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febrero 13, 2018

POEMAS DE ELIZABETH BISHOP

Foto: cortesía de Vassar College Archives & Special Collections Library, New York.







INSOMNIO

La luna en el espejo del buró,
a un millón de kilómetros, se mira
(con orgullo, tal vez, pero nunca
nunca, esboza una sonrisa)
está mucho más allá del sueño, o
tal vez ella duerma de día.

Si el universo la abandonara,
lo mandaría al demonio
y encontraría un curso de agua,
o un espejo, donde morar;
así que envolvé el asunto en una telaraña
y arrojalo a un pozo

a ese mundo a la inversa
donde la izquierda está siempre a la derecha,
donde la sombra en realidad es el cuerpo,
donde toda la noche están despiertos,
donde playo es el cielo, como acá
hondo es el mar, y vos me amás.


ANÁFORA

Cada día empieza con tanta
ceremonia, con pájaros, campanas,
el silbato de una fábrica;
a cielos de un oro tan blanco se abren
nuestros ojos, a paredes tan brillantes,
que por momentos nos preguntamos
“¿De dónde viene la música, la energía?
Y el día ¿para qué criatura inefable se creó,
que seguro perdimos?” Ah, sin demora
aparece él y al instante asume su forma
terrena, al instante cae
víctima de la vieja conspiración
adquiere la memoria y una fatiga
mortal mortal.

Más lento, entra en el campo visual
y se derrama sobre las caras moteadas,
oscureciéndose, condensando toda su luz;
a pesar de todo el sueño
malgastado en él con esa mirada,
padece nuestros usos y abusos,
se hunde en la marea de los cuerpos,
se hunde en la marea de las clases
rumbo a la noche, al mendigo de la plaza
que, agotado, sin lámpara ni libro
       prepara estudios fantásticos:
       el fenómeno ardiente
       de cada día de inacabable
       inacabable aceptación.


CASABIANCA

Amor es el chico parado en la cubierta en llamas
tratando de recitar “El chico parado en
la cubierta en llamas”. Amor es la declamación
     tartamuda del hijo que mira de pie
     mientras el pobre barco incendiado se hunde.

Amor es el chico obstinado, el barco,
hasta los marineros que nadan, y bien
quisieran tener unas gradas en la escuela
     o una excusa para haberse quedado
     en el muelle. Y amor es el chico en llamas.


PELEA

Los Días, que no pueden acercarte
o no quieren,
la Distancia, que trata de parecer
algo más obstinado,
pelean, pelean, pelean conmigo
siempre
sin probar que sos menos querido ni menos amado.

La Distancia:¿Te acordás de toda esa tierra
debajo del avión;
de la costa
de las playas borrosas enterradas en la arena
estrechándose indistinguible
todo el camino,
todo el camino hasta donde mis argumentos se terminan?

Los Días: Y pensá
en todos esos instrumentos amontonados
cada uno para producir un efecto,
y anular la experiencia del otro;
eran como
un calendario horrrible
“Saludos de Por siempre & Jamás S.A.”

El sonido intimidante
de estas voces
que tenemos que encontrar por separado
puede y va a ser vencido:
Los Días y la Distancia hechos un caos otra vez
y pasados…


CHEMIN DE FER

Sola por las vías del tren
     caminaba con el corazón batiente.
Tal vez estaban demasiado juntos
     o muy separados los durmientes.

El escenario, empobrecido:
     una mata de pinos y el roble; más allá
de su fronda, mezcla de gris y verde,
     vi el pequeño estanque

 como una lágrima antigua
     donde vive, sucio, el ermitaño,
lúcidamente agarrado
     a sus heridas año tras año.

El ermitaño disparó su escopeta
     y el árbol junto a la cabaña se agitó.
sobre el estanque se esparcieron ondas
     y la gallina voló haciendo clo-cló.

“¡Hay que poner en marcha al amor!”
     gritó el viejo ermitaño.
Desde el fondo del estanque, un eco
     trató y trató de darle la razón.


UN ARTE

No es difícil dominar el arte de perder
tantas cosas acaban por perderse
y esa pérdida no es una catástrofe.

Tenés que perder algo todos los días. Aceptar el
fastidio de las llaves perdidas, las horas malgastadas.
No es difícil dominar el arte de perder.

Después practicá perder más y mejor:
lugares y nombres, dónde era que ibas.
Vas a ver, nada de eso es una catástrofe.

Perdí el reloj de mi madre. La última o
anteúltima de tres casas que amé. ¿Y ves?,
no es difícil dominar el arte de perder.

Perdí dos ciudades entrañables. Y más,
algunos reinos que tuve, dos ríos, un continente.
Los extraño, sí, pero no fue una catástrofe.

Ni siquiera perderte a vos (la voz graciosa, un gesto
que amo) me haría mentir. Es obvio que
no es difícil dominar el arte de perder,  aunque
pueda parecer (¡ponele la firma!) una catástrofe.


ALGUNOS SUEÑOS QUE SE OLVIDARON

Los pájaros muertos cayeron, sin que nadie los hubiese visto llegar
ni supiera de dónde. Eran negros, tenían los ojos cerrados
y nadie sabía qué clase de pájaros eran. Sin embargo, todos los agarraban
y miraban para arriba por el cauce distante del cielo nuevo.
También cayeron gotas negras. Recogidas de noche en los aleros
o congregadas en los techos sobre las camas, pendieron como formas
de gotas misteriosas encima de sus cabezas toda la noche,
y ahora rodaban de sus dedos negligentes, veloces, como el rocío de las hojas.
¿Dónde habían visto brillar bayas así de perfectas,
tan temprano a la mañana? Señuelos de corazón negro
sobre las ramas o abajo de las hojas. ¿Pensaron “es veneno” y
las dejaron —acordate— o las comieron de los árboles atestados?
¿Qué flor se encoge así hasta ser semilla como esta, como la aquilegia?
Pero para las ocho o nueve sus sueños son todos inescrutables.



Versiones en castellano de Sandra Toro.





INSOMNIA

The moon in the bureau mirror
looks out a million miles
(and perhaps with pride, at herself,
but she never, never smiles)
far and away beyond sleep, or
perhaps she’s a daytime sleeper.

By the Universe deserted,
she’d tell it to go to hell,
and she’d find a body of water,
or a mirror, on which to dwell.
So wrap up care in a cobweb
and drop it down the well

into that world inverted
where left is always right,
where the shadows are really the body,
where we stay awake all night,
where the heavens are shallow as the sea
is now deep, and you love me.


ANAPHORA

Each day with so much ceremony
begins, with birds, with bells,
with whistles from a factory; 
such white-gold skies our eyes
first open on, such brilliant walls
that for a moment we wonder
'Where is the music coming from, the energy? 
The day was meant for what ineffable creature
we must have missed? ' Oh promptly he
appears and takes his earthly nature
   instantly, instantly falls
   victim of long intrigue,
   assuming memory and mortal
   mortal fatigue.

More slowly falling into sight
and showering into stippled faces,
darkening, condensing all his light; 
in spite of all the dreaming
squandered upon him with that look,
suffers our uses and abuses,
sinks through the drift of bodies,
sinks through the drift of classes
to evening to the beggar in the park
who, weary, without lamp or book
   prepares stupendous studies:
   the fiery event
   of every day in endless

   endless assent. 


CASABIANCA

Love's the boy stood on the burning deck
trying to recite `The boy stood on
the burning deck.' Love's the son
stood stammering elocution
while the poor ship in flames went down.

Love's the obstinate boy, the ship,
even the swimming sailors, who
would like a schoolroom platform, too,
or an excuse to stay
on deck. And love's the burning boy.


ARGUMENT

Days that cannot bring you near
or will not,
Distance trying to appear
something more obstinate,
argue argue argue with me
endlessly
neither proving you less wanted nor less dear.

Distance: Remember all that land
beneath the plane;
that coastline
of dim beaches deep in sand
stretching indistinguishably
all the way,
all the way to where my reasons end?

Days: And think
of all those cluttered instruments,
one to a fact,
canceling each other's experience;
how they were
like some hideous calendar
"Compliments of Never & Forever, Inc."

The intimidating sound
of these voices
we must separately find
can and shall be vanquished:
Days and Distance disarrayed again
and gone... 


CHEMIN DE FER

Alone on the railroad track
I walked with pounding heart.
The ties were too close together
or maybe too far apart.

The scenery was impoverished:
scrub-pine and oak; beyond
its mingled gray-green foliage
I saw the little pond

where the dirty old hermit lives,
lie like an old tear
holding onto its injuries
lucidly year after year.

The hermit shot off his shot-gun
and the tree by his cabin shook.
Over the pond went a ripple
The pet hen went chook-chook.

"Love should be put into action!"
screamed the old hermit.
Across the pond an echo
tried and tried to confirm it.


ONE ART

The art of losing isn’t hard to master;
so many things seem filled with the intent
to be lost that their loss is no disaster.

Lose something every day. Accept the fluster
of lost door keys, the hour badly spent.
The art of losing isn’t hard to master.

Then practice losing farther, losing faster:
places, and names, and where it was you meant 
to travel. None of these will bring disaster.

I lost my mother’s watch. And look! my last, or
next-to-last, of three loved houses went.
The art of losing isn’t hard to master.

I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
some realms I owned, two rivers, a continent.
I miss them, but it wasn’t a disaster.

—Even losing you (the joking voice, a gesture
I love) I shan’t have lied.  It’s evident
the art of losing’s not too hard to master
though it may look like (Write it!) like disaster. 


SOME DREAMS THEY FORGOT

The dead birds fell, but no one had seen them fly,
or could guess from where. They were black, their eyes were shut,
and no one knew what kind of birds they were. But
all held them and looked up through the new far-funneled sky.
Also, dark drops fell. Night-collected on the eaves,
or congregated on the ceilings over their beds,
they hung, mysterious drop-shapes, all night over their heads,
now rolling off their careless fingers quick as dew off leaves.
Where had they seen wood-berries perfect as these,
shining just so in early morning? Dark-hearted decoys on
upper-bough or below-leaf. Had they thought poison
and left? or–remember–eaten them from the loaded trees?
What flowers shrink to seeds like these, like columbine?
But their dreams are all inscrutable by eight or nine.



ELIZABETH BISHOP (EEUU, 1911-1979).


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