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abril 14, 2017

POEMAS DE M. NOURBESE PHILIP

Foto: http://files.br-libri.vm.its.uwo.ca/


TODO LO QUE QUEDA DE KUSH VUELVE AL DESIERTO

¿Cuando vuelva
me vas a recordar 
huérfana 
cara de nena puesta contra vos
unida
a mí a través de un secreto,
doliente y sombrío? 

A la vuelta voy a tener
añil la piel por el dolor
de esas mil noches voy a ser 
como una
extraña oscurecida en las luchas abandonadas 
de lo que iba
a ser
hablar en distintas lenguas de la ignorancia
olvidar las palabras dispersas
los árboles sacudidos de la verdad en los bajíos del silencio.

¿Podré reconocer la tierra
negra que pise
cuando aquellos, los míos,
con descaro se pongan de pie
con el orgullo bronceado de Benín 
oscurecido por el miedo que tragaron
los suyos y los de su clase?

¿Algún pájaro cantó el silencio
de mi nombre
entonces o ahora 
mientras fondean los botes 
de muertos para intercambiar?
¿Algún pájaro cantó en el árbol,
como una novia ensangrentada,
donde tomamos la vida de él
y la de ella
la mía vos y yo la tuya
aunque nunca supiste?

¿Voy a acordarme de que no puedo
olvidar que no pudimos decir
lo que no dijimos
que íbamos a volver
en el ojo del huracán?
¿Vas a reconocerme como una de ellos
aunque sin querer tuya
en la latitud de mi dolor
las cicatrices de los ritos de supervivencia
que cruzan el alma
en vuelo?

¿Vas a reconocernos
teñidos
de colores y con la piel aclarada a la fuerza
portando las máscaras talladas del dolor 
apicassados pero fiel y
cariñosamente tuyos?

Dijiste adiós
en cada una de tus distintas lenguas
todavía ninguna es mía 
todas me pertenecen, 
hija perdida del viento
que se enredó con el trueno
bajo las estrellas descarriadas.

Fuiste el silencio.
¿Dónde estaban tus tambores 
para enviarle un mensaje a mi alma
antes de que la retorcieran
antes de que la rompieran
antes de que la vendieran por doce cauríes 
antes de que aprendiéramos demasiado
demasiado pronto
demasiado tarde? Nyame
cuando vuelva arrasando
haceme
una de tus muchas hijas
llevándote las tribus perdidas del sufrimiento
recibime
con suavidad, que adentro llevo las espinas diminutas de África
y todo lo que queda de Kush vuelve 
al desierto.


ANÓNIMO


¿Si nadie escucha y llora
sigue siendo poesía?
¿si nadie canta la nota entre los silencios
¿si la voz no zozobra en la orilla del aire
sigue siendo música?
¿si no hay nadie que oiga
es amor
o el mar siempre ruge 
en el caracol contra la oreja?


EL CORAJE DEL SALMÓN

Acá en Woodlands, Moriah,
todavía podía oler el miedo de ella 
treinta y cinco años después.
En aquel entonces, el abrazo de las colinas 
no la calmó como me calma.
En aquel entonces, el panorama no le arrebató
la respiración jadeante, como desde hace
treinta y cinco años hasta hoy,
que relevo del viaje a mi mamá salmona.

Esta salmona de Woodlands, Moriah,
que atrapó con la boca el anzuelo filoso 
de la muerte, se soltó y nadó 
colina arriba, contracorriente, rechazándolo 
todo menos el desafío de la gravedad,
respondió la llamada plateada de la luna
y bailó con el vaivén de las mareas. 
El destino, una espina de plata en su costado,
la trajo a desovar acá, 
donde colinas gibosas copulan con el horizonte
bajo un cielo negligente y azul.

Ahora mi padre salmón cuenta cómo él podía
caminar por ahí hasta esas mismas colinas
y pensar, y seguir andando un poco más con sus sueños de entonces,
los mismos que después permutó o perdió.
Su padre (¿era salmón?)
le cargó las cruces de
un título de maestro y un lote
(que él creía un peldaño adonde nunca llegaba),
y lo arrastraron corriente abajo al mar.
Ahora él y su hija salmona están
ante esas mismas colinas gibosas que se abrazan.
Ella es abogada y carga con su cruz, el peldaño 
que él nunca alcanzó.
Él la exhibe como un arma herrumbrada de sangre
la saca y la empuña delante de sus amigos
“Esta es mi hija, la abogada!”
Ella agarra solo su propio manojo de sueños 
no hay sangre bajo ese cielo negligente y azul,
y le sugiere que se cuelgue del cuello un cartel
que diga “Mi Hija ES Abogada”
para dejarlo bien claro 

quod erat demonstrandum.

Pero yo voy a ser salmón.
¿No fue para eso que hiciste tu itinerario 
corriente abajo, papá salmón?
Entonces por qué insisto en nadar
contra la corriente, en saltar,
empujar, volar, flotar,
enroscarme debajo, encima
y alrededor de todos los obstáculos, 
retrocediendo en el tiempo hasta la tierra 
de desove de los sueños anudados.
Se me caen las escamas, soy una vanesa roja,
pero él, mi papá salmón, no va a aceptar
que yo también sea un salmón
cuyo destino es nadar contra el tiempo,
cuyo norte es ser un salmón.

Esto se llama coraje de salmón, papá querido,
el coraje del salmón,
y cuando haya desovado
como el salmón también voy a morirme,
pero este hijo mío va a nacer
y va a nacer salmón.

***


Ella intenta con su lengua, y suavemente rompe el silencio 

Ese cuerpo debería hablar
cuando el silencio es,
los miembros danzan
el dolor encerrado en la memoria;
ese cuerpo tendría que volverse lengua
templada para el habla
y donde la última vacile,
papel con sus palabras
la rajadura del silencio;
que la piel se convierta en
balbuceo tropiezo susurro
polifonía y ritmo – la percusión;
el cráneo vacío, calabaza
                                                     llena
de las pócimas del definir
que obligan a separar, en puente
entre discurso y magia
fuerza y palabra;
en acompañamiento de arpa, las costillas
encordadas a las tripas con tensión;
en flauta o palillo de tambor, los huesos.
Cuando el silencio es
la abdicación de la palabra     labio y lengua 
cenizas de una vez en la que fue
…….Silencio
canción palabra discurso
Podré… como Filomela… seguir
                                                                       cantando
                                                                                      encima
                                                                                                       en
… expresión pura.




EL PRIMER Y ÚLTIMO DÍA DEL MES DE LA LUNA NUEVA 
(CONOCIDO TAMBIÉN COMO EL PRIMER Y EL ÚLTIMO MES) 
DEL PRIMER AÑO DE NUESTRA PALABRA 0300 HORAS

Mi propio mapa fue primitivo, rayado sobre una piel de animal. En el camino, algunos me fueron dando algo del suyo —no menos primitivo— pedacitos de corteza con dibujos rudimentarios de 
donde creían que iba a encontrar lo que buscaba. También tenía algunos huesos y varios pedazos de madera con instrucciones talladas. Y un espejo. ¡Adónde iba! Había olvidado de dónde venía —sabía que tenía que seguir. “He de abrir un camino al interior o perecer”. Las palabras de Livingstone —que me había apropiado— eran mi lema. David Livingstone, el Dr. David Livingstone, 1813-73 —Escocés, no inglés, y uno de los primeros europeos en cruzar el Kalahari— con ayuda de los bosquimanos; los indígenas africanos le mostraron el Zambezi y él lo “descubrió”; los indígenas africanos le mostraron las cataratas de Mosioatunya –el humo que truena—, él las “descubrió” y les cambió el nombre. Victoria Falls. Después partió a “descubrir” la fuente del Nilo, y Stanley lo descubrió a él —“¡El Dr. Livingstone, me imagino!”. Y la Historia. Stanley y Livingston —los padres blancos del continente. Del silencio”.


(...)


Y en el principio la Dios creó el silencio: entero, completo, indivisible. Todas las criaturas —hombre, mujer, bestia, insecto, pájaro y pez— vivieron felices dentro de ese silencio, hasta que un día hombre y mujer yacieron juntos y entre ambos crearon la primera palabra. Esto disgustó profundamente a la Dios, que en su furia sacudió su bolsa de palabras sobre el mundo, salpicando y rociando con ellas la creación. Las palabras guardadas llovieron sobre toda criatura, destruyendo para siempre lo que una vez fue el silencio. La Dios maldijo al mundo con la palabra y de ahí en más para el hombre y para la mujer iba a ser siempre una lucha por volver al silencio original. Conociendo la cualidad superior del silencio, fueron condenados a la palabra.

(...)


EL SEXTO DÍA DEL MES MIL DEL SEXTO MILLÓN DE AÑOS DE NUESTRA PALABRA
5001 HORAS

Había estado en camino unos cinco millones de años cuando llegué a la tierra de los LICONES; estaba cansada –muy cansada—y Livingstone parecía muy distante. No había visto ni hablado con nadie durante los últimos doscientos años, aunque me comunicaba con las cosas a mi alrededor –había aprendido bien mis lecciones  de los COLISENSIOS—pero me había quedado sola, a veces salvajemente sola, y estaba feliz de ver un rostro humano—de encontrarme con gente.
Los LICONES me dieron la bienvenida y fueron bastante amistosos. Llevaba casi un milenio ahí cuando, Marphan, una de las líderes de los LICONES, una mujer magnífica de unos dos metros de alto con pechos y caderas enormes, de complexión oscura y rica, vino a mí y me dijo que se aproximaba el momento de mi iniciación. “¿El momento de mi iniciación?”. Ella sonrió y asintió.
“Yo no quiero una iniciación”, le dije. “Estoy cansada y solamente quiero descansar. Estuve viajando mucho tiempo”. 
Ella volvió a sonreír, sus dos metros y sus noventa kilos dijeron con suavidad y firmeza: “Todos los visitantes de nuestra sociedad tienen que hacerlo. Tu tiempo en la cabaña de iniciación empieza pasado mañana. Hasta entonces deberás dedicar el tiempo a pensar tres palabras que quieras llevar con vos.
“Tres palabras” —Parecía una tonta repitiendo todo— “¿Qué querés decir?”
“En la choza todas las palabras te abandonan…” hizo una pausa, “excepto las que elegís”. Explicó todo con mucha paciencia, como si yo fuera una nena o una bruta. “Antes de que entres en la choza, deberás decirme tus palabras—a través de ellas te veremos.



CANCIÓN DE AMOR PARA ROB FORD
(frag.)

Rob Ford wuz here  --grafiti en un barranco de Toronto

siempre había olido el verde 
temprano de la mañana
en los barrancos profundos
había visto el destello del cardenal
rojo o del
mirlo rojo alado y
listo
para volar      el zorro cola
de arbusto escurriéndose entre los
árboles
            y a vos
cresta de davenport
en banjul         de pie sobre
lo que una vez fue
la costa… veía
a la ciudad descender 
en el lago
la torre de cn parada
en fálica atención
siempre
a la espera de la reina de los cíclopes
de ojos brillantes
anduvo
una tarde invernal
con los hombros encorvados
sobre las 
orejas                   vio el spadina avanzar
por los continentes como si les cruzara el eje
de norte a sur         el micro de ossington  cargaba a áfrica en 
la espalda y hacía su camino hasta eglinton                      vos
removiste el polvo bajo los árboles del queen’s park
en la afrofest mientras las cuerdas múltiples de áfrica
se fundieron para escuchar el ritmo que hace mucho 
se creía perdido               escuchabas a mapfumo
a la querida chiwese
mientras la música tuku te contestaba
caminaste por uno de los muchos
senderos del high park 
la burla verde de la ciudad
mirando a los patos ser
patos en su iridiscente
patidad te parabas bajo
las luces chillonas de kinko’s
a ver la otra cara de
la ciudad a las dos de la mañana
perdida toda pretensión        haciendo
imágenes blancas negras
& en colores          caminabas
por bloor mientras los porteros cansados sacaban
la basura
comprabas tortas de nuez
en el negocio coreano
un helado en baskin
robbins enfrente de christie pitts
un falafel de gazal
hacías cola en el cine de bloor
alquilabas un video en queen video
o al sospechoso que se gana su nombre
honestamente    tomabas una cerveza
en brunswick……nachos tardíos
en sneaky dees       alguna vez
le sentiste el olor a esta ciudad
a la mañana temprano
familiar como el olor de una amante
que se da vuelta y gime
suspira y suelta a sus muchos
muchos amantes 
algunos demasiado ocupados para verle las virtudes
algunos demasiado ansiosos por
maldecirle las faltas
otros indiferentes
pero todos ligados quiérase o
no marchando hacia
un día más en la ciudad (...).      





Versiones en castellano de Sandra Toro.                      








ALL THAT REMAINS OF KUSH RETURNS TO THE DESERT

When I return
would you remember me
orphaned
child face set against you
tied
to me through a suffering
secret and sombre?

Return I will
grown
woad-skinned with grief
for those thousand nights that shall be
as one
stranger shadowed in stranded struggles 
of what was
to be 
to speak in different tongues of ignorance 
forget scattered words
shattering trees of truth on shoals of silence. 

Could I recognize the earth
black I stand upon
when those of me and mine
stood
brazen, Benin-bronzed with pride
dusked with swallowed fear
for theirs and their kind?

Did one bird sing the silence
of my name 
then or now
while boats of bartered death
ride at anchor?
Did one bird sing
in the tree, bride bloodied
where we took his life
and hers
you mine and I yours
though you didn't know?

Will I remember what I cannot
forget that we couldn't tell
what we didn't tell
that we would return
in the eye of the hurricane?
Would you recognize me theirs
unwillingly yet yours
in the latitude of my pain
the scars of survival rites
that criss-cross the soul
in flight?

Could you recognize us
dyed
hued in skins force lightened
carrying carved masks of profiled pain
Picassoed yet faithfully,
lovingly yours?

You said good-bye
in all your different tongues
none are mine yet
all belong to me, lost
child of the wind
that mated with the thunder
under stars that went astray.

You were silence.
Where were your talking drums
to message my soul
before they twisted it
before they broke it
before they sold it for twelve cowrie shells 
before we learnt too much
too soon
too late?

Nyame
when I return rough shod
take me,
one of your many daughters
carrying lost tribes of suffering,
welcome me
gently I carry tiny thorns of Africa within
and all that remains of Kush returns
to the desert.


(From Thorns, 1980).



ANONYMOUS

If no one listens and cries
is it still poetry
if no one sings the note between the silences
if the voice doesn't founder on the edge of the air
is it still music
if there is no one to hear
is it love
or does the sea always roar
in the shell at the ear?



SALMON COURAGE

Here at Woodlands, Moriah,
these thirty-five years later,
still I could smell her fear.
Then, the huddled hills would not have
calmed her, now as they do me.
Then, the view did not snatch
the panting breath, now, as it does
these thirty-five years later, to the day,
I relive the journey of my salmon mother.

This salmon woman of Woodlands, Moriah
took the sharp hook of death
in her mouth, broke free and beat
her way upstream, uphill; spurned
all but the challenge of gravity,
answered the silver call of the moon,
danced to the drag and pull of the
tides, fate a silver thorn in her side,
brought her back here to spawn with
the hunchbacked hills humping the horizon,
under a careless blue sky.

My salmon father now talks of how
he could walk over there, to those same hills,
and think and walk some more with his dreams,
then that he had,
now lost and replaced.
His father (was he salmon?)
weighted him with the millstones of
a teacher's certificate, a plot of land
(believed them milestones to where he hadn't been),
that dragged him downstream to the ocean.
Now, he and his salmon daughter
face those same huddled, hunchbacked hills.
She a millstoned lawyer, his milestone
to where he hadn't been.
He pulls her out, a blood rusted weapon,
to wield against his friends
"This, my daughter, the lawyer!"
She takes her pound of dreams neat, no blood under that careless blue sky,
suggests he wear a sign around his neck,
"My Daughter IS a Lawyer,"
and drives the point home,


quod erat demonstrandum.

But I will be salmon.
Wasn't it for this he made the journey
downstream, my salmon father?
Why then do I insist on swimming
against the tide, upstream,
leaping, jumping, flying floating,
hurling myself at under, over,
around all obstacles, backwards
in time to the spawning
grounds of knotted dreams?
My scales shed, I am Admiral red,
but he, my salmon father, will not
accept that I too am salmon,
whose fate it is to swim against the time,
whose lodestar is to be salmon.

This is called salmon courage my dear father,
salmon courage,
and when I am all spawned out
like the salmon, I too must die — 
but this child will be born,
must be born salmon. 


(From Salmon Courage, 1983).




***

That body should speak
When silence is,
Limbs dance
The grief sealed in memory;
That body might become tongue
Tempered to speech
And where the latter falters
Paper with its words
The crack of silence;
That skin become
Slur   slide   susurration
Polyphony and rhythm – the drum;
The emptied skull a gourd
filled
With the potions fo determine
That compel the split in bridge
Between speech and magic
Force and word;
The harp of accompaniment the ribcage
Strung with the taut in gut;
Flute or drumstick the bones.
When silence is 
Abdication of word   tongue and lip
Ashes of once in what was
….. Silence
Song   word   speech
Might I … like Philomela … sing
                                                                    continue
                                                                                  over
                                                                                           into

         pure utterance





(From She Tries her Tongue, Her Silence Softly Breaks, 1988.)





THE FIRST AND LAST DAY OF THE MONTH OF NEW MOONS 

(OTHERWISE KNOWN AS THE LAST AND FIRST MONTH) 
IN THE FIRST YEAR OF OUR WORD
0300 HOURS

My own map was a primitive one, scratched on animal 
skin. Along the way, some people had given me some of theirs 

— no less primitive — little pieces of bark with crude pictures 

of where they thought I would find what I was searching for. 
I also had some bones and various pieces of wood with
directions incised on them. And a mirror. Where was I going! 
I had forgotten where I had come from – knew I had to go 

on. “I will open a way to the interior or perish.” Livingstone’s 

own words – I took them now as my own — my motto. David 
Livingstone, Dr. David Livingstone, 1813-73 – Scottish, not 
English, and one of the first Europeans to cross the Kalahari 
– with the help of Bushmen; was shown the Zambezi by the 
indigenous African and “discovered” it; was shown the falls 
of Mosioatunya – the smoke that thunders – by the indigenous 
African, “discovered” it and renamed it. Victoria Falls. 
Then he set out to “discover” the source of the Nile and was 
himself “discovered” by Stanley – “Dr. Livingstone, I pre
sume!” And History. Stanley and Livingstone – white fathers 
of the continent. Of silence.

(...)

God first created silence: whole, indivisible, complete. All creatures —man, woman, beast, insect, bird and fish— lived happily together within this silence, until one day man and woman lay down together and between them created the first word. This displeased God deeply and in anger she shook out her bag of words over the world, sprinkling and showering her creation with them. Her word store rained down upon all creatures, shattering forever the whole that once was silence. God cursed the world with words and forever after it would be a struggle for man and woman to return to the original silence. They were condemned to words while knowing the superior quality of silence.

(...)

THE SIXTH DAY OF THE HUNDREDTH MONTH
IN THE SIX BILLIONTH YEAR OF OUR WORD
5001 HOURS

I had been on the road for some five million years when I got to the land of the CLEENIS; I was tired – very tired – and Livingstone still seemed a long way away. I had seen no one, spoken to no one during the last two thousand years, though I did have communication with things around me – I had learnt my lessons well from the CESLIENS – but I had been lonely, savagely lonely at times, and was happy to see a human face – to meet people.
The CLEENIS welcomed me, and were friendly enough. I had been there barely a hundred years when one of the CLEENIS leaders, Marphan, a magnificent woman some six feet tall with massive breasts and hips, and of a rich dark- brown complexion, came and told me that my time in the sweat-lodge approached.
“My time in the sweat-lodge?” She smiled and nodded. 
“I don’t want to go to the sweat-lodge,” I said. “I’m tired, and just want to rest — I’ve been travelling for a long time"
She smiled again, all six feet- two hundred pounds of her, and quietly but firmly said, “All visitors to our society must go – the day after tomorrow your time in the lodge begins. You should spend the time before then thinking of three words you wish to take into the sweat-lodge with you,” 
“Three words!” I sounded like a fool repeating everything she said – “what do you mean?” 
“In the lodge all words leave you… ” she paused, “except the ones you choose.” She explained all this very patiently, as if I were a child, or a simpleton. “Before you go into the lodge, you must tell me your words – these are the words that will see you through.”


(From Looking for Livingstone – an Odyssey of Silence, 1991).



luv song for rob ford
(excerpt)

Rob Ford wuz here – graffiti in toronto ravine

ever smelt the early
morning smell of green
in deep ravines
seen the flash of red
cardinal or
the red winged black
bird poised for
flight    the bushy- tailed
fox slinking away through the
trees
          have you
crested davenport hill
on bathurst                  stood on
what was once
the shoreline     seen
the city slope
down to the lake
the cn tower standing at
phallic attention
ever
waited on queen for the bright-eyed
cyclops
trundling along
on a wintry evening
shoulders hunched
up above your
ears                  seen the spadina car move
through continents as it traverses its north
south axis         the ossington bus carrying africa on
its back making its way up to eglinton                         have
you stirred up the dust under the trees at queen’s park
at afrofest as the many strands of africa
coalesce to listen to the beat thought lost
long ago   listened to mapfumo
cherished  chiwese
as tuku music talked back to you
walked any of the many
trails in high park that make
green mockery of the city
watched the ducks being
ducks in their iridescent
duckishness  stood under the
garish lights of kinko’s
seen another face of
the city at 2 in the morning
all pretence gone    making
images black  white
& coloured     walked
along bloor as tired shopkeepers put
out their garbage
bought walnut cakes
from the korean store
an ice cream from baskin
robbins across from christie pitts
a falafel from gazal
stood in line at the bloor cinema
borrowed a video from queen video
or suspect that earns its name
honestly   had a beer
at the brunswick   late night nachos
at sneaky dees    have you
ever smelt the early morning smell
of this city
familiar as a lover’s smell
as it rolls over groans
sighs and lets her many
many lovers loose
some too busy to see her virtues
some only too willing to
curse her flaws
others indifferent
all linked willing or
unwilling moving through
yet another day in the city(...).

(Source: http://www.nourbese.com).





M. NOURBESE PHILIP (TRINIDAD Y TOBAGO/CANADÁ - 1947).

















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