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octubre 24, 2017

Más poemas de Levertov (según ST)

Photographer unknown, provided by Jan Wallace, The Project Room


i

Él recoge botones de vidrio del fondo del mar.
Las branquias de la mente palpitan en el agua insondable.
Descubre granos de arena dorados
en el diccionario infinito. Cada uno tiene su gemelo
en alguna orilla al otro lado del mundo.
Ciego a lo que todavía no necesita,
tantea su camino sobre vidrios rotos
hasta dar con la única piedra que cabe en su palma.
Cuando abre los ojos, le da a lo que contempla
el reconocimiento que ninguna mirada otorgó.
Lo transforma en palabra, que se sacude y levanta vuelo.




ii

 

"Lo que ha de dar luz debe soportar arder" 
 Viktor Frankl " The Doctor and the Soul"



Ciego hasta que soñando en gris
chispean verde, sus ojos
encienden una calle de ceniza,
la carne amarga
de una bailarina al amanecer,
la última mirada de la luna
por encima del hombro
al mediodía. 
Se apagan, y las llamas
siguen ardiendo,
perdurables.



iii
 

Sordo hasta que oye
la respuesta:
                        campana
amable, que dobla
y habla
del Tiempo fiel, esa corriente
(incesante) de sangre fiel.
Las respuestas echan abajo
los límites
(esos diques pretenciosos),
la pregunta se revela.

Las preguntas, piedras
desprovistas de tierra, 
golpean la puerta, son un latido
en la sien:
la danza insistente
del Quién, el Cómo y el Dónde,
las manos en la cintura del Cuándo.


iv

 
Uno por uno,
cuando les llega la hora, los libros
saltan de los estantes.
Pisan fuerte (otra vez, polvorientos, ajados,
                        ¡pero prístinos!)
para dar a luz:
la pasión de cada poema
acaba en una Pascua,
en una nueva vida.
                                   Los libros de los muertos
sacuden sus hojas,
las palabras-semillas vuelan
a depositarse sobre la tierra negra.


v


Las tazas de café se le caen de las manos,
se le escapan los picaportes y
las puertas se golpean .
Los escritorios antiguos se rompen cuando
apoya los codos -- Tauro
pateando y corcoveando, cruza con la cabeza gacha
el campo exiguo.
                               Pero las sobras de madera
que encontró en la calle una noche, cuando los vientos
deshuesaban la oscuridad hasta volverla un brillo de acero,
                              en manos del poeta se vuelven
una mesa,
                  redonda y
bien parada sobre su única pata.




vi

 
Hacer poemas es encontrar
una silla vieja en la banquina
y llevarla a casa,
al altillo;
un caballo perdido en el lago,
un barco perdido en la maleza de la orilla,
fosforescente.

Y luego, en la mecedora rota,
despegar —¡hacia la realidad!—
Al reino de la ambrosía y el pan duro
no se llega arrastrándose.

Recién cuando los pies empiezan
a bailar, cuando la silla
rechina y galopa,
se abren las puertas
y nos
           descubrimos
adentro
del reino sin rey.


vii

 
El toro salvaje de la luna
                                             que es el poeta
pasta solo
en un campo de gotas infinitas de trébol rojo
empapadas de rocío
entre arpones de pasto
                                            que son las palabras

Sobre el alambre de púas, una tropa
de chicos y jóvenes
                                           que son la multitud
del poeta,
                   silenciosos, sin aliento,
van a su encuentro.

Quieren 
practicar la danza
que prepararon en secreto.
Él respira,
les arroja de lejos su aliento verde,
fresco,
los mira con inocencia
tras la plata de la luna llena
y arremete
feroz.
Ellos
se apartan,
se burlan,
con sus viejos abrigos como capas,
él lanza
el florecer agónico de cuernos,
y les encanta, se imaginan
el sol caliente de la matanza sagrada.

La plata se disipa,
implacable. Para el amanecer

desaparecen, y él oye
cómo vibra
el alambrado que treparon.


viii


El perro de la sombra
obstruye el umbral.
Es solamente una sombra ¡ Pero
muerde!
              Tratá
de entrar, tratá
de salir:  
               el obstáculo
te hunde
los dientes
en la carne, y

la sangre fluye.
No son
dientes de sombra,
son sucios 
y afilados.



*


La ponzoña sube
desde el pie desgarrado 
hasta el corazón. Y le hace
un nudo.

Un chirriar:
de frenos en la calle,
de una voz 
insospechada,  que llora
a través de los labios
del poeta, negando
la poesía,
                   el latido
violento de las alas 
de la mente, enjauladas.

Polvo en la lengua.

Tormenta
de plumas rotas.
Que caen.
                  Caen—





ix



El balanceo jasídico
siempre adelante y atrás,
                 adelante y atrás,
en perfecta armonía con las palabras,
una y otra vez
todos los días del año

—excepto uno:
el día en que el Templo es destruído
                 que también es
el día que nace el Mesías,
ese único día, el balanceo
es de un lado al otro
     de un lado al otro,
un oscilar
como el de los árboles al viento.




x


Sobre su única pierna dolorida
el poeta
aprende a pararse firme
y a sostener
la mesa redonda de su
página en blanco.
Cuando sople el viento
su madera
será árbol otra vez .
Va a agitarse, 
va a suspirar y a cantar.



xi
"Lo que sea que tenga sonidos negros, tiene duende"
Manuel Torres, citado por F. G. Lorca


Y ahora los sonidos
son verdes, la insignia  desafiante
y muda de un copo de nieve:

ahora los sonidos
se quiebran con fulgores de mica,
raspan con carbonilla,
llaman con la calma de oboe del cuarzo rosa:

ahora los sonidos
son flautas de hueso, eco
del cañón más hondo, sonidos que solo
pueden escuchar las estrellas más tempranas y más pálidas:

y ahora los sonidos
son negros. Sonidos negros.
Negra. La canción profunda
escarba.



DOBLANDO UNA CAMISA

Para S. P.

Doblando una camisa, una mujer se queda
quieta un instante, recuerda
el calor de la carne; sus manos repasan

con cuidado una manga, recuerdan
un gesto, o el toque del amor;
se apoya contra la pared de la cocina

y trata de escuchar una palabra de amor,
pero solo oye un ruido como miedo
que corre entre los cuartos de arriba.

Con la ropa que dobla, dobla su miedo,
pero al deseo no lo puede guardar,
ni puede hacer que la oiga el silencio.

Guarda de mala gana
el pan, el vino, la cuchilla,
alisa las mantas sobre la cama,

mientras el cuchillo resuelto del tiempo
rebana las horas de la existencia,
los rituales simples de la vida.

Londres, 1946.






UNA SOLA VEZ

Todo aquello que por ser 
llama y canción, y concedernos alegría,
creímos que volveríamos a ser, a hacer, a visitar,
resulta que fue lo que fue
esa única vez. Cada iniciación
no es el comienzo
de una serie, de una construcción: lo maravilloso
                        aconteció en nuestra vida, nuestra historia
                        no se opaca con su ausencia: pero no
esperes volver a buscar más.
Lo que tenga que ser va a ser
único, como fue único aquello. Tratá
de reconocer la próxima
canción por su aura en llamas como un
presente absoluto, como un ahora o nunca. 



LA MEMORIA EXIGE TANTO

La memoria exige tanto,
reclama cada fibra
dicha y redicha.
                             Te da y te da
pero a cambio de un precio, poniéndote
en riesgo de esclavitud, llevándote a
documentar las traiciones
de la luna deslumbrante y del marzo lento.
Hoja nunca antes vista
ni imaginada, araña voladora
del otoño rosa, que toca
una corriente solitaria de viento indeciso,
llevame con vos, sacame
de esta tierra de la memoria, que se agarra
a mis pies como un barro espeso,
exigiendo gratitud por sus dones y más dones.
Llevame volando, hoja, antes
de que te desvanezcas, antes
de que tenga tiempo de recordarte,
propósito en lugar de ser,
en medio de ese vuelo,
de esas palabras imprevisibles.



Versiones en castellano de Sandra Toro




GROWTH OF A POET

i

He picks up crystal buttons from the ocean floor./ Gills of the mind pulse in unfathomed water.// In the infinite dictionary he discovers/ gold grains of sand. Each has its twin/ on some shore the other side of the world.// Blind to what he does not yet need,/ he feels his way over broken glass/ to the one stone that fits his palm.// When he opens his eyes he gives to what he gazea at/ the recognition no look ever befor granted it./It becomes a word. Shuddering, it takes wing.

ii
"What is to give light must endure burning" 
Viktor Frankl, The Doctor and the Soul

Blind until dreaming gray/ sparks green, his eyes/ set fire to an ashen street,/ a dancer's/ bitter flesh in daybreak,/the moon's/ lost noontime look/ over its shoulder./ They fade; the flames/go on burning, enduring.

iii

Deaf till he hears/what answers:/ Grandfatherly/ bell, tolling/ and telling/ of faithful Time, thet flood/ (ever-rolling), of faithful blood./ The answers pushing/ boundaries over,/ (those proud embankments), the asking revealed.// The asking, stones/ bared of earth,/  hammers at the door, a pulse/ in the Temple:/ the insistent dance/ of Who and How and Where,/ the arms-akimbo of When.


iv

One at a time/ books, when their hour is come/ step out of the shelves./ Heavily step (once more, dusty, fingermarked, but pristine!)/ to give birth:/ each poem's passion/ ends in an Easter, a new life.// The books of the dead/ shake their leaves, word-seeds fly and/ lodge in the black earth.

v

Coffee cups fall out of his hands,/ doorknobs slip his grasp and/doors slam,/ antique writing desks break under his/ leaning elbows -- Taurus/ is bucking and thudding, head down across/ the cramped field./ But scraps of wood/ found on the street, one nighr when winds were/ scraping the thick dark to a steely shine,
become in the poet's hands/ a table,/ round and/ set firm on its one leg.


vi

To make poems is to find/ an old chair in the gutter/ and bring it home/ into the upstairs cave:/ a stray horse from the pound,/ a stray boat on the weedy shore,/ phosphorescent./ Then in the boken rocking chair/ take off- to reality!/ Realm of Ambrosia and hard crusts/ earnest trudging doesn't lead to.// Only when feet begin/ to dance, when the chair/ creaks and gallops, do the gates open/ and we/ discover ourselves/ inside/ the kingless kingdom.

vii

The wild moonbull/  who is the poet/ grazes alone/ a field of infinite, dewdrenched,/ drops of red clover,/ sharp spears of grass/ which are words//
Over the barbed fence a troop/ of boys and young men/ who are the poet/ throng,/ breathless, silent,/ to the encounter.// They desire/ to practice the dance./ Secretly to prepare./ He breathes/ his green, fresh, breath at them,/ still distant,/ gazing innocent/ through full-moon silver/ toward them/ and viciously/ rushes them, they step/ each aside,/ old coats for capes, they taunt him/ he tosses/ his deadly flourish of horns,/ they love him, they imagine/ the hot sunlight of the sacred kill.// Implacable silver/ fades. By moonset// they vanish, he hears/ the wire fence/ twang where they climbed it.


viii

Shadowdog/ blocking the threshold./ Only a shadow. But/ bites!/ Try/ to get out, try/ to get in:/ the obstacle/ sinks its/ teeth in/ flesh, and// blood flows,/ they are not/ shadowteeth,/ are sharp, and/ dirty.
*
The venom rises/ from torn foot to/ heart. Makes/ a knot in the heart.// A screeching:/ of brakes on the street,/ of an unsuspected/ voice outcrying/ through the poet's/ lips, denying/ poetry,/ violent/ palpitating beat of/ the mind's wings caged.// Dust on the tongue.// Storm/ of torn feathers.// Falling./Falling--


ix

Hassidic rocking/ is always back and forth,/ back and forth,/ in perfect measure with the words,/ over and over,/ every day of the year--// except one:/ on the day the Temple is destroyed/which is also/ the day the Messiah is born,/ on that day alone, the rocking/ moves from side to side,/ side to side,// a swaying, as trees sway in the wind.

x

On his one leg that aches/the poet/ learns to stand firm/upholding/ the round table of his/ blank page./ When the wind blows/ his wood/ shall be tree again./ Shall stir,/ shall sigh and sing.

xi

"Whatever has black sounds, has duende" 
Manuel Torres quoted by Federico García Lorca

And now the sounds/ are green, a snowdrop's quiet/ defiant insignia:// and now the sounds/ crackle with mica glitterings,/ rasp with cinder,/ call with the oboe calm of rose quartz:/ and now the sounds/ are bone flutes, echo/ from deepest canyon, sounds/ only the earliest, palest stars may hear:// and now the sounds/ are black. Are black sounds./ Black. The deep song/ delves.

(Poems 1972-1982,  New Directions Publishing Corporation, 2001).

FOLDING A SHIRT
                                                       For S.P.

Folding a shirt, a woman stands 
still for a moment, to recall 
warmth of flesh; her careful hands 

heavy on a sleeve, recall 
a gesture, or the touch of love; 
she leans against the kitchen wall, 

listening for a word of love, 
but only finds a sound like fear 
running through the rooms above. 

With folded clothes she folds her fear, 
but cannot put desire away, 
and cannot make the silence hear. 

Unwillingly she puts away 
the bread, the wine, the knife, 
smooths the bed where covers lay, 

while time’s unhesitating knife 
cuts away the living hours, 
the common rituals of life.

London, 1946

(Collected Earlier Poems, 1940-1960).



ONCE ONLY 

All which, because it was
flame and song and granted us
joy, we thought we'd do, be, revisit,
turns out to have been what it was
that once, only; every initiation
did not begin
a series, a build-up: the marvelous
               did happen in our lives, our stories
               are not drab with its absence: but don't
expect now to return for more. Whatever more
there will be will be
unique as those were unique. Try
to acknowledge the next
song in its body-halo of flames as utterly
present, as now or never.



MEMORY DEMANDS SO MUCH

Memory demands so much,
it wants every fiber
told and retold.
                           It gives and gives
but for a price, making you
risk drudgery, lapse
into document, treacheries
of glaring noon and a slow march.
Leaf never before
seen or envisioned, flying spider
of rose-red autumn, playing
a lone current of undecided wind,
lift me with you, take me
off this ground of memory that clings
to my feet like thick clay,
exacting gratitude for gifts and gifts.
Take me flying before
you vanish, leaf, before
I have time to remember you,
intent instead on being
in the midst of that flight,
of those unforeseeable words. 


(This Great Unknowing, 1999).




DENISE LEVERTOV (INGLATERRA/EE. UU., 1923-1997).