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julio 26, 2010

POEMAS DE HÉCTOR VIEL TEMPERLEY

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EL NADADOR


Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.
Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo
para tus lluvias mansas,
para tus fuertes lluvias,
para todas tus aguas.
Las aguas como lonjas de una piel infinita,
las aguas libres y la de los lagos,
que no son más que cielos arrastrados
por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas
aguas de los arroyos
se sostiene vibrante,
como en medio del aire.
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente,
dándoselo a aspirar
a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada
hasta las lluvias
de su infancia,
que a las tardes crecían
entre sus piernas salpicadas
como alto y limpio pajonal que aislaba
las casonas
y desde sus paredes
celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
por la memoria de las aguas
hasta donde su pecho
recuerda las pisadas,
como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo
rodaba hasta los ríos como un viento
y hacía el agua tan azul que el hombre
entraba en ella y respiraba.
Soy el hombre que nada hasta los cielos
con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.


BAJO LAS ESTRELLAS DEL INVIERNO

La liebre que una vez que yo miraba
atardecer --volaban los chimangos!--
salió del sol y se sentó a mirarme

El pájaro que una mañana
se posó exactamente sobre mi corazón
a una hora en que su cuerpo todavía
calentaba la piel más que el sol

El pene entre mis dedos de ese enfermo
al que ayudé a orinar mientras marchábamos
lentamente una noche a un hospital
cruzando playas de estacionamiento

La perra que buscaba a mi pene en la sombra
cada vez que salía para orinar desnudo
mirando las estrellas del invierno
antes de regresar corriendo hasta el colchón
iluminado por el fuego que ardía toda la noche
en los troncos que hachaba con mi hacha todo el día

La mujer que pedía serenamente auxilio
agitando los brazos y volviendo a nadar
en las primeras horas de una tarde pesada
en que yo con el pan en el estómago
no encontraba a otro hombre en las orillas

Y todos los metros que nadé por el mar
sin ver jamás a la terrible aleta
Y mi alegría de noche en las ramas de un árbol
oyendo tangos en mi adolescencia
Y mis siestas sentado junto al cajón de un muerto
descansando en la digna frescura de una bóveda
del verano porteño que nos había humillado

Hablo de todas las horas y de todos los días
y de todas las estaciones y de todos los años

Pero la liebre que una vez que estaba solo
se ubicó exactamente entre el sol y mis ojos
guardando exactamente la distancia
que guarda un ángel que visita a un hombre...

Y el pájaro que un día
se posó exactamente sobre mi corazón
lo que es igual a recibir de un golpe
el propio corazón en el lugar exacto
el único lugar del universo
donde es una victoria recibirlo...

Y la perra que se acercaba agitando la cola
cada vez que volvíamos a encontrarnos desnudos
y solos bajo el cielo del oeste...

En fin...
Brillan los miles de ojos que me miran
Brillan las estrellas del oeste en invierno
Sobre la borda del colchón iluminada por las llamas
me siento arreglo el fuego
leo diarios viejos mientras mi sombra crece
Son las tres de la tarde en el reloj
que después del almuerzo se detiene
La noche es larga
Toda la noche sopla el viento
Mi muslo brilla con la saliva de la perra
o entre las piernas de una mujer de buen carácter
desnuda alegre dormida satisfecha
Vuelvo a despertarme cuando quiero
Vuelvo a salir al frío y a orinar nuevamente
porque estas noches bebo mucha agua
El fuego hace sudar al que lo cuida

En fin...
Hice orinar a un hombre
Salvé del mar a una mujer lejana
Y sé que puedo recordar algunos otros
actos de más amor de más coraje

En fin...
Pienso en todas las horas pienso en todos los días
pienso en todos los años sin encontrar mi imagen

Pero una liebre un pájaro una perra
me miraron a los ojos al corazón al sexo
como creo que sólo me miró también el mar
una madrugada de verano en que vagaba
con una pistola en el puño sin tener donde afeitarme

(de Legión Extranjera, Torres Agüero Editor, 1978)


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HOSPITAL BRITÁNICO



La muchacha regresa con rostro de roedor, desfigurada por no querer saber lo que es ser joven.



Llevando otro embarazo sobre las largas piernas, me pide humildemente fechas para una lápida. (1984)





PABELLÓN ROSETTO



Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos hacia la costa lentamente y que de nuestras sombras de color verde claro huían los tiburones. (1978)




PABELLÓN ROSETTO
 

Si me enseñaras qué es el verde claro... (1978)




TU ROSTRO



Tu Rostro como sangre muy oscura en un plato de tropa, entre cocinas frías y bajo un sol de nieve; Tu Rostro como una conversación entre colmenas con vértigo en la llanura del verano;Tu Rostro como sombra verde y negra con balidos muy cerca de mi aliento y mi revólver;Tu Rostro           como sombra verde y negra que desciende al galope, cada tarde, desde una pampa a dos mil metros sobre el nivel del mar;Tu Rostro como arroyos de violetas cayendo lentamente desde gallos de riña;Tu Rostro como arroyos de violetas que empapan de vitrales a un hospital sobre un barranco. (1985)




TENGO LA CABEZA VENDADA (texto profético lejano)



Mi cabeza para nacer cruza el fuego del mundo pero con una  serpentina de agua helada en la memoria. Y le pido socorro. (1978)





LA LIBERTAD, EL VERANO (A mi madre, recordándole el fuego)



Porque parto recién cuando he sudado y abro una canilla y me acuclillo como junto a un altar, como escondido, y el chorro cae helado en mi cabeza y desliza su hostia hacia mis labios, envuelta en los cabellos que la siguen. (1976)



Vengo de comulgar y estoy en éxtasis aunque comulgué con los cosacos sentados a una mesa bajo el cielo y los eucaliptus que con ellos se cimbran estos días bochornosos en que camino hasta las areneras del sur de la ciudad  —el vizcaíno, santa adela, la elisa. (1982)



Por las paredes de los rascacielos el calor y el silencio suben  de nave  en nave: Obsesivo verano de fotógrafo en fotógrafo, ojos de Arponero que rayan lo que miran. Ser  de avenidas verticales que jamás fue azotado. (1978)



Después íbamos al África cada día de nuevo —antes que nada  antes de vestirnos— mientras rugían las fieras abajo en  el zoológico, subía un sol sangriento a sus jazmines, y  nosotros nos odiábamos, nos deseábamos, gritábamos... (1978)



Instantes de anestesia, de lento alcohol de anoche todavía en la sangre de pie de una muchacha desnuda y más dorada que la escoba: Necesito aferrarme de nuevo a la llanura, al ave blanca del corpiño en la pileta de lavar, detrás de la estación y entre las casuarinas. (1948)



Tengo la foto de dos novios que cayeron al mar. Están vestidos de invierno, los invito a desnudarse. En las siestas nos sentamos junto a la bomba de agua y nos miramos: de nuevo embolsan luz los pechos de ella; él amaba a los caballos y una vez intentó suicidarse. (1978)



Necesito oler limón, necesito oler limón. De tanto respirar este aire azul, este cielo encarnizadamente azul, se pueden reventar los vasos de sangre más pequeños de mi nariz. (1969)



Y a las siestas, de pie, los guardavidas abatían la sal de sus cabezas con una damajuana muy pesada, de agua dulce y de vidrio verde, grueso, que entre todos cuidaban. (1982)




YACE MURIÉNDOSE



Toda la transpiración de mi cuerpo regresará a mis ojos cuando muera el tambor en donde fui formado y hable con Él —como un niño borracho— entre sillas caídas, río crecido y juncos.



Todas las lágrimas de mi vida volverán a mis ojos; y por las  hondas sedas de un pecho de caballo querré internarme, huir, refugiarme en mi casa de trozos esparcidos de ballenas: mi casa como cuerpo de varón recién nacido en el tórrido vientre del silencio. (1985)



PARA COMENZAR TODO DE NUEVO



Es mi parte de tierra la que llora por los ciruelos que ha perdido.




PARA COMENZAR TODO DE NUEVO



El verano en que resucitemos tendrá un molino cerca con un chorro blanquísimo sepultado en la vena. (1969)




HÉCTOR VIEL TEMPERLEY (Argentina, 1933-1987)






julio 17, 2010

POEMAS DE JORGE TEILLIER




VIAJE DE INVIERNO



a mis abuelos Georges y Mélanie en el Centenario de
su llegada a la Frontera desde Bordeaux.
A mi padre Fernando, en el exilio, pero
siempre con la Frontera en el corazón.
A mis parientes en el sur.

                              I


Sin hablarme
          bajo el dintel de la casa
          donde no quieres sembrar enredaderas
me diste dos tréboles de cuatro hojas.

Hermana
                    de sangre, de humus, de interminables landas,
de agonizantes cornos de Roncesvalles
o rústicos trombones que anuncian la apertura de la Feria
ahuyentando las hadas que olvidaron recoger sus tazones de
                              leche en las puentes.

Tú no podías adivinar
que yo era uno de aquellos Separados –de Sí— Mismos.
Me diste los dos tréboles
como le hubiese dado tu antepasada
el pequeño reloj de oro que pendía de su pecho
al primo que se iba a las Antillas.

Pero tú nunca ves volar pájaros al Sur del Mundo.

Des lettres vont s’écrirex jusqu'a l’aube des
                                        oiseaux invisibles.


                              II

Las horas valían menos que hojas desechables
daba lo mismo perder un mes, un día, el recuerdo de un día.

No sé por qué volví a esos pueblos.
Generales traidores, mirad mi casa muerta.

Daba igual perder la Misa que la cuenta de la brisca.
Rechacé tantas llaves sabiendo que me quitarían todas.

Fui al Betty Hotel a ver a Venancio y a la Estación
en donde miré a la locomotora a vapor haciendo seniles maniobras.

A la salida de la escuela los niños arriesgan sus polcas.
Saludé al busto de O’Higgins y al tontito del pueblo,

al Secretario del Juez y a una india vendedora de merquén
que ya no tenía plata ni para usar trarilonco.

Fui a la Compañía de Teléfonos y pedí Larga Distancia
¿Pero qué respuesta contestaría a ninguna pregunta?

Colgué el teléfono sin cobro revertido
y salí silbando je suis un voyou.

Caminé por la calle principal hasta el puente construido por Vernioriz.
Había un eco de cierre de cortinas metálicas.

Todo el mundo esperaba el final del Mundial.
Bajo el puente no pasaban las horas ni el amor.


                              III

No
          no eres una Estrella del Alba
eres la hoz de luna inoxidable
esperando la hora del duelo y la venganza.

No habrá perdón
                    para quienes no tenían nada que perdonar.

Tú serás de quienes esperan la Segunda Boda
                    iluminada por el Sol Verdadero,
tú eres la tierra que hará fértil la sangre del odio,
hija del Profundo Sur
                    cansado del ruido de Mercedes Benz, helicópteros
                    y discoteques.

No habrá esperanza para quienes quisieron que se
                    perdiera la esperanza.
No se desenterrarán gentes ni ciudades que se
                    enterraron en vida.
Un apacible sol adormece a los que se creen
                    gozar de un dulce triunfo.
Tú y los tuyos los miran dormir
                    mientras no dejan de brillar
las implacables estrellas de la venganza
                    forjadas en el Ejército de las Sombras.


                              IV

Somos los únicos clientes
en el Club Social.
Losanges de 1895.
Mesones de raulí.
El horóscopo dice que cuide mi cabeza.
Las abejas verdes de tus ojos
disuelven la Bruja Blanca del Gin Tonic.
Pido un Rayo de Jersey
el whiski con jugo de manzana que bebió Bill, el
                    fundador de los Alcohólicos Anónimos
para celebrar el Día del Armisticio.

Tú partes a comprar lentejas porque es lunes.
Te despides sonriendo como en el sur se sonríe a los
                    niños y a los locos.
Chacuy vi añey.
Me siento un Centinela Melancólico al acecho de un
                    poema que no me interesa escribir.
Hoy el alma del vino cantaba en las botellas
Abro al azar El Esclavo de su Finca y escribo en homenaje a
                                        Selma Lagerlöf
aunque tenga sólo una canción, una oscura canción:


                              V

Soy un pobre Gunnard Edde
tambaleando tras perder sus últimos rebaños.
Lucho contra la tormenta del alcohol,
bajo la charlatana lluvia
que en vano quiere fecundar el perezoso campo.
Surge la Casa Solariega
la sordomuda que se pudre lentamente
esperando la llegada de la Dama de la Pena
con su carruaje de renos negros.
Ella se envuelve en una capa de murciélagos vivos
y no aparecen ni un violinista ni una pareja de acróbatas,
pero tú llegas de improviso
y saludamos a la dueña de casa.
La anciana que llevaba flores todos los días a los que
                    no tienen flores ni para Todos los Santos.

No te pregunté por la tumba de tu padre:
el marino condenado a muerte / el seminarista / el
vendedor de vinos / el cazador / el profesor rural.

Tú recogiste una brazada de lluvia de estrellas.
Las calles se llenarían luego de dedales de hadas.


                              VI

Corbán, Corbán debe estar triste
así escribió un poeta de este pueblo.

Un poeta muerto por un tranvía en Londres.
Hay tantos amigos que mueren a lo lejos.

Fui al correo a enviar a Panamá una postal a César Young:
Poeta, no dejes de brindar por mí con Herrerano Blanco

A Juan Cristóbal bucanero de Lima
La nave de oro para que se embarque con Spelucín.

Un ramo de pensamiento silvestre
para la Reina de las Tres Colinas.

A Anny Ondra veneno para el Doctor Caligari,
un perro de Cameron a los poetas del Opus amaestrado.

Un nuevo corazón de escarcha para el Imbunche Cárdenas,
una Bandera de una Patria Nueva a Fernando de la Lastra.

Para la Más Amada un avellano sagrado
y un estanque con relucientes salmones.

Un cuchillo para que me asesinen los amigos
y mi orgullo para la vanidad de todo el mundo.


                              VII

Espero el Bus Rural
que no llega o llega atrasado.
Tu pueblo puede llamarse
Camino del Recodo según el finado Altenor
o Lugar de Sarnosos.
Eso no te importa.
Tampoco me importa
no haber visto El último tren a Yuma
o perder la última micro a Temuco,
o el avión que un día puede dejarme en Quito
esa capital cuyo nombre rima con cuchillo.

Hace frío.
                    Tienes mejillas enrojecidas como las de
                              las serranas de Santiago de Chuco
pero tú no eres de junco o capulí.
Te veo en las caravanas del Far West
mientras tus hermanos cantan:

                                        How I missed her, how I missed her,
                                        How I missed my Clementine
                                        But I kissed her little sister
                                        And forget my Clementine.

Has dicho que estarás conmigo hasta que pase el último bus
en la Plaza de los Sin Tiempo.


                              VIII

Fueron mi Dante y mi Virgilio un lustrabotas y un cartero
guiándome hacia la mejor Bodega de Chicha de Manzana.

Vi jugar al tejo y leí los diarios del domingo
el doble más grueso y tonto que de costumbre.

Por decir que Martín nunca sería campeón y ser amigo de Mano de Piedra
el Dueño brindó conmigo con sidra envasada sólo para su consumo.

salí a buscar versos que rimaran con estos parajes
como Denise, recuérdalo, todo será paisaje,

pero sólo repetía Aún alientas, aún empobreces pasos
                                                  sobre la tierra
y no podía ver sino Un Ángel siempre de pie en una
                                                  columna
y En mi silencio azul lleno de barcos sólo tu rostro vive.

Pero nada valía frente al recuerdo de Jehanne la putita

viajando junto a Blaise en el Transiberiano.


                              IX

Des lettres vont s’écrire jusqu'a l’aube des
                                        oiseaux invisibles.

Un día
                    te escribiré una carta.

Un día
                    cuando todos los sobres sean transparentes
y los hermanos y los parientes no sean condenados a
                                        morir en el exilio
y todos vivamos en nuestro verdadero País.

Te escribiré
porque
como a un ciego me has llevado por las calles.

En la ciudad
                              nadie sabe el significado de los ágaves
ni por qué me niego a regar el Jazmín del Cabo.
Se han perdido dos tréboles de cuatro hojas
                    en lugar donde condené a podrirse mis libros.

Llueve
                    una lluvia que hace crecer los tréboles
a quien nadie les serán arrebatados
y él ágave con el cual brindé por los nuestros en Querétaro.

Llueve sobre los tréboles de Brocelandia y la Ciudad de
                              los Césares.

Los tréboles rojos que nacen para nosotros
los verdaderos dueños de esta tierra.


PUENTE EN EL SUR

Ayer he recordado un día de claro invierno. He recordado
un puente sobre el río, un río robándole azul al cielo.
Mi amor era menos que nada en ese puente. Una naranja
hundiéndose en las aguas, una voz que no sabe a quién llama,
una gaviota cuyo brillo se deshizo entre los pinos.

Ayer he recordado que no se es nadie sobre un puente
cuando el invierno sueña con la claridad de otra estación,
y se quiere ser una hoja inmóvil en el sueño del invierno,
y el amor es menos que una naranja perdiéndose en las aguas,
menos que una gaviota cuya luz se extingue entre los pinos.

APARICIÓN DE TEÓFILO CID



Antes del lóbrego fluir
de los taxis por la ciudad nocturna,
antes de los gatos y perros vagabundos
rodeando los tarros de basura
que crecen para el alba de los desventurados
antes que los brocales de la Frontera
fueran cerrados
por el trabajo de las abejas de la muerte
en los turbios espejos de las pensiones,
el río recién nacía al reflejo de su rostro
unido al rostro de su amada,
y a su paso florecían las lomas de la infancia,
el sol brillaba como el yelmo del Conquistador
y el bosque le entregaba el tótem de los aucas
que nadie supo describir
bajo sus tristes párpados entornados.

Antes de esos bares donde comen los pobres
estrujando sus últimos billetes
como un invierno mendicante las hojas de los álamos,
antes del tiempo estepario de los bares y el Café
antes del despertar friolento en las plazas sin fotógrafos,
antes del cáliz del cloroformo del hospital,
y de la implacable costra de cemento
que se preparaba a sellar sus días,
resonaba siempre en sus oídos
como el mar en los caracoles
el rumor de la casa natal
y el sueño le traía
el regazo de los verdes paraísos.

Ahora
que el náufrago de la noche,
el viejo gladiador vencido
desdeñado por la luz de la ciudad
“servidora sólo de los ricos”
sea hallado por la lluvia del Ñielol
que piadosa lave sus huesos
y nos devuelva su rostro original.

Ahora que su recuerdo sea la llama azul que remienda los puentes
preparando el paso de la primavera
que viene a oprimir locamente los timbres
y su palabra
esa flor que nos aguarda entre los escombros
del tiempo que nos vence
y que él ya ha vencido.


JORGE TEILLIER (Lautaro, Chile. 1935 – 1996)



julio 16, 2010

POEMAS DE CARLOS ARDOHAIN




Lo que no tiene forma




Estar en la boca del borde del mundo
es demasiado para mí, que apenas
tengo un pájaro adentro de la cabeza
vomitando allí todas sus plumas
puede ser que entrar y salir
sean en el fondo la misma cosa
pero eso es demasiado para mí
que sólo alcanzo la talla de la duda
si es cierto que no hay realidad sin persona
debiera considerar el origen de esos términos
que recién empiezan a significar
cuando han terminado de ser dichos
pero antes está la voz que no tiene forma
que sólo llega a ser el contorno del silencio
esto también es demasiado para mí
que sólo tengo un cuerpo
alrededor de mi propio vacío.


Hoy


Hoy la atmósfera es un traje
demasiado estrecho en el que me cuesta entrar
duele la torpeza del movimiento
y duele también la inadecuación
no es cosa del cuerpo pero hay algo
que no debería estar aquí, como
una conciencia ajena que sopesa y mide
las relaciones de la materia, y hay
la conciencia de esa conciencia,
esta sí me pertenece y opina
que la naturaleza no debiera entrometerse
en el desasosiego de sus criaturas.




No debía

No debía ser yo
quien habitara ese pensamiento
intimístico
rayo fugaz de luz
en el borde de la conciencia
el gusto por un orden abstracto
en las relaciones o los acontecimientos
que las propician
la música del azar
sonando alta sonando
estridente
cualquier día te espero
en la puerta de un templo
vacío
cualquier templo cualquier
puerta cualquier
día
de un tiempo
vacío


apariencia

 Fingiremos que no hemos visto
la mirada aviesa el gesto mínimo
fingiremos no haber oído la vacilación
en la voz al nombrar la palabra
que importa fingiremos que no hubo
rictus en la boca antes de sonreír
en forma sugestiva mente tensa
fingiremos que no hemos fingido
ni hemos visto fingir y de veras
será como si no hubiera habido
fingimiento alguno y todo seguirá
su curso pero cuando nos vayamos
el camino y el paisaje y el mundo
se irán borrando detrás nuestro
y todo será comienzo debajo
de nuestros pies en movimiento


más



Tengo una cruz roja pintada
en el pecho de mi camiseta
una  cruz blanca muy notoria como
la cruz de la bandera suiza donde el rojo
está afuera blanca como las cruces
de los cementerios de soldados una cruz
negra más negra que la mentira que la muerte
más negra que la cruz roja que tenía antes
de tener una cruz blanca como la que tengo ahora
otra vez manchándose con la sangre de mi corazón
crucificado poniendo roja la cruz humanitaria
verde de rabia de dolor de clorofila de verdad
que tengo una cruz blanca no sé que hacer con ella
tan pálida que está me da vergüenza me da miedo
parece de hospital cruz de monja de mortaja negra
como la cruz que te espera me espera como la negra cruz
de los montes malditos de la muerte como el ala del cuervo
que nos cubre con su salmo nunca más nunca más
cambiará de color esta cruz roja nunca más
dejará de ser blanca esta cruz negra nunca más
será una cruz la puse a girar como las aspas
de un ventilador en el pecho girando a gran velocidad
este oeste norte sur viento aliento afuera adentro
sentido positivo en tono do mayor rueda de tiempo
de mi camiseta no queda nada de las cruces el recuerdo
rojo blanco negro de lo demás el movimiento vértigo
insolación fermento canto ebrio de corazón irredento

a tu aire



La distancia que media entre mis manos
con los brazos abiertos en cruz
se traduce en centímetros cúbicos de aire
que bebería directamente de tu piel
en el instante mismo de cerrarlos para abrazarte
digo, si fuera el caso que estuvieras aquí
pero en cambio se torna preciso hacer
alguna otra cosa con el aire por ejemplo
activarlo moviendo el torso hacia delante
y hacia atrás en forma continua hasta
generar una cantidad equis de electricidad
estática, se la reconoce porque produce un cosquilleo
en la epidermis y eriza levemente el vello,
esto fabrica un campo de fuerza protector y activo
alrededor del cuerpo, una carga positiva
capaz de atraer otro cuerpo que complete
la intención primera, los brazos en cruz
los centímetros cúbicos de aire bebibles
en la piel contenida en el abrazo, etcétera

Kusho


Un círculo es un camino
que regresa al mismo lugar
después de una parábola perfecta


Yo quería que mi vida fuera así
pero ningún dibujo se parece a otro
y todo tiende hacia la nada.


Parental



Hay un momento
en que padre e hijo crecen
midiéndose uno en los ojos del otro
llega un momento
en que todo padre es pared
que es precisosaltar eludir atravesar
hay un momento
en que el hijo quiere ser el padre
para calzarse sus zapatos
y correr con tranco largo
llega un momento
en que todo padre es niño
y se monta sobre los hombros del hijo
para caminar en los pies de él
hay un momento
en que el padre es un buey
que toca todo lo que ve
y devora todo lo que toca
llega un momento
en que el hijo se vuelve voraz
y se alimenta con la carne
de cualquier buey de todo buey
hay un momento
en que la espalda del hijo
adquiere la forma de la espalda del padre
y ya no soporta más el mundo


CARLOS ARDOHAIN (Mar del Plata, Bs. As, Argentina)
(Todos los textos pescados de la web sin permiso)