo pase y el viento nunca sea el mismo
no voy a cambiar. Esa es la ley, y está bien.

Sí, sí, fui con ella. Sí.
Con el brillo de la mañana y con el fulgor de la tarde.

Piropos, dijiste. El tiempo te hace piropos.
Nunca habrá modo de saber.
Sí, volví. El viejo se había ido.

Nosotros no pensamos, no damos explicaciones,
no tenemos ninguna sensación, no pedimos disculpas.
Esta es nuestra actitud, y a ellos los impresiona.
La angustia no era lo suficientemente real,
la época de terror fue demasiado efímera.
Creyeron que todo eso se había terminado, y que lo habíamos dejado atrás.
Estaban seguros de que tenía que haber otras formas.

Yo soy la araña en tu ensalada, la sangre extendida sobre tu pan.
Soy el escalpelo oxidado, la espina debajo de tu uña.
Un día voy a serte útil, como vos a mí nunca me vas a ser útil.
Las cabras saltan de tumba en tumba, y mordisquean los cardos del  otro año.
En nombre de algo más que la nada, de Sidi Bouayad,
y de todo el que posea sabiduría, poder y arte,
soy la dirección incorrecta, el nervio muerto, el grito trunco.
Un día mis palabras te van a consolar, como las tuyas no van a consolarme nunca.






NOTAS

Piropos son los pequeños halagos que un hombre le susurra a una chica que pasa caminando. Como: ¿A dónde va toda esa belleza? ¡Qué guapa! ¡Qué linda! Etcétera. Y las chicas calculan su atractivo en un día determinado por el número de piropos que les dijeron.

“Tú mismo tienes la culpa de lo que has hecho conmigo” es la línea inicial de una vieja canción flamenca de los años veinte, creo que un fandanguillo, cantado por Pepe Marchena. Aunque su significado literal no tiene conexión con el contexto, solamente el sonido, como el recuerdo de una canción.



(Bardo Matrix Press, Katmandú, Nepal, 1976).



Versión en castellano de Sandra Toro

Leer versión original en inglés




PAUL BOWLES (EE.UU. , 1910-1999).

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