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febrero 04, 2012

POEMAS DE EFRAÍN BARTOLOMÉ


Foto: Guadalupe Belmontes Stringel



Invocación


Lengua de mis abuelos   habla por mí
No me dejes mentir
No me permitas nunca ofrecer gato por liebre
sobre los movimientos de mi sangre
sobre las variaciones de mi corazón


En ti confío
En tu sabiduría pulida por el tiempo
como el oro en pepita bajo el agua paciente del claro río


Permíteme dudar para creer:
permíteme encender unas palabras para caminar de noche


No me dejes hablar de lo que no he mirado
de lo que no he tocado con los ojos del alma
de lo que no he vivido
de lo que no he palpado
de lo que no he mordido


No permitas que salga por mi boca o mis dedos una música falsa
una música que no haya venido por el aire hasta tocar mi oreja
una música que antes no haya tañido
el arpa ciega de mi corazón


No me dejes zumbar en el vacío
como los abejorros ante el vidrio nocturno


No me dejes callar cuando sienta el peligro
o cuando encuentre oro


Nunca un verso   permíteme insistir
que no haya despepitado
la almeja oscura de mi corazón


Habla por mí   lengua de mis abuelos
Madre y mujer


No me dejes faltarte
No me dejes mentir
No me dejes caer
No me dejes
No.






Reina del lodo


Tira tu tarascada sobre mi muslo
Hembra del jabalí


Que tus colmillos partan carne y trocen huesos
Que sieguen esta sangre tan dormida


¿A qué sabe la luz?
¿A qué la sombra?


Traga todo mi infierno     bestia oscura


Tus perros negros ladraron contra mí toda la noche


Mordisqueaste los belfos del caballo


Ensayé trinos con mi lengua
pero los puercos se alimentaron con pájaros crudos
(Aún puedo ver pequeñas plumas en tu boca roja)


Soy tu espejo    oh maligna
Tu belleza pasmaba y hacía llorar
mas tu gemela oscura desenroscóse
del negro aliento de la Gorgona


He aquí mi muslo    Hembra del jabalí:
tira tu tarascada.


Luego échate a dormir entre las palomas descuartizadas
Entre la sangre seca y los huesos de los muertos.


Ronca.






Cielo y tierra


Y las aguas de Arriba amaron a las de Abajo
y eran las aguas de Abajo femeninas
y las de Arriba masculinas...




¿Has oído, amada?


Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Tú eres el lecho de los ríos y el asiento del mar
y el continente de las aguas dulces
y el origen de las plantas
y de los tiernos o duros o feroces animales
de pluma o pelo o sin pluma ni pelo


Yo soy la lluvia que te fertiliza


En ti se cuecen las flores y los frutos
y en mi el poder de fecundar


¿Has oído, amada?


Nuestro lecho es el Universo que nos contiene


¿Has oído bien?


Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo
Y mi amor se derrama sobre ti como la lluvia
o como una cascada que cae del sol
rompiendo entre nubes como entre peñascos
y entre los colores del arco iris y entre las alas de los ángeles
como entre las ramas espesas de una vegetación inverosímil


Tú eres la Tierra y yo soy el Cielo


¿No lo escuchas?


Y aunque digas que sí
tal parece que no porque ahora Tierra
cabalgas sobre mí (en el lecho que es el Universo)
y eres tú el Cielo y tu amor se derrama sobre el mío
como una lluvia fina


Y yo era la Tierra hasta hace unos instantes pero ya no lo sé
porque hemos girado y descansamos sobre nuestro costado
y los dos somos Tierra durante unos minutos deleitosos


Y ahora estoy de pie con los pies en la tierra y los ojos en el cielo
y tú no eres ni Tierra ni Cielo porque te hago girar
con los muslos unidos ferozmente a mi cintura
y eres el ecuador o yo soy el planeta Saturno
y tú eres los anillos que aprendimos en la escuela
y giras


Y ahora somos Cielo los dos y volamos
elevándonos más allá del Universo


Y en lo más alto del vuelo algo estalla en nosotros y caemos
vencidos por la fuerza de nuestro propio ecuador que se ha quebrado
Pero seguimos siendo Cielo aunque yazgamos en tierra


Derrumbados en tierra pero Cielo


Tierra revuelta y dulce pero Cielo


Cielo vencido cielo revolcado pero Tierra
Pero Cielo.






El oro más pulido


Cada vez que le descubro a mi mujer un gran poeta
y la convenzo con mi entusiasmo y mi memoria y mi alegría
y ella lo lee y lo nombra y lo disfruta
arde mi corazón con unos celos miserables


¿Por qué se me adelanta ese canalla?
¿Por qué escribió los versos que yo pude escribir
si acaso el tiempo    el mundo    el improbable azar...?


¿Por  qué?


Y me pongo a sufrir largos minutos sintiendo como ortiga por dentro
mientras ella recuerda o cita o pronuncia en voz alta
los versos    las imágenes    el oro musical que yo le convidé


Y me arrepiento de haber puesto en sus ojos
de haber puesto en su alma
un rival que  (¡afortunadamente! dice el lado egoísta de mi corazón)
ya está muerto o ya es muy viejo o vive en un país tan lejano
o no habla nuestra lengua


Pero pasan los días
y no puedo dejar de poner en su alma
una nueva ración del oro más pulido del espíritu humano
Porque a pesar del vidrio molido de mi resentimiento
¿cómo podría ofrecer a mi amada
un manjar menos rico
una mesa más pobre
unos enclenques versos tartamudos o sosos?


Y me pongo a sufrir otros largos minutos...


Luego todo se aclara
y me siento más santo por el resto del día.






Muchacha en Seaport Village


Yo bebía sambuca en el muelle de San Diego
cuando la joven negra entró en mis ojos


Café y sambuca le brindé (¿sin darme cuenta?)


                                                    Ella aceptó


Café y sambuca la muchacha negra:
la lengua dulce de la muchacha negra frente al mar


Eran las ocho de la noche
y el sol aún no se hundía:
yo me hundí en la muchacha y en el infierno


En la pequeña plaza la ninfa blanca de la fuente


Un barco
               una montaña
                                    un velero amarillo:


Seaport Village reunió todo el azul del mar
y lo puso a secar


En el Oriente ardía la Luna llena y en el Poniente el Sol:
equilibrio perfecto:
el desequilibrado era mi corazón


Tenía un vestido blanco ciñéndole la piel
como otra piel sobre la negra piel
que le ceñía el alma


Yo medí palmos de alma en su cadera
y recorrí con mi lengua más dulce su línea ecuatorial


Negra de belleza brutal y espesos ojos abismales


Qué prodigio aquel Dios amasando esas nalgas
con tan humana inspiración


Divino pan
cocido con harina africana y americano sol


Todo para las manos del mexicano anónimo
tocado por la sal por el mal
herido por la lanza pánica del amor ocasional


          No era posible más negrura
          mas sus areolas fueron aún más negras
          y la negrura se reconcentró
          en el carbonizado pezón
          altivo
          rabiosamente vivo
          coronando la más humana flor


          Su bosque despertó
          con el rocío interno del Deseo
          y se abrió
          como una roja flor bajo la lluvia


          Se hundió mi corazón en tinta negra


          Se hundió mi corazón en el blues de sus ojos.












Siempre!


De niño    cuando a mi pueblo                                                  
todo llegaba por avión                                                      
o a lomo de caballo                                                          
entre la lluvia la noche el lodazal la selva                                
mi padre reposaba leyendo una por una                                        
las páginas hermosas de la revista Siempre!    
                            
Yo aún no había tomado ni caballo ni avión para conocer México              
México era el país y su espejo era Siempre!                                  
Lo importante de México pasaba por esas páginas en sepia                    
que leíamos con mala luz eléctrica        
                                
Ahí aprendí a leer el rostro múltiple de la patria                          
bajo la mano sabia por apenas visible                                        
de mi joven padre en sus treinta                
                           
Este es el doctor Atl me dijo un día cuando el pintor murió                  
y su noble barba ennobleció la portada de Siempre!                          


Y yo veía los rostros de Leduc   Gómez Arias   Domingo                          
y Suárez   Alvarado   Gutiérrez y González                                      
Zabludovsky   Pagés   García Naranjo...                                          
y deletreaba el nombre de la patria                                          
como si fuera el rojo corazón del planeta          
                         
Todo esto me brota en la memoria ahora                                      
justo ahora    en que mi foto sale en la revista                                
y se habla bien de mí como del hombre limpio que mi padre soñó              
y se honra en mí al poeta que    con seguridad    mi padre no soñó                
Se habla de su hijo: uno que pudo hacer que sus palabras fueran puras...      
                   
Y yo algún día soñé    y si no lo soñé hubiera querido                          
que mi padre encontrara esos artículos donde se habla de su hijo            
hojeando una por una las páginas de Siempre!                                
que treinta años después sigue llegando al pueblo                            
por vías menos ásperas mucho menos hermosas                                  
que el lomo de un caballo                                                    
o las alas de un avión sobre el follaje espeso      
                       
Pero mi padre nunca podrá ver esas páginas:                                  
la luz ha abandonado sus ojos para siempre  
                               
Aunque ahora tengamos en el pueblo tan buena luz eléctrica.








Homenaje


Ella llamó para decir "te quiero" antes de ir y enclaustrarse                
Eran las once a.m. y el sol prendió su corazón rabioso y lo untó en las paredes
"Le das un beso" dijo en la despedida                                        
Yo se lo di                                                                  
En la boca en los dientes en la lengua en la saliva y en el alma            
Y nos pusimos a recordar la noche en que bailaba                            
desnuda                                                                      
bendiciendo la casa con la piel                                              
untando su deseo en el aire nocturno                                        
electrizada el alma                                                          
lamido el albo cuerpo por una vela roja                                      
cerrando un solo nudo ciego                                                  
chupando espíritu médula tuétano de Dios                                    
en cada húmeda oquedad                                                      
en cada prominencia donde brillaba la Delicia hasta engendrar temblor y herida
caídos en el río del Amor                                                    
amándonos con uñas y con dientes                                            
con locos labios                                                            
con el hongo encendido de las lenguas                                        
hozando nuestro más luminoso lodo terrenal                                  
nuestra carne encendida y floreciendo                                        
y el polvo que seremos algún día              
                            
Hace ocho días nos herimos el alma de rojo amor
                            
Hace ocho noches dimos cuenta del cielo                                      
y nos quedó pequeño      
                                                   
Hace ocho tardes que engendramos dioses                                      
bajo la mirada del gran Pan                                                  
y la amorosa envidia de los mejores hombres                                  
que nos miraban desde los libreros    
                                     
"Le das un beso" dijo antes de enclaustrarse  
                            
Y la Memoria se encendió:                                                    
cuatro dulces pezones se rozaron                                            
y cuatro pechos se chafaron                                                  
y mis dedos volaron sobre los talles ágiles                                  
y los ombligos se buscaron                                                  
los muslos se enlazaron                                                      
los brazos se abrasaron                                                      
en un estrecho círculo hermoso y desordenado        
                       
Los ojos destellaron fulgor y miel celeste    
                            
Y la golosa gula de mis manos                                                
                                                mil                                                                          
                                                       acariciando la blanquísima grupa                                            
y otras mil                                                                  
                  el peso dulce de los pechos morenos  
                                      
Y las dos cabelleras flotaron y volaron                                      
y bajaron hasta tocar mi rostro agradecido    
                             
Y la blancura fue más blanca                                                
y el negror más intenso                                                      
Y vi los dos perfiles frente a frente:                                      
los cuatro labios en flor:                                                  
la húmeda corola ante su espejo mágico  
                                  
Y las tres lenguas lúbricas                                                  
anudamos con lentitud pasmosa el Homenaje    
                               
Y la Diosa sonrió                                                            
mientras caíamos hasta lo hondo del Sueño.








Los dones


Todo me lo ha dado la Poesía:                                                
el paisaje, la Luna, los vientres de las hembras más hermosas                
dulcemente paridas por el húmedo vientre de la patria.
                     
Todo me lo ha obsequiado:                                                    
la música más honda de la Música                                            
y las huellas de oro                                                        
en el ojo de oro de la Imaginación.  
                                       
Todo me lo ha ofrecido la Poesía.                                            
Incluso las arterias del Tiempo                                              
y el sentido del mundo (Ah... el sentido del mundo):                        
Nacimiento, Vida, Muerte, Amor                                              
y Permanencia.        
                                                     
Todo me ha regalado la Poesía:                                              
la Tierra, el Agua, el Fuego, el Viento,                                    
la Mujer.    
                                                              
Ya apestaba el cadáver de la Razón.                                          
Ya perfumaba el aire                                                        
el azahar de la Poesía                                                      
que me ha brindado todo:                                                    
mis bienes terrenales                                                        
y el hambre que ha crecido                                                  
en el hombre que soy.  
                                                     
Todo me lo ha otorgado:                                                      
la manzana y el membrillo,                                                  
la sal y el ácido,                                                          
el bálsamo y la herida,                                                      
el ojo y el paisaje,                                                        
el olfato y el café.                                                        
Mi admiración por el Águila                                                  
y mi agradecimiento a la Lombriz
                                           
Todo me lo dio la Poesía:                                                    
el sol, las flores, el silencio y la lluvia.                                
Y yo no supe qué hacer con todo aquello                                      
además de asombrarme.                                                        
Y cantar.                                                                    
Y agradecer.






Trozos de sol


La tempestad ha comenzado a grabar su nombre sobre el polvo.




Tengo hambre, tengo dolor, tengo tristeza,
tengo un deseo profundo de confundirme con el mar,
de integrarme a la piedra,
de perderme en el aire podrido de la ciudad.


Quiero tocar la fuente del rayo.


He visto la luz postrada.


He visto sonrisas para estrangular.


He visto una flor roja en la sien del Enemigo.


Sé bien que la Mujer, viendo hacia atrás,
alcanza a ver más lejos hacia adelante.


Lo sé bien: una mujer desnuda
hace brotar un dios en cualquier miserable.


Al pie de un cerro cruel
hay una piel colgando de un árbol espinoso:
alguien sube a ofrendarse para glorificar tu nombre, oh Diosa.


Un día me dio por escuchar los ruidos de la noche.


Por eso estoy aquí.
Miradme: desolado.
Una ele nomás y heme aquí: desollado.


He soñado.


Sueño que una soberbia estrella de diamante quema mi corazón.


Sueño en caer.
Sueño una lenta noche precipitándose conmigo
hasta la boca del Infierno.
Hasta la última roca desolada.


Soñé que mi corazón era mi Madre.
Soñé que mi cerebro era mi Padre.
Soñé que mi mujer era la Noche.
Mi hermana era la Muerte.
Mi corazón oscuro era el Viento del Sur.


Por eso pude alimentar el día.


Por eso tengo el corazón deshilachado. (Altura, Madre, Altura!)


Por eso arrojo estos poemas al crepúsculo:
trozos de sol,
como monedas sucias.






Fulgor de mediodía




En el día más limpio la muchacha me llama                                    
"Estoy desnuda frente a la ventana"                                          
dice su tenue voz            
                                              
(La miro recostada ante el brillo de la luz:                                
ante los trinos de los pájaros que visitan el pequeño jardín                
y que no puede oír detrás del vidrio donde estallan destellos.)    
         
"Tengo mi mano izquierda sobre el pecho: lo acaricio".
                    
Le pido que acomode el teléfono en su hombro                                
y que coloque la otra mano sobre su rosa crespa        
                     
Su gemido responde          
                                               
"Me estoy tocando" dice                                                      
"Siento pena"        
                                                      
Yo insisto en que me obsequie su pena y su deseo        
                   
Oigo el silencio                                                            
Luego se inunda el cable telefónico de gemidos                              
quejidos    dulces sollozos    cálidos lamentos                                    
respiración alterna: pareja y delicada   entrecortada y áspera                
Luego un corto chillido o una nota de llanto
                                                       
Oigo                                                                        
un suspiro final                                                            
y el aletargamiento de su lengua                                            
y sus guturaciones    
                                                     
Vierte                                                                      
sobre las doce horas del día inerme                                          
su líquido    su miel    su jugo más brillante                                    
Se inundará de luz el cable telefónico                                      
la red entera    la nervadura oculta de la ciudad monstruosa      
             
Habrá miel en la voz de las mujeres plenas                                  
Respingarán las leves columnas vertebrales de las adolescentes              
con un inesperado escalofrío                                                
Habrá erecciones repentinas en los hombres de todas las edades:              
súbitos estremecimientos en los niños pequeños                              
perturbadoras sacudidas de excitación en las ingles juveniles                
vaga satisfacción en la sonrisa                                              
y un fulgor libertino en la mirada de los viejos    
                       
"¿Me has sentido?" pregunta su voz tierna      
                             
Yo palpo mi dureza          


Oigo mi ancha respiración                                                    
en el quebrado silencio del mediodía                                        


"Siento pena" murmura
                                                      
Pero escucho su orgullo                                                      
restregándose eléctricamente con el mío          
                           
Aquí                                                                        
el único avergonzado                                                        
es el sol.






El huracán


El sol de los días antiguos                                                  
brilla como oro viejo en los muros gastados de la Memoria
                  
El sabio azar diseña sus caminos con dedo caprichoso
                       
Me hubiera gustado escribir para ti odas de fuego                            
capaces de lograr que la Tristeza se avergonzara                            
con la gracia de las muchachas antiguas                                      
cuando eran atrapadas en una falta menor
                                   
Hubiera querido escribir para ti                                            
                                                con mano torpe                                                              
los primeros poemas de soso deslumbramiento adolescente      
               
Mas todo estuvo en manos del cuidadoso azar  
                               
Ahora que llueve                                                            
Ahora que la Historia está durmiendo                                        
Ahora que me visito a mí mismo y puedo ver mi habitación más íntima          
me pregunto y me contesto                                                    
¿Me habría gustado?                                                          
Sí                                                                          
Me habría gustado                                                            
El día —pesado como un buey—                                                
muele las horas en su hocico babeante                                        
A lo lejos —no mucho— el relente del mar gris o verdoso                      
surcado por las olas                                                        
que golpean de frente la carcomida línea de la playa                        
Y el horizonte                                                              
atravesado por los autos veloces                                            
que se hunden como balas enormes acribillando el malecón                    
¿Estás ahí?                                                                  
¿Estás del otro lado del horizonte donde creo que estás?                    
¿Y si no fuera cierto que existes, que te he visto,                          
que he tocado tu carne y que he sentido tu sofocado aliento                  
gimiendo entrecortadas palabras de pasión y veneno?                          
¿Y si no fuera cierto que soñamos,                                          
que planeamos la Huída hacia la isla, hacia el furor, hacia la tempestad?    
Recordarás mis palabras de aquella tarde casi de despedida:                  
cuando te quieras ir no tienes más que decirlo sonriendo dulcemente:        
yo sabré bendecir el aletazo de Dios sobre mi vida                          
Si todo fuera una ilusión                                                    
y más allá del huracán que violentó las casas de los pobres                  
no hubiese nada más no importa nada                                          
El poema está aquí y ha valido la pena esta lenta muerte                    
: tanta verdad hay en el Sueño                                              
: una verdad que no logran tapar                                            
las cortinas raídas del insomnio y la lluvia                                
Ahora                                                                        
los vientos que desgarran el farallón                                        
entran con menos fuerza en la calma feliz de la bahía                        
Las blancas construcciones que coronan la loma                              
parecen levitar entre las palmas                                            
Todo está en calma esperando otra vez el huracán                            
menos mi corazón mordido por tu imagen                                      
: estrujado y ajado en las manos tornátiles del loco Amor                    
A lo lejos                                                                  
en los cerros del sur                                                        
el viento tiembla                                                            
La columna de humo se adelgaza                                              
Los pelícanos trazan su lento signo negro contra el cielo                    
El verde mar lame con blanca lengua el vientre rubio de la playa            
Un rayo de sol rompe las densas nubes                                        
Ilumina y blanquea el fosco farallón                                        
: a sus pies se enternece la espuma                                          
Se aduermen los pelícanos en su pesado vuelo                                
abandonados al arbitrio del viento                                          
De repente las ráfagas: ramalazos de viento y lluvia espesa                  
Todo se enturbia                                                            
Oigo el bramido bruto del torvo mar: veo las olas perfilando su cresta      
He olvidado las ciudades donde jamás estuviste conmigo                      
: las ciudades donde ya no estaremos                                        
El Huracán apunta hacia mi corazón                                          
Ya viene.





















EFRAÍN BARTOLOMÉ (MÉXICO,  1950)





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