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abril 12, 2013

TRES HOTELES DE SIMIC




HOTEL INSOMNIO

Me gustaba mi cueva
con su ventana mirando a una pared de ladrillos.
Al lado había un piano
y algunas noches al mes
venía un viejo rengo a tocar
Mi cielo azul”.

Pero casi siempre había silencio.
Cada cuarto con su araña en sobretodo
cazando a su mosca con una red
de humo de cigarrillo y abstracción.
Tan oscuro
que no podía verme la cara en el espejo para afeitarme.

A las 5.00, arriba, un ruido de pies descalzos.
La “gitana” adivinadora
del local de la esquina
se levantaba a orinar después de una noche de amor.
Una vez, también, el llanto de un bebé.
Tan cerca que por un momento
creí que el que lloraba era yo.



MOTEL PARAÍSO

Habían muerto millones, inocentes todos.
Yo me quedé en mi cuarto. El presidente
hablaba de la guerra como de una poción de amor.
Los ojos se me abrían del asombro.
Mi cara en el espejo me parecía
una estampilla con dos sellos.

Vivía bien, pero la vida era horrible.
Había tantos soldados ese día,
tantos refugiados que llenaban las calles.
Naturalmente, al tocarlos con la mano
desaparecían todos.
La historia se lamía las comisuras de su boca ensangrentada.

En el canal pago, un hombre y una mujer
intercambiaban besos voraces y se arrancaban
la ropa entre ellos mientras yo los miraba
sin volumen y con la habitación a oscuras
excepto por la pantalla donde el color
tenía demasiado rojo, demasiado rosa.



HOTEL CIELO ESTRELLADO

Millones de cuartos vacíos con televisores encendidos.
Yo todavía no estaba ahí pero igual vi todo.
En pantalla el Titanic como una torta de cumpleaños hundiéndose.
Poseidón, el encargado nocturno, apagó las velas.

¿Cuánto le damos de propina al botones ciego?
A las tres de la mañana, la expendedora de chicles en el lobby vacío  
con el espejo recién rajado
es la nueva Madona con el Niño.



Versiones en castellano de Sandra Toro.

(de Hotel Insomnia, Harcourt, New York, 1992.)







HOTEL INSOMNIA

I liked my little hole,
Its window facing a brick wall.
Next door there was a piano.
A few evenings a month
a crippled old man came to play
"My Blue Heaven."

Mostly, though, it was quiet.
Each room with its spider in heavy overcoat
Catching his fly with a web
Of cigarette smoke and revery.
So dark,
I could not see my face in the shaving mirror.

At 5 A.M. the sound of bare feet upstairs.
The "Gypsy" fortuneteller,
Whose storefront is on the corner,
Going to pee after a night of love.
Once, too, the sound of a child sobbing.
So near it was, I thought
For a moment, I was sobbing myself.



PARADISE MOTEL

Millions were dead; everybody was innocent.
I stayed in my room. The President
Spoke of war as of a magic love potion.
My eyes were opened in astonishment.
In a mirror my face appeared to me
Like a twice-canceled postage stamp.

I lived well, but life was awful.
there were so many soldiers that day,
So many refugees crowding the roads.
Naturally, they all vanished
With a touch of the hand.
History licked the corners of its bloody mouth.

On the pay channel, a man and a woman
Were trading hungry kisses and tearing off
Each other's clothes while I looked on
With the sound off and the room dark
Except for the screen where the color
Had too much red in it, too much pink.



HOTEL STARRY SKY

Millions of empty rooms with TV sets turned on.
I wasn’t there yet I saw everything.
Titanic on the screen like a birthday cake sinking.
Poseidon, the night clerk, blew out the candles.

How much should we tip the blind bellhop?
At three in the morning the gum machine in the empty lobby
With its freshly cracked mirror
Is the new Madonna with her infant child.





CHARLES SIMIC ( YUGOSLAVIA/EE.UU., 1938).

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