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abril 22, 2012

POEMAS DE TOM MAVER

Foto: Juan Christensen


La soledad siguiendo
GARCILASO DE LA VEGA


EN CAMINOS despejados me atraso sin remedio
y llego a mi casa siempre después de mí
como a un lugar donde no queda nadie. 

Tropiezo con cosas que ya no están,
por todas partes choco con la distancia que se abre
entre nosotros, con armarios que quedaron cerrados.
Los ecos de las charlas que todavía recuerdo
son sobre viajes que se llevan a los que hablan
y peparativos que hace uno solo.

Apenas te fuiste, borré cada huella tuya
para no ver adonde iría la siguiente.
Fuí, uno por uno, deshaciendo todos tus abandonos
hasta desorientarme y no tener cómo seguirte.

Pero ahora resulta que cuando piso
donde alguna vez borré los rastros de tu partida
vuelvo a tropezar con algo que quedó de vos
y que se sigue yendo de donde ya no estás.



MUDANZAS

1

Hay una madre gritándole a su hijo.
Hay un portazo, un gemido, dos silencios.
Los pasos de un viejo en el pasillo
marcan el tiempo, más que los ruidos del ascensor.
Un teléfono inconsolable suena
en un departamento donde nadie quiere atenderlo.
Alguien tira la basura como si de algo se salvara.


2

Poco va quedando de mí.
En cada mudanza
dejo algo atrás, a veces con olvido,
a veces con algo de solemnidad.

Y me instalo apenas
como polvo sobre un piso sin amueblar
listo pra cuando sea el momento
de dejar mi nueva casa.

Pero hay veces que tardo en irme
y como ropa en un cajón, me acumulo,
empiezo a vivir casi sin enterarme, 
tapo las humedades, pinto, traigo una cama.

Para cuando llega la señal de que debo partir,
limpio en serio, ordeno, barro y , si hace falta
cambio las cosas de sitio
para ver si acaso éste se parece, si puede haber sido
aquel sitio que no quise dejar la primera vez.


3

¿Dónde estoy?
Hace tanto frío y estoy inquieto.
Me pareció escuchar un llamado,
ruidos, quizá alguien que se fue.
Si es así, hace bien, acá nadie es bueno,
todos se van y no tengo con quien hablar.
Pero suena el teléfono y temo
que sean los de la compañía para avisarme
que cortarán la línea por falta de pago.
Es cierto que tampoco estoy al día con las expensas
y me miran raro en las reuniones de consorcio
que no puedo eludir por algún motivo,
y cuando me alejo por el pasillo
hablan con tanta pasión mal de mí
que casi me pone contento su entusiasmo.

Con el tiempo me fueron sacando los muebles
como forma de pago, luego la ropa,
los electrodomésticos, y así
llegué a sentir que de algún modo
yo también me mudaba, muy a pesar mío,
que mi casa era otra: una cada vez
más espaciosa, más fría, es cierto,
pero debo decir que con más luz.




ESTAS PIEDRAS dispersas
¿qué fueron: una muralla,
una columna, una estatua griega?

No sé qué dicen.
Hablan diferentes lenguas
al responder de dónde vienen
las partes de mi corazón.

Me asusta 
que en su desvarío
llegue un punto en que empiezan
a hablar cuerdamente
acerca de su locura.
No razonan en su pasión
sino que apasionan su razonamiento
hasta velar las explicaciones

Yo sigo el curso sacudido 
de sus desacuerdos porque me sirve
para descifrar lo que en verdad piensan
 acerca de cuando estaban unidas
y yo aún sabía lo que pasaba en mi corazón.




HABLARTE mientras dormís
es lo más parecido que conozco
a escribir un poema.

Sujetada a tu respiración, amagás
con irte, con quedarte.

Es como si no estuvieras del todo
y esa suerte de intermitencia
me va guiando en lo que digo.

Paso la mano por tu cuerpo
y se hunde en el puente
que atraviesa de ayer a hoy
y te pierdo y te sigo en el pasaje.

¿Qué se oye, qué dirección 
toma ese largo devaneo?

Las frases te acarician el cuerpo,
te tapan y sin querer te olvidan
en su afán de acomodar
el rasgueo de tu respiración
al tono oscuro de mi voz.

¿Qué le hace a uno alargar más
y más la declaración, hasta casi sabotearle
lo poco que tiene que decir
para quedarse revoloteando
alrededor del silencio como
de un fuego que mantiene despierto
al enamorado de las palabras?

¿Qué duración, qué soledad
atraviesa el insomne
con la sospecha de que, quizá, no esté solo
en la inmensa noche?

Es posible que más tarde 
llegue de algún lugar
inexistente para mí
y sin terminar de abrir los ojos
estire la mano, diga alguna cosa
y yo, del lado del día, 
en medio de la nada, la oiga mansamente.



(de "Yo, la incesante nieve", Huesos de Jibia. Buenos Aires, 2009)



TOMÁS MAVER (ARGENTINA, 1985)

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