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febrero 04, 2018

Textos de Lenore Kandel



Foto: Joe Melena




Primero sacrificaron a los ángeles

I

Primero sacrificaron a los ángeles
les ataron las piernas flacas y blancas con cables
y
les abrieron la garganta de seda con un cuchillo helado
Ellos se murieron sacudiendo las alas como pollos
y su sangre inmortal humedeció la tierra ardiente

nosotras mirábamos desde abajo
desde las tumbas y las criptas
mordiéndonos los dedos huesudos
y
temblando con nuestras mortajas manchadas de orín
Los serafines y los querubines no están más
ellos se los comieron y les rompieron los huesos para sacarles el tuétano
ellos se limpiaron el culo con las plumas de los ángeles
y ahora van por las calles empedradas con
los ojos como hogueras


II

¿quién delató a los ángeles?
¿quién robó el santo grial y lo empeñó por una jarra de vino?
¿quién jodió el cuerno dorado de Gabriel?
           ¿fue alguien de adentro?

¿quién rostizó al cordero de oro?
¿quién tiró las llaves de San Pedro a un
inodoro de North Beach?

¿quién violó a Sta. María con un consolador de plástico
con el sello de aprobación de la Liga de Amas de Casa?
           ¿fue alguien de afuera?

¿dónde están nuestras armas?
¿dónde están nuestras cachiporras, nuestros lanzallamas, nuestros gases
venenosos, nuestras granadas de mano?
vamos buscando a tientas los fusiles y nos crecen tarjetas de crédito de las rodillas
vomitamos cheques sin fondo
paradas con las piernas abiertas con los esfínteres abiertos llorando espuma de jabón
con nuestros ojos radiactivos
y clamando
por el último rifle
el cañón mesiánico
la bomba pascual

los vientres de las mujeres estallan y los niños salen
abriéndose paso con bayonetas
escupiendo sangre en los ojos de las parteras ciegas
antes de empalarse con sus propia espadas

los penes de los hombres se convirtieron en pistolas de acero azul,
eyaculan balas, esparcen la muerte como un orgasmo

los amantes se revuelcan entre los yuyos arrancándose los genitales
mutuamente con uñas de hierro

los bares naturistas venden sangre fresca en vasitos de papel
libres de gérmenes
servida por un club de mujeres sifilíticas
con máscaras de papel maché
todas con la misma cara pintada a mano de la madre de Hamlet
a los diez

nosotras miramos desde abajo
con los ojos como periscopios
lanzándoles los dedos a los perros como si fueran chupetines
en un esfuerzo por que paren de ladrar
en un esfuerzo por mantener la paz
en un esfuerzo por ganar amigos y convencer a la gente

III

ya desmontamos nuestros refugios antibombas desmontables
ya plegamos nuestros botes salvavidas plegables
y a la cuenta de doce
se desintegraron todos en montañas de mierda de rata
que abonó el crecimiento de flores venenosas
y de plantas carnívoras

nosotras nos amontonamos abajo
agarrándonos el pecho poroso con los brazos cubiertos de moho
escuchando el goteo lento de la sangre de nuestras venas cortadas
levantando la tapa de nuestros cráneos con cierre
para ventilarnos el cerebro
                          y ellos nos mataron a nuestros ángeles

les vendimos el cuerpo y las horas a los curiosos
nos pagamos la infancia con lavavajillas y Equanil
y en el transcurso de la búsqueda
nos frotamos con sal los nervios sangrantes
                         y ellos cagaron en la boca abierta de dios
colgaron a los santos con chalecos de fuerza y
doparon a los profetas
ellos negaron tanto a cristo como al gallo
y a buda lo diagnosticaron catatónico
ellos castraron a los curas y a los monjes y
censuraron hasta las palabras de amor
                         ¡Lobotomía para todos los hombres!
y ellos eligieron a un eunuco como candidato a presidente
                         ¡Lobotomía para las esposas!
                         ¡Lobotomía para los hombres de negocios!
                         ¡Lobotomía para los jardines de infantes!
y ellos mataron a los ángeles


IV

ahora en los callejones se juntan los andróginos balanceando sus
cascabeles de leprosos como incensarios mientras preparan el rapto
ritual de dios
           la grasa que les brilla en los labios es la gordura de los ángeles
           la sangre que les embarra las uñas es la sangre de los ángeles

Ellos se juntan en las calles a jugar a los dados con
los ojos de los ángeles
Ellos están repartiéndose los últimos lotes del armagedón

V

ahora en las postrimerías de la mañana
estamos apartando las piedras debajo de la tierra, de las cuevas
ya abrimos más grandes nuestros ojos con visión de peyote
y nos enjuagamos la boca con el vino de anoche
ya nos sellamos los agujeros de los brazos con polvo y nos escupimos
libaciones mutuamente a nuestros pies

y vamos a salir a la calle a caminar entre ellos y a dar batalla
con nuestras manos magras y vacías en alto
vamos a pasar entre los desconocidos del mundo como un
viento amargo

y nuestra sangre va a derretir el hierro
y nuestro aliento va a derretir el acero
y vamos a mirar de frente con ojos limpios
y nuestras lágrimas van a causar terremotos
y nuestros lamentos van a hacer surgir montañas y detenerse el sol

¡ELLOS NO VAN A MATAR MÁS ÁNGELES!
ni siquiera nosotras




La poesía nunca es compromiso


La poesía nunca es compromiso. Es la manifestación/traducción de una mirada, de una iluminación, de una experiencia. Si uno compromete la mirada, se convierte en un profeta ciego.

Hoy no tiene sentido la poesía que existe principalmente como un ejercicio de destreza. El arte es valioso en la medida en que le sirve de partera radiante a la claridad, a la belleza, a las visiones: cuando se enamora de él mismo produce la masturbación de la palabra.

Los poemas que escribo tienen que ver con todos los aspectos de la criatura y de ese universo total a través del que se mueve. El objetivo es incrementar la conciencia. Puede ser la conciencia de la forma en que un pájaro rompe el cielo con su vuelo o la conciencia de la dificultad y la necesidad de confianza o la conciencia del deseo de conciencia y también del miedo de la conciencia. Esto se puede trabajar a través de la belleza o del impacto o de la risa pero la dirección es siempre hacia una vista más clara, tanto interior como exterior.

Esto exige sinceridad entre el poeta y el poema. Una sinceridad que a veces es gozosa y a veces dolorosa, para el poeta, para el lector, o para ambos. Dos poemas míos, que fueron publicados en un librito, tratan del amor físico y de la invocación, del reconocimiento y de la aceptación de la divinidad en el hombre a través del amor físico como vehículo. En otras palabras, se siente bien. Tan bien que uno puede salir del ego particular y compartir la gracia del universo. Esta afirmación simple y bastante autoevidente, ampliada y ejemplificada poéticamente, hizo surgir un fervor difícil de creer. Y gran parte del fervor lo causaba el uso poético de ciertas palabras de cuatro letras de origen anglosajón en lugar de su sustitución por eufemismos blandos.

Esto trae a colación la cuestión del lenguaje poético. Cualquier cosa que sea lenguaje es lenguaje poético y si la palabra que necesita el poeta no existe en el idioma que conoce, entonces le corresponde a él descubrirla. La única condición es que la palabra sea la palabra que demanda el poema y de eso, solo el poeta puede ser el juez.

Los eufemismos que se eligen por miedo son un pacto con la hipocresía y enseguida van a destruir el poema; y eventualmente, al poeta.

Cualquier forma de censura, sea mental, moral, emocional o física; sea de adentro hacia fuera o de afuera hacia dentro, es una barrera para la autoconciencia.

La poesía está viva porque es el vehículo de la visión y de la experiencia.

No necesariamente es cómoda.

No necesariamente es segura.

La poesía salió de las aulas a la calle y por eso provocó una corriente de polinización cruzada, muchos de los frutos se producen en los dos medios. La academia tendía a cultivar el miedo a la ofensa, por ej. eso que podía ofender a alguien. Muchas veces las visiones y el lenguaje, ambos, se disminuían y se silenciaban, y ocurría demasiado que el poema se volvía un vehículo para el ejercicio literario.

La poesía de la calle elude la trampa del miedo, pero muchas veces pierde la visión por una falta de claridad, por un descuido, por una falta del arte del oficio.

La poesía como poesía no necesita que la clasifiquen en ninguno de los casilleros anteriores ni en ningún otro. Existe. Y no puede existir acompañada de la censura.

Cuando un poeta censura su mirada, nunca más dice la verdad tal como la ve. Cuando censura el lenguaje del poema, no usa esas palabras que, para él, son las palabras perfectas para usar. Esta autoatrofia resulta en una limitación artificial impuesta sobre un arte cuya dirección está más allá de los límites de lo concebible.
No existen barreras para la poesía ni para la profecía, que por naturaleza son  rompe-barreras, estallidos de percepciones, líneas al infinito. Si un poeta miente acerca de su mirada, miente acerca de sí mismo y, en sí mismo; esto produce una barrera verdadera. Cuando, por escapar del miedo, un poeta usa otro lenguaje distinto del que es perfecto para el poema, se vuelve una persona miedosa y oportunista.
Cuando un agente externo asume la responsabilidad de intentar censurar la poesía, lo que está censurando es la aceptación de la verdad y el salto a la revelación.
Cuando una sociedad se vuelve temerosa de sus poetas, se tiene miedo a sí misma. Y una sociedad que se tiene miedo a sí misma encarna otra definición del infierno. Un poema que se escribe y se publica se pone a disposición de los que lo quieran leer. Para mí, esto implica una responsabilidad primaria de parte del poeta: decir la verdad tal como la ve. Que la diga de la manera más hermosa y más sorprendente que pueda; que encienda su propio sentido de la maravilla, que trabaje con la alquimia que está dentro del lenguaje, que es la forma y la existencia misma de la poesía.
Una buena parte de la audiencia de la poesía moderna es joven. Nos movemos en un mundo donde las polaridades y las posibilidades de la vida y la muerte existen como una conciencia constante. Una vez que el concepto y la disponibilidad del exceso se volvieron de público conocimiento, el aura de la posibilidad de la muerte cósmica se hizo visible. Ha habido épocas en que los jóvenes podían deslizarse suavemente en las vidas de sus mayores, en las que si querían ignorar los asuntos más profundos de la humanidad, de las relaciones del hombre con el hombre, se les hacía más fácil. Estos no son aquellos tiempos, y las elecciones de los jóvenes son profundas y difíciles. A los dieciocho, los chicos tienen que decidir si van a participar del pasatiempo nacional de la muerte. Pero un gran número de ellos son llamados a manifestar una forma de vida distinta, inclinada al placer, a la iluminación y a la preocupación mutua, en vez de aceptar el mundo de la guerra y la desesperación personal que la mayoría de sus adultos les ha venido ofreciendo.
Hay elecciones importantes que hacer y no hay evasión posible.
Los que leen poesía moderna lo hacen por placer, por intuición y a veces por consejo. Lo menos que pueden esperar es que el poeta que comparte su mirada y sus experiencias con ellos lo haga sin hipocresía. Comprometer a la poesía a través de la conveniencia es un pequeño asesinato del alma.



(Versiones en castellano de Sandra Toro).
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Poetry is never compromise


Poetry is never compromise. It is the manifestation/translation of a vision, an illumination, an experience. If you compromise your vision you become a blind prophet.

There is no point today in that poetry which exists mainly as an exercise in dexterity. Craft is valuable insofar as it serves as a brilliant midwife for clarity, beauty, vision; when it becomes enamored of itself it produces word masturbation.

The poems I write are concerned with all aspects of the creature and of that total universe through which he moves. The aim is toward the increase of awareness. It may be awareness of the way a bird shatters the sky with his flight or awareness of the difficulty and necessity of trust or awareness of the desire for awareness and also the fear of awareness. This may work through beauty or shock or laugher but the direction is always toward clear sight, both interior and exterior.

This demands honesty within the poet and the poem. An honesty sometimes joyful and sometimes painful, whether to the poet or the reader or both. Two poems of mine, published as a small book, deal with physical love and the invocation, recognition, and acceptance of the divinity in man through the medium of physical love. In other words, it feels good. If feels so good that you can step outside your private ego and share the grace of the universe. This simple and rather self-evident statement, enlarged and exampled poetically, raised a furor difficult to believe. A large part of the furor was caused by the poetic usage of certain four-letter words of Anglo-Saxon origin instead of the substitution of gentle euphemisms.

This brings up the question of poetic language. Whatever is language is poetic language and if the word required by the poet does not exist in his known language then it is up to him to discover it. The only proviso can be that the word be the correct word as demanded by the poem and only the poet can be the ultimate judge of that.

Euphemisms chosen by fear are a covenant with hypocrisy and will immediately destroy the poem and eventually destroy the poet.

Any form of censorship, whether mental, moral, emotional, or physical, whether from the inside out or the outside in, is a barrier against self-awareness.

Poetry is alive because it is a medium of vision and experience.

It is not necessarily comfortable.

It is not necessarily safe.

Poetry has moved out of the classroom and into the street and thus brought about a flow of cross-pollination, many of the fruits of which are viable in both mediums. Academia tended to breed the fear of offense, i.e, that which might offend someone. Visions and language both were often dwarfed and muted, the poem too often becoming a vehicle for literary gymnastics.

Street poetry avoids the fear-trap, but too often loses its vision through a lack of clarity, through sloppiness, through a lack of the art of the craft.

Poetry as poetry has no need to be classified in either of the above pigeonholes nor in any other. It exists. It can not exist in the company of censorship.

When a poet censors his vision he no longer tells the truth as he sees it. When he censors the language of the poem he does not use those words which, to him, are the most perfect words to be used. This self-stunting results in an artificial limitation imposed on an art whose direction is beyond the limits of the conceivable. There are no barriers to poetry or prophecy; by their nature they are barrier-breakers, bursts of perceptions, lines into infinity. If a poet lies about his vision he lies about himself and in himself; this produces a true barrier. When a poet through fearful expediency uses language other than that which is perfect to the poem he becomes a person of fearful expediency.

When an outside agency take sit upon itself to attempt the censorship of poetry it is censoring the acceptance of truth and the leap toward revelation.

When a society becomes afraid of its poets, it is afraid of itself. A society afraid of itself stands as another definition of hell. A poem that is written and published becomes available to those who choose to read it. This seems to me to imply one primary responsibility on the part of the poet--that he tell the truth as he sees it. That he tell it as beautifully, as amazingly, as he can; that he ignite his own sense of wonder; that he work alchemy within the language--these are the form and existence of poetry itself.

A good part of the audience for modern poetry is young. We move in a world where the polarities and possibilities of life and death exist as constant consciousness. Once the concept and availability of overkill was made public knowledge the aura of the possibility of cosmic death became visible. There have been eras when the young could slip softly into their elders’ lives, when if they wanted to ignore the deeper issues of humanity, of man’s relationship to man, it was made easy for them. This is not such a time and the choices of the young are deep and hard. At eighteen the young men must decide whether they will enter into the national pastime of death. A great many of the young are choosing to manifest a different way of life, one motivated toward pleasure, toward enlightenment, and toward mutual concern, instead of accepting the world of war and personal despair which has been offered them by the majority of their elders.

There are heavy choices to make and there is no avoidance possible.

Those who read modern poetry do so for pleasure, for insight, sometimes for counsel. The least they can expect is that the poet who shares his visions and experiences with them do so with no hypocrisy. To compromise poetry through fear is to atrophy the psyche. To compromise poetry through expediency is the soft, small murder to the soul.




First They Slaughtered the Angels

I

First they slaughtered the angels
tying their thin white legs with wire cords
and
opening their silk throats with icy knives
They died fluttering their wings like chickens
and their immortal blood wet the burning earth

we watched from underground
from the gravestones, the crypts
chewing our bony fingers
and
shivering in our piss-stained winding sheets
The seraphs and the cherubim are gone
they have eaten them and cracked their bones for marrow
they have wiped their asses on angel feathers
and now they walk the rubbled streets with
eyes like fire pits



II

who finked on the angels?
who stole the holy grail and hocked it for a jug of wine?
who fucked up Gabriel’s golden horn?
                was it an inside job?

who barbecued the lamb of god?
who flushed St. Peter’s keys down the mouth of a
North Beach toilet?

who raped St. Mary with a plastic dildo stamped with the
Good Housekeeping seal of approval?
                was it an outside job?

where are our weapons?
where are our bludgeons, our flame throwers, our poison
gas, our hand grenades?
we fumble for our guns and our knees sprout credit cards,
we vomit cancelled checks
standing spreadlegged with open sphincters weeping soap suds
from our radioactive eyes
and screaming
for the ultimate rifle
the messianic cannon
the paschal bomb

the bellies of women split open and children rip their
way out with bayonets
spitting blood in the eyes of blind midwives
before impaling themselves on their own swords

the penises of men are become blue steel machine guns,
they ejaculate bullets, they spread death as an orgasm

lovers roll in the bushes tearing at each other’s genitals
with iron fingernails

fresh blood is served at health food bars germ free
paper cups
gulped down by syphilitic club women
in papier-mâché masks
each one the same hand-painted face of Hamlet’s mother
at the age of ten

we watch from underground
our eyes like periscopes
flinging our fingers to the dogs for candy bars
in an effort to still their barking
in an effort to keep the peace
in an effort to make friends and influence people



III

we have collapsed our collapsible bomb shelters
we have folded our folding life rafts
and at the count of twelve
they have disintegrated into piles of rat shit
nourishing the growth of poison flowers
and venus pitcher plants

we huddle underground
hugging our porous chests with mildewed arms
listening to the slow blood drip from our severed veins
lifting the tops of our zippered skulls
to ventilate our brains
                  they have murdered our angels

we have sold our bodies and our hours to the curious
we have paid off our childhood in dishwashers and miltown
and rubbed salt upon our bleeding nerves
in the course of searching
                   and they have shit upon the open mouth of god
they have hung the saints in straightjackets and they have
tranquilized the prophets
they have denied both christ and cock
and diagnosed buddha as catatonic
they have emasculated the priests and the holy men and
censored even the words of love
         Lobotomy for every man!
and they have nominated a eunuch for a president
         Lobotomy for every housewife!
         Lobotomy for the business man!
         Lobotomy for the nursery schools!
and they have murdered the angels



IV

now in the alleyways the androgynes gather swinging their
lepers’ bells like censers as they prepare the ritual
rape of god
          the grease that shines their lips is the fat of angels
          the blood that cakes their claws is the blood of angels

they are gathering in the streets and playing dice with
angel eyes
they are casting the last lots of armageddon



V

now in the aftermath of morning
we are rolling away the stones from underground, from the caves
we have widened our peyote-visioned eyes
and rinsed our mouths with last night’s wine
we have caulked the holes in our arms with dust and flung
libations at each other’s feet

and we shall enter into the streets and walk among them and do battle
holding our lean and empty hands upraised
we shall pass among the strangers of the world like a
bitter wind

and our blood will melt iron
and our breath will melt steel
we shall stare face to face with naked eyes
and our tears will make earthquakes
and our wailing will cause mountains to rise and the sun to halt

THEY SHALL MURDER NO MORE ANGELS!
                not even us



(Collected Poems of Lenore Kandel, North Atlantic Books, 2012).



LENORE KANDEL (EE.UU., 1932-2009).

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