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febrero 28, 2011

POEMAS DE YANIS RITSOS





El día de un enfermo




Todo el día, un olor a tablas podridas, húmedas
- se secan y humean al sol. Los pájaros
miran un momento por los tejados y se van.
Por la noche, en la vecina taberna, se reúnen los sepultureros,
comen pescado frito, beben, cantan
una canción con muchos agujeros oscuros. -
Desde allí adentro, comienza a soplar un viento suave
y tiemblan las hojas, las luces y el papel de los anaqueles.






Casi prestidigitador


Desde lejos amortigua la luz, mueve las sillas
sin tocarlas. Se cansa. Se quita el sombrero y se abanica.
Después, muy lentamente, se saca tres naipes
del oído. Disuelve una estrella analgésica verde
en un vaso de agua, removiendo con una cucharilla de plata.
Se bebe el vaso y la cuchara. Se vuelve transparente.
En su pecho se ve un pescado de oro que flota.
Muy cansado, más tarde, se tiende en el sofá, y cierra los ojos.
"En la cabeza tengo un pájaro", dice. "No puedo sacarlo".
La sombra de dos grandes alas llena el cuarto.





Sin confirmar



Siempre creyó en aquella gran luz.
La toco – dice -, no sólo la veo, no la veo,
sólo la toco, la tengo, la soy. Y como anochecía,
y en la habitación ya no se distinguían las mesas, las bandejas,
las marinas, el reloj, nuestras formas,
él, realmente resplandecía todo entero sobre su silla,
y su silla también lucía con sus cuatro patas,
como fijas en una nube. Quisimos
tocarle para estar seguros. Pero no nos atrevimos
a levantarnos de nuestro sitio, porque estábamos agazapados
en lo más alto de una escalera sin escalones,
en una escalera altísima que no habíamos subido.






La subida



Estuvo largo tiempo en el ajeno huerto, y sólo pensaba
en subir a escondidas a la higuera desnuda, para mirar
desde lo alto al mundo, como si fuera una hoja
o un pájaro; pero siempre pasaba alguien
y siempre lo dejaba para luego.
                Una tarde,
miró en derredor suyo - todo desierto -, trepó
a la rama más alta; entonces se oyeron
voces de entre las matas: "¿Qué haces, allí arriba?"
- grandes voces -, y contestó: "Un higo,
quedaba un  higo". La rama se quebró.
Lo levantaron. Tenía la mano derecha agarrotada.
Cuando abrieron sus dedos, no había nada dentro.


(Versiones de Juan Ruiz de Torres)




La Dama de las Viñas
III





Señora de las Viñas, ¿Cómo sostener sobre nuestros hombros tanto cielo
cómo sostener tanto silencio con todos los secretos de los árboles?


Un delfín corta como un relámpago la quietud del mar
como el cuchillo corta el pan sobre la tabla de los pescadores
como el primer rayo de sol corta el sueño.


De piedra en piedra reverbera el camino y de pájaro en pájaro sube la escalinata
y el sol, mitad en el mar, mitad en el cielo, brilla como la naranja
en tu puño y como tu oreja debajo del cabello.


Y así esbelta y fuerte en el centro del mundo
sosteniendo en tu mano izquierda la gran balanza y en la derecha la santa espada
eres la belleza y la gallardía y eres Grecia.


Cuando pasas entre la gramilla rasgando la seda del aire
las rubias fundas del maíz te rozan las axilas
como si te rozara el flamante bigote del pastor
y onda tras onda el escalofrío se pierde entre las espigas
y sonido tras sonido los plátanos se inclinan sobre las fuentes
y las montañas parecen cántaros que esperan ser llenados.


Señora de las Viñas tu rostro se refleja en nuestros pechos
como una blanca nube que ilumina las laderas boscosas
y el río te sigue como un manso león
cuando repartes los rayos en las acequias
cuando repartes a los pastores pólvora y canto
y te llaman hermana de los caballos y los corderitos.


(Traducción de Horacio Castillo)




El guante que llevas...

El guante que llevas
no puedes examinarlo
por dentro.
Tienes que quitártelo
volverlo del revés
entrada la noche
en la estrecha habitación
ya que todo el día habrás saludado
a propios y extraños
con la mano desnuda.


(Versión de Coloma Chamorro, Javier Lentini y Dimitri Papagueorguiu)








La mujer azul


Se mojó la mano en el mar.
Se volvió azul, la mano.
Le gustó.
Se zambulló desnuda en el mar.
Se volvió azul.
Azules también su voz y su silencio.
La mujer azul.
Todos la admiraron.
Nadie la amó.




(Versión de Román Bermejo)



YANIS RITSOS (Γιάννης Ρίτσος) (Grecia, 1909-1990)











5 comentarios:

  1. gracias por publicar a este poeta cuya obra es imposible de conseguir. una maravilla su palabra, su tono. susana zazzetti.

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  2. Es maravillosa la poesía de Yanis Ritsos.Y es una lastima que sea muy difícil encontrar sus libros por lo menos en México. Hace tiempo en una edición chilena leí "Forma de la ausencia" de este poeta griego. Por desgracia entregué el ejemplar y no he encontrado nada de el, incluyendo la red. Sería maravilloso, si ustedes tienen acceso a "Forma de la ausencia" que lo subieran completo o por lo menos algunos poemas. Su blog me ha gustado mucho. Felicidades.

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  3. Gracias por comentar. Lamentablemente no tengo ningún libro de Ritsos. En caso de conseguirlo, compartiré todo lo posible. Y si alguno lo tiene en pdf, agradeceré!

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  4. De Yannis Ritsos se ha publicado bastante últimamente en español: Epitafio, Dieciocho cantares de la patria amarga, Romiosyne, La señora de las viñas (éstos dos últimos en la editorial Pre-textos), y más. Es muy fácil encontrarlos en internet. Saludos.

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