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septiembre 27, 2013

POEMAS DE MAY SWENSON




SANGRAR

Pará de sangrar dijo el cuchillo.
Si pudiera lo haría dijo el corte.
Pará de sangrar me hacés enchastrar de sangre.
Perdón dijo el corte.
Pará o me hundo más dijo el cuchillo.
No por favor dijo el corte.
El cuchillo no dijo no puedo evitarlo
pero se hundió más.
Si no sangraras dijo el cuchillo no tendría
que hacer esto.
Ya sé dijo el corte sangro tan fácil odio
no poder hacer nada quisiera ser cuchillo
como vos y no tener que sangrar.
Bueno dijo el cuchillo mientras tanto pará de sangrar ¿si?
Estás que das asco y cada vez más adentro dijo el corte
voy a tener que parar.
¿Paraste? dijo el cuchillo.
Creo que ya casi paré.
Primero ¿por qué tenés que sangrar? dijo el cuchillo.
Tal vez por la misma razón por la que vos tenés que hacer
lo que tenés que hacer dijo el corte.
No soporto la sangre dijo el cuchillo y se hundió más profundo.
Yo también la destesto dijo el corte ya sé no sos vos soy yo
tenés suerte de ser cuchillo tedrías que estar contento.
Demasiados cortes dijo el cuchillo son un asco
no sé cómo se aguantan entre ellos.
No se aguantan dijo el corte.
Estás sangrando otra vez.
No ya paré dijo el corte mirá cuando salís
la sangre se seca se limpia y quedás brillante de nuevo.
Si los cortes no sangraran tanto dijo el cuchillo
saliendo un poco más.
Pero los cuchillos se desafilan dijo el corte.
Todavía estás sangrando un poco dijo el cuchillo.
Espero que no dijo el corte.
Lo siento apenas una pizca.
Será una pizca pero puedo parar.
Todavía hay algo de humedad dijo el cuchillo y se hundió
un poquito pero enseguida salió otro poquito.
Lo justo no más dijo el corte.
Suficiente ahora pará ¿estás mejor? dijo el cuchillo.
Me temo que tengo que sangrar para sentir dijo el corte.
Yo no yo no tengo que sentir dijo el cuchillo ya secándose 
y volviendo a brillar.



PREGUNTA         

Cuerpo, mi casa
mi caballo, mi sabueso
qué voy a hacer
cuando te rindas

dónde voy a dormir
cómo voy a cabalgar
qué voy a cazar

adónde podré ir
sin mi montura
precipitada y ansiosa
cómo voy a saber
si adelante en el bosque
hay un tesoro o un peligro
cuando el Cuerpo mi buen
perro sabio esté muerto

Cómo será
estar en el cielo
sin techo ni puerta
con el viento por ojos

con las nubes de atuendo
¿cómo voy a esconderme?



PARANDO EN LO DE ED

Me gusta estar en tu departamento sin perturbar nada.
Como no querría mover un árbol del bosque,
ni cambiar el juego de sol y sombra en el suelo.

La mugre amarilla de la cocina tiene que estar ahí
contra el revoque blanco. Y no usé tu toalla violeta
porque me gusta el hueco que le dejaste al afeitarte.

En tu mesita de seis lados, de madera llena de marcas
misteriosas como un tablero de dardos, tomo el café
en tu taza marrón. Miro enfrente el claro

de la habitación de arriba, donde el sol se mete por los
vidrios desnudos de la ventana. Tu hamaca de Afganistán
como un capullo de tamaño humano colgado de pared a pared,
tu escritorio angosto y tu máquina de escribir

son los únicos muebles. Todas las mañanas la luz del este me empapa
donde me siente, con las piernas cruzadas, en tu pradera,
un desparramo al azar de alfombras de colores vivos. Me revuelco
como un perro o un gato, después me estiro
en el centro del color y del diseño, y escucho
abajo, el rugido distante de los camiones
en el empedrado de la calle Bethune.

Cuando abro los ojos, descubro el blanco pacífico
del cielorraso. Su superficie de capas de pintura vieja es blanca
como la luna e impenetrable, como el Mar – de la Tranquilidad.



LA PELÍCULA DE JAMES BOND

El pochoclo es grasiento y me olvidé de traer Kleenex.
Una cápsula que es una bomba adentro del estómago de un hombre

adentro de la Embajada explota. Eructos de fuego, coliflores
de lujo se agigantan en movimiento. La pantalla de 9 mts entera

es anaranjada, es carne que crepita y ladrillos que revientan,
carbonizados, hechos trizas. Desenvuelvo un Beldent y, mientras

reboto los dientes contra la goma que hace picar la lengua,
con el papel de 3 cms trato de sacarme la manteca de los dedos.

Un baño de burbujas, del tamaño de una habitación, con 14 chicas
apetecibles y asexuadas, Conogoles en top (con sus postizos rubio,

rojo, castaño, rosa, lavanda o plata enroscados y laqueados
allá arriba) friegan y entusiasman a un solo macho

cuyo pecho tiene la cantidad y la distribución exacta
de pelito enrulado. Él, nervioso, finge defender

su pudor. Su entrepierna está bajo el agua, también
fuera de cuadro – pero las 28 tetas enjabonadas y resbalosas, no.

El maquillaje no deja que las chicas parezcan desnudas. Pestañas
negras y espesas como orugas, labios exuberantes de brillo rosa

chicle, como el que masco, lentes de contacto en los ojos
casi todos azules, son réplicas de narices perfectas.

Ya me saqué casi toda la grasa y con este pedacito
de papel. Ahora lo doblo, haciéndole rayas con las uñas.




LA FORMA DE LA MUERTE

¿A qué se parece el amor? Ya conocemos
la forma de la muerte. La muerte es una nube
enorme y monumental. Al principio se levanta
un párpado del ojo de la luz:
hay un estruendo, un capullo blanco

que eructa la mandíbula del miedo,
una nube alta que se revuelve del blanco al gris
como un cerebro monstruoso que estalla y se incendia,
después se torna negra, desbordándose,
llenando todo el cielo con la ceniza del terror

y , densa, envuelve entre el mar limpio
y la luna, la cabeza verde de la tierra.
Atrapados en el capullo de su aliento que asfixia
conocemos la forma de la muerte:
la muerte es una nube.

¿ Y cómo es el amor?
¿Es una partícula?¿una estrella-
completamente invisible, más allá del microscopio y del Palomar?
¿Una dimensión inimaginada, superior a la longitud de la esperanza?
¿Es un clima hermoso y remoto que jamás nos atreveremos
a descubrir? ¿Cuál es su color? ¿y su alquimia?
¿Es una gema que puede extraerse de la tierra?
¿O dragarse del mar? ¿Puede comprarse?
¿Puede sembrarse y cosecharse?
¿Es una bestia asustadiza que hay que acechar?

La muerte es una nube
inmensa, un estruendo.
El amor es pequeño y nada estridente.
Anida en cada célula
no se puede partir.

Es un rayo, una semilla, una nota, una palabra,
un movimiento secreto de la sangre y el aire.
No es ajeno, está cerca –
en nuestra piel-
una funda para mantenernos limpios de miedo.


Bleeding

Stop bleeding said the knife
I would if I could said the cut.
Stop bleeding you make me messy with the blood.
I'm sorry said the cut.
Stop or I will sink in farther said the knife.
Don't said the cut.
The knife did not say it couldn't help it but
it sank in farther.
If only you didn't bleed said the knife I wouldn't
have to do this.
I know said the cut I bleed too easily I hate
that I can't help it I wish I were a knife like
you and didn't have to bleed.
Well meanwhile stop bleeding will you said the knife.
Yes you are a mess and sinking in deeper said the cut I
will have to stop.
Have you stopped by now said the knife.
I've almost stopped I think.
Why must you bleed in the first place said the knife.
For the same reason maybe that you must do what you
must do said the cut.
I can't stand bleeding said the knife and sank in farther.
I hate it too said the cut I know it isn't you it's
me you're lucky to be a knife you ought to be glad about that.
Too many cuts around said the knife they're
messy I don't know how they stand themselves.
They don't said the cut.
You're bleeding again.
No I've stopped said the cut see you are coming out now the
blood is drying it will rub off you'll be shiny again and clean.
If only cuts wouldn't bleed so much said the knife coming
out a little.
But then knives might become dull said the cut.
Aren't you still bleeding a little said the knife.
I hope not said the cut.
I feel you are just a little.
Maybe just a little but I can stop now.
I feel a little wetness still said the knife sinking in a
little but then coming out a little.
Just a little maybe just enough said the cut.
That's enough now stop now do you feel better now said the knife.
I feel I have to bleed to feel I think said the cut.
I don't I don't have to feel said the knife drying now
becoming shiny.


Question

Body my house
my horse my hound
what will I do
when you are fallen

Where will I sleep
How will I ride
What will I hunt

Where can I go
without my mount
all eager and quick
How will I know
in thicket ahead
is danger or treasure
when Body my good
bright dog is dead

How will it be
to lie in the sky
without roof or door
and wind for an eye

With cloud for shift
how will I hide?


 Staying At Ed's Place

I like being in your apartment, and not disturbing anything.
As in the woods I wouldn't want to move a tree,
or change the play of sun and shadow on the ground.

The yellow kitchen stool belongs right there
against white plaster. I haven't used your purple towel
because I like the accidental cleft of shade you left in it.

At your small six-sided table, covered with mysterious
dents in the wood like a dartboard, I drink my coffee
from your brown mug. I look into the clearing

of your high front room, where sunlight slopes through bare
window squares. Your Afghanistan hammock,
a man-sized cocoon
slung from wall to wall, your narrow desk and typewriter

are the only furniture. Each morning your light from the east
douses me where, with folded legs, I sit in your meadow,
a casual spread of brilliant carpets. Like a cat or dog

I take a roll, then, stretched out flat
in the center of color and pattern, I listen
to the remote growl of trucks over cobbles on
Bethune Street below.

When I open my eyes I discover the peaceful blank
of the ceiling. Its old paint-layered surface is moonwhite
and trackless, like the Sea—of Tranquillity.


The James Bond Movie

The popcorn is greasy, and I forgot to bring a Kleenex.
A pill that’s a bomb inside the stomach of a man inside

The Embassy blows up. Eructations of flame, luxurious
cauliflowers giganticize into motion. The entire 29-ft.

screen is orange, is crackling flesh and brick bursting,
blackening, smithereened. I unwrap a Dentyne and, while

jouncing my teeth in rubber tongue-smarting clove, try
with the 2-inch-wide paper to blot butter off my fingers.

A bubble-bath, room-sized, in which 14 girls, delectable
and sexless, twist-topped Creamy Freezes (their blond,

red, brown, pinkish, lavendar or silver wiglets all
screwed that high, and varnished), scrub-tickle a lone

male, whose chest has just the right amount and distribu-
tion of curly hair. He’s nervously pretending to defend

his modesty. His crotch, below the waterline, is also
below the frame—but unsubmerged all 28 slick foamy boobs.

Their makeup fails to let the girls look naked. Caterpil-
lar lashes, black and thick, lush lips glossed pink like

the gum I pop and chew, contact lenses on the eyes that are
mostly blue, they’re nose-perfect replicas of each other.

I’ve got most of the grease off and onto this little square
of paper. I’m folding it now, making creases with my nails.

The Shape of Death

What does love look like? We know
the shape of death. Death is a cloud
immense and awesome. At first a lid
is lifted from the eye of light:
there is a clap of sound, a white blossom

belches from the jaw of fright,
a pillared cloud churns from white to gray
like a monstrous brain that bursts and burns,
then turns sickly black, spilling away,
filling the whole sky with ashes of dread;

thickly it wraps, between the clean sea
and the moon, the earth's green head.
Trapped in its cocoon, its choking breath
we know the shape of death:
Death is a cloud.

What does love look like?
Is it a particle, a star -
invisible entirely, beyond the microscope and Palomar?
A dimension unimagined, past the length of hope?
Is it a climate far and fair that we shall never dare

discover? What is its color, and its alchemy?
Is it a jewel in the earth-can it be dug?
Or dredged from the sea? Can it be bought?
Can it be sown and harvested?
Is it a shy beast to be caught?

Death is a cloud,
immense, a clap of sound.
Love is little and not loud.
It nests within each cell, and it
cannot be split.

It is a ray, a seed, a note, a word,
a secret motion of our air and blood.
It is not alien, it is near-
our very skin-
a sheath to keep us pure of fear.



Versiones en castellano de Sandra Toro

MAY SWENSON (EE.UU., 1913-1989)

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