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febrero 22, 2011

POEMAS DE SYLVIA PLATH





Papi


No servís, no servís
más, zapato negro
donde viví como un pie
treinta años, pobrecita y blanca,
atreviéndome apenas a respirar o a hacer achís.

Papi, hubiera tenido que matarte.
Te moriste antes de que tuviera tiempo—
pesado como mármol, una bolsa llena de Dios,
estatua implacable con un dedo del pie 
gris y grande como una foca de Frisco

y una cabeza donde el Atlántico caprichoso
se vierte, verde arveja sobre azul, 
en las aguas de la hermosa Nauset.
Y yo rezaba para recuperarte.
Ach, du.

En la lengua alemana, en el pueblo polaco
pasado por la aplanadora
de guerras, guerras y más guerras.
Pero el nombre del pueblo es vulgar.
Según mi amigo polaco

hay una docena o dos.
Así que nunca pude decir dónde
pusiste tu pie, tu raíz,
nunca pude hablarte.
La lengua se me atoraba en la boca.

Se me atoraba en una trampa de alambre de púas.
Ich, ich, ich, ich
apenas podía hablar.
Te veía en todos los alemanes.
Y el idioma obsceno

una locomotora, una locomotora,
escupiéndome como a una judía.
Una judía para Dachau, para Auschwitz, para Belsen.
Empecé a hablar como judía.
Creo que bien podría ser judía.

Ni las nieves del Tirol, ni la cerveza rubia de Viena
son tan puras y genuinas.
Yo, con mi antepasada gitana, mi mala suerte
y mi mazo de tarot, y mi mazo de tarot
puedo ser un poco judía.

Siempre te tuve miedo,
con tu Luftwaffe y tu argot.
Y tu bigote pulcro
Y tu ojo ario, azul brillante.
Oh vos, Hombre Panzer, hombre-panzer—

No Dios, sino una esvástica
tan negra que ningún cielo se puede filtrar.
Toda mujer adora a un fascista,
la bota en la cara, el corazón bruto,
bruto, de un bruto como vos.

Estás al lado del pizarrón, papi,
en la foto que tengo,
con una hendidura en el mentón en lugar de en el pie
pero no por eso menos diablo, no, 
ni menos el hombre negro que de un mordisco 

partió en dos mi lindo corazón rojo.
Tenía diez años cuando te enterraron.
A los veinte, traté de morirme yo
y volver, volver, volver con vos.
Creí que incluso los huesos servirían.

Pero me sacaron de la bolsa,
y me volvieron a unir, con pegamento.
Después ya supe qué hacer.
Me hice una miniatura de vos,
un hombre de negro con un aire Meinkampf

amante del potro y la tortura.
Y dije sí, sí, acepto.
Así que, papi, por fin, se terminó.
El teléfono negro está arrancado de raíz,
las voces en él no quitan los gusanos.

Quien mata a un hombre, mata a dos—
El vampiro que dijo ser vos
y me chupó la sangre por un año,
siete años, si te interesa.
Papi, ya podés ir a acostarte.

Hay una estaca en tu corazón gordo y negro
y a los del pueblo nunca les caíste en gracia.
Están bailando y pisotéandote.
Siempre supieron que eras vos.
Papi, papi, hijo de puta, se terminó.



Corneja negra en tiempo lluvioso

En una rama tiesa allá arriba
se encorva una corneja negra, mojada
arreglando y desarreglando sus plumas bajo la lluvia.
No espero un milagro
ni accidente
que encienda la visión
en mis ojos, ni busco ya
designio alguno en lo inconstante del clima,
pero dejo que las hojas moteadas caigan como caen,
sin ceremonia ni portento.

Aunque en ocasiones, lo admito,
deseo alguna réplica
del cielo mudo, la verdad, no me puedo quejar:
cierta luz menor aún puede
brillar incandescente

desde la mesa o la silla de la cocina
como si de vez en cuando un ardor celestial 
tomara posesión de los objetos más estúpidos ---
santificando así un intervalo
de otro modo inconsecuente

confiriéndole grandeza, dignidad,
amor, podría decirse. De todos modos, ahora ando
con precaución (porque esto podría ocurrir 
incluso en este paisaje  ruinoso y opaco); escéptica
pero cauta, ignorando si

un ángel eligió destellar
de pronto a mi lado. Solo sé que una corneja
arreglando sus plumas negras puede brillar tanto
como para embargar mis sentidos, izar
mis párpados, y conceder

una breve tregua al miedo
de la total neutralidad. Con suerte,
si atravieso empecinada esta estación
de fatiga, podré 
ensamblar un todo

con las partes. Los milagros ocurren,
si se tiene el cuidado de llamar milagros a esos
espasmódicos trucos de la luz. La espera ha vuelto a comenzar. 
La larga espera del ángel,

de ese inusitado, aleatorio descenso.



Una Aparición



La sonrisa de las heladeras me aniquila
¡Corrientes tan azules en las venas de mi amada!
Escucho el ronronear de su enorme corazón.

De su boca salen como besos
los símbolos de conjunción y porcentaje
En su cabeza es lunes: la moral

se lava, se plancha y se entrega.
¿Y yo quién soy para entender estas contradicciones?
yo uso puños blancos y me inclino.

¿Entonces esto es el amor, esta materia roja
saliendo de la aguja de acero que vuela así de ciega?
Va a hacer tapados y vestiditos

para abrigar a una dinastía.
Cómo se abre y se cierra su cuerpo.
¡Un reloj suizo, con rubíes en las bisagras!

¡Oh, corazón, tanto desorden!
las estrellas se encienden como cifras terribles,
los párpados de ella recitan el abecedario.





Últimas palabras

No quiero una caja cualquiera, quiero un sarcófago
con rayas de tigre, y una cara redonda
como la luna para poder contemplar.
Quiero estar mirándolos cuando vengan
juntando los minerales estúpidos, las raíces.
Ya los veo —con las caras pálidas, lejanas como estrellas.
Ahora no son nada, ni siquiera bebés.
Me los imagino sin padre ni madre, como los primeros dioses.
Se van a preguntar si fui importante.
¡Tendría que confitar mis días y conservarlos como frutas!
Mi espejo se está empañando --
Unas pocas respiraciones, y no va a reflejar nada más.
Las flores y los rostros se destiñen como sábanas.

No confío en el espíritu. Se escapa en sueños
como vapor a través de la boca o del ojo. No puedo detenerlo.
Un día no va a volver. Las cosas no son así.
Se quedan, sus brillitos especiales
se calientan de tanto uso. Casi ronronean.
Cuando se me enfríen las plantas de los pies,
el ojo azul de mi turquesa me va a consolar.
Dejen que me lleve mis ollas de cobre, dejen que mis potes de rouge
florezcan sobre mí como flores nocturnas, perfumadas.
Me van a envolver con vendas, van a guardar mi corazón
bajo mis pies en un paquete prolijo.
Difícilmente me reconoceré. Va a estar oscuro,
y el brillo de estas pequeñas cosas será más dulce que la cara de Ishtar.




Olmo
para Ruth Fainlight


Conozco el fondo, dice. Lo conozco con mi raíz principal,
es lo que a vos te da miedo.
Yo no le temo: estuve ahí.

¿Lo que escuchás en mí es el mar
con sus descontentos?
¿O la voz de la nada, tu locura?

El amor es una sombra.
Cómo se miente y se llora detrás de él.
Escuchá: son sus cascos: se escapó, como un caballo.

Así voy a galopar toda la noche, impetuosa,
hasta que tu cabeza sea una piedra y tu almohada un pequeño prado
que retumba, retumba.

¿O te traigo el sonido de los venenos?
Esto ahora es la lluvia, el gran silencio.
Y este, su fruto: blanco de estaño, como el arsénico.

Sufrí la atrocidad de las puestas de sol.
Calcinados hasta la raíz
mis filamentos al rojo arden y se erizan como una mano de alambre.

Ahora me rompo en pedazos que vuelan como clavas.
Un viento de tal violencia
no va a soportar espectadores: Tengo que gritar.

La luna también es despiadada:  si fuese estéril
me arrastraría con crueldad.
Su resplandor me humilla. O quizás la atrapé yo.

La dejo ir. La dejo ir.
Menguada y chata como después de una cirugía radical.
Cómo me poseen y me dotan tus pesadillas.

Estoy habitada por un grito.
De noche aletea
buscando, con sus garras, algo para amar.

Me aterra esta cosa oscura
que duerme en mi.
Todo el día siento sus movimientos de felpa, su malicia.

Las nubes pasan y se dispersan.
¿Son esos los rostros del amor,  esos pálidos irrecuperables?
¿Por algo así se agita mi corazón ?

Soy incapaz de otro conocimiento.
¿Y esto qué es, este rostro
homicida estrangulado entre las ramas?

Sus ácidos ofídicos sisean*.
Petrifica la voluntad. Estas son los faltas lentas y aisladas
Que matan, matan, matan.



Cruzando el agua



Lago negro, bote negro, dos personas recortadas en papel negro.
¿Adónde van los árboles negros que beben aquí?
Sus sombras deben cubrir Canadá.

Entre las flores acuáticas se filtra algo de luz
Sus hojas no quieren apurarnos:
son redondas, planas y están llenas de avisos oscuros.

Del remo se sacuden mundos fríos.
El espíritu de la negrura está en nosotros, en los peces.
Un tronco levanta una mano pálida para decir adiós.

Las estrellas se abren entre los lirios.
¿No te encandilan sirenas tan inexpresivas?
Este es el silencio de las almas absortas.



Canción de amor de la chica loca 

Cierro los ojos y el mundo entero se muere,
los abro y nace todo otra vez.
(Creo que te inventé en mi cabeza).

Las estrellas, de rojo y azul, salen a bailar un vals
y entra la negrura al galope porque sí:
cierro los ojos y el mundo entero se muere.

Soñé que me hechizabas y me llevabas a la cama
que me cantabas y me besabas como un demente
(creo que te inventé en mi cabeza).
Dios se cae del cielo, se consume el fuego del infierno:
Huyen serafines y hombres de Satanás:
Cierro los ojos y el mundo entero se muere.

Me imaginé que ibas a volver como dijiste,
pero envejezco y me olvido de tu nombre.
(Creo que te inventé en mi cabeza).

Debí haber amado a un Thunderbird, no a vos,
por lo menos vuelven rugiendo en primavera.
Cierro los ojos y el mundo entero se muere.

(Creo que te inventé en mi cabeza).


Acontecimiento

¡Cómo se solidifican los elementos!—
La luz de la luna, aquel acantilado de tiza
en cuya fisura dormimos

espalda contra espalda. Oigo a un búho que grita
desde su frío índigo.
Las vocales insoportables penetran en mi corazón.

El hijo en la cuna blanca se mueve y suspira,
abre la boca, ahora, exige.
Su carita,  tallada en la madera roja de la aflicción.

Además están las estrellas –imposibles de erradicar.
Un roce: arde y enferma.
No puedo verte los ojos.

Donde el manzano en flor congela la noche
yo camino en un círculo,
un surco de antiguas culpas, profundo y amargo.

El amor no puede llegar hasta acá.
Un hueco negro se revela.
En el labio opuesto

un alma chiquita y blanca se agita, un gusanito blanco.
Las piernas me abandonaron también.
¿Quién nos desmembró?

La oscuridad se deshace. Nos tocamos como lisiados.




Versiones en castellano de Sandra Toro




*El poema fue publicado correctamente en The New Yorker  del 3 de agosto de 1963. Pero en la primera edición británica de Ariel y los Collected Poems imprimieron incorrectamente kiss en lugar de hiss y el error fue perpetuado en las ediciones norteamericanas y traducciones al castellano.
(Datos tomados de Tracy Brain, "The Other Sylvia Plath", Longman, London 2001, pp. 24-25.)





Daddy


You do not do, you do not do/Any more, black shoe/In which I have lived like a foot/For thirty years, poor and white,/Barely daring to breathe or Achoo.//Daddy, I have had to kill you./You died before I had time——/Marble-heavy, a bag full of God, /Ghastly statue with one gray toe/Big as a Frisco seal//And a head in the freakish Atlantic /Where it pours bean green over blue/In the waters off beautiful Nauset./I used to pray to recover you./Ach, du.//In the German tongue, in the Polish town/Scraped flat by the roller/Of wars, wars, wars./But the name of the town is common./My Polack friend//Says there are a dozen or two./So I never could tell where you/Put your foot, your root,/I never could talk to you./The tongue stuck in my jaw.//It stuck in a barb wire snare./Ich, ich, ich, ich,/I could hardly speak./I thought every German was you./And the language obscene//An engine, an engine/Chuffing me off like a Jew./A Jew to Dachau, Auschwitz, Belsen./I began to talk like a Jew./I think I may well be a Jew.//The snows of the Tyrol, the clear beer of Vienna/Are not very pure or true./With my gipsy ancestress and my weird luck/And my Taroc pack and my Taroc pack/I may be a bit of a Jew.//I have always been scared of you,/With your Luftwaffe, your gobbledygoo./And your neat mustache/And your Aryan eye, bright blue./Panzer-man, panzer-man, O You——//Not God but a swastika/So black no sky could squeak through./Every woman adores a Fascist,/The boot in the face, the brute/Brute heart of a brute like you.//You stand at the blackboard, daddy,/In the picture I have of you,/A cleft in your chin instead of your foot/But no less a devil for that, no not/Any less the black man who//Bit my pretty red heart in two./I was ten when they buried you./At twenty I tried to die/And get back, back, back to you./I thought even the bones would do.//But they pulled me out of the sack,/And they stuck me together with glue./And then I knew what to do./I made a model of you,/

A man in black with a Meinkampf look//And a love of the rack and the screw./And I said I do, I do./So daddy, I’m finally through./The black telephone’s off at the root,/The voices just can’t worm through.//If I’ve killed one man, I’ve killed two——/The vampire who said he was you/And drank my blood for a year,/Seven years, if you want to know./Daddy, you can lie back now.//There’s a stake in your fat black heart/And the villagers never liked you./They are dancing and stamping on you./They always knew it was you./Daddy, daddy, you bastard, I’m through.



Black Rook in Rainy Weather


On the stiff twig up there/Hunches a wet black rook/Arranging and rearranging its feathers in the rain./I do not expect a miracle/Or an accident// To set the sight on fire/ In my eye, nor seek/ Any more in the desultory weather some design,/ But let spotted leaves fall as they fall,/Without ceremony, or portent.// Although, I admit, I desire,/ Occasionally, some backtalk/ From the mute sky, I can't honestly complain:/ A certain minor light may still/ Lean incandescent// Out of the kitchen table or chair/ As if a celestial burning took/ Possession of the most obtuse objects now and then ---/ Thus hallowing an interval/ Otherwise inconsequent// By bestowing largesse, honor,/ One might say love. At any rate, I now walk/ Wary (for it could happen/ Even in this dull, ruinous landscape); skeptical,/ Yet politic; ignorant// Of whatever angel may choose to flare/ Suddenly at my elbow. I only know that a rook/Ordering its black feathers can so shine/As to seize my senses, haul/ My eyelids up, and grant// A brief respite from fear/ Of total neutrality. With luck,/ Trekking stubborn through this season/ Of fatigue, I shall/ Patch together a content//Of sorts. Miracles occur,/ If you care to call those spasmodic/ Tricks of radiance miracles. The wait's begun again,/The long wait for the angel./For that rare, random descent.




An Appearance

The smile of iceboxes annihilates me./ Such blue currents in the veins of my loved one!/ I hear her great heart purr.// From her lips ampersands and percent signs/ Exit like kisses./ It is Monday in her mind: morals// Launder and present themselves./ What am I to make of these contradictions?/ I wear white cuffs, I bow.// Is this love then, this red material/ Issuing from the steele needle that flies so blindingly?/ It will make little dresses and coats,/ It will cover a dynasty./ How her body opens and shuts --/ A Swiss watch, jeweled in the hinges!// O heart, such disorganization!/ The stars are flashing like terrible numerals./ ABC, her eyelids say.


Last Words

I do not want a plain box, I want a sarcophagus/ With tigery stripes, and a face on it/ Round as the moon, to stare up./ I want to be looking at them when they come/ Picking among the dumb minerals, the roots./ I see them already—the pale, star-distance faces./ Now they are nothing, they are not even babies./ I imagine them without fathers or mothers, like the first gods./ They will wonder if I was important./ I should sugar and preserve my days like fruit!/ My mirror is clouding over —-/ A few more breaths, and it will reflect nothing at all./ The flowers and the faces whiten to a sheet.// I do not trust the spirit. It escapes like steam/ In dreams, through mouth-hole or eye-hole. I can’t stop it./ One day it won’t come back. Things aren’t like that./ They stay, their little particular lusters/ Warmed by much handling. They almost purr./
When the soles of my feet grow cold,/ The blue eye of my turquoise will comfort me./ Let me have my copper cooking pots, let my rouge pots/ Bloom about me like night flowers, with a good smell./ They will roll me up in bandages, they will store my heart/ Under my feet in a neat parcel./ I shall hardly know myself. It will be dark,/ And the shine of these small things sweeter than the face of Ishtar.


Elm

for Ruth Fainlight

I know the bottom, she says. I know it with my great tap root;/ t is what you fear./I do not fear it: I have been there.// Is it the sea you hear in me,
Its dissatisfactions?/ Or the voice of nothing, that was your madness?// Love is a shadow./ How you lie and cry after it./ Listen: these are its hooves: it has gone off, like a horse.// All night I shall gallup thus, impetuously,/ Till your head is a stone, your pillow a little turf,/ Echoing, echoing.// Or shall I bring you the sound of poisons?/ This is rain now, the big hush./ And this is the fruit of it: tin white, like arsenic.// I have suffered the atrocity of sunsets./ Scorched to the root/ My red filaments burn and stand,a hand of wires./ Now I break up in pieces that fly about like clubs./ A wind of such violence/ Will tolerate no bystanding: I must shriek.// The moon, also, is merciless: she would drag me/ Cruelly, being barren./ Her radiance scathes me. Or perhaps I have caught her.// I let her go. I let her go/ Diminished and flat, as after radical surgery./ How your bad dreams possess and endow me./ I am inhabited by a cry./ Nightly it flaps out/ Looking, with its hooks, for something to love.// I am terrified by this dark thing/
That sleeps in me;/ All day I feel its soft, feathery turnings, its malignity.// Clouds pass and disperse./ Are those the faces of love, those pale irretrievables?/ Is it for such I agitate my heart?// I am incapable of more knowledge./ What is this, this face/ So murderous in its strangle of branches? ----// Its snaky acids hiss./ It petrifies the will. These are the isolate, slow faults/ That kill, that kill, that kill.

Crossing the water

Black lake, black boat, two black, cut-paper people./ Where do the black trees go that drink here?/ Their shadows must cover Canada.// A little light is filtering from the water flowers./ Their leaves do not wish us to hurry:/ They are round and flat and full of dark advice.// Cold worlds shake from the oar./ The spirit of blackness is in us, it is in the fishes./ A snag is lifting a valedictory, pale hand;// Stars open among the lilies./ Are you not blinded by such expressionless sirens?/ This is the silence of astounded souls.


 Mad Girl's Love Song


I shut my eyes and all the world drops dead;/I lift my lids and all is born again./(I think I made you up inside my head.)//The stars go waltzing out in blue and red,/And arbitrary blackness gallops in:/I shut my eyes and all the world drops dead.//I dreamed that you bewitched me into bed/And sung me moon-struck, kissed me quite insane./(I think I made you up inside my head.)//God topples from the sky, hell's fires fade:/Exit seraphim and Satan's men:/I shut my eyes and all the world drops dead.//I fancied you'd return the way you said,/But I grow old and I forget your name./(I think I made you up inside my head.)//I should have loved a thunderbird instead;/At least when spring comes they roar back again./I shut my eyes and all the world drops dead./(I think I made you up inside my head.) 




Event



How the elements solidify! --- / The moonlight, that chalk cliff/ In whose rift we lie // Back to back. I hear an owl cry / From its cold indigo. / Intolerable vowels enter my heart. // The child in the white crib revolves and sighs, / Opens its mouth now, demanding. / His little face is carved in pained, red wood. // Then there are the stars - ineradicable, hard. / One touch : it burns and sickens. / I cannot see your eyes. // Where apple bloom ices the night / I walk in a ring, / A groove of old faults, deep and bitter. //Love cannot come here. / A black gap discloses itself. / On the opposite lip // A small white soul is waving, a small white maggot. / My limbs, also, have left me. / Who has dismembered us? // The dark is melting. We touch like cripples.






(De Collected Poems, LondresFaber and Faber, 1981.)





SYLVIA PLATH (EE.UU, 1932-1963).





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