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octubre 13, 2009

5 POEMAS DE DENISE LEVERTOV




La lluvia de cinco días

La ropa lavada cuelga del limonero
bajo la lluvia
y el pasto, largo y tosco.

La secuencia, rota. La tensión
de la luz solar, rota.
                                Tan leve, la lluvia.
finos jirones
que penden sobre las hojas rígidas.

¡Vestite de rojo! ¡Arrancá los limones verdes
del árbol!                            No quiero
olvidar lo que soy, lo que ardió en mí
y colgar, limpia y lánguida, como un vestido vacío.



Las profundidades


Cuando la blanca niebla se evapora,
un abismo de luz interminable
queda revelado. Las últimas telarañas
de niebla 
sobre los abetos negros son copos 
de ceniza en la chimenea del mundo.

El frío del océano es la contraparte
de este gran fuego. Zambulléndonos
fuera del frío ardiente del mar 
entramos en un mar de intenso 
mediodía. Bendita, la sal
destella en nuestros cuerpos.

Cuando la bruma nos haya envuelto una vez más
en su fina lana, que el sabor de la sal nos recuerde
las grandes profundidades que hay en nosotros.



La queja de Adán

Hay quienes,
no importa qué les des,
también quieren la luna.

El pan,
la sal,
carne blanca y roja,
y todavía tienen hambre.

La cama matrimonial
y la cuna,
y siguen con los brazos vacíos.

Les das la tierra,
su propia tierra bajo los pies,
y se lanzan al camino.

Y el agua: cavá el pozo más hondo,
que no será suficiente
para beber en él la luna.



Querer la luna

La luna no. Una flor
del otro lado del agua.

El agua pasa rauda en la crecida,
y arrastra por la melena un árbol,

un establo, un puente. La flor
canta en la orilla lejana.

Una flor no, un pájaro que grita
escondido entre los árboles más negros, música

sobre el agua, que saca un silencio
de los pliegues marrones del manto del río.

La luna. No, un joven que camina
bajo los árboles.    Hay fulgores

entre las hojas.
Tierno, sabio, alegre,

con el rostro despierto por su propia luz,
lo veo a través del agua como en un primer plano.

Un bufón. La música de sus cascabeles suena
solemne, un canto de aflicción

con el que bailo en mi orilla.



Mirar, caminar, ser

                                           “El mundo no es para mirar,
                                             es para estar en él"
                                                                     Mark Rudman


Yo miro y miro.
Mirar es un modo de ser: uno se vuelve,
a veces, un par de ojos que caminan.
Caminan dondequiera que mirar te lleve.

Los ojos
cavan túneles en el mundo.
Tocan
fanfarria, aullido, madrigal, clamor.
El mundo y su pasado,
no solo
el presente visible, lo sólido y la sombra
que mira al que mira.

¿Y el lenguaje?¿ Los ritmos
del eco y de la interrupción?
Ese es
un modo de respirar.

respirar para mantenerse
mirando,
caminando y mirando,
por el mundo,
en él.





Versiones inéditas en castellano de Sandra Toro.





The Five-day Rain

The washing hanging from the lemon tree
in the rain
and the grass long and coarse.

Sequence broken, tension
of sunlight broken.
                                   So light a rain
fine shreds
pending above the rigid leaves.

Wear scarlet! Tear the green lemons
off the tree!            I don’t want
to forget what I am, what has burned in me
and hang a limp and clean, an empty dress—



(With Eyes at the Back of our Heads, 1960).

The Depths

When the white fog burns off,
the abyss of everlasting light
is revealed. The last cobwebs
of fog in the
black firtrees are flakes
of white ash in the world's hearth.

Cold of the sea is counterpart
to this great fire. Plunging
out of the burning cold of ocean
we enter an ocean of intense
noon. Sacred salt
sparkles on our bodies.

After mist has wrapped us again
in fine wool, may the taste of salt
recall to us the great depths about us.

(Jacob’s Ladder, 1961).



Adam's Complaint

Some people,
no matter what you give them,
still want the moon.

The bread,
the salt,
white meat and dark,
still hungry.

The marriage bed
and the cradle,
still empty arms.

You give them land,
their own earth under their feet,
still they take to the roads.

And water: dig them the deepest well,
still it’s not deep enough
to drink the moon from.



Wanting the Moon

Not the moon. A flower
on the other side of the water.

The water sweeps past in flood,
dragging a whole tree by the hair,

a barn, a bridge. The flower
sings on the far bank.

Not a flower, a bird calling
hidden among the darkest trees, music

over the water, making a silence
out of the brown folds of the river's cloak.

The moon. No, a young man walking
under the trees. There are lanterns

among the leaves.
Tender, wise, merry,

his face is awake with its own light,
I see it across the water as if close up.

A jester. The music rings from his bells,
gravely, a tune of sorrow,


I dance to it on my riverbank.



(Relearning the Alphabet, 1970).



Looking, Walking, Being

"The world is not something to
look at, it is something to be in."
Mark Rudman



I look and look.
Looking's a way of being: one becomes,
sometimes, a pair of eyes walking.
Walking wherever looking takes one.

The eyes
dig and burrow into the world.
They touch
fanfare, howl, madrigal, clamor.
World and the past of it,
not only
visible present, solid and shadow
that looks at one looking.

And language? Rhythms
of echo and interruption?
That's
a way of breathing,

breathing to sustain
looking,
walking and looking,
through the world,
in it.
(Sands of the Well, 1998).






DENISE LEVERTOV (INGLATERRA/EE. UU., 1923-1997).









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