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julio 21, 2011

POEMAS DE AIMÉ CÉSAIRE


Sol serpiente

Sol serpiente ojo fascinando a mi ojo
y la mar piojenta de islas chascando los dedos de rosas
    lanzallamas y mi cuerpo intacto de fulminado
el agua exalta los cascos de buques de luz perdidos 
    en la garganta sin gloria
de los torbellinos de témpanos que aureolan el corazón 
    humeante de los cuervos
nuestros corazones
es la voz de los rayos amansados girando en sus goznes 
    de hendijas
transmisión de anolis al paisaje de vidrios quebrados 
    son las flores vampiros en relevo de orquídeas
elíxir del fuego central
fuego justo fuego mango de noche henchido de abejas 
mi deseo un azar de tigres sorprendidos en los azufres 
pero el despertar estañoso se dora con los infantiles 
yacimientos
y mi cuerpo de guijarro comiendo pescado comiendo
    palomas y sueños
el azúcar de la palabra Brasil en el fondo de la ciénaga.


Las armas milagrosas

El violento machetazo del placer rojo en plena frente había 
    sangre y ese árbol llamando flamboyán flamígero y al que 
    nunca le queda tan bien ese nombre como en vísperas de 
    ciclón y de ciudades saqueadas la nueva sangre la razón 
    roja todas las palabras que en todas las lenguas significan 
    morir de sed y sólo cuando el morir tenía el sabor del pan 
    y de la tierra y la mar un sabor de antepasado y ese pájaro 
    que me grita que no me rinda y la paciencia de los alaridos 
    en cada recodo de mi lengua

(la arcada más bella y que es un chorro de sangre
la arcada más bella y que es una ojera lila
la arcada más bella y que se llama noche
y la belleza anarquista de tus brazos en cruz
y la belleza eucarística que llamea de tu sexo en cuyo nombre 
    saludaba yo el embalse de mis labios violentos)

había la belleza de los minutos que son joyas con rebaja del 
    bazar de la crueldad el sol de los minutos y su lindo hocico 
    de lobo que el hambre saca del bosque la cruz roja de los 
    minutos que son las murenas camino de los viveros y las 
    estaciones y las fragilidades inmensas de la mar que es un 
    pájaro loco clavado muerto sobre el portón de las tierras 
    cocheras y había hasta el pavor tales como el relato de julio 
    de los sapos de la esperanza y de la desesperanza limpios de 
    astros por encima de las aguas allá donde la fusión de los 
    días que garantiza el bórax justifica las veladoras gestantes 
    las fornicaciones de la hierba que no hay que contemplar 
    sin cautela las cópulas del agua reflejadas por el espejo de 
    los magos los animales marinos para atrapar en la cuenca 
    del placer de los asaltos de vocablos con todas las cañoneras    
    humeantes para festejar el nacimiento del heredero 
    varón en instancia paralela con la aparición de las praderas 
    siderales en la vertiente de la bolsa de los volcanes 

escolopendra escolopendra
hasta el párpado de las dunas sobre las ciudades prohibidas 
    azotadas por la cólera de Dios
escolopendra escolopendra
hasta el desastre crepitante y grave que arroja las ciudades 
    enanas contra la cabeza de los caballos más fogosos cuando 
    en plena arena levantan
su tenebrario sobre las fuerzas desconocidas del diluvio
escolopendra escolopendra
cresta cresta cimacio revienta olas en sable en caleta 
    en aldea
dormido sobre sus piernas de pilotes y de safenas de agua 
    cansada
en un momento se producirá la derrota de los silos olfateados 
    de cerca
el azar rostro de pozo de condotiero ecuestre con charcos 
    artesianos y las cucharillas de los senderos libertinos a 
    modo de armadura
rostro de viento
rostro uterino y lémur con dedos ahuecados en las monedas 
    y la nomenclatura química
y la carne invertirá sus grandes hojas de plátano que el viento 
    de los tugurios fuera de las estrellas que señalan la marcha 
    hacia atrás de las heridas de la noche hacia los desiertos de 
    la infancia hará como si leyera
en un momento habrá sangre vertida donde las luciérnagas 
tiran de las cadenillas de las lámparas eléctricas para la 
    celebración de las compitales
y las chiquilladas del alfabeto de los espasmos que traza las 
    grandes cornamentas de la herejía o de la connivencia
habrá el desprendimiento de los trasatlánticos del silencio 
    que surcan 
día y noche las cataratas de la catástrofe en torno a las sienes 
    duchas en trashumaciones
y la mar retraerá sus minúsculos párpados de halcón y tú 
    tratarás de asir el instante el gran feudatario recorrerá su 
    feudo a la velocidad del oro fino del deseo por las rutas 
    de neuronas observa bien si el pajarillo no ha tragado la 
    estola de gran rey atónito en la sala pletórica de historias 
    adorará sus manos pulquérrimas sus manos levantadas 
    en el rincón del desastre entonces la mar calzará otra vez 
    sus zapatillas acuérdate de cantar para no apagar la moral 
    que es la moneda obsidional de las ciudades privadas de 
    agua y de sueño entonces la mar se sentará a la mesa muy 
    suavemente y los pájaros cantarán muy suavemente en las 
    básculas de la sal la canción de cuna congoleña que la 
    soldadesca me ha hecho olvidar pero que la mar muy piadosa 
    de las cajas craneanas conserva en sus folios rituales

escolopendra escolopendra

hasta que las correrías a caballo anden de juerga por los 
    prados salinos de abismos con el murmullo humano rico 
    de prehistoria en los oídos

escolopendra escolopendra

mientras no alcancemos la piedra sin dialecto la hoja sin 
    torreón el agua frágil sin fémur el peritoneo seroso de las 
    noches del manantial


Entre otras matanzas

Con todas sus fuerzas el sol y la luna se estrellan
los luceros caen como testigos demasiado maduros
y como una lechigada de ratones grises

no temas nada prevé tus crecidas aguas
que si bien se llevan la ribera de los espejos

han salpicado lodo en mis ojos
y veo veo terriblemente yo veo
que de todas las montañas de todas las islas
sólo restan los pocos dientes cariados
de la impenitente saliva de la mar


Blues de la lluvia

Aguacero
bello músico
al pie de un árbol desvestido
entre las armonías perdidas
cerca de nuestras desencuadernadas memorias
entre nuestras manos de derrota
y pueblos de extraña fuerza 
dejamos colgar nuestros ojos
y naciente
desenrollando el cordón de un dolor
sollozamos.



Traducción al castellano de José Luis Rivas



Cuaderno de un retorno al país natal (Frag.)


   Y he aquí que de pronto fuerza y vida me acometen como un toro y la onda de vida rodea la papila del morro, y aquí están todas las venas y vénulas atareadas en la sangre nueva y el enorme pulmón de los ciclones que respira y el fuego atesorado de los volcanes y el gigantesco pulso sísmico que lleva el compás de un cuerpo vivo en mi firme incendio.

   Y ahora que estamos de pie, mi país y yo, con los cabellos al viento y mi pequeña mano ahora en su puño enorme y la fuerza no está en nosotros sino por encima de nosotros, en una voz que barrena a la noche y a la audiencia como la penetración de una avispa apocalíptica. Y la voz dice que Europa durante siglos nos ha cebado de mentiras e hinchado de pestilencias, 
porque no es verdad que la obra del hombre haya terminado 
que no tengamos nada que hacer en el mundo
que seamos unos parásitos en el mundo
que basta que nos pongamos al paso del mundo
pero la obra del hombre ha empezado ahora
y falta al hombre conquistar toda prohibición
inmovilizada en los rincones de su fervor
y ninguna raza tiene el monopolio de la belleza, de la inteligencia, de la fuerza
y hay sitio para todos en la cita de la conquista y ahora sabemos que el sol gira alrededor de nuestra tierra iluminando la parcela que ha fijado nuestra sola voluntad y que toda estrella que cae del cielo a la tierra a nuestra voz de mando sin límite.

Ahora poseo el sentido de las ordalías; mi país es “la lanza de noche” de mis antepasados bambaras que se arruga y su punta huye desesperadamente hacia el astil si se la rocía con sangre de pollo y dice que es sangre de hombre lo que necesita su temperamento, grasa, hígado, corazón de hombre, no sangre de pollo.

Y yo busco para mi país no corazones de dátil, sino corazones de hombre que, para entrar en las ciudades de plata por la gran puerta trapezoidal, golpeen la sangre viril, y mis ojos barren mis kilómetros cuadrados de tierra paternal y enumero las llagas con una especie de júbilo y las hacino una sobre otra como raras especies, y mi cuenta se alarga siempre con imprevistas acuñaciones de la bajeza.

Y aquí están aquellos que no se consuelan de no ser hechos a semejanza de Dios sino del diablo, aquellos que consideran que se es negro como se es dependiente de segunda clase: esperando mejorar y con la posibilidad de subir más alto; aquellos que capitulan ante sí mismos, aquellos que viven en el fondo de la mazmorra de sí mismos; aquellos que se envuelven con seudomorfosis orgullosa; aquellos que dicen a Europa: “Mire, yo sé cómo hacerle reverencias, cómo prestarle mis respetos, en suma, no soy diferente de usted; no haga caso de mi piel negra: me ha tostado el sol”.

Y hay el rufián negro, el áscari negro, y todos cebras se zarandean a su manera para hacer que el listado de sus pieles caiga en un rocío de leche fresca. Y en medio de todo esto yo digo ¡hurra! mi gran padre se muere, yo digo ¡hurra! la vieja negritud se cadaveriza progresivamente.
No hay que decir: era un buen negro. Los blancos dicen que era un negro, un verdadero buen negro, el buen negro de su amo.
Yo digo ¡hurra!

Era un muy buen negro,
la miseria le había herido pecho y espalda y habían metido en su pobre mollera que una fatalidad pesaba sobre él y que no la puede manejar a su antojo que no tenía poder sobre su propio destino; que un Señor avieso había desde tiempo inmemorial escrito leyes de prohibición en su naturaleza pelviana; y ser el buen negro; creer honradamente en su indignidad, sin la curiosidad perversa de verificar nunca los jeroglíficos fatídicos.
Era un muy buen negro.

y no se le ocurría la idea de que podría azadonar, ahondar, cortarlo todo, cualquier otra cosa verdaderamente que no fuese la caña insípida.

Era un muy buen negro.

Y le lanzaban piedras, trozos de chatarra, cascos de botella, pero ni esas piedras, ni esa chatarra, ni esas botellas…
¡Oh quietos años de dios sobre este mogote terráqueo!

Y el látigo disputó el chupeteo de las moscas el rocío azucarado de nuestras llagas.

Yo digo ¡hurra! la vieja negritud
se cadaveriza progresivamente
el horizonte se deshace, retrocede y se ensancha
y entre desgarrones de nubes aparece el fulgor de un signo.

el negrero cruje por todas partes… Su vientre se convulsiona y resuena… La horrible tenia de su cargamento roe los intestinos fétidos del extraño niño de pecho de los mares.
Y ni el júbilo de las velas hinchadas como un abultado bolso de doblones, ni las jugarretas hechas a la tontería peligrosa de las fragatas policíacas le impiden oír la amenaza de sus gruñidos intestinos.

En vano para olvidarse de ello el capitán cuelga en su palo mayor el negro más gritón, o lo echa al mar, o lo entrega al apetito de sus molosos.

La negrería que huele a cebolla frita vuelve a encontrar en su sangre derramada el sabor amargo de la libertad

Y está de pie la negrería

La negrería sentada
inesperadamente de pie
de pie en la cala
de pie en los camarotes
de pie en el puente
de pie en el viento
de pie al sol

de pie en la sangre
             de pie
                      y
                         libre

de pie y no como una pobre loca en su libertad y su indigencia marítimas girando en la deriva perfecta 
y aquí está:
más inesperadamente de pie
de pie en los cordajes
de pie ante el timón
de pie ante la brújula
de pie ante el mapa
de pie bajo las estrellas
            de pie
                      y
                        libre

Y el navío lustral hiende impávido las aguas desplomadas
¡Y ahora se pudren nuestras borlas de ignominia!
por el mar restallante de mediodía
por el sol abrotoñado de medianoche
escucha gavilán que tienes las llaves de oriente
por el día desarmado
por el tiro de piedra de la lluvia

escucha escualo que velas en el horizonte

escucha perro blanco del norte, serpiente negra del mediodía
que rematáis el cinturón del cielo
Todavía hay un mar por cruzar
oh todavía un mar por cruzar
para que yo invente mis pulmones
para que el príncipe se calle
para que la reina me bese
todavía un viejo mar por asesinar
un loco por entregar
para que mi alma brille ladre brille
ladre ladre ladre
y que chille la lechuza mi bello ángel curioso.
¿El maestro de las risas?
¿El maestro del silencio formidable?
¿El maestro de la esperanza y de la desesperación?
¿El maestro de la pereza? ¿El maestro de las danzas?
    ¡Soy yo!
y por eso, Señor
los hombres de cuello frágil
recibe y percibe fatal calmoso triangular
y para mí mis danzas
mis danzas de mal negro
para mí mis danzas
la danza rompe-argolla
la danza salta-prisión
la danza es-hermoso-y-bueno-y-legítimo-ser-negro
Para mí mis danzas y salta el sol en la raqueta de mis manos
pero no el sol desigual ya no me basta
enróscate, viento, alrededor de mi nuevo crecimiento
pósate en mis dedos medidos
te entrego mi conciencia y su ritmo de carne
te entrego los fuegos donde se asa mi debilidad
te entrego la cadena múltiple
te entrego el pantano
te entrego el intourist del círculo triangular
devora desea
te entrego mis palabras abruptas
devora enróscate
y enroscándote abrázame con un más vasto estremecimiento
abrázame hasta el nosotros furioso
abraza, abraza NOS
pero habiéndonos igualmente mordido
hasta la sangre de nuestra sangre mordido,
abraza, abraza mi pureza sólo se enlaza con tu pureza
pero entonces abraza
como un campo de apretados filaos
en la noche
nuestras multicolores purezas
y enlaza, enlázame sin remordimientos
enlázame con tus inmensos brazos de arcilla luminosa
enlaza mi negra vibración al ombligo mismo del mundo
enlaza, enlázame, áspera fraternidad,
y luego, estrangulándome con tu lazo de estrellas, sube,
Paloma
sube
sube
sube
Yo te sigo, impresa en mi atávica córnea blanca,
sube lamedor de cielo
y el gran agujero negro donde yo quería ahogarme
en la otra luna
es allí donde quiero pescar ahora la lengua maléfica
de la noche en su inmóvil vidriación.


   
 (De "Cuaderno de un regreso al país natal", México, Ediciones Era, 1969. Edición bilingüe, Prólogo y traducción de Agustín Bartra).


Configuraciones (Frag.)

3

Nada libera nunca más que la oscuridad de decir

Decir de pudor y de impudor
Decir de palabra dura

Envolvimiento de la gran sed de ser
espiral de la gran falta y del gran retorno de ser
nudo de algas y de entrañas
nudo de flujo y reflujo de ser
Olvidaba: decir también sin flujo y reflujo:
está amarrado el furor de no decir.

El torpor no dice.
Espeso. Pesado. Craso.
Precipitado. ¿Quién osó?
el hundimiento está al borde.
Al borde del barro.
ah!
      no hay más palabra que de sobresalto
            Romper el barro.
                                Romper.

Decir de un delirio aliando el universo entero
            para el surgimiento de una roca.



4

Este espacio garabateado de larvas demasiado 
                                                apuradas
lo libro al Tiempo
(el tiempo que no es otra cosa que la lentitud
del decir)
                                                           la fisura
                                                   toda herida
hasta la mordedura del instante infligido
por el insecto inocente

El intersticio mismo que la vida no llenó
todo se reencontrará ahí
acumulado por la arena generosa

Se ruega reconocer en el linde de la caverna
un bloque de jaspe rojo
asesinado de día
            coágulo


(Del libro inédito Comme un malentendu de salut, aparecido en Aimé Césaire, La poésie, Ed. Seuil, Paris,
1994 y publicado por primera vez en la Revue POESIE, N.50, cuarto
trimestre, 1989. Fuente:.Aimé Césaire desde América Latina. Diálogos con el poeta de la negritud. Elena Oliva, Lucía Stecher y Claudia Zapata (Eds.), Ediciones Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad de Chile).



manera lingüística

piedra angular
                              jeroglíficos
poco importa la constelación abolida
nunca estrechada la infinita combinatoria
advertir desborda
el núcleo habla
            imposible el error
            difícil la errancia
el sonajero direccional pende de los árboles
al alcance de cualquier mano
el rombo vela los ojos cerrados
aquí comienza 
       retomándoselo a las fieras

el territorio sagrado mal concedido de las hojas


pasajes

(la necesidad de la especiación
no siendo aceptada más que en la medida
en que legitime las más audaciosas
transgresiones)
pasar dice él
     y que dure cada moretón
pasar
     pero no sobrepasar las memorias vivas
pasar
   (pensar es muy rápido)
de cada paisaje guardar intenso el trance
   del paso
pasar
anábasis diabasa
ya
se revela desde el revoltijo a lo lejos
tribulación de un volcán
el alto de un vivo termitero



(De Moi, Laminaire, 1982).


Traducción al castellano  de Christian Anwandter. 





Soleil serpent

Soleil serpent œil fascinant mon œil
et la mer pouilleuse d’îles craquant aux doigts des roses lance
    flamme et mon corps intact de foudroyé
l’eau exhausse les carcasses de lumière perdues dans le couloir 
    sans pompe
des tourbillons de glaçons auréolent le cœur fumant des 
    corbeaux
nos cœurs
c’est la voix des foudres apprivoisées tournant sur leurs gonds 
    de lézarde
transmission d’anolis au paysage de verres cassés c’est les 
    fleurs vampires à la relève des orchidées
élixir du feu central
feu juste feu manguier de nuit couvert d’abeilles 
mon désir un hasard de tigres surpris aux soufres 
mais l’éveil stanneux se dore des gisements enfantins
et mon corps de galet mangeant poisson mangeant colombes 
    et sommeils

le sucre du mot Brésil au fond du marécage.


Les armes miraculeuses

Le grand coup de machette du  plaisir rouge en plein front 
    il y avait du sang et cet arbre qui s’appelle flamboyant et  
    qui ne mérite jamais mieux ce nom-là que les veilles de 
    cyclone et de villes mises à sac le nouveau sang la raison 
    rouge tous les mots de toutes les langues qui signifient 
    mourir de soif et seul quand mourir avait le goût du pain 
    et la terre et la mer un goût d’ancêtre et cet oiseau qui me 
    crie de ne pas me rendre et la patience des hurlements à 
    chaque détour de ma langue

(la plus belle arche et qui est un jet de sang
la plus belle arche et qui est un cerne lilas
la plus belle arche et qui s’appelle la nuit
et la beauté anarchiste de tes bras mis en croix
et la beauté eucharistique et qui flambe de ton sexe au nom 
    duquel je saluais le barrage des mes lèvres violentes)

il y a avait la beauté des minutes qui sont les bijoux au rabais 
    du bazar de la cruauté le soleil des minutes et leur joli 
    museau de loup que la faim fait sortir du bois la croix rouge  
    des minutes qui sont les murènes en marche vers 
    les viviers et les saisons et les fragilités immenses de la 
    mer qui est un oiseau fou cloué feu sur la porte des terres 
    cochères il y avait jusqu’à la peur telle que le récit de juillet 
    des crapauds de l’espoir et du désespoir élagués d’astres 
    au-dessus des eaux là où la fusion des jours qu’assure le 
    borax fait raison des veilleuses gestantes les fornications de 
    l’herbe à ne pas contempler sans précaution les copulations 
    de l’eau reflétées par le miroir des mages les bêtes marines 
    à prendre dans le creux du plaisir les assauts de vocables  
    tous sabords fumants pour fêter la naissance de l’héritier 
    mâle en instance parallèle avec l’apparition des prairies 
    sidérales au flanc de la bourse aux volcans

scolopendre scolopendre
jusqu’à la paupière des dunes sur les villes interdites frappées 
    de la colère de Dieu

scolopendre scolopendre
jusqu’à la débâcle crépitante et grave qui jette les villes naines 
    à la tête des chevaux les plus fougueux quand en plein 
    sable elles lèvent
leur herse sur les forces inconnues du déluge
scolopendre scolopendre
crête crête cimaise déferle déferle en sabre en crique en 
    village
endormi sur ses jambes de pilotis et des saphènes d’eau 
    lasse
dans un moment il y aura la déroute des silos flairés de 
    près
le hasard face de puits de condottière à cheval avec pour 
    armure les flaques artésiennes et les petites cuillers des 
    routes libertines
face de vent
face utérine et lémure avec des doigts creusés dans les         
    monnaies et la nomenclature chimique
et la chair retournera ses grandes feuilles bananières que le 
    vent des bouges hors les étoiles qui signalent la marche à 
    reculons des blessures de la nuit vers les déserts de l’enfance 
feindra de lire
dans un instant il y aura le sang versé où les vers luisants tirent 
    les chaînettes des lampes électriques pour la célébration 
    des compitales
et les enfantillages de l’alphabet des spasmes qui fait les 
    grandes ramures de l’hérésie ou de la connivence
il y aura le désintéressement des paquebots du silence qui 
    sillonnent
jour et nuit les cataractes de la catastrophe aux environs des 
    tempes savantes en transhumance
et la mer rentrera ses petites paupières de faucon et tu tâcheras 
    de saisir le moment le grand feudataire parcourra son 
    fief à la vitesse d’or fin du désir sur les routes à neurones 
    regarde bien le petit oiseau s’il n’a pas avalé l’étole le grand 
    roi ahuri dans la salle pleine d’histoires adorera ses mains 
    très nettes ses mains dressées au coin du désastre alors la 
    mer rentrera dans ses petits souliers prends bien garde de 
    chanter pour ne pas éteindre la morale qui est la monnaie 
    obsidionale des villes privées d’eau et de sommeil alors 
    la mer se mettra à table tout doucement et les oiseaux 
    chanteront tout doucement dans les bascules du sel la 
    berceuse congolaise que les soudards m’ont désapprise 
    mais que la mer très pieuse des boîtes crâniennes conserve 
    sur ses feuillets rituels

scolopendre scolopendre

jusqu’à ce que les chevauchées courent la prétentaine aux 
    prés salés d’abîmes avec aux oreilles riche de préhistoire 
    le bourdonnement humain

scolopendre scolopendre

tant que nous n’aurons pas atteint la pierre sans dialecte la   
    feuille sans donjon l’eau frêle sans fémur le péritoine séreux 
    des soirs de source



Entre autres massacres

De toutes leurs forces le soleil et la lune s’entrechoquent
les étoiles tombent comme des témoins trop mûrs
et comme une portée de souris grises

ne crains rien apprête tes grosses eaux
qui si bien emportent la berge des miroirs

ils ont mis de la boue sur mes yeux
et vois je vois terriblement je vois
de toutes les montagnes de toutes les îles
il ne reste plus rien que les quelques mauvais chicots
de l’impénitente salive de la mer


Bleus de la pluie

Aguacero
beau musicien
au pied d’un arbre dévêtu
parmi les harmonies perdues
près de nos mémoires défaites
parmi nos mains de défaite
et des peuples de force étrange
nous laissions pendre nos yeux
et natale
dénouant la longe d’une douleur
nous pleurions


Configurations 

3

Rien ne délivre jamais que l’obscurité du dire

Dire de pudeur et d’impudeur
Dire de la parole dure.

Enroulement de la grande soif d’être
spirale du grand besoin et du grand retour d’être
nœud d’algues et d’entrailles
nœud du flot et du jusant d’être.
J’oubliais: le dire aussi d’étale :
c’est nouée la fureur de ne pas dire.

La torpeur ne dit pas.
Épaisse. Lourde. Crasse.
Précipité. Qui a osé ?
l’enlisement est au bout.
Au bout de la boue.
ah!
        il n’est parole que de sursaut.
              Briser la boue.
                    Briser.

Dire d’un délire alliant l’univers tout entier
à la surrection d’un rocher !


4

Cet espace griffonné de laves trop hâtives 
je le livre au Temps.
(le Temps qui n'est pas autre chose que la lenteur du dire)

                                                          la fissure 
                                                toute blessure 
jusqu'à la morsure de l'instant infligée 
par l'insecte innocent

L'interstice même que la vie ne combla
tout se retrouvera là
cumulé pour le sable généreux

Prière reconnaître à l'orée de la caverne 
un bloc de jaspe rouge 
assassiné de jour 

           caillot


Façon langagière 

clé de voûte
            hiéroglyphes
peu importe la constellation abolie
jamais resserrée l'infinie combinatoire
avertir déborde
le noyau parle
            impossible l'erreur
            difficile l'errance
le hochet directionnel pend aux arbres
à portée de toute main
le losange veille les yeux fermés
ici commence
             repris aux fauves
le territoire sacré mal concédé des feuilles.



passages

(la nécessité de la spéciation
n'étant acceptée que dans la mesure
où elle légitime les plus audacieuses transgressions) 
passer dit-il
    et que dure chaque meurtrissure 
passer
       mais ne pas dépasser les mémoires vivantes 
passer
     (penser est trop rapide) 
de tout paysage garder intense la transe
    du passage 
passer
     anabase et diabase 
déjà
se dégage du fouillis au loin 
tribulation d'un volcan 
la halte d'une vive termitière









AIMÉ CÉSAIRE (MARTINICA, 1913-2008)