julio 22, 2012

POEMAS DE CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE





Residuo

De todo quedó un poco.
De mi miedo. De tu asco.
De los gritos entrecortados. De la rosa
quedó un poco.

Quedó un poco de luz

atrapada en el sombrero.
En los ojos del rufián
de ternura quedó un poco
(muy poco).

Poco quedó de este polvo 

del que se cubrió 
tu zapato blanco. Quedaron pocas 
ropas, pocos velos rotos
poco, poco, muy poco.

Pero de todo queda un poco.

Del puente bombardeado,
de dos hojas de hierba,
del atado
—vacío— de cigarros quedó un poco.

Porque de todo queda un poco.

Queda un poco de tu mentón 
en el mentón de tu hija.
De tu áspero silencio
un poco quedó, un poco
en los muros enojados,
en las hojas, mudas, que suben.

Quedó un poco de todo

en el plato de porcelana,
dragón partido, flor blanca,
quedó un poco
de surco en tu frente,
retrato.

Si de todo queda un poco,

¿por qué no iba a quedar
un poco de mí? ¿en el tren
que lleva al norte, en el barco,
en los avisos del diario,
un poco de mí en Londres,
un poco de mí en todas partes?
¿En la consonante?
¿En el pozo?

Un poco queda oscilando

en la embocadura de los ríos
y los peces no lo evitan,
un poco: no está en los libros.

De todo queda un poco.

No mucho: de una canilla
cae esta gota absurda,
mitad sal, mitad alcohol,
salta esta pata de rana,
este vidrio de reloj
partido en mil esperanzas,
este cuello de cisne,
este secreto infantil…
De todo quedó un poco:
de mí; de vos; de Abelardo.
Pelo en mi manga,
de todo quedó un poco;
viento en mis orejas,
simple eructo, gemido
de víscera desconforme,
y minúsculos artefactos:
campanilla, alvéolo, cápsula
de revólver…de aspirina.
De todo quedó un poco.

Y de todo queda un poco.

Oh abrí los frascos de loción
y sofocá
el hedor insoportable de la memoria.

Pero de todo, qué terrible, queda un poco,

y bajo las olas ritmadas
y bajo las nubes y los vientos
y bajo los puentes y bajo los túneles
y bajo las llamaradas y bajo el sarcasmo
y bajo el gargajo y bajo el vómito
y bajo el sollozo, la cárcel, lo olvidado
y bajo los espectáculos y bajo la muerte escarlata
y bajo las bibliotecas, los asilos, las iglesias triunfantes
y debajo tuyo y bajo tus pies ya duros
y bajo los goznes de la familia y de la clase,
queda siempre un poco de todo.
A veces un botón. A veces un ratón.





Registro civil

Ella juntaba margaritas
cuando pasé. Las margaritas eran
los corazones de sus enamorados,
que después se transformaban en ostras
que ella engullía en grupos de diez.

Los teléfonos gritaban Dulce,
Rosa, Leonora, Carmen, Beatriz.
Pero Dulce había muerto
y las demás se bañaban en Ostende
bajo un sol neutro.

Las ciudades perdían los nombres
que un funcionario con un pájaro al hombro
iba guardando en un libro de versos.
En la última de ellas, Sodoma,
quedaba encendida una luz 
que un ángel sopló.
Y en la tierra
yo sólo oía el rumor
blando de las ostras que se deslizaban
por la garganta implacable.





Congreso Internacional del miedo

Provisoriamente no cantaremos el amor,
que se refugió más abajo de los subterráneos.
Cantaremos el miedo, que esteriliza los abrazos,
no cantaremos el odio porque no existe,
sólo existe el miedo, nuestro padre y nuestro compañero,
el miedo grande de los sertones, de los mares, de los desiertos,
el miedo de los soldados, el miedo de las madres, el miedo de las iglesias,
cantaremos el miedo de los dictadores, el miedo de los demócratas,
cantaremos el miedo de la muerte y el miedo de después de la muerte,
después moriremos de miedo
y sobre nuestras tumbas nacerán flores amarillas y temerosas.






Los muertos

En la ambigua intimidad
que nos conceden
podemos andar desnudos
delante de sus retratos.
No reprueban ni sonríen
como si en ellos la desnudez fuese mayor.





Un hombre y su carnaval

Dios me abandonó
en medio de una orgía
entre una bahiana y una egipcia.
Estoy perdido,
sin ojos, sin boca
sin dimensiones.
Las cintas, los colores, los ruidos
pasan por mí de refilón.
Pobre poesía.

El pandero bate,
está dentro del pecho
y nadie lo percibe.
Estoy lívido, tartamudo.
Novias eternas
me sonríen
mostrando los cuerpos,
los dientes.
Imposible perdonarlas
olvidarlas, incluso.

Dios me abandonó
en el medio del río.
Me estoy ahogando
peces sulfúreos
olas de éter
curvas curvas curvas
banderas de procesiones
neumáticos silenciosos
grandes abrazos largos espacios
eternamente.




Misión del cuerpo

Claro que el cuerpo no está hecho solo para sufrir,
sino para sufrir y gozar.
En la inocencia del sufrimiento
como en la inocencia del gozo,
el cuerpo se realiza, vulnerable
y solemne.

¡Salve, mi cuerpo, mi estructura de vivir
y de cumplir los ritos de la existencia!
Amo tus imperfecciones y maravillas,
las amo con gratitud, con pena y rabia alternadas.
En vos me siento dividido, campo de batalla
sin victoria para ningún bando
y sufro y soy feliz
en la medida de lo que acaso me ofrezcas.

¿Será ese mismo acaso,
será la ley de dios o del dragón
lo que me parte y reparte en pedacitos?
Mi cuerpo, mi dolor,
Mi placer y trascendencia.
Es al final mi ser entero y único.


Quiero

Quiero que todos los días del año
todos los días de la vida
cada media hora
cada 5 minutos
me digas: te amo

Oyéndote decir: te amo,
creo, en ese momento, que soy amado.
En el momento anterior
y en el siguiente
¿cómo saberlo?

Quiero que me repitas hasta el cansancio
que me amás que me amás que me amás.
De lo contrario se evapora el armazón
porque al no decir: te amo,
desmentís
apagás
tu amor por mí.

Exijo de vos el perenne comunicado.
No exijo sino eso,
siempre eso, eso cada vez más.
Quiero ser amado por y en tu palabra
no concibo otra forma más que esta
de reconocer el don amoroso,
la manera perfecta de saberse amado:
amor en la raíz de la palabra
y en su emisión,
amor
saltando de la lengua nacional,
amor
hecho sonido
vibración espacial.

En el momento en que no me decís:
te amo,
inexorablemente sé
que dejaste de amarme,
que nunca antes me amaste.

Si no me dijeras el urgente repetido
te amoamoamoamoamo,
verdad fulminante que acabás de desentrañar,
me precipitaría en el caos,
esa colección de objetos de no-amor.



Unidad

Las plantas sufren como sufrimos nosotros.
¿Por qué no habrían de sufrir
si esa es la clave de la unidad del mundo?

La flor sufre, tocada
por la mano inconsciente.
Hay una queja velada
en su docilidad.

La piedra es sufrimiento
paralítico, eterno.

Nosotros, animales, no tenemos
siquiera el privilegio de sufrir.



Paso de año


El último día del año
no es el último día del tiempo.
Otros días vendrán
y nuevos muslos y vientres van a contagiarte el calor de la vida.
Besarás bocas, romperás papeles,
harás viajes y tantas celebraciones
de aniversario, graduación, promoción, gloria, dulce muerte con sinfonía y coro,
que el tiempo quedará repleto y no escucharás el clamor,
los aullidos irreparables 
del lobo, en la soledad.


El último día del tiempo
no es el último día de todo.
Siempre queda una franja de vida
donde se sientan dos hombres.
Un hombre y su adversario,
una mujer y su pie,
un cuerpo y su memoria,
un ojo y su brillo,
una voz y su eco,
y quién sabe si hasta Dios...

Recibí con sencillez este presente del azar.
Mereciste vivir otro año.
Desearías vivir para siempre y agotar la borra de los siglos.
Tu padre murió, tu abuelo también.
En vos mismo muchas cosas ya expiraron, otras esperan la muerte,
pero estás vivo. Una vez más estás vivo,
y copa en mano
esperás el amanecer.

El recurso de embriagarse.
El recurso del baile y del grito,
el recurso de la pelota de colores,
el recurso de Kant y de la poesía,
todos ellos...y ningún resultado.

Surge la mañana de un año nuevo.
Las cosas están limpias, ordenadas.
El cuerpo gastado se renueva en espuma.
Todos los sentidos funcionan alertas.
La boca está comiendo vida.
La boca está atestada de vida.
La vida se escurre de la boca,
ensucia las manos, la vereda.
La vida es gorda, grasosa, mortal y subrepticia.





                          Versiones en castellano de Sandra Toro



Resíduo

De tudo ficou um pouco

Do meu medo. Do teu asco.
Dos gritos gagos. Da rosa
ficou um pouco


Ficou um pouco de luz

captada no chapéu.
Nos olhos do rufião
de ternura ficou um pouco
(muito pouco).


Pouco ficou deste pó

de que teu branco sapato
se cobriu. Ficaram poucas
roupas, poucos véus rotos
pouco, pouco, muito pouco.


Mas de tudo fica um pouco.

Da ponte bombardeada,
de duas folhas de grama,
do maço
- vazio - de cigarros, ficou um pouco.


Pois de tudo fica um pouco.

Fica um pouco de teu queixo
no queixo de tua filha.
De teu áspero silêncio
um pouco ficou, um pouco
nos muros zangados,
nas folhas, mudas, que sobem.


Ficou um pouco de tudo

no pires de porcelana,
dragão partido, flor branca,
ficou um pouco
de ruga na vossa testa,
retrato.


Se de tudo fica um pouco,

mas por que não ficaria
um pouco de mim? no trem
que leva ao norte, no barco,
nos anúncios de jornal,
um pouco de mim em Londres,
um pouco de mim algures?
na consoante?
no poço?


Um pouco fica oscilando

na embocadura dos rios
e os peixes não o evitam,
um pouco: não está nos livros.


De tudo fica um pouco.

Não muito: de uma torneira
pinga esta gota absurda,
meio sal e meio álcool,
salta esta perna de rã,
este vidro de relógio
partido em mil esperanças,
este pescoço de cisne,
este segredo infantil...
De tudo ficou um pouco:
de mim; de ti; de Abelardo.
Cabelo na minha manga,
de tudo ficou um pouco;
vento nas orelhas minhas,
simplório arroto, gemido
de víscera inconformada,
e minúsculos artefatos:
campânula, alvéolo, cápsula
de revólver... de aspirina.
De tudo ficou um pouco.


E de tudo fica um pouco.

Oh abre os vidros de loção
e abafa
o insuportável mau cheiro da memória.


Mas de tudo, terrível, fica um pouco,

e sob as ondas ritmadas
e sob as nuvens e os ventos
e sob as pontes e sob os túneis
e sob as labaredas e sob o sarcasmo
e sob a gosma e sob o vômito
e sob o soluço, o cárcere, o esquecido
e sob os espetáculos e sob a morte escarlate
e sob as bibliotecas, os asilos, as igrejas triunfantes
e sob tu mesmo e sob teus pés já duros
e sob os gonzos da família e da classe,
fica sempre um pouco de tudo.

Às vezes um botão. Às vezes um rato.



Registro civil

Ela colhia margaridas
quando eu passei. As margaridas eram
os corações de seus namorados,
que depois se transformaram em ostras
e ela engolia em grupos de dez.
Os telefones gritavam Dulce,
Rosa, Leonora, Carmen, Beatriz.
Porém Dulce havia morrido
e as demais banhavam-se em Ostende
sob um sol neutro.
As cidades perdiam os nomes
que o funcionário com um pássaro no ombro
ia guardando no livro de versos.
Na última delas, Sodoma,
restava uma luz acesa
que o anjo soprou.
E na terra
eu só ouvia o rumor
brando, de ostras que deslizavam,
pela garganta implacável.




Congreso internacional del miedo

Provisoriamente não cantaremos o amor,
que se refugiou mais abaixo dos subterrâneos.
Cantaremos o medo, que esteriliza os abraços,
não cantaremos o ódio porque esse não existe,
existe apenas o medo, nosso pai e nosso companheiro,
o medo grande dos sertões, dos mares, dos desertos,
o medo dos soldados, o medo das mães, o medo das igrejas,
cantaremos o medo dos ditadores, o medo dos democratas,
cantaremos o medo da morte e o medo de depois da morte,
depois morreremos de medo
e sobre nossos túmulos nascerão flores amarelas e medrosas.



Os mortos

Na ambígua intimidade
que nos concedem
podemos andar nus
diante de seus retratos.
Não reprovam nem sorriem
como se neles a nudez fosse maior.





Um Homem e seu Carnaval

Deus me abandonou
no meio da orgia
entre uma baiana e uma egípcia.
Estou perdido,
Sem olhos, sem boca
sem dimensões.
As fitas, as cores, os barulhos
passam por mim de raspão.
Pobre poesia.

O pandeiro bate
é dentro do peito
mas ninguém percebe.
Estou lívido, gago.
Eternas namoradas
riem para mim
demonstrando os corpos,
os dentes.
Impossível perdoá-las,
sequer esquecê-las.

Deus me abandonou
no meio do rio.
Estou me afogando
peixes sulfúreos
ondas de éter
curvas curvas curvas
bandeiras de préstitos
pneus silenciosos
grandes abraços largos espaços
eternamente.



Missão do Corpo


Claro que o corpo não é feito só para sofrer,
mas para sofrer e gozar.
Na inocência do sofrimento
como na inocência do gozo,
o corpo se realiza, vulnerável
e solene.

Salve, meu corpo, minha estrutura de viver
e de cumprir os ritos do existir!
Amo tuas imperfeições e maravilhas,
amo-as com gratidão, pena e raiva intercadentes.
Em ti me sinto dividido, campo de batalha
sem vitória para nenhum lado
e sofro e sou feliz
na medida do que acaso me ofereças.

Será mesmo acaso,
será lei divina ou dragonária
que me parte e reparte em pedacinhos?
Meu corpo, minha dor,
Meu prazer e transcendência,
És afinal meu ser inteiro e único.



  
Quero

Quero que todos os dias do ano
todos os dias da vida
de meia em meia hora
de 5 em 5 minutos
me digas: Eu te amo.

Ouvindo-te dizer: Eu te amo,
creio, no momento, que sou amado.
No momento anterior
e no seguinte,
como sabê-lo?

Quero que me repitas até a exaustão
que me amas que me amas que me amas.
Do contrário evapora-se a amação
pois ao não dizer: Eu te amo,
desmentes
apagas
teu amor por mim.

Exijo de ti o perene comunicado.
Não exijo senão isto,
isto sempre, isto cada vez mais.
Quero ser amado por e em tua palavra
nem sei de outra maneira a não ser esta
de reconhecer o dom amoroso,
a perfeita maneira de saber-se amado:
amor na raiz da palavra
e na sua emissão,
amor
saltando da língua nacional,
amor
feito som
vibração espacial.

No momento em que não me dizes:
Eu te amo,
inexoravelmente sei
que deixaste de amar-me,
que nunca me amastes antes.

Se não me disseres urgente repetido
Eu te amoamoamoamoamo,
verdade fulminante que acabas de desentranhar,
eu me precipito no caos,
essa coleção de objetos de não-amor.


Unidade

As plantas sofrem como nós sofremos.
Por que não sofreriam
se esta é a chave da unidade do mundo?
A flor sofre, tocada
por mão inconsciente.
Há uma queixa abafada
em sua docilidade.
A pedra é sofrimento
paralítico, eterno.
Não temos nós, animais,
sequer o privilégio de sofrer.




Passagem do ano

O último dia do ano
não é o último dia do tempo.
Outros dias virão
e novas coxas e ventres te comunicarão o calor da vida.
Beijarás bocas, rasgarás papéis,
farás viagens e tantas celebrações
de aniversário, formatura, promoção, glória, doce morte com sinfonia e coral,
que o tempo ficará repleto e não ouvirás o clamor,
os irreparáveis uivos
do lobo, na solidão.

O último dia do tempo
não é o último dia de tudo.
Fica sempre uma franja de vida
onde se sentam dois homens.
Um homem e seu contrário,
uma mulher e seu pé,
um corpo e sua memória,
um olho e seu brilho,
uma voz e seu eco,
e quem sabe até se Deus...

Recebe com simplicidade este presente do acaso.
Mereceste viver mais um ano.
Desejarias viver sempre e esgotar a borra dos séculos.
Teu pai morreu, teu avô também.
Em ti mesmo muita coisa já expirou, outras espreitam a morte,
mas estás vivo. Ainda uma vez estás vivo,
e de copo na mão 
esperas amanhecer.

O recurso de se embriagar. 
O recurso da dança e do grito,
o recurso da bola colorida,
o recurso de Kant e da poesia,
todos eles... e nenhum resolve.

Surge a manhã de um novo ano.
As coisas estão limpas, ordenadas.
O corpo gasto renova-se em espuma.
Todos os sentidos alerta funcionam.
A boca está comendo vida.
A boca está entupida de vida.
A vida escorre da boca,
lambuza as mãos, a calçada.
A vida é gorda, oleosa, mortal, sub-reptícia.


 






 
CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE (BRASIL, 1902-1987)