mayo 24, 2010

POEMAS DE DINKO PAVLOV









GUILLOTINA

Quiero ser irreverentemente actual
y arrancar las malas intenciones
de las cabezas,
tal el viento vuela sombreros
y rompe anemómetros.



SIMILITUDES

Viviré el fin de las estaciones
cada día de Magallanes;
las hojas de los árboles
y las del calendario,
caen en cualquier época,
así como las pasiones
en cualquier edad de la vida.



ABSOLUTO

Siempre,
y conste,
cuando digo siempre
no es todas las veces,
sino las que recuerda
mi limitada memoria
que rescata sólo esas
que sirven a mi argumento.



DOLORES DE LA EDAD

Anidarán las palomas aún
en la palmera
en medio del patio
de piedras y corredores,
se arrullarán quedamente
como entonces,
cuando intentaba alcanzar su vuelo
aleteando quimeras infantiles,
tratando de ganar alturas.
Retumbarán los sones
De la Heroica
o de la Suite Cascanueces
llamando a la Pasión y Muerte
de la Semana Santa
al Teatro Nacional,
a cuya vera me parieran
y creciera saltando murallas
y edades
para espiar a Fumanchú,
El Jinete Escarlata
O Flash Gordon.
No me di cuenta del dolor
del crecimiento
hasta que vuelvo hoy
con mi metro noventa,
a recorrer rincones
de tus calles, como entonces,
La Serena.



DESVELOS

Conozco tu espalda palmo a palmo,
cada vértebra de cuello a coxis,
suave pendiente de hombros a cintura,
lenta subida en la cadera,
vertiginoso desliz hacia las piernas,
montaña rusa de pálida apariencia
sin gritos de alarma,
radiografía en positivo de tu enojo,
esperaría siglos te des vuelta,
pero casi ya no tengo tiempo.



CONJURO

Bordeando las horas quietas y oscuras,
asomado a las esquinas familiares
cuyos ecos se esparcen sigilosos
a mi paso aventurero
de bohemio nostálgico.
Agoreras sombras invaden
mi propia sombra
abultándome contorno y conciencia:
lentificando la marcha
como lastre viscoso.
¡Te lo dije Abel o Ramón
o como quiera que te llames,
tu nombre da lo mismo?
¡Te repetí insistente
que no dejes que te envidie,
porque entonces jugaré con tu nombre
revolveré sus letras
en boca y mente
pronunciándolo lento,
sonido extraño y caprichoso
arcano precepto alquímico
que deformará tu contorno
cual pintura daliniana,
condenándote a eternas confusiones,
enviado a tu fantasma
al subsuelo de la Opera House
o sombría torre de Notre Dame.
Por eso no dejes nunca que te envidie,
quiero a mi sombra libre, siempre libre,
vagando por las noches.



FALACIAS

Llévate tus cadenas y flores
tu sonrisa ancha fluorada
despidiendo aliento mentolado;
llévate tus cuerpos suaves y bronceados
insinuantes sobre arenas doradas
de cálida cercanía,
tus palmaditas en la espalda
y tus computados planes de progreso,
llévate futuro lleno de promesas
que nos engaña como la zanahoria al asno,
déjanos así, humildes,
gozar de nuestro entorno,
sumergirnos en el mágico equilibrio
dispuesto en la materia;
llévate tus cantos de sirena
devuélvelos al norte
envueltos en sus papeles multicolores
para atraer insectos,
con sus cintas doradas,
galones y medallas,
con las que cubres tu estela pestilente
cual moderno mensaje fariseo
de esclavitud y miseria,
no muestres libertad sin opciones,
ni me nombre patria, no,
maldita economía social de mercado.



BOHEMIA

Cual caballo mañoso de regreso al pago
mis bohemios pasos resuenan la escalera,
el Cerro "De la Cruz" me tiende su ladera
mientras las luces se apagan en el bajo;
un descanso en el balcón
mientras abre su ojo el sol en el estrecho,
me confundo en un abrazo
con las razas australes
que el Talo Mancilla
en el suelo dispusiera con paciencia
con piedras de colores naturales
capricho artístico de su alma aventurera.
Sigo al paso mi camino
hasta la última estación
de este Vía Crucis,
la parada donde Luchín, obligatoria,
último toque espirituoso de otra noche
antes de entrar en mi tibia madriguera.




De Sigo vivo.






METAMORFOSIS

Destilé mi odio gota a gota
hasta sentir luz en los huesos,
previo, hube respirar fuego,
quemar sangre impura
que acabara con la soberbia
y me dejara desnudo por dentro.
Sólo así pudo entrar el día en mí,
ventilar pasado de silencio,
sumergir las desnudeces de mi alma,
humanizar la eternidad
tediosa
que taladra mi mente.
Hoy puede sentir mi esencia
filtrando la tierra,
transcurrir el viento
y sus historias de misterios,
la edad del vino y amaneceres,
el secreto de la alquimia de tu cuerpo
y los instantes de abandono
que entonas a coro
con mis labios.



PINCOYAS DE PECERAS
A las chicas de Café Haití.

Se necesita señorita cansada
de entregar currículos,
humillada por manoseos
de seudo gerentes y viejos verdes;
agotada de revisar diarios y periódicos
con la ilusión de la pega decente,
espantada por visiones futuristas
en su barrio,
casada con el Lucho o el Jorge,
guagua por año,
chascona y maltratada.
Imprescindible buena presencia:
sonrisa permanente,
pasos cadenciosos y largos,
caderas pendulares,
obligatoria arrogancia de modelo top
y entrega imaginaria
a cada baboso que se atreva
a desnudarla a distancia
con la mirada.
Recibirá sueldo miserable,
a decir del vitalicio,
además del título bastardo:
"chica del café".
Alertas las Paolas, Patys,
Soledades o Jacques,
arranquen a tiempo
de la "pobla".



SEÑALES CORPORALES

Aunque tu semáforo corporal
señale verde tras la barra,
no pasaré;
crecerá la sed de amores y compañía
hasta rebalsar en cualquier puterío
de buena o mala muerte,
el horóscopo dirá;
que cuando la sangre anda caliente,
las elecciones no corren,
la hormona manda prepotente
en sentencia inexorable,
vampiro al despuntar el alba
buscando su urna.
Déjate entonces de devaneos
y vueltas,
de remilgos de virgen ofendida,
saltemos juntos al vacío;
no pensarás morir de vieja
con todo ese encanto
a la orilla del catre,
sofocada en calenturas;
pon la espalda a la intemperie
y giremos al viento,
al dictado de los puntos cardinales;
desahuciemos ansias e insomnios,
hasta quedar cabizbajos,
flores en el ocaso.

De Desde el sur del sur en sexo y negro.





ESTACIÓN AMATORIA


I

Para nacer es precio morir,
llegar a cero,
cerrar los ojos y quedarse mudos,
quietos,
acortar agonías,
cerrar cicatrices,
sin sangre que circule
y tome posesión la muerte
con su fría mano
y nacer de nuevo
venciendo todo:
distancias...edades,
ojalá que una de esas veces
le acierte a tu caleta.


II

Si, renuncio a la cordura
y las horas quietas,
renuncio a la respiración pausada,
prefiero adrenalina
recorriéndome a raudales
con tu peligrosa cercanía;
la muerte si es preciso
por un quejido amoroso
provocado en tus entrañas
por mis labios urgentes.


III

Y la fiera que en mí cohabita
se agazapó entre las ingles
en paciente espera:
instintiva,
al primer indicio positivo
ocupó tu cuerpo.
Ahora recorre tus rincones más íntimos,
hasta que otro demonio
más poderoso,
la desaloje.


IV

Cuando quede solo,
sin mi sombra siquiera,
y no me refleje en los espejos,
cuando haya equilibrio en mi vida,
será que ya no viva más sin darme cuenta,
intentaré tocar tu casa
pero mi mano crispada
traspasará la madera;
confundido pensaré entonces
sino seré mi sombra
y caminaré por las murallas
perdiendo la vertical
me cruzará la lluvia murmurando
que soy todo y nada,
que soy parte del aire, el agua,
el fuego y la lluvia;
cuando me quede solo
sin mi sombra siquiera.


V

Las preguntas eternas
impiden voltear la hija,
las respuestas se anudan en la mente
quedando enceguecido,
ignorante de razones,
y así,
alimentado de oráculos
y premoniciones,
se van a pagando ansias,
frenando vehemencias
como en atardecer prematuro;
la edad se monta a la espalda
centauro empecinado en atravesar
el calendario a galope tendido.


VI

No soy de la estirpe
de pájaros que anidan,
me acompañan mi plumaje
mi vuelo de águila
y los bailes rituales
para los apareos;
ojo certero para la presa
y una inconmensurables ganas
de migrar al este
siguiendo al sol,
siempre al sol,
mi vida eterno día
hasta que se quemen las pupilas
y mi esqueleto emplumado
se detenga en un museo
de historia natural.


VII

Tu cintura odalisca
de reverberos cimbreantes
me llama irremediable,
como la luz a las mariposas,
tus pestañas de cíngara hechicera
predicen mi futuro:
me volveré volcán,
entrañas hirvientes
saltarán mis pensamientos al espacio,
sobre mi cuerpo,
alejándose
hasta que vuelva la calma,
cenizas en mis venas,
quedaré como una estampa
de lo que puede el amor
impetuoso, irrefrenable,
por una sarracena impía,
democrática y ubicua:
en su caleta y en mi corazón
al mismo tiempo.


VIII

Cuando la luna menguante
toca mis vísceras,
prefiero callar:
conoce de mareas,
de verdades a medias
y temas adversos
que siempre me asedian.
Total,
ya dará vueltas el globo
y cada sentimiento
ocupará su lugar exacto.


IX

El ojo de la noche
con su vórtice oscuro
me absorbió a su centro,
certero,
dejándome al desnudo,
pecados al aire
en mi irreverente audacia verbal,
saltando respetos ajenos,
exhortando de paso
a los demonios que me habitan
a soltar mi lengua.
De eso y algo más
soy capaz de arrepentirme,
aunque tarde
y ya Caín me haya convertido
en su sombra.


X

Y Dios me pidió:
"Sé mi compañero".
Le repliqué tajante:
"Prefiero seguir solo,
sin Vaticanos
ni Pedros renegados a mi lado".


De Versos para una Sirena solitaria en la caleta




VERSÍCULO I

Y abrí mis piernas al viento
para engendrar tempestades,
sentí su furia en mis entrañas,
afanado en penetrar
mis vulnerados espacios,
de colarse por estrechos conductos
y atrapar al óvulo que,
ciego y descuidado,
abandonaba su origen.
Tomó posesión, satisfecho,
dispuesto a esperar,
ignorante de la píldora
detonante de mi último vestigio
de vieja prostituta


VERSÍCULO II

La hormiga miró agradecida
desde el charco de mi orina
de diabética,
mientras vuelvo al clandestino,
atrapada por la oscuridad
que impone el alcohol
que apaga mi rostro y mi sed,

máscara griega sonriente,

ayudándome a cabalgar otra noche
y tu compasiva pero también
prostituida ternura,

máscara griega trágica.


VERSÍCULO III

Otra vez la luna llena
voltea la hoja del mes,
abriendo un ojo en la noche,
hiriendo oscuridades,
trastocando conductas a los débiles,
alumbrando mis pecados carnales
en la pieza del fondo.
Mi rostro pálido y mi boca,
fáciles de pintar y fingir placeres,
esperan al macho de turno.
Es que a veces me canso de mi cuerpo,
cuando la luna me toca y desgarra
y ya no me importa
el billete en el velador,
el llanto me purifica,
mientras afuera
continúan los embates.


VERSÍCULO IV

Cuando amanezco consciente,
cuando el cansancio en las caderas y pelvis,
cuando una voz salada y ajena se despide,
cuando siento mis afectos mutilados,
cuando rescato mi intimidad
de las garras nocturnas,
cuando sumerjo en el anonimato mi cuerpo
recargando de capacidades eróticas y mercantiles
mi femineidad,
cuando rescato el aliento del alcohol
volviendo al aire puro,
cuando la Jacquelinne deja la oquedad
de su almohada y su sombra
entre las sicodélicas sábanas
y sale María Cortés Aldana de la ducha,
entonces reclamo
la identidad arrebatada.


VERSÍCULO V

No creí que mis noches tuvieran rescate
en manos extrañas,
que la agonía tarifada entre brebajes inocuos
para no perder voluntad
y abortar el negocio a la regente;
para acumular argollas en la muñeca
y la trasnochada valiera la pena;
para mantener la ubicuidad:
el cuerpo atropellado
y la mente entre afectos familiares.
Hasta que apareciste,
preludio del verano
con calores verdaderos en el vientre,
con luz en la yema de los dedos
haciendo crepitar mi piel,
trayendo agosto a mi condición felina
subiéndome contigo
a la libertad de los tejados.
Liberaste mis caderas
de la esclavitud del dinero,
fui capaz de rezar nuevas oraciones
en tu idioma fecundo,
diste rienda suelta a mis ansias
aunque hoy seas mi nuevo carcelero.



De Para quién se atreva a lanzar la primera piedra.





I

Cuando todo en calma,
oscuros rincones
familiares al tacto
acogiendo al espíritu,
te apareces sigilosa tras mi sombra
entibiando el ambiente,
mirada y sonrisa a flor de ti
iluminan esta memoria mía
y consigo paz para otro atardecer
en esta Patagonia de helado aliento,
de pronto tan hostil,
pero... tan nuestra.


II

No es sencilla esta ausencia
entre gente que cree superficialidades,
curada de espanto
y agotados sus asombros,
incapaces de medir los vacíos
de la orfandad que te intuyo,
gota intermitente igual cala la roca
y surca profundo
con la paciencia de años,
te habita silenciosa,
como cae la nieve
en la oscuridad
al otro lado de tu puerta.


III

Desnudándome voy,
emprendiendo vuelo con los caiquenes,
ellos a tierras cálidas,
yo tras tus ángulos y rincones
a cosechar versos,
a tatuar algo de merecida felicidad
en cada milímetro de piel.
Por el eco que resuena
en tus palabras,
tu lenguaje se vuelve sol
en mi Patagonia.


IV

Ni respirar puedo pausado,
los nudos no dan tregua
bajo el estómago;
me asustan mis arrebatos verbales,
mi atrevimiento,
pero, ni un paso atrás,
te daré candela a como de lugar,
moriré en mi ley,
en la gloria de montar
y recorrer tu campo
a galope tendido,
sin mirar adonde,
hasta alcanzar
honorable reposo del guerrero.


V

En este frío confín
tu imagen se convierte en estío,
la certeza de una pronta cercanía
inunda rincones,
fabrica puentes para saltar charcos
y otras locuras
a las que mi condición de bardo
recurre con frecuencia,
cuando tu eterna seducción
se hace presente,
imperiosa,
arrebatando lo que hay
ante mis sentidos
y la dejo hacer conmigo
lo que repetiré para ti,
luego.

De Los ángeles no tienen sexo, pero... yo sí.






HOMBRES DE PRESIDIO

Cuerpos y rostros para evocar castigos,
tipología de Lombroso viva,
cincelada a fuego,
nexo entre Castells y los presos
siempre esperando sus favores
a cambio de conductas atroces;
astillas de un mismo palo
en pro de la disciplina conciente
frente a esos desgraciados
que osaran atravesarse a sus instintos.
Sus virtudes infrahumanas
volvían un chiste al infierno de Dante Aligheri.
Tales fueron los mandantes del Capitán
por esos aciagos días.



DOMINGO "EL ISLEÑO"

Exuberante aspecto, potencia muscular,
insolencia de carácter y facciones,
semental contra natura
de sus propios compañeros,
quitándoles su dignidad de hombres.
Su conducta delataba a Castells
en su intención con los "Mayores".
Algo diestro guitarreando
en aras de amistad interesada,
pero frenético en el pulso
para mostrarse macho,
venas y arterias reverbereando rostro y cuello de ogro,
dorados destellos asomaban
en su cínica sonrisa,
cuando los rictus de acrecentar empeño,
rosados tonos bordeaban su mirada
dejando adivinar el alcohol
aparejado con la sangre,
presagiando el crimen aleve
en su historia.



LUIS MARÍA

Cuerpo y presencia dignos de pasarela,
engastados en político de fuste.
Cumpliendo requisitos que el Capitán
pretendía en sus esbirros
mandantes directos de los reos.
Parte del velo, tenebroso y lúgubre,
que envolvía engranajes de Presidio
lo descorrió su discurso inteligente
y su autopresunción de amigo
- no ya prisionero - de Castells,
revelando sin querer
infames procedimientos,
difíciles de captar a la primera.
Demasiado empeño puso
en cumplir el pretendido estándar del Capitán.
Canjeaba vanidades personales
por él mismo estipuladas,
por apego al reglamento,
a la disciplina conciente,
creando por inercia, castas y escalafones
entre disidentes políticos,
aprovechando simpatías de los presos
por sus manos limpias de sangre cubana,
pero hábiles en desviar caudales del Fisco
a sus ambiciosos bolsillos.
Sutiles intentos coloquiales
trataron de esconder verdades
acerca del rodaje real de Presidio,
en defensa de su "amigo" Castells,
pero fue demasiado tarde.



LUGO

Guajiro astuto, ladino, analfabeto,
firme y robusta su apariencia
mirada de felino al acecho presto a la emboscada.
Sabiendo que al fin tienen su precio abusos y felonías,
bullían en su mente celosas contradicciones
a la espera de castigo inminente.
Entregado a su destino,
traficaba sin asco favores a los presos
para acortar su condena
o proveerse de cigarros y tabaco,
unidades comerciales de Presidio.
Decisión y audacia sus virtudes,
capaz de algo arma en mano,
detractor acérrimo de "chivateos",
aguantaba a lo macho la prisión.
Supersticioso de espíritu,
a la espera de prontas venganzas,
dormía con un ojo,
pendiente de sangriento desenlace.



FU - MANCHÚ

Calzaban apodo y conducta
a su aspecto de mandarín:
perverso, astuto, sigiloso y adulón,
adaptada su mente a dobleces,
artífice de enredos y trampas.
Catadura de perfecto presidiario,
agregaba a su índole siniestra,
fama contrabandeando chinos
a las costas de Florida.
Complementaba su retrato hablado,
caminar lento y cansino,
con dignidades e ínfulas
de obispo diocesano.
Minuciosa habilidad caligráfica,
lleváronlo a censor del correo,
tanta lectura y buena memoria
permitíanle recordar hábitos y caracteres
mejor que los propios familiares
de los presos políticos
de cien cartas que a diario revisaba.
Con todo ese cinismo a cuestas,
se guardó de hechos de sangre,
única ventaja sobre la cáfila de Mayores
que proliferaban Presidio en esos días.



CORTIZO

El odio de todos los presos
concentraba Gumercindo Cortizo.
Incapaz de nada más que obedecer,
un crótalo semejaba
de tan traidor y venenoso.
Obstáculo para su libertad
eran los presos políticos,
estorbo y conflicto permanente
con sus desórdenes, protestas
y rebeldía de izquierda.
Y el odio era recíproco,
natural como el aire.
Representaba para ellos:
hacinamiento indecente,
suspensión de visitas y comidas,
mezclarse con reos tísicos o sifilíticos,
cuerpos con llagas,
sin agua ni medicinas,
la mierda rebalsando los inodoros.
Y era su rostro amarillento
al frente de asesinos escogidos,
invadiendo "La Leona" a sangre y garrote
a fines de enero del treinta y dos.
Protegido en un rincón,
dirigiendo el abuso desde las sombras
trémulo de tanta cobardía.
Así como otros la barbarie, la fuerza,
la astucia o el valor,
él fue la hipocresía;
corcho flotante en todas las aguas,
logró por fin la libertad ansiada
de mano de los propios masacrados,
que lograron por fin
arrancar la venda a la justicia.



CRISTALITO

Era la suya insípida labor de limpia-vidrios
ajenos a mirada humana,
coronando el pabellón del Hospital,
dada su altitud
solo a la claridad del día
estaba el paso permitido.
Su encharolada piel
evocaba invariable a sus ancestros,
alguna llanura perdida en Africa remota
enroscaba sus raíces.
Encaramado en la escala,
más cerca del cielo y la libertad que el resto,
cubo de agua y estopa en mano,
recorriendo impasible las ventanas
sin mirar el calendario.
Negros como su semblante,
con atisbos de nobleza al fondo,
sus ojos asomaban en lo alto
reclamando un favor o un tabaco,
en esos oscuros días de Presidio,
cuando cambió su inicial objeto de trueque,
el trozo de tocino,
por informaciones de La Habana,
sus ojos en la altura
se volvieron palomas mensajeras,
iluminando como sus límpidas ventanas
el alma de los reos.

De Ni perdón ni olvido.



*
La ciudad insomne,
sus cuadrados ojos abiertos,
reposa con latidos sincopados
cabalgando callejones y esquinas,
oscuros ladridos la desbordan
más allá de sus límites.
Mis ojos suspendidos
hieren la noche,
mientras arden mis venas
el sol en ellas,
taladro tus entrañas
dando luz a tu histérica ceguera

*
Tras la vidriera
donde me ha ubicado
tu indiferencia,
anuncio tu pausada muerte,
tu lejanía lenta,
enfriando cenizas;
desde hoy
te vuelves pasado irremediable
como la voz que te anunciaba en mí,
quemando tus fragmentos
como alas de mariposa
a la luz de las brasas,
lo anuncio desde hoy.

*
Quiero tu voz cambiante como las estaciones
invitando a la paz y al silencio,
esa voz leve, cantarina, de manantial casi,
o espesa, la locura misma…
cuando quieres

*
Y te vas perdiendo,
volviéndose transparente tu espalda
a cada paso
hasta quedar sólo azules chispazos
disipando tu esencia,
y va amaneciéndome
una orfandad,
tragando la noche,
muriendo sin mi oxígeno vas,
llegarás al amanecer
desamparada,
náufraga de tu incapacidad de sentir.

*
Sin tus señales vitales
de por medio
se ahoga mi alma,
no logran retener mis ganas
tu estilo táctil,
tu lenguaje voraz,
mi piel oscurece a tu recuerdo
resbalando, cayendo de la tarde,
mis entrañas
claman por tus misterios nocturnos.

*
Suspendidas mis ansias,
una muerte a pausas sobreviene,
se va apagando lenta mi vitalidad
cuando te ciegas a mi presencia.
Atrapados tus aromas
entre sábanas vacías,
envuelven mi sintonía,
cual mortaja cada noche;
moderno Tántalo me vuelvo,
la noche interminable
navega sutiles mares de espuma
tras singladuras de besos
ausentes o ya perdidos.

*
Mis manos,
arcos de violín bien afinado
se despliegan golosos sobre tu piel
acompañando mi discurso,
lluvia floral
revoloteando auroras,
perdiéndose en tus oídos,
hoy laberintos mudos,
un insomnio permanente.




De "Cuando la tarde languidece renacen las sombras"



DINKO PAVLOV (Chile, 1943 - 2010)




FUENTE: http://lavquen.tripod.com/dinkopavlov.htm