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agosto 04, 2016

POEMAS DE KENNETH REXROTH

Imagen cortesía de Poetry Foundation


ANDRÓMEDA ENCADENADA A SU ROCA
CON LA GRAN NEBULOSA EN EL CORAZÓN


I

El malestar
el corazón nunca está bien
el dolor incurable
la urdimbre de hierro del tiempo
la red que se encoge de la vida
el océano inquieto y gris
bajo la niebla deshabitada
el rugido que siempre comienza
y nunca está en silencio
que nada va a detener
en lo gris
en lo blanco
en la garganta amarga
contra la pared cóncava
el montoncito de huesos sucios
las uñas no van a brillar nunca
el cerebro no va a supurar nunca
el golfo no va a abrirse más
oh el corazón
oh el corazón chamuscado
oh el ojo roto


II

la angustia la forma y la plegaria
no hay excusa no hay traición
no hay dimensión en el espacio ni en el tiempo
sin aviso sin movimiento sin consecuencia 
los muchos filos de las navajas giratorias
las muchas lágrimas del dolor que despunta
el miedo de la osa el fantasma de la osa
el engranaje de la preocupación siempre acá
cuando el cruce de las palabras deletrea cero
hay árboles en el mar
hay columnas rojas en el horizonte
y miedo por todas partes
y año tras año ninguna palabra para todo su dolor
y ella dijo nada más quiero lo que vos quieras dijo
una caja grande llena de velos viejos
y las tijeras siempre estaban cortando de noche
siempre lejos o siempre cerca cortando
mueven el cubo perpendicularmente a todas partes
perpendicular a sí mismo
los labios hacia los labios y los ojos hacia los ojos se mueven
perpendiculares
las manos sobre el contorno de las manos
giran en los rayos de luz
en el estruendo del brillo
idas
llaman
gemelas
siguen
acuñando


III

Oh fuego alrededor del fuego en el fuego del fuego con el fuego
por el fuego solo
el fuego el fuego señalado la estrella en la estrella
y el yo cae en el resplandor de dios
el naufragio visionario
el éxtasis secuestrado
la cópula del relámpago y el faro
una pollera levanta su carpa de perfume
la visión frágil y velada de una mujer se agitó
la virgen se agitó en el vientre del hombre
Ishtar el árbol de estrellas de fuego
el ojo se envuelve en su propia retina
el viejo ojo oscuro transmigrante
un barco de roble navega
bajo un árbol de plata
bajo una corona de espinas
primavera dorada otoño azul invierno violeta
canción sola
o arpa en un cuarto de cristal
la nieve que cae cada vez más fuerte
la habitación cada vez más oscura
los huesos como alambres blancos gritan en sueños



IV

Ojos de musgo
sal en la boca
piedra en el corazón
una lechuza renueva el silencio
cabeza rota
alas de cuervo
órbitas negras
el veneno se escurre en la arena parabólica
la roca en llamas
el hielo cae en el sol
el hacha lanzada
perdida en el futuro
de un sueño automático y anónimo
la serpiente cínica
en el desierto de la alucinación
el Maná es el excremento de la alimaña
que es la sombra
que repta sobre la cáscara
que el coral
abandona en la concha marina
la mordida de los dioses
que en la jungla
metamorfosean a los semidioses
el trueno perdido en la sombra
el arco con su espectro desconocido
de colores nunca vistos
chicos que caen
en la red de las geometrías súbitas
y la cautela de soslayo
en el poder de estos corazones
oh torre en la oscuridad
acorde en el perfume
día de cólera
mañana de delirio         
las alas del cuervo de hierro
se llevan la cabeza rota
al cielo frágil
al arrebato de las profundidades
donde la sangre corre fría.





Viajeros en Erewhon

Vos te abrís el
vestido en la cama
polvorienta donde por años
no durmió nadie
un búho gime en el techo
y decís querido
mío querido
mío
bajo la luz humeante de la vieja
lámpara de aceite tus hombros
vientre pechos nalgas
son como flores de durazno
estrellas enormes apartadas distantes
del otro lado de la ventana rota
animales inmensos e inmortales
cada uno con un solo ojo
observan
vos abrís tu cuerpo
no hay final para la noche
no hay final para el bosque
casa abandonada para siempre
en el bosque en la noche
nadie nunca vendrá
a la casa
sola
en el mundo negro
en el país de los ojos



Oaxaca 1925

Eras una criatura hermosa
con cara de preocupada, párpados verdes
y medias de encaje negro
nos conocimos en un bar roñoso
dijiste
“mi nombre es Nada
de vos no quiero nada
no voy a sacarte nada
no te voy a dar nada”
te acompañé por callejones
salpicados de luna, basura y gatos
hasta tu cuarto revuelto y desolador
tenías los pies sucios
y el esmalte saltado de las uñas
pasamos una semana de la mano
vagabundeando embelesados
en un verano sofocante
de guitarras, tiroteos, hojas tropicales
y sombras negras a la luz de la luna
hace una vida



Gradualismo

Dormimos desnudos
encima de las mantas nos despertamos
en el amanecer helado nos arrastramos
entre las sábanas tibias e hicimos el amor
a la mañana dijiste
“anoche nevó en la montaña”
arriba en la diorita azul-negra
líneas tenues y anaranjadas de nieve
en el amanecer rojizo
te dije
“Estuvo nevando por meses  
en todo Canadá y en Alaska
en Minnesota y en Michigan
ahora mismo cae aguanieve
en las calles matinales de Chicago
de a poco están renovando el mundo
hasta en México, hasta para nosotros”



ABRÍ LA PERSIANA

Los nidos de los aleros se agitan al amanecer
efímeros como nuestra paz
oración matutina
la gracia antes del alimento
entiendo
el cielo infinito la tierra pequeña
el cono de sombra
tus ojos y tus labios
resplandecientes
tus muslos empapados de mar
un telescopio lleno de luciérnagas
incontables nebulosas todas ellas idas

diez millones de años antes de conocernos




EL TIEMPO ES UNA SERIE INCLUSIVA DIJO Mc TAGGART 

5 poemas sobre este asunto

I

En un minuto apenas nos vamos a decir adiós
yo me iré manejando y voy a verte
cruzar el boulevard por el espejo retrovisor
vos tal vez distingas mi nuca
perdiéndose en el tráfico
y después no vamos a volver a vernos nunca más
Esto va a pasar en otro minuto apenas 

II

Calle Willow
calle de hojas amargas
tres generaciones de putas en las ventanas
madre hija nieta
la zorra de quién sos
la zorra de nadie soy una zorra sola
una zorra negra sola una zorra triste sola
una zorra triste esa soy
la mejor de la calle Willow
está muerta Helen está muerta Dolores está muerta
la calle Willow es nada más que una bahía
en un complejo de diez pisos
la calle Willow se fue con
la calle de los chicos malos la calle de las chicas malas
la calle donde descansa el corazón
dejarán aunque sea un pasaje
para ponerle mi nombre

III

Charla en una habitación oscura
los pájaros vuelan hacia el espejo empañado
y nunca vuelven
el espejo se gasta

IV

Durante mucho tiempo
estuve siguiendo una enredadera
no puedo encontrar la raíz
no puedo encontrar la punta
hay un muro alto de espinas
hay un muro grueso de espinas
que rodea un castillo desconocido
las espinas están cubiertas de flores
cada flor es distinta
pero su olor es el perfume
de un cuerpo que perdí

V

miles de pétalos blancos
esparcidos sobre el agua de las horas
música lunar mar que emerge
sentimientos banales
desengaños y besos
voces que cantan y voces
lejos en la playa brumosa
junto a las fogatas
cantando para siempre para siempre



CINQUE TERRE

Una voz solloza sobre la arena de colores
donde caballos de colores corren
contra el oleaje
somos los únicos en el universo
donde las penas se mueven como el mar
del amor perdido
bajo la estrella matutina
que se arrastra por el cielo
hacia el agua pálida y ciega
y hacemos el amor
justo al borde del acantilado
donde las enredaderas terminan
en una franja de olivos
plateados y antiguos



Yin y Yang

Es primavera otra vez en la Cadena Costera
cálida y perfumada bajo la luna de Pascua.
Las flores están de nuevo en su lugar.
Los pájaros, de nuevo en sus árboles.
Las estrellas de invierno se ponen en el océano.
Las estrellas de verano salen de las montañas.
El aire está lleno de átomos de mercurio.
La resurrección envuelve la tierra.
Geométricos, ardientes, inmortales,
animales y hombres marchan por el cielo
al ritmo de su ceremonia secreta.
El León entrega la luna a la Virgen.
Ella se para en el cruce del cielo
con la luna llena en la mano derecha
y una espiga de trigo que destella en la izquierda.
El clímax del ritual del renacimiento
ascendió del inframundo
y es proclamado en la luz del cénit.
En el inframundo el sol nada
entre dos peces llamados Sí y No.



La delgada línea de tu orgullo

Poemas para Leslie Smith
I

Y después, cuando el agua arrogante
explotó en lotos rojos; cuando un verde perfecto
esmaltó pasto y árboles, “yo, más solitario
navegando”, me quedé pensativo sobre el agua moteada
donde el sol bajo esparcía intersticios carmesí
en el loto brillante; consciente de la llegada,
con el correr de los años, del momento
en que estas lagunas y estos árboles que se oscurecen,
este espejo giratorio del crepúsculo en el que flotamos,
iban a surgir colosales de la memoria
una tarde lejana cualquiera—
colosales, en vértigo y en fascinación.

II

Seis meses intemporales como un sueño,
así de impotentes...
te detenés en la escalera del subte,
saludás con la mano, sonreís y bajás.
¿Fue un instante entre despertar
y despertar,
en el que sonreíste y saludaste otra vez,
a dos cuadras, en un bulevar
humeante de Chicago?
¿Cuántas dinastías cayeron
mientras tanto, cuántas
vueltas dio el segundero
a su cuadrante?


III

Indígenas de habitaciones amobladas,
nuestras mejores horas transcurrieron
en las plazas de cuatro ciudades
a expensas de los contribuyentes.
Podría ser peor, el césped
bien cuidado y parejo, los brazos levantados
y rítmicos de los chicos,
una pelota roja brillante detrás 
de la curva de una risa,
los vestidos de las nenas
floreciendo como jacintos
a principios de agosto, las fuentes,
las ardillas mansas, las palomas
y los gorriones, y otras cosas
infinitamente memorables.


IV

Abandonado y frío, el pabellón
de Jackson Park se alza como un faro
ciego junto al lago.
Está muy oscuro, no habría luna
aunque la noche no estuviera tan nublada.
El viento se queja en las carpinterías rústicas,
pero la lluvia regresa al agua en silencio,
sin un siseo ni un susurro.
Tenemos las sombras para nosotros,
los amantes, los psicópatas y los solitarios
se encerraron hasta que pase el invierno.
Otros otoños estuvimos aquí, noches
en las que el viento agitaba estas aguas como un mar
amontonando las olas contra el malecón
y empujaba la nubes altas hacia la carretera
revelando la luna, que se precipitaba de un blanco mortal
sobre la ciudad.


V

La noche luminosa y absorbente
recibe el grito solitario de un chotacabras,
alinea sus fachadas desnudas
y espera.
Las luces de un velero que pasa
enjoyan por un segundo tu pelo suelto.
Las sombras de los chopos lombardos
se inclinan como tablones sobre el agua.
La brisa marina tiene un leve olor a hospital.
Lejos,
en las costas desiertas de las Antípodas,
las montañas se deslizan al mar en silencio.


VI

Estanque del Paraíso
Los dedos diminutos del aire imperceptible
disponen una tracería de sombras de hoja y cabello
sobre tu cara.
Corriente abajo un grupo de húngaros del molino,
entumecidos por el reposo inusual,
atrapan peces insignificantes.
Una fila de patos marrones se hunde de cabeza en el agua,
como una tira de cartuchos
en una ametralladora benéfica.
Enseguida nos vamos a levantar sin haber dicho nada,
y, mano con mano temblorosa, a volver por donde vinimos.


VII

Creo que estas casas escuálidas son los fantasmas
del dinosaurio, el mamut y todos
los demás gigantes que hace mucho se corrompieron bajo tierra.
Creo que en las noches solitarias cuando,
acongojados y dispares, con medio continente entre nosotros,
recorremos las calles desiertas, ellas
vuelven a recuperar sus antiguas formas,
se mueven, se adelantan
para hacer lugar, cuando pasamos
nos tocan suavemente, 
acá y allá, atónitas, curiosas,
y después, se cierran
a los tumbos
pisándonos los talones.


VII

“Si es o no es el tiempo o el lugar
no es el asunto ahora,
ni siquiera cómo,
no es el momento de preguntar ahora,
ni tampoco el lugar”
La luces suaves de tu cara
se acomodan entre recuerdos
de sonrisas y entrecejos.
Leés
apoyada en el asiento de la ventana;
y yo espero indeciso al borde de la alfombra...
Si es o no es... no es el asunto ahora.
Me pregunto qué hicimos
para merecernos vidas así de irónicas.
Indeciso al borde de la alfombra,
observo ante mis pies
el caleidoscopio donde algún persa
muerto hace mucho tejió
una plegaria cínica levantina.


IX

Después de una hora la confusión
apacible de la nieve
entre las luces
se suavizó y sometió
las líneas nerviosas de las ramas
desnudas se imprimieron contra
el crepúsculo helado.
Ahora detrás de mí, en la expansión
pálida del bulevar vacío,
la nieve reclama a uno por uno,
desde la mirada fija y oscura 
de las vidrieras, nada más que 
una línea de huellas.


X

En la nieve del oeste vendrá un recuerdo
enviado por mis manos,
por mis labios que recuerdan tus besos.
Va a acariciar tus manos, tus labios,
tus pechos, tus muslos, tus besos,
tan real como la carne, tan real como la memoria de la carne.
Voy venir a vos con la primavera,
carne de primavera en el mundo,
narciso translúcido, cerezo silvestre como una visión,
y fálico azafrán,
carne de primavera en mis manos.


XI

Alguien arrojó un fósforo imprudente
en la basura de la plantación de alerces.
Una manada de cerdos silenciosos mira las llamas
mezclarse con el atardecer.
Para la medianoche el fuego ya se enfrió,
pero unas serpentinas largas de humo gris
todavía flotan entre los árboles ennegrecidos,
confundiéndose con la niebla y con las luciérnagas
del pantano.
Esta noche no voy a dormir bien.
Mañana habrán pasado tres días
desde que oí tu voz.


XII

Después de que hayan dormido un siglo sobre nosotros
el otoño va a seguir pintando los Berkshires;
las tormentas doradas y púrpura todavía
van a trepar sobre los Catskills.
Van a tener que buscar mi nombre un buen rato
en los rincones mohosos de las bibliotecas.
El olvido absoluto se va a burlar
de tus dudosas ambiciones.
Pero habrá otros amantes
que caminen por la cresta de la colina,
que trepen a sentarse extasiados
sobre las cumbres al atardecer,
bajo la luna.
Los Catskills,
los Berkshires,
tienen buenos recuerdos.


XIII

Esto va a ser suficiente,
unos cuantos edificios negros contra el amanecer oscuro,
las franjas azules de las calles sin luz,
el aire manchado con el día que llega,
dorado y eléctrico.


XIV

Vos sola,
con una bata blanca sobre el cuerpo desnudo,
pasando y volviendo a pasar
por los sueños de veinte años.


[1922-1926/1949]




Confusión
para Nancy Shores

Paso por tu casa en un atardecer lento y bermejo,
las persianas están cerradas, y las ventanas abiertas
la brisa suave del lago
es como tu respiración en mi mejilla.
Todo el día camino bajo la lluvia intermitente.
Arranco un tulipán bermejo en la plaza desierta,
gotas de lluvia que brillan se aferran a sus pétalos.
A las cinco en punto la ciudad es un color solitario.
Paso por tu casa en un atardecer lluvioso,
apenas puedo verte moviéndote entre paredes iluminadas.
De noche tarde, me siento frente a una hoja de papel
hasta que un pétalo bermejo caído tiembla delante de mí.




Fugitiva

Hay chispas de lluvia en el pelo,
que brilla sobre tu frente:
tenés los ojos húmedos, los labios
fríos y húmedos, y las mejillas heladas.
¿Por qué te quedaste
tanto tiempo afuera? ¿Por qué viniste recién
de noche, tarde, después de
haber andado horas bajo el viento y la lluvia?
Sacate el vestido y las medias:
sentate en el sillón junto al fuego.
Te voy a calentar los pies entre mis manos
Te voy a calentar los pechos y los muslos con besos.
Ojalá pudiera hacer en vos un fuego
que no se apagara nunca.
Ojalá pudiera estar seguro de que muy dentro de vos
hay un imán para traerte siempre de vuelta a casa.



Flotar

Nuestra canoa vaga en la corriente vaga
del remanso confinado entre árbol, junco y
enredadera en un arroyo insípido del medio oeste;
lenta se agita y se aloja entre los nenúfares
apiñados. Nos cansamos de chapalear.
Toda la tarde trepamos por la corriente débil
hasta meandros oscuros, cruzando bosques y praderas,
pasamos los fiordos barrosos donde el olor fuerte del ganado
traspasa el agua; cantando las canciones
del movimiento perfecto y habitual; canciones de esquí,

canciones de pastoreo nocturno, de caminata en el cabrestante,
del dique y la lista de viajeros.
Cansados del movimiento y de los ritmos del movimiento,
cansados del dulce juego de nuestra fuerza entrelazada,
nos recostamos uno en brazos del otro y dejamos que los palpos
de las hojas y los pétalos de los nenúfares demoren
todo movimiento en el aire espeso y amodorrado.
Cantame bajito, Westron Wynde, Ah las Syghes,
Mon coeur se recommend a vous, Phoebi Claro;
cantá las melodías eróticas
de hombres y mujeres que hace setecientos años no están,
bajito, con tu boca cerca de mi mejilla.
Que nuestros muslos se enreden en los almohadones,
y que tus pechos cuelguen en su cubierta ligera
contra mis brazos y mi garganta;
que tu pelo fragante caiga sobre mis ojos;
besame con esos labios melódicos y sutiles.
Mientras te desvisto, tus pupilas son negras, mojadas,
inmensas, y tu piel húmeda y de marfil.
Movete despacio, movete, separá los muslos
y despacio llevame mientras nuestros labios
se hincan en la sangre de nuestras gargantas.
Movete despacio, o no te muevas, pero llevame,
adentro, bien adentro de vos, mientras el tiempo se desliza
como las márgenes del río más allá de este lecho de flores,
y los momentos robados se funden y desaparecen
en nuestra carne mortal y eterna.


Versiones en castellano de Sandra Toro.






Andromeda chained to her rock
The great nebula in her heart


I

The ache
The heart is never well
The incurable pain
The iron warp of time
The shrinking web of life
The grey unquiet ocean
Under uninhabited fog
The roar which always begins
And is never still
Which nothing will ever stop
In the gray
In the white
In the bitter throat
Against the concave wall
The little pile of soiled bones
Nails will never glitter
Brain will never ooze
Gulf will no longer open
O heart
O charred heart
O broken eye


II

Anguish and form and prayer
No excuse no betrayal
No dimension in space or time
Without caution without consequence without motion
The many blades of the revolving razors
The many tears of the breaking sorrow
The fear of the bear the ghost of the bear
The gear of care that is always here
When the cross of words spells zero
There are trees in the sea
There are red columns on the horizon
And fear everywhere
And every year no word at all for all her pain
And she said I want just what you want she said
just a big box full of old veils
And the shears were always cutting at night
Always far away or always near cutting
Move the cube at right angles to everywhere
At right angles to itself
Lips to lips and eyes to eyes move
At right angles
Hands on hands edges
Spin in light beams
In the rattleflake of brightness
Gone
Call
Kindred
Keep
Coinage


III

O fire around fire in fire of fire with fire
By fire alone
Fire pointed fire the star in star
And the self falls in god shimmer
The visionary shipwreck
The kidnapped ecstasy
The copulation of the lightning and the lighthouse
A skirt lifts its tent of perfume
A woman’s frail veiled sight moved stirred
Stirred the virgin in the womb of the man
Ishtar the tree of fiery stars
The eye wraps itself up in its retina
The old dark transmigrating eye
A boat of oak sails
Under a tree of silver
Under a crown of thorns
Gold spring blue autumn purple winter
Song alone
Or the harp in a crystal room
Snow falling ever more heavily
The room growing steadily darker
Bones like white wires cry out in their dream


IV

Eyes in moss
Salt in mouth
Stone in heart
An owl rings the changes of silence
Torn head
Crow’s wings
Black eyeballs
Poison seeps through the parabolic sand
The rock on fire
Ice falls towards the sun
The hurled axe
Lost in the future
Of an automatic and anonymous dream
The brazen serpent
In the desert of hallucination
Manna is the excrement of vermin
What is the shadow
Crawling on the eggshell
What chorale
Flees in the sea shell
The bite of the gods
In the wilderness
Metamorphosing the demigods
Thunder lost in shadow
The arc with its unknown spectrum
Of colors never seen before
Infants falling
In the web of sudden geometries
And caution awry
In the power of these hearts
O tower in the dark
Chord in perfume
Day of wrath
Morning of delusion
The iron crow wings
Bear away the torn head
Into the fragile sky
Into the rapture of the depths
Where the blood run cold


Travelers in Erewhon

You open your
Dress on the dusty
Bed where no one
Has slept for years
An owl moans on the roof
You say
My dear my
Dear
In the smoky light of the old
Oil lamp your shoulders
Belly breasts buttocks
Are all like peach blossoms
Huge stars far away far apart
Outside the cracked window pane
Immense immortal animals
Each one only an eye
Watch
You open your body
No end to the night
No end to the forest
House abandoned for a lifetime
In the forest in the night
No one will ever come
To the house
Alone
In the black world
In the country of eyes



Oaxaca 1925

You were a beautiful child
With troubled face, green eyelids
And black lace stockings
We met in a filthy bar
You said
“My name is Nada
I don’t want anything from you
I will not take from you
I will give you nothing”
I took you home down alleys
Splattered with moonlight and garbage and cats
To your desolate disheveled room
Your feet were dirty
The lacquer was chipped on your fingernails
We spent a week hand in hand
Wandering entranced together
Through a sweltering summer
Of guitars and gunfire and tropical leaves
And black shadows in the moonlight
A lifetime ago


Gradualism

We slept naked
On top of the covers and woke
In the chilly dawn and crept
Between the warm sheets and made love
In the morning you said
"It snowed last night on the mountain"
High up on the blue-black diorite
Faint orange streaks of snow
In the ruddy dawn
I said
"It has been snowing for months
All over Canada and Alaska
And Minnesota and Michigan
Right now wet snow is falling
In the morning streets of Chicago
Bit by bit they are making over the world

Even in Mexico even for us


Open the Blind

Nests in the eaves stir in the dawn
Ephemeral as our peace
Morning prayer
Grace before food
I understand
The endless sky the small earth
The shadow cone
Your shining
Lips and eyes
Your thighs drenched with the sea
A telescope full of fireflies
Innumerable nebulae all departing
Ten billion years before we ever met





TIME IS AN INCLUSION SERIES SAID McTAGGART
5 poems on this subject

I

In just a minute we will say goodbye
I will drive away and see you
Cross the boulevard in the rear view mirror
Maybe you will make out the back of my head
Disappearing in the traffic
And then we will never see one another ever again
It will happen in just another minute now


II

Willow Street
Street of bitter leaves
Three generations of whores in the windows
Mother daughter grandaughter
Whose fox are you
Nobody's fox I'm a lone fox
A lone black fox a lone blue fox
Blue fox that's me
The best head on Willow Street
She's dead Helen is dead Dolores is dead
Willow Street is only an embayment
In a ten-story housing project
Willow Street is gone along with
The street of bad boys the street of bad girls
The street where the heart rests
Will they leave even a tiny alley
To name after me


III

Talk in a dark room
Birds fly into the clouded mirror
And never come back
The mirror wears out


IV

For a very long time now
I have been following a black vine
I cannot find the root
I cannot find the tip
There is a high wall of thorns
There is a thick wall of thorns
Around an unknown castle
The thorns are covered with flowers
Each flower is different
But their odor is the perfume
Of a body I have lost


V

Thousands of white scattered
Petals on the waters of hours
Moonlight music surging sea
Commonplace sentiments
heartbreaks and kisses
Singing voices and voices
Far down the misty beach
By the driftwood fires
Singing forever forever



Cinque Terre

A voice sobs on colored sand
Where colored horses run
Athwart the surf
Us alone in the universe
Where griefs move like the sea
Of the love lost
Under the morning star
Creeping down the sky
Into pale blind water
And we make love
At the very edge of the cliff
Where the vineyards end
In a fringe of ancient
Silver olive trees




Ying and Yang

It is spring once more in the Coast Range
Warm, perfumed, under the Easter moon.
The flowers are back in their places.
The birds are back in their usual trees.
The winter stars set in the ocean.
The summer stars rise from the mountains.
The air is filled with atoms of quicksilver.
Resurrection envelops the earth.
Goemetrical, blazing, deathless,
Animals and men march through heaven,
Pacing their secret ceremony.
The Lion gives the moon to the Virgin.
She stands at the crossroads of heaven,
Holding the full moon in her right hand,
A glittering wheat ear in her left.
The climax of the rite of rebirth
Has ascended from the underworld
Is proclaimed in light from the zenith.
In the underworld the sun swims
Between the fish called Yes and No.



THE THIN EDGE OF YOUR PRIDE


Poems for Leslie Smith

I


Later when the gloated water
Burst with red lotus; when perfect green
Enameled grass and tree, “I most solitary,
Boating,” rested thoughtful on the moated water;
Where the low sun spread crimson
Interstices in the glowing lotus; aware
Of the coming, deep in the years, of a time
When these lagoons and darkening trees,
This twilight sliding mirror where we have floated,
Would surge hugely out of memory
Into some distant, ordinary evening —
Hugely, in vertigo and awe.


II

Six months as timeless as dream,
As impotent . . .
You pause on the subway stairs,
Wave and smile and descend.
Was it an instant between waking
And waking,
That you smile and wave again,
Two blocks away on a smoky
Chicago boulevard?
How many dynasties decayed
Meanwhile, how many
Times did the second hand
Circumvent its dial?


III

Indigenes of furnished rooms,
Our best hours have been passed
At the taxpayers’ expense
In the public parks of four cities.
It could be worse, the level
Well-nurtured lawns, the uplifted
Rhythmic arms of children,
A bright red ball following
A graph of laughter,
The dresses of the little girls
Blossoming like hyacinths
In early August, the fountains,
The tame squirrels, pigeons
And sparrows, and other
Infinitely memorable things.


IV

Chill and abandoned, the pavilion
In Jackson Park stands like a sightless
Lighthouse beside the lake.
It is very dark, there would be no moon
Even if the night were not thickly overcast.
The wind moans in the rustic carpentry,
But the rain returns silently to the water,
Without even a hiss or a whisper.
We have the shadows to ourselves,
The lovers, the psychopathic, the lonely,
Have gone indoors for the winter.
We have been here in other autumns,
Nights when the wind stirred this inland water
Like the sea, piled the waves over the breakwater,
And onto the highway, tore apart tall clouds,
And revealed the moon, rushing dead white
Over the city.


V

The absorbent, glimmering night
Receives a solitary nighthawk cry;
Marshals its naked housefronts;
And waits.
The lights of a passing yacht
Jewel for a moment your windblown hair.
The shadows of the lombardy poplars
Tilt like planks on water.
The sea breeze smells faintly of hospitals.
Far off,
On the desert coasts of the Antipodes,
Mountains slide silently into the sea.


VI

Paradise Pond
The minute fingers of the imperceptible air
Arrange a shadow tracery of leaf and hair
About your face.
Downstream a group of Hungarians from the mill,
Stiff with unaccustomed ease,
Catch insignificant fish.
A row of brown ducklings jerks itself across the water,
Moving like furry cartridges
Into some beneficent machine gun.
We shall arise presently, having said nothing,
And hand in vibrating hand walk back the way we came.


VII

I think these squalid houses are the ghosts
Of dinosaur and mammoth and all
The other giants now long rotted from the earth.
I think that on lonely nights when we,
Disparate, distraught, half a continent between us,
Walk the deserted streets,
They take their ancient forms again,
And shift and move ahead of us
For elbow room; and as we pass
They touch us here and there,
Softly, awestruck, curious;
And then with lurching step
Close in upon our heels.


VIII

“Whether or not, it is no question now,
Of time or place, or even how,
It is not time for questions now,
Nor yet the place.”
The soft lights of your face
Arrange themselves in memories
Of smiles and frowns.
You are reading,
Propped up in the window seat;
And I stand hesitant at the rug’s edge . . .
Whether or not . . . it is no question now.
I wonder what we have done
To merit such ironic lives.
Hesitant on the rug’s edge,
I study the kaleidoscope
Before my toes, where some long
Dead Persian has woven
A cynical, Levantine prayer.


IX

After an hour the mild
Confusion of snow
Amongst the lamplights
Has softened and subdued
The nervous lines of bare
Branches etched against
The chill twilight.
Now behind me, upon the pallid
Expanse of empty boulevard,
The snow reclaims from the darkened
Staring shop windows,
One by one, a single
Line of footprints.


X

Out of the westborne snow shall come a memory
Floated upon it by my hands,
By my lips that remember your kisses.
It shall caress your hands, your lips,
Your breasts, your thighs, with kisses,
As real as flesh, as real as memory of flesh.
I shall come to you with the spring,
Spring’s flesh in the world,
Translucent narcissus, dogwood like a vision,
And phallic crocus,
Spring’s flesh in my hands.


XI

Someone has cast an unwary match
Into the litter of the tamarack woodlot.
A herd of silent swine watch the long flames
Blend into the sunset.
By midnight the fire is cold,
But long streamers of grey smoke
Still drift between the blackened trees,
And mingle with the mist and fireflies
Of the marsh.
I shall not sleep well tonight.
Tomorrow three days will have passed
Since I have heard your voice.


XII

After a hundred years have slept above us
Autumn will still be painting the Berkshires;
Gold and purple storms will still
Climb over the Catskills.
They will have to look a long time
For my name in the musty corners of libraries;
Utter forgetfulness will mock
Your uncertain ambitions.
But there will be other lovers,
Walking along the hill crests,
Climbing, to sit entranced
On pinnacles in the sunset,
In the moonrise.
The Catskills,
The Berkshires,
Have good memories.



XIII

This shall be sufficient,
A few black buildings against the dark dawn,
The bands of blue lightless streets,
The air splotched with the gold,
Electric, coming day.


XIV

You alone,
A white robe over your naked body,
Passing and repassing
Through the dreams of twenty years.

[1922-1926/1949]



Confusion
for Nancy Shores

I pass your home in a slow vermilion dawn,
The blinds are drawn, and the windows are open.
The soft breeze from the lake
Is like your breath upon my cheek.
All day long I walk in the intermittent rainfall.
I pick a vermilion tulip in the deserted park,
Bright raindrops cling to its petals.
At five o'clock it is a lonely color in the city.
I pass your home in a rainy evening,
I can see you faintly, moving between lighted walls.
Late at night I sit before a white sheet of paper,
Until a fallen vermilion petal quivers before me.




Runaway


There are sparkles of rain on the bright
Hair over your forehead;
Your eyes are wet and your lips
Wet and cold, your cheek rigid with cold.
Why have you stayed
Away so long, why have you only
Come to me late at night
After walking for hours in wind and rain?
Take off your dress and stockings;
Sit in the deep chair before the fire.
I will warm your feet in my hands;
I will warm your breasts and thighs with kisses.
I wish I could build a fire
In you that would never go out.
I wish I could be sure that deep in you
Was a magnet to draw you always home.



Floating

Our canoe idles in the idling current
Of the tree and vine and rush enclosed
Backwater of a torpid midwestern stream;
Revolves slowly, and lodges in the glutted
Waterlilies. We are tired of paddling.
All afternoon we have climbed the weak current,
Up dim meanders, through woods and pastures,
Past muddy fords where the strong smell of cattle
Lay thick across the water; singing the songs
Of perfect, habitual motion; ski songs,

Nightherding songs, songs of the capstan walk,
The levee, and the roll of the voyageurs.
Tired of motion, of the rhythms of motion,
Tired of the sweet play of our interwoven strength,
We lie in each other's arms and let the palps
Of waterlily leaf and petal hold back
All motion in the heat thickened, drowsing air.
Sing to me softly, Westron Wynde, Ah the Syghes,
Mon coeur se recommend à vous, Phoebi Claro;
Sing the wandering erotic melodies
Of men and women gone seven hundred years,
Softly, your mouth close to my cheek.
Let our thighs lie entangled on the cushions,
Let your breasts in their thin cover
Hang pendant against my naked arms and throat;
Let your odorous hair fall across our eyes;
Kiss me with those subtle, melodic lips.
As I undress you, your pupils are black, wet,
Immense, and your skin ivory and humid.
Move softly, move hardly at all, part your thighs,
Take me slowly while our gnawing lips
Fumble against the humming blood in our throats.
Move softly, do not move at all, but hold me,
Deep, still, deep within you, while time slides away,
As the river slides beyond this lily bed,
And the thieving moments fuse and disappear
In our mortal, timeless flesh.








(The Collected Shorter Poems of Kenneth Rexroth, New Directions, 1967).




KENNETH REXROTH (EE. UU., 1905-1982)

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